A Laura la asaltaron y golpearon, fue al ISSSTE, firmó el alta y no aparece
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A Laura Denisse la asaltaron y golpearon, fue al ISSSTE, firmó el alta y ahora no aparece

Laura firmó su alta del Hospital Regional del ISSSTE, ubicado sobre Calzada Ignacio Zaragoza, en Iztapalapa, tras acudir luego de sufrir un asalto y ser golpeada, y desde entonces su familia no sabe nada de ella.
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23 de octubre, 2020
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El domingo 18 de octubre, Laura Denisse Esquivel Benítez llamó a su madre para decirle que por favor acudiera a su domicilio a cuidar a sus tres hijos ya que ella debía ir al hospital porque la acababan de asaltar, la habían golpeado, y su esposo había ido a trabajar.

La llamada, cuenta en entrevista la señora Leticia Benítez, la recibió alrededor de las 8 de la mañana. Luego a mediodía Laura se volvió a comunicar con ella para avisarle que estaba en el área de urgencias del Hospital Regional del ISSSTE, ubicado sobre Calzada Ignacio Zaragoza, en Iztapalapa, para revisión.

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Laura le contó que le dolían las costillas y que no podía respirar bien, luego le preguntó a su mamá si ya estaba con sus hijos y si ya habían desayunado.

Ambas llamadas fueron muy rápidas y ninguna se hizo desde el celular, cuando ella avisó sobre el asalto le advirtió que no le llamará más al móvil pues se lo habían quitado.

Laura firmó su alta en el hospital ese mismo día, alrededor de las 4:15 de la tarde, y desde entonces su familia no sabe nada de ella.

Al no tener noticias, la señora Leticia se trasladó al hospital del ISSSTE donde llegó a las 8 de la noche, ahí le informaron que el registro indicaba que la habían dado de alta, que tenía un esguince y le habían recetado naproxen.

Saliendo del ISSSTE, cuenta la señora Leticia, salen unas combis que van hacia Santa Bárbara, Ixtapaluca, en el Edomex, lugar donde vive Laura con su esposo y sus tres hijos de 4, 5 y 9 años, y es la que debió haber tomado.

El doctor que le dio informes le dijo que por tratarse de un caso legal era posible que su hija hubiera acudido a denunciar al ministerio público.

Sin embargo, la familia acudió a la agencia que les corresponde pero les dijeron que nadie con ese nombre se había presentado a denunciar.

Laura Denisse tiene 36 años, es Licenciada en Derecho, trabaja como maestra de secundaria impartiendo la materia de formación cívica y ética.

Por la pandemia de COVID-19 trabaja desde su casa dando clases en línea a sus alumnos.

“Me decía que era muy estresante porque tenía que atender a los hijos y a la vez a los estudiantes”, cuenta su mamá.

“Ella es muy afecta a ir a los restaurantes, le gusta cualquier clase de comida. Le gusta la música cristiana, somos cristianos”, cuenta la señora Leticia, quien pide apoyo por si alguien vio o sabe algo de su hija, pues toda la familia está preocupada y sus pequeños preguntan por ella.

Según la ficha emitida por la Comisión Estatal de Búsqueda del Edomex, Laura Denisse es de complexión delgada, es de tez morena clara, mide 1.72 y como señas particulares tiene un lunar en la mejilla izquierda a la altura del pómulo. Vestía pantalón de mezclilla, blusa azul con cuadros rojos y botas hasta las rodillas.

Si tienes información de Laura Denisse puedes comunicarte a los teléfonos de COBUPEM 800 216 0361, 800 509 0927 o los teléfonos al pie del boletín.

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India: los desesperados mensajes para salvar a pacientes con COVID

Avani Singh es una de las miles de personas en India que ha tenido que recurrir a las redes sociales para obtener ayuda para su familia.
1 de mayo, 2021
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Mientras una segunda ola de coronavirus causa estragos en India, con más de 350 mil  casos reportados a diario, las familias de los enfermos de covid-19 buscan desesperadamente ayuda en las redes sociales.

Desde la mañana hasta la noche, rastrean cuentas en Instagram, dejan mensajes en grupos de WhatsApp y revisan sus guías telefónicas. Buscan camas en un hospital, oxígeno, el fármaco remdesivir y donaciones de sangre.

Es caótico y abrumador. Un mensaje de WhatsApp comienza a circular: “Dos camas de UCI libres. Minutos después, ya no lo están. Pasaron a ser ocupadas por quien llegó primero.

Otro mensaje: “Se necesita con urgencia concentrador de oxígeno. Por favor, ayuda”.

A medida que el sistema de salud se debilita, es la comunidad, el esfuerzo personal y la suerte lo que decide entre la vida y la muerte.

La demanda supera a la oferta. Y los enfermos no pueden darse el lujo de perder tiempo.

“Buscamos en 200 lugares una cama de hospital”

Cuando comencé a redactar este artículo el viernes, hablé con un hombre que buscaba oxígeno en WhatsApp para su primo de 30 años en Uttar Pradesh, un estado en el norte de India. Cuando terminé de escribir el domingo, había muerto.

Otros están agotados y traumatizados, después de días cargando en sus hombros el peso de encontrar un tratamiento que salve la vida a sus seres queridos.

“Son las 6 de la mañana, la hora a la que comenzamos las llamadas. Nos informamos de cuáles son las necesidades de mi abuelo para el día -oxígeno e inyecciones- lo compartimos en WhatsApp y llamamos a todas las personas que conocemos”, explica Avani Singh.

Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Avani Singh
Avani Singh con su abuelo, de 94 años, enfermo de covid en Delhi.

Su abuelo de 94 años está muy enfermo de covid en Delhi.

Desde su casa en Estados Unidos, Avani y su madre, Amrita, describen una extensa red de familiares, amigos, parientes y contactos profesionales, muchas veces lejanos, que les ayudaron cuando el abuelo cayó enfermo y su salud se deterioró rápidamente.

“Usamos todos los contactos que tenemos. Yo buscaba en las redes sociales. Algunas páginas que sigo dicen ‘tal lugar confirmado, tiene cama de UCI’ o ‘este sitio tiene oxígeno’. Entre todos probamos unos 200 lugares“, explica Avani.

Finalmente, a través de un amigo de la escuela, encontraron un hospital con camas, pero descubrieron que no tenía oxígeno. En esos momentos, el padre de Avani estaba inconsciente.

“Entonces publiqué una súplica en Facebook y un amigo sabía de una sala de emergencia con oxígeno. Gracias a ese amigo, mi padre sobrevivió aquella noche“, dice Amrita.

Cuando hablamos el sábado, su perspectiva había mejorado, pero la tarea que tenían por delante Avani y Amrita era conseguir inyecciones de remdesivir. Hicieron algunas llamadas, y el hermano de Amrita en Delhi viajó en auto hasta esos lugares, haciendo unos 160 km en un solo día.

“Mi abuelo es mi mejor amigo. No puedo agradecer lo suficiente a las personas que manejan esas páginas de Instagram por todo lo que están haciendo”, dice Avani.

Pero la información pronto se desactualiza. También les preocupan las informaciones falsas.

“Nos enteramos de que una farmacia tenía los medicamentos pero cuando mi primo llegó allí ya no quedaba ninguno. Abría a las 8:30 de la mañana y la gente llevaba haciendo cola desde medianoche. Solo los 100 primeros recibieron las inyecciones”.

“Ahora venden los medicamentos en el mercado negro. Deberían costar unas 1.200 rupias (US$16) y los venden por 100.000 rupias (US$1.334), y nadie te puede garantizar su autenticidad”, explica Amrita.

Como cualquier sistema que confía en conexiones personales, no todo el mundo recibe una oportunidad justa. El dinero, los contactos familiares y un alto estatus social brindan mayores posibilidades de éxito, así como el acceso a internet y los celulares.

Situaciones desesperadas

En medio del caos, algunas personas tratan de poner algo de orden, centralizando la información, creando grupos comunitarios y usando cuentas de Instagram para hacer circular los contactos.

Arpita Chowdhury, de 20 años, y un grupo de estudiantes en su universidad para mujeres en la capital gestionan una base de datos que ellas mismas recaban y verifican.

Arpita Chowdhury

Arpita Chowdhury
Arpita Chowdhury y otras estudiantes del Lady Shri Ram College, una Universidad en Nueva Delhi, crearon un grupo para coordinar la información en las redes sociales.

“Cambia hora a hora, minuto a minuto. Hace cinco minutos me dijeron que había un hospital con diez camas disponibles, pero cuando llamo ya no hay”, explica.

Con sus compañeras, llama a los números de contacto anunciados en las redes sociales que ofrecen oxígeno, camas, plasma o medicamentos, y publica la información verificada en internet.

Luego responde a las solicitudes de familiares de pacientes con covid que solicitan ayuda.

Es algo que podemos hacer para ayudar, a nivel más básico, dice.

Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
“Necesitamos dos camas de hospital para mis abuelos, ¿saben de algo?”, preguntan en un mensaje. “El Colegio Médico Doon tiene camas de UCI”, responden.
Arpita Chowdhury comparte información verificada en WhatsApp

BBC
-“SOS, oxígeno en Agra”. -“De acuerdo, averiguo”. “OXÍGENO. Ubicación: Agra, Uttar Pradesh. Disponible el 23 de abril a las 12 del mediodía. Verificado”.

El viernes, Aditya Gupta me dijo que estaba buscando un concentrador de oxígeno para su primo Saurabh Gupta, gravemente enfermo en Gorakhpur, una ciudad en el estado norteño de Uttar Pradesh en donde hubo un gran aumento de casos y muertes.

Saurabh, un ingeniero de 30 años, era el orgullo y la alegría de su familia. Su padre tenía una pequeña tienda y ahorró para que pudiera tener una educación.

“Visitamos casi todos los hospitales en Gorakhpur. Los hospitales más grandes estaban llenos y el resto nos dijeron: ‘Si logran obtener el oxígeno por su cuenta, podremos aceptar al paciente“, explicó Aditya.

A través de WhatsApp, la familia consiguió un cilindro de oxígeno, pero necesitaban un concentrador para hacerlo funcionar. Estaban agotados el viernes, aunque recibieron garantías de un proveedor de que podrían obtener uno.

Pero el dispositivo que tan desesperadamente necesitaban nunca llegó y Saurabh no puso ser ingresado en el hospital.

El domingo, Aditya me dijo: “Lo perdimos ayer por la mañana, murió delante de sus padres”.

Saurabh Gupta

Aditya Gupta
Saurabh tenía 30 años.

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