En estos bosques de Chihuahua se protege al oso negro
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
APFF Campo Verde/CONANP

En estos bosques de Chihuahua se protege al oso negro

Desde hace ocho años, ejidatarios del estado de Chihuahua —al norte de México— participan en un programa para conservar el hábitat y garantizar el futuro de su vecino: el oso negro.
APFF Campo Verde/CONANP
Por Priscila Hernández Flores / Mongabay Latam
22 de julio, 2020
Comparte

A su paso por los bosques de Chihuahua, el oso negro deja huellas y admiradores que transforman su fascinación en el motor para conservar a esta especie. Cuando cuentan cómo se desplaza, lo hacen como si fuera la primera vez que supieran de él. Cuando lo describen, no ocultan su asombro. Comparten lo que saben sobre su vida y se emocionan como si hablaran de un familiar que les enorgullece. Sus principales admiradores son biólogos, científicos y, sobre todo, ejidatarios que ven en el oso negro un signo de resistencia y a un aliado en la defensa de sus bosques.

Las poblaciones de oso negro (Ursus Americanus) se distribuyen en Canadá, Estados Unidos y el Norte de México —en especial en estados como Chihuahua, Coahuila, Durango y Tamaulipas—; a finales de la década de los ochenta, en los tres países había alrededor de 500 mil ejemplares, de acuerdo con informes del Programa de Acción para la Conservación de la Especie (PACE), de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp); ese número disminuyó dramáticamente por la “cacería furtiva y la modificación de su hábitat”.

Te puede interesar: ¿Viste el video del oso en Chipinque? Qué hacer si te encuentras con uno

En algunas zonas de Chihuahua, los mayores recuerdan aquellos tiempos de cacería, “platican que antes al oso le daban muy duro, era como un trofeo”, cuenta Jacob Molina Sánchez, de 53 años. A la cacería de esos tiempos se le suma, que “anteriormente esta especie se veía como agresora”, reconoce Gregorio Rodríguez García.

En comunidades como el Ejido El Largo, al noroeste de Chihuahua, las ideas que se tenían sobre los osos comenzaron a cambiar cuando los biólogos difundieron información sobre uno de los mamíferos más grandes que se puede encontrar en estas tierras. Ahora, orgullosos afirman que ya no lo cazan. Gregorio Rodríguez dice: “no es peligroso. Basta ahuyentarlo y él se va a su nicho… se da la convivencia entre la especie y la sociedad”.

Jacob y Gregorio viven en el Ejido El Largo, en el municipio de Madera, en Chihuahua, una de las comunidades que participa en la iniciativa PACE que, desde el 2012, busca la protección del oso negro y que ha mostrado que es posible conjugar el aprovechamiento forestal con la conservación de especies en riesgo, como el oso negro.

Además de albergar a las empresas forestales comunitarias más competitivas de la región, el Ejido el Largo se caracteriza por tener 88 000 hectáreas de su territorio destinadas a la conservación de flora y fauna.

El símbolo de Campo verde

Solitarios, pero juguetones. Fuertes, pero serenos cuando hibernan. Solos, pero en grupo cuando las hembras andan con sus crías. Les encanta rascarse y tienen una técnica para hacerlo: se ponen en dos patas para frotar su lomo en el tronco de algún pino; en esta posición demuestran su fuerza y, a la vez, aumentan su rango de visión. Otro de sus hábitos es tomar baños de agua para refrescarse. Caminan balanceándose y las hembras cuidan a sus oseznos juguetones.

Todo esto se sabe porque así ha quedado registrado en los videos captados por las cámaras trampa colocadas en varios puntos del Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde, en Chihuahua. Ahí, la Conanp desarrolla un programa de Conservación y monitoreo del oso negro.

El director de Campo Verde, el biólogo Alejandro Gómez, resalta orgulloso que los videos muestran la conducta natural de osos que se encuentran en territorio mexicano, en bosques que están dentro de áreas naturales protegidas.

El Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde tiene una extensión de 108 067 hectáreas. En 1938 esta zona fue declarada como Reserva Forestal Nacional y zona de refugio de Zona silvestre por el presidente Lázaro Cárdenas. Esta zona fue recategorizada como Área de Protección de Flora y Fauna en 2003; fue hasta el año 2010 cuando la Conanp asignó personal a la reserva. El biólogo Alejandro Gómez remarca que el oso negro “es un símbolo, es la especie prioritaria de Campo Verde”.

Los estudios que se han hecho en la zona permiten conocer que la densidad de la población de oso negro es de 0.14 individuos por cada kilómetro cuadrado de Campo Verde. “Con base en estos datos hemos llegado a la conclusión de que la población es estable”, afirma el director de la reserva y explica que lo mismo ocurre en el corredor biológico de las Sierras Occidental y Oriental, más allá de los límites del área protegida.

El biólogo recuerda que el proyecto de monitoreo y conservación del oso negro en Campo Verde inició gracias al lobo mexicano (Canis lupus baileyi), una especie que también fue víctima de la cacería y que durante muchos años estuvo extinta en vida silvestre.

La primera vez que la población de osos llamó la atención en la región fue en el año 2012, cuando al reintroducir al lobo mexicano (otro proyecto exitoso de conservación de la reserva) y monitorear su comportamiento, lograron ver en las imágenes captadas por las cámaras trampa “una muy buena cantidad de osos, y en excelentes condiciones físicas. Animales grandes, gorditos, como muchas veces nos los retratan en documentos de otras áreas naturales en el extranjero”, resalta el biólogo Alejandro Gómez.

Esas primeras imágenes llevaron a que, desde 2013, se desarrollen proyectos de conservación del oso negro. Los últimos registros documentaron una población estimada de 106 individuos. Además, se corroboró el éxito reproductivo de la especie, al contar con 37 registros fotográficos de hembras con crías (dos oseznos en promedio), de acuerdo a información de la Conanp.

Conservación, gracias a comunidades forestales

Los bosques que forman parte del Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde se localizan dentro de las tierras ejidales de la comunidad El Largo; de hecho, representan 25 % de la superficie del ejido.

El Largo es uno de los ejidos más extensos de México: cuenta con 266 000 hectáreas. Una de las principales actividades económicas de sus 4 200 habitantes es la producción de madera. El Largo contribuye con el 25 % de la producción maderable en Chihuahua. Los 1 723 ejidatarios realizan aprovechamiento maderable, siguiendo un plan de manejo forestal que les permite conservar su bosque.

Desde 2001, el Ejido El Largo mantiene la certificación internacional FSC (Forest Stewardship Council). Por su buen manejo forestal, autoridades y organizaciones civiles —como Rainforest Alliance— consideran a esta comunidad como un modelo a nivel internacional.

El bosque que conserva la comunidad El Largo también es hábitat del oso negro, como lo han demostrado las imágenes de las cámaras trampas instaladas en la zona forestal del ejido.

Jacob Molina Sánchez, subdirector de área zona norte del Ejido El Largo, resalta que los osos y los habitantes de este y otros ejidos de la región —como Ejido Jesús García y Ejido La Norteña— son “vecinos”.

Humanos y osos comparten territorio, pero también el gusto por la pingüica (Arctostaphylos pungens), un fruto rojo típico de la zona. El oso se lo come directo del arbusto; la comunidad lo prepara en agua fresca, mermelada y dulces típicos.

Monitoreo de osos negros en comunidad forestal México

Ejidatarios de El Largo y personal de la Conanp instalan cámaras trampa para el monitoreo del oso. Foto: APFF Campo Verde/CONANP
Jacob Molina cuenta que la Conanp ha realizado reuniones con los ejidatarios para vincularlos en la conservación de la especie; los pobladores también han recibido talleres informativos en los que comparten datos que ayudan a eliminar mitos sobre el oso, sobre todo se hace énfasis en que este mamífero no es un depredador activo de ganado.

Por ejemplo, les comparten los hallazgos de estudios realizados en Campo Verde, como el que hicieron en 2018: un análisis de dieta del oso que permitió confirmar que solo 15% de su alimentación es de origen animal; y de este porcentaje, la mayoría (10%) son hormigas y otros insectos, mientras que el 5% restante es de vertebrados como el venado blanco (Odocoileus virginianus).

El biólogo Alejandro Gómez explica que el oso consume lo que otros depredadores dejan, como el puma (Puma concolor ) y el coyote (Canis latrans).

Otras estrategias se dirigen a los niños de los ejidos. Para ello, se organizan actividades en las escuelas, a las que se lleva una botarga (disfraz) de oso y se da información sobre esta y otras especies que es posible encontrar en el Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde.

Los habitantes del Ejido El Largo y de otras comunidades han aprendido sobre los comportamientos del oso, gracias a que colaboran en los proyectos científicos que se desarrollan en la zona, muchos de los cuales se hacen utilizando como herramienta principal las cámaras trampa.

Este año, por ejemplo, en los bosques del ejido El Largo y en el área de Campo Verde hay un promedio de 100 cámaras instaladas; hay alrededor de ocho cámaras trampa por proyecto. El monitoreo científico se hace en forma conjunta con las comunidades de los ejidos por las que se desplaza el oso.

Bosques para el ejido y el oso

En 1986, México decretó la veda de la cacería del oso negro; su protección se reforzó en 1991 cuando el país suscribió la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), en donde la especie está incluida en el Apéndice II, lo que significa que está prohibida su comercialización.

Además de la cacería, la principal amenaza del oso es la pérdida de hábitat. Estos animales requieren de un “gran ámbito hogareño”, entre 50 y 100 kilómetros cuadrados para satisfacer sus necesidades de refugio, alimento y reproducción. Mantener los bosques y matorrales que integran su hábitat es uno de los retos para su conservación, advierte el director de Campo Verde, Alejandro Gómez.

En esta zona norte de México, el aprovechamiento forestal sustentable que realizan los ejidatarios de El Largo ha mostrado ser un camino para conservar esos bosques que son sustento económico para la comunidad y también hábitat de especies como el oso negro.

El ejidatario Gregorio Rodríguez cuenta que “esta especie se desplaza muy fácilmente, se mueve de un lado a otro, cuando se está trabajando en el aprovechamiento de madera, el oso se retira y busca otras áreas mientras se hace el aprovechamiento”.

Gregorio, quien también es responsable técnico forestal de Ejido El Largo y Anexos, dice con orgullo: “nos sentimos satisfechos, porque estamos generando la abundancia de la especie. Estamos conscientes de que somos un ecosistema y debemos conservarlo lo mejor posible”.

El manejo forestal comunitario que se realiza en el Ejido El Largo no solo implica producir madera. Los ejidatarios tienen que realizar diferentes trabajos para prevenir plagas e incendios y así conservar su bosque. Y como parte de sus actividades, también han incorporado la difusión de información sobre el oso negro.

En los bosques comunitarios que forman parte del Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde es posible encontrar carteles con información sobre esta especie. Quienes pasan por la zona llamada Mesa del Huracán leen el mensaje: “¡Ayúdanos a conservarlos!”

“Estamos conscientes sobre la importancia de la conservación de esta especie. Ya sabemos que no es agresiva y que no le hace nada a uno”, dice Gregorio Rodríguez García convencido de que seguirán cuidándolo. Él, por ejemplo, es uno de los ejidatarios que, además de reconocer la huella de un oso, puede contar que ya los ha mirado. Y como prueba, guarda imágenes de osos trepados en los árboles.

El oso negro no es la única especie que se conserva en estos bosques comunitarios de Chihuahua. El Ejido El Largo también participa, con la Conanp, en el monitoreo y conservación de especies como el lobo mexicano y la cotorra serrana (Rhynchopsitta pachyrhyncha), ave que se encuentra en peligro de extinción.

Un sobreviviente

Hace ya varias décadas, en México era posible encontrar a una subespecie del oso pardo (Ursus arctos); ahora está extinta. Actualmente, el único úrsido que se encuentra en el país es el oso negro americano. Sus poblaciones están dispersas en dos zonas: la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental (donde se ubica Campo Verde).

Además de los trabajos de conservación del oso en la región de Campo Verde, en otros lugares del país, como en la Serranía del Burro, en Coahuila, o en la Reserva de la Biósfera del Ciero, en Tamaulipas, también se desarrollan proyectos para garantizar el futuro de esta especie.

El oso negro “es un sobreviviente de más de cuatro millones de años”, resalta el doctor Carlos Luna, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien investiga la historia evolutiva de la familia de los osos, a través de análisis de estudios genéticos y biogeografía.

Este experto ha participado en diferentes proyectos de estudio sobre esta especie, los cuales le han confirmado que son animales inteligentes y versátiles, pero muy vulnerables al cambio de uso de suelo. Una de las actividades que más les afecta es la ganadería.

Cuando el bosque se desmonta para introducir vacas, los osos no solo pierden parte de su hábitat, también su alimento, por lo que terminan atacando al ganado. Eso provoca conflicto con los ganaderos, quienes terminan cazándolos.

Los osos negros llegan a vivir hasta 18 años en libertad, aunque se han documentado algunos ejemplares de 39 años; en cautiverio pueden llegar hasta los 44. Estos osos son considerados los carnívoros más grandes de México, sin embargo, su alimentación es omnívora: 90 % de su alimento es materia vegetal.

En Campo Verde, las cámaras trampa han permitido documentar su dieta. Para que los osos se acerquen a las cámaras, se colocan sardinas enlatadas. Los investigadores encontraron que el oso se come ese cebo aunque halla pasado mucho tiempo. Lo anterior, confirma que más que “comer presas vivas, que matar un becerro o una vaca, (el oso) más bien llega y aprovecha la carroña que han dejado otros depredadores”, explica el director de la reserva, Alejandro Gómez.

Seguir el rastro de una especie

En un año, el oso negro puede desplazarse 800 kilómetros cuando buscan un hábitat para establecerse. Eso “nos habla de un animal extremadamente móvil”, detalla el doctor Carlos Luna.

Existen muchas preguntas científicas sobre esta especie; “hay mucho trabajo por hacer en cuestión conductual. No se entiende aún cómo la especie ha desarrollado múltiples habilidades para sobrevivir a un entorno complejo y cambiante”, reconoce el doctor Luna.

Tanto el director del Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde, Alejandro Gómez, y el doctor Carlos Luna coinciden en que varias incógnitas que aún existen sobre esta especie es sobre su hibernación.

La temporada reproductiva del oso se da entre junio y julio. En octubre y noviembre, entran en hibernación, mientras en marzo recuperan su actividad cuando suben las temperaturas. Cuando llegan los meses fríos, hibernan y bajan su metabolismo. Sin embargo, el director de la reserva comenta que han “detectado huellas de osos en pleno invierno. Ese es un indicio de que aquí, en Campo Verde, no hibernan como tal; a lo mejor llegan y se duermen una semana, quince días, pero luego salen a conseguir más alimentos”.

Las hembras paren en invierno y cuando llega la primavera salen con sus cachorros. En Campo Verde, los investigadores tienen entre sus retos encontrar una cavidad para monitorear cómo son sus refugios invernales. Además de registrar el parto de una hembra, “es algo que no hemos obtenido, no hemos visto, pero no perdemos la esperanza”, comenta el biólogo Alejandro Gómez.

“Hay un futuro prometedor sobre lo que se puede aprender de estos animales”, dice optimista el doctor Carlos Luna.

En Campo Verde, los últimos registros del oso negro son de finales de febrero de 2020. Por la pandemia de COVID-19, los ejidatarios suspendieron sus recorridos por la zona forestal y la revisión de las cámaras trampa.

Así como el mundo espera que la pandemia termine, los ejidatarios esperan volver al campo para saber cómo está su vecino de la sierra y ver las imágenes de las cámaras trampa que registran cuando se baña, cuando trepa a los árboles o cuando está en quietud cuidando a sus crías.

Esta historia se publicó originalmente en Mongabay Latam y puedes leerla completa aquí.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

COVID: cómo envejece nuestro sistema inmunitario y cómo podemos frenar ese proceso

Cuando nos volvemos mayores, nuestro cuerpo ya no produce tantas células cruciales para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, y muchas de ellas se comportan de manera errática. Pero tú puedes compensar el paso de los años con acciones muy simples para mantenerlo en buena forma.
24 de diciembre, 2020
Comparte

El sistema inmunitario ha cobrado un protagonismo inesperado en medio de la pandemia de covid-19.

No es para menos. Esta compleja red de células, tejidos y órganos es el arma principal que tiene nuestro organismo para defenderse del SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus causante de esta enfermedad.

Al igual que cualquier otra parte del cuerpo, el sistema inmune envejece con los años, y esto nos deja más vulnerables a las infecciones, al cáncer y a todo tipo de enfermedades.

Esta es una de las razones —además de la prevalencia de enfermedades preexistentes— por la que las personas mayores de 65 años corren más riesgo de contagiarse de covid y desarrollar una forma más virulenta de la enfermedad.

Sin embargo, la edad del sistema inmunitario no coincide necesariamente con la edad cronológica. Y en la medida en que nos volvemos mayores, esta discrepancia puede hacerse aún más amplia.

“Podemos tener individuos que cronológicamente tienen 80 años y un sistema inmune que parece de una persona de 62 años. O todo lo contrario: una persona de 60 años cuyo sistema inmune parece el de una persona de una edad mucho más avanzada”, le explica a BBC Mundo Shai Shen-Orr, inmunólogo del Instituto de Tecnología de Israel Technion.

Lo interesante, además, es que podemos que ralentizar su envejecimiento (o, posiblemente, revertir su edad) siguiendo una serie de pasos simples.

Pero antes de ver cómo lograrlo, recordemos cómo funciona y cómo y qué se deteriora con la edad.

Menos células B y T

El sistema inmune tiene dos brazos, cada uno de ellos compuesto por distintos tipos de células.

Por un lado está la llamada respuesta innata, que es la primera línea de defensa que se activa casi de forma inmediata cuando detecta la presencia de un organismo extraño.

Gráfico

Getty Images
Todo lo que podamos hacer para mantener la salud inmunitaria ayuda en la lucha contra la covid-19.

Esta respuesta contiene “neutrófilos, que atacan sobre todo bacterias; monocitos, que ayudan a organizar al sistema inmune, alertando a otras células inmunitarias de que hay una infección, y luego están las NK (o células asesinas), cuyo trabajo es combatir virus o cáncer. Estas tres células no funcionan tan bien cuando nos hacemos mayores”, le explica a BBC Mundo Janet Lord, directora del Instituto de Inflamación y Envejecimiento de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido.

Por otro lado está la respuesta adaptativa, compuesta por linfocitos T y B que combaten a un patógeno específico. Esta respuesta tarda unos días en activarse, pero una vez que lo hace, recordará al patógeno para el futuro y lo combatirá otra vez, si vuelve a aparecer.

“Cuando envejeces, produces menos nuevos linfocitos, que son los que necesitas para combatir una infección nueva como el SARS-CoV-2″, señala Lord.

“E incluso los que tu cuerpo creó en el pasado, para combatir otra infección, tampoco funcionan muy bien”, añade.

Es decir, el envejecimiento provoca un declive en todas las funciones del sistema inmune.

La respuesta innata produce un poco más de células pero estas no funcionan tan bien, y la respuesta adaptativa produce menos linfocitos B (que se fabrican en la médula ósea y se encargan de producir anticuerpos) y menos linfocitos T (que se producen en el timo e identifican y matan a patógenos o células infectadas).

La disminución de células T se debe a que “el timo comienza a encogerse a los 20 años de edad. Se hace cada vez más pequeñito y cuando llegas a los 65 o 70 años, solo queda un 3% de él (en el cuerpo)”, dice Lord.

La pérdida de las células que guardan la memoria de los patógenos hace que al envejecer no solo perdamos la capacidad de responder a una infección, sino también a las vacunas que las previenen.

Gente caminando

Getty Images
Caminar es un ejercicio simple al alcance de todos.

En el caso de la vacuna contra la gripe, por ejemplo, “el 40% de los adultos mayores de 65 años no genera una respuesta a la vacuna”, comenta Shen-Orr.

Otro problema es que la edad genera más inflamación en la sangre y en los tejidos, algo que en inglés se conoce como inflammaging (una combinación de las palabras inflamation y envejecimiento, ageing).

“Además de no funcionar de forma óptima, las células del sistema inmune tienden a causar inflamación, algo que da lugar a numerosas enfermedades”, explica Lord.

Todos estos cambios que se producen a medida que nos volvemos más viejos, “hacen que nos cueste más recuperarnos de una infección o una herida, y que algunas infecciones se puedan tornar crónicas”, le dice a BBC Mundo Encarnación Montecino, investigadora de la Universidad de California, en Estados Unidos.

“Infecciones que estaban bajo control pueden reaparecer (como el herpes zóster, o la tuberculosis), aumenta la susceptibilidad a nuevos patógenos (gripe, neumonía) y la incidencia de cáncer”, agrega.

No siempre es cuestión de edad

Si bien con el avance de los años todos sufrimos un deterioro cuya trayectoria es previsible, lo que varía enormemente es el ritmo en que lo hace cada individuo, influido por la genética, pero también —y en una gran medida— por el estilo de vida.

Hasta hace poco no era posible determinar la edad inmunitaria, pero las investigaciones de Shen-Orr y su equipo, en colaboración con la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, lograron crear un método para obtener esta información, crucial para llegar a tratamientos acertados.

“Analizando la composición de 18 tipos de células del sistema inmune y la expresión de los genes en una muestra de sangre, podemos establecer en qué estadio del proceso de envejecimiento se encuentra el sistema inmunitario de una persona”, explica Shen-Orr.

La variación en la velocidad del proceso de deterioro también se vincula a la diferencia de género.

“Mientras que los dos sexos sufren el envejecimiento, debido a los efectos específicos de las hormonas sexuales, algunos de los parámetros envejecen a ritmos distintos en hombres y mujeres”, señala Montecino.

Por ejemplo, en las mujeres “la menopausia produce una nivelación de los efectos protectores del estrógeno”.

A levantarse de la silla

La buena noticia, como mencionamos en el principio es que el proceso de envejecimiento puede ralentizarse.

La clave está en mantenerse físicamente activo: “hoy día permanecer mucho tiempo sentado, es para el organismo lo que antes era fumar”, explica Lord, comparándolo con este hábito que mucha gente ya ha abandonado.

“En estudios con personas que se mantuvieron activas desde que eran jóvenes hasta la tercera edad —ciclistas de hasta 80 años que continuaron haciendo 100 km o 150 km a la semana— los resultados fueron increíbles”, dice Lord.

Hombre sentado en el sofá mirando la TV

Getty Images
Pasar demasiadas horas sentados es pésimo, dice Lord.

“Tenían muchas células T y el timo no se había encogido“.

“En otro estudio que monitoreó el número de pasos al día, encontró que si haces 10.000, tus neutrófilos parecen los de una persona de 20 años”.

“Yo pensaba que esa cifra era un invento de las personas que vendían dispositivos para medirlos, pero cuando hicimos el estudio me quedé totalmente sorprendida”, confiesa Lord.

Todo depende del estado físico del que uno parta, pero básicamente es hacer ejercicios simples como pararse y subir y bajar en puntas de pie, subir escaleras y levantar un poco de peso con los brazos si uno es mayor o no está en buen estado físico, y hacer ejercicio intenso por lapsos de tiempo breve, si uno está en forma.

“Simplemente haz algo. Todo lo que puedas hacer ayuda”.

Volver al pasado

Una cosa es disminuir el ritmo de envejecimiento y otra es revertir el proceso.

¿Es posible?

Los análisis llevados a cabo por la investigadora de Birmingham y su equipo no se han centrado en eso, pero Lord señala que un estudio pequeño (con 12 participantes) publicado el año pasado mostró, por primera vez, que suministrando tres drogas diferentes se pudo revertir la edad inmunitaria y la edad biológica en 2 años.

Ciclista

Getty Images
Uno de los estudios de Birmingham mostró que ciclistas mayores que seguían manteniéndose activos tenían un sistema inmune de una persona joven.

Shen-Orr menciona un estudio sobre una droga en la que él y su equipo están trabajando pero cuyos resultados aún no se han publicado, que también muestra que la reversión es posible.

“Vimos una reducción (de la edad inmunitaria), pero no sabemos aún si esta se va a mantener de forma permanente”, señala.

Pero detener el deterioro es un paso más que importante.

Otros factores que pueden ayudar en este sentido son una dieta variada, rica en fibra, con alimentos fermentados y poca carne roja para mantener la salud de la microbiota intestinal (un campo de investigación que aún está en su infancia), y un sueño óptimo de alrededor de 6 horas y media o 7.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=DuMVeWY6gZU

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.