Ensayos clínicos dan esperanza, pero aún no hay certeza sobre vacuna: OMS
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Cuartoscuro

Ensayos clínicos dan esperanza, pero aún no hay certeza sobre vacuna: OMS

Melbourne, la segunda mayor ciudad de Australia, comenzó un toque de queda de seis semanas para frenar al virus.
Cuartoscuro
Por AFP
3 de agosto, 2020
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló este lunes que no hay una cura mágica para la COVID-19 y quizá “nunca haya una”. Esto mientras Melbourne, la segunda mayor ciudad de Australia, comenzó un toque de queda de seis semanas para frenar al virus que ha infectado a 18 millones de personas y causado 700 mil decesos en todo el mundo.

A seis meses de que la OMS decretara la emergencia mundial, la propagación del coronavirus se está acelerando.

“Los ensayos clínicos nos dan esperanza, pero esto no significa necesariamente que obtengamos una vacuna eficaz”, advirtió este lunes el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Mientras, las cifras de contagiados y fallecidos siguen en aumento.

Europa, con 210,576 muertos y 3,196.370 casos, es la región más devastada por la enfermedad, seguida de América Latina y el Caribe, que suma más de 201,000 fallecidos y supera los 4.9 millones de contagios.

En Estados Unidos, una asesora de la Casa Blanca advirtió que el virus está “extraordinariamente extendido” en el país, el más castigado por la pandemia, con 4.6 millones de casos y unos 155,000 decesos.

“Lo que vemos ahora es distinto a lo de marzo y abril”, dijo Deborah Brix, que dirige el grupo de trabajo sobre el virus de la presidencia estadounidense.

Países que parecían haber controlado la epidemia están sufriendo repuntes preocupantes, como España, Francia o Bélgica.

“El virus circula intensamente en nuestro territorio. Las cifras continúan subiendo”, lamentó el lunes Frédérique Jacobs, una portavoz del centro de crisis de Bélgica.

Imparable en América Latina

En América Latina y el Caribe la pandemia no cesa. Brasil (94,104 muertos) y México (47,746, hasta este domingo) son los países más afectados de la región, seguidos de Perú (19,614), Colombia (10,650) y Chile (9,608).

Argentina, que el domingo anunció que había superado los 200 mil casos de COVID-19, así como 3,648 fallecidos, prohibió las reuniones sociales a partir de este lunes en todo el país.

Ante el aumento de contagios y el temor a saturar los hospitales, las autoridades habían suspendido la flexibilización paulatina del confinamiento, que estaba previsto este lunes en Buenos Aires y su periferia.

Bolivia, con más de 80 mil casos y 3,153 fallecidos, dio por terminado el domingo el año escolar, que debía extenderse hasta diciembre.

Más allá del coste humano, la pandemia ha provocado un hundimiento de la economía mundial y a la destrucción de millones de empleos.

Sin un tratamiento se reducen las posibilidades para contener la epidemia y detener las consecuencias económicas y las restricciones, impopulares en muchos lugares.

No hay que bajar la guardia

En Europa, el primer ministro francés, Jean Castex, instó este lunes a sus conciudadanos y al Estado a “no bajar la guardia” porque “el virus no está de vacaciones” y se trata de evitar un “reconfinamiento generalizado”, explicó.

También es el caso de Australia, donde se han introducido nuevas restricciones en el estado de Victoria, a pesar de las duras consecuencias económicas que esto conlleva.

Las medidas incluyen un toque de queda nocturno en Melbourne durante las próximas seis semanas, y el cierre de los negocios y empresas no esenciales, así como una prohibición de bodas.

La ciudad había continuado registrando cientos de nuevos casos diarios, cuando en otros estados del país se documentaban muy pocos.

Filipinas anunció un nuevo confinamiento de dos semanas para más 27 millones de personas, incluida la capital Manila, después de que los contagios se hayan multiplicado por cinco, superando los 100.000.

Restricciones en festivales

Las formas de luchar contra el virus, como la distancia social, cambió el modo de manejar grandes concentraciones, desde manifestaciones religiosas a eventos deportivos y culturales.

El festival anual de cerveza de Qingdao, en China, comenzó el viernes con una capacidad limitada al 30%. Aún así, muchos estaban felices de poder asistir.

“Ha pasado medio año desde la última vez que viajé”, declaró Wang Hua, una turista, a la cadena CCTV. “Me siento feliz y relajada ahora mismo”.

En España, muy dependiente del turismo y que lucha para reactivar su economía y contener los rebrotes, la isla de Ibiza, famosa por sus fiestas y bares, el gobierno permitió la apertura de clubes con una capacidad reducida a 300 personas o menos. Las grandes discotecas permanecerán cerradas.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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