Caso Dylan: sin pistas y una familia acusada de trata que se dice inocente
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Caso Dylan: sin pistas y una familia acusada de trata que asegura solo trabajan para vivir

La búsqueda del menor derivó en un operativo con cinco detenidos por trata de personas y 23 menores bajo custodia. Todos ellos son familia. Uno de los arrestados, abuelo de los niños, apareció muerto en su celda el lunes.
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Se cumple un mes del rapto de Dylan Esaú Gómez Pérez en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y no hay pistas sobre su paradero. A la tragedia de un niño al que su familia sigue esperando se le suma la de un anciano que no regresará con los suyos. Se trata Adolfo Gómez, indígena tzotzil y abuelo de 22 de los 23 menores que la Fiscalía General del Estado (FGE) dijo haber rescatado de una red de trata dentro del operativo de búsqueda de Dylan. El otro de los niños es su hijo. El cuerpo de Gómez apareció el lunes en una celda. Los investigadores dicen que se ahorcó, pero su familia no lo cree. 

Todavía en la cárcel están sus hijas María Hortensia y Maribel y su nuera Juana. Todas ellas, también indígenas tzotziles, están acusadas de explotar a los menores para vender artesanías.  Sus allegados alegan que únicamente hacían lo que siempre hicieron: salir a la calle a ganarse la vida porque son pobres. 

El 30 de junio fue secuestrado Dylan en un mercado público de San Cristóbal de las Casas, donde su familia tiene un puesto de venta de verduras. Esa misma noche su madre, Juana Gómez, interpuso una denuncia por desaparición ante la FGE. Durante días sintió la mujer que las autoridades no prestaban atención a su caso. Así que viajó a la Ciudad de México y los días 21 y 22 de julio mantuvo una protesta en el Zócalo, ante el Palacio Nacional. Pidió ser recibida por Andrés Manuel López Obrador, pero quien le atendió fue Leticia Ramírez, de la Oficina de Atención Ciudadana. 

Lee: Fiscalía de Chiapas ofrece recompensa por información de Dylan y la captora del menor

“Al principio sentí que no actuaban. Ya que hubo más presión para el gobierno, ahorita están encontrando pruebas importantes”, dice Juana Gómez, en conversación telefónica con Animal Político. 

Según datos recogidos por Melel Xojobal, organización de Chiapas de atención a la infancia, solo este año 160 menores han desaparecido en el estado. De ellos, 27 fueron encontrados. La mayoría de las desaparecidas, un 88%, eran mujeres, mientras que uno de cada cinco eran indígenas.

Si se mantiene la tendencia pronto se superarán las 183 desapariciones del año pasado.

Aunque el caso de Dylan ha trascendido y se ha convertido en una sacudida para todo México. El periplo de su madre a la capital para suplicar ayuda le recordó al país que, por desgracia, este es un horror que puede tocarle a cualquiera. 

Dos semanas después del secuestro, el 15 de julio, se produjeron las primeras detenciones, el matrimonio conformado por Adolfo Gómez y Josefa Sánchez. Dos días después, el 17, se realizó el cateo de una vivienda en el barrio de Tlaxcala, en San Cristóbal. Allí estaban 23 menores (tres lactantes y el resto entre 2 y 15 años) y tres mujeres que fueron detenidas. 

El fiscal general de Chiapas, Jorge Llaven Abarca, dijo entonces que los niños “eran obligados a vender artesanías en el centro de la ciudad mediante violencia física y psicológica, mismos que mediante observación clínica de médicos especialistas mostraron desnutrición y condiciones precarias, corroborando vulnerabilidad y riesgo”. Las tres mujeres fueron acusadas del delito de trata de personas en su modalidad de trabajos forzados y los niños, que insisten en que son sus hijos, a la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños, Adolescentes y la Familia del Sistema Estatal DIF Chiapas. Dylan seguía sin aparecer y su madre desconocía el operativo porque nadie le informó de él. 

No fue hasta el 21, cuando Juana Gómez trataba sin éxito de ser recibida por López Obrador, que se hizo público. Aunque la FGE solo anunció el arresto de las tres mujeres (María Hortensia, Maribel y Juana), mientras que omitió los de Adolfo y Josefa.

Al mismo tiempo, los investigadores difundieron la imagen de la presunta responsable del secuestro, una mujer por la que ofrecen una recompensa de 300 mil pesos y quien se identificó como Ofelia “N”. De ella se dice que comercia ámbar en las inmediaciones de Merposur y que “estuvo involucrada en un altercado de mujeres el 7 de junio”. La mujer señalada, también de Ixtapa, apareció en diversos medios locales negando ser la secuestradora y presentó el testimonio de autoridades locales que la exoneraban. 

Para ese momento la versión de la FGE se había establecido a través de dos líneas. Por un lado, estaba la búsqueda de Dylan, que su madre había cuestionado desde el primer momento. Por otro, emergía este operativo en el que no se halló el menor pero que, presuntamente, había puesto fin a una red de explotación de menores a los que se obligaba a vender a artesanía en San Cristóbal de las Casas. 

Sin embargo, pronto empezó a cuestionarse. 

“Es puro acusamiento falso. Nosotros somos víctimas de todo esto que está pasando. No estamos bien”, dice Roberto Montejo, que tiene 54 años y es abuelo de doce de los menores bajo custodia. La semana pasada acudió al DIF de Tuxtla para reclamar a los niños. 

Te puede interesar: Rescatan a 23 niños y niñas de red de trata en Chiapas; detienen a tres mujeres

Él es padre de Juana (que tiene siete hijos) y suegro de Maribel, casada con su hijo Gilberto y con cinco hijos. Explica que sus familiares son originarios de Chigtón, una comunidad en el municipio de Ixtapa, a medio camino entre San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez.

Hasta la capital tuvo que llevar las actas de nacimiento de los cinco hijos de Gilberto y Maribel, pero no sirvió de nada. Las autoridades le piden una prueba de ADN. “Todavía no hay fecha, esperemos que sea pronto”, asegura.

Mientras, su hija y sus nueras siguen en el Cereso de Amate, en el municipio de Cintapala, Chiapas.  

Sobre el día del arresto, recuerda el hombre que “Gilberto había salido a vender sus productos”. “Era las seis de la mañana. Las mujeres quedaron con sus hijos. Se los llevaron los judiciales sin comida y ahora se encuentran con la misma ropa, tiene 14 días con la misma ropa”, protesta.

Aquel día que ingresó al Cereso pudo hablar con tres de sus nietos, los más mayores: de 15, 14 y 12 años. “Se pusieron a llorar porque ya se quieren venir. Pero ahora hay que hacer la prueba de ADN”, dice. 

Desde la FGR explican que el caso está en manos del DIF y que se está realizando un peritaje que deberá determinar si son sus padres, como dicen, o no. Esto se comprueba a través de documentos y análisis diversos, como pruebas de sangre. Pero el proceso es largo. Y puede ocurrir que dentro de un mes las autoridades terminen reconociendo que encerraron a unas madres por las condiciones de pobreza en la que se encontraban sus hijos. 

“El procedimiento hubiera sido retener a los niños por la sospecha y pero dar la posibilidad de demostrar si eran familiares. Se vio que era un tema mediático así que se les privó de libertad, sin abogados, sin traducción y se les lleva al penal sin escuchar a la familia indígena que les plantean que hay actas de nacimiento”, dice Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México. 

Así que la supuesta red de trata podría tratarse, en realidad, de una familia pobre en la que los niños trabajaban por obligación. 

“Son mujeres pobres, ellas trabajan el ambulantaje porque no trabajan el campo ni la milpa”, afirma Montejo.

Lee más: UNICEF alerta sobre aumento de homicidios de menores en México y normalización del castigo corporal

“Es habitual se criminalice a estas familias, que les señalen por tener a los menores trabajando en la calle y no en la escuela”, dice Jenifer Haza, directora de Melel Xojobal, organización de Chiapas de atención a la infancia. Haza, sin embargo, recuerda que el 85% de los menores en el estado son pobres y que esta cifra podría haberse incrementado al 93% debido a la pandemia de COVID-19. Haza denunció que no hay políticas públicas para evitar que estos niños se vean forzados a acompañar a sus padres a trabajar en la calle y que el operativo sienta un peligroso precedente ya que hay muchos en su misma situación.

En medio de toda la confusión hay dos cuestiones inapelables. 

Por un lado, que Adolfo Gómez está muerto y que no podrá defenderse de las acusaciones que le imputaron. El martes fue enterrado en la comunidad de Chigcón. La FGE aseguró que se trata de un suicidio por ahorcamiento mientras que su hija Enereida dijo al medio local Chiapas Paralelo que el cuerpo estaba con golpes y signos de tortura

Por otro, que Dylan sigue sin aparecer y que ya ha transcurrido un mes desde que una mujer, al parecer menor de edad, se lo llevó del mercado de San Cristóbal de las Casas. 

“Han encontrado algunas cosas pero que todavía no se pueden dar a conocer. Las averiguaciones se están dando. Al momento del niño no tenemos nada”, dice Juana Gómez, madre de Dylan. La mujer asegura no conocer a la familia arrestada y mantuvo su esperanza en las pesquisas de la investigación. Su única preocupación es que le devuelvan a su hijo. Para sus captores, su mensaje: “que me lo regresen, que lo dejen por ahí, no tengo en contra de ellos. Por mi parte ahí quedaría, no les guardaré ningún rencor, pero que me lo regresen”.

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Cómo sería una guerra entre potencias ahora (y cuál es la ventaja de Rusia y China frente a Occidente)

Muchos de los aspectos de los principales conflictos entre Occidente y, por ejemplo, Rusia o China, ya se han desarrollado, ensayado y desplegado. con una ventaja para estos últimos: los misiles hipersónicos.
4 de enero, 2022
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Fuerzas de Rusia se aglomeran en la frontera con Ucrania, Moscú exige que la OTAN se aleje de sus fronteras y China vocifera cada vez más su derecho a retomar Taiwán, incluso por la fuerza si es necesario.

Etiopía está en guerra civil, el conflicto separatista en Ucrania ha cobrado más de 14.000 vidas desde 2014, la insurgencia en Siria continúa hirviendo a fuego lento y el autodenominado Estado Islámico arrasa en partes de África.

Pero ¿cómo se ve el futuro de las guerras entre las grandes potencias? ¿Y está Occidente preparado para los desafíos que vendrán?

Primero que todo, “las guerras del futuro” ya están aquí. Muchos de los aspectos de los principales conflictos entre Occidente y, digamos, por ejemplo, Rusia o China, ya se han desarrollado, ensayado y desplegado.

El 16 de noviembre, Rusia realizó una prueba de misil en el espacio, destruyendo uno de sus propios satélites. Durante el verano boreal, China condujo pruebas con sus avanzados misiles hipersónicos, capaces de viajar a muchas veces la velocidad del sonido.

Ataques cibernéticos ofensivos, ya sean disruptivos o de depredación, se han convertido en acontecimientos diarios.

Gráficos que muestran cómo operan los misiles hipersónicos de China

BBC

Ponerse al día

Michele Flournoy fue directora de política de estrategia del Pentágono bajo dos presidentes de EE.UU., Bill Clinton y Barack Obama. Cree que la atención de Occidente sobre el Medio Oriente en las últimas dos décadas permitió que sus adversarios se pusieran muy al día en términos militares.

“Realmente hemos llegado a un punto de inflexión estratégico donde nosotros -EE.UU., Reino Unido y nuestros aliados- estamos saliendo de 20 años de estar enfocados en antiterrorismo y contrainsurgencia, las guerras en Irak y Afganistán, y levantamos la mirada para darnos cuenta de que ahora estamos en una muy seria competencia de gran poder”, comenta.

Se está refiriendo, por supuesto, a Rusia y China, países descritos respectivamente en el análisis integrado del gobierno británico como “la amenaza aguda” y el “rival estratégico”de Occidente a largo plazo, respectivamente.

“Mientras nos enfocábamos en el amplio Medio Oriente”, dice, “estos países estudiaron la manera en que Occidente hace la guerra. Y empezaron a invertir masivamente en toda una gama de tecnologías nuevas”.

Personal de la Fuerza Aérea de EE.UU. realizan operaciones cibernéticas en la Base Aérea Warfield de la Guardia Nacional, en Maryland, 2017

Fuerza Aérea de EE.UU.
Personal de la Fuerza Aérea de EE.UU. realizan operaciones cibernéticas en la Base Aérea Warfield de la Guardia Nacional, en Maryland, 2017

Mucha de esa inversión ha estado dirigida hacia la actividad cibernética, ataques disruptivos con miras a socavar la estructura de la sociedad en Occidente, influyendo elecciones, robando datos sensibles. Esto pasa muy por debajo del umbral de guerra y muchas de esas acciones se pueden negar.

Pero ¿qué pasaría si las actuales tensiones entre Occidente y Rusia en torno a Ucrania, por ejemplo, o entre EE.UU. y China sobre Taiwán, se tornan hostiles? ¿Cómo se verían?

“Creo que esto se desarrollaría ahora en un entorno altamente dependiente del flujo de información”, señala Meia Nouwens, una investigadora asociada del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) especializada en cómo China usa datos para sacar ventaja militar.

“El Ejército Popular de Liberación de China ha creado una nueva agencia llamada Fuerza de Apoyo Estratégico que se concentra en el espacio, la guerra electrónica y las capacidades cibernéticas”.

¿Qué quiere decir eso en la práctica? Pues bien, casi lo primero que ocurriría en cualquier acción hostil serían ataques cibernéticos masivos de ambas partes. Habría intentos de “cegar” al otro destruyendo sus comunicaciones, incluyendo satélites, o incluso cortando los vitales cables submarinos que transmiten datos”.

Le pregunté a Franz-Stefan Gady, especialista de guerras futuras del IISS, qué significaría esto para la persona común y corriente ¿De repente dejarían de funcionar nuestros teléfonos, se agotaría la gasolina en las estaciones, la distribución de alimentos entraría en caos?

“Sí, con toda probabilidad”, contesta. “Porque las grandes potencias están invirtiendo masivamente no solo en capacidad ofensiva cibernética sino en capacidad de guerra electrónica que puede interferir satélites y tumbar las comunicaciones. Así que no sólo serán los ejércitos sino las sociedades en general las que serán el objetivo principal en los conflictos del futuro“.

Un cohete Falcon de la empresa SpaceX con satélites de la Fuerza Aérea de Estados Unidos despega del Centro Espacial Kennedy en 2019

Getty Images
Un cohete Falcon de la empresa SpaceX con satélites de la Fuerza Aérea de Estados Unidos despegó del Centro Espacial Kennedy en 2019.

Toma de decisiones

El mayor peligro militar aquí es el recrudecimiento no planeado. Si tus satélites no se están comunicando y tus estrategas que están sentados en sus búnkeres de comando subterráneos no pueden estar seguros de lo que está pasando, les resultará extremadamente difícil calibrar una reacción.

Meia Nouwens cree que esto los deja con la opción de responder de forma “minimalista” o “maximalista”, lo que lleva al riesgo de recrudecer las tensiones.

Un factor que probablemente juegue un papel principal en las guerras del futuro será la inteligencia artificial (IA). Esta podría acelerar tremendamente la toma de decisiones y los tiempos de respuesta de los comandantes, permitiéndoles procesar la información más rápidamente.

Aquí, EE.UU. tiene una ventaja cuantitativa sobre sus adversarios potenciales y Michele Flournoy sostiene que podría compensar en las áreas donde Occidente se ve superado por el enorme tamaño del Ejército Popular de Liberación de China.

“Una de las manera de recuperar terreno y complicar los planes de defensa o ataque del adversario es juntando a humanos con máquinas”, indica. “Así que si tienes una plataforma operada por una persona que pueda controlar 100 plataformas sin personal, ahí es donde empiezas a recuperar ese equilibrio cuantitativo”.

Pero hay un área donde Occidente está quedando peligrosamente rezagado respecto a Rusia y China. Son los misiles hipersónicos, proyectiles súper potentes que pueden volar a cualquier punto entre cinco y 27 veces la velocidad del sonido y cargar ojivas convencionales o nucleares.

Rusia ya anunció el éxito de pruebas con su misil crucero hipersónico Zircon, proclamando que puede destruir defensas en cualquier parte del mundo.

Misiles Dong Feng 17 equipados con un vehículo planeador hipersónico, Pekín, 2019

Getty Images
Misiles Dong Feng 17 equipados con un vehículo planeador hipersónico, Pekín, 2019.

El misil Dong Feng 17 de China, develado por primera vez en 2019, carga un vehículo planeador hipersónico (VPH) que puede maniobrar a través de la atmósfera con una casi impredecible trayectoria, lo que lo hace muy difícil de interceptar.

En contraste, las pruebas recientes de los sistemas estadounidenses no han tenido buenos resultados. La inclusión de estas armas en el arsenal de China está haciendo que Washington piense dos veces antes de entrar en una guerra para defender a Taiwán, si es que China decide invadir el territorio.

La Fuerza Aérea de EE.UU. haciendo pruebas de su misil hipersónico AGM-183A, en California, 2020

Fuerza Aérea de EE.UU.
La Fuerza Aérea de EE.UU. hizo pruebas de su misil hipersónico AGM-183A, en California, 2020, sin buenos resultados.

No obstante, ahora mismo, empezando 2022, las fuerzas de Rusia se acumulan en la frontera con Ucrania, ciertamente con capacidades de guerra cibernética y electrónica incluida en sus equipos convencionales compuestos principalmente de tanques, vehículos blindados y tropas, los mismos recursos que estaría desplegando si Moscú decidiera invadir los países Bálticos, por ejemplo.

Entretanto, Reino Unido ha tomado la decisión de recortar sus fuerzas convencionales a cambio de invertir en la nueva tecnología. Franz-Stefan Gady, el especialista en guerras del futuro, cree que eso sin duda rendirá beneficios en unos 20 años, pero antes de eso quedará una brecha preocupante.

“Creo que vamos a pasar por un período muy peligroso en los próximos cinco a diez años, cuando estén ocurriendo muchos de los recortes. Al mismo tiempo, muchas de estas capacidades tecnológicas emergentes no estarán lo suficientemente maduras como para tener un verdadero impacto operacional”, considera.

¿Panorama sombrío?

Y en esos próximos cinco a diez años podríamos ver algunos de los desafíos más peligrosos para la seguridad de Occidente. Entonces, ¿el panorama es sombrío?

No necesariamente, según Michele Flournoy, que pasó años en el centro de las políticas de defensa de EE.UU. Piensa que la solución está en dos cosas: consulta y colaboración íntima con los aliados e inversión en lugares precisos.

“Si logramos trabajar juntos y realmente invertir en las tecnologías adecuadas, los conceptos precisos, y los desarrollamos a gran velocidad y tamaño, deberíamos ser capaces de impedir una guerra de grandes potencias”, afirma.

“Deberíamos poder alcanzar nuestros objetivos y hacer que la región Indo-Pacífica, por ejemplo, siga siendo libre, abierta y próspera en el futuro”.


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