ASF presenta su cifra más baja de denuncias en 14 años, aunque desvíos persisten
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Cuartoscuro Archivo

Denuncias de la ASF caen a su nivel más bajo en 14 años, pese a que desvíos persisten

Bajo la administración del auditor David Colmenares se ha desacelerado la presentación de denuncias bajo el argumento de hacerlas más eficaces, aunque hasta ahora no se conoce de algún resultado.
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14 de julio, 2020
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La presentación de denuncias penales por parte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en contra de servidores públicos por el posible desvío o mal manejo de recursos del erario se ha desplomado a su nivel más bajo en los últimos 14 años, pese que el destino de miles de millones de pesos sigue sin esclarecerse.

Un informe de la propia ASF revela que, del 1 de enero al 10 de julio de 2020, solo se formuló una denuncia ante el Ministerio Público Federal por el posible desvío de 500 millones de pesos, en 2016, contra la extinta SAGARPA. Y es todo.

Entérate: Por la pandemia, la Auditoría aplaza la revisión al primer año de gobierno de AMLO

En contraste, por ejemplo, en el mismo periodo de 2013 ya eran 123 las denuncias penales presentadas ante el Ministerio Público, mientras que en 2017 la cifra fue de 65 denuncias formuladas en ese mismo lapso de enero a julio.

Para encontrar otro año en el que solo se hubiera presentado una denuncia como en el actual hay que remontarse hasta 2007. Y para encontrar un año sin denuncias en los primeros siete meses del año hay que regresar hasta 2004.

La existencia de estas denuncias es vital porque solo a través de ellas las fiscalías General y de los estados pueden proceder en contra de funcionarios que se vean involucrados en los malos manejos de recursos detectados por la ASF. Es decir, solo con ellas se pueden castigar estos hechos de corrupción que la ley en México considera delito, y que ahora son incluso considerados como graves.

El hecho cobra relevancia porque el desfalco de recursos públicos federales producto de los malos manejos en el país es mayúsculo y persiste. Tan solo en lo que corresponde a la cuenta pública 2018, la última auditada en su totalidad, se identificaron más de 171 mil millones de pesos que no aparecen, pero hasta ahora solo hay una denuncia presentada por ese ejercicio.

El monto total de recursos mal manejados o con irregularidades entre 2001 y 2018 supera los 605 mil 628 millones de pesos.

A ello falta sumar las irregularidades que se han detectado en las auditorías practicadas en 2019, primer año del actual sexenio, cuyos resultados preliminares fueron pospuestos por la ASF debido a retrasos en la elaboración de los informes a causa de la contingencia sanitaria por COVID-19

Pocas denuncias, ¿más efectivas?

Animal Político solicitó a través del área de comunicación social de la ASF conocer las razones por las cuales no se han presentado más denuncias penales en lo que va de 2020, pero hasta la publicación de esta nota no se había recibido una respuesta.

Con anterioridad, la ASF ya había explicado a este medio que desde el arranque de la administración del auditor David Colmenares, en 2018, se puso en marcha una estrategia encaminada a presentar menos denuncias a cambio de que fueran más eficaces.

El descenso ha sido sostenido. Mientras que de enero a julio de 2017 (aun con el anterior auditor) la cifra de denuncias penales presentada por la ASF ante el Ministerio Público fue de 65; para 2018 se redujo a 23 denuncias penales; en 2019 fueron únicamente siete, y en 2020 va una sola presentada.

Lo que explicaron funcionarios de la actual administración de la ASF a este medio en su momento, es que se había realizado un análisis que concluyó que aun cuando se presentaban muchas denuncias estas eran poco efectivas, pues casi ninguna lograba ser resuelta por las fiscalías ni llegaban a las manos de un juez.

En noviembre de 2017 Animal Político publicó que de 872 denuncias penales que para ese momento llevaba la Auditoría, solamente 10 habían sido consignadas ante un juez. No obstante, la administración del entonces auditor Juan Manuel Portal acusó que la responsabilidad de realizar la investigación y de esclarecer los casos era del ministerio Público, y que los pocos resultados obedecían a la falta de personal para investigar en la entonces PGR.

La ASF acumula hasta la fecha un total de 1 mil 4 denuncias penales presentadas ante el Ministerio Público. No se han actualizado los datos de cuantos casos habrían sido resueltos, pero de acuerdo con fuentes consultadas más del 90 por ciento de ellos siguen sin resolución.

Grandes hallazgos, persiste impunidad

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha identificado hasta la fecha más de 605 mil millones de pesos del erario mal manejados y cuyo destino aun no se aclara. Ello como resultado de poco más de 23 mil operaciones irregulares identificadas tanto en las dependencias federales, así como en los estados que reciben subsidios o recursos federales.

Las irregularidades van desde recursos subejercidos que nunca fueron devueltos, hasta pagos por obras inconclusas o por servicios de los que no hay constancia alguna que acredite que realmente fueron realizados. Se ha llegado a documentar simulaciones en contratos y transferencias a empresas fantasma.

En la administración del extitular de la ASF, Juan Manuel Portal, algunos de estos casos cobraron gran relevancia por los montos defraudados y los mecanismos utilizados.

Por ejemplo, los auditores descubrieron un repetitivo mal manejo de recursos asignados por dependencias federales a universidades públicas que luego fueron transferidos irregularmente a diversas empresas. Ello aprovechando una excepción de la ley de adquisiciones. Estas auditorías dieron pie a la investigación periodística conocida como “La Estafa Maestra”.

La Auditoría también logró documentar, año con año, el sistemático desvío de recursos federales entregados a Veracruz durante la administración del exgobernador Javier Duarte. El monto observado tan solo en la gestión de dicho exgobernador priista por los auditores supera los 50 mil millones de pesos.

Para tratar de agilizar la resolución de estos casos en particular, desde finales de 2018 se crearon equipos especiales entre la ASF y la PGR con los que se consiguió reactivar algunas denuncias y judicializarse otras. Hasta la fecha, sin embargo, no se han obtenido sentencias en contra de los principales operadores, e incluso son pocos los procesos penales iniciados.

Cabe recordar que la ASF es una de las instancias claves del denominado Sistema Nacional Anticorrupción, cuya finalidad es la articulación de esfuerzos para prevenir y erradicar los hechos de corrupción en el país.

El combate a la corrupción ha sido señalado insistentemente por el presidente Andrés Manuel López Obrador como una de las prioridades de su administración, junto con la promesa de que no habrá impunidad.

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El experimento de confinamiento que terminó con sus participantes casi muertos

En 1991, un ambicioso proyecto encerró a ocho científicos en un ecosistema artificial. El objetivo era replicar las condiciones de vida en la Tierra, pero por poco acaba en tragedia.
18 de julio, 2020
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La aventura casi termina en tragedia. En 1991, un grupo de ocho investigadores voluntarios se encerró durante dos años en una estructura de cristal y acero dentro de la que científicos habían recreado varios ecosistemas del planeta Tierra.

Aquel experimento formaba parte del proyecto Biosfera 2 y el objetivo era comprobar si, en un futuro, los humanos podrían vivir en circunstancias similares en colonias en otros planetas.

Gran parte de la rutina de los ocho participantes, llamados “biosferianos”, se redujo a labores agrícolas. Debían cultivar sus propios vegetales, recolectar granos del suelo y obtener proteínas de animales de granja y peces criados en estanques de acuicultura.

El experimento, presentado como como una “misión espacial” dentro de la Tierra, acaparó la atención mediática..

Pero la aventura no acabó como se esperaba.

Los cultivos no crecían al ritmo estimado, la comida empezó a escasear, el oxígeno era insuficiente y la tensión afloró en la convivencia de los participantes.

Un “Jardín del Edén”

El diseño original del complejo Biosfera 2 fue idea de John Polk Allen, un ingeniero graduado por la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo se sitúa en Oracle, en pleno desierto de Arizona.

Allen era también el director de la empresa Space Biospheres Ventures, que en 1984 compró la propiedad donde se localizó el ecosistema artificial cerrado en Oracle, en el desierto de Arizona en Estados Unidos.

La construcción se completó en 1989 y consistía en tres edificios. El primero, un gran domo de cristal y acero; el segundo un área subterránea de tecnología y el tercero una zona destinada al hábitat humano.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Biosfera 2 reprodujo varios ecosistemas terrestres como un bosque tropical y un océano con arrecifes de coral.

El domo medía casi 28 metros en su punto más alto y contenía cinco ecosistemas: un bosque tropical, un desierto, una sabana, un manglar y un océano con arrecifes de coral. Dentro se encontraba, además, la zona dedicada a la agricultura.

En el interior del edificio tecnológico se alojaban los componentes que mantenían la climatología interior, con controladores de temperatura y humedad.

El objetivo principal era determinar si una biosfera artificial podía funcionar, incrementando reservas de energía y biomasa, preservando un alto nivel de biodiversidad y biomas, estabilizando su agua, suelo y atmósfera”, según escribieron el director del proyecto, John Polk Allen, y uno de sus participantes, Mark Nelson, en un documento con el resultado de la investigación en 1997.

Los investigadores involucrados querían saber si una biosfera autosostenible, con todos los ecosistemas de vida de la Tierra, podía “proveer una vida creativa y saludable para humanos que trabajaron como naturalistas y científicos”, según dicho documento.

Zona de agricultura de Biosfera 2.

Getty Images
“Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores”.

Básicamente,se trataba de comprobar si el ser humano sería capaz de mudarse a otro planeta llevándose un trozo del nuestro. Para ello, los científicos viajaron por el mundo y recopilaron recursos y conocimientos para crear el ecosistema artificial.

Llenaron Biosfera 2 de animales, vegetación y la tecnología necesaria para mantener las condiciones adecuadas.

Era como crear una especie de Jardín del Edén en interiores“, dijo Linda Leigh, una de las científicas que estuvo confinada, en un documental reciente sobre el experimento llamado Spaceship Earth.

Y así, en septiembre de 1991 cuatro hombres y cuatro mujeres: Roy Walford, Taber MacCallum, Mark Nelson, Sally Silverstone, Silke Schneider (quien después sería sustituida por Abigail Alling), Mark Van Thillo, Jane Poynter y Linda Leigh.

Impacto mediático

“Me llamaron por teléfono proponiéndome que me uniera al equipo voluntario y antes de que terminaran la oración ya había dicho que sí”, recuerda Nelson, uno de los biosferanos, en el documental.

Sally Sylverstone y Jane Poynter.

Getty Images
Sally Sylverstone y Jane Poynter fueron dos de las involucradas en el proyecto.

“Éramos pioneros, los primeros biosferanos. Nos habían dado un nuevo mundo para cuidar de él”, agregó Nelson.

Mientras, el mundo se enteraba del proyecto gracias al eco de los medios de comunicación, hasta el punto en que necesitaron contratar un equipo de relaciones públicas para lidiar con la presión mediática.

Poco después de empezar el confinamiento, el entusiasmo inicial de los integrantes comenzó a disiparse. Aumentaron los roces y las discusiones.

“Nunca se sabe lo que puede pasar cuando te encierras a convivir durante dos años con otras siete personas”, recuerda Nelson.

Los turistas se paseaban por fuera de las instalaciones, en visitas guiadas donde veían trabajar a los investigadores a través del cristal, como si se tratara de una visita al zoológico.

Dentro, cada uno de los participantes tenía una misión específica. Debían ocuparse de la ganadería, la preservación de los arrecifes de coral, la cría de peces y los cultivos, por ejemplo.

Además, evaluaban el comportamiento de los gases, sobre todo del oxígeno y el dióxido de carbono.

Interior del edificio principal de Biosfera 2.

Getty Images
Para recrear el ecosistema artificial, los científicos recolectaron recursos de varias partes del mundo.

Roy Walford era médico, y su trabajo era vigilar los efectos del confinamiento en la salud de los ocho voluntarios.

“Si podemos trasplantar un arrecife de coral, gestionar una granja, no contaminar la atmósfera ni el agua y reciclar nutrientes, se pueden aprender grandes lecciones aquí”, pensaba Nelson durante su confinamiento experimental.

Hambre, tensión y falta de oxígeno

Los biosferanos concuerdan en que la escasez de comida no ayudó a tener un ambiente sano.

De todos los cultivos, uno de los más exitosos, según revelaron Allen y Nelson en los resultados de la investigación, fue el plátano. De esta forma, los confinados tuvieron que utilizar dicho fruto para múltiples recetas. Hasta intentaron producir vino de plátano, pero sin éxito.

“Tuvimos que tomar decisiones importantes, porque algunos cultivos se daban mucho mejor que otros. Así que terminábamos comiendo un mismo producto, como la remolacha, en forma de sopa o en forma de ensalada”, dijo durante el documental Sally Sylverstone, otra de las biosferanas.

Pero los alimentos no fueron el único recurso que empezó a escasear. Tanto los participantes en el confinamiento como otros científicos que monitoreaban el experimento desde fuera, detectaron un aumento en los niveles de dióxido de carbono y una disminución del oxígeno.

“No podía terminar una oración sin que me faltara el aire”, dijo Nelson.

Participantes de Biosfera 2.

Getty Images
Los ocho participantes salieron del confinamiento a los dos años estipulados, a pesar de las dificultades ocurridas.

“Subía un par de escalones y ahí me detenía para volver a tomar aliento”, recuerda Linda Leigh.

La falta de suficientes alimentos hizo que los biosferanos perdieran peso, y de mantenerse los bajos niveles de oxígeno existía el riesgo de daño cerebral.

“Respirábamos el aire del otro, estábamos sofocados y muertos de hambre”, dijo Leigh.

“Estar peleándonos, además, no ayudaba a que consiguiéramos el objetivo por el que nos habíamos encerrado aquí”, lamentó Nelson.

El experimento se desmoronaba y la primera idea de sobrevivir dos años solo con lo que había dentro de Biosfera 2 no funcionó. Se introdujeron alimentos extra y extractores de dióxido de carbono y bombas de oxígeno desde fuera.

La prensa tildó al proyecto como un “fracaso”.

No más confinamientos

A pesar de necesitar ayuda del exterior y no poder llevar una vida autosuficiente, el proyecto consiguió durar los dos años estipulados.

Biosfera 2 en Arizona.

Getty Images
El complejo pertenece hoy a la Universidad de Arizona y se usa como centro de investigación.

En 1994, una segunda expedición regresó a los interiores de Biosfera 2, pero se canceló antes de que terminara la misión.

Hoy, Biosfera 2 pertenece a la Universidad de Arizona y se utiliza como centro de investigación sobre los ecosistemas de la Tierra.

Casi tres décadas después, ya no hay más confinamientos ni experimentos en los interiores del domo gigante de cristal.


https://www.youtube.com/watch?v=8urGTdEioOQ

https://www.youtube.com/watch?v=JwghZEmvmb8

https://www.youtube.com/watch?v=qd1YehNpbV4

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