La comunidad indígena que cuida el bosque y construye su futuro
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Foto tomada de la página de Facebook de la comunidad.

La comunidad indígena en Chiapas que cuida el bosque y construye su futuro

En Chiapas, uno de los estados del país donde la deforestación aumenta cada año, los habitantes del ejido Monte Sinaí II El Fénix acordaron no seguir con el “desmonte”
Foto tomada de la página de Facebook de la comunidad.
Por Mary Paz Pérez Hernández / Mongabay
4 de octubre, 2020
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Para llegar al ejido Monte Sinaí II El Fénix es necesario recorrer 23 kilómetros de terracería antes de divisar las primeras casas. Conforme se avanza, los árboles dominan el paisaje; el bosque cobija, en muchos sentidos, a esta comunidad indígena que decidió dar un giro a su historia.

Monte Sinaí II El Fénix se ubica en Cintalapa, un municipio en el estado de Chiapas, al sur de México. Es un ejido joven: fue en junio de 1982, cuando Santiago Pérez Gómez llegó a los terrenos de lo que había sido una hacienda dedicada a la explotación forestal y a la siembra de café.

Lee: Luciérnagas iluminan la conservación de un bosque en México

En este lugar, sin caminos ni servicios de luz o agua, solo habitaba el pastor pentecostés Ramón Sánchez, quien dio nombre al lugar. Esos terrenos eran propiedad nacional. Los primeros habitantes recorrieron un largo camino para conseguir que el Estado les dotara de la tierra. Años después, cuando decidieron cambiar su relación con el bosque, trazaron nuevos senderos.

En Chiapas, uno de los estados del país donde crece la deforestación y predomina la tala ilegal, el ejido Monte Sinaí II El Fénix resalta porque sus habitantes —indígenas tzotziles y tzeltales— decidieron hacer a un lado el desmonte (tala) y apostar por el aprovechamiento forestal sustentable.

Hace casi 15 años, el ejido comenzó su andar por la silvicultura sostenible; hoy cuentan con una empresa forestal comunitaria, un certificado otorgado por el Forest Stewardship Council (FSC) y está a un paso de convertirse en una comunidad instructora sobre manejo forestal.

Dar forma a una comunidad forestal

Santiago Pérez, Abraham Hernández Velazco y Mateo López Sota, los primeros líderes en Monte Sinaí II, llegaron al lugar de diferentes pueblos; habían sido expulsados o desplazados de la región de los Altos de Chiapas, y andaban en busca de un lugar para establecerse.

Durante varios años, los indígenas fundadores del ejido y un grupo de mestizos, que también se encontraba en la región, protagonizaron diversos conflictos territoriales; eso terminó cuando, en 2001, el Tribunal Superior Agrario decidió dotar a cada grupo con tierras separadas. Al ejido Monte Sinaí II se le otorgaron 1080 hectáreas.

“Superar ese periodo les permitió generar la unidad y confianza necesarias para emprender el reto futuro del desarrollo forestal”, considera la doctora María del Carmen Legorreta Díaz, investigadora y especialista en desarrollo rural y regional del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En la actualidad, la comunidad de Monte Sinaí II tiene alrededor de medio millar de habitantes y 56 ejidatarios que comparten la propiedad de mil ochenta hectáreas.

En Monte Sinaí II, las mujeres tienen una participación importante; además de ser ejidatarias, también realizan trabajo forestal. Foto tomada de la página de Facebook de la comunidad.

Antes de que la silvicultura formara parte de su historia, la actividad principal del ejido era la agricultura para autoconsumo y la plantación de café.

“Antes nosotros desmontábamos el bosque para poder sembrar”, recuerda Franco Pérez, hijo de Santiago Pérez. Ahora, “tenemos a la naturaleza en su máximo esplendor”, dice Minerva Pérez, hablante de tzotzil, tzeltal y español, quien habita en el ejido y ha visto su desarrollo a través del tiempo.

Fueron varios factores los que llevaron a la comunidad a replantear su relación con el bosque: el paso del huracán Stan (2005), que acabó con 307 hectáreas de sembradío de café en el sureste mexicano; las plagas constantes en sus campos cafetaleros y los problemas legales que enfrentó el ejido por la tala ilegal en su territorio.

“El gobierno del estado de Chiapas nos apremió para iniciar el manejo forestal. La comunidad tuvo que adaptarse a la idea de que es mejor conservar los bosques que derribarlos”, comenta Franco Pérez.

El ejido comenzó a recorrer el camino para lograr que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) aprobara su Plan de Manejo Forestal, documento que es la guía para realizar un aprovechamiento de los recursos maderables y no maderables del bosque, con base en reglas y normativas que permitan la conservación del ecosistema, su regeneración y una disminución de la degradación del suelo.

.“¿Cómo vamos a comer?” Era una pregunta constante entre los miembros de la comunidad cuando se propuso, en la asamblea ejidal, tener un Plan de Manejo Forestal. Todos estaban acostumbrados a desmontar para sembrar maíz, frijol y papa. Para ellos —asegura la doctora Legorreta— era un sueño conservar el bosque y, al mismo tiempo, generar ganancias de su aprovechamiento.

“Los habitantes afrontaron esas resistencias y aceptaron nuevos desafíos, aunque involucraran un cambio de perspectiva cultural”, explica el doctor Mauricio Guzmán Bracho, investigador de la UNAM y quien, junto con la doctora Legorreta, realizó una amplia investigación sobre la comunidad titulada “La milpa y el bosque. Agencia constructiva del ejido Monte Sinaí II El Fénix.

En mayo de 2006, la asamblea general de ejidatarios aprobó que Monte Sinaí II apostara su futuro al manejo forestal comunitario.

Para pagar a los técnicos que realizaron los estudios necesarios para el Plan de Manejo Forestal y los trámites, la comunidad recibió el préstamo de un empresario de la región, quien les apoyó también al comprar la primera anualidad de madera que obtuvo el ejido.

A finales del 2006, Monte Sinaí II logró la autorización de su Plan de Manejo Forestal, el cual contempla destinar a la producción maderable 484 hectáreas de las mil ochenta que tiene el ejido.

Para garantizar un aprovechamiento forestal sustentable, las 484 hectáreas se dividieron en diez zonas; cada año se selecciona una de ellas para la corta de los árboles. Después en esa área se realizan trabajos para impulsar la regeneración del bosque. Por ejemplo, además de reforestar, se mantiene a los “árboles padre”, aquellos de mejor calidad, para que dejen su semilla, explica Víctor Hugo Sánchez Montoya, ingeniero agrónomo y especialista en sistemas de producción forestal que ha asesorado a la comunidad Monte Sinaí II.

Aquí puedes leer el reportaje completo 

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Por qué hace 100 años muchos en EU se negaron a usar cubrebocas contra la gripe española

En el peor momento de la gripe española de 1918 muchos estadounidenses se negaron a usar tapabocas, algo que también está sucediendo este 2020 con la pandemia de covid-19.
9 de agosto, 2020
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Manifestación en Estados Unidos contra el uso de mascarillas

Getty Images
Durante la pandemia de covid-19, se han organizado manifestaciones en contra del uso de mascarillas en Estados Unidos.

Todos hemos visto los titulares alarmantes: los casos de coronavirus están aumentando en 40 estados de Estados Unidos, con nuevos fallecimientos y tasas de hospitalización aumentando a un ritmo alarmante.

Los funcionarios de salud advirtieron que EE.UU. debe actuar rápidamente para detener la propagación o se correrá el riesgo de perder el control sobre la pandemia.

Para controlarlo existe un claro consenso de que se deben usar mascarillas en público y practicar el distanciamiento social.

Si bien la mayoría de los estadounidenses apoyan el uso de tapabocas, el cumplimiento generalizado y constante ha resultado difícil de mantener en las comunidades de todo el país.

Manifestantes se reunieron frente a los ayuntamientos de la ciudad de Scottsdale, Arizona; Austin, Texas; y otras ciudades para protestar contra los mandatos locales respecto a las mascarillas.

Varios alguaciles del estado de Washington y de Carolina del Norte han anunciado que no harán cumplir las normativas de uso.

He investigado extensamente la historia de la pandemia de 1918.

En ese momento, sin vacunas o terapias farmacológicas efectivas, las comunidades de todo el país instituyeron una serie de medidas de salud pública para frenar la propagación de una epidemia de influenza mortal: cerraron escuelas y negocios, prohibieron reuniones públicas y aislaron y pusieron en cuarentena a los infectados.

Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española

Getty Images
Titulares de periódicos de Chicago relacionados con la pandemia de gripe española que incluyen: “Redadas policiales en bares en la guerra contra la influenza”, “Toque de queda en la ciudad” y “Quien estornude sin taparse será detenido”.

Muchas comunidades recomendaron o exigieron que los ciudadanos usaran mascarillas en público, y eso, no los onerosos encierros, fue lo que provocó la mayor ira.

Por la patria

A mediados de octubre de 1918, en medio de una terrible epidemia en el noreste y brotes de rápido crecimiento en todo el país, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos distribuyó folletos recomendando que todos los ciudadanos usaran tapabocas.

La Cruz Roja sacó anuncios en los periódicos alentando su uso y ofreció instrucciones sobre cómo fabricar mascarillas en casa con gasa e hilo de algodón.

Algunos departamentos de salud estatales lanzaron sus propias iniciativas, sobre todo California, Utah y Washington.

En todo el país, los carteles presentaban el uso de mascarillas como un deber cívico: la responsabilidad social se había incrustado en el tejido social mediante una campaña de propaganda federal masiva en tiempos de guerra lanzada a principios de 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.

barrendero con una máscara en Nueva York

Getty Images
Siguiendo la recomendación de la Junta de Salud de Nueva York, es “Mejor ser ridículo que estar muerto”, un barrendero usa una mascarilla en octubre de 1918.

El alcalde de San Francisco, James Rolph, anunció entonces que “la conciencia, el patriotismo y la autoprotección exigen un cumplimiento inmediato y rígido” del uso de tapabocas.

En las cercanías de Oakland, el alcalde John Davie declaró que “es sensato y patriótico, sin importar cuáles sean nuestras creencias personales, proteger a nuestros conciudadanos uniéndonos a esta práctica”.

Sin orden

Los funcionarios de salud entendieron que cambiar radicalmente el comportamiento del público era una tarea difícil, especialmente porque a muchos les resultaba incómodo usar mascarillas.

Los llamamientos al patriotismo solo podían llegar hasta cierto punto.

Como señaló un funcionario de Sacramento (California), las personas “deben ser obligadas a hacer las cosas que son mejores para sus intereses”.

La Cruz Roja declaró sin rodeos que “el hombre, la mujer o el niño que no use mascarilla es ahora un negligente peligroso“.

Numerosas comunidades, particularmente en todo el Occidente del país, impusieron ordenanzas obligatorias. Algunos condenaron a los delincuentes a penas de cárcel breves y las multas oscilaron entre US$5 y US$200.

Juicio en un parque en San Francisco

Getty Images
En San Francisco,los jueces se salieron de las cortes y los juicios se hicieron al aire libre… pero sin mascarillas.

La aprobación de estas ordenanzas fue con frecuencia un asunto polémico. Por ejemplo, el director de salud de Sacramento tuvo que intentar varias veces antes de lograr convencer a los funcionarios de la ciudad de que promulgaran la normativa.

En Los Ángeles, no fue aprobada. Un proyecto de resolución en Portland, Oregón, provocó un acalorado debate en el consejo de la ciudad y un funcionario declaró la propuesta como “autocrática e inconstitucional”, y agregó: “Bajo ninguna circunstancia me pondrán un bozal como a un perro hidrófobo“. La medida no prosperó.

La junta de salud de Utah consideró emitir una orden obligatoria de mascarillas en todo el estado, pero decidió no hacerlo, argumentando que los ciudadanos sentirían una falsa seguridad y relajarían sus cuidados.

A medida que la epidemia resurgía, Oakland debatió una segunda orden de uso de tapabocas después de que el alcalde contara enojado que lo habían arrestado en Sacramento por no llevar una puesta.

Un médico prominente que asistió al debate comentó que “si un hombre de las cavernas apareciera… pensaría que los ciudadanos enmascarados son todos lunáticos“.

Con orden

En los lugares donde las órdenes de usar mascarillas se implementaron con éxito, el incumplimiento y el desafío se convirtieron rápidamente en un problema.

Barbería en Chicago en 1918

Getty Images
En Chicago, solo uno de los barberos de este local usa mascarilla, algo que, en este caso, es imposible para cualquiera de los clientes.

Muchas tiendas que no estaban dispuestas a rechazar clientela, no prohibían el ingreso a los desenmascarados.

Los trabajadores se quejaron de que los tapabocas eran demasiado incómodos para usarlos todo el día.

Una vendedora de Denver se negó porque dijo que “se le dormía la nariz” cada vez que se ponía una. Otra dijo que creía que “una autoridad superior al Departamento de Salud de Denver se ocupaba de su bienestar”.

Como lo expresó un periódico local, la orden de usar máscaras “fue casi totalmente ignorada por la gente; de hecho, la orden es motivo de burla”.

La regla fue enmendada para aplicarse solo a los conductores de tranvías, quienes luego amenazaron con hacer huelga. Se evitó una huelga cuando la ciudad flexibilizó la norma una vez más.

Denver soportó el resto de la epidemia sin ninguna medida que protegiera la salud pública.

En Seattle, por su parte, los conductores de tranvías se negaron a rechazar a los pasajeros sin tapabocas.

Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa máscara, Seattle, Washington, diciembre de 1918.

Getty Images
Un conductor de tranvía rechaza la entrada a un viajero que no usa mascarilla en Seattle, Washington, diciembre de 1918.

El incumplimiento estaba tan extendido en Oakland que los funcionarios delegaron a 300 voluntarios civiles del Servicio de Guerra para conseguir los nombres y direcciones de los infractores para que pudieran ser acusados.

Cuando entró en vigencia una orden de mascarillas en Sacramento, el jefe de policía ordenó a los oficiales: “Salgan a las calles y siempre que vean a un hombre sin tapabocas, tráiganlo o manden a buscar el carro”. En 20 minutos, las estaciones de policía se inundaron de delincuentes.

En San Francisco hubo tantos arrestos que el jefe de policía le advirtió a los funcionarios de la ciudad que se estaba quedando sin celdas en la cárcel. Los jueces y oficiales se vieron obligados a trabajar hasta altas horas de la noche y los fines de semana para despejar la acumulación de casos.

Protestas

Muchos de los que fueron sorprendidos sin mascarillas eran personas que pensaron que podían ir a hacer un mandado o al trabajo sin que los atraparan.

En San Francisco, sin embargo, el incumplimiento inicial se convirtió en un desafío a gran escala cuando la ciudad promulgó una segunda ordenanza sobre tapabocas en enero de 1919, momento en que la epidemia se disparó nuevamente.

Muchos denunciaron lo que consideraron una infracción inconstitucional de sus libertades civiles.

Policía estadounidense con máscara.

Getty Images
La decisión de arrestar a quienes no usaran mascarillas llenó las cárceles de “delincuentes”.

El 25 de enero de 1919 aproximadamente 2,000 miembros de la Liga Antimascarilla hicieron una manifestación para denunciar la ordenanza de tapabocas y proponer formas de derrocarla. Entre los asistentes se encontraban varios médicos destacados y un miembro de la Junta de Supervisores de San Francisco.

Ayer y hoy

Es difícil determinar la efectividad de las máscaras utilizadas en 1918.

Hoy en día, tenemos un creciente cuerpo de evidencia de que los revestimientos faciales de tela bien confeccionados son una herramienta eficaz para frenar la propagación del covid-19.

Sin embargo, queda por verse si los estadounidenses mantendrán el uso generalizado de mascarillas mientras la pandemia actual continúa desarrollándose.

Los ideales profundamente arraigados de la libertad individual, la falta de mensajes cohesivos y liderazgo en el uso de mascarillas y la desinformación generalizada han demostrado ser los principales obstáculos hasta ahora, precisamente cuando la crisis exige consenso y un cumplimiento generalizado.

Ese fue ciertamente el caso en muchas comunidades durante el otoño de 1918. Esa pandemia finalmente mató a unas 675,000 personas en EE.UU.

Ojalá que la historia no esté repitiéndose.


* J. Alexander Navarro es el subdirector del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Michigan.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee la nota original en inglés aquí.

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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