19S: 'Nunca terminaremos de agradecer a los rescatistas anónimos'
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A tres años del 19S: “Nunca terminaremos de agradecer a los rescatistas anónimos”

Damnificados de Jojulta, Morelos, y de San Gregorio, Xochimilco, dicen que nunca olvidarán el sismo, pero tampoco la solidaridad que llegó y la mano amiga que levantó escombros.
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20 de septiembre, 2020
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El sábado 19 de septiembre se cumplieron tres años del sismo de intensidad 7.1 con epicentro en la zona limítrofe entre Puebla y Morelos, y que dejó 369 víctimas mortales -228 en la Ciudad de México-, miles de damnificados en Morelos, Puebla, Guerrero, y Oaxaca, y daños materiales millonarios en edificios públicos, así como en inmuebles comerciales y particulares.

Animal Político entrevistó a damnificados que narran cómo han sido estos tres años en los que, además de sus hogares, están tratando de reconstruir sus vidas tras el temblor.

Lee: Las heridas que dejó el 19S: “Escuchar la alerta sísmica es vivir de nuevo la pesadilla”

“Jojutla se cayó”

Segundos después de que la tierra y todo a su alrededor dejó de moverse, lo primero que hizo la chef de 41 años Aurora Jiménez fue tomar entre sus manos temblorosas el teléfono celular.

Aun no conocía la magnitud de lo que acababa de suceder ese 19 de septiembre, pero en su respiración agitada sentía que el temblor que acababa de pasar de largo no era uno cualquiera, ni siquiera para la Ciudad de México, tan habituada a los embates de las oleadas sísmicas.

Respiró hondo y marcó el número de sus padres, que viven en Jojutla, en el vecino estado de Morelos.

No hubo respuesta.

Marcó entonces a su hermana, a su cuñada, a sus sobrinas, a amigos, pero la misma voz enlatada repetía que no había respuesta.

Aurora trató de calmarse. Se dijo así misma que lo más normal es que en Jojutla todo estuviera bien, puesto que, pese a su cercanía con la Ciudad de México, a unos 130 kilómetros de distancia, allá no son frecuentes los temblores, salvo algún evento esporádico y de baja intensidad.

Por eso, cuando al fin logró comunicarse, lo que le comunicaron la dejó helada.

-Jojutla se cayó. Todo está destruido.

De inmediato, la chef subió a su carro y como pudo fue abriéndose paso desde la colonia Polanco hasta las instalaciones del Tec de Monterrey en el sur de la ciudad, donde su hermano Ernesto da clases y donde las primeras noticias informaban que una estructura se había desplomado matando a cinco estudiantes.

El camino a Jojutla fue de película apocalíptica: las carreteras estaban colapsadas de carros que trataban de escapar de la ciudad, y los policías federales y el ejército no se daban abasto indicando a los automovilistas que en tal lugar se había producido un deslave y que un poco más adelante varios puentes habían sufrido daños severos.

Al final, a eso de las seis de la tarde, los hermanos Jiménez llegaron atravesando el ingenio de Zacatepec hasta Jojutla. Ya en el pueblo, consiguieron reunirse con sus padres, doña Graciela Magallón y don Pancho Jiménez, que estaban refugiados en casa de un familiar.

“Mi mamá estaba con una bata llena de sangre por una herida en la cabeza. Pero fue un descanso verla sana y salva y en pie”, explica Aurora.

Pero lo que no estaba en pie fue la casa donde su familia vivió 38 años, en pleno centro de Jojutla.

Ni tampoco la veterinaria de su padre.

“Mi padre, que no es muy expresivo, me dijo: ‘Mira hija, hazte cuenta de que cayó una bomba y lo destruyó todo”.

Aurora se subió a la bicicleta y fue abriéndose paso lentamente a través de los escombros y de la oscuridad del ocaso de la tarde hasta la zona de desastre.

“Veía a la gente caminando como ida. Nadie te saludaba, ni decía nada. Todos estaban en silencio. Fue un shock enorme”.

Cuando llegó a su calle, Aurora se llevó las manos a la cara: el hogar de su familia era un amasijo de escombros, hierros retorcidos, y pedazos de estructura, de la que por suerte pudieron salir a tiempo sus padres, su cuñada y sus cuatro sobrinos. Una suerte que lamentablemente no tuvieron otros vecinos de la misma calle y de otros lugares del pueblo, donde murieron 20 personas ese día.

“Era como si una máquina pesada hubiera entrado al pueblo a destruir todo a su paso”.

Poco después de la tragedia, llegó la solidaridad: cadenas humanas de rescatistas anónimos llegaron en masa a Jojutla a echar una mano.

“Eso es lo único bonito que saco de ese día -dice Aurora-. El cariño de la gente”.

“Aunque no te conocieran de nada, las personas se acercaban y te daban su suéter, o te buscaban agua, comida, zapatos, medicinas, o se ofrecían simplemente a estar contigo, a acompañarte durante la tragedia. Es algo que nunca olvidaremos”, asegura la morelense, que entre risas añade que recordar esas imágenes de jóvenes voluntarios, cargados con picos y palas, ayudando a remover escombros en busca de supervivientes, la ha llevado a reflexionar que tal vez no todo está perdido de cara al futuro.

“Los veías con tanto entusiasmo ayudando… Que pensabas, ‘ah, caray’, pues a lo mejor México va a estar mejor de lo que pensamos. Hay mucho que corregir, claro, pero nuestros jóvenes son buenos. Es cuestión de impulsarlos”.

Cuartoscuro

Ahora, tres años después, Aurora dice que más que miedo al temblor, o a la temida alerta sísmica que desencadena los recuerdos de aquella pesadilla, la secuela más marcada que le quedó de la tragedia fue la ‘cachetada’ de realidad que el sismo le propinó.

“Lo que más me pegó fue darme cuenta de que, en 20 segundos, puedes perderlo todo”.

“Y no me refiero a perder tu casa, lo material -añade Aurora, que concluye la reflexión-. Mi miedo es a perder mi familia, mis seres queridos. Y ese temblor me hizo mucho más consciente de que quiero aprovechar cada segundo con ellos, porque la vida puede ser un abrir y cerrar de ojos”.

Entérate: Deudas, secuelas psicológicas y lecciones aprendidas: así reconstruyen sus vidas los damnificados del 19S

La ayuda que desbordó a San Gregorio

Al día siguiente del temblor, el 20 de septiembre, cuando la atención de los medios de comunicación estaba enfocada en los edificios colapsados en la capital, como la escuela Rébsamen, donde murieron 19 niños y siete adultos, o el Multifamiliar Tlalpan, o el inmueble de Álvaro Obregón 286, entre muchos otros, varios coches recorrían esa mañana la ciudad pidiendo ayuda para San Gregorio, un pueblo de la alcaldía Xochimilco, al sur de la ciudad.

-¡Vayan a San Gregorio! -gritaban desesperados-. Allí hay gente atrapada en los escombros y nadie nos ayuda. El sismo no fue solo en el centro de la ciudad.

El pedido de auxilio pronto se hizo viral en las redes sociales. Y esa misma tarde, miles de personas cargadas con picos y palas caminaron kilómetros por una estrecha carretera para ayudar a retirar los escombros en los barrios de San Marcos, Santa Cruz, San Luis Tlaxialtemalco, y en San Gregorio Atlapulco; una de las poblaciones más afectadas en Xochimilco por el temblor.

La respuesta fue tan abrumadora que, hasta las estrechas calles del centro del pueblo, donde el sismo arrancó de tajo el campanario de la iglesia, derrumbó cientos de casas, y dejó al menos 15 fallecidos, se colapsaron por la cantidad de gente que se trasladó a San Gregorio a ofrecer una mano.

María del Carmen Saldaña fue una de las muchas personas damnificadas de esa terrible jornada. El temblor zarandeó su casa hasta destrozarla, como hizo con al menos otras 1 mil 496 viviendas de San Gregorio que sufrieron daños de diversa consideración, entre las que 148 colapsaron. Y también fue de las primeras en organizarse, en reunir a vecinos para formar la asociación “19 de septiembre San Gregorio”, y lanzarse a la semana a la capital en busca de respuestas y apoyo de las autoridades gubernamentales.

Desde entonces, esas respuestas de la burocracia, aunque lentas, se han ido dando. Y si bien los obstáculos en estos tres años fueron múltiples -una reconstrucción muy lenta, falta de fluidez en los fondos dedicados a desastres, etcétera-, muchos vecinos como ella ya recibieron una casa nueva donada por la fundación Carlos Slim, por lo que ya está instalada en su nuevo hogar.

“Hay gente que sí ha aprovechado esta nueva oportunidad, de tener una casa nueva y empezar de nuevo”, plantea Saldaña. “Pero, aunque no se puede generalizar, también hay mucha otra gente que, aunque le dieron la casa, pues no la están aprovechando. Y por eso, poco tiempo después de la donación, ya ves casas que están sucias, sin mantenimiento, y sin ningún cuidado”.

Aun así, María del Carmen dice que las viviendas que les donaron son seguras y que fueron construidas a conciencia pensando en los posibles terremotos futuros. O ni tan futuros.

La nueva casa de María del Carmen

“En el último temblor fuerte, el del 23 de junio, yo creo que, para la mayoría de los pobladores de San Gregorio, y de toda la Ciudad de México, hubo unos cinco o diez segundos en los que todos aguantamos la respiración y pensamos que podría venirse otro gran desastre como el de hace tres años”, comenta.

Afortunadamente, el temblor solo ocasionó crisis nerviosas en la ciudad y daños en algunos inmuebles que ya estaban dañados por el 19S.

“Yo estaba en mi casa nueva cuando sonó la alerta. Salí y aun con el nervio me fijé en cuál era el comportamiento de la casa, de la estructura nueva. Y me di cuenta de que se movió uniforme, pareja, gracias a que tiene un diseño antisísmico. Eso, la verdad, me da mucha tranquilidad, porque sabemos que en la ciudad en la que vivimos va a seguir temblando en el futuro”.

María habla de futuro, aunque no puede evitar echar la mirada atrás, a esas escenas de solidaridad descritas unas líneas más arriba.

“El sismo fue algo terrible, un evento muy fuerte para muchas personas que lo perdieron todo, incluyendo a sus seres queridos. Pero también fue algo que nos renovó por dentro, que nos hizo mejorar como seres humanos”.

Y la muestra, asegura, está en esas imágenes que atesora en su memoria.

“San Gregorio y todos los damnificados nunca tendremos con qué pagar tanto apoyo. Muchos meses comimos, literal, de lo que la gente vino a traernos. Ha pasado el tiempo, y quizá no recuerde el nombre de aquel chavo, de aquel hombre o de aquella mujer, que vinieron a levantar mis escombros, a darme una mano amiga. Pero no tendré con qué pagarles por el resto de mis días”.

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Cómo la pandemia de COVID puede llevar a una revolución de las vacunas

Una tecnología prometedora en desarrollo desde hace 30 años utiliza la ingeniería genética para crear vacunas que son más baratas y fáciles de producir a gran escala.
25 de septiembre, 2020
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La enfermedad covid-19 está cambiando radicalmente muchas cosas, una de ellas puede ser cómo funcionan las vacunas.

La pandemia se ha convertido en una oportunidad para probar una nueva tecnología que se viene desarrollando desde hace 30 años.

Algunos científicos están usando la ingeniería genética para hacer que nuestras células produzcan una parte de un virus y así enseñarle a nuestro sistema inmunológico a protegernos de él.

Esto permitiría crear vacunas de forma mucho más rápida. Incluso pueden ser más simples de fabricar y más seguras de usar. Probablemente también sean más baratas.

Solo tenemos que probar que las vacunas genéticas, como se conocen, realmente nos protegen.

¿Oportunidad?

Nunca se hizo. Hasta la fecha, no existe tal vacuna aprobada para su uso en humanos.

Pero dos de las ocho vacunas contra la covid-19 que están en una etapa más avanzada de la investigación utilizan esta tecnología.

Una la fabrican las empresas Pfizer (Estados Unidos), BioNTech (Alemania) y Fosun (China). La otra está siendo desarrollada por la empresa estadounidense Moderna.

Ambas llegaron a la tercera y última fase de pruebas en humanos y se están aplicando a miles de personas para ver si son efectivas.

Las perspectivas son prometedoras, dice Norbert Pardi, profesor e investigador de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos.

Los estudios realizados hasta ahora apuntan a que estas vacunas generan una buena respuesta de nuestro sistema inmunológico y que son seguras.

“Aún necesitamos ver los resultados de la última fase, pero soy optimista. Creo que una o más de ellas serán aprobadas. Esto tiene el potencial de revolucionar el campo de las vacunas para enfermedades infecciosas”, opina Pardi.

Cómo funcionan las vacunas

La mayoría de las vacunas que utilizamos suponen la inyección de un virus o una bacteria en nuestro cuerpo para que el sistema inmunológico pueda identificar la amenaza y crear formas de defendernos.

En el caso de los virus, estos pueden estar debilitados (su capacidad para enfermarnos se ha reducido a niveles seguros) o inactivados (no pueden reproducirse).

Hombre delante de un mural con un dibujo de mujer con máscara.

Getty Images
Más de 32 millones de personas fueron contagiadas con el nuevo coronavirus en todo el mundo.

Existen también las denominadas vacunas de subunidades, en las que solo fragmentos característicos de un virus, como una proteína, por ejemplo, se producen en el laboratorio y se purifican para su uso en la vacuna.

La propuesta de las vacunas genéticas es diferente. En lugar de inyectarnos un virus o parte de él, la idea es hacer que nuestro propio cuerpo produzca la proteína del virus.

Para ello, los científicos identifican la parte del código genético viral que contiene las instrucciones para elaborar esta proteína y nos la inyectan.

Una vez absorbida por nuestras células, funciona como un manual de instrucciones para la producción de la proteína viral.

La célula produce esta proteína y la exhibe en su superficie o la libera en el torrente sanguíneo, lo que alerta al sistema inmunológico.

Las ventajas de las vacunas genéticas

La inmunóloga Cristina Bonorino explica que, en el caso de vacunas atenuadas o inactivadas, es necesario cultivar una gran cantidad de virus para utilizarlo como materia prima.

Las vacunas genéticas no necesitan esto.

Simplemente basta con crear en el laboratorio la secuencia genética deseada.

Esto requiere una estructura de producción mucho más reducida.

“El costo probablemente también sea menor”, dice Bonorino, quien es profesora de la Universidad Federal de Ciencias de la Salud en Porto Alegre y miembro del comité científico de la Sociedad Brasileña de Inmunología.

Márjori Dulcine, directora médica de Pfizer Brasil, empresa que fabrica una de las vacunas genéticas, explica que, además de que este tipo de vacuna se produce más rápidamente a gran escala, también es flexible.

“Sabemos que el SARS-Cov-2 tiene una gran capacidad para mutar. Entonces, si eso sucede, podemos adaptarnos rápidamente”, asegura Dulcine.

Las vacunas genéticas también eliminan el riesgo de que una persona se enferme cuando se vacuna, lo que puede ocurrir cuando se utilizan vacunas con virus atenuados.

Los virus en ese estado se han manipulado para ser menos peligrosos, pero aun así pueden reproducirse lentamente.

Esto da suficiente tiempo al sistema inmunológico de una persona sana para que reaccione y, en el proceso, aprenda a combatir esa amenaza.

Pero, en casos más raros, si el paciente está inmunodeprimido, puede perder esta carrera contra el virus y enfermar.

“Con este tipo de vacuna no pasa eso, porque no usa un microorganismo vivo. Es completamente sintética“, dice Norbert Pardi, de la Universidad de Pensilvania.

El tiempo necesario para desarrollar una vacuna también se reduce drásticamente. Por lo general, lleva meses tener una vacuna lista para las primeras pruebas. Con las vacunas genéticas se tarda solo semanas.

Protesta antivacuna.

Reuters
Una parte de la población está en contra de las vacunas obligatorias.

“Moderna tardó 42 días desde el momento en que recibió la secuencia genética del virus para comenzar los estudios de la vacuna contra la covid-19. Esto es casi imposible con otras tecnologías”, afirma Pardi.

El científico también dice que las pruebas han demostrado hasta ahora que las vacunas genéticas contra la covid-19 han generado una reacción del sistema inmunológico al menos tan buena como la de las otras candidatas.

“Por lo tanto, no solo son más seguras y relativamente baratas de producir, sino que también son muy efectivas. Esto es muy importante”, analiza.

Vacunas de ADN vs vacunas de ARN

Pero si estas vacunas tienen tantas ventajas, ¿por qué todavía no hay ninguna aprobada para su uso en humanos? Una razón es que la tecnología es reciente.

La primera vacuna de la historia fue creada por el médico británico Edward Jenner hace poco más de 220 años, a principios de los siglos XVIII y XIX, para prevenir la viruela.

En contraste, las vacunas genéticas han estado en desarrollo durante poco más de tres décadas, y solo más recientemente han comenzado a dar resultados más alentadores.

En un principio se creía que sería mejor hacer este tipo de vacuna utilizando ADN, la molécula que contiene toda la información genética de un organismo y que nuestras células utilizan para fabricar las proteínas que componen nuestro cuerpo.

Pero para que esto suceda, el ADN primero debe transformarse en moléculas de ARN, que trasladan esa información a la parte de la célula donde se producen las proteínas.

Los científicos creían que al inyectarnos el ADN del virus, nuestras células podrían absorberlo y, una vez dentro de ellas, transformarlo en ARN para que luego se pudiera producir la proteína en ese microorganismo, lo que iniciaría la reacción inmune.

Pero las pruebas realizadas hasta ahora mostraron que las vacunas de ADN no producen una respuesta inmune lo suficientemente fuerte en humanos.

“No sabemos exactamente por qué”, dice Pardi.

Otra alternativa es usar ARN directamente. El problema es que esta molécula es capaz de generarnos una inflamación muy fuerte que nos puede matar.

También es mucho más inestable que el ADN y se descompone fácilmente en nuestro cuerpo.

“Tenemos en nosotros, en todas partes, enzimas que atacan al ARN. Si se inyecta sin estar protegido, se destruye rápidamente”, describe Jorge Kalil, director del Laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (Incor).

Pero en los últimos 15 años, los científicos encontraron una forma de envolver esta molécula para evitar que se descomponga y llegue a la célula. También lograron reducir el potencial inflamatorio del ARN.

“La expectativa es que, en algún momento a partir de ahora, cuando dominemos esta tecnología, muchas vacunas en el futuro serán de este tipo“, asegura Kalil.

¿Cómo son las vacunas contra la covid-19?

La pandemia ha creado algunas condiciones que probablemente acelerarán este proceso.

Covid-19 es una enfermedad nueva, muy contagiosa y mortal, para la que aún no existe una vacuna. Crear una es urgente.

Hacerlo suele costar decenas o cientos de millones de dólares, pero ahora los gobiernos y las organizaciones están invirtiendo mucho dinero.

Y cuando una vacuna esté lista, los países de todo el mundo estarán interesados en comprarla.

Frascos de vacuna covid-19.

Reuters
Se están desarrollando más de 170 pruebas de vacunas de covid-19

“La mayor dificultad para hacer una vacuna es el dinero, porque la técnica es relativamente sencilla”, dice la inmunóloga Cristina Bonorino.

“Ya existen vacunas de ARN patentadas, pero no se han comercializado. La pregunta es: ¿tiene mercado? Ahora hay mercado y una necesidad insatisfecha”, describe.

Según la Organización Mundial de la Salud, hay 40 vacunas genéticas entre las 187 que se están desarrollando contra la covid-19. Diez ya se están probando en humanos y las dos mencionadas anteriormente se encuentran en la última etapa de esta parte de la investigación.

El estudio de la vacuna de Moderna involucra a 30.000 participantes en Estados Unidos.

La investigación de Pfizer/BioNTech/Fosun también cuenta con 30.000 voluntarios en EE.UU. y otros países, incluido Brasil.

En ambos casos, las empresas ya estaban desarrollando vacunas de ARN para combatir otros virus.

En el caso de Moderna, se trataba del Nipah, un virus que transmiten los murciélagos y puede causar problemas respiratorios e inflamación en el cerebro potencialmente mortales.

Pfizer y BioNTech estaban creando una vacuna de ARN contra la influenza, que causa la gripe.

https://www.youtube.com/watch?v=sVc_VPSn_FI

El objetivo es hacer que nuestras células produzcan la proteína del coronavirus conocida como espícula, que tiene una gran capacidad para generar una respuesta del sistema inmunológico.

“Creo que estas vacunas tienen potencial. Los resultados publicados muestran que inducen la producción de una gran cantidad de anticuerpos que neutralizan el virus. La prueba final será ver si esta protección es duradera”, dice el inmunólogo Jorge Kalil.

El estudio de Pfizer durará dos años, pero la compañía espera tener los primeros resultados para presentarlos a las agencias reguladoras a fines de octubre y principios de noviembre.

El momento nos obliga a actuar con rapidez, seguridad y calidad. Nuestro papel es presentar datos robustos a las autoridades”, afirma Márjori Dulcine.

“Ellos son los que nos dirán si son suficientes”, concluye.


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