'Abrimos por necesidad': negocios se adelantan al semáforo naranja en CDMX
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Carlo Echegoyen

“Abrimos por necesidad”: negocios se adelantan al semáforo naranja en CDMX

Aunque la apertura escalonada de negocios con menos de cinco empleados comienza el jueves, algunos se adelantaron porque deben cubrir los gastos básicos como la renta y la luz.
Carlo Echegoyen
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Enrique Caballero Ortiz, de 53 años, solo cerró su taller de llantas durante 20 días desde que comenzó la pandemia por COVID-19. Es el tiempo que tardó en recuperarse del coronavirus, que le golpeó a principios de mayo. “Me faltaba el aire”, explica, mientras muestra una hoja con su prueba positiva.

Es su herida de guerra, pero ya está bien. “Me tuve que guardar por mis empleados y mi familia, pero ya estoy aquí otra vez”, dice, sentado ante su negocio, en la colonia Miguel Hidalgo, en la alcaldía de Tlalpan. 

Dice Caballero Ortiz que su problema no es de salud, sino económico. Tiene dos negocios, uno de abarrotes y el taller. El primero está cerrado por falta de clientes, quizás lo abra la semana que viene. En el segundo lleva desde las ocho de la mañana y apenas ha sacado 30 pesos rellenando el aire de algunos neumáticos. En los buenos tiempos hubiera atendido a diez o quince personas, suficiente para mantener dos empleados. Ahora solo le apoya un joven al que reconoce que ni siquiera paga un salario porque no le llega.

Foto: Carlo Echegoyen

La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, lleva días anunciando la transición escalonada hacia el semáforo naranja, lo que significa la relajación de algunas medidas de confinamiento.

En principio, el jueves podrán abrir negocios con menos de cinco empleados, como el de Caballero Ortiz. Pero él se adelantó porque, según dice, no le queda otra alternativa. “Me he endeudado en estos meses. La renta, la luz, los gastos nos comieron. Nuestro trabajo disminuyó un 90% y estoy aquí por necesidad”, dice. 

Lee: Sana distancia, letreros informativos y horarios escalonados: así deberán reabrir comercios en CDMX

Su caso no es el único. La “nueva normalidad” lleva tiempo instalándose en diferentes colonias de Ciudad de México. En algunas solo es una continuación de la de antes, pero con cubrebocas mal puesto. En otras no esperaron a las luces del semáforo y se parece demasiado a la antigua, en la que quedarse en casa es opción solo para privilegiados y muchas personas viven al día.

En la ampliación de Miguel Hidalgo, en la alcaldía Tlalpan, hay muchos negocios que no abrirán hoy o el jueves porque ya lo hicieron hace tiempo. Son zapaterías, ferreterías, talleres o centros de belleza.

En estos comercios el pico de la pandemia no tiene que ver con los gráficos del subsecretario, Hugo López Gatell. Aquí el pico fue en abril, cuando María López dejó de vender carnitas en un tianguis que nunca cerró; o durante dos semanas de mayo, cuando Daniela Sales clausuró una carpa en la que vende ropa en el exterior de su casa.

Aquí el pico no lo determinó ningún plan de gobierno sino la necesidad: si no abres tu negocio te ahogas. Algunos clausuraron a principios de marzo, cuando comenzó la emergencia, y reabrieron en mayo, cuando el número de muertos se acercaba a los 10 mil. Otros no cerraron nunca y se mantuvieron de forma intermitente, abriendo un par de horas al día. 

Foto: Carlo Echegoyen.

Un salón de belleza convertido en tienda de dulces

“Desde que empezó la pandemia tuvimos que cambiar el negocio”, explica Evelia Gómez, de 48 años. Hace dos que murió su papá y en la casa instaló un salón de belleza en el que también se ofrecen cursos para profesionales. Pero llegó la COVID-19 y terminó con todo. “Los clientes dejaron de venir y no podía tener aquí a grupos de diez personas”, explica. 

“Todo está parado hasta que se reincorporen”, dice.

Ante la perspectiva de no poder trabajar, la mujer convirtió su salón de belleza en tiendita en la que vender dulces. “Así ganamos algo y no nos aburrimos”, platica.

Lee: La mitad del país pasará de rojo a naranja en semáforo de COVID-19 para la próxima semana

Donde antes se ofertaban manicure, pedicure, cortes de pelo o hacer las uñas, ahora uno puede comprar una paleta. “A veces, en días buenos, sí se pueden ganar más de cien pesos. Otros no llegas ni a diez. Hoy, por ejemplo, que hay tianguis, es el día en el que vienen más clientes”.

Foto: Carlo Echegoyen.

Según los planes del gobierno de la Ciudad de México, los tianguis cerraron el 21 de abril, después de entrar en la fase 3 de contagios por coronavirus. La excepción eran los puestos de alimentos por tratarse de bienes esenciales. Ahora que se espera que la capital entre en semáforo naranja el 21 de junio se supone que los tianguis abrirán con medidas de protección. 

Pero aquí nunca eso nunca ocurrió, aquí los tianguis siempre siguieron funcionando. Quienes no llegan son los clientes, dice María López, de 35 años. “Me ha afectado mucho. Estuvo abierto pero no todos trabajaban, nos fueron turnando”, explica.

Hoy lleva apenas 300 pesos de venta en su puesto de carnitas. En un día normal, antes de la pandemia, hubiesen sido más de mil. “A la semana gano al menos para la comida”, dice. 

Foto: Carlo Echegoyen

Abrir o no, en demasiadas ocasiones, no tiene tanto que ver con la protección de la salud como con la necesidad de vender para mantener el salario. Es el caso de Diego, que se encarga de una zapatería con dos empleadas y que lleva ya un mes abierta. “Abrimos por la presión de ellas más que de la dueña. Ellas necesitaban el trabajo”. 

Lee: Este 15 de junio inicia el plan para reabrir actividades en CDMX

Se queja de que hay poca precaución en la zona, de que hay quien incluso rechaza la existencia de la COVID-19. “En mis amistades tengo diez fallecimientos. Sabemos que está mal”, afirma. Pero, a pesar de ello, tuvo que abrir. “Abrimos por la situación económica”, dice.

Para Sonia Navarro, de 26 años, el mes de cierre del salón de belleza en el que trabaja fue angustioso. Es madre soltera y vive con su hija y su mamá. Ella es la única que aporta un salario a la casa y si este no llega la caja está vacía.

“Cerramos durante un mes y ahora el trabajo está superbajo. La gente viene con miedo, preguntan cómo sanitizamos pero luego se van. La tienda está vacía”, lamenta. 

Foto: Carlo Echegoyen

A pesar de las disposiciones del gobierno de la Ciudad de México dice que nunca llegaron agentes de la autoridad para instarle a cerrar. Afirma que toman precauciones, que hay gel antibacterial disponible para los clientes y que todos deben llevar cubrebocas, pero en el momento en el que se realiza la entrevista hay cinco personas dentro de una tienda muy pequeña, además de las dos trabajadoras. Hay lugares en los que, aunque se quiera, no se puede mantener la sana distancia.

“Abrimos por necesidad”, afirma Ricardo, un cerrajero del mercado Miguel Hidalgo. Dice que nunca dejó de venir a su puesto a pesar de que la orden era que únicamente estuviesen trabajando los puestos de comida. Lamenta que perdió casi el 100% de sus ventas. “Si tuviese que pagar renta es posible que ya hubiese cerrado”, dice. Aquí en el mercado, nuevamente, hay más miedo a quedarse sin nada que al contagio.

Foto: Carlo Echegoyen

En las próximas semanas la Ciudad de México regresará progresivamente a la “nueva normalidad”. Hay lugares como Tlalpan donde esta lleva semanas experimentándose. Los negocios que cerraron ya reabrieron hace semanas y el gran temor ahora es tener que echar la persiana por quedarse sin clientes.

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Getty Images

Los espeluznantes experimentos que Canadá hizo con niños de escuelas indígenas

Los niños indígenas separados de sus familias eran sometidos a invasivos y crueles procedimientos en "nombre de la ciencia".
Getty Images
Por BBC
3 de julio, 2021
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El descubrimiento de cientos de restos de niños en Kamloops, Brandon y Cowessess, en Canadá, ha puesto de manifiesto la devastación absoluta que los colonos infligieron en los niños, las familias y las comunidades originarias a través del sistema de Escuelas Residenciales Indígenas.

Como investigadora especializada en nutrición y colona-canadiense, hago un llamado a mis colegas para que reconozcan y comprendan los daños que han causado los experimentos de desnutrición y nutrición en los pueblos indígenas y el legado que han dejado.

Más fácil de asimilar

Ian Mosby, historiador de la alimentación, salud indígena y política del colonialismo de los colonos canadienses, descubrió que entre 1942 y 1952 los científicos en nutrición más prominentes de Canadá llevaron a cabo investigaciones muy poco éticas en 1.300 indígenas, incluidos 1.000 niños, en comunidades cree en el norte de Manitoba y en seis escuelas residenciales en Canadá.

Muchos ya sufrían desnutrición debido a las políticas gubernamentales destructivas y las terribles condiciones de las escuelas residenciales.

A los ojos de los investigadores, esto los convertía en sujetos de prueba ideales.

Niños indígenas en Canadá

Archivo de Saskatchewan / EPA. Los niños eran separados de sus familias por la fuerza.

Frederick Tisdall, famoso por ser cocreador de la comida infantil Pablum en el Hospital para Niños Enfermos de Toronto, junto con Percy Moore y Lionel Bradley Pett fueron los principales arquitectos de los experimentos de nutrición.

Ellos aseguraron que la educación y las intervenciones en la dieta harían que los pueblos indígenas fueran activos más rentables para Canadá, que si los pueblos indígenas fueran más sanos, la transmisión de enfermedades como la tuberculosis a los blancos disminuiría y la asimilación sería más fácil.

Presentaron con éxito su plan para experimentos de nutrición al gobierno federal.

Pocas calorías, nutrientes y vitaminas

Tisdall, Moore y su equipo basaron su propuesta en los resultados que encontraron después de someter a 400 adultos y niños Cree en el norte de Manitoba a una serie de evaluaciones intrusivas, que incluyeron exámenes físicos, radiografías y extracciones de sangre.

El plan de Pett y su equipo se centró en determinar una base de referencia.

Querían darles a los niños de la Escuela Residencial Indígena Alberni durante dos años una cantidad de leche tan pequeña que se les privara de las calorías y nutrientes necesarios para su crecimiento.

Otros experimentos consistieron en no darles vitaminas y minerales esenciales a los niños de los grupos de control, mientras evitaban que los Servicios de Salud para Indígenas les brindaran atención dental con el pretexto de que esto podría afectar los resultados del estudio.

E incluso antes de estos experimentos, los niños de las Escuelas Residenciales Indígenas pasaban hambre, que se confirmaba con informes de desnutrición grave y signos de deficiencias graves de vitaminas y minerales.

Motivos raciales

El interés en la investigación de la nutrición aumentó dramáticamente en la década de 1940, después de que el Consejo Canadiense de Nutrición declarara públicamente que más del 60% de las personas en Canadá tenían deficiencias nutricionales.

La mayoría de los experimentos hasta entonces se habían realizado en animales, pero investigadores como Pett, quien fue el autor principal de lo que luego se convertiría en la Guía de Alimentos de Canadá, aprovecharon la oportunidad de utilizar a los indígenas como ratas de laboratorio.

Si bien los perpetradores como Pett a menudo actuaban bajo la fachada de comprender y ayudar a los pueblos indígenas, estaba claro que estos experimentos de nutrición tenían una motivación racial.

Los investigadores intentaron desentrañar el “problema indígena”. Moore, Tisdall y sus colaboradores atribuyeron estereotipos discriminatorios como “descuido, indolencia, imprevisión e inercia” a la desnutrición.

A.E. Caldwell, director de la Escuela Residencial Indígena Alberni, afirmó que la desnutrición fue causada por dietas y formas de vida tradicionales, que también llamó “hábitos indolentes”.

Los experimentos de nutrición, junto con los alimentos profundamente inadecuados y de baja calidad que se les daba a los niños en estas escuelas, se alinearon perfectamente con el mandato de asimilación de Caldwell.

Prohibir a prácticamente todos los niños alimentos tradicionales adecuados es otro medio más de colonización y genocidio cultural.

Homenaje a las víctimas

Getty Images. Tras el hallazgo de cientos de restos de niños en las inmediaciones de varias escuelas, muchos se acercaron a rendirles tributo.

Según los hallazgos de Mosby, Pett afirmó que su objetivo era comprender mejor la transición “inevitable” al estar lejos de los alimentos tradicionales, sin embargo, las Escuelas Residenciales Indígenas fueron diseñadas a propósito para provocar esto.

Su investigación no es ética según los estándares contemporáneos, y es difícil creer que alguna vez haya sido aceptable experimentar con cualquier persona, y mucho menos con niños, sin su consentimiento.

Las secuelas del Holocausto y los experimentos biomédicos en los campos de concentración llevaron al desarrollo del Código de Nuremberg en 1947, que establece que el consentimiento voluntario para la investigación es absolutamente esencial y que los experimentos deben evitar todo sufrimiento físico y mental innecesario.

El código se creó el mismo año en que Pett se embarcó en sus experimentos de nutrición en seis escuelas residenciales.

Consecuencias de la malnutrición y experimentación

La desnutrición infantil puede ser mortal, especialmente cuando se combina con el riesgo de enfermedad, que era con frecuencia el caso en los internados.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación indica que las principales causas de muerte de los niños en las escuelas residenciales fueron los daños físicos, la desnutrición, las enfermedades y el abandono.

Para los sobrevivientes de escuelas residenciales, los efectos de la desnutrición aún duran.

El hambre durante la niñez aumenta el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, e investigaciones indican que la desnutrición severa puede incluso causar cambios epigenéticos que pueden transmitirse de generación en generación.

Experimentar con niños que ya estaban sufriendo fue inmoral.

Efectos a día de hoy

Los problemas de inseguridad alimentaria y nutrición en las comunidades indígenas son problemas importantes en Canadá, como resultado de las escuelas residenciales y las políticas coloniales que continúan hasta el día de hoy.

Los experimentos en estos internados y en las comunidades han hecho que los sitios de atención médica sean lugares precarios y traumáticos para muchas naciones indígenas y han llevado a que muchos tengan dudas en torno las vacunas durante la pandemia de covid-19.

Homenaje a las víctimas

Reuters. La noticia del hallazgo de cientos de cuerpo de niños indígenas causó indignación en Canadá y en el mundo.

Al mismo tiempo, persiste el estigma, la violencia y el racismo hacia los pueblos indígenas en estos contextos.

Esta historia particular de experimentos de desnutrición y nutrición en niños y adultos indígenas se ha contado antes. Atrajo la atención de los principales medios de comunicación en 2013 después de la investigación de Mosby.

Y no sorprende a los pueblos indígenas, cuyas verdades debemos finalmente escuchar con atención.

*Allison Daniel es candidata de PhD en Ciencias Nutricionales, Universidad de Toronto.

*Esta artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original (en inglés).

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