Fiscalías resuelven 73 de más de 46 mil casos de tortura y desaparición
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Cuartoscuro

Impunidemia: fiscalías resuelven solo 73 de más de 46 mil casos de tortura y desaparición forzada

Informe retrata nula resolución en algunos de los delitos más graves y fallas estructurales en la Fiscalía General y fiscalías en estados pese a reformas para volverlas autónomas y más eficientes.
Cuartoscuro
8 de octubre, 2020
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En México se puede torturar e incluso desaparecer personas con la garantía de que casi nunca pasará nada.  En los últimos 13 años, las fiscalías de todo el país solo han resuelto con una sentencia condenatoria 73 de más de 46 mil casos denunciados e investigados por estos graves delitos. Una efectividad cercana al 0%.

Así lo revelan datos oficiales recopilados en el informe denominado “Fiscalómetro” elaborado por el Colectivo contra la “Impunidemia” que agrupa a mas de 20 organizaciones e institutos del país, y que busca retratar con datos y con historias el problema de la impunidad que padece México.

Leer más: México, uno de los países con mayores índices de impunidad, según informe

El documento señala que la impunidad es una pandemia que desde hace años golpea a México y que provoca que el 90% de los delitos no se resuelvan. Se trata de una “enfermedad” que también deja miles de muertos, y para la que que se han planteado soluciones que, pero que no se aplican.

Para retratar la gravedad de la pandemia, el colectivo identificó a partir de la recolección de datos oficiales el nivel de resolución de dos de los delitos de mayor impacto en cuanto a afectaciones a los derechos humanos: las torturas y las desapariciones forzadas.

Los datos entregados por la Fiscalía General de la República (FGR) y las fiscalías de 26 estados muestran que de 2006 a 2019, es decir en un periodo de 13 años, se iniciaron 46 mil 626 averiguaciones previas y carpetas de investigación por los delitos de tortura y desaparición forzada cometida por autoridades y/o particulares.

En el mismo periodo los poderes judiciales federal y de dichos estados reportan únicamente el dictado de 73 sentencias condenatorias. 

En proporción esto significa que, por cada 639 casos de tortura o desaparición forzada denunciados formalmente, solo hay una sentencia dictada. Es un nivel de eficacia de apenas el 0.15%; un nivel de impunidad del 99.85%.

Al revisar los datos por separado se advierte que el esclarecimiento de los casos de tortura es aún peor. Por este delito en específico, la FGR reporta 13 mil 560 averiguaciones y carpetas de investigación iniciadas, a las que se suman 21 mil 360 de las fiscalías de los estados. 

En contraste y en el mismo lapso, solo se reportaron 18 sentencias condenatorias a nivel federal y 16 sentencias a nivel local. Esto apenas equivale a un 0.09% del universo total de casos de tortura investigados.

En cuanto a las desapariciones forzadas, de 2006 a 2019 las Fiscalía federal reportó 556 carpetas y averiguaciones abiertas, mientras que las locales informaron de 11 mil 150, para un total de 11 mil 706 casos. En tanto, los poderes judiciales federal y estatal registraron en ese lapso 39 sentencias condenatorias por este grave delito.

Esto es un nivel de esclarecimiento del 0.33% en cuanto a los casos denunciados por desaparición forzada.

El informe también señala, aunque sin desglosar los datos, que existe un 98% de impunidad en cuanto a las investigaciones relacionadas por delitos cometidos contra la libertad de expresión (entre los que figuran homicidios y desapariciones de periodistas) y que han sido denunciados ante al FGR.

Animal Político por su parte, ha documentado previamente -en el especial Matar en México: impunidad Garantizada- que en el caso de los homicidios los niveles de impunidad también rebasan el 90%.

Entérate: En los estados más violentos se esclarece un crimen por cada 12 nuevos que se cometen

Las causas de la pandemia

El “Fiscalómetro” retrata algunas de las causas que han contribuido a que la FGR y las fiscalías del país no consigan resolver más delitos, pese a las acciones que se han emprendido en los últimos años.

En el caso específico de FGR lo que se advierte es que más allá de su evolución de la antigua PGR a una institución autónoma, en los hechos no se han implementado los cambios institucionales que se requiere, e incluso se ha ignorado y violado la ley orgánica de la propia institución.

“A 18 meses del nacimiento de la FGR, la Ley Orgánica ha sido incumplida, e incluso despreciada, por el propio Fiscal General, quien ha mantenido y ampliado la brecha con la ciudadanía, las víctimas de delito y las organizaciones de la sociedad civil que las acompañan”, indica el informe.

Entre las irregularidades que documenta el informe sobre la FGR están, por ejemplo, la designación del fiscal general y de los fiscales especiales de combate a la corrupción y derechos humanos que se realizaron sin que se analizaran a fondo los perfiles y sobre todo autonomía de los candidatos.

Peor aún -añade el estudio- es que la nueva estructura orgánica y funcional de la FGR que se diseñó para generar una mejor investigación del delito y atención a víctimas no se ha querido implementar. Algunos de sus puntos clave como la elaboración de un Plan de Persecución Penal y la instauración de un consejo ciudadano se han hecho a medias, o de plano se han incumplido.

En el caso específico del Plan de Persecución los organismos indicaron que lo único que existe es una versión preliminar que no fue elaborado con consenso de los ciudadanos, y que además es ilógico pues considera como una debilidad a la propia ley orgánica de la nueva institución.

En cuanto a las fiscalías estatales, los resultados de un monitoreo ciudadano realizado a 17 agencias del Ministerio Público entre 2016 y 2019 permitió identificar problemas operativos coyunturales que entorpecen seriamente una buena investigación y esclarecimiento de los casos.

Destacan cuatro focos rojos: la persuasión en agencias del Ministerio Público para que la gente no levante su denuncia; la apertura de carpetas de investigación por delitos distintos o clasificados mal intencionalmente; la falta de personal para indagar delitos (peritos, fiscales, etcétera); y la revictimización de los denunciantes, particularmente en el caso de mujeres víctimas de delitos sexuales.

¿Qué hacer? Víctimas al frente

En la conferencia virtual donde presentó el informe y el colectivo, la abogada Ana Lorena Delgadillo destacó que la impunidad tiene su origen en fallas estructurales dentro del aparato de justicia en México, cuyas consecuencias más allá de los números, son miles de víctimas que no reciben ni justicia ni reparación del daño.

Hay casos que el Colectivo destaca como el de la masacre de 49 personas cuyos restos fueron encontrados en Cadereyta Nuevo León, que lleva ocho años impune; el de la masacre de los 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, con 10 años impune; a desaparición de Rosendo Radilla Pacheco que ya cumplió 46 años sin esclarecerse; o la desaparición y posterior homicidio del periodista Moisés Sánchez en Veracruz, que ya acumula 4 años impune.

“Tenemos costos muy graves para las familias que viven casos de desaparición o de feminicidio, y donde no hay ninguna respuesta institucional ala demanda de justicia. Y en este debate de la impunidad creemos que las fiscalías no han recibido el foco suficiente al analizar el problema”, indicó.

En ese contexto el objetivo del “Colectivo contra la Impunidemia” será dar un seguimiento cercano a la actuación de la Fiscalía General y las fiscalías estatales del país, con el fin de exponer con datos e historias el avance o retroceso en el combate a la impunidad en México. Delgadillo dijo que también se documentarán las buenas prácticas que se detecten en el trabajo de las fiscalías.

“Lo que es urgente reconocer es que la impunidemia es nuestra crisis de crisis, es una de las pandemias mas letales para la justicia y para cualquier democracia. Tenemos un país donde se supera el 90% de impunidad y donde no creemos que podemos regresar a una normalidad en la que se repita esta impunidad. El país vive una enfermedad que subsiste, con consecuencias para miles de familias y grupos vulnerables”, dijo Delgadillo.

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Insomnio por el coronavirus: el fenómeno que nos está impidiendo dormir durante la pandemia

Las rutinas interrumpidas y la constante incertidumbre están contribuyendo a un aumento del insomnio. ¿Qué podemos hacer al respecto?
27 de enero, 2021
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Hombre con insomnio.

Getty Images
Muchos de nosotros ahora somos insomnes a causa de la pandemia.

El año nuevo viene con resoluciones. Uno de los objetivos más populares es, como era de esperarse, dormir más.

Pero hay un problema: la actual crisis del coronavirus ha hecho que descansar bien por la noche sea mucho más difícil.

Algunos expertos incluso tienen un término para ello: “coronasomnia” o “Covid-somnia(insomnia significa insomnio en inglés).

Este es el fenómeno que afecta a personas de todo el mundo cuando experimentan insomnio relacionado con el estrés de la vida durante la covid-19.

En el Reino Unido, un estudio de agosto de 2020 de la Universidad de Southampton, mostró que la cantidad de personas que experimentan insomnio aumentó de una de cada seis a una de cada cuatro, con más problemas de sueño entre las madres, los trabajadores esenciales y los grupos de minorías étnicas.

En China, las tasas de insomnio aumentaron del 14,6% al 20% durante el confinamiento más estricto.

En Italia se observó una “prevalencia alarmante” de insomnio clínico, y en Grecia, casi el 40% de los encuestados en un estudio de mayo demostraron tener insomnio.

La palabra “insomnio” se buscó en Google más en 2020 que nunca antes.

En resumen, muchos de nosotros ahora somos insomnes.

Con la pandemia en su segundo año, meses de distanciamiento social han sacudido nuestras rutinas diarias, borrado los límites de la vida laboral y traído una incertidumbre constante a nuestras vidas, con consecuencias desastrosas para el sueño.

A causa de ello nuestra salud y productividad podrían enfrentar serios problemas.

Mujer en la cama con insomnio.

Getty Images
Debido a la falta de sueño nuestra salud y productividad podrían enfrentar serios problemas.

Sin embargo, la magnitud del problema podría generar cambios. Podría introducir nuevos elementos en la forma en que tratamos los trastornos del sueño para volver a encarrilar nuestras vidas.

Vidas trastornadas

Es difícil vivir con insomnio, ya sea en una pandemia o no.

Tener problemas constantes para conciliar el sueño o tener un sueño de mala calidad puede provocar impactos a largo plazo en la salud, como obesidad, ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

La insuficiencia de sueño -que muchas autoridades sanitarias clasifican como menos de siete horas por noche- también afecta tu trabajo.

Muchos estudios han demostrado que aumenta las probabilidades de cometer errores, arruina tu concentración, aumenta los tiempos de reacción y afecta tu estado de ánimo.

El hecho de que muchos de nosotros experimentemos insomnio se debe a la actual configuración de difíciles circunstancias, “casi bíblicas”, dice el Dr. Steven Altchuler, psiquiatra y neurólogo que se especializa en medicina del sueño en la Clínica Mayo, una de las organizaciones de investigación médica más grandes de EE.UU.

“Si tienes insomnio, no eres el único. Gran parte del mundo también lo sufre. Es una consecuencia de todos los cambios que estamos experimentando con la covid “, señala.

Hay múltiples factores en juego. En primer lugar, nuestras rutinas y entornos diarios se han visto alterados, lo que dificulta mantener intacto nuestro ritmo circadiano.

Mujer con celular en la cama.

Getty Images
“El insomnio es una consecuencia de todos los cambios que estamos experimentando con el coronavirus”.

Normalmente, nuestros días se llevan a cabo en un horario de despertadores, viajes diarios, descansos y horas de dormir, pero el coronavirus ha cambiado todo eso.

“Perdimos muchas de las señales externas que están presentes en las reuniones de la oficina o los descansos programados para el almuerzo”, dice Altchuler.

“Lo que estás haciendo es interrumpir el reloj de tu cuerpo”.

“Tu cerebro está condicionado: siempre que estás en tu lugar de trabajo estás trabajando, y luego cuando estás en tu casa, te estás relajando. Hay una diferenciación ahí. Ahora, estamos todos en casa todo el tiempo “, dice Angela Drake, profesora de salud clínica en la Universidad de California Davis, que trata a pacientes con trastornos del sueño y que ha escrito sobre el “coronasomnio”.

También señala el hecho de que cuando trabajamos desde casa, podemos hacer menos ejercicio y potencialmente menos exposición a la luz natural, los cuales contribuyen a dormir mejor.

También está la cuestión del rendimiento laboral.

Muchos países tienen el más alto desempleo en años, por lo que no sorprende que quienes están empleados quieran trabajar duro para mantener sus trabajos.

El problema es que trabajar desde casa puede difuminar las líneas que solían estar marcadas, y muchas personas informan que trabajan más horas u horas irregulares.

“Tendemos a tener límites mucho menos claros entre el hogar y el trabajo”, dice Altchuler. “La gente tiende a quedarse despierta más tarde”.

Mujer

Getty Images
Nuestra sensación general de incertidumbre y falta de control también puede alimentar los problemas del sueño.

Para muchos de nosotros, dejar el “trabajo en el trabajo” es ahora completamente imposible, y desconectarse de las listas de tareas pendientes y el estrés diario de la jornada laboral es más difícil que nunca.

A esto se suma el hecho de que extrañamos nuestros pasatiempos y amigos, canales vitales de relajación y alivio del estrés.

Muchos de nosotros estamos experimentando problemas de salud mental, que pueden contribuir a los problemas del sueño o viceversa.

Nuestra sensación general de incertidumbre y falta de control también puede alimentar los problemas del sueño.

Además, la longevidad de la pandemia también es un factor. Lo que comenzó como un período de “resguardarte” para jugar videojuegos y almacenar papel higiénico se ha convertido en un panorama de por vida que se siente como semipermanente.

“Al principio, la gente tendía a sentirse motivada para superar el estrés . Pero a medida que ésta continúa, la mayoría de las personas se vuelven menos capaces de afrontar la situación, lo que genera mayores problemas, incluido el insomnio”, señala Drake.

Algunos problemas de sueño se habrán vuelto “crónicos y duraderos”, agrega, porque la pandemia ha provocado en algunos casos retrasos en la obtención de tratamiento.

Esto debido a que las personas solo han buscado atención médica en emergencias, mientras que algunos centros de atención médica se han quedado cortos de personal o están abrumados con pacientes con covid-19.

De hecho, los trabajadores de la salud se han visto particularmente afectados por el insomnio durante los últimos 12 meses.

En diciembre, la Universidad de Ottawa analizó 55 estudios globales de más de 190.000 participantes para medir la relevancia del insomnio, la depresión, la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático (TEPT) desde el comienzo de la pandemia.

Todos los trastornos aumentaron al menos 15% entre los trabajadores de la salud, y el insomnio registró el mayor aumento, de casi 24%.

Altchuler señala que el insomnio está “comúnmente asociado con el trastorno de estrés postraumático” y, ya sea que sea un trabajador de salud de primera línea o no, es común que el insomnio aumente después de eventos mundiales grandes y negativos.

En general, cada vez que alguien experimenta un trauma, ya sea una emergencia de salud generalizada como covid-19, un desastre público como el 11 de septiembre o algo más individual como un accidente automovilístico, puede experimentar problemas persistentes del sueño que acompañan al TEPT.

Cómo resolverlo

Los expertos dicen que es importante buscar ayuda cuando persisten los problemas para dormir, especialmente en estos días.

“Dado que la pandemia ha continuado durante un período de tiempo significativo, no solo un par de meses, existe una alta posibilidad de que las tasas de insomnio no disminuyan”, dice Lisa Artis, directora ejecutiva adjunta de Sleep Charity en el Reino Unido.

“Porque si las personas no buscan ayuda cuando comienzan a sufrir con el sueño, es probable que sus problemas de sueño se conviertan en un trastorno del sueño, es decir, insomnio, y desafortunadamente no hay una solución rápida … Es difícil romper los hábitos que se han formado”.

Mujer con celular y televisión.

Getty Images
Estar expuestos a luz azul antes de ir a dormir retrasa la llegada del sueño.

Pero hay buenas noticias. Doce meses después de la pandemia, algunos expertos creen que ésta ha provocado avances en el tratamiento de los trastornos del sueño.

Altchuler apunta a la “rápida expansión de la telemedicina: medicina virtual y visitas virtuales” vinculada a la cuarentena y nuestra incapacidad o desgana para visitar las instalaciones médicas en persona.

El tratamiento más común para los problemas de sueño es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (conocida como TCC-I), que mejora tu “higiene del sueño” (no fumar ni beber antes de acostarse, por ejemplo) y entrena tu cerebro para asociar la cama con el sueño solo con cambios de comportamiento (no trabajar en la cama).

Un estudio de la Universidad de Michigan del año pasado mostró que los pacientes que buscaron TCC-I a través de la telemedicina recibieron un tratamiento tan efectivo como el que hubieran recibido en persona, lo que podría brindar un mejor acceso a la asistencia.

También hay cosas que las personas pueden hacer para tratar de abordar el problema.

“Una de mis grandes reglas es que no puedes trabajar en tu laptop en la cama”, dice Drake. “No me importa lo cómodo que sea”.

“Eventualmente, el cerebro asocia el trabajo con la cama, es una especie de refuerzo”.

También limita tu consumo de noticias para evitar la ansiedad que te mantiene despierto por la noche, no uses tu teléfono como reloj despertador (otro elemento asociado con el trabajo, además de que la “luz azul” que emiten los dispositivos es mala para su sueño) y voltea el reloj en tu mesita de noche para que no te estreses mientras intentas conciliar el sueño.

Y recuerda, estas circunstancias están lejos de ser ordinarias, por lo que no es sorprendente que estemos enfrentando desafíos.

“La última vez que hubo este tipo de evento fue hace más de 100 años”, dice Drake. “Esto no es algo que ninguno de nosotros haya experimentado antes”.


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