Aislados y sin internet: jóvenes padecen exclusión escolar en la epidemia
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Gandhi Ramos

Aislados y sin internet: jóvenes padecen exclusión escolar durante la epidemia

Sin conectividad y en aislamiento, jóvenes de la metrópoli y pequeños poblados que estudian el bachillerato y la universidad viven la discriminación por ser excluidos del sistema educativo.
Gandhi Ramos
Por Ruth Barrios Fuentes y Gandhi Ramos
7 de agosto, 2020
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El confinamiento no se vive igual desde la pobreza. Más de 32 millones de mexicanos no tienen internet en casa. Por si no fuera suficiente, el plan de instalación de fibra óptica en el territorio está prácticamente detenido. Sin conectividad y en aislamiento, jóvenes de la metrópoli y pequeños poblados que estudian el bachillerato y la universidad viven la discriminación por ser excluidos del sistema educativo. 

En Ciudad de México, adolescentes emprenden la misión de conectarse a la red gratuita para continuar las clases en línea, suplicando que no se sature. Mientras que en Tecoanapa, Guerrero, los estudiantes ya están casi con un pie afuera de la escuela; tienen dos alternativas: la mayoría volverá al campo, actividad cada vez más insostenible, o se enrolará al Ejército en medio de una sangrienta lucha contra el narcotráfico. 

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Esta es la realidad de la Generación Confinada que transita la emergencia sanitaria sin internet y sin educación. 

En Huamuchapa, una pequeña localidad de Guerrero, hay un bachillerato tecnológico que ni siquiera tiene paredes. Ahí, unos 200 alumnos intentan aprender de todo un poco, en un afán de cambiar su suerte. 

En este poblado, perteneciente al municipio de Tecoanapa, solo abren dos cafés internet con computadoras que trabajan a paso de tortuga. 

Seguir las clases en línea es imposible. Ni el 10% de los alumnos tiene, ya de menos, un teléfono celular.

Clases en Huamuchapa, Guerrero

En este poblado, perteneciente al municipio de Tecoanapa, solo abren dos cafés internet con computadoras que trabajan a paso de tortuga.

Iván Chávez es profesor en esa escuela, oficialmente llamada Centro de Educación Tecnológica Agropecuaria. Sus clases son variadas: desde Bioquímica hasta Lenguaje y Comunicación. Con él, otros 12 profesores cumplen las funciones de enseñanza y también atienden las labores de administración en la escuela. 

Iván pone un especial énfasis en las diferencias entre las aspiraciones de un alumno citadino y otro que vive en medio del campo. Y cuando las explica, las hace ver abismales. 

Por ejemplo, mientras los estudiantes de la capital buscan ingresar a grandes instituciones, como la UNAM o el Politécnico, las opciones de los chicos de Tecoanapa son reducidas: o buscan un lugar en la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa o se enlistan al Ejército. No hay más. 

Pero, la mayoría de los jóvenes decide quedarse en el municipio para trabajar en el campo, algo cada vez más difícil, o de plano emigrar a Estados Unidos. 

El grupo de Iván lo conforman 42 estudiantes pero solo tres han logrado entregar las tareas a tiempo porque tienen internet; el resto deberá esperar a que acabe la pandemia para ponerse al corriente. 

Lo que es cierto, explica Iván, es que el rezago educativo en la región es evidente. 

“Hay alumnos que ya están en el bachillerato y no saben leer ni escribir. Así de preocupante es el nivel”, dice. 

¿Y cómo es que alguien que estaría en edad de ingresar a la universidad no sabe leer ni escribir? 

Iván tiene la respuesta: el sistema educativo en las comunidades es tan laxo que nadie es reprobado. Esto significa que un estudiante pasará automáticamente de año bajo la única condición de que no falte a sus clases, aprenda o no. 

No es una regla escrita, pero los docentes saben que reprobar a un alumno es perderlo para siempre. “A pocos les importa realmente aprender. No le ven utilidad”, explica Iván. 

A eso hay que sumarle que el machismo sigue enquistado en estas regiones, por lo que las aspiraciones de las mujeres son limitadas. Muchas elegirán casarse y tener hijos, sin la oportunidad de explorar su talento como profesionista.  

En Tecoanapa hay redes para conectarse, pero la señal es débil. Iván ha tenido que buscar las formas para que todos sigan aprendiendo. Una de sus técnicas es enviar las tareas por Whatsapp a los alumnos que cuentan con celular, para que a su vez las repartan al resto de los compañeros. El método ha funcionado, pero no a grandes escalas. 

La vocación, dice Iván, no lo es todo. 

Giovanni sale de su casa todos los días con su cubrebocas y su celular. Abona los 50 pesos de saldo que le da su papá para que pueda hacer sus tareas, mismos que le durarán dos o tres días. Cuando se acaba este saldo, debe caminar por las calles sin pavimento de su colonia hasta los límites de la misma, donde puede conectarse a la red de internet gratuita de la Ciudad de México. 

Giovanni carece de computadora en casa, y a su colonia, Tempiluli, no llegan los servicios de internet.

Tempiluli es uno de esos lugares que hacen dudar al que llega, de si se encuentra todavía en la Ciudad de México o ya no. Perteneciente a la Alcaldía de Tláhuac, es una zona densamente poblada, pese a estar catalogada como suelo de conservación. 

Por años, la falta de un adecuado orden territorial por parte de las autoridades, sumada a la progresiva necesidad de vivienda, han propiciado conflictos por la delimitación de ejidos, así como invasión de tierras, venta ilegal de predios y delitos ambientales como el relleno de cascajo en los canales de agua. Hace pocos años en este mismo sitio vivían peces y aves acuáticas; hoy, es un laberinto de calles de tierra y filas interminables de casas de tabique y lámina.

A más de cuatro meses de declarada la Jornada Nacional de Sana Distancia en México, las escuelas se han tardado en decidir lo que deben hacer con estudiantes como Giovanni, que por sus limitaciones económicas y tecnológicas no han podido entregar la totalidad de sus tareas y mucho menos asistir a las clases a distancia.

Durante la pandemia, Giovanni se ha confinado con sus papás y su hermano menor, quien estudia la primaria y está en una situación similar a la de él. La familia ha respetado el confinamiento, salvo cuando Giovanni tiene que salir a conectarse para hacer sus tareas o cuando su padre sale a trabajar para proveer el único ingreso económico del hogar.

El padre de Giovanni se dedica a repartir hielo a las pescaderías del Mercado de La Viga, sin embargo, el cierre de bodegas durante la pandemia disminuyó su sueldo a la mitad. Tampoco las propinas son las mismas. Aún así, sale de casa cada que es requerido y toma tres transportes para llegar a las pocas bodegas del mercado que siguen dando servicio.

Al salir de su colonia, Giovanni encuentra internet público y una banqueta para refugiarse con su celular. Revisa las tareas que le han enviado sus amigos a su Whatsapp. Termina sus tareas, como puede, a dos dedos. De las nueve materias que cursa en el segundo semestre del Colegio de Bachilleres Plantel Tláhuac, trata de ir al corriente en ocho: “Uno de los profes me dijo que me quería pasar de listo y que no me iba a recibir las tareas por Whatsapp”, dice Giovanni. 

El resto de profesores sí le permitieron entregar sus trabajos por esta vía, sin embargo, el hecho de no poder tomar las clases a distancia lo ha rezagado del resto. “La verdad es que no he podido ponerme al corriente, y corro el riesgo de reprobar”, cuenta Giovanni. 

Las autoridades de su escuela han anunciado mecanismos de nivelación académica para los estudiantes que se han atrasado. La idea es que ningún estudiante termine reprobado este semestre, no obstante, la dificultad es la misma, pues dichos mecanismos también se cursan en línea o tienen algún costo. 

“Yo no puedo pagar el precio de ocho materias para recuperar mis calificaciones”, afirma Giovanni. 

Giovanni al regresar a su casa tras buscar internet para hacer la tarea

Giovanni carece de computadora en casa, y a su colonia, Tempiluli, no llegan los servicios de internet.

En este sentido, la escuela responde que los alumnos, cuyas familias carecen de ingresos económicos o medios tecnológicos, deberán esperar a que termine la contingencia para atender su caso de manera presencial. De todos modos se siente como un semestre perdido.

En todas las escuelas públicas de la Ciudad de México, hay casos como el de Giovanni. Desde el principio sabían que el reto de continuar las clases a distancia era una empresa compleja y segregadora. No sólo alumnos, sino también muchos profesores eran incapaces de utilizar la plataforma en línea diseñada por la SEP. 

Por ello, las autoridades educativas se han visto en la necesidad de diseñar estos mecanismos exprés para los miles de estudiantes atrasados. Esto es muestra clara de que este sistema de educación remota no es factible a corto plazo en México. La pandemia ha desnudado la enorme desigualdad que aún persiste en nuestro país.

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 Giovanni se levanta de la banqueta donde ha pasado dos horas sentado. Guarda su celular. Camina de vuelta a casa por las calles de Tempiluli, una colonia acostumbrada a ver desalojos de vecinos y demoliciones de casas irregulares. En su hogar ya lo aguardan para cenar y para jugar un juego de mesa, que es una de esas actividades que aún conservan las familias que no tienen internet en casa. 

Este panorama, además de develar las fallas del sistema educativo en nuestro país, también delatan un fenómeno poco explorado, pero que existe: la discriminación del Estado mexicano.

La explicación detallada la tiene Alma Mata, experta en derechos humanos y exvisitadora de la CDHDF.

Para ella, que las clases continúen en línea, pese a que alumnos no puedan tener acceso por falta de recursos tiene un nombre: exclusión de derecho a la educación por condición socioeconómica

La especialista refiere que además está involucrado el tema del derecho a la igualdad, el acceso a la información y el derecho por sí mismo a la educación.

El artículo 7 de la Ley General de Educación justamente establece las obligaciones del Estado para garantizar este derecho. 

Por ejemplo, afirma que las autoridades están obligadas a eliminar cualquier forma de discriminación y exclusión, atendiendo las capacidades y ritmos de aprendizaje de los estudiantes, así como eliminando las barreras de la enseñanza y adoptando medidas en favor de la accesibilidad.

No es todo. También deja claro que el Estado debe proveer de los recursos técnicos-pedagógicos y materiales necesarios para los servicios educativos.

Pero, en este fenómeno hay dos realidades: la que se dice en el papel y la que se cumple en la práctica, reconoce Alma Mata. 

¿Y qué puede hacer un estudiante que se ha sentido discriminado en su escuela por no contar con internet? 

Para la abogada, es necesario hacérselo saber a algún órgano defensor de derechos humanos para que se hagan modificaciones de raíz y se cumpla lo establecido en la ley. Tampoco descarta la posibilidad de que quienes hayan sido víctimas de esta exclusión educativa puedan recibir una indemnización. 

El tema, admite, es complejo, debido a que nadie esperaba una pandemia. En todo el mundo han existido dificultades educativas, pero en México, el rezago educativo se hace más hondo en los espacios más pobres del país.

La emergencia sanitaria, afirma, solo hizo recordar que la educación sigue siendo, como casi siempre, uno de los eslabones más débiles en el sistema mexicano. 

Más de 32 millones de mexicanos no tienen acceso a internet. Esa cifra es equiparable a llenar 363 veces el Estadio Azteca. 

El año pasado, México apareció en un penúltimo lugar en una lista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sobre penetración de internet fija. En el análisis, hecho a 37 naciones, nuestro país se ubica solo por arriba de Colombia. El primer lugar lo tiene Suiza. 

¿Estos números qué significan? En términos concretos, solo 15 de cada 100 habitantes posee acceso a internet fijo, comparado a nivel mundial. 

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares también arroja que  el año pasado, la proporción de hogares que disponen de computadora registró un descenso, de pasar al 45% de la población al 44%. 

Del total de los usuarios de internet, 15 % está entre los 12 y 17 años de edad, justo la edad en la que se estudia el bachillerato, y un 16% se ubica entre los 18 a 24 años, cuando se ingresa a la universidad.

La Secretaría de Comunicaciones y Transportes ha dado razones de la carencia de internet. Una de ellas es por la orografía del país y otra porque las empresas no le encuentran sentido invertir en la instalación.

En el Plan Nacional de Desarrollo 2019, elaborado por el gobierno federal, se explica que las empresas no ven rentable dotar de internet a poblaciones menores de 5 mil personas. 

La consultoría The Competitive Intelligence Unit lo confirma en uno de sus extensos análisis. Las empresas no invierten en lugares donde no es rentable operar. Esto significa que no tiene sentido instalar infraestructura para internet en una zona donde no se generará tráfico por el uso de servicios ni abona a la conectividad poblacional. Hacerlo representaría una inversión perdida.  

Cuatro estados son los más afectados por estas políticas: Tabasco, Guerrero, Chiapas y Oaxaca. Ahí, millones de personas siguen a la espera de que las autoridades permitan instalar al menos, puntos gratuitos de conexión. 

Nancy se prepara para salir a trabajar. Se frota las manos con gel antibacterial, se pone cubrebocas. Cruza el espacio semivacío de su nuevo hogar, un sitio al que tuvo que mudarse hace pocos días por causa de un conflicto con su familia materna. 

Nancy agradece tener trabajo para sobrellevar la pandemia. Además, los muebles van llegando poco a poco: una estufa usada, un refri, una silla y hasta una puerta de madera que, recargada sobre un par de cajas, funciona como mesa de comedor.

Apresurada, sale de casa. Cruza un terreno baldío lleno de basura para cortar camino hasta la parada del pesero. Llega hasta el Metro Constitución. De ahí, llega caminando a su trabajo, en una empresa donde hace la limpieza de las oficinas. Su horario es de lunes a viernes, de 9 de la mañana a 5 de la tarde.

Pero no es allí donde Nancy debería estar. Apenas en febrero de este año, ella ocupaba ese horario para dedicarse de lleno a cursar la carrera en Comunicación y Cultura en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), Plantel Tezonco.

Pocos días antes de que se declarara la pandemia en México, Nancy todavía residía con su mamá y su abuela. Pero con el fallecimiento de la abuela, se desató una disputa familiar entre hermanos por quedarse con el inmueble. A Nancy y a su mamá prácticamente las corrieron de esa casa. Decidieron volver al departamento donde Nancy pasó su infancia. Si bien estaba descuidado por el abandono, al menos era propio.

Así, cargadas únicamente de su ropa y algunas cosas de higiene básicas, Nancy y su madre se mudaron a su nuevo espacio. Su papá se les unió en la mudanza. Para entonces, Nancy no trabajaba y esperaba indicaciones de su escuela. 

Su mamá se dedica a empacar frituras en una empresa grande, pero la enviaron a su casa debido a su avanzada edad, con el sueldo a la mitad. 

El empleo del padre es inconstante, pues trabaja en el área de mantenimiento del Parque de los Coyotes, que también fue cerrado por el confinamiento. Teniendo el departamento vacío y sin posibilidades de generar dinero para comprar muebles o contratar servicios, Nancy decidió ponerse a trabajar para ayudar a estabilizar la economía de su hogar.

Tras cada jornada de trabajo, Nancy procura detenerse tres cuadras antes de llegar a su casa, para conectarse a las redes gratuitas de internet que provee la Ciudad de México. 

De este modo, revisa en su celular si su amiga le ha enviado a su Whatsapp las nuevas lecturas para hacer las tareas pendientes. “Las descargo y algunas las puedo leer sin problemas, pero hay archivos que mandan los profesores que no son compatibles con Whats. Esos no los puedo abrir y, por ende, no puedo hacer los trabajos”, comenta Nancy. 

A veces, su amiga le busca dichas lecturas y se las manda en un formato más universal para que pueda descargarlos y leerlos sin problemas.

“Siento que me he retrasado muchísimo. Ahorita solamente dos profesoras me dieron la oportunidad de entregar un trabajo final para acreditar las materias. Entonces, de siete, salvaría dos. Pero otros me dijeron que no podían hacer nada y que tampoco podían ser muy flexibles”, cuenta Nancy. 

Nancy usando cubrebocas afuera de su casa

Tras cada jornada de trabajo, Nancy procura detenerse tres cuadras antes de llegar a su casa, para conectarse a las redes gratuitas de internet que provee la Ciudad de México, para revisar las tareas pendientes.

Por lo pronto, Nancy ocupa la mayor parte de su tiempo limpiando pisos y oficinas. Tiene que trabajar, es cuestión de prioridades. Está consciente de que, por su situación, la continuidad de sus estudios está en riesgo. Pero lo que a ella más le preocupa ahora son sus papás. Siente que los vulnera al salir a trabajar cinco días a la semana, subida en el transporte público protegida únicamente por su cubrebocas.

En realidad, ella misma está en riesgo constante. Pero hay aspectos comunes que resaltan tanto en su caso como en el de Giovanni: ambos logran sobrellevar las materias durante el confinamiento, gracias a la solidaridad de sus compañeros de clase y la de los profesores que han sabido comprenderlos.

Gracias a su trabajo Nancy contratará internet próximamente. El internet es un artículo de primera necesidad para un universitario. 

Sus papás, que viven al día, la comprenden y la apoyan, mientras siguen esperando que vuelva algo lo más parecido posible a eso que todos entendíamos como normalidad.

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Ivermectina: cómo la ciencia falsa inventó un fármaco "milagroso" contra COVID

Varios países promueven el uso de ivermectina contra la covid y miles en el mundo han tomado el fármaco. Pero ¿qué tan sólida es la evidencia de su efectividad?
8 de octubre, 2021
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La ivermectina ha sido llamada un medicamento “milagroso” contra la covid, promovido por los opositores a las vacunas y recomendado por las autoridades sanitarias en algunos países. Sin embargo, la BBC revela varios errores graves en una serie de estudios claves en los que se basan los promotores del polémico fármaco.

Durante años, la ivermectina ha sido un medicamento antiparasítico vital usado en el tratamiento de humanos y animales.

Pero durante la pandemia se ha escuchado el clamor de algunos para que este fármaco se utilice para otra cosa: en la lucha contra covid-19 y evitar muertes.

Las autoridades sanitarias en Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea han determinado que la evidencia es insuficiente para el uso del fármaco contra la covid, pero miles de promotores, muchos de ellos activistas antivacunas, siguen efectuando una vigorosa campaña a favor de su uso.

Un paciente de covid recibe asistencia médica a la entrada de un hospital en Perú

Getty Images
Ivermectina fue aprobada como un tratamiento contra la covid en Perú, en mayo de 2020, pero después las autoridades dejaron de recomendarla.

Grupos en las redes sociales intercambian consejos sobre cómo conseguir el medicamento, hasta proponiendo el uso de las versiones producidas para animales.

Errores y fraude

El bombo publicitario en torno a la ivermectina -basado en la firme creencia de los estudios- ha llevado a que un gran número de personas en todo el mundo tomen el fármaco.

Sus abanderados apuntan a una serie de investigaciones científicas y suelen afirmar que esta evidencia está siendo ignorada y encubierta. Pero un grupo de análisis compuesto de científicos independientes han puesto en serias dudas los resultados de esos estudios.

La BBC puede revelar que más de un tercio de las 26 principales pruebas experimentales del fármaco en el uso contra la covid tienen graves errores o señales de potencial fraude. Del resto, ninguna muestra evidencia convincente de la efectividad de la ivermectina.

El doctor Kyle Sheldrick, de uno de los grupos que investiga los resultados, dijo que no habían encontrado “una sola prueba clínica” que afirmara demostrar que la ivermectina prevenía las muertes ocasionadas por covid que no contuviera “o señales obvias de invención o errores tan críticos que invalidaban el estudio”.

Los principales problemas incluyeron:

  • Los mismos datos de pacientes usados múltiples veces en supuestas personas diferentes
  • Evidencia que la selección de pacientes para los grupos de ensayo no fue aleatoria
  • Poca probabilidad que las cifras se dieran de manera natural
  • Los porcentajes calculados erróneamente
  • Las autoridades sanitarias locales no estaban al tanto de los estudios

Cada uno de los científicos del grupo -los doctores Gideon Meyerowitz-Katz, James Heathers, Nick Brown y Sheldrick- tienen una trayectoria de sacar a la luz la ciencia dudosa. Han estado trabajando juntos remotamente en capacidad informal y voluntaria durante la pandemia.

Formaron el grupo para ahondar en los estudios de ivermectina, después de que el estudiante en biomedicina Jack Lawrence detectara problemas con un estudio influyente de Egipto. Entre otros problemas, contaba con pacientes que resultaron haber muerto antes de que los ensayos empezaran. Ahora, la revista especializada que publicó el estudio lo ha retractado.

El grupo de científicos independientes examinó virtualmente cada prueba controlada aleatorizada (RCT, por sus siglas en inglés) de ivermectina y covid -en teoría la evidencia de mayor calidad- incluyendo los estudios clave frecuentemente citados por los promotores del fármaco.

RCT implica escoger personas al azar para que reciban el fármaco que está siendo ensayado o un placebo -un medicamento inerte sin propiedades activas.

Manifestación en Sudáfrica a favor de la ivermectina contra la covid, 2021

Getty Images
En Sudáfrica salieron a las calles para exigir que las autoridades permitieran el uso de la ivermectina.

¿Falsificados?

El equipo también examinó en particular seis influyentes ensayos de observacionales. Este tipo de ensayo analiza lo que le sucede a la gente que de cualquier forma toma el fármaco, así que puede estar sesgado por el tipo de persona que opta por ese tratamiento.

De un total de 26 estudios examinados, hubo evidencia en cinco que los datos pudieron haber sido falsificados, por ejemplo, contenían números o filas virtualmente imposibles de pacientes idénticos que habían sido copiados y pegados.

En otros cinco más hubo importantes señales de alarma: por ejemplo, las sumas no daban, los porcentajes habían sido calculados erróneamente o las autoridades sanitarias locales no estaban al tanto de los estudios.

Además de estos estudios defectuosos, 14 de los autores de los estudios no entregaron sus datos. Los científicos independientes alertaron que esto como un posible indicador de fraude.

La muestra de los documentos de investigaciones examinada por el grupo independiente también contiene unos estudios de alta calidad de diferentes partes del mundo.

Pero los problemas principales se encontraron en los estudios que hacían la afirmaciones más grandes sobre la ivermectina -de hecho, entre más grande la afirmación en términos de vidas salvadas o infecciones prevenidas, más grande resulta la preocupación de que pueda ser falsa o inválida, según descubrieron los investigadores.

Aunque es extremadamente difícil descartar el error humano en estos ensayos, el doctor Sheldrick, un médico e investigador de la Universidad de New South Wales en Sídney, Australia, cree que es muy probable que por lo menos algunos de estos hayan sido manipulados adrede.

En un reciente estudio de Líbano se encontró que tenía trozos enteros con los detalles de 11 pacientes que habían sido copiados y pegados repetidamente, lo que sugiere que muchos de los supuestos pacientes de ese ensayo nunca existieron.

Los autores del estudio divulgaron a la BBC que el “conjunto original de datos fue manipulado, saboteado o incluido incorrectamente en el archivo final” y que han solicitado formalmente una retracción a la revista científica que lo publicó.

Un paciente de covid trasladado en silla de ruedas en Perú

Getty Images

Probabilidades bajas

Otro estudio de Irán aparentó demostrar que la ivermectina impedía las muertes por covid.

Pero los científicos que lo investigaron encontraron problemas. Los registros de la cantidad de hierro en la sangre de los pacientes contenían números en una secuencia que tiene muy pocas probabilidades de surgir naturalmente.

Y los pacientes a los que se les suministró el placebo resultaron tener niveles de oxígeno en su sangre mucho más bajos antes del inicio del ensayo que a los que se les suministró ivermectina. Así que ya estaban más enfermos y estadísticamente más propensos a morir.

Pero este patrón se repitió a través de una gama de medidas diferentes. La gente con “malas” medidas terminaba en el grupo de placebo, mientras que la de “buenas” medidas terminaba en el grupo de ivermectina.

La probabilidad de que esto ocurra de manera aleatoria con todas estas medidas diferentes es diminuta, expresó el doctor Sheldrick.

El doctor Morteza Niaee, que lideró el estudio de Irán, defendió los resultados y la metodología y discrepó con los problemas que le señalaron, añadiendo que era “muy normal observar esa aleatoriedad” cuando tantos factores diferentes eran considerados y que no todos tenían relevancia con (el riesgo de contraer covid) de los participantes”.

Pero los ensayos de Líbano e Irán fueron excluidos de un artículo para Cochrane -los expertos internacionales en el análisis de la evidencia científica- porque fueron “estudios muy pobremente reportados”. El análisis concluyó que no había evidencia de beneficio de la ivermectina cuando se trata de covid.

El estudio más extenso y de mayor calidad sobre ivermectina que ha sido publicado hasta ahora es el ensayo Together de la Universidad McMasters, en Canadá. Este no encontró beneficio alguno del fármaco en términos de covid.

Un sito web con la imagen de un frasco de ivermectina diciendo: "Toma la mejor defensa contra covid-19"

BBC
Este sitio web -ahora desaparecido- ofrecía ivermectina a la venta online.

Seguro pero…

En general, la ivermectina se considera un fármaco seguro, aunque se han reportado algunos efectos secundarios.

Las llamadas de emergencia sobre supuesto envenenamiento por ivermectina en EE.UU. han aumentado mucho de una muy pequeña muestra (de 435 a 1.143 este año) y la mayoría de los casos no fueron serios. Los pacientes han sufrido vómito, diarrea, alucinaciones, confusión, somnolencia y temblores.

Pero el daño indirecto puede resultar de dar la a la personas un sentido falso de seguridad, especialmente si optan por la ivermectina contra la covid en lugar de buscar tratamiento en un hospital o vacunarse.

La doctora Patricia García, una experta en salud pública en Perú, dijo que en un momento dado estimó que 14 de cada 15 pacientes que examinó en el hospital habían tomado ivermectina y que para cuando llegaron estaban “muy, muy enfermos”.

Grandes grupos en Facebook que abogan por ivermectina se han convertido en foros para las personas que buscan consejos de dónde comprar el fármaco, incluyendo las fórmulas destinadas para animales.

Algunos grupos frecuentemente contienen posts sobre teorías de la conspiración que alegan encubrimiento sobre la ivermectina, así como publicaciones que fomentan opiniones antivacuna o exhortaciones para que lo pacientes abandonen el hospital si no están recibiendo el fármaco.

Esos grupos suelen ser el conducto hacia comunidades más marginales en la aplicación codificada Telegram.

Un post de Facebook que se queja de un hospital que no trata a un paciente grave de covid con ivermectina, aunque lo esté solicitando

BBC

Estos canales han coordinado el acoso de doctores que no formulan ivermectina y los científicos también han sido víctimas de abuso.

El profesor Andrew Hill, de la Universidad de Liverpool, escribió un influyente artículo analizando positivamente la ivermectina, originalmente declarando que el mundo debería “prepararse, acumular suministros, estar listo a aprobar (el fármaco)”.

Ahora concluye que los estudios no se sostienen frente al escrutinio, pero después de que cambió de opinión, basado en la nueva emergente evidencia, fue objeto de abusos violentos.

Influencia exagerada

Un pequeño número de doctores calificados han tenido una influencia exagerada en el debate sobre la ivermectina. La opinión del doctor Pierre Kory, un notable partidario del fármaco, no ha cambiado a pesar de las graves dudas sobre los ensayos. Criticó las “interpretaciones superficiales de los datos emergentes de los ensayos”.

La doctora Tess Lawrie -médica especializada en embarazo y parto- fundó el Grupo de Desarrollo Británico para la Recomendación de Ivermectina (Bird, por sus siglas en inglés).

Ella ha llamado a una pausa en el programa de vacunación de covid-19 y emitido afirmaciones infundadas que implican que la vacuna de covid ha resultado en un gran número de muertes basada en una lectura comúnmente equivocada de los datos de seguridad.

Una mujer en una protesta antivacuna con un cartel que lee "Libertad médica para todos"

Getty Images

Cuando se le preguntó durante un debate online qué evidencia la persuadiría de que la ivermectina no funciona dijo: “Ivermectina funciona. No hay nada que me pueda persuadir”. Le dijo a la BBC: “Los únicos problemas con la evidencia de base son los implacables esfuerzos para deslegitimizarla”.

Alrededor del mundo, originalmente no fue la oposición a la vacunas sino la escasez de éstas lo que llevó a la gente a la ivermectina.

En varias instancias, el fármaco ha sido aprobado, recomendado o formulado contra covid en India, Sudáfrica, Perú y mucho del resto de América Latina, como también en Eslovaquia.

Las autoridades sanitarias en Perú e India dejaron de recomendar la ivermectina en sus guías de tratamiento.

En febrero, Merck -una de las farmacéuticas que produce el medicamento- dijo que “no hay una base científica para el potencial efecto terapéutico contra covid-19”.

El Sudáfrica, el fármaco se ha convertido en campo de batalla. Los médicos señalan la falta de evidencia pero muchos pacientes buscan acceso mientras que la distribución de la vacuna ha sido desigual y problemática. Una médico general en ese país describió a una pariente, una enfermera titulada, que no se registró para una vacuna de coronavirus cuando era elegible y luego se infectó del virus.

“Cuando comenzó a empeorar, en lugar de buscar una evaluación y tratamiento apropiados, se formuló a sí misma ivermectina”, dijo.

“En lugar de consultar con un doctor, continuó con la ivermectina y obtuvo oxígeno en casa. Para cuando supe lo bajos que tenía sus niveles de saturación de oxígeno (66%), le rogué a su hija que la llevara a emergencias”.

“Al principio estaba renuente, pero las convencí de que fueran. Murió una horas después“.

Shruti Menon contribuyó a este reportaje


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