Cubrebocas y hacer pruebas: el plan de CDMX que se contrapone a Salud
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Usar cubreboca y hacer más pruebas: el plan de CDMX que se contrapone al de Salud federal

Salud señala que los casos rebasaron las predicciones y aumentaron más de lo esperado, mientras que las autoridades locales aseguran que la predicción están dentro de lo esperado.
Cuartoscuro
15 de junio, 2020
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Las autoridades de la Ciudad de México han anunciado una serie de cambios en su estrategia para contener el virus en la capital: hacer más pruebas para identificar casos positivos y alertar a sus contactos y ahora recomendar el uso de cubrebocas como una medida determinante para no propagar el virus. 

Esto es parte del plan de la Ciudad de México para comenzar la transición de semáforo rojo a naranja y reabrir una buena parte de las actividades.

Ambas medidas habían sido puestas en duda por las autoridades de salud federal en varios puntos de la pandemia. 

Uso de cubrebocas obligatorio

Este lunes, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, explicó que el uso de cubrebocas será obligatorio para los habitantes de la capital pues, de acuerdo con un estudio del doctor Mario Molina, nobel de Química, la mascarilla es la “medida más efectiva para prevenir la transmisión de la enfermedad entre personas”.

El estudio compara las tendencias de infección de COVID-19 de Wuhan, China, Italia y Nueva York, del 23 de enero al 9 de mayo. 

“Nuestro análisis revela cómo el uso obligatorio del cubrebocas representa la medida determinante para definir la forma de propagación de la pandemia en los tres epicentros. Esa medida protectora por sí misma redujo significativamente el número de infecciones”, detalla el estudio.

El artículo científico de Mario Molina y su equipo de investigadores escribieron se publicará próximamente en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) de Estados Unidos, pero el documento ya está disponible para su lectura.

Este estudio concluye que: “El uso de los cubrebocas en público corresponde a la medida más efectiva para prevenir la transmisión de la enfermedad entre personas, y que esta práctica, que es relativamente barata, junto con pruebas extensivas, cuarentenas y el seguimiento de contactos plantea la mejor oportunidad para controlar la pandemia del COVID-19, antes de que se desarrolle una vacuna que funcione”.

Sin embargo, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell había dicho que no se recomendaba el uso de cubrebocas en personas sanas y en ambientes que no fueran un hospital o al cuidar de un enfermo. 

“No sirven las mascarillas para protegerse si soy susceptible y quiero tener una defensa contra que me caigan las partículas contagiantes de secreciones respiratorias, eso sí está claro, porque el virus entra también por los ojos, o si tengo la mascarilla y me estoy tocando la cara porque ya me dio calor o me da comezón, entonces, me estoy también llevando con las manos la posibilidad de infectar”, dijo el pasado 6 de abril.

Al pasar de la semana y tras la insistencia de gobiernos locales de imponer el cubrebocas como medida obligatoria, López-Gatell dijo que “ante la ausencia de otras alternativas, siempre existe la idea de: Usémoslo”.

¿Bajan los casos o se rebasaron las predicciones?

La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, aseguró el pasado viernes que se puede cambiar de semáforo rojo a naranja porque hay ligeras disminuciones en el porcentaje de hospitalización y el número de contagios.

Este viernes, Eduardo Clark García, director general del Gobierno Digital de la Agencia Digital explicó que el crecimiento de casos ha bajado.

Mientras en mayo diariamente había hasta 250 nuevos casos, en los últimos cinco días han bajado los ingresos hospitalarios, con una reducción de 25 personas diarias menos

“Ha ido bajando de manera continua desde su punto máximo de crecimiento que fue en los últimos días de abril y hoy estamos en tasas negativas, ¿qué significa?, que cada día vemos ligeramente menos personas en los hospitales”, señaló Clark García.

Destacó que esta reducción va de acuerdo con su modelo epidemiológico.

“En este momento deberíamos ver caídas de alrededor de entre 25 y 30, entonces estamos muy pegados, que es buena noticia porque significa que estamos manteniendo ese crecimiento para – ahora sí – que se vea un poco esta curva descendente hacia la derecha donde vamos viendo cada vez menos hospitalizaciones”, añadió.

Sin embargo las proyecciones de la Secretaría de Salud para la Ciudad de México no lucen tan alentadoras.

El pasado miércoles 10 de junio, durante la conferencia diaria el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell reconoció que hay un exceso de casos proyectados de COVID-19 para la región del Valle de México, que comprende la capital y el Estado de México.

Y que en esta región las hospitalizaciones de terapia intensiva aún no dan señales claras de disminuir.

“La terapia intensiva tuvo un periodo sostenido de incremento, pasó del punto de la predicción, de la fecha, y se ha mantenido, aquí ya está en una meseta con descenso ligero, todavía muy ligero para ser interpretable, pero ojalá en su momento comience a descender, pero definitivamente no rebasando la ocupación disponible”, expuso.

Para esta zona se proyectó que entre el 6 y el 8 de mayo se llegaría al punto máximo de contagios, lo que sí ocurrió, sin embargo “la predicción desde luego quedó rebasada porque hay persistencia, llevamos ya cerca de 17, 18 días en donde se ha estancado el descenso de la curva”.

Aunque dijo ya había un “patrón descendente” reiteró que había rebasado un poco la curva de predicción.

Más pruebas, la estrategia de la CDMX

López-Gatell había señalado que hacer muchas pruebas no significaba un mejor control de la pandemia, pero este miércoles destacó el nuevo plan de la capital para detectar nuevos casos y controlar la pandemia.

La doctora Oliva López Arellano, secretaria de Salud de la Ciudad de México, aseguró que hacer pruebas “es una de las respuestas más integrales y más oportunas que hemos visto por parte de una entidad federativa ante una realidad epidémica”.

Además ayuda a la detección intensiva de casos y el rastreo de sus contactos.

El plan consiste en “mejorar la identificación por medio de incrementar el número de pruebas y así “cortar la cadena de contagios, aislar de manera temprana a los casos positivos, y detectar y aislar a las personas asintomáticas. Esto también es importante porque diversos estudios han mostrado que un porcentaje muy importante, alrededor del 40 por ciento de los casos, pueden cursar asintomáticos”.

López-Gattel calificó este plan como “prometedor y pertinente y tan oportuno es porque tiene una lógica técnica muy clara, muy integral”.

 

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Chernóbil: los guardias que cuidan a los perros abandonados en la Zona de Exclusión del desastre nuclear

Los descendientes de las mascotas abandonadas por quienes huyeron del desastre de Chernóbil están entablando una curiosa relación con los humanos encargados de proteger el área contaminada.
26 de abril, 2021
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No había pasado mucho tiempo desde su llegada a la Zona de Exclusión de Chernóbil cuando Bogdan se dio cuenta de que su nuevo trabajo incluía a algunos compañeros inesperados. Desde sus primeros días como guardia de control en Chernóbil, ha compartido el lugar con una jauría de perros.

Bogdan (no es su nombre real) está ahora en su segundo año de trabajo en la zona y ha llegado a conocer bien a los perros. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos permanecen cerca, otros permanecen separados, van y vienen cuando les place. Bogdan y los otros guardias los alimentan, les ofrecen refugio y ocasionalmente les brindan atención médica. Los entierran cuando mueren.

Todos los perros son, en cierto sentido, refugiados del desastre del 26 de abril de 1986 —hace 35 años—en el que explotó el reactor número 4 en la Central Nuclear de Chernóbil.

Posteriormente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de la ciudad ucraniana de Pripyat. Se les dijo que dejaran a sus mascotas.

Los soldados soviéticos dispararon a muchos de los animales abandonados en un esfuerzo por evitar la propagación de la contaminación. Pero algunos de los animales se escondieron y sobrevivieron.

Después de 35 años, cientos de perros callejeros ahora deambulan por la Zona de Exclusión de 2 mil 600 km establecida para restringir la circulación de personas dentro y fuera del área.

Nadie sabe cuáles de los perros descienden directamente de las mascotas varadas y cuáles pueden haber llegado desde otro lugar. Pero ahora todos son perros de la zona.

Sus vidas son peligrosas. Están en riesgo de contaminación radiactiva, ataques de lobos, incendios forestales y hambre, entre otras amenazas. La esperanza de vida promedio de los perros es de solo cinco años, según Clean Futures Fund, una organización no gubernamental que monitorea y brinda atención a los perros que viven dentro de la Zona de Exclusión.

Un perro callejero en la zona radioactiva de Pripyat, la ciudad que quedó abandonada luego del desastre.

Getty Images
Algunos perros que viven en la Zona de Exclusión pueden ser descendientes de las mascotas abandonadas durante la evacuación de 1986, pero otros pueden haber llegado de casualidad.

Es bien sabido que los perros habitan este lugar en ruinas. Algunos de ellos incluso se han convertido en celebridades menores en las redes sociales.

El cofundador de Clean Futures Fund, Lucas Hixson, quien abandonó su carrera de investigación para cuidar de los animales, ofrece recorridos virtuales por la Zona de Exclusión con los perros.

Pero se sabe menos sobre los trabajadores locales que interactúan con estos caninos a diario.

Apodos

Jonathon Turnbull, candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se dio cuenta de que valdría la pena recopilar las historias de estas personas.

“Si quería conocer a los perros”, dice, “tenía que acudir a las personas que mejor los conocían, y esos eran los guardias”.

Lo que descubrió es una conmovedora historia de la relación de los guardias con los animales de este entorno abandonado, una historia sobre el profundo vínculo entre humanos y perros.

Por ejemplo, los guardias han puesto apodos a varios de los perros.

Según Turnbull, está Alpha, cuyo nombre hace referencia a un tipo de radiación, y Tarzán, un perro muy conocido por los turistas de Chernóbil, que puede hacer trucos cuando se le ordena y que vive cerca de la famosa instalación del radar Duga.

Luego está Sausage, una perrita baja y gorda a la que le gusta recostarse sobre las tuberías de calefacción en invierno. Estas tuberías sirven a uno de los edificios utilizados por los trabajadores en la Zona de Exclusión que son parte de los esfuerzos en curso para desmantelar y descontaminar la planta de energía en ruinas.

“Cara de piedra”

El acceso a la Zona de Exclusión de Chernóbil requiere un permiso, por lo que los guardias tienen la tarea de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área.

Las personas que esquivan estos puntos de control para entrar sin autorización en la Zona de Exclusión se conocen como “acosadores”. Los guardias los denuncian a la policía.

Cuando Turnbull, que vive en la capital de Ucrania, Kiev, comenzó a hacer visitas regulares a la zona, se encontró con Bogdan y otros guardias de los puestos de control.

Tenían cara de piedra y se mostraban reacios a hablar al principio, así que les llevó vodka y chocolates.

Luego les ofreció la oportunidad de participar en su investigación, que según él fue un “punto de inflexión”.

Los guardias tenían solo una solicitud: “por favor, por favor, traigan comida para los perros”. Eso fue lo que Turnbull hizo.

Sergey Shamray, trabajador de la planta nuclear de Chernóbil le da pedazos de pan a unos perros callejeros, en 2017.

Getty Images
Los guardias alimentan a los perros callejeros.

Turnbull entrevistó a uno de los participantes del estudio en nombre de BBC Future. El guardia en cuestión ha pedido no ser identificado para evitar una acción disciplinaria en el trabajo, por lo que aquí nos referimos a él con el seudónimo de “Bogdan”.

Lealtad

Cuando Bogdan camina por las calles abandonadas de la zona en busca de acosadores, los perros lo acompañan felices, dice. Siempre parecen ansiosos por ver si él o un turista podrían llevar comida. Si un perro de compañía se distrae o sale corriendo para perseguir a un animal, eventualmente regresa a Bogdan, agrega.

La lealtad va en ambos sentidos. Turnbull dice que a veces los guardias se toman la molestia de ayudar a los perros sacándoles las garrapatas incrustadas en la piel o poniéndoles inyecciones contra la rabia.

Monitorear quién entra y sale de la Zona de Exclusión a veces resulta en una ocupación aburrida. Pero siempre hay perros cerca.

En algunos puestos de control, los guardias han adoptado más o menos a algunos de los animales. Los alimentan y les dan cobijo. Pero no todos son tan mansos. Durante su investigación, un guardia le dijo a Turnbull: “No podemos inyectar a Arka porque muerde”.

Otro participante habló de una perrita que era aún más difícil de abordar. Se niega a ser tocada en absoluto. “Debes darle una sartén y marcharte. Ella espera hasta que te vayas y luego come”, explicó el guardia.

Guardias de Chernóbil con un perro callejero en 2017.

Getty Images
Algunos guardias dicen que los perros los alertan de la presencia de intrusos.

Los perros a veces ladran a los extraños a primera vista, esa es su naturaleza, cuenta Bogdan. Pero mientras no se sientan amenazados, a veces se calman y mueven la cola. De vez en cuando, incluso parece que están sonriendo, agrega.

Peligro de radiación

En general, se aconseja a los visitantes de Chernóbil que no toquen a los perros, por temor a que los animales puedan llevar polvo radiactivo. Es imposible saber dónde deambulan los animales y algunas partes de la Zona de Exclusión están más contaminadas que otras.

Además de los perros, hay vida silvestre en la Zona de Exclusión de Chernóbil. En 2016, Sarah Webster, una bióloga del gobierno de EU que trabajaba en la Universidad de Georgia en ese momento, y sus colegas publicaron un artículo en el que revelaron cómo los mamíferos, desde lobos hasta jabalíes y zorros rojos, habían colonizado la Zona de Exclusión.

Los datos de cámaras ocultas mostraron que el número de animales no necesariamente era más bajo en aquellas áreas donde la contaminación radiactiva es mayor.

Los animales que viven en la Zona de Exclusión no están necesariamente confinados allí. Un estudio posterior de Webster y sus colegas, publicado en 2018, detalló los movimientos de un lobo monitoreado con un dispositivo GPS. Viajó 369 km desde la zona, siguiendo un arco largo hacia el sureste, luego nuevamente hacia el noreste, y finalmente entró a Rusia.

Lobos en la zona de exclusión.

Getty Images
También hay lobos en la Zona de Exclusión.

En teoría, los lobos, perros y otros animales podrían transportar contaminación radiactiva, o mutaciones genéticas potencialmente transmitidas por reproducción, a lugares fuera de la Zona de Exclusión.

“Sabemos que está sucediendo, pero no entendemos el alcance o la magnitud”, dice Webster.

Turnbull dice que los guardias generalmente no se preocupan por la radiación, aunque ocasionalmente pueden usar dosímetros para revisar a un perro.

“Asistentes”

En realidad, parece que los perros, a través de la compañía que ofrecen, terminan tranquilizando a quienes interactúan con ellos regularmente, explica Greger Larson, un arqueólogo que estudia la domesticación animal en la Universidad de Oxford y que no participó en la investigación de Turnbull.

“Se están poniendo en la piel de los perros”, sugiere, refiriéndose a los guardias. “Si el perro está bien, eso significa que estás bien”.

Un perro callejero con ojos tristes pide comida en la zona de exclusión.

Getty Images
A pesar de vivir en un área donde los humanos todavía están en gran parte excluidos, los perros alrededor de Chernóbil llevan una vida “próspera”.

Pero en verdad, esto puede ser solo una falsa sensación de seguridad.

“Es un entorno extraño”, señala Turnbull. “No puedes ver el peligro. Estás constantemente consciente de que podría estar ahí, pero todo parece normal”.

A pesar de que los perros podrían representar un riesgo en términos de radiactividad, los guardias como Bogdan enfatizan en cambio los beneficios de tenerlos cerca.

Por ejemplo, afirma conocer perros que ladran de formas notablemente diferentes según lo que hayan visto en la distancia: un humano desconocido, un vehículo, un animal salvaje.

Debido a estas útiles señales de advertencia, Bogdan piensa en los perros como “asistentes”.

“Mundo postapocalíptico”

Lo que está sucediendo en la Zona de Exclusión es un eco de interacciones con perros que se sabe que han ocurrido dentro de las civilizaciones humanas durante miles de años, dice Larson.

Perros en un parque de diversiones de Prypiat, una ciudad abandonada después del desastre.

Getty Images
Los perros de Chernóbil se han vuelto casi tan famosos como la icónica noria del parque de atracciones de Pripyat.

“Vemos esto durante los últimos 15 mil años o más. Esto es lo que la gente hace, asociaciones muy cercanas no solo con perros sino con muchos animales domésticos […] para decir ‘este es nuestro apego al paisaje'”, explica.

En todo el mundo, hay perros que viven en un estado intermedio similar: no del todo domesticados ni del todo salvajes. Estos son los perros que deambulan por las ciudades y áreas industriales en busca de comida, los que pueden ser adoptados hasta cierto punto por las personas, pero que no llegan a considerarse mascotas.

Un cachorro callejero camina a lo largo de unas vías de tren cerca de la planta nuclear de Chernóbil, en 2017.

Getty Images
Un estimado de 900 perros viven en la Zona de Exclusión.

Los perros de Chernóbil también viven en este tipo de espacio, al borde de la domesticación, pero hay una diferencia, según Webster, quien anteriormente ha participado en un estudio distinto al de Turnbull.

“La Zona de Exclusión es muy diferente porque está abandonada por humanos”, relata. “Las únicas personas en ese paisaje en el día a día, en realidad, son los guardias”. Como tal, las oportunidades de los perros para hacerse amigos de los humanos son muy limitadas.

Si bien el mundo exterior sigue fascinado por los perros y su historia, para muchos guardias la conexión es mucho más profunda.

Bogdan dice que a menudo se le pregunta por qué se debe permitir que los perros permanezcan en la Zona de Exclusión.

“Nos dan alegría”, responde. “Para mí, personalmente, esto es una especie de símbolo de la continuación de la vida en este mundo radiactivo y postapocalíptico”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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