Tolueno, la droga que quita el hambre, el frío y mata lentamente
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Tolueno, la droga que quita el hambre, el frío y mata lentamente

Esta droga es consumida por una población invisible: personas en situación de calle en la ciudades y jóvenes de sectores vulnerables en ambientes urbanos y rurales.
21 de agosto, 2020
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Felipe se lleva la mano a la nariz, inhala. Con unas cuantas veces más será suficiente para dejar de sentir hambre y frío. Se quedará dormido. Será invisible para los cientos de personas que pasan a diario a su lado, cerca de donde vive, la entrada del metro Garibaldi, en la Ciudad de México, y que prefieren no mirarlo. 

Él inhala solventes desde los 12 años, cuando dejó su casa harto de los golpes y el maltrato que sufría. Ahora tiene 26. Todo ese tiempo ha vivido en la calle en varios estados: Michoacán, Estado de México y Guanajuato. La peor época para él es la temporada de lluvias, porque encontrar un lugar para guarecerse es complicado.

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Felipe consume solventes, las drogas más fáciles de conseguir, las más baratas, y las que afectan a las poblaciones más vulnerables tanto en la ciudad como en zonas rurales. Los solventes no son ilegales, están a la venta y al alcance de cualquier persona.

“Están tan disponibles y al alcance de las personas más vulnerables, dígase niños, niñas, jóvenes o personas que estén en depresión o en una situación de tristeza”, señala Enrique Hernández director de la Asociación civil El Caracol, que atiende poblaciones callejeras.

Aunque es fácil caer en esta adicción, pocos son los lugares que cuentan con protocolos de atención en salud para los consumidores, pues estas drogas no tienen los reflectores de otras como la cocaína, marihuana, o ahora el fentanilo y el cristal.

La mariguana es la sustancia de mayor uso para iniciarse en las drogas ilegales con el 73.9% de los casos, seguido por los inhalables (8.1%) y la cocaína (7.9%), de acuerdo con datos del Sistema de Información Epidemiológica del Consumo de Drogas (SIECD) 2018.

El tolueno es el principal inhalable consumido en México y el que se usa para hacer “monas”, que consiste en un pedazo de tela, papel, gasa u otra fibra humedecida con esta sustancia para así inhalarla. 

Este químico sirve como aditivo en la gasolina y para la fabricación de otros productos como los plásticos, explosivos, tintas y solventes. Al ser una sustancia de uso industrial y no una droga, es legal y se distribuye en todo el país y está a la venta en tlapalerías y otros expendios; es barato y relativamente fácil de conseguir.

Bastan unos pesos para comprarlo.

“Con 5 pesos me daban una botella de medio, de 600 (mililitros), llena. Me rendía como un día o hasta menos, depende. Porque me gustaba, la tenía y quería más. Aunque ya, mi mano estaba escurrida pero yo sentía que ya estaba seca y me mojaba más papel y papel”, cuenta Gabriel quien consumió inhalables y drogas desde los 6 años. Ahora tiene 36.

Pedro —quien siempre ha vivido en Malinalco, Estado de México— podía conseguirla en cualquier ferretería, sin que le pidieran identificación o le preguntarán para qué lo quería.

La mona llega con los “amigos”

Cuando estaban en la secundaria Víctor y Ulises, ambos habitantes de Malinalco, probaron por primera vez los solventes. 

“Ahí en la escuela fue cuando empecé a probarlas, cuando entré, en primero de secundaria, fue cuando empecé con la mona. Después con el cristal, y después con la mariguana”, cuenta Víctor, quien ahora tiene 19 años y se dedica a hacer figuras talladas de madera. 

Entre 2002 y 2017, el consumo de inhalables entre la población de 12 a 25 años aumentó un 1.7% en el país, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2017.

Ulises, quien ahora tiene 22 años y dejó de consumir drogas, señala que sus compañeros conseguían el solvente, “no necesitaba yo comprarla, porque varios andaban ya trayendo y pues, nada más era de que: ‘mojame mi papel’”. Al principio fueron dos o tres veces al día, después consumía una o dos latas diarias de limpiador PVC, que contiene tolueno. 

El tolueno es un líquido incoloro, con un olor dulce y moderadamente soluble en agua. Al inhalarlo provoca una “excitación inicial que pasa a desinhibición, con una sensación de ligereza, euforia y agitación”, señala el estudio Hablemos del Tolueno realizado por la organización Laboratorio de Imaginación y Acción Social, A.C. (Imaginalco).

Víctor robó para conseguir dinero y comprar estas sustancias. “A veces, como era yo bien mono, a veces una que otra vez sí me puse a asaltar”.

De los adolescentes que cometieron algún delito bajo los efectos de alguna droga, se identificó que el alcohol (47.7%) fue la sustancia más utilizada bajo esta situación, seguida por los inhalables (24.6%) y la mariguana (16.9%), de acuerdo con el  Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones, 2018.

Imaginalco detectó que existe un alto consumo de inhalables por parte de niños y jóvenes en situación vulnerable de la cabecera municipal de Malinalco, Estado de México. En la Ciudad de México, los inhalables son la droga de mayor consumo en personas en situación de calle, según el Censo de Poblaciones Callejeras 2017.

Cuando Gabriel y Felipe comenzaron a vivir en las calles de la Ciudad de México, siendo niños, fueron otras personas en esta situación quienes les dieron solventes.

“Eran unos muchachos con los que me juntaba. Yo les pedí de comer y tenía mucho frío (…) Y me dijeron, no, pues dale una mona. Pero yo, como era un niño pequeño, pensé que una mona de las que andan en el zoológico, ¿no? Y de ahí empecé a probar, empecé a conocer la droga y me enseñaron más drogas que conocí”, cuenta Gabriel quien al perder a sus padres a los 6 años comenzó a vivir en la calle.

De acuerdo con el estudio de Imaginalco, también son consumidos por  jóvenes y niños de barrios vulnerables cárceles, pepenadores, u otra población que trabaja en las calles. El uso de tolueno, señala el estudio, es más común en grupo que de manera individual, lo que lleva a una “alucinación colectiva” en la que el consumo “de estas drogas puede ayudar a fortalecer los lazos colectivos y a fortalecer su interacción”.

“Si has visto banda que está con una caguama, pues nosotros ya no era una caguama, era una lata”, cuenta Ulises. En Malinalco, no muy lejos de la zona turística del poblado, los jóvenes se juntan en ciertos puntos para consumir solventes. 

Los efectos del consumo

“Cuando empecé a consumirlo yo sentía que movía las cosas. Yo cargaba las cosas con mis manos, con mi vista las cambiaba de lugar y todo eso, me sentía como poderoso, sentía que flotaba, cuando caminaba como que volaba, así me sentía. Se me iba el hambre, el frío, por eso agarraba los inhalantes”, cuenta Gabriel, quien vive en la Ciudad de México.

Pero cuando el efecto del tolueno pasaba “sentía mucho frío y mucho dolor de cabeza y me ponía a temblar”.

Dolor de cabeza, letargo y falta de coordinación muscular son algunos de los efectos que el consumo de inhalables causan en las personas. “La sensación es similar a la resaca generada por otras sustancias, popularmente conocida como cruda por consumo de alcohol”, señala el estudio de Imaginalco.

También hay afectaciones a nivel neurológico como encefalopatía, neuropatía periférica, trastornos en los movimientos oculares, pérdida de la sensibilidad, de la visión, demencia, etcétera. El consumo prolongado de tolueno puede causar anormalidades cerebrales a nivel estructural y funcional en el cerebro humano.

“Sí me afectó en que luego se me olvidan las cosas, de repente estoy haciendo algo y digo: ¿qué venía yo a traer? Y me doy media vuelta y digo, ¿qué es lo que venía buscando, no? Cosas así”, cuenta Pedro.

Por qué es tan fácil conseguirlo

El tolueno se encuentra en un limbo legal, pues no hay una norma que regule o prohíba su uso, ya que está catalogada como sustancia para uso industrial. 

Cualquier persona puede importar o exportar cantidades menores a 1,500 kilogramos de tolueno sin tener que dar cuenta a alguna autoridad o requerir un permiso, pues está listado como sustancia química esencial en la Ley de Precursores Químicos.

La Ley General de Salud tampoco lo regula, pues aunque es un psicotrópico no está incluido en los cinco grupos en los que se clasifican estas sustancias, ni están en la lista de estupefacientes del artículo 234.

En la misma ley, artículo 254, se detalla que el gobierno debe evitar que menores de edad y otras personas consuman estas sustancias, a través de la vigilancia de los establecimientos que lo venden, y dar atención médica a quien ya lo consume. Además de promover campañas permanentes de información y orientación al público, para prevenir daños a la salud provocados por el consumo.

A esto se suma que los envases del limpiador de PVC (que contiene tolueno) no tienen una leyenda clara sobre los peligros que implica su consumo y manejo.

“Las normas oficiales mexicanas emitidas para productos psicotrópicos están diseñadas para medicamentos y productos similares y no se extienden a otros productos como el limpiador de PVC”, señala el estudio de Imaginalco.

En México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) es la encargada de regular, controlar y vigilar el manejo de sustancias tóxicas o peligrosas para la salud, químicos esenciales, estupefacientes y psicotrópicos así como los establecimientos dedicados a su proceso o almacenamiento.

En los ambientes rurales son los amigos quienes comparten los solventes, “entre la población que habita en las calles de la ciudad generalmente se encuentra un dealer oficial en cada grupo de población de calle, que a su vez puede contar con varios pequeños distribuidores, que generalmente son usuarios de la sustancia. 

Esto crea un mercado de activo oculto y cautivo que genera microeconomía lucrativa”, señala el estudio.

“Entre los mismos compañeros hay lugares, bueno, hay lugares, no se dice, pero hay lugares donde se puede conseguir rápido”, dice Gabriel, quien vivió y ahora trabaja por la zona del metro Garibaldi, en la Ciudad de México.

Personas, no fantasmas

La gente que consume inhalables es mucho menos visible que los consumidores de otras sustancias, explica la doctora Silvia Cruz, “y no en el sentido de que no nos topemos con ellos en la calle, sino que no tienen una repercusión como pueden tener celebridades”.

Los sectores vulnerables, dice la farmacóloga del el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), es gente que no se van a organizar en sectores para pedir atención, pues no tienen tanta representación social, “de alguna manera aunque los vemos es una población invisible o desean que sea invisible”.

Además de sufrir peleas con pandillas, los asaltos, los consumidores de inhalables también se enfrentan a la discriminación y abuso de las autoridades que tienen la obligación de atenderlos.

Cruz Martín del Campo explica que cuando sufren crisis por la intoxicación los paramédicos no quieren subirlos a la ambulancia pues alegan que por su falta de higiene (en el caso de población callejera) después deben desinfectarla antes de poder subir a otra persona y eso les quita un día de servicio.

El estudio de Imaginalco señala que las mujeres consumidoras de tolueno en situación de calle son aún más vulnerables a abusos sexuales, a quedar embarazadas ya que muchas veces se les condiciona el acceso a servicios de salud a cambio de entregar a sus hijos en adopción o se los quitan para llevarlos a instituciones de asistencia.

“Si una mujer va intoxicada puede haber violencia obstétrica, no trae papeles, tiene una situación de poca higiene, no tuvo atención prenatal y que si van intoxicadas ni anestesia les dan.

También en la muerte los consumidores resultan invisibles.

Silvia Cruz señala que hay un subregistro en el caso de las muertes de población de callejera relacionadas con los inhalables. 

“Se dice murió de frío, pero en la mano trae una mona. Murió de frío porque la hipotermia no la percibió por estar intoxicado. Tal vez murió de un paro cardiaco porque los disolventes y los gases afectan mucho al corazón pero se lo encontraron al día siguiente muerto de frío”, explica.

“Como viven en condiciones de calle pues murió de frío, o lo atropellaron. Nadie registró el nacimiento, registrar la muerte menos o no hay papeles, entonces el subregistro es inmenso”, añade la especialista. 

Reconocer el problema

Enrique Hernández, director de Caracol señala que para encontrar una solución al problema se debe reconocer que el tolueno es una sustancia legal, que provoca daño irreversible en cualquier población que esté consumiendo.

“Lo primero es reconocer que los solventes están en todas las casas del país, todos pueden tener un barniz, un plumón, uno de estos de aire para las computadoras, puede tener aguarrás, thiner o tolueno en la casa. Está tan disponible, reconozcamos que no tiene que estar al alcance de las personas más vulnerables, dígase niños, niñas, jóvenes o personas que estén en depresión o en una situación de tristeza”, añade Enrique.

Silvia Cruz, doctora en farmacología del Cinvestav, señala que si en el hogar se tienen productos que contienen solventes deben estar bajo llave; en el caso de los establecimientos también debe haber mayor control en la venta. 

¿Poner una advertencia en las etiquetas de las latas de limpiador de PVC y en envases de otras sustancias, como se hizo con las cajetillas de cigarros, ayudaría a disminuir el consumo? Se le cuestiona a Cruz Martín del Campo. 

“El etiquetado no lo es todo, quien quiere usarlo lo va a usar, quizá sirve más para el no usuario, para el papá, para decir estas cosas no pueden estar así nada más o alertar un poco, si en su casa de pronto un hijo adolescente que nunca limpia nada le da por comprar limpiadores de computadora, probablemente lo está usando. (Cambiar el etiquetado) tiene un pedacito de contribución pero no es tanto”, responde la especialista.

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El Halconazo: la masacre que dejó cientos de estudiantes muertos en México y fue investigada como genocidio

Luego de la matanza de estudiantes de 1968, los universitarios de México volvieron a salir a las calles el 10 de junio de 1971. La fecha es recordada como el "halconazo", pues enfrentaron otro tipo de represión encubierta.
10 de junio, 2021
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La masacre del 2 de octubre de 1968 fue un suceso traumático para los estudiantes universitarios en Ciudad de México.

Militares usaron sus armas para terminar con una protesta estudiantil en la plaza de Tlatelolco, la cual dejó cientos de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos.

Los universitarios no dejaron morir su movimiento, pero pasaron más de dos años sin organizar una nueva marcha masiva contra el gobierno.

Hasta el 10 de junio de 1971.

En esa fecha, un jueves de Corpus en el calendario católico – que luego daría nombre a lo ocurrido – , vieron la oportunidad de nuevamente salir a las calles y manifestarse a favor de la educación pública y el movimiento estudiantil de la época.

“Testimonios de manifestantes ese día dicen que la emoción era mucha. Era volver a tomar las calles que les habían intentado arrebatar en 1968. Entonces el 10 de junio era volver a tomar las calles y tenía un simbolismo muy importante”, le explica a BBC Mundo el historiador Camilo Vicente Ovalle.

Pero todo terminó en una nueva matanza.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los universitarios se reunieron en Ciudad de México el 10 de junio de 1971.

Un grupo paramilitar, llamado los “halcones” y organizado por el gobierno mexicano, paró la protesta en seco.

A las agresiones con palos les siguió el uso de armas de fuego. Incluso los heridos fueron “rematados” en las salas de emergencias de los hospitales.

Desde entonces se conoció a lo ocurrido como el “halconazo” o la “masacre del “jueves de Corpus”, un hecho que incluso una fiscalía especial calificó décadas después como “genocidio”, pero por el que nadie fue condenado.

El motivo de la protesta

La protesta del “jueves de Corpus” se dio en respaldo a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, del norte del país, que se habían ido a huelga por conflictos con el gobierno estatal.

Le sumaron sus propias demandas, como la liberación de presos políticos y la democratización de la educación pública.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La marcha exigía la liberación de presos políticos de 1968, entre otras demandas.

“Hay un golpe brutal a las movilizaciones sociales y populares en 1968, pero los estudiantes se continuaron organizando”, señala Ovalle, autor de Tiempo suspendido, un libro que documenta – incluso con archivos clasificados – lo ocurrido entorno a episodios como el de 1971.

Los universitarios en la ciudad de Monterrey pidieron la solidaridad del resto del país, así que los alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Politécnico Nacional (IPN), las dos instituciones superiores más importantes del país, respondieron al llamado.

En ese contexto, alumnos de la UNAM y del IPN convocaron la marcha del 10 de junio.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

INEHRM
La manifestación estudiantil no estaba autorizada por el gobierno. Pero los jóvenes dijeron que había garantías de que sería pacífica.

Pese a que la huelga de la UANL ya se había suspendido antes de esa fecha, y las demandas se habían atendido, los estudiantes de Ciudad de México decidieron mantener la cita para protestar.

El inicio del ataque

A las 4 de la tarde, la protesta dio inicio con unos 10 mil estudiantes concentrados en el Casco de Santo Tomás, uno de los campus del IPN.

Planeaban caminar hacia el Zócalo, la plaza más importante de Ciudad de México.

“Era una marcha no autorizada. Entonces los estudiantes se encuentran calles bloqueadas por granaderos y policías que impiden que avance la marcha o que tomen otras calles”, explica Ovalle.

Jóvenes protestan el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
La policía y el ejército no buscaba disuadir activamente la protesta, pero sí bloquearon calles.

Resueltos a avanzar pacíficamente, habían caminado un kilómetro cuando se encontraron con el grupo de los “halcones” – reportes dicen que eran al menos 400 o 500 – en el cruce de dos avenidas.

Esta vez no eran uniformados de la policía del Departamento del Distrito Federal (DDF), ni del ejército, los que intentaban “romper” la protesta, como en 1968. El ataque vino de jóvenes vestidos de civil que cargaron contra el contingente estudiantil.

“Los halcones estaban esperando en el punto definido para el ataque. Sí había algunos infiltrados en la marcha, pero el grueso del grupo paramilitar entra por esa parte de la avenida y se lanza en contra de la manifestación”, explica Ovalle.

Miembros del grupo los "Halcones"

INEHRM
Los miembros de los “halcones” fueron armados con apoyo de la policía y el ejército, según se supo después.

Víctor Guerra, uno de los líderes estudiantiles de la época, relata que él estaba integrándose a la marcha cuando empezó todo.

“Vi que la policía se bajaba para apoyar a los halcones. Vi cómo les proporcionaban varas de bambú. Minutos después de eso empezaron los disparos“, explicó Guerra a la agencia estatal mexicana Notimex.

“Fue una ratonera”

Como luego reconocería el coronel Manuel Díaz Escobar, entonces funcionario del DDF, los “halcones” fueron financiados y capacitados por el gobierno. El militar también había estado al frente del batallón “Olimpia” que atacó a los estudiantes de la masacre de 1968.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM

El grupo portaba varas de bambú porque fueron entrenados en artes marciales y usaban los palos como arma kendo. La película “Roma”, de Alfonso Cuarón, así lo retrata.

Pero su actuación fue combatida por los estudiantes aquel 10 de junio.

“Son repelidos por los manifestantes. Y al ver la resistencia, se repliegan. Entran en su lugar halcones que ya llevan fusiles M-1 y otras armas de fuego que comienzan a disparar contra la manifestación”, explica Ovalle en base en la documentación que obtuvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los “halcones” utilizaron armas de fuego incluso en hospitales.

Por su parte, Guerra cuenta algo similar: “Vi a un sujeto, en una foto muy famosa, que está disparando afuera de la Escuela Nacional de Maestros, hincado, disparando hacia adentro”, relata.

También asegura que desde lo alto de un edificio contiguo pudo ver disparos “hacia la multitud”.

Fue un ataque indiscriminado, que tuvo toda la intención de dispersar a los manifestantes y, nuevamente, mostrar el poder del Estado, pues la policía y el ejército respaldaron las acciones.

“Fue una ratonera (…) Como la táctica de yunque y martillo: hay una fuerza que empuja al enemigo contra una fuerza superior que los aplasta“, explica el historiador.

El “remate” en hospitales

La manifestación se dispersó al transcurrir los siguientes minutos.

Muchos estudiantes intentaron esconderse en las escuelas, negocios y viviendas de la zona. Pero ni los heridos, que habían llegado a clínicas como el Hospital Rubén Leñero estuvieron a salvo.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Algunos recuentos indican que ese día murieron hasta un centenar de jóvenes, pero la documentación muestra que fue una treintena.

“Hay periodistas, pacientes, médicos y enfermeras que fueron testigos de cómo grupos de halcones entraron al hospital y agredieron a estudiantes con armas de fuego”, explica Ovalle.

La acción se calificó como el “remate” de los heridos, documentado en numerosas notas y crónicas en los medios que, pese al control informativo del gobierno en aquella época, salieron a la luz ya que los periodistas fueron también atacados.

“La prensa estaba muy enojada con el gobierno federal. Estaban tan molestos que Luis Echeverría tuvo que reunirse con ellos a los dos días del ataque para ofrecer disculpas”, señala Ovalle.

Estudiantes protestando en México el 10 de junio de 1971

CUEC-UNAM
Las autoridades de ese entonces culparon de lo ocurrido a los propios universitarios. Luego se sabría que no fue así.

Nunca se ha podido determinar cuántas víctimas hubo. Pero se calculan unos 30 muertos, cientos de heridos de distinta gravedad y decenas de detenidos.

Un “genocidio” descalificado

El líder estudiantil Félix Hernández dice que si bien la “represión” de 1968 “no se justifica y no se entiende”, la del 10 de junio “se entiende menos”.

“El gobierno decidió no utilizar a la tropa uniformada. Entonces utilizó a los halcones, un grupo paramilitar que, sin embargo, estaba formado por exmilitares o militares en activo”, señaló Hernández a Notimex.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Los periodistas también fueron atacados por los “halcones”, lo que dio pie a la publicación de notas y crónicas muy negativas para el gobierno.

En una primera reacción, la Procuraduría General de la República (PGR) indicó que, en base en una investigación, había determinado que un grupo de estudiantes estaba armado.

“Muchos de los integrantes portaban palos, varillas y otras armas”, dijo la PGR al diario El Universal. Otro grupo cargó “contra los manifestantes y fue cuando se provocó una riña colectiva en la que se dispararon armas de diverso calibre”.

Las autoridades constataron la “existencia de francotiradores que hacían sus disparos en contra de los manifestantes y de la policía”.

Pero con el paso de los días, reconocieron que los “halcones” era un grupo que había sido entrenado por el gobierno.

Luis Echeverría

Getty Images
Luis Echeverría gobernó México entre 1970 y 1976.

El alcalde Alfonso Martínez y su jefe de policía, Rogelio Flores, renunciaron a sus cargos. El presidente Luis Echeverría ordenó una investigación.

Cincuenta años después, nadie ha sido juzgado ni encarcelado por lo ocurrido.

En la década de 2000, el gobierno de México creó una fiscalía especial para investigar sucesos como el de 1971. Se intentó que el expresidente Echeverría fuera procesado por “genocidio”.

La Suprema Corte determinó que ese delito no había prescrito para Echeverría y su secretario de Gobernación (Interior), Mario Moya Palencia, por lo que podían ser juzgados.

Pero la magistrada del caso, Herlinda Velasco, consideró que no se acreditaba el delito de “genocidio”, sino de “homicidio simple”, que sí había prescrito luego de transcurridos más de 30 años de lo ocurrido.

Miembros del grupo los "Halcones"

Paco Ignacio Taibo II/La Jornada
Nadie fue encarcelado ni juzgado por la matanza de 1971.

Para Ovalle, la matanza del “Halconazo” se explica dando un paso atrás y mirando qué ocurría en aquellos momentos en México.

“El 71 no fue una repetición del 68”, sostiene. “Fue parte de la estrategia contrainsurgente” para combatir a grupos sociales, en momentos en que el comunismo se consideraba un peligro geopolítico en el occidente liderado por Estados Unidos.

“No fueron eventos excepcionales, medidas exageradas de fuerza. Era parte de la estrategia contrainsurgente que el gobierno tenía desplegadas”, señala el historiador.

“Hoy a simple vista parece un error, volver a cometer una masacre, pero no. En esos años había una estrategia en la que los sucesos de 1968 y 1971 cobran sentido”.


Fotografías del acervo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México.

El INEHRM y la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaria de Gobernación editaron una antología con documentos de agencias de inteligencia, cables diplomáticos y notas de prensa de México y Estados Unidos sobre el “halconazo. El libro estará en línea para su consulta y descarga gratuita en su web.


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