Migrar en pandemia: las vías del tren volvieron a ser la ruta de migrantes
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Javier García

Migrar bajo las leyes del COVID: las vías del tren volvieron a ser la ruta de migrantes

Para sortear el contagio de COVID-19, cientos de migrantes han tenido que recurrir a rutas que ya estaban abandonadas, pero que les permiten avanzar sin ser víctimas de xenofobia
Javier García
Por Rodrigo Soberanes / Quinto Elemento Lab
10 de octubre, 2020
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Las maniobras de la locomotora para ir acomodando vagones atraían a personas salidas de las sombras y los escondrijos de los alrededores de las vías férreas de Tierra Blanca, Veracruz. Eran migrantes atentos a cazar el tren para seguir su camino.

“Nosotros venimos cuidándonos. La gente migrante tiene su precaución. Llevamos gel, venimos lavándonos las manos, bañándonos bien”, comentó detrás de su cubrebocas Roberto Gómez Hernández, de nacionalidad hondureña. Estaba al pie de las vías, con una mochila como único equipaje y un impermeable improvisado con una bolsa negra diseñada para guardar basura.

Gómez pasa de los 40 años y ejerce de líder de un puñado de migrantes que se fueron encontrando durante su recorrido desde la frontera sur mexicana hasta este peligroso punto de la ruta migratoria en Veracruz. 

Leer más: La caravana de migrantes en tiempos de COVID que se dirige a EU a un mes de las elecciones

“Ahorita como venimos en el tren, venimos todos sucios”, se excusó Roberto Gómez de manera espontánea, consciente de que la presencia de la población migrante no es bien vista entre los locales debido a los rumores que los señalan como portadores del virus. Enseguida mostró su frasco casi vacío de gel antibacterial. 

Un migrante se cubre de la lluvia en espera del tren al lado de las vías en Tierra Blanca. 

Mientras los maquinistas continuaban las maniobras de ensamblamiento de  vagones cayó la noche y llegó una lluvia que atenuó el sofocante calor de la zona cañera de Tierra Blanca, que espantaba a los viajeros de permanecer ahí. El otro factor era la inseguridad. Se trata de una zona conocida por los secuestros y violentos asaltos. A estos riesgos se le sumaba la posibilidad de agarrar el virus que también asesina.

Las medidas sanitarias en Tierra Blanca -el albergue cerrado, el primer cuadro de la ciudad y sus principales calles también cerradas y bajo  estricta vigilancia policial- mostraban  la gravedad de los contagios en esta zona del sur veracruzano, un paisaje repetido en los lugares que el grupo de migrantes liderados por Gómez había atravesado.

A mediados de julio de 2020, Roberto Gómez alcanzó una comunidad guatemalteca llamada La Técnica, al borde del río Usumacinta, frente a la frontera de México. Para llegar ahí, debió recorrer al menos siete horas en terracería trepado sobre uno de los pequeños camiones que salen de pueblos con nombres bíblicos del extenso departamento de El Petén. 

Esos camiones suelen detenerse en sitios donde polleros esperan reunir un cargamento de personas. También son interceptados por camionetas que recogen a sus clientes, quienes cambian de transporte a toda prisa y se pierden veloces en algún paraje fronterizo. 

Un tren realiza maniobras en Tierra Blanca, Veracruz, un lugar con fuerte afluencia de migrantes. 

Cuando el grupo liderado por Roberto Gómez cruzó el río Usumacinta, del lado mexicano, entró a la comunidad de Frontera Corozal, zona de vestigios arqueológicos para los turistas, pero de controles sanitarios y migratorios para los viajeros sin visas. 

“Entre Guatemala y México había una brigada de médicos, ahí nos chequearon y todo, nos tomaron la temperatura, nos dieron pastillas. Ahí caminamos tres días hasta Palenque (Chiapas). Ahí está fuerte la migra, lo corretean a uno y ahí agarramos el tren hasta acá”, contó el hondureño el 24 de julio cuando nos topamos en las vías..

Pese a la amenaza del COVID-19 la migración forzada no se ha detenido, aunque sí ha cambiado e impuesto nuevas dificultades a quienes se atreven a cruzar México en busca de la frontera con Estados Unidos, como constató Gómez y su grupo.

“El COVID es real, es un virus que está a nivel mundial y uno sinceramente tiene que irse adaptando. El COVID vino a quedarse, no se va a ir. Uno no puede estar esperando a que se vaya porque no se va a ir. ¿Qué vamos a hacer quedándonos en Honduras muriendo de hambre?”, explicó  Gómez humedecido bajo la lluvia. Su improvisado impermeable de hule no lo protegía.

En ese momento, su grupo estaba formado por cuatro inquietos hombres que aparecían y desaparecían del paisaje, en un vaivén incesante de la esquina de la purificadora donde les regalaban agua y comida, la búsqueda de sombras, el chequeo de las maniobras en las vías. Con el paso de las horas una veintena de personas se unirían.

Ahí vamos, con poco de nervios pero ahí venimos. Por lo que veo, esa enfermedad existe. Se han dado varios casos, ha habido muchas personas infectadas. Las personas lo toman a juego”, dijo Kevin José Enrique Reyes, un joven integrante  del grupo conocedor de que en Tierra Blanca el semáforo epidemiológico estaba en rojo. El peligro máximo de contagio.

Un grupo de migrantes se resguarda de la lluvia en Tierra Blanca esperando la hora de salida del tren hacia el norte del país. 

Tras los pasos de la migración 

Antes de llegar a Tierra Blanca, el tren pasó por Medias Aguas, una comunidad del municipio de Sayula de Alemán señalada como foco de secuestros. Es una zona ganadera donde se juntan dos rutas migratorias: las que comienzan en el norte de Chiapas y cruzan Tabasco -la que tomó Roberto Gómez- y la que inicia en el sur de Chiapas. 

Ahí, sobre las vías, se encontraba el joven paramédico de la Cruz Roja, Francisco Javier Beatriz, quien comentaba con los guardias de la estación el descarrilamiento de un tren apenas unos días antes, la tercera semana de julio. Fueron ocho vagones que transportaban varillas de metal, le dijo uno. Ningún migrante resultó lesionado porque, de pura suerte, no viajaban sobre el techo de los vagones volcados.

El descarrilamiento hizo visible la presencia de la migración en trenes de carga -según el paramédico- porque, al estar cerradas las vías por las obras de reparación, los polizontes que viajan en los trenes comenzaron caminar por las vías. Una escena que no se veía desde la llegada de las caravanas migrantes a finales de 2018.

“Aquí en Medias Aguas estuvimos atendiendo persona por persona, migrante por migrante. Hubo un aproximado de 70. Hicimos restauración de contacto con llamadas a sus domicilios en Centroamérica. Se les apoyó con víveres, suero y medicamento”, contó durante nuestra entrevista. El cansancio, la sed y el hambre que presentaban las y los viajeros obligaron a dar esta respuesta de emergencia. 

La brigada del paramédico Beatriz venía atendiendo a lo largo de cinco municipios en este sofoco sin brisa a migrantes que -según sus cálculos- tienen “un 90% más de vulnerabilidad” frente al COVID que las personas establecidas en  casas o albergues. . 

“Hasta el momento no nos ha tocado ni un migrante con síntomas de COVID. La verdad, nos sorprende, porque sabemos que son personas que están vulnerables a contagiarse. Toman agua de donde pueden, comen y descansan donde pueden”, dijo.

Entérate: El 60% de los migrantes de México y Centroamérica pospusieron sus planes debido a la pandemia de COVID-19

El descarrilamiento y los hallazgos de migrantes en lugares que ya no eran frecuentados reveló lo que ya sospechaban personajes claves en la atención humanitaria: el COVID-19 volvió a empujar a muchos a viajar colgados de los trenes. En tramos como este, esta peligrosa modalidad se convirtió en la principal opción de transporte. 

Con este cambio se desvanecía la manera segura de traslado, inaugurada en octubre de 2018, cuando integraban caravanas en las que miles de personas caminan juntas, sin pagar coyotes y esconderse. Ahora tenían que volver a la soledad, la clandestinidad y, con ello, volvían a enfrentarse a riesgos que se creía habían quedado en el pasado. 

Una persona, quien lleva años monitoreando el tránsito de migrantes y pidió ocultar su nombre, dijo que en marzo la organización donde trabaja contó cerca de mil personas viajando en trenes. Cuando la pandemia estaba en su pico máximo de contagio -entre abril y junio- no vieron más de 10 por mes. Sin embargo, a finales de julio ya notaban un repunte de personas migrantes sobre los vagones. Habían contado más de 200.

En Tierra Blanca, aunque el albergue no daba hospedaje a personas migrantes, sí   ofrecía comida y agua a quienes después se podía ver apoltronados en algún rincón sombreado de la ciudad, resguardandose del calor.

La noche del 24 de julio, los migrantes guiados por Gómez fueron saliendo de los rincones de Tierra Blanca. El grupo fue creciendo y cerca de la media noche podía verse una veintena de personas esperando bajo algún techo, protegiéndose de la lluvia, a que el tren enfilara hacia el norte.    

A 187 kilómetros de ahí, Gloria García Zamora, presidenta del Comité de la Cruz Roja en Acayucan, notó también que la población migrante llegó con “un poco de temor” por el rechazo social aunque, ella sabe que “en términos generales también están tomando las consideraciones de las secretaría de Salud”. Usan cubrebocas, se lavan las manos y toman otras medidas de higiene. 

Los dos voluntarios de la Cruz Roja coincidieron en que la población migrante tomó su “sana distancia” con respecto a gente mexicana que encontraba en el camino. Esa toma de distancia la orilló a  buscar las vías del tren y caminos despoblados, donde  realizaban caminatas kilométricas de varios días. Como si fueran apestados. 

Cuando inició la pandemia, en México ocurrieron episodios violentos contra los migrantes. El 27 de febrero una turba enardecida de habitantes de Oluta amenazó con linchar a 74 salvadoreños liberados de la estación migratoria de Acayucan, que fueron acogidos en el albergue Monseñor Guillerno Ranzahuer. La policía se vio forzada a intervenir para protegerlos. El 3 de marzo, un grupo de migrantes resguardados en un auditorio de Palenque, Chiapas fue desalojado de forma violenta. Los migrantes sobrevivieron, pero sus pertenencias fueron quemadas por la turba.

La Casa del Migrante Monseñor Guillermo Ranzahuer se encuentra en un paraje oculto de Ayaucan. Su director, José Luis Reyes Farías, nos explicó sentado en un potrero frente al refugio que el miedo al contagio por la pandemia, el rechazo de la población local y el aumento de controles migratorios aventaron a las y los migrantes a lo que llamó  “la ruta de la oscuridad”.

Obligados a viajar en trenes de carga y a cruzar selvas, potreros, ríos, lagos y hasta el mar, rodeando a las autoridades que quieren detenerlos, y sus revisiones carreteras y evitando también la desbordada desconfianza en los pueblos que encuentran en su camino, según Reyes.

Hacia las “rutas de la oscuridad”

Siguiendo por la ruta migratoria hacia el sur, ya en el estado de Oaxaca, la postal de calles y negocios cerrados, sumados a la reducida y silenciosa presencia de personas en las calles, incluso en horarios laborales, mostraban que el temor al COVID era cosa seria en los municipios de Matías Romero, Juchitán e Ixtepec, la cintura de la República. El cambio con respecto a Veracruz y sus ruidosos negocios en ebullición era notorio.

La entrada de personas a Ixtepec era controlada en un puesto de medidas sanitarias.

Para entrar a la ciudad de Ixtepec había que pasar un puesto de sanitización donde cada persona debe dejarse tomar la temperatura. En el caso de vehículos procedentes de la zona de Juchitán, los ocupantes tenían que justificar su presencia con un buen motivo -cuestiones de trabajo, visitas al doctor, citas importantes- de lo contrario, policías y funcionarios municipales impedían la entrada.  

El albergue Hermanos en el Camino, ubicado en Ixtepec y fundado por el famoso padre Alejandro Solalinde, cerró el 6 de abril aunque no habían detectado casos sospechosos entre sus usuarios. Cuando se instaló el semáforo rojo en la zona permitió quedarse a los pocos migrantes que se encontraban dentro. Por seis meses no permitió nuevos ingresos y sólo ofrecía orientación jurídica, pero fuera de las instalaciones. 

“En un principio en marzo y abril hubo una reunión entre el Comité Municipal de Ixtepec y el albergue. Al comité se hacían llegar esos comentarios, en el sentido de que temían que el albergue fuera un foco de infección”, explicó la asesora jurídica del albergue, Diana Mendoza. “Si de por sí ya antes existía un rechazo, lo del virus lo marcó más. No tendría por qué ser así. El virus es comunitario, ya está en el municipio”.

En las calles de la ciudad de Ixtepec era frecuente ver señales de advertencia colocadas por las autoridades.

En la ruta del sureste mexicano, además del oaxaqueño albergue Hermanos en el Camino, en Chiapas cerraron sus puertas los Albergue Belén (que al momento de esta publicación ya acepta 20 personas al día) y El Buen Pastor, de Tapachula; la Casa del Migrante Hogar de la Misericordia, de Arriaga; en Veracruz, el Albergue Decanal Guadalupano, en Tierra Blanca. Todos ellos formaban una especie de oasis de descanso en el camino de la migración forzada.

Por el momento, ante la pinza que forman la xenofobia, el virus y los retenes,  grupos como el liderado por el hondureño Roberto Gómez no tienen más opción que las peligrosas rutas de la oscuridad. 

“Es lamentable y duele no poder dar el acceso al espacio seguro que ellos requieren”, nos confió la asesora jurídica Diana Mendoza. 

Un sentimiento compartido por todas las personas que en esta zona llevan años intentando hacer que la travesía de aquellas personas forzadas a huir de sus países sea, al menos, un poco menos arriesgada, menos trágica, y algo más llevadera.

 

Quinto Elemento Lab es un laboratorio de investigación e innovación periodística con sede en México. Este reportaje forma parte de la serie de cinco partes “Migrar bajo las reglas del COVID” que puedes leer aquí.

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Qué se sabe de la vacunación masiva que Rusia prepara para octubre y por qué genera dudas

La Organización Mundial de la Salud alertó que, pese a existir diversas vacunas en fase final de pruebas, la efectividad de las mismas estaba por ser demostrada y que, probablemente, nunca habrá una "solución inmediata".
8 de agosto, 2020
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El desenfreno por encontrar una nueva vacuna contra el coronavirus es quizás “la carrera espacial” del siglo XXI.

Si a mediados del siglo pasado llegar al cosmos y conquistarlo era el desafío de las grandes potencias, ahora lo es encontrar una solución que ponga fin a la pandemia.

Y otra vez, como hace medio siglo, Rusia quiere dejar atrás a sus contendientes: la pasada semana, el Kremlin anunció que iniciaría en octubre un proyecto de vacunación masiva contra el coronavirus con una inyección de la que poco se sabe y cuya eficacia ya ha sido cuestionada por expertos internacionales.

Según informó el ministro de Salud, Mijail Murashko, tras “completar ensayos clínicos”, el país realizará los registros y comenzará la producción de las dosis para iniciar en dos meses la vacunación masiva.

“La primera vacuna contra el coronavirus, desarrollada por el Instituto Gamaleya, ha completado sus ensayos clínicos y ahora se está preparando la documentación para el procedimiento de registro”, indicó Murashko.

De acuerdo con el ministro, el país está a la vez probando otras vacunas que también esperan someter a otros ensayos clínicos en los próximos meses.

Rusia no es la primera nación en probar vacunas contra el coronavirus o en decir que tiene una con resultados alentadores (incluso Corea del Norte lo aseguró este fin de semana), pero sí es el primero que anuncia que se lanzará a vacunar de forma masiva a su población.

Gráfico

BBC

La efectividad de la vacuna, sin embargo, ha sido puesta en tela de juicio.

Rusia no ha publicado ningún estudio o dato científico sobre las pruebas que realizó y tampoco se conocen detalles sobre las fases del proceso que generalmente debe cumplir antes de aprobar y lanzarse al mercado una vacuna.

El viernes, en una audiencia en el Congreso de Estados Unidos, el doctor Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas de EE.UU, cuestionó si los métodos utilizados en Rusia y China para probar las vacunas fueron correctos por la rapidez con que se completaron.

“Nosotros también podríamos tener una vacuna mañana. No sería segura o efectiva, pero podríamos tener una vacuna mañana”, dijo.

La Organización Mundial de la Salud alertó que, pese a existir diversas vacunas en fase final de pruebas, la efectividad de las mismas estaba por ser demostrada y que, probablemente, nunca habrá una “solución inmediata”.

“Varias vacunas se encuentran ahora en ensayos clínicos de fase tres, y todos esperamos tener varias efectivas que puedan ayudar a prevenir la infección de las personas. Sin embargo, no hay una solución inmediata en este momento y puede que nunca la haya”, dijo el director de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

¿Qué se sabe de la vacuna rusa?

Según explica el servicio ruso de la BBC, la primera vacuna rusa contra el coronavirus fue desarrollada por científicos del Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología (Gamaleya) junto con el Ministerio de Defensa.

A mediados de junio, este último informó sobre la finalización “exitosa” de las pruebas en voluntarios en el hospital militar Burdenko, aunque no publicó ningún tipo de evidencia científica al respecto.

voluntarios

Reuters
Rusia mostró algunos de los voluntarios que participaron en la prueba.

“En el momento del alta, todos los voluntarios sin excepción que recibieron inmunidad al coronavirus se sintieron bien. Por lo tanto, la primera vacuna doméstica contra la nueva infección por coronavirus está lista”, dijo entonces el primer viceministro de Defensa, Ruslan Tsalikov.

El funcionario indicó entonces que la producción masiva de la vacuna estaba programada para comenzar en agosto, cuando esperaban recibir la aprobación final.

El Ministerio de Defensa enfatizó que los resultados de la prueba mostraban “inequívocamente” el desarrollo de “una respuesta inmune en todos los voluntarios, sin efectos secundarios, complicaciones o reacciones no deseadas”.

No se informó cuántas personas fueron sometidas a la prueba, detalles de las mismas o información sobre cuánto duraría la respuesta inmune o el tipo de inmunidad que produciría la vacuna.

El anuncio de la campaña de vacunación masiva se produjo cuando, según la agencia estatal Itar-Tass, Rusia aún se encuentra en “la etapa final de la segunda fase” de la vacuna, (de tres, la última de las cuales es la más decisiva y ofrece las claves reales sobre su potencial uso extendido).


Las fases de prueba de una vacuna

En una reciente entrevista con BBC Mundo, la doctora Maria Elena Bottazzi, experta en vacunología tropical de la Universidad de Baylor, en Houston, EE.UU., explicó las distintas fases de prueba de una vacuna y la importancia de su cumplimiento.

De acuerdo con la experta, que co-dirige el desarrollo de una de las vacunas contra el covid-19, hay tres fases previas al registro y aprobación de una vacuna.

  • “La fase 1 es la evaluación inicial de seguridad en la que se prueba en un número de individuos muy pequeño y se hace en un rango de edad también muy restringido, entre 18-50 años”.
  • “En la fase 2 se expande a cientos de individuos y ya se empiezan a ver indicios de la potencial eficacia de la vacuna. En esa fase se empieza a dar la idea de cuántas dosis serían necesarias y qué distancia de tiempo debe haber entre estas dosis”.
  • “Ya la fase 3, que es la más importante, es la que se hace multicéntrica, o sea, en varios lugares. Requiere miles de personas y de nuevo es necesario expandir el perfil de seguridad y el número de dosis”.

“Todavía falta mucho por la parte de las evaluaciones clínicas para determinar no solo cuál es el perfil de seguridad de las vacunas que están siendo evaluadas, sino también si son efectivas una vez que sean distribuidas”, señaló Botazzi.


¿Qué se sabe de la campaña de vacunación de Rusia?

Según indicó el Ministerio de Salud, tras el registro y la producción se prevé comenzar una campaña de vacunación en octubre de forma gratuita.

Inicialmente, de acuerdo con la autoridad sanitaria, se vacunará a grupos especiales de la población: médicos, maestros y aquellos que están constantemente en contacto con grandes grupos de personas.

Según la viceprimera ministra rusa, Tatiana Golikova, la vacuna, que es “una de las dos más prometedoras” que se prueban actualmente en el país, será sometida a un ensayo clínico mayor este mes.

“En agosto de 2020, se planea probarla bajo otras condiciones, es decir, después del registro se planea otro ensayo clínico para 1.600 personas. Se espera el lanzamiento a la producción industrial en septiembre de 2020”, dijo.

Inyección

Getty Images
Las vacunas tienen que pasar generalmente por varias fases de prueba hasta que puedan aprobarse para uso masivo.

Este lunes, en una entrevista con la agencia estatal Itar-Tass, el ministro de Industria y Comercio Denis Manturov indicó que el mes próximo tres compañías rusas comenzarán la producción comercial de “la primera vacuna contra el coronavirus”.

¿Por qué genera sospechas y dudas esta vacuna?

El servicio ruso de la BBC señala que tanto dentro como fuera de Rusia varios expertos y analistas han expresado temores de que los ensayos clínicos puedan haber sido insuficientes en el esfuerzo del Kremlin por ganar la carrera de las vacunas contra otros países.

El presidente ruso, Vladimir Putin, instruyó al gobierno en abril a tomar decisiones destinadas a simplificar y acortar el plazo para los ensayos clínicos y preclínicos.

En mayo pasado, la Asociación de Organizaciones de Investigación Clínica criticó a Rusia luego de que se conociera que los científicos del Instituto Gamaleya se habían autoinculado algunas dosis, cuando aún estaban en la etapa de prueba de la vacuna en animales.

Sin embargo, el director del Instituto, Alexander Gintsburg, explicó que el personal del centro se había inyectado un medicamento experimental “para continuar desarrollándolo sin el riesgo de infección durante la pandemia”, y señaló que los científicos no tuvieron efectos secundarios.

Laboratorio

Getty Images
Los avances en la búsqueda de una vacuna se están produciendo a una velocidad extraordinaria, según científicos.

El servicio ruso de la BBC indica que recientemente hubo reportes de que algunos miembros de la élite rusa supuestamente obtuvieron en abril acceso a la vacuna contra el coronavirus producida por el Instituto Gamaleya, aunque el Ministerio de Salud lo negó.

Varios expertos internacionales, incluido Fauci, también han cuestionado la prisa de Rusia, la posible efectividad de la vacuna y el hecho de anunciar una campaña masiva de vacunación sin haber terminado las pruebas a mayor escala.

Cualquiera puede decir que tiene una vacuna y fabricarla, pero hay que demostrar que es segura y efectiva, lo cual dudo que lo hayan demostrado”, dijo Fauci la semana pasada en una entrevista con BlackPressUSA TV.

“Hay que tener cuidado con los que ahora dicen tener una vacuna”, agregó.

La periodista científica rusa Irina Yakutenko también cuestionó el procedimiento por considerar que “inocularán la vacuna y verán lo que sucede, no se esperan análisis y comparaciones normales”, dijo en su canal de Telegram.

De acuerdo con el servicio ruso de la BBC, otra de las preguntas que quedan por resolver también es qué tan efectiva será la vacuna y si el país logrará comenzarán la producción a tiempo a gran escala antes de la fecha prometida, dados los desafíos de infraestructura que esto supone.

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