Enfrentamientos marcan el 52 aniversario de la matanza de Tlatelolco
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Cuartoscuro

Intento de marcha y enfrentamientos con la policía, a 52 años de la matanza de Tlatelolco

Cientos de personas recordaron a las víctimas de la masacre de Tlatelolco mientras un pequeño grupo se enfrentó con la policía.
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La conmemoración de la matanza de Tlatelolco, de la que se cumplieron 52 años, concluyó con enfrentamientos de jóvenes encapuchados con policías de la Ciudad de México. Al tiempo que el comité del 68 y organizaciones de la sociedad civil celebraban un mitin en la plaza de las Tres Culturas con participación de 2 mil 500 personas, según la Secretaría de Gobierno de la capital, un grupo de un centenar de integrantes mantuvo diversos enfrentamientos con la policía a lo largo de Eje Central. El balance de heridos: dos periodistas, tres policías y un ciudadano. 

Los riesgos por la pandemia de COVID-19 llevó al comité a cancelar la marcha. Durante toda la jornada se realizaron diversos actos de recuerdo en la plaza de las Tres Culturas. A las 15:00 horas comenzó un acto cultural en el que participaron sobrevivientes de la masacre, organismos sociales, padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa y normalistas de escuelas rurales.

Leer más: 2 de octubre: manifestantes enfrentan a policías, solo un contingente llega al Zócalo

No todo el mundo estaba conforme con eso de no marchar. No habían dado las 4 de la tarde y un pequeño contingente encabezado por una pancarta del Partido Comunista de México inició una marcha hacia el Zócalo. Actualmente la plancha está ocupada por las tiendas de campaña instalas por el Frente Nacional Anti AMLO (Frenaa), una organización de oposición al presidente, Andrés Manuel López Obrador. Por eso, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, advirtió que decidirían si permitían el acceso a la plaza dependiendo de las circunstancias. 

El primer grupo que se puso en marcha cruzó el Eje Central sin problemas. A su paso era visible el gran destacamento policial desplegado por el gobierno de la Ciudad de México. Llegados a la calle 5 de mayo, el contingente pudo enfilar hacia el Zócalo, vigilado por agentes de policía. El eje era una pasillo vigilado por uniformados. Aunque la mayor parte de los asistentes seguían en la plaza todas las miradas estaban puestas en la posibilidad de disturbios. 

Y estos llegaron media hora después. Casi al mismo tiempo que el contingente comunista enfilaba hacia el Zócalo avanzaba por el eje un grupo de unas 100 personas, vestidas de negro y en su mayoría encapuchadas. Al contrario que lo que ocurrió con el grupo anterior, en este caso los agentes formaron una barrera para impedir el paso. Fue en ese momento en el que se registraron los primeros incidentes cuando algunos de los encapuchados aventaron algunas piedras y bombas molotov contar la barrera de uniformados. Los policías, formados con escudos, respondían vaciando sus extintores.

Los manifestantes querían alcanzar el Zócalo, pero estaban superados por la policía en número. Y, sin darse cuenta, estaban encapsulados. Trataron de avanzar hacia 5 de mayo, pero era imposible. Retrocedieron hasta Tacuba, pero se encontraron con la misma barrera. Aventaron algunas piedras contra los policías y periodistas que se encontraban en uno de los extremos.

Encapsulados y sin opción de avanzar, el grupo pasó un par de horas decidiendo su próximo movimiento. Mientras, el mitin en la plaza de las Tres Culturas ya estaba en marcha. En Eje Central, sin embargo, no había mucha opción. Los jóvenes en medio de la calle , ya relajados. En las esquinas, los policías, formados con los escudos. La mediación de la Brigada Marabunta permitió desatascar la situación. Los jóvenes entregarían en una bolsa algunos de los palos y bombas molotov y la policía les permitiría regresar hacia la plaza.

Así que, dicho y hecho. Tras la mediación, los jóvenes entonaron “A las barricadas”, una de las canciones emblemáticas del anarcosindicalismo español durante su guerra civil de 1936, y emprendieron el regreso, encapsulados por los uniformados. El contingente avanzaba lento, entre cánticos contra la represión y los feminicidios y el paso lento de los policías. En un momento, los agentes pidieron que los manifestantes se retirasen la capucha, pero estos se negaron. “No son capuchas, son nuestros cubrebocas”, respondieron, irónicamente. 

A las 6 de la tarde, como manda el recuerdo, en la plaza de las Tres Culturas se hizo el minuto de silencio recordando a los muertos hace 52 años. Mientras, el pequeño contingente de manifestantes regresaba en aparente paz.

Algo ocurrió a la altura de Flores Magón, ya cerca de la plaza Tres Culturas, que los enfrentamientos volvieron a desatarse. En realidad, los manifestantes lanzaban piedras y los policías se protegían con escudos y aventaban algún extintor. 

Terminados los disturbios, el grupo se dispersó, mientras en la plaza continuaban los discursos. 

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Kate McHenry

'La pérdida de olfato por coronavirus hizo que la carne me sepa a gasolina'

Un fenómeno llamado parosmia ha dejado a algunos sobrevivientes de coronavirus en un mundo de esencias distorsionadas.
Kate McHenry
31 de agosto, 2020
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Perder la facultad de oler y degustar son dos síntomas asociados a la COVID-19.

Mientras muchos han recuperado sus sentidos, otros sufren un fenómeno llamado parosmia en el que tienen los sabores y olores distorsionados.

Para Kate McHenry, el agua de la pila deja un hedor horrible. Eso, junto a otro desagradable olor que destila al ducharse, significa que incluso el aseo se ha convertido en algo que debe enfrentar.

“Mi champú favorito tiene ahora el olor más asqueroso del mundo”, dijo McHenry.

Tras caer levemente enferma en marzo, esta inglesa de 37 años fue incapaz de oler algo durante cuatro semanas. Su sentido regresó poco a poco, pero a mediados de junio las cosas “empezaron a oler muy raras” y fueron reemplazadas por un “hedor químico horrible”.

Este hecho ha cambiado la vida de McHenry. Ha perdido peso, tiene ansiedad y añora el placer de comer, beber y socializar. Su problema es tan fuerte que este hedor le desborda incluso en lugares donde simplemente se cocina comida.

Le aterra pensar que ha perdido el sentido de olfato para siempre.

Kate McHenry y su pareja Craig Gordon.
Kate McHenry

Kate se siente culpable cuando su pareja le pregunta qué le apetece comer.

“Me encanta las buenas comidas, salir a restaurantes y beber con amigos, pero todo eso se ha ido. La carne me sabe a gasolina y el prosecco a manzana podrida. Si mi novio Craig se come un curry el olor es horrible. Le sale de sus poros y es difícil estar cerca de él”.

“Me entristezco cuando cocino en las tardes. Craig me pregunta qué quiero comer y me siento mal porque no hay nada que me apetezca. Sé que todo tendrá un sabor horrendo. Me asusta quedarme así para siempre”.

Comida que McHenry puede comer.

Kate McHenry
La pasta con queso es uno de los pocos platos que McHenry puede tolerar.

Las personas con covid-19 pueden perder su sentido del olfato porque el virus daña los nervios terminales de sus narices.

La parosmia puede producirse cuando esos nervios se regeneran y el cerebro es incapaz de identificar debidamente el olor real de algo.

Esta condición está habitualmente vinculada a los resfriados comunes, la sinusitis y las lesiones en la cabeza. Los que los sufren describen oler a quemado, humo de cigarro o carne podrida. En algunos casos el olor es tan fuerte que induce al vómito.

Aunque los profesionales reconocen que la parosmia es un signo de recuperación del olfato, para algunas personas puede tardar años en pasar.

Pasquale Hester

Pasquale Hester
Pasquale Hester afirma que lidiar con la parosmia le quita fuerzas.

Lavarse los dientes con sal

Para Pasquale Hester, también de Inglaterra, la pasta de dientes es uno de sus peores enemigos.

El gusto químico que desprende le produce tantas arcadas que ha empezado a lavarse los dientes con sal, que sabe normal para ella.

Como muchos otros afectados por coronavirus, pasaron semanas hasta que mejoró su sentido del olfato. Pero entonces comió curry por su cumpleaños en junio y se dio cuenta de lo distorsionado que estaba su gusto.

“Escupí la comida porque sabía a pintura. Algunas cosas se toleran mejor. El café, el ajo y la cebolla son lo peor. Puedo comer judías verdes y queso. Lo que me está pasando me afecta. No se lo desearía ni al peor enemigo”, dice Hester.

Lo que comer Pasquale Hester

Pasquale Hester
Un plato de judías verdes y queso es de lo poco que Pasquale puede comer.

Brooke Jones empezó con síntomas en abril y dio positivo por covid-19 una semana más tarde. Describe casi todo lo que huele como “carne podrida con algo sacado de una granja”.

Esta estudiante de 20 años hizo una lista de comida que puede tolerar: gofres tostados, pepino y tomate. Lo demás le disgusta.

“Trato de imaginarme el sabor de las cosas. Si como comida china, incluso si no sabe tan bien, me convenzo de que en realidad no está tan mal”.

Brooke Jones

Brooke Jones
Brooke Jones perdió el sentido del gusto y del olfato.

Impacto psicológico

Se desconoce el número de infectados por covid que han tenido parosmia, pero se estima que cientos de miles han perdido el olfato o gusto de forma temporal.

La profesora Claire Hopkis, presidenta de la Sociedad Rinológica Británica, advierte que hay una “creencia incorrecta generalizada” de que la pérdida de olfato por el virus es a corto plazo”.

“Sí, hay una gran probabilidad de recuperación, pero también muchas personas que perderán este sentido por un período largo de tiempo y ese impacto se está infravalorando“, agrega la especialista.

El olfato juega un rol importante en la memoria, el estado de ánimo y las emociones. Aquellos que sufren alguna disfunción se sienten recluidos.

“Cuando intento explicarlo, algunos piensan que es gracioso. Sé que las secuelas del coronavirus pudieron ser mucho peores, pero me afecta y asusta que nadie es capaz de confirmar si mejorará”, confiesa Jones.

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