Vecina ataca a doctora en CDMX y autoridades impiden que denuncie
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Vecina ataca a doctora con cloro en CDMX y autoridades impiden que levante la denuncia

Después de la agresión, la doctora Marisa pensó en dejar su nuevo departamento, pues la agresora la ha amenazado de muerte; la Fiscalía de CDMX informó que ya hay una carpeta de investigación sobre el caso.
Cuartoscuro
3 de junio, 2020
Comparte

Apenas en enero pasado la doctora Marisa llegó a vivir con su familia a un edificio en la colonia Narvarte, después de vivir 35 años en Iztapalapa en la casa de su madre. Decidió comprar un departamento y hacerse de su patrimonio para estar más cerca de su trabajo en el Centro Médico Siglo XXI y de la escuela de sus hijas.

La doctora de 43 años no acostumbra a usar bata fuera del hospital, por eso solo algunos vecinos saben que trabaja en un hospital y aún no los conoce a todos, “son muy herméticos”, dice.

Leer más: Por agresiones a personal, modifican atención y refuerzan seguridad en hospitales

Para llegar a su departamento debe cruzar un primer bloque de edificios y un cubo de luz. Justamente en este punto, una vecina le arrojó una cubetada de agua con cloro cuando regresaba de trabajar la tarde del 26 de mayo. “Para que te desinfectes del COVID”, le gritó la mujer, rematando con una grosería.

La doctora Marisa, quien pidió no publicar su verdadero nombre, subió a su departamento y llamó al 911. Minutos después llegaron policías a quienes narró lo sucedido, pero la agresora solo pudo ser detenida por una mujer policía, quien llegó más tarde.

Ambas fueron primero a la Coordinación Territorial Benito Juárez 3 y 4 de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México en avenida Obrero Mundial, pero no pasaron más de 10 minutos ahí porque, según le dijeron, debía presentar una denuncia ante el Ministerio Público.

Los policías las acompañaron al Ministerio Público BJ-2 en el Parque de los Venados, pero “no estuvimos ni cinco minutos, nos dijeron que tampoco era de su competencia porque no tenía lesiones y nos enviaron de nuevo al juzgado”.

Al regresar al juzgado dijeron que “lo único que podía hacer era levantarle multas a la persona, que pagara y se retirara, pero no me consta que realmente haya pagado algo”, narra la doctora; tampoco le hicieron evaluación física, de hecho “me molestó mucho la actitud del MP que con sorna me decían ‘por qué vienes si no tienes nada, si no te hizo nada’”. En ninguna de las instancias quisieron siquiera tomar nota de lo ocurrido.

Leer más | ‘Se siente frustración, ¿por qué nos agreden?’: médicos son discriminados durante emergencia por COVID-19

Marisa optó por regresar al IMSS donde fue revisada y tratada en oftalmología debido a la hinchazón en los ojos por el cloro. Le diagnosticaron queratitis química y deberá tener un tratamiento durante un mes, y probablemente se evaluará la necesidad de usar lentes porque el ojo izquierdo quedó más afectado. Hasta que llegó al área jurídica del Instituto registraron la agresión y, según le dijeron, iniciarían las diligencias para deslindar responsabilidades.

“Me sentí con mucha vulnerabilidad, con decepcionada por el actuar de nuestra justicia por lo que pasó en el MP y el juzgado. Es ahí cuando uno entiende la falta de credibilidad que tienen cuando la población se acerca a pedir ayuda a ellos. En la siguiente ocasión podrá hacer lo que quiera (la agresora) y ya sabe que no le va a pasar nada”.

Las autoridades de justicia de la Ciudad de México podrían tener responsabilidad al negar la denuncia, a la que estaban obligados, e incluso podrían haber judicializado el hecho, lo cual significa una “omisión terrible”, asegura Carlos Daza, presidente del Colegio de Profesores de Derecho de la UNAM.

“La doctora fue revictimizada, porque primero sufrió discriminación y lesiones y después una omisión de la autoridad para actuar. El Estado no está cumpliendo con lo que es su función, prestar un servicio”, dice el especialista en Ciencias Penales y Victimología.

Daza explica que la agresión sufrida por la doctora Marisa corresponde al delito de discriminación, tipificado en el Código Penal de la Ciudad de México  con uno a tres años de prisión, porque la agresora está “discriminando por la actividad o función que cubre en el servicio de salud”.

También se aplica el delito de lesiones al afectar, aunque sea momentáneamente, la facultad de ver y haberlo hecho con toda intensión, es decir, de manera dolosa y no por accidente.

En una tarjeta informativa, la Fiscalía capitalina indicó que “dio intervención” a la Policía de Investigación y que se abrió una carpeta, además de ubicar a la víctima para tomar su testimonio.

“Se giró oficio a la Secretaría de Seguridad Ciudadana para solicitar código de protección ciudadana para la víctima. La carpeta de investigación se encuentra en integración en la Coordinación Territorial BJ-3, y se espera que se presenten testigos de los hechos, así como que obtengan mayores datos de la imputada”, señaló la Fiscalía.

Este es otro caso de agresión al personal de Salud en el país a raíz de la pandemia de coronavirus. Y pese al llamado permanente de las autoridades Federales y locales, este sigue siendo un problema.

Por eso, cuando se le pregunta a Marisa cuál es el mensaje que quiere enviar con su testimonio, ni siquiera se dirige a la población para que dejen de hacerlo, sino “a mis compañeros, para que se protejan, no importa el tiempo que conozcan a sus vecinos, nadie sabe cómo van a reaccionar. Utilicen googles y cubrebocas hasta en la calle, porque las personas están reaccionando mal”, dice.

Después de la agresión, la doctora Marisa pensó en dejar su nuevo departamento por seguridad, pues la agresora incluso la ha amenazado de muerte, pero confía en el apoyo del área jurídica del IMSS, y “no tengo por qué irme de mi casa, que con tanto esfuerzo hemos logrado hacer este patrimonio solamente porque esta persona está en esta situación”.

Y tampoco dejará su trabajo, porque se dedicó a la medicina sólo para ayudar, así como cuando ella tenía 7 años y su madre la llevó al Hospital Infantil por problemas en las vías respiratorias. “Recuerdo a mi mamá rogándole a los médicos que por favor me atendieran, todos tenían trabajo, pero uno de ellos me hizo caso, se acercó y me atendió. Me sentí muy bien y ahí decidí ser como ellos que me pudieron curar. La medicina para mí es poder ayudar a los demás, sin hacer distinciones de nada”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
Comparte

La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=oti5ff60UZE&t=40s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.