Inflación muestra una tendencia al alza desde mayo
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Cuartoscuro

#SemáforoEconómico: Inflación muestra una tendencia al alza desde mayo

Las altas tasas de inflación que afectan a las familias de menores ingresos es mayor que la que afecta a segmentos de mayor poder adquisitivo.
Cuartoscuro
20 de octubre, 2020
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La inflación general alcanzó una tasa anual de 4.01% en septiembre, saliéndose por segunda ocasión consecutiva, de la meta inflacionaria establecida por Banxico (3% +/- un punto porcentual). En agosto la inflación fue de 4.05% anual. En consecuencia, el #SemáforoEconómico de inflación de la organización México, ¿cómo vamos? se encuentra en rojo por segunda vez en el año.

El aumento sostenido de precios en los productos y servicios en el país se había mantenido dentro del objetivo del Banco de México por 14 meses consecutivos. El 2020 empezó con una tasa de inflación de 3.24% anual; en febrero ésta aumentó ligeramente y se ubicó en 3.70% anual, pero disminuyó -0.45 puntos en marzo, ubicándose en 3.25%. Con la llegada de la pandemia de COVID-19 y la implementación de las medidas de confinamiento, en abril la inflación general cayó a 2.15% anual, menor nivel desde diciembre 2015.

En mayo, la inflación subió a 2.84% y desde entonces ha mantenido una senda ascendente.

La inflación se puede desglosar de forma subyacente y no subyacente. En septiembre 2020 la inflación subyacente registró una tasa anual de 3.99%, nivel más alto para este componente desde marzo 2018 (4.02%). Por su parte, la inflación no subyacente alcanzó en septiembre 2020 una tasa anual de 4.10%, después de que en agosto registrara una tasa de 4.30% anual, mayor nivel desde mayo 2015 (5.78%).

La inflación subyacente corresponde al incremento continuo de los precios de un subconjunto de bienes y servicios que conforman el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). Este subconjunto excluye aquellos bienes cuyos precios son más volátiles y considera los precios de los bienes y servicios que tienen una evolución más estable, como los alimentos, mercancías no alimentarias, servicios de vivienda y educación, entre otros.

La inflación no subyacente está integrada por los bienes (agropecuarios, energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno) y servicios cuyos precios no responden de forma directa a las condiciones del mercado, sino que se ven altamente influenciados por condiciones externas como el clima o por las regulaciones del gobierno, y por lo tanto suele comportarse de manera altamente volátil.

La inflación es un indicador que permite evaluar el poder adquisitivo de la población. Las altas tasas de inflación afectan en mayor medida a los mexicanos que perciben menores ingresos, por lo que mantener una trayectoria estable de la inflación se vuelve una tarea importante, y objetivo fundamental del banco central.

La medición de la inflación se realiza a través de índices de precios que reflejan el crecimiento porcentual de una canasta de bienes y servicios. El Inegi utiliza el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), el cual mide el porcentaje de incremento en los precios de una canasta de bienes y servicios que adquiere un consumidor típico en México.

A raíz de la llegada de la pandemia de COVID-19 al país y las medidas de confinamiento implementadas, los cambios en la producción nacional y en la oferta de bienes, en las decisiones de compra de los mexicanos y las mexicanas, así como la alta volatilidad presentada en los precios de los energéticos, entre otros, repercutieron en la trayectoria de la inflación.

Por ejemplo, la gasolina de bajo octanaje en abril y mayo (meses de mayor afectación) tuvo fuertes caídas en su precio con tasas de inflación anuales de -23.81% y -17.3% respectivamente. También la tasa anual de inflación en el precio del arroz ha presentado mucha volatilidad en 2020, pues en febrero se ubicó en 3.9% anual, en marzo en 6.9% y en abril en 19%.

Por su parte, el precio del huevo registró una inflación anual de 42.4% en abril, después de que en marzo la tasa anual de inflación fuera 26.2%, posteriormente disminuyó y se ubicó en 19.2% en julio y registró un fuerte descenso para ubicarse en 2.0% anual en septiembre.

Las bebidas alcohólicas también mostraron un alza en sus precios; en marzo 2020 su tasa anual de inflación fue 4.0%, misma que subió a 5.8% abril y a 9.1% en mayo, pero después bajó a 7.4% en junio.

En específico, el arroz y las bebidas alcohólicas pertenecen al componente subyacente, esto es, al subconjunto que considera bienes con precios no volátiles, mientras que la gasolina es parte de los bienes que se contemplan para el cálculo de la inflación no subyacente. Sin embargo, en los meses de mayor afectación por la pandemia, muchos de los bienes de ambos componentes (subyacente y no subyacente) mostraron un comportamiento volátil al presentar fuertes incrementos en sus precios.

Es en este contexto, el Inegi anunció el pasado 8 de octubre la publicación mensual del nuevo subíndice del (INPC), llamado Índice de Precios de la Canasta de Consumo Mínimo (IPCCM). El propósito de este nuevo índice es dar seguimiento a las variaciones de los precios de la Canasta de Consumo Mínimo, la cual está integrada por un subconjunto de 176 productos y servicios genéricos de la canasta del INPC. Estos productos y servicios fueron seleccionados del contenido de las canastas alimentarias y no alimentarias de los ámbitos rural y urbano que usa el Coneval y representan una canasta de bienes más restringida y que responde a los patrones de consumo de las familias mexicanas de bajos ingresos que solamente pueden cubrir sus necesidades básicas.

El IPCCM permite medir las variaciones en los precios de los productos que atienden a las recomendaciones de nutrición y energéticas alimentarias, así como de bienes y servicios de carácter esencial como vestido, transporte, salud, educación y recreación, entre otros.

En septiembre 2020, la inflación de la Canasta de Consumo Mínimo fue de 4.47%, nivel mayor en 0.46 puntos a la inflación general, la cual consideran un listado de productos genéricos mayor. Este desempeño muestra que el impacto inflacionario fue mayor en el poder adquisitivo de las familias que cuentan con menores ingresos, ya que los precios de los bienes y servicios que satisfacen sus necesidades de consumo (contemplados en la Canasta de Consumo Mínimo) presentaron una mayor variación en los precios que la observada en el INPC nacional. Esta situación refleja el hecho de que dichas familias se encuentran en una mayor vulnerabilidad en términos de pobreza laboral y pobreza alimentaria.

El reciente desempeño observado tanto en la inflación nacional como en el nuevo subíndice presentado por el Inegi hace unas semanas, permite ver el impacto que ha tenido la crisis económica causada por la llegada del COVID-19 al país sobre los precios de los bienes y servicios que consumen las familias mexicanas más vulnerables.

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La gran escasez de productos que afecta al mundo (y por qué puede producirse un efecto látigo)

Autos, madera, muebles, materiales de construcción, comida... muchos productos están agotados por un gigantesco cuello de botella en los envíos internacionales en medio de los cambios que ha provocado la pandemia en el comercio internacional.
13 de agosto, 2021
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Es difícil imaginar que en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo, exista escasez de ciertos productos.

Pero comprar un auto nuevo, muebles o materiales de construcción, dejó de ser una tarea fácil.

En muchos casos los consumidores deben esperar meses antes de conseguir el producto que están buscando.

Es que el atasco en la salida de contenedores desde los principales puertos del mundo está provocando interrupciones intermitentes en las cadenas de suministro.

Y como muchas empresas mantienen los inventarios al mínimo para abaratar costos, cuando ocurren situaciones como éstas, se quedan sin la cantidad de productos necesarios para satisfacer la demanda.

“Algunos consumidores no van a encontrar las cosas que necesitan”, advirtió Neil Sunders, analista de comercio minorista de la consultora GlobalData Retail.

Una demanda que ha crecido en los últimos meses en el contexto de una reactivación económica tras un 2020 que marcó una de las peores recesiones globales de las últimas décadas.

El problema es que con la pandemia se alteró el ritmo del flujo del comercio internacional y cuando aumenta el consumo en varios países a la misma vez, los puertos, las vías oceánicas, los trenes y aviones que transportan los productos no dan abasto.

Como tampoco han dado abasto algunas industrias que producen piezas esenciales para la fabricación de otros productos, como es el caso de los microchips.

Autos, computadoras, muebles, ropa, comida

Justamente la escasez de semiconductores le ha provocado problemas a los fabricantes de autos, computadoras, laptops, celulares o consolas de videojuegos.

“Puede tomar uno hasta dos años antes de que la industria se pueda poner al día con la demanda”, declaró el director ejecutivo de la empresa Intel, Patrick Gelsinger.

Kia Telluride

Getty Images
Algunos autos tienen meses de demora en su entrega.

Lo mismo está pasando con algunos materiales para fabricar ropa, zapatos, comida… la lista es interminable.

Con un equilibrio tan precario, un tifón en China o el cierre de una fábrica en Vietnam por covid-19, genera una especie de caos.

“Nadie puede conseguir nada”, dijo Steve Lamar, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado. “Compra tus regalos de navidad ahora”.

Como muchos contenedores están varados en algunos puertos, el precio de los fletes se ha disparado.

Fábrica de zapatillas

Getty Images
Muchas marcas globales tiene sus fábricas repartidas por Asia. Cualquier interrupción en la cadena genera retrasos en la llegada de productos.

Y algunas firmas como Legwear & Apparel, que fabrica productos para marcas como Puma, Champion y Skechers, confirmó que los costos de los fletes han escalado.

Christopher Volpe, director de Operaciones y Finanzas de la compañía, dijo en declaraciones al diario Washington Post que están pagando unos US$24.000 para enviar contenedores desde Asia a EE.UU., cuando el precio solía ser US$2.000 antes de la pandemia.

Las historias de restaurantes que han tenido que cambiar su menú se repiten todos los días, desde Corea del Sur a Estados Unidos.

Aunque estas sean situaciones excepcionales, la disrupción del comercio internacional es una tendencia.

“Hasta bien entrado 2022”

Algunos vendedores minoristas han dicho que solo tienen suficientes productos para satisfacer la demanda por un poco más de un mes, una situación que implica uno de los más bajos niveles de inventarios desde 1992, según la Oficina del Censo de EE.UU.

Contenedores en China

Getty Images
Uno de los efectos de la pandemia ha sido la interrupción del equilibrio en las cadenas globales de suministro de productos.

Hay mucha incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en el futuro, más ahora que la variante Delta del coronavirus está propagándose con mayor velocidad.

Las interrupciones en el suministro podrían continuar “hasta bien entrado 2022″, declaró hace unos días el presidente de la Reserva Federal de St. Louis, James Bullard.

Según como evolucione la demanda y la oferta, habrá unas semanas en que los consumidores verán escasez de ciertos productos y más tarde serán otros.

En estos días se ha hecho más difícil encontrar materiales de plástico para embalaje, bolsas de papel, carne o aceite para cocinar.

A veces se debe a problemas con el flujo de trenes y camiones, otras veces porque no llegó el envío internacional, o por falta de mano de obra.

Un nuevo desequilibrio

“Creo que el principal efecto de la escasez global de muchos bienes será un mayor desequilibrio de inventarios en el futuro”, dice Willy Shih, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard.

Ante la escasez actual, explica en diálogo con BBC Mundo, las empresas están pidiendo órdenes adicionales o tratando de conseguir sus productos a través de canales logísticos obstruidos.

Fabricación de contenedores

Getty Images
El “efecto látigo” se produce cuando las empresas compensan en exceso la escasez y terminan con demasiado stock.

Con el tiempo, cuando los proveedores se pongan al día, “es probable que veamos excedentes en muchas áreas”, apunta.

Es parte del desequilibrio en el sistema.

“Esto sucedió con los rollos de papel higiénico durante el último año. Primero hubo desabastecimientos y luego excedentes”, explica el economista.

Es lo que se conoce como el “efecto látigo” en las cadenas de suministro. Ocurre porque las empresas compensan en exceso la escasez y terminan con demasiado stock.

“Otra cosa que será difícil de evitar serán las presiones inflacionarias. Muchos costos de logística han alcanzado récords últimamente y, eventualmente, alguien tiene que pagar por ellos”, señala Shih. “Posiblemente serán los consumidores”.

Y, por otro lado, las empresas más pequeñas que no puedan traspasar los costos, se exponen a una situación crítica en sus finanzas.

Precios de los embarques disparados

En Europa el fenómeno es similar.

Las tarifas de flete desde Shanghái a Rotterdam (Países Bajos) han aumentado hasta 596% en comparación con el precio del año pasado, según las últimas cifras del Drewry World Container Index.

Según cálculos de Bloomberg, los cuellos de botella de la cadena de suministro global han multiplicado las tarifas en las rutas populares hasta seis veces en el último año.

Así, los costos de envío más altos y las dificultades para reabastecer los inventarios rápidamente, argumentan expertos, terminarán afectando a los consumidores en la mayor parte de los países.

Efectos globales que llegan a América Latina

Una situación que ya está dejando huellas en América Latina.

Bodega de productos

Getty Images
Consumidores latinoaméricanos han tenido que esperar meses por algunos productos.

“Nunca había visto algo así”, cuenta Blanca Figueroa desde Chile, una profesora jubilada que hace poco llegó a vivir a su nuevo departamento en Santiago y le ha resultado muy difícil conseguir todos los productos que necesita.

“Es muy difícil comprar. He buscado sillones, mesas, sillas, camas. Para conseguir algunos productos hay que esperar meses“, agrega.

Una situación parecida se vive en otros países de la región.

Por ejemplo en El Salvador, los precios del acero y derivados como el hierro, así como tubos PVC, pintura, solventes y productos a base de plástico han aumentado a causa del incremento en el valor de los envíos internacionales y el alza en el precio del petróleo, en un margen que bordea el 30% o el 50% según el producto.

Es que el sector de la construcción en Latinoamérica ha tenido complicaciones para conseguir varios de los suministros que necesita, tal como ocurre en Estados Unidos.

“Los precios de los fletes marítimos internacionales han pegado mucho y el aumento de la demanda provocó que bajara la capacidad de espacio para estos países en desarrollo”, dijo el gerente de sucursales de Viduc Ferreterías, Danilo Blanco, a El Diario de Hoy.

Trabajadores de la construcción

Getty Images
El sector de la construcción es uno de los más afectados en Latinoamérica.

En México, el valor de los productos de la industria química, el plástico y el hule lideraron el aumento de precios en el país en el mes de julio, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En el caso de los autos usados, también han subido los precios, como ha ocurrido en varios países de la región.

“Estamos viendo un incremento en los precios, tanto por una mayor demanda, como porque no hay vehículos nuevos en el mercado”, dijo Alejandro Guerra, director general de Kavak, una empresa dedicada a la compraventa de autos “seminuevos”, en declaraciones al periódico Expansión.

En diálogo con BBC Mundo, Gerardo Tajonar, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), dijo que las disrupciones en las cadenas de suministros han afectado a varios sectores del país, particularmente la manufactura.

“Las empresas mexicanas no tenían un plan de contingencia, las tomó por sorpresa. Por eso hay que crear estrategias de mitigación de riesgo”.

Trabajadora en fábrica

Getty Images
La manufactura en México ha sentido el impacto de las disrupciones en las cadenas de suministro a nivel global.

El mes pasado, cuenta, el comercio internacional de México (importaciones y exportaciones subió cerca de 30%). Sin embargo ahora, con la llegada de una tercera ola de covid-19, el futuro se vuelve un poco más impredecible.

“A nivel del consumidor yo diría que se ha visto un aumento de precios en bienes más bien suntuarios como autos, productos de diseño, ropa de marcas, pero no en la canasta básica”, agregó.

“Más que escasez,yo diría que hay falta de variedad en algunos productos“.

Quien tampoco ve una perspectiva estratégica global muy clara para enfrentar estas contingencias es Gerard Reinecke, especialista principal en Políticas de Empleo, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“El problema con las cadenas globales está influyendo en el empleo, pero aún no tenemos cómo cuantificarlo, es demasiado pronto”, explica.

De todos modos, si las cosas continúan así, los consumidores se verán afectados por precios más altos en algunos productos o tendrán que esperar más tiempo para conseguirlos.

Durante la pandemia, los costos de transporte de las importaciones en Latinoamérica se han disparado. Por ejemplo, el costo del flete de un contenedor entre Shangái y América del Sur antes de la crisis sanitaria era de unos US$2.000 promedio.

Ahora subió a cerca de US$7.000, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

Contendedores

Getty Images
El precio de los fletes marítimos en la región se ha disparado.

Según Mauricio Claver-Carone, presidente del BID, la pandemia ha expuesto las vulnerabilidades de la región, pero también está dando una gran oportunidad para resolver los problemas.

“Tenemos que facilitar la inversión en las cadenas de suministro y aumentar la integración intrarregional”, le dice a BBC Mundo.

Una integración escasa, agrega, considerando que Latinoamérica es una de las regiones menos integradas del mundo, lo cual aumenta la dependencia de la región de los productos importados.

Solo el 14% de nuestro comercio ocurre a nivel intrarregional, comparado con el 59% de Europa y el 41% de Asia Oriental, explica Claver-Carone.

Por décadas los expertos en comercio internacional han recomendado mejorar la integración regional, pero lo cierto es que poco se ha avanzado.

Según Gerard Reinecke, Latinoamérica podría rearticular algunas cadenas a mediano y largo plazo pero, hasta ahora, “no hay muchos indicadores de que eso esté ocurriendo”.

Tal parece que ante el nuevo escenario y la incertidumbre que provoca la variante delta del coronavirus, las empresas y países que no reaccionen a tiempo, o que no tengan la capacidad de asegurar un flujo constante de suministros, pueden comenzar a quedar rezagados.

Quién llevará la delantera

En medio de las alteraciones inducidas por la pandemia, “estamos viendo cambios importantes en la ventaja competitiva internacional“, le dice a BBC Mundo William Lazonick, presidente de la Red de Investigación Académico-Industrial de EE.UU. y profesor de la Universidad de Massachusetts.

Trabajador de empresa tecnológica

Getty Images
Los problemas logísticos en el comercio internacional pueden cambiar la ventaja competitiva de algunos países.

Cambios en industrias esenciales relacionadas con la aeronáutica, la microelectrónica, los equipos de comunicación, la energía limpia o los productos farmacéuticos.

Es que la escasez global de muchos bienes no solo refleja los efectos de la pandemia y la política de las empresas de mantener inventarios reducidos al mínimo en las últimas décadas.

Refleja también, dice Lazonick, que las principales empresas estadounidenses de alta tecnología han “desperdiciado su liderazgo mundial” y pone sobre la mesa dudas sobre qué tan agresivas han sido algunas empresas en repartir dividendos sin hacer las inversiones necesarias para cuando se producen momentos de emergencia como el actual.


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