Apoyos para trabajadoras sexuales se agotan en pico de la pandemia
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Carlo Echegoyen

Apoyos para trabajadoras sexuales se agotan en pleno pico de la pandemia en CDMX

Trabajadoras sexuales cuentan cómo la pandemia de COVID-19 las ha dejado sin clientes, ni dinero, o incluso sin dónde dormir.
Carlo Echegoyen
Por Manu Ureste y Alberto Pradilla
20 de mayo, 2020
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Laura González, de 61 años, se vio obligada a dormir en la calle varios días. Es trabajadora sexual y el cierre de los hoteles la dejó sin un lugar en el que pasar la noche. La pandemia de COVID-19 se llevó a los clientes, así que difícilmente podría pagar su alojamiento. Desde hace tres semanas se queda en casa de una amiga, pero no sabe hasta cuándo. 

“No tengo miedo a la enfermedad, tengo más miedo a quedarme sin nada. No tengo casa. Si tuviese un hogar pues allá me iba mientras dura esto”, dice.

Historias de cuarentena: El sexoservicio en los tiempos del cubrebocas 

Es viernes y hay dos repartos de alimentos en la zona del Metro de Revolución. Una está a cargo de la Casa de las Muñecas Tiresias AC y la otra de la Brigada Callejera. En ambas filas hay personas vulnerables como Laura, mujeres en su gran mayoría, trabajadoras sexuales a las que la pandemia ha golpeado dejándolas sin clientes. Si no hay servicio no se cobra. Y sin dinero te mueres de hambre. Lo mismo sucede en Pino Suárez, Insurgentes, Tlalpan y otras zonas de sexoservicio habituales en la capital que recorrió este medio. 

“Como siempre, la sociedad civil apoyando más que el Estado mexicano”, denuncia Arlen Palestina, integrante de la Brigada Callejera.

Durante casi un mes, este colectivo organizó un comedor callejero para trabajadoras sexuales. Sin embargo, desde el 10 de mayo ya no funciona. Explica Arlén que perdieron los apoyos que tenían y que, aunque reciben donativos para despensas, no son suficientes para tanta demanda. 

Y todavía queda lo peor. El primer golpe, el de la enfermedad, dejó a las trabajadoras sexuales sin recursos. El segundo, el de la crisis económica, puede ser letal.

Hasta el momento, las mujeres que trabajan ofreciendo sus servicios sexuales han dependido de dos apoyos: la sociedad civil y el gobierno de la Ciudad de México. Los primeros han llevado alimentos y despensas. Los segundos, según Arlén, se comprometieron a mucho, pero cumplieron menos de lo acordado. 

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Según la activista, el gobierno de Claudia Sheinbaum prometió habilitar un albergue mientras se mantenían cerrados los hoteles, despensas para garantizar la alimentación y un apoyo económico por tres meses que, según asegura, sería equivalente al subsidio de desempleo, unos 2 mil 600 pesos. 

El gobierno capitalino, sin embargo, lo que hizo fue entregar tarjetas de ‘apoyo emergente’ con mil pesos de saldo que pueden gastarse en farmacias y supermercados.  

Estas tarjetas se entregaron en coordinación con la propia Brigada Callejera y con la Casa de las Muñecas, que también tiene instalado un pequeño comedor ambulante en otra calle aledaña al metro Revolución donde da de comer a sexoservidoras y a gente en situación de calle.

Según dijo el pasado 6 de mayo la jefa de gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, ya se repartieron “alrededor de 3 mil” tarjetas sin que se tenga registro de quejas, o de problemas porque los plásticos no tuvieran fondos. 

“No se cumplió —revira Arlen—. Lo que han dado es una tarjeta por un solo apoyo de mil pesos, lo cual no era el acuerdo principal. Obviamente, no estamos pidiendo que les resuelvan la vida a las chicas. Pero sí que las ayuden de verdad. Y mil pesos no resuelven absolutamente nada”. 

La integrante de la Brigada Callejera, que lleva décadas apoyando a sexoservidoras, especialmente en la zona de la Merced, señala que muchas trabajadoras no pudieron recibir la tarjeta porque “por su vida y por sus historias” no tienen documentación en regla, y no cubren ese requisito mínimo que pide el ejecutivo de la ciudad. Y denuncia, además, una irregularidad: muchas trabajadoras recibieron la tarjeta con el saldo incompleto. 

“Tenemos registro de que a más de 800 compañeras solo les dieron 132 pesos y luego les bloquearon la tarjeta, porque, al parecer, fue un error del sistema. Pero, hasta hoy, no les depositaron los mil pesos completos. Y por eso las chavas están desesperadas”. 

Animal Político preguntó a la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México acerca de estos señalamientos. 

Por medio de un escrito, la dependencia insistió en que, entre el 4 y el 29 de abril, repartieron exactamente 3 mil 1 tarjetas, y que, desde un incio, el acuerdo fue una tarjeta por mil pesos y por una sola ocasión. Esto, debido a que las trabajadoras sexuales no cumplen con las reglas de operación para ser beneficiarias del programa Seguro de Desempleo, que contempla un apoyo de 2 mil 600 pesos mensuales.  

En cuanto a las tarjetas con saldo incompleto, la Secretaría asegura que solo tiene dectados siete casos, y atribuye la falla a la empresa que presta el servicio de los plásticos. En cualquier caso, promete la dependencia, “ya se trabaja para que quede resuelto”. 

Otra queja, apunta Arlen Palestina, tiene que ver con la entrega de despensas con productos de alimentación y de higiene. 

El acuerdo inicial, asegura la activista, era que el gobierno de la ciudad apoyaría con la entrega de tres despensas, una por mes. Pero, en muchas ocasiones, la Brigada Callejera denuncia que se han quedado solos en el acopio de alimentos, que ante la necesidad de tantas trabajadoras sexuales se agotan rápidamente: “Citamos a las compañeras aquí para hacer una segunda entrega. Pero tuvimos que mandar a casa sin el apoyo a más de 800 compañeras”.

Ante esta situación, el colectivo lanzó una campaña de donaciones para recabar alimentos no perecederos, como frijol, arroz, azúcar, y también de medicamentos básicos como paracetamol, para brindar una mínima atención a las sexoservidoras más vulnerables, especialmente a las de la tercera edad.

“No hay ningún tipo de apoyo. Solo se movilizó la sociedad civil, mientras que el gobierno se encerró sin hacer nada”, dice Kenya Cuevas, directora de Casa de las Muñecas Tiresias, que también lamenta que esos mil pesos “no llegan” y que “nada más se pudo comprar despensa”, lo que supone un problema para muchas chicas que tienen que pagar la habitación en la que pasar la noche. 

Kenya asegura que acordaron que hubiese otros apoyos pero que, hasta el momento, la administración no ha dicho nada. 

“La situación está crítica: se quedaron sin nada, no hay trabajo, no hay hoteles”, lamenta la activista trans. 

Por su parte, la Secretaría de Gobierno insiste en que ya entregaron 600 despensas en dos exhibiciones, la primera el 27 de marzo y la segunda el 6 de mayo, en el domicilio de la Brigada Callejera, en la Merced, y anuncia que “en los siguientes días” hará una nueva entrega, “aunque el compromiso con ellas fue por una sola ocasión”. 

Además, la dependencia dice que también han apoyado con la entrega de 60 mil pesos, que dieron a la Brigada Callejera los días 23 de marzo y 6 de mayo, para apoyar con la compra de medicamentos para trabajadoras sexuales con enefermedades crónico degenerativas, y que ya se está preparando un albergue en la alcaldía Cuauhtémoc para las trabajadoras sexuales. “Solo falta el visto bueno de seguridad estructural para que pueda ser habitado”, señala la Secretaría de Gobierno de la ciudad. 

Pagan la renta, o a la chingada

“El casero ya nos amenazó con que, o pagamos lo que le debemos, o que ya a la chingada”, se queja Celia, de 65 años. Explica la mujer a su hija, también trabajadora sexual como ella, que tienen un ultimátum: o pagan los 3 mil pesos de la renta o se van a la calle. “Es mucha lana”, se queja la mujer. 

“Antes del coronavirus, yo solo trabajaba una semana. Para qué más”, dice encogiendo los hombros. “Y mi hija igual: trabajaba 15 días en la calle y el resto en otros trabajos. Ya con eso nos alcanzaba para dividirnos los gastos. Yo pagaba el alimento y ella la casa”, afirma.

El coronavirus provocó que los clientes se esfumaran.

“Esta mañana estaba muy contenta. Me habló un cliente de confianza y me dijo que ahora, a la una de la tarde, venía a buscarme”, explica la mujer señalándose el reloj con pedrerías de bisutería que lleva atado a la muñeca. “Pero me acaba de llamar para cancelarme. Dice que su empresa no le depositó”. 

Tras la explicación, Celia se baja el cubrebocas azul pálido hasta la barbilla y esboza una sonrisa cansada. Dice que lo entiende. Que, al final de cuentas, para ella la economía es un circuito muy sencillo. 

“Si la gente se está quedando sin chamba, o no les pagan, o les pagan menos y tarde, lo normal es que no vengan. Antes que el sexo está comer y dar de comer a la familia, ¿no?”. 

En la fila de los tacos, Marta, 47 años, enjuta, bajita, vestida con unos pants grises ajustados, una blusa roja, y un gorra naranja descolorida, escucha atenta a lo que dice su compañera y asiente con la cabeza. 

Como la mayoría, lamenta que su situación se ha deteriorado mucho y muy rápido. De ganar unos 800 pesos al día —unos cuatro clientes a 200 pesos— ha pasado a regresar a casa sin nada en la bolsa. Y ella, al menos, tiene casa.

“En toda esta zona del metro ya hay muchas chicas que se han quedado en situación de calle”,comenta la mujer, que oculta buena parte de su rostro en la bisera de la gorra y un cubrebocas negro de fabricación casera. 

“Se supone que el gobierno nos apoya —interviene en la plática Daniela, 42 años, también enjuta, delgada y bajita—. Pero pues mira cómo estamos. Si no fuera por la Brigada Callejera no tendríamos ni un taco para sobrevivir”.

Ahora la Brigada Callejera ha suspendido temporalmente el comedor. La Casa de las Muñecas Tiresias mantiene sus repartos, dos veces a la semana. Y hay vecinos que bajan con algo de comer. Pero todo es un sistema precario.

Mónica Bárbara, de 60 años, pone su esperanza en el fin del confinamiento. Ha escuchado que algunos negocios van a empezar abrir la semana próxima, a pesar de que ahora estamos en el pico del contagio. Son falsas esperanzas. La Ciudad de México no comenzará a recuperar su ritmo hasta junio. Mucho tiempo para la mujer trans, que tiene que pagar cada noche 400 pesos por dormir en una pensión.

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La gente que todavía cree que Trump ganó las elecciones en EU

La desconfianza en el proceso electoral entre los simpatizantes de Donald Trump podría tener implicaciones para la nación.
6 de enero, 2021
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Semanas después de que el presidente electo Joe Biden fuera declarado ganador de las elecciones de noviembre, sigue habiendo una profunda desconfianza del proceso electoral entre muchos partidarios fervientes de Donald Trump.

Esto refleja un sentimiento más amplio entre los conservadores, uno que tiene profundas implicaciones para la nación y sus instituciones.

En Main Street (Kansas), Dillard Ungeheuer, de 73 años, estaba raspando el estiércol de vaca de sus zapatos, que quedó tras una visita a un corral de ganado, y parecía irritable.

En lo que respecta a las papeletas, fue enfático: muchas eran falsas.

“No voy a discutir con nadie al respecto”, dijo, levantando la voz. “Creo que lo que estoy diciendo está basado en hechos”.

Su indignación por la elección presidencial y el gobierno en general era palpable, y muchos en la ciudad compartían sus sentimientos.

“No, no tengo mucha fe en el gobierno”, declaró.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, perdió las elecciones ante su rival demócrata, Joe Biden, y sus esfuerzos por anular ese resultado en los tribunales han fracasado.

El 6 de enero el Congreso contará los votos electorales de cada estado.

Aunque algunos republicanos han dicho que desafiarán este paso final en el proceso de certificar al ganador de las elecciones, esto solo retrasará, en lugar de cambiar, el resultado.

Mound City

BBC
En Mound City 80% de los electores votaron por Trump y muchos dudan de los resultados.

Las entrevistas con unas dos decenas de votantes republicanos en el estado de Kansas, en el medio oeste, revelan una imagen de cómo ven el mundo.

La mayoría sienten que les robaron la victoria y que las instituciones democráticas, en particular el proceso electoral, están rotas.

La mayoría de los votantes republicanos, en Kansas y en otros lugares, creen que Trump ganó las elecciones o no están seguros del vencedor, sugieren encuestas como la de la Universidad de Northeastern.

Jackie Taylor, de 59 años, editor de Linn County News en Pleasanton, dice que la elección fue robada: “Todo está turbio. Tienes a un tipo que fue elegido en circunstancias turbias, y ahora es presidente”.

Cuando se les preguntó por qué piensan que la elección fue manipulada, muchos dijeron que les llegaron noticias de Newsmax, One America News y otros medios que han transmitido historias sobre un presunto fraude electoral.

Estas empresas de comunicación eran relativamente desconocidas hasta antes de que Trump asumiera el cargo.

El presidente con frecuencia los menciona y esto ha elevado su perfil.

Tyler Johnson

BBC
Tyler Johnson cree que algunos votos fueron fraudulentos.

Otros dicen que no conocían a nadie que apoyara a Biden y que solo han visto letreros de Trump.

Para ellos, era inconcebible que Biden pudiera ganar.

Mantienen una creencia inquebrantable, a pesar de la falta de evidencia, de que los liberales se robaron las elecciones.

Sus puntos de vista se reflejan en los programas que miran y se discuten en cafeterías, gasolineras y otros lugares de la ciudad.

Pidieron una revisión del sistema, diciendo que se deberían imponer controles más estrictos a los votantes.

Dijeron que temían que Biden demoliera lo que quedaba de la democracia estadounidense convirtiendo al país en un estado socialista.

Tyler Johnson, de 35 años, habla sobre el fraude electoral parado junto a su Chevy.

“Estados Unidos está en una posición muy frágil’

Más temprano, en las afueras de la ciudad, una camioneta había levantado columnas de polvo que se elevaban tan alto como un granero, y un letrero, justo al lado de la ruta 69, decía: “Vota, elimine a todos los demócratas”.

Johnson no cree que los demócratas deban estar a cargo: “con las dudas sobre las elecciones, me hace cuestionar todo lo que defienden”.

Johnson cría terneros como lo hizo su padre, y como espera que algún día lo haga su hijo de dos años, Monroe, y teme que los demócratas saboteen la industria ganadera.

“Con todas las reglas que la presidencia de Biden quiere imponernos, me pregunto: ¿será mi estilo de vida viable para mi hijo, como lo fue para mi padre y para mí?”, señala.

Main Street -

BBC
En Mound City los electores expresan escepticismo sobre Biden.

Su cautela sobre el proceso electoral podría conducir a una división más profunda en EU, con los que creen en la Casa Blanca de Biden y con quienes la rechazan.

“Estados Unidos se encuentra en una posición muy frágil”, dice Edward Foley, académico en derecho electoral en la Universidad Estatal de Ohio en Columbus.

Describe la desconfianza en el proceso electoral como “un verdadero desafío a la premisa misma del sistema”.

Foley recuerda otro momento en la historia cuando estalló una batalla por las elecciones.

En 2000, el candidato republicano, George W. Bush, ganó Florida y sus votos electorales por un estrecho margen de 537, asegurando la elección.

Los partidarios de su rival demócrata, Al Gore, estaban angustiados.

“Existía el temor de que los funcionarios usaran el poder político para manipular las papeletas”, dice Foley, aunque no hubo ningún esfuerzo serio para socavar el proceso.

Los demócratas llevaron el asunto ante la Suprema Corte, pero los jueces detuvieron sus esfuerzos. Y se apagó.

Mike Avery

BBC
Mike Avery cree que los demócratas ganaron con medios turbios.

Hoy, sin embargo, Trump y sus aliados plantean serias dudas sobre la victoria de Biden.

Roger Marshall, senador estadounidense recientemente elegido por Kansas, planea plantear objeciones sobre la victoria de Biden el miércoles mientras los miembros del Congreso se reúnen en una sesión conjunta para certificar los resultados de las elecciones.

Marshall y una docena de otros senadores conservadores desafiarán los votos en algunos estados, un esfuerzo desesperado y condenado para detener a Biden.

Cuando se le preguntó si disputar las elecciones erosiona la confianza en el proceso, Marshall dice que está presionando el tema porque “quiero darle a la gente confianza en las elecciones futuras, así que no podría minar la confianza de la gente más de lo que está minada ahora”.

Sus temores son compartidos por muchos en la zona, una región profundamente conservadora.

Aquí, los temores al socialismo y el temor a una presidencia de Biden son intensos.

“Siento que veremos los primeros signos del socialismo”, dice Mike Avery, de 53 años, propietario de un almacén de madera en Main Street, ubicado en el condado de Linn, donde el 80% de los electores votaron por Trump.

Ungeheuer, que fabrica cercas para corrales, opina sobre las políticas de Biden: “No puedes empezar a dar algo a todo el mundo, y hacerme trabajar duro, dirigir un negocio y esperar que lo regale. A Venezuela no le fue muy bien al seguir una agenda socialista”.

Julia Smith

BBC
Los conservadores de Kansas, como Julia Smith, están pidiendo reformar el sistema electoral.

Ahora también hay pedidos en Kansas y en otros lugares para endurecer las restricciones a la votación.

“Creo que la elección fue amañada con las papeletas de votación por correo. Creo que sólo votaron personas que ya no están con nosotros”, señala Julia Smith, de 65 años, quien está jubilada.

“Creo que tendremos que volver a votar en persona, con identificación”.

Para ella, la derrota de Trump fue una prueba de que los demócratas los engañaron, y dice que se deberían detener sus intentos.

Tras decir esto se ajusta el abrigo para protegerse del viento helado y continúa su camino.

raya separatoria

BBC

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