La vida de Diego y sus hermanos antes de ser asesinados en Guanajuato
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Asociación Estudiantil de Ingeniería Química del instituto Tecnológico de Celaya.

Estudiar y diseñar autos: la vida de Diego y sus hermanos antes de ser asesinados en Guanajuato

En el fin de semana más violento del año en el país, Diego, sus dos hermanos y un menor de 16 años fueron asesinados en un taller de Celaya, en medio de una guerra criminal cada vez más violenta por la disputa de territorios y la incapacidad de las fuerzas federales para contenerla.
Asociación Estudiantil de Ingeniería Química del instituto Tecnológico de Celaya.
10 de junio, 2020
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#QuieroEstudiarSinMiedo… fue el hashtag publicado el 1 de octubre de 2019 por Diego Becerra en Facebook, acompañado de una foto de sus compañeros del Tecnológico de Celaya, quien al igual que él, se manifestaba por el homicidio de Gabriel, el segundo estudiante de ese plantel asesinado en menos de un semestre.

Nueve meses después, el miedo persiste, ahora Diego está muerto. Él, sus dos hermanos y su amigo Arturito de 16 años, también estudiantes, fueron asesinados a plena luz del día por sujetos que atacaron con armas y granadas el taller donde trabajaban en Celaya, Guanajuato. 

Leer más: Amenazas, enfrentamientos y 100 asesinatos en una semana: la crisis de violencia en Guanajuato

El homicidio de los cuatro jóvenes ocurrió en un fin de semana en el que más de 200 personas fueron asesinadas en México. Es el sábado y domingo mas violento en lo que va del año, según los conteos diarios de homicidios que publica el gobierno.

Pero la violencia en el país tiene epicentros y el principal es Guanajuato, estado sumido en una guerra criminal que igual cobra la vida de policías, de presuntos delincuentes, y de personas que no tienen nada que ver con los hechos. 

En medio de esa crisis de seguridad, 14 estudiantes han perdido la vida, de marzo de 2019 a la fecha: Diego, Ulises, Rogelio, Arturo, Humberto, Nadia, Gabriel, María Guadalupe, Nery Joanna, Edwin, Nayeli Guadalupe, Antonio, Luis y Francisca eran sus nombres. 

La mayoría de estos homicidios siguen sin aclararse. Medios locales revelaron que el gobernador del estado, Diego Sinhue Rodríguez, optó por bloquear de sus redes sociales a varias personas que le pedían resultados en el caso de Nadia, estudiante de la Universidad Iberoamericana asesinada el pasado 8 de marzo. Este lunes se cumplieron tres meses del crimen sin que se conozca progreso alguno en la investigación.

El rector del Instituto Tecnológico de Celaya, José López, dijo que ante la ola de inseguridad que ya ha cobrado la vida de cuatro estudiantes de su plantel, han recomendado a sus alumnos evitar “riesgos” como ir a fiestas ruidosas o viajar solos. “Pero más no podemos hacer, lo que está pasando requiere de acciones mas contundentes del gobierno”, señaló a Animal Político.

Diego y Arturito: crimen y mensajes

Diego Becerra trabajaba en su taller automotriz llamado Becaa Cars la tarde del pasado 6 de junio en Celaya. Futuro ingeniero químico, los fines de semana dejaba los laboratorios y tubos de ensayo para dedicarse a su otra pasión: los autos y sus diseños. El estudiante del Tecnológico de la ciudad estaba acompañado de sus dos hermanos, Rogelio y Ulises, y de un amigo: Arturo Díez, un joven de 16 años.

Dos camionetas que se estacionaron frente al local rompieron la rutina. Uno de los hermanos de Diego se acercó para ver qué se les ofrecía, seguramente pensando que se trataba de algún servicio. A partir de ahí todo sucedió muy rápido. De las camionetas descendieron personas armadas que comenzaron a disparar hacia el interior del negocio.

Las detonaciones duraron unos segundos, y luego vino la explosión y un incendio. Antes de retirarse, los responsables dejaron dos mensajes en cartulinas y se fueron. 10 minutos después llegaron los policías y soldados, pero ya era tarde. Los cuerpos de los tres hermanos y del menor de edad yacían sin vida, entre los mensajes, el fuego, los casquillos y una granada que no alcanzó a ser detonada.

“Después de un rato de angustia e incertidumbre preguntando sobre ti (Diego), recibimos una respuesta que no olvidaremos jamás: sí falleció… Dos palabras nos mostraron fríamente una realidad de la que habríamos preferido huir”, publicó casi a la medianoche del sábado la Asociación Estudiantil de Ingeniería Química del instituto Tecnológico de Celaya.

Diego Becerra era vicepresidente de dicha asociación. Se trataba de un alumno aplicado, sin conflictos, y tranquilo, como lo describen sus compañeros en redes sociales. “Los que te conocimos sabíamos sobre la gran pasión que tenías por los carros y la fascinación que sentías por tu trabajo en tu taller”, recordó su asociación estudiantil en la publicación.

“Siempre tenía una sonrisa en el rostro que lo distinguía… no olvidaremos tu manera siempre positiva de ver la vida, de que fuiste un ser sumamente talentoso, de tu carisma y pasión, y sobre todo de tu cálida y siempre real amistad”, concluye el mensaje escrito por sus 11 compañeros de la asociación.

Vecinos de la colonia Las Fuentes, donde se ubicaba el taller de Diego Becerra, declararon al diario El Sol del Bajío que el joven y sus hermanos eran de carácter tranquilo y bastante educados. Nunca hubo queja ni incidente alguno sobre su negocio.

Rogelio Becerra, uno de los hermanos de Diego asesinados, estudiaba la Licenciatura de Administración de Financiera en el Campus Celaya – Salvatierra de la Universidad de Guanajuato. En un comunicado, el rector de dicha Universidad condenó los hechos y demandó el “pronto esclarecimiento” de los mismos. El tercer hermano, Ulises Becerra, también era estudiante, aunque no se precisó el plantel.

En el ataque a Becaa Cars, también perdió la vida Arturo Lara Diez de 16 años, mejor conocido por sus amigos como Arturito. Estudiante de la preparatoria Instituto Minerva, era uno de los aprendices de Diego en la técnica de wrapping, como se le conoce a la técnica de cubrir con vinilos adhesivos a los vehículos.

La muerte de Arturito enlutó el paseo ciclista del domingo 7 de junio en Celaya. Y es que el joven, de acuerdo con las crónicas de los medios locales, era bisnieto de Don Cleto Yáñez, fundador de estos paseos familiares en la ciudad.

“La bicicleta la tenía desde niño, él aprendió sin rueditas, ya andaba en los paseos, con cuidado, pero con muchas ganas, siempre es muy alegre, lo vamos a recordar, pero también vamos a extrañar, aparte de todo era buen chavo, trabajador… era un chavito que le echaba muchas ganas”, dijo al Periódico AM su tío Octavio.

El pase de lista de la violencia

Diego, Ulises, Rogelio y Arturito son los últimos casos de una lista de estudiantes asesinados en Guanajuato que cada vez es más grande. En poco más de un año suman en total 14 los alumnos de distintos niveles educativos que han sido asesinados.

A sus casos se suma el de Nadia Verónica Saro Martínez, estudiante de la Universidad Iberoamericana de León, Guanajuato asesinada el pasado 8 de marzo en Salamanca, en plena conmemoración del Día Internacional de la Mujer. 

Otro crimen que tuvo un fuerte impacto fue el de Gabriel Luna Ibarra, estudiante del Tecnológico de Celaya, y quien fue apuñalado cuando se dirigía a su plantel el 29 de septiembre del año pasado. Este crimen fue el que motivó una primera protesta de estudiantes del plantel para condenar la violencia, por la cual Diego Becerra colocó en su perfil el hashtag #QuieroEstudiarSinMiedo.

Te puede interesar: Estudiantes de Celaya protestan contra inseguridad y por asesinato de un alumno del Tecnológico Nacional

El 30 de marzo, las autoridades informaban del hallazgo del cuerpo de una joven localizada a un costado de la carretera San Miguel de Allende–Guanajuato, era el de Francisca Aguirre, una joven de 20 años que también era estudiante del Tecnológico de Celaya.

A esta lista se suman varios casos más: El 9 de septiembre de 2019 fue herido mortalmente Humberto Martínez Cervantes, tras ser alcanzado por una bala perdida sobre la carretera Celaya – Salamanca. El joven tenía 19 años y era estudiante del cuarto trimestre en la Universidad Politécnica de Guanajuato Campus Cortazar.

María Guadalupe Gervacio Arellano y Nery Joanna Gervacio Campos eran estudiantes del Instituto Universitario del Centro de México en Celaya. Ambas fueron asesinadas el 22 de febrero cuando un grupo armado ingreso al local de tatuajes donde se encontraban y disparó contra los asistentes.

Un día después de ese crimen, el 23 de febrero, Edwin Medina de 20 años, estudiante de la Ingeniería de Robótica de la Universidad Politécnica Juventino, y apasionado de la música, perdió la vida durante un ataque armado al bar La Buchaca en el municipio de Villagrán.

Nayeli Guadalupe González Ramírez y Antonio Alberto Balderas, estudiantes de la carrera de Gestión Empresarial en el Instituto Tecnológico de Roque, fueron dos de las cinco víctimas que dejó un nuevo ataque armado registrado el 28 de febrero al bar Las Muñecas, también en Celaya.

El estudiante de menor edad entre los asesinados es Luis Eduardo Ruiz, quien cursaba el tercer grado de secundaria, y quien fue una de las ocho personas asesinadas durante el ataque a una gasolinera Repsol ubicada en la carretera Panamericana, el pasado 18 de mayo.

Evitar fiestas, no viajar solos: la rescomendaciones

Cuatro estudiantes del Instituto Tecnológico de Celaya han perdido la vida en distintos hechos de violencia en el ultimo año y medio. Las causas de dichos homicidios, según explica el rector del Instituto José López, han ido desde frustrados intentos de asalto hasta agresiones directas. Pero el común denominador es la inseguridad.

El instituto ha intentado tomar medidas para proteger a su comunidad, principalmente a través de recomendaciones. Se le ha sugerido a los estudiantes, por ejemplo, evitar viajar solos en el transporte público, no desplazarse de noche, evitar fiestas “ruidosas” o que por algún motivo puedan llamar la atención de los criminales. 

También se les ha pedido que en lo posible haya un familiar que pueda monitorear su presencia y desplazamientos todo el tiempo.

“Pero para darle la vuelta a lo que sucede en Celaya y en general en el estado se requieren de acciones más contundentes y más fuertes de la autoridad; que de verdad se vea que quieren proteger a los estudiantes de Guanajuato porque son los estudiantes el futuro del desarrollo de nuestra sociedad”, dijo en entrevista.

Aunque la violencia y los delitos comunes como los asaltos persisten, el rector dijo que han tomado la decisión de no realizar alguna manifestación pública como las del año pasado para evitar riesgos tanto por la contingencia sanitaria, como por la inseguridad. “Necesitamos proteger a nuestra comunidad ahora, es la prioridad”, señaló.

Guerra criminal y víctimas colaterales

De acuerdo con los especialistas, la creciente violencia que se registra en el país, y específicamente en Guanajuato, está relacionada con la fuerte disputa de grupos del crimen organizado, a la que se suma la incapacidad de los gobiernos de los tres niveles para hacerles frente.

Los datos oficiales reflejan el nivel de deterioro. De acuerdo con el conteo diario de homicidios que hace el gobierno federal, entre el sábado 6 de junio y domingo 7 de junio se registraron 211 homicidios. Es el fin de semana más violento del país. La sexta parte de esos crímenes se concentraron solamente en Guanajuato.

La situación en el estado es crítica. Animal Político publicó la semana pasado que en la entidad se habían registrado, en solo una semana mas de 100 asesinatos. El 80% de los homicidios se atribuyen a la presencia directa o indirecta del crimen organizado, pero hay otro 20% de crímenes que también los está cometiendo la delincuencia común.

David Saucedo, consultor de seguridad en el estado, destaca que en ciudades como Celaya –donde se han concentrad buena parte de los crímenes de los estudiantes– la crisis de violencia se atribuye a los intentos de Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) por arrebatar dicho territorio al Cártel de Santa Rosa de Lima.

En muchos casos los estudiantes han sido victimas colaterales de los ataques. Pero en el caso de los hermanos Becerra, el Cártel de Jalisco incluso dejó un mensaje firmado por su llamado “Grupo Élite”. 

Casi al mismo tiempo que sucedía ese hecho, otros 10 jóvenes fueron asesinados en un centro de rehabilitación en la ciudad de Irapuato. En este caso, según Saucedo, la agresión habría sido perpetrada por el Cártel de Santa Rosa de Lima, que intenta ganar control en dicha ciudad.

La violencia homicida en 2020 en Guanajuato es seis veces mayor que la que se registraba apenas hace cinco años. La presencia de la Guardia Nacional y de un creciente numero de elementos de las fueras armadas no ha sido suficientes para frenar la ola de violencia que golpea al estado.

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Viacrucis de Iztapalapa: la olvidada historia de cómo surgió esta representación de Semana Santa

Cada año en Ciudad de México hay una recreación de grandes proporciones de la Pasión de Cristo. Su origen se dio en un momento de gran necesidad para México.
15 de abril, 2022
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Hasta antes de la pandemia de coronavirus, cerca de dos millones de personas se congregaban en el sureste de Ciudad de México para presenciar la representación de la Pasión de Cristo.

Es uno de los rituales de Semana Santa más importantes y de maores proporciones del mundo, y se celebra en Iztapalapa, la alcaldía más poblada de la capital mexicana.

Curiosamente, el origen de esta tradición de casi 180 años está en otra enfermedad que se azotó México en el siglo XIX: una epidemia de cólera.

“La epidemia fue una situación límite, como la actual. Enfrentaron una mortandad tan grande que creían que iban a desaparecer“, explica a BBC Mundo la antropóloga Mariángela Rodríguez.

Este año, la Pasión de Cristo espera recuperar el esplendor que tenía hasta antes de la pandemia, con el regreso de cientos de miles de visitantes dado que Ciudad de México ha registrado un bajo nivel de contagios de covid-19 en los últimos meses.

Y como antes, unos 5.000 participantes, entre actores, organizadores y penitentes, volverán a las calles de Iztapalapa.

Pero ¿cómo surgió el fervor por la Pasión de Cristo en un antiguo barrio prehispánico?

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

El “teatro evangelizador”

Si bien el ritual de los últimos días de la vida de Jesús, según la tradición católica, comenzó a escenificarse hace dos siglos en Iztapalapa, el cómo pasó a formar parte de la fe de la mayoría de los mexicanos viene de mucho antes.

El colonialismo y la instauración del catolicismo como única religión permitida desde el siglo XVI supuso el adoctrinamiento generalizado de los pueblos indígenas, los cuales tenían una diversidad de creencias y tradiciones que fueron prohibidas.

Una de las herramientas que más sirvió al clero fue el “teatro evangelizador”, explica Rodríguez, pues echó mano del arraigado gusto de los pueblos prehispánicos, como el mexica de Ciudad de México, por las puestas en escena teatrales.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“Tenían que popularizar las creencias y no había manera de enseñarlas de manera oral o escrita. Y lo más útil fue usar imágenes”, explica Rodríguez.

En su tiempo, los dramaturgos prehispánicos eran los sacerdotes que componían comedias cortas representadas ante el público con temas religiosos o profanos. Los actores incluso eran profesionales, dedicándose casi exclusivamente a ello.

En las ceremonias y fiestas indígenas abundaba el sentido dramático, tanto en procesiones como en cantos, danzas, trajes y escenificaciones que tenían un alto contenido emotivo.

“Los mexicanos eran en especial sensibles a las formas teatrales, pues gustaban mucho de la farsa y la comicidad. Sin embargo, también se conmovían ante los hechos cruentos y dolorosos. Esto nos permite entender por qué fueron tan receptivos a la Pasión de Cristo”, señala la antropóloga Mariángela Rodríguez en su investigación titulada “Los insólitos caminos de la tradición: Semana Santa en Iztapalapa”.

Facsímil del códice Tonalámatl de Aubin

BBC
Los pueblos prehispánicos tenían muchas ceremonias alegóricas que eran vistas por grandes públicos.

Los evangelizadores españoles aplicaron lo que ahora se conoce como “culto de sustitución”.

Templos como el del Señor del Santo Entierro, conocido popularmente como el Señor de la Cuevita, el más venerado en Iztapalapa, en la época prehispánica era el de Tezcatlipoca, una deidad de los mexicas.

Una doble intención

La antropóloga reconoce la astucia de los españoles al haber usado la cosmovisión indígena como herramienta didáctica de la evangelización católica.

Pero los pueblos prehispánicos también se sirvieron de este fenómeno para preservar sus tradiciones.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“El culto de sustitución muestra que, para que sobreviviera la religiosidad indígena, tuvo que vestirse de católica. La Virgen de Guadalupe es Tonantzin del mundo indígena”, le dice Rodríguez a BBC Mundo.

Hasta la fecha, elementos alegóricos de las viejas tradiciones prehispánicas siguen vivos en torno a rituales católicos como el viacrucis de Iztapalapa.

Aquellos caballeros águila o tigre prehispánicos hoy siguen apareciendo en las danzas de los carnavales que preceden a la Semana Santa y que forman parte de la tradición católica de la cuaresma.

El mismo sitio en donde hoy se realiza la Pasión de Cristo no es otro que el antiguo Huizachtépetl (“cerro de los huizaches”, en la lengua náhuatl) donde cada 52 años tenía lugar la ceremonia del Fuego Nuevo.

La promesa

Hacia el año 1833, México vivió una epidemia de cólera morbus que causó decenas de miles de muertes. En Ciudad de México falleció el 5% de la población y decenas de miles enfermaron.

La gente de Iztapalapa acudió ante el Señor de la Cuevita para pedirle el fin de la enfermedad. En retribución, recrearían el Vía Crucis de Jesucristo cada año a partir de 1843.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

“Creían que iban a desaparecer. Entonces el tamaño de la promesa tenía que ser así de grande”, explica Rodríguez.

El pueblo de Iztapalapa se apropió de la celebración y su organización, más allá de las directrices de la Iglesia católica.

“Es la elaboración propia de los pueblos. Se basa en textos que son básicamente melodramas. Si bien la Iglesia ya echaba mano del melodrama, aquí es hipermelodrama“, señala la antropóloga.

“Hay que recordar que en la Biblia no existen las tres caídas. Y acá sí. Y está la virgen María y María Magdalena que lloran”, añade.

La representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa

Getty Images

La representación del viacrucis es convalidado por la Iglesia a través de la celebración de misas, pero los organizadores son un grupo familias que han heredado la estafeta desde hace décadas.

“Todos los que participan tienen una manda o promesa para transformar su mundo. Buscar la salud, buscar empleos, son las peticiones más importantes que se hacen ahí”, señala Rodríguez.

“Es un pueblo que ama sus tradiciones”.


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