Del microscopio de juguete, al nobel: obra y frases de Mario Molina
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De la emoción por un microscopio de juguete, al nobel de Química: frases e investigaciones de Mario Molina

Molina llegó a contar que desde niño tuvo interés por la literatura y la música gracias a sus padres, para después tener sus primeros encuentros con la química.
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7 de octubre, 2020
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“Al recibir un telefonazo de Suecia, realmente me quedé muy sorprendido cuando me estaban anunciando que había recibido el premio Nobel, los primeros momentos no lo creía”, así narró Mario Molina el momento en que le notificaron el Premio Nobel de Química en 1995.

El investigador mexicano dijo que “por fortuna” uno de sus colegas suecos, quien era miembro del comité de selección del premio Nobel, le dijo que no era una broma.

Leer más: Muere Mario Molina, premio Nobel de Química mexicano

“Me dijo a mí sí, sí acabas de recibir el Premio Nobel, me di cuenta que no era falso”, dijo el único mexicano en ganar este reconocimiento, 21 años después de recibir el premio, junto con Frnak Sherwood y Paul Crutzen, por sus descubrimientos sobre la química atmosférica y la desintegración de la capa de ozono.

Lectura, música y ciencia sus primeros amores

Molina llegó a contar que desde niño tuvo interés por la literatura y la música gracias a sus padres, para después tener sus primeros encuentros con la química.

“Toda mi infancia tuve mucho apoyo de mis papás, teníamos una biblioteca muy buena en mi casa, así es que el interés por la literatura y por la música, por ejemplo se lo debo a mis papás, al ambiente que teníamos en nuestra casa.

“Yo empecé a tocar violín, me acuerdo muy bien de una experiencia que tuvieron mis papás. Un amigo músico les dijo que si yo no estaba dispuesto a dedicarle ocho o 10 horas todos los días que mejor lo dejara. Pero tenía yo la incertidumbre, música y ciencia y pues me decidí por la ciencia. Y es una cosa que lamento porque sí llegué a tocar suficientemente bien, aunque la música ha seguido siendo muy importante para mí todos estos años”, recordó.

Sus gustos por la lectura pasaron de las novelas de piratas, a las biografías de científicos famosos.

“Fue por eso que pedí de regalos juegos de química, microscopios y eso me fascinó. Me acuerdo un microscopio que me regalaron, dejé una lechuga en agua hasta que se pudrió, cuando puse una gotita de agua en el microscopio vi la cantidad de vida que había, que no se ve a simple vista, ese fue un descubrimiento muy importante”.

La química antes y después del nobel

Mario Molina aseguró que una de sus tías era química y fue quien lo inició en los experimentos sofisticados.

“Estudié en un internado en Suiza. Al regresar pude apoderarme de un baño y lo convertí en laboratorio. Empecé yo solo pero después con un par de amigos nos divertíamos juntos, antes de entrar a la universidad”, recordaba.

Consideraba “fascinante” cuando hacía un descubrimiento nuevo.

Incluso, después de ganar el premio nobel de química, el profesor Molina y su grupo de investigación publicaron una serie de artículos entre 1976 y 1986 que identificaron las propiedades químicas de compuestos que juegan un papel esencial en la descomposición del ozono de la estratosfera.

Después demostraron en el laboratorio la existencia de “una nueva clase de reacciones químicas que ocurren en la superficie de partículas de hielo incluyendo aquellas que están presentes en la atmósfera”, así como una nueva secuencia de reacciones que explican la mayor parte de la destrucción del ozono en la estratosfera polar.

El 20 de noviembre de 2013, Mario Molina recibió de parte del presidente Barack Obama la Medalla Presidencial de la Libertad.

En los últimos años de su carrera, Molina se dedicó a investigar la química de la contaminación en la baja atmósfera y colaboró con expertos para enfrentar el problema de la degradación de la calidad del aire en las grandes ciudades del planeta, especialmente grupos de contaminantes del aire en zonas urbanas, realizando importantes aportes al conocimiento y la solución de la contaminación atmosférica de la Zona Metropolitana del Valle de México.

También enfocó gran parte de su labor a la política de la ciencia conectada con el creciente problema del cambio climático e impulsando acciones globales a favor del desarrollo sustentable a la par de un desarrollo económico, de acuerdo con su semblanza oficial.

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Martes 13 y otras situaciones, objetos y animales que ¿traen mala suerte?

Según las creencias, el 13 es mala suerte porque es el número de quienes participaron en la última cena de Jesús antes de ser crucificado.
13 de octubre, 2020
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En martes, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes.

El dicho popular recomienda no hacer nada arriesgado el martes, por considerarse un día de mala suerte.

Se trata de un famoso refrán del idioma español que tiene su base en la superstición.

Según detalla la página web del Instituto Cervantes, esto se debe a que este día de la semana estaba consagrado a Marte, el dios de la guerra en la mitología latina, por lo que se consideraba un día de mal agüero para emprender algo importante.

También aclara que en la antigüedad tenía la misma connotación para los egipcios y los turcos y que algunos historiadores españoles relacionaban la superstición porque “los martes se produjeron algunas importantes derrotas de los moros a las tropas cristianas”.

La complicación del 13

Pero parece que, además de martes, el problema se agudiza cuando es 13.

Los países anglosajones tienen su versión también del día de mala suerte: el viernes 13.

Según las creencias, el 13 es mala suerte porque es el número de quienes participaron en la última cena de Jesús antes de ser crucificado.

También es el capítulo del Apocalipsis o Revelación de la Biblia y en el que habla de una bestia, la causa de todo mal.

Y hasta existe la fobia al número 13: la triscaidecafobia.

Número 13

Lo concreto es que no hay una bibliografía que respalde cada una de estas creencias populares que muchas de ellas se remontan a tiempos inmemoriales.

Pero la mala suerte no solo está representada en el número 13 (para muchos), sino que también se aparece en animales, acciones y determinadas situaciones, etc.

Pero, ¿por qué y cuáles son? En BBC Mundo hicimos un listado.

La sal derramada

sal

Durante siglos y siglos, la sal tuvo un rol importante en las culturas.

Desde utilizarla para condimentar y conservar los alimentos hasta utilizarla como una forma de moneda de intercambio que luego dio origen a la palabra salario.

Por eso, derramar sal es signo de mal presagio para muchos.

También existe la superstición de que no se debe pasar el salero de mano en mano, sino que se apoya en la mesa, por la misma razón anterior: por miedo a que se derrame.

¿Qué culpa tendrá el gato?

Gato negro

Muchas personas consideran que es mala suerte que un gato negro se cruce por delante.

Para el cristianismo, los gatos de color negro eran símbolos del mal y estaban asociados a las brujas.

Sin embargo, para la cultura egipcia eran animales de adoración.

La escalera

Mujer camina debajo de escalera

El origen de por qué pasar debajo de una escalera es de mala suerte también es variado.

Una escalera apoyada en una pared forma un triángulo, forma que el cristianismo representa la santísima trinidad, por lo que atravesarlo, era señal de desafiar lo sagrado.

Otra creencia sostiene que está relacionada a las ejecuciones por ahorcamiento, ya que el verdugo debía subir a una escalera para colocar la soga y luego para retirar el cuerpo.

Abrir paraguas bajo el techo

Este es otro caso de superstición que no tendría un origen común.

El paraguas es un antiguo invento chino que fue pasando de cultura a cultura para distintas funciones hasta la actualidad.

Pero en un principio el paraguas era utilizado por reyes como sombrilla para bloquear los rayos del sol, por eso abrirlo en un lugar con sombra era un sacrilegio.

Hombre sostiene un paraguas

Otra creencia sostiene que si una persona abre un paraguas bajo techo, se trata de una doble protección, por lo que trae mala suerte.

Y tal vez, el más racional de todos, es que si abres un paraguas dentro de tu casa, puedes causar un accidente.

Romper un espejo

Espejo roto

La creencia dice que si rompes un espejo tendrás 7 años de maldición.

Todo surge de la catoptromancia, que es la adivinación por medio del espejo.

El espejo era un elemento que se utilizaba para la magia por lo que si se rompía, el futuro sería aterrador.

La mala fama del pie izquierdo

Sin duda esta no aplicaría a los grandes jugadores de fútbol zurdos, pero es una creencia popular que la gente que se levanta por las mañanas de mal humor, es porque lo hicieron con el pie izquierdo.

Además, durante la historia, siempre se dio preponderancia a todo lo que sucedía a la derecha, por el movimiento de la tierra, la mayoría de las personas son diestras, los santos están a la derecha de Dios, etc.

Y, entre tantos otros motivos sobre lo malo del lado izquierdo, la mala suerte también estaría relacionada con que los pescadores no subían a una embarcación por babor, es decir por la izquierda.

Tijeras

Tijeras

La creencia popular sostiene que dejar las tijeras abiertas mientras no se usen son sinónimo de atraer mala suerte.

Otra sostiene que regalar tijeras equivale a desear el mal.

Si bien se desconoce su origen, en la mitología griega la Moira Átropos (una de las tres que decidían el destino) cortaba con tijeras el hilo de la vida.

Y hay más…

Si bien existen innumerables tradiciones que atraen la mala suerte, también existen muchas otras para evitarla y otras tantas que atraen la buena suerte.

Cruzar los dedos

Cruzar los dedos

Además de cruzar los dedos para protegerse de la mala suerte, también muchos lo hacen para pedir que un favor se cumpla, o cuando se quiere incumplir lo que se jura.

Aparentemente, en la antigüedad, existía la costumbre de que dos personas enlazaran sus dedos índices formando una cruz para expresar un deseo.

Tocar madera

Se cree que la madera es un elemento de protección, por eso cuando algo sucede muchos tocan madera para librarse de ese mal.

Su origen provine de los pueblos celtas en Europa que solían adorar a los árboles porque a través de ellos una persona se librara de una dolencia y la enviaba a la tierra.

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