Pandemia aumentó riqueza de millonarios y dejaría más de 50 millones de pobres
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Pandemia ha aumentado riqueza de multimillonarios y dejaría más de 50 millones de pobres: Oxfam

La organización internacional Oxfam propone una serie de reformas para cobrar impuestos a los más ricos y beneficiar al sector afectado económicamente por las medidas de confinamiento.
Cuartoscuro
28 de julio, 2020
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La pandemia de COVID-19 ha propiciado que la crisis económica y desigualdad en América Latina y el Caribe se agudice en los últimos meses. 

De acuerdo con el informe ¿Quién paga la cuenta? de la organización internacional Oxfam, desde el inicio de los confinamientos, a mediados de marzo, la riqueza de las personas multimillonarias de la región ha crecido un 17%, lo que equivale a 48,200 millones de dólares.

Además, en este mismo periodo “han aparecido 8 nuevos multimillonarios en la región, es decir uno nuevo cada dos semanas. 

En contraparte, el informe de Oxfam calcula que la pandemia por COVID dejará hasta 52 millones de personas en pobreza y se prevé que 40 millones perderán sus empleos durante lo que resta del año. 

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El informe señala que actualmente la región de AL y el Caribe es “el epicentro de la crisis económica” a nivel mundial y que las medidas de confinamiento y distanciamiento social, “extremadamente severas y/o prolongadas en algunos países no han logrado contener la expansión del virus”.

Refiere que la limitada capacidad de los gobiernos de la región para contener la pandemia se debe a los elevados niveles de desigualdad y de pobreza preexistentes a la crisis, junto con la alta informalidad y unas administraciones públicas con recursos insuficientes.

Sin embargo, aclara que antes de la pandemia, la región “ya se encontraba en serias dificultades, con un escenario de bajo crecimiento y alta desigualdad, así como una profunda precariedad y un déficit de servicios básicos.

Pandemia no afecta por igual

Aunque el COVID-19 no distingue entre pobres y ricos, la realidad de ambos sectores al enfrentar el virus es muy distinta.

En AL y el Caribe, cerca de la mitad de la población vive al día y con la informalidad como su única opción laboral aunque salir implique un  riesgo de contagio. Otro sector ha perdido su empleo y gastado todos sus ahorros.

En cambio, en el lado contrario se encuentra la población privilegiada que prácticamente es inmune a la crisis sanitaria y económica.

Las brecha entre pobres y ricos durante la pandemia se ejemplifican en los márgenes de ganancia obtenidos por las grandes empresas de Estados Unidos.

La lista es encabezada por Visa, que ha tenido una ganancia de más del 50%; seguida de Microsoft y Pfizer, ambas con más del 30%.

“Es claro que la crisis no nos afecta por igual, hay quienes han perdido mucho y, aun así, continúan aportando con cuidados, trabajo e
impuestos a este esfuerzo común (…) Esta crisis no pueden pagarla los de siempre. Es el momento que quienes concentran la riqueza y las grandes empresas que están generando importantes ganancias en medio de la crisis, contribuyan mucho más al esfuerzo de todos y todas”, se lee en el informe.

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El documento señala que los gobiernos de la región enfrentan hoy la crisis más aguda en casi cien años, por lo que se ven enfrentados “a tomar decisiones críticas en cuanto a quién alcanzará el apoyo del Estado, la orientación de las políticas públicas y quiénes se beneficiarán de los paquetes de rescates”.

Plantea que la prioridad de los gobiernos debe ser proteger la vida de las personas y, especialmente, de quienes han sido más afectados por la crisis y la desigualdad.

La propuesta

Ante este panorama, Oxfam propone reformas fiscales basadas en el cobro de impuestos a la población más rica para estabilizar la economía y beneficiar al sector más pobre.

1. Impuesto extraordinario a las grandes fortunas. Es un impuesto al patrimonio neto que en la actualidad solo se cobra en tres países de la región: Argentina, Colombia y Uruguay. Para este impuesto, Oxfam propone un mecanismo impositivo de urgencia y solidaridad aplicable durante varios años o por una sola vez. O bien, una reforma tributaria integral urgente que incorpore también un impuesto a las grandes fortunas.

El cobro sería de la siguiente forma: 2% de impuesto para los patrimonios netos entre 1 y 50 millones de dólares; 3% para los patrimonios netos entre 50 y 100 mdd, y 3.5% para los patrimonios netos por encima de los 100 mdd.

2. Rescate públicos a grandes empresas con condiciones. Aplicaría para empresas y grandes corporaciones afectadas o paralizadas por la pandemia.

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Aunque ya existen planes de rescate para estos casos, Oxfam plantea que solo se brinden a aquellas que empresas que:

– No tengan presencia activa (inversores principales, matrices o filiales) en paraísos fiscales.

– Hagan públicos sus datos de actividad financiera, y demuestren no tener vínculos familiares o económicos con representantes del gobierno o la fuerza política gobernante.

3. Impuesto a los resultados extraordinarios de grandes corporaciones. Sería para sectores que no sufrirán afectaciones como el farmacéutico, cadenas de distribución y logística, telecomunicaciones o la economía digitalizada.

Oxfam propone que las empresas de estos ramos paguen un recargo extraordinario y de aplicación temporal al tipo nominal del impuesto sobre la renta empresarial, aplicado sobre aquella parte de los beneficios de la corporación considerados extraordinarios como resultado de la pandemia.

Este impuesto “debería ser aplicable a todas las empresas con resultados superiores al promedio de los cuatro ejercicios anteriores”.

4. Impuesto digital. Durante la pandemia ha aumentado el uso de bienes y servicios digitales beneficiando económicamente a plataformas como Netflix y Amazon que han duplicado sus ganancias con relación al año pasado.

El informe dice que estas plataformas digitales “viven en una total anomalía fiscal” debido a que el sistema fiscal internacional fue diseñado, hace ya casi cien años, nadie podía anticipar la evolución de las corporaciones digitales que hoy en día “operan sin tributar prácticamente nada en los países donde generan sus ingresos”.

Para ello Oxfam propone:

– Crear un impuesto a las ventas digitales, adoptando un modelo de gravamen sobre ingresos de bienes y servicios prestados por vía digital dentro el territorio nacional, por empresas radicadas en otros países o sin domicilio fiscal.

– Implementar los mecanismos necesarios para la recaudación automática del impuesto general al valor agregado (IVA) a bienes y servicios comercializados por vía digital, por empresas radicadas en otros países o sin domicilio fiscal.

5. Reducir la carga tributaria de hogares empobrecidos. Finalmente, esta medida consiste en reducir la carga de impuestos a los
hogares vulnerables, mediante la aplicación temporal de “un impuesto superreducido al consumo de los bienes de primera necesidad e importación de bienes de uso sanitario”.

Para esto se necesitaría: 1) reducir a cero los impuestos al consumo de productos de uso sanitario y canasta básica; 2) suprimir los aranceles a la importación de materiales sanitarios y medicamentos de primera necesidad; 3) elevar los tipos del IVA a bienes de lujo y, especialmente, a los bienes que suponen un impacto ambiental negativo.

Por la situación económica mundial, Oxfam dice que estas medidas deberían aplicarse durante toda la fase de confinamiento y los seis meses
siguientes, incluyendo su activación posterior en caso de un rebrote local de la pandemia y de aplicación de las correspondientes medidas de confinamiento.

El informe completo de Oxfam puede consultarse aquí.

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"Pasaron 12 semanas y aún sigo sin fuerzas": qué es el síndrome de fatiga crónica en recuperados de COVID

Como el COVID-19 es una enfermedad nueva, aún no se ha podido estudiar cuánto demora recuperarse de ella, y cuáles pueden ser sus implicaciones a largo plazo.
18 de junio, 2020
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Doce semanas después de que se tuviera los primeros síntomas de covid-19, Callum O’Dwyer, un escocés de 28 años, sigue sintiéndose mal.

En buena forma y sano, este joven no padecía ninguna condición preexistente antes de contagiarse con el virus.

Sin embargo, tras cinco semanas de luchar contra los principales síntomas, no pudo seguir valiéndose por sí mismo y tuvo que mudarse con sus padres.

La recuperación le ha tomado mucho más tiempo de lo que imaginaba y, debido a los síntomas que aún persisten, sigue sin poder vivir solo o trabajar.

Los médicos le han dicho a O’Dwyer que padece fatiga crónica (también llamada encefalomielitis miálgica, enfermedad sistémica por intolerancia al esfuerzo y en algunos casos síndrome de fatiga postviral), una consecuencia del coronavirus que está afectando a muchos sobrevivientes.

Enfermedad poco comprendida

El síndrome de fatiga crónica es una condición debilitante de largo plazo en la que la persona afectada experimenta una serie de síntomas. El más importante es un agotamiento que no mejora ni con el sueño ni con el descanso y que afecta al paciente en todos los aspectos de su vida cotidiana.

Mujer cansada

Getty Images
El cansancio que provoca el síndrome de fatiga crónica no se pasa con el descanso ni el sueño.

Otros síntomas comunes son el dolor, la falta de claridad mental y problemas con la memoria y el sueño.

Se desconocen las causas de esta poco entendida condición, pero una de las teorías apunta a que puede originarse después de una infección viral.

Según explica la página del Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS, por sus siglas en inglés), el síndrome puede también afectar la salud mental y emocional, con un efecto negativo en la autoestima del paciente.

Tampoco hay un tratamiento específico: éste se centra, básicamente, en aliviar los síntomas.

“Nunca me había sentido así”

O’Dwyer empezó a sentirse enfermo unas pocas horas antes que decretaran la cuarentena en Escocia, el 23 de marzo.

Callum O'Dwyer

Callum O’Dwyer
Callum O’Dwyer comenzó a experimentar los primeros síntomas de covid-19 el 23 de marzo.

“Recogí un par de cosas para llevarme a casa y trabajar desde allí”, le cuenta el joven a la BBC.

“Me sentía muy cansando, con náuseas, y hora tras hora aparecían nuevos síntomas: empecé a tener fiebre y luego surgieron más cosas”.

“Por 10 días fue como si tuviese una gripe muy, muy fuerte. Nunca había estado así de enfermo. Desde el principio, sospeché que probablemente fuera covid”.

Otro síntoma que desarrolló fue una falta de aire persistente y, en dos ocasiones, tuvo que llamar a emergencias porque no podía respirar.

Racionamiento de energía

Dos semanas después de que desaparecieran la mayoría de los síntomas, seguía sintiendo falta de aire, fatiga y debilidad muscular.

Paciente con covid

Getty Images
Para algunos pacientes que han estado internados, la recuperación puede ser muy lenta.

Estos últimos eran severos y su médico le dijo que había entrado en la fase post-viral en su proceso de recuperación.

“Me quedaba descansando en la cama por seis u ocho horas al día y me costaba levantar cualquier cosa. Y soy un tipo de 28 años que hasta hace poco corría carreras”, dice.

“Tenía una botella de agua de un litro cerca de mí y me costaba levantarla. Así de débil estaba”.

O’Dwyer racionaba su energía para poder lavar los platos o su ropa. Cuenta que no podía hablar por teléfono sin sentir un dolor en el abdomen por el esfuerzo de hablar.

Y, mentalmente, el no poder conversar con nadie lo hacía sentir muy mal.

Como no mejoraba, aceptó que no podía valerse por sí mismo y, dado que no tenía el virus, se mudó a la casa de sus padres, a unos pocos kilómetros de la suya.

“Estaba muy deprimido. El primer día que llegué allí tenía dificultades y sentía dolor al subir la escalera”.

Después de tres meses, el estado de salud O’Dwyer ha mejorado, pero la falta de aire cada que vez que hace un esfuerzo no ha desaparecido.

“Es muy frustrante. He tenido tantas falsas esperanzas. Actualmente no puede vivir de forma independiente ni trabajar”.

“Cuando hablamos de covid, hablamos de vida y muerte, no se habla de la gente que se ve afectada mucho después”, dice.

Recuperación lenta

Como la covid-19 es una enfermedad nueva, aún no se ha podido estudiar cuánto demora recuperarse de ella, y cuáles pueden ser sus implicaciones a largo plazo.

Según Geraldine McGroarty, un cirujana escocesa que atraviesa una experiencia similar a la de O’Dwyer, “investigaciones muestran que aquellos que han tenido una forma severa de covid, sobre todo aquellos que han estado hospitalizados en cuidados intensivos, tienen a ser más susceptibles a sufrir esta condición postviral, cuyo síntoma más común es la fatiga”.

“Y si miramos estudios hechos en países que se vieron afectados antes que nosotros, podemos esperar que dure hasta unos seis meses en algunos casos, con una recuperación muy lenta”, señala McGroarty.

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