Vinos y un Ferrari: los lujos de EPN que revela Lozoya en su denuncia
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Museos, vinos caros y un Ferrari: los lujos de EPN que revela Lozoya en su denuncia

Según Lozoya, durante su mandato Peña Nieto recibió un Ferrari como regalo de Javier Duarte y preparaba un 'Museo del presidente' en una casa del expresidente en el Edomex.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste, Nayeli Roldán y Arturo Ángel
20 de agosto, 2020
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Enrique Peña Nieto recibió presuntamente de Javier Duarte un Ferrari como “regalo” por el apoyo que el expresidente le brindó durante su gestión al frente de Veracruz, antes de que fuera detenido en abril de 2017 y condenado a 9 años de prisión por lavado de dinero y asociación delictuosa.

Así lo señaló Emilio Lozoya, exdirector de Pemex y hombre de confianza de Peña Nieto, en la denuncia que presentó ante las autoridades de la Fiscalía General de la República para conseguir el denominado ‘criterio de oportunidad’, figura con la que busca convertirse en un testigo colaborador de las autoridades y obtener posibles beneficios legales en los casos Odebrecht y Alto Hornos de México, en los que está vinculado a proceso. 

Además, según lo expuesto en la denuncia a la que Animal Político tuvo acceso, Peña Nieto disponía de una “egoteca” o un ‘Museo del presidente’ en una casa que tendría en el Estado de México, donde guardaba “maletas llenas de fajos de billetes”.

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“Miren lo que me regaló el góber

Sobre el Ferrari, Emilio Lozoya narra que, en el marco de la celebración del Día de la Marina en Veracruz, el entonces gobernador veracruzano, Javier Duarte, se acercó a las escalinatas del avión presidencial y le entregó una carpeta al presidente Peña Nieto. 

“Yo sabía de la relación estrecha entre ambos (Peña y Duarte), pues hacía tiempo que Luis Videgaray me había instruido ‘facilitar’ diversos tipos de combustible al gobierno de Duarte, pues el presidente Peña se comprometió a apoyar la gestión del entonces gobernador”. 

“Al subir al avión presidencial -continúa Lozoya en su denuncia-, Enrique Peña Nieto nos dijo: ‘Miren lo que me regaló el góber’, mostrándonos, en esos momentos, la parte inferior de la carpeta. Ahí aparecían las fotos de un Ferrari con el texto: ‘Este Ferrari perteneció al presidente López Mateos’, y a un lado estaban las llaves del auto”. 

A partir de ese momento, Lozoya describe que Peña Nieto entregó la carpeta a un asistente y le pidió al mesero del avión presidencial que abriera un par de botellas de Vega Sicilia, uno de los vinos más caros del mundo, “para celebrar esta exitosa gira”. 

“Días después, comentando el tema con Antero Rodarte (personaje que presuntamente manejaba el dinero en efectivo que recibía Peña Nieto), me comentó que el Ferrari ya se encontraba en la bodega del Museo del Presidente”, añade Lozoya en su denuncia. 

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La ‘egoteca’

En la denuncia, el exdirector de Pemex también señala ante la FGR que durante el sexenio de Peña Nieto hubo presuntos actos de corrupción para beneficiar con obras y proyectos de ingeniería a Grupo Higa, del empresario Juan Armando Hinojosa Cantú, quien construyó la conocida ‘Casa Blanca’ de Peña Nieto. 

Incluso, Lozoya acusa directamente al presidente Peña Nieto de beneficiarse de esos actos de corrupción para beneficiar a su ‘compadre’ Hinojosa Cantú, incluso una vez destapado el escándalo de la ‘Casa Blanca’ por una investigación periodística de Aristegui Noticias.  

“Después de la Casa Blanca, Juan Armando Hinojosa se dedicó a intermediar entre empresas de construcción, la SCT y Pemex. Es de mi conocimiento -por voz propia de Juan Armando Hinojosa-, que recibía este tipo de comisiones que, normalmente, oscilaban entre el 2% y el 5% del total del costo final de las obras. Dichos montos eran entregados en efectivo a Juan Armando y éste, a su vez, los compartía -también en efectivo- con Enrique Peña Nieto”, acusa Lozoya. 

El constructor de la ‘Casa Blanca’ le habría dicho a Lozoya en una reunión privada que, parte de ese dinero en efectivo que habría recibido el presidente, era para financiar la construcción de una ‘egoteca’ o un ‘Museo del presidente’ en otra casa del mandatario en el Estado de México, distinta a la Casa Blanca. 

Sobre esta ‘egoteca’, Lozoya señala que, al inicio del gobierno de Peña Nieto, el presidente lo instruyó para que, a través de Roberto Pradilla Domínguez, secretario técnico de Pemex, la petrolera contratara los servicios de un fotógrafo. 

“Durante la reunión con Pradilla Domínguez, éste me comentó que se iniciaría la construcción de una casa, ubicada en el Estado de México, para cuando el presidente concluyera su mandato, y que ésta contaría con un ‘Museo del presidente’, de tal forma que el fotógrafo se encargaría de tomar las fotografías de los eventos relevantes”. 

El contrato del fotógrafo “sería por un monto de entre dos y tres millones de pesos mensuales”. Y este fue pagado, hasta que Pemex fue observada por su contraloría interna “y ya no era sostenible”. 

Pero la construcción de la casa y del ‘Museo’ sí continuó pagándose y a finales de 2015 ya estaban terminadas: “Durante un evento con Peña Nieto, Antero Rodarte me comentó que la casa y el museo estaban concluidos y que ahí se colocarían los regalos, reconocimientos y el historial del presidente, pero que, por ese entonces, sólo él y Pradilla Domínguez conocían la ubicación del inmueble”. 

“En el marco de una cena en Los Pinos -agrega Lozoya-, y encontrándose Antero Rodarte en estado de ebriedad, me dijo que ‘estaba hasta la madre de lo poco que le pagaban, en comparación con las maletas llenas de fajos de billetes que él tenía que resguardar en la bodega del ‘Museo de Peña’”. 

Entérate: Si no recibieron dinero, no se preocupen, dice AMLO a políticos involucrados por Lozoya

Trató de tapar el escándalo de ‘La Casa Blanca’

Emilio Lozoya también acusa al presidente Peña Nieto y al exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, de frenar una gran inversión para México, como la obra del tren México-Querétaro que estaría a cargo de una constructora china y en la que tendría participación una de las empresas de Grupo Higa, para intentar tapar el escándalo de la Casa Blanca, así como la casa de Videgaray en Malinalco, ambas construidas por Grupo Higa. 

“El presidente me llamó a su habitación para informarme sobre el inminente anuncio (de la cancelación de la obra del tren). Yo le dije que eso significaba destruir la relación entre ambos países, por lo emblemático del proyecto para el gobierno chino”. 

“Al preguntarle la razón de la cancelación me dijo: ‘es que tenemos un problema Videgaray y yo porque Higa le facilitó la casa de Malinalco a Luis y a mí me está apoyando con otra casa’. Ante esto, yo le sugerí simplemente excluir a Grupo Higa del proyecto, pero él prefirió sacrificar el proyecto y la relación con China para intentar esconder el tema de las casas”. 

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Julia "Butterfly" Hill

Julia, la mujer que pasó 738 días en la cima de una secuoya milenaria para evitar que la talaran

La activista se comprometió a ocupar el árbol, ubicado en un bosque del norte de California, pensando que pasaría allí como máximo un mes.
Julia "Butterfly" Hill
16 de agosto, 2020
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¿Qué harías tú para evitar que un majestuoso árbol de 1,500 años fuera víctima de las sierras de una maderera?

¿Arriesgarías tu vida, habitando un espacio en las alturas no más grande que una cama sencilla, a la intemperie, pasando frío, hambre, dolor y aislamiento?

¿Cuánto aguantarías?

Pues Julia “Butterfly” Hill, una activista medioambiental, vivió en la cima de una milenaria secuoya en el norte de California durante 738 días para evitar que la talaran.

Sólo aceptó ponerle fin a su increíble protesta y bajar del árbol después de ganar su batalla para protegerlo, así como el área que lo rodeaba.

Varios activistas han ocupado árboles, pero se cree que la protesta de Julia es la que más ha durado.

“Creo que a quien quiera talar un árbol de estos debería ordenársele vivir en él durante dos años”, dijo al programa Witness del Servicio Mundial de la BBC sobre su hazaña.

“Bellos y sagrados”

Una mujer abraza el tronco de un enorme secuoya en el Parque Nacional Secuoya, California

Getty Images
Las secuoyas son árboles monumentales.

Las secuoyas son árboles monumentales, oriundos de California, Estados Unidos..

Pueden crecer hasta alcanzar los 75 metros de altura, tener troncos de nueve metros de diámetro y vivir miles de años.

“Cuando llegué a California por primera vez y entré en el primer bosque ancestral, quedé muy conmovida e impactada por lo bellos y sagrados que son y se sienten”, comentó Julia a la BBC.

Desafortunadamente, desde la colonización del territorio californiano por culturas occidentales, la continua tala de este recurso natural diezmó los bosques.

“Al inicio de mi activismo, tomé conciencia de que el 97% de los bosques de estas secuoyas milenarias ya se había destruido“, explicó.

Aserradores a finales del siglo XIX trabajando en una de las madederas en California

Getty Images
A lo largo de los siglos, la industria maderera en California ha arrasado con los bosques de secuoyas.

En California se inició una forma de protesta a finales de los 70 conocida como la ocupación de árboles (tree sitting, en inglés), viviendo en ellos para protegerlos de la tala.

Julia Hill, a quien apodaron Butterfly (Mariposa) a los siete años, había estado viviendo con unos activistas del medioambiente en el condado de Humboldt, en el norte de California.

El grupo estaba enfrentado a una empresa maderera que talaba las secuoyas de la región.

Necesitaban a alguien que ocupara un árbol para atraer atención a la causa.

Julia se ofreció voluntaria, pensando en que sólo tendría que estar subida al árbol unas dos semanas, tal vez un mes.

La complicada vida en un árbol

Julia Butterfly Hill en su refugio arriba de un secuoya

Getty Images
El refugio de Julia consistía de una plataforma de dos metros por uno y medio, cubierto de una lona de plástico.

El 10 de diciembre de 1997, trepó a un árbol de 55 metros de altura al cual le dio el nombre de Luna. Ahí fue cuando se dio cuenta en qué se había metido.

“Estás atada a una soga de escalar, usas tus manos y pies para lentamente ir subiendo al árbol. A unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí lo ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía”.

Sin embargo, el entorno también le tenía reservadas sorpresas agradables.

“El olor en el bosque es extraordinario. El aire es tan dulce que realmente lo puedes saborear”, describió.

El hogar de Julia en el árbol era una plataforma de dos metros por uno y medio. Más o menos del tamaño de una cama sencilla.

Después de pasar un año subido a ella, pudo armar una segunda plataforma. Se protegía bajo una lona de plástico, su cama se reducía a un saco de dormir y le subían la comida con un lazo.

Julia Butterfly Hill hablando por un teléfono celular dentro de su refugio en el árbol

Getty Images
Julia se comunicaba con los medios por medio de un teléfono celular cargado con energía solar.

Durante ese tiempo tuvo contacto humano, daba entrevistas a los medios a través de un teléfono que funcionaba con energía solar. Pero cuando llegó el momento de enfrentar el mal tiempo, estuvo completamente sola.

“Había mucha humedad y frío. Aun con la lona de plástico que me servía de techo y paredes, hasta la niebla penetraba y la lluvia encontraba pequeños agujeros por donde gotear desde las ramas a la plataforma”, relató

Tuvo que soportar tormentas con vientos de hasta 150 kilómetros por hora, lluvia congelada, granizo y finalmente nieve que destruyeron su refugio, con lo que quedó completamente expuesta a la intemperie.

Las condiciones meteorológicas fueron tan intensas que sufrió congelación severa porque no podía secarse ni calentarse durante semanas.

“Soportar el peor invierno registrado en la historia a 18 pisos de altura, en una pequeña plataforma en el cielo, me desafió en todos los aspectos. Mi deseo de sentir calor y secarme, el miedo a morir. Fue llevada al borde de todos los posibles temores que tenía. Y fue a través de esa experiencia que evolucioné como un ser humano”, afirmó.

Oposición, dudas y nuevo aliento

La empresa maderera Pacific Lumber Company

Getty Images
La empresa maderera hizo todo lo posible para obligar a Julia a bajar del árbol.

Pero no todos estaban igualmente impresionados.

Debido a que realizaba un acto de desobediencia civil -pues estaba en territorio que alguien reclamaba que le pertenecía- se había ganado el disgusto de la empresa maderera.

Estaba determinada a sobrevivir, aunque había algunas personas con igual determinación para obligarla a bajar.

“Intentaron varias formas de forzarme a bajar: desde cortar mis suministros y alimentos, dejarme con hambre, hasta sonar bocinas a alto volumen durante toda la noche y el día, durante muchos días, para que no pudiera dormir”.

Hubo momentos de duda en que casi se da por vencida.

“Soy un ser humano. Hubo momentos en los que dije ‘no aguanto más’. Momentos en los que me enrosqué en la posición fetal a llorar, ‘no puedo más, ni un minuto más'”, confesó, pero algo siempre pasaba que el daba nuevo aliento.

“Ya fuera una respuesta de la naturaleza, o alguien llegando inesperadamente con algún tipo de obsequio, o un oso que pasaba por el bosque comiendo bayas -es increíble ver un animal así de grande-. Hubo pequeños incidentes como esos, en momentos en que ya no podía más algo ocurría que me decía puedes aguantar. Un respiro más, un momento más”.

Julia arriba de un secuoya con el panorama de un bosque atrás

Getty Images
A pesar de soportar momentos difíciles, la naturaleza le brindó espectáculos maravillosos.

Con el tiempo algunas cosas de la vida en un árbol se volvieron más fáciles, otras más difíciles.

“Después de las tormentas recolectaba ramas y las tejía con los trozos de lona destrozados y mi techo se convirtió en algo parecido a un cesto de ramas, plástico y cinta adhesiva”.

Constantemente tuvo que rehacer su refugio porque el mal tiempo se lo llevaba cada tanto. Aun así persistió.

“No bajé porque había dado mi palabra que no lo haría antes de hacer todo lo que pudiera”, aseguró.

Victoria

La impresionante protesta de dos años de Julia atrajo la atención a lo largo de todo Estados Unidos y más allá. Le dedicaron varias canciones.

El 18 de diciembre de 1999, la protesta de Julia finalmente terminó. Se había llegado a un acuerdo con la compañía maderera.

Julia y los otros activistas habían logrado recaudar US$50.000 y efectivamente pagaron a la maderera para rescatar el árbol y un área aledaña de unos 12.000 metros cuadrados.

Las cámaras captaron el momento dramático cuando la defensora del medio ambiente descendió en lágrimas.

“Fue una sensación extraordinaria cuando toqué tierra por primera vez. La gente pensó que había caído al suelo porque mis músculos no eran lo suficientemente fuertes. Pero, en realidad, caí al suelo porque las emociones, la energía y todas las sensaciones eran tan profundas que no me podía mantener en pie”.

Activismo continuo

Julia Butterfly Hill está convencida de las repercusiones de su acción en la protección de uno de los tesoros naturales de California y el mundo.

Julia es esposada por la policía durante una protesta en Ilinois en 2001

Getty Images
Después de bajar del árbol, Julia continuó con sus protestas ecologistas que resultaron en arrestos.

“Como nada sucede en un vacío, es científicamente imposible no tener algún impacto”, aseguró a la BBC.

Un año después de que Julia bajara de Luna,lasecuoya fue atacada por un vándalo, quien le hizo al tronco un corte de 80cm de profundidad con una sierra.

Tras una intervención delicada de especialistas que lograron estabilizar el árbol, este sigue en pie, así como los demás que lo rodean.

Y a Julia le queda la inigualable experiencia de haber vivido en él durante casi dos años.

“Hubo tantos momentos profundos y bellos”, recuerda.

“Uno de ellos fue cuando la niebla cubrió el valle completamente. Me desperté temprano en la mañana y vi que nada más estaba yo por encima de la niebla y a medida que salía el sol la niebla se convirtió en una laguna de color dorado, rosado, naranja, azul clarísimo. Una laguna arcoíris”.

No obstante, su activismo no terminó con esas impactantes imágenes.

Julia Butterfly Hill cofundó la Circle of Life Foundation (Fundación Círculo de la Vida), que aboga por la transformación de las interacciones humanas con la naturaleza.

De su experiencia ocupando árboles escribió el libro “El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar los secuoyas”.

Julia Butterfly Hill ocupa un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

Getty Images
En 2006, Julia Butterfly Hill ocupó un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

En 2002, Hill fue deportada de Ecuador, donde había participado en una protesta contra los planes de la petrolera Occidental de construir un oleoducto que atravesaría territorios indígenas.

Su trabajo en defensa del medioambiente y de los pequeños agricultores continúa, dando charlas, participando en simposios y dictando talleres.


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