Semáforo naranja: un respiro para negocios aunque están lejos de recuperarse
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Semáforo naranja en la CDMX: “Es un respiro para los restauranteros, pero la recuperación aún está muy lejos”

Dueños de negocios ven el cambio de semáforo como un primer paso, pero dicen que la situación será muy complicada por las limitaciones de aforo. 
Cuartoscuro
Por Manu Ureste y Francisco Sandoval
30 de junio, 2020
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Lorenzo Gaeta, gerente de un restaurante tipo asador en la calle Río Nilo, a unos pocos metros de Reforma, dice que el nuevo “semáforo naranja” de la Ciudad de México que a partir de este miércoles permite la reapertura de los negocios a un 30% de su capacidad, “es una pequeña luz al final del túnel”. Aunque, rápido matiza que aún falta mucho para hablar de “una mínima recuperación” después de dos meses y medio cerrados por la pandemia de COVID. 

Su negocio, explica, tiene un aforo para 500 personas que solían abarrotar el local en los juegos de NFL, o en los partidos de la Champions League de futbol. Y el plan financiero para generar ganancias está diseñado para tener, al menos, a un 80% de ese aforo. 

“El semáforo naranja y la reapertura, aunque mínima, son bienvenidos porque son un primer paso -insiste Gatea-. Pero, la verdad, la situación va a continuar siendo muy complicada durante mucho tiempo, porque con un 30% de clientes vamos a tener que afrontar casi el 100% de los mismos gastos que teníamos antes de la pandemia”. 

Es decir, con la reapertura parcial, el gerente explica que tiene que volver a ampliar el número de meseros y de cocineros. Y, claro, pagar más luz, agua, y también la renta, que está por arriba de los 120 mil pesos. 

Lee: Así será la reapertura del Centro Histórico en el semáforo naranja de la CDMX

La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, recordó que aunque la capital ya está en semáforo naranja, “el naranja está más cerca del rojo que del verde, eso significa que seguimos en alerta”. Por eso los restaurantes solo pueden abrir el 30% de su capacidad.

“Durante los meses fuertes de la pandemia se llegó a un convenio para que nos hicieran una reducción de la renta el tiempo que estuvimos cerrados. Pero, a partir de este miércoles, de nuevo nos piden el 100%, aunque aún tengamos muchos menos clientes de lo habitual”.

A unos diez minutos caminando por Reforma, en la calle Hamburgo de la Zona Rosa, el hostelero José Miguel dice que está en una situación muy similar: aun con el semáforo naranja y la reactivación al 30%, calcula más gastos que ingresos por la reapertura de su restaurante de tres plantas.

“Nosotros, de plano, no vamos a reabrir la terraza, ni vamos a poner las mesas. No me trae cuenta,”, asegura el restaurantero, que lamenta que las medidas estrictas que ha dado a conocer el gobierno capitalino para permitir la reapertura, como un número muy reducido de personas en el local, “va a generar que haya muy poca clientela para compensar tantas pérdidas”.

Y eso, dando por hecho que haya clientela. Porque ese es otro problema, subraya José Miguel: buena parte de la base de clientes que llenaba su terraza y karaoke, especialmente los viernes y sábados en la noche previos a la pandemia, aún siguen trabajando desde sus casas. Y, por eso, calles tan concurridas como la propia Hamburgo continúan casi desérticas. 

De hecho, el home office también se nota en el tráfico de Reforma, una de las principales arterias de comunicación de la capital mexicana. Aunque hubo un aumento de la afluencia, especialmente desde que arrancó la ‘nueva normalidad’ a inicios de junio, el nivel de estrés por embotellamientos aún dista mucho de acercarse a lo que solía ser un lunes a las 6 de la tarde antes de la pandemia. 

Así lo explica una agente de tránsito a este medio, que señala que, “en un día normal”, estaría parada en mitad del cruce de Misisipi y Reforma tratando de dar fluidez al mar de coches que se acumula en el semáforo que hay frente a la Diana Cazadora. En cambio, ahora, camina por Reforma con cara de aburrimiento y dejando escapar algún que otro bostezo atrás del cubrebocas. 

Lee: CDMX, Chiapas, Querétaro y 15 estados más iniciarán la próxima semana en semáforo naranja por COVID-19

En Insurgentes, otra de las principales arterias de la ciudad, el tráfico también es fluido y mucho más liviano al habitual, a pesar del semáforo naranja. Tanto, que aún ayer era posible encontrar estacionamiento rápidamente en las calles aledañas al World Trade Center, donde habitualmente ni con la ayuda de los parquímetros -que ayer también comenzaron a operar- es posible encontrar un sitio libre entre tanto coche.

Otras vialidades, como Circuito Interior, Mariano Escobedo, Marina Nacional, y Patriotismo, lucían ayer en la mañana con más carga vehicular y mayor actividad comercial. Por ejemplo, en Insurgentes Sur, los bancos, restaurantes, cafeterías y oficinas de gobierno, estaban abiertos. Y en Patriotismo, varios negocios de reparación y mantenimiento de automóviles también tenían sus puertas abiertas. 

En la Condesa, la nueva normalidad parece que está regresando a un ritmo más acelerado, aunque con el matiz de que muchos restaurantes siguen con la cortina metálica abajo y el letrero de cerrado. 

No obstante, los parques México y España comenzaron poblarse de nuevo de personas corriendo o caminando, y también de personas sacando a pasear a sus mascotas. 

Un respiro

Frente al parque México, en uno de los restaurantes cuya terraza es de las más visitadas de una zona que, a su vez, está entre las más turísticas de la capital, trabaja María. 

Con una enorme botella de gel antibacterial en una mano, y un termómetro de ‘pistola’ en la otra, la mesera recibe a los comensales que se le acercan para pedir café y unas conchitas para llevar. A todos les da la bienvenida, y a todos les responde que sí, que volverán a sacar las mesas a la terraza mañana miércoles, si es que el gobierno capitalino no cambia de opinión, como hizo la semana pasada; cuando el viernes 19 de junio decidió que, por el número de contagios de Covid al alza, se mantenía el semáforo rojo una semana más y también las restricciones para los negocios. 

“La gente ya está muy ansiosa por recuperar su vida, por salir y disfrutar un poco”, opina María. “Y nosotros, la verdad, también estamos deseando volver a trabajar con algo más de normalidad”. 

A unos cinco minutos caminando del lugar, en la avenida Michoacán, Eduardo acaba de montar unas mesas con manteles de cuadritos rojos en la terracita del restaurante-cafetería donde trabaja. Aún no se puede sentar nadie, ni tampoco se puede ordenar nada que no sea para llevar a domicilio. Pero ya se están preparando para el próximo miércoles. 

“Estamos deseando que llegue la reapertura”, asegura el gerente, aunque, a colación, admite que también tiene dudas de qué tanto le compensará reducir su aforo de 40 mesas a poco más de 10 para cumplir con el 30% que establece el nuevo semáforo naranja. 

“No sé si me va a salir más caro la reapertura que lo que vaya a tener de ganancias”, dice encogiendo los hombros. “Pero, a partir del miércoles, vamos a tener un pequeño respiro. Muy pequeño, sí, pero al menos un respiro”. 

A otros cinco minutos a pie, en la calle Cozumel, ya en la colonia Roma Norte, Sergio explica que también ya lo tiene todo listo para el miércoles. Los meseros están equipados con cubrebocas, guantes, caretas, y gel antibacterial en cantidades industriales. Y ya tiene preparado el menú en formato QR para que los comensales puedan checarlo a través de sus celulares y así no tengan que tocar la clásica carta de cartón o de plástico.

Cuestionado por el tema del aforo y la reapertura a solo el 30%, Sergio dice que él tiene la ventaja de que, al ser un local pequeño, la medida del gobierno solo le va a suponer sacar una mesa de la parte de arriba del local, y otras dos mesas de la terraza. Una situación muy diferente, por ejemplo, a la del restaurante con aforo para 500 personas. 

“Para mí es un gran alivio reabrir el miércoles”, hace hincapié.

En la calle Río Balsas, en la colonia Cuauhtémoc, hay cafeterías que, incluso, no esperaron al miércoles para sacar mesas a la banqueta, donde varios clientes ya degustaban un desayuno. 

Mientras que en la calle Río Sena, a unos escasos metros del lugar, el restaurantero Alejandro prefiere mostrarse muy cauto sobre las expectativas generadas por el semáforo naranja y el inicio de la recuperación económica. Sobre todo, expone, porque también existe la posibilidad de que, tal y como advirtió la jefa de gobierno de la ciudad, Claudia Sheinbaum, puede haber un retroceso al semáforo rojo en caso de que los contagios vayan de nuevo al alza. 

“Ojalá que esto suponga el inicio de la luz al final del túnel –dice Alejandro mientras saca las dos primeras mesas a la terracita de su restaurante Bistro-. Porque volver de nuevo al semáforo rojo sería otra catástrofe para una economía que ya no aguanta más esta situación”.

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Vacunas COVID: A qué se debe el secretismo que rodea los contratos entre los gobiernos y las farmacéuticas

Los detalles de los contratos entre algunas grandes farmacéuticas y los gobiernos son confidenciales, lo que ha provocado críticas y sospechas.
28 de enero, 2021
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El mundo entero se disputa una plaza para recibir la vacuna contra el coronavirus, un bien todavía demasiado escaso y producido por pocos laboratorios farmacéuticos.

Los gobiernos firman contratos con las compañías que han desarrollado esas vacunas en tiempo récord y, sin embargo, información crítica de esos acuerdos permanece oculta para el gran público debido a estrictas cláusulas de confidencialidad.

Cuánto cuestan o cómo se distribuirán son detalles que en la mayoría de los casos la ciudadanía desconoce, porque así lo exigen los acuerdos firmados.

En Perú, por ejemplo, las negociaciones entre el gobierno y la compañía Pfizer encallaron por este motivo. Y en Colombia el gobierno afirma que las cláusulas de confidencialidad le impiden ofrecer aún un cronograma claro de vacunación.

El problema es mundial.

En respuesta a una petición de información en el Parlamento Europeo a mediados de noviembre, la comisaria de Salud, Estela Kiriakides, afirmó: “Debido a la naturaleza altamente competitiva de este mercado, la Comisión está legalmente imposibilitada para desvelar la información que contienen estos contratos”.

Y la ministra belga de Presupuesto, Eva de Bleeker, tuvo que retirar poco después de publicarlo un mensaje en Twitter en el que recogía la lista de precios de los laboratorios con los que había negociado la UE.

A las quejas por el incumplimiento de los compromisos adquiridos por algunos fabricantes de vacunas, se suman ahora las de las voces que exigen mayor transparencia en un asunto de salud pública vital.

Y la polémica sigue subiendo de tono, sobre todo en la Unión Europea (UE), enojada después de que los laboratorios Pfizer y AstraZeneca le comunicaran que no estarán en condiciones de suministrar al bloque la cantidad de dosis iniciales acordadas.

Ello ha llevado a que, según fuentes de la UE citadas por la agencia Reuters, desde Bruselas se les exija a las farmacéuticas que hagan públicos los términos de los contratos y amenace con controlar las exportaciones de las vacunas producidas en Europa.

¿Por qué tanto secreto?

Una práctica habitual

Según Jonathan García, experto en salud pública en la Universidad de Harvard, en EE.UU., “esto no es nada nuevo; es frecuente que en los contratos entre los sistemas de salud de los países y las farmacéuticas se incluyan cláusulas de confidencialidad”.

“Los laboratorios buscan fraccionar el mercado para poder negociar precios distintos con los distintos países”, añade.

Esto les permite negociar con los países en función de sus recursos, ofreciéndoles precios más bajos a los países pobres o en desarrollo y exigiendo cantidades más altas a los más ricos.

La compañía AstraZeneca ha revelado que la vacuna que ha desarrollado en colaboración con la Universidad de Oxford tendrá un coste aproximado de entre 3 y 4 dólares por dosis (se requieren dos). Pero el suyo es por ahora un caso excepcional.

Además de los precios, se mantienen muchas veces en secreto la información relativa a la producción y logística, y las conocidas como cláusulas de responsabilidad.

En ellas se estipulan límites a la responsabilidad de los laboratorios en el caso de posibles efectos adversos de los medicamentos y se indica que si hay diferencias no las resolverán los tribunales nacionales, sino unas cortes especiales de arbitraje internacional.

Vacuna de Pfizer.

Reuters
Pfizer es una de las compañías señaladas por la exigencia de confidencialidad en los contratos.

Las voces que reclaman mayor transparencia alertan de que la urgencia por el desarrollo de una vacuna para una enfermedad que se ha cobrado ya más de dos millones de vidas en todo el mundo ha podido llevar a los gobiernos a aceptar limitaciones de responsabilidad aún mayores.

En la Estrategia para la Adquisición de Vacunas que hizo pública la Comisión Europea se decía que “la responsabilidad por el desarrollo y el uso de la vacuna, incluida cualquier indemnización específica requerida, recaerá sobre los Estados miembros que la adquieran”.

El caso de Perú

Un país de América Latina, Perú, se ha convertido en ejemplo destacado de los problemas que acarrea esta limitación de responsabilidad para las farmacéuticas.

Las negociaciones del gobierno peruano con la compañía Pfizer para la adquisición de la vacuna no cuajaron porque, según dijo la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, “se identificaron algunas cláusulas que requerían un análisis más profundo para determinar la compatibilidad con las leyes peruanas y los alcances que puede asumir el Estado”.

BBC Mundo trató de contactar con Pfizer, pero no obtuvo respuesta.

La falta de acuerdo con Pfizer llevó a las autoridades peruanas a buscar otras opciones, como la vacuna del fabricante chino Sinopharm.

Mujer recibe la vacuna en Hungría.

EPA
El ritmo al que avanza la vacunación varía según los países.

Al contrario de lo que sucede en otros países de la región, como Argentina o Chile, la vacunación no ha comenzado aún en Perú y las autoridades no han podido ofrecer un cronograma seguro.

En Colombia, el gobierno ha sido objeto de fuertes críticas por no haber comenzado aún a vacunar a la gente y haber aludido a las cláusulas de confidencialidad para justificar por qué no podía ofrecer aún una fecha para comenzar a hacerlo.

La confidencialidad en los contratos, sin embargo, cuenta con defensores, con base, sobre todo, en los llamados “subsidios cruzados”. Al poder cobrarles más a los países ricos, los laboratorios se ven en condiciones de ofrecer precios asequibles a los países con menos recursos.

El economista David Bardey señala en conversación con BBC Mundo que si hubiera transparencia en los precios de los medicamentos, “sería más complicado para los laboratorios cobrar precios más altos a los países más ricos si estos pueden observar precios menores para otros países”.

“Si queremos que los países más desarrollados paguen más, es mejor que los precios no sean públicos“, indica el experto, que alerta además de que los países más avanzados están adquiriendo muchas más dosis de las que necesitan porque “sus gobiernos tienen una gran presión de su opinión pública y eso los está empujando a una especie de nacionalismo sanitario”.

Se suele aludir también al derecho que tienen las compañías a obtener un beneficio de las grandes inversiones que hacen en investigación.

Y un tercer factor son los derechos de propiedad intelectual. Un experto español en salud pública que prefirió no dar su nombre resume el papel que, a su juicio, están jugando los grandes laboratorios occidentales: “Están defendiendo su patente para evitar que otros la fabriquen en la India y se las vendan a menor coste a los países pobres”.

Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

EPA
Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se enfrenta al problema de hacer que las farmacéuticas cumplan sus compromisos.

Jonathan García cree que los argumentos a favor de la transparencia ganan valor en el contexto de la pandemia.

“Estamos hablando de una emergencia sanitaria global, de algo que sucede cada 100 años, ante lo que uno esperaría que el sistema utilizara mecanismos mucho más transparentes y buscara un esquema más cooperativo. En cambio vemos que se sigue buscando un mercado monopólico y mantener ventajas en los precios”.

Las diferencias en el acceso a las vacunas han llevado al mundo a un riesgo de “fracaso moral catastrófico”, como definió el director de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, el hecho de que los países más necesitados vayan a tener que esperar años para inmunizar a su población.

La historia de las epidemias muestra que no sería la primera vez. Ya sucedió con la poliomielitis y la viruela, enfermedades erradicadas mucho antes en los países más avanzados.

O con el VIH, que todavía diezma a muchas poblaciones africanas cuando los pacientes en el llamado primer mundo han visto prolongada significativamente su esperanza de vida gracias al desarrollo de los tratamientos antirretrovirales.

“Los medicamentos están disponibles; el problema son los costos”, indica García.

Y los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, no pueden permitirse al negociar con los laboratorios la actitud exigente mostrada por la Unión Europea, un bloque formado por 27 estados entre los más prósperos del mundo.

*Con información adicional de Martín Riepl en Lima y Carlos Serrano en Miami.


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