En Chiapas rescatistas civiles evacuan a personas y pobladores restablecen luz
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Brigada de rescatistas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas

En Chiapas rescatistas civiles evacuan a 300 personas y pobladores restablecen red eléctrica

Ante autoridades que se han visto rebasadas por la magnitud de los daños que dejaron las lluvias, la gente, a mano, pico y pala trabaja para llenar los huecos que deja la ayuda gubernamental.
Brigada de rescatistas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
13 de noviembre, 2020
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Entre el jueves 5 de noviembre y el viernes 6, una brigada de rescatistas voluntarios evacuó a unas 300 personas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Sacaron a la gente en una “lancha hechiza”, como le llama uno de los socorristas, una puerta de lámina donada por una herrería a la que le colocaron tubos de PVC para hacerla flotar. Ahí subían a los afectados y los llevaban a refugios temporales o a casas de familiares. 

Guillermo Alejandro Raymundo Pérez de la Brigada de Rescastistas Voluntarios de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, cuenta que ya llevaban días monitoreando los ríos. “Gracias a eso supimos que los niveles estaban creciendo y pudimos actuar a tiempo. Con una balsa improvisada que nosotros tenemos, con eso empezamos a hacer los rescates de las primeras personas”.     

San Cristóbal de Las Casas fue uno de los municipios afectados por las lluvias torrenciales, el desbordamiento de ríos y desgajamiento de cerros provocados por la depresión tropical “Eta” y el frente frío número 11, que han afectado a Chiapas y Tabasco. 

Lee: Lluvias intensas dejan más de 50 mil personas afectadas en Chiapas, Veracruz y Tabasco

“Insistimos mucho en que nos coordináramos con un puesto de mando unificado para ver recursos y las instancias que podían participar  para afrontar la emergencia y hacerlo de forma coordinada, pero nunca se dio esa coordinación. Tuvimos que trabajar por nuestro lado”, asegura Raymundo Pérez. 

Pablo Reyes, director de Protección Civil de San Cristóbal de Las Casas se defiende y dice que “quien entró mayormente dentro del agua fuimos nosotros. Solo que hay una confusión, porque los nuestros traían unos impermeables amarillos que no decían Protección Civil. Pero ya se aclaró que la mayor parte de personas que entraron a evacuar fueron los nuestros. Los brigadistas apoyaron, unos 10 apoyaron y nosotros tuvimos veintitantas gentes sacando a los pobladores en diferentes kayakitos”.

Los socorristas voluntarios, que a decir de Raymundo no fueron 10 sino 40, empezaron a trabajar alrededor de las 6 de la tarde, en colonias como La Isla y San Ramón, en San Cristóbal, donde se hizo la mayor parte de los rescates. 

Pero también ayudaron en las colonias: Tívoli, Tlaxcala, Brasil, Granadas y Emiliano Zapata. “Son barrios muy grandes, asentados desde hace mucho en los márgenes de los ríos”, dice Raymundo Pérez. 

La brigada de rescate, asegura, llegó antes que otros cuerpos de auxilio y autoridades a esas colonias. Aunque el voluntario admite que sí se integraron a la labor con ellos unos seis integrantes de Protección Civil, que apoyaron un rato para evacuar personas, “pero fue un rato, después ya no los vimos”. 

Los rescatistas hicieron uso de una ‘lancha hechiza’ hecha con una pieza de lámina. Foto: Brigada de rescatistas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con la lancha hechiza hecha de una puerta, la brigada de rescate trabajó la tarde-noche del jueves y la madrugada del viernes hasta el amanecer. Ya por la mañana llegó ayuda y refuerzos. “Al día siguiente la gente nos ayudó con vehículos, con combustible para movernos. El Club Rotario nos dio ya al siguiente día unas balsas inflables y con eso pudimos armar más brigadas y sacar a más gente”. 

Entre jueves y viernes la brigada asegura que rescató a 300 personas, 17 perros y un gato. Las labores acabaron hasta el viernes a las 7:30 de la noche, cuando hicieron el último rescate. 

Lee: 27 muertos y 184 mil damnificados por lluvias en el sureste, reporta gobierno

Como las fotos de la labor de los socorristas rodaron por las redes sociales, desde Villahermosa, Tabasco, les solicitaron ayuda.

“Nosotros tenemos nuestra base en San Cristóbal. Somos voluntarios y nuestros recursos son muy limitados. Cada quien tiene su trabajo, hay médicos, enfermeras, abogados, entre nosotros. Todos con experiencia en el servicio de emergencia. Yo fui muchos años comandante y director de bomberos. Para hacer nuestra labor cooperamos para la casita que rentamos, gente nos aporta para gasolina, nos prestán vehículos, así que estamos limitados pero vamos a Villahermosa porque sabemos que la cosa está rebasada”. 

Los voluntarios se organizaron y usaron los materiales que tenían a su disposición para construir objetos de rescate. Foto: Brigada de rescatistas en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tarde de este jueves 12 de noviembre, Raymundo y otros nueves integrantes de su brigada iban camino a dos zonas en Tabasco donde la ayuda aún no había llegado. 

Mientras, otros 30 de sus compañeros se quedaron en San Cristóbal para seguir repartiendo entre los afectados víveres que les han donado y continuar con las labores de recuperación: la limpieza de los hogares, de las calles, en esta etapa es cuando hay que quitar el lodo, sacar las cosas afectadas y tirar lo que ya no sirve, que es casi todo. 

A mano, pico y soga 

En los municipios de Francisco León y Chalputenango, al norte de Chiapas, donde también resultaron afectados, las evacuaciones de gente las hizo Protección Civil, el ejército y la Guardia Nacional. En comunidades como La Candelaria, el 100% de la población resultó afectada. Las viviendas tuvieron coarteaduras y hubo que llevarse a la gente a los albergues o con familiares. 

En otras comunidades las afectaciones fueron en los trabajaderos, en los pastizales, en los cafetales. “No hemos acabado de contabilizar, pero sí hay mucha afectación en las áreas agrícolas, también en las carreteras. Hay muchos caminos afectados todavía, también hubo afectaciones a la red de agua potable y a la de energía eléctrica”., dice Aurelio Rueda, poblador de Vicente Guerrero Tonapac, en Francisco León.

En ese municipio se organizaron con sus vecinos de Chalputenango para hacer que regresara la electricidad. “La gente se organizó a través de los pequeños comités de agua que hay y se pusieron a trabajar para reparar parte de la red eléctrica, ellos solos”, cuenta Fermín Ledesma, del Centro de Lengua y Cultura Zoque, organización que ha estado monitoreando las afectaciones y que incluso ha hecho un mapa, basado en los reportes de la población, donde estas se pueden visibilizar. 

Acá en el municipio, dice Aurelio Rueda, se cayeron muchos postes de luz. “Trabajamos más de 500 personas para restablecer la energía eléctrica. Estuvimos tres días trabajando, desde el sábado, domingo y lunes, todo el día. Imagínese para desenterrar los postes, se necesita mucha gente, lo bueno que la gente es muy unida y a mano, pala, pico y soga, el lunes a medio día logramos restablecer la energía y empezamos a contactar con la gente que está en la ciudad”. 

Cuando se le pregunta por qué no esperaron a que la CFE llegara a hacer la reparación, Aurelio se ríe. “No van a venir. Si nos esperamos, pues no van a venir. Ya lo sabemos. Y pues solo pudimos reparar una parte, pero ya con eso nos podemos conectar y estar comunicados”. 

Ahora las comunidades de la zona están viendo como reparan la red de agua potable. “Hemos estado evaluando y aquí en Vicente Guerrero Tonapac está afectada en un 80%, así que no tenemos agua, más que la de los arroyos, con eso nos estamos ayudando, pero estamos también viendo cómo arreglarla”. 

Las personas recibieron el apoyo también de integrantes de Protección Civil. Foto: Protección Civil de San Cristóbal de Las Casas.

De acuerdo a información proporcionada a Animal Politico por la Secretaría de Protección Civil del Gobierno de Chiapas, CFE les comunicó en una reunión oficial que tuvo 117 mil usuarios afectados, pero que ya está restablecido al 100% el servicio, “ese es el dato que a nosotros nos dieron y que nosotros informamos al gobernador del estado”, señalan en Protección Civil. 

Este portal consultó a CFE sobre por qué entonces había comunidades que reportaban que ellos tuvieron que hacer los trabajos para volver a tener energía, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta. 

Protección Civil de Chiapas señaló también que el tema de la red de agua potable se atiende con acceso a diferentes instrumentos financieros. En este caso, explicaron, se piden declaratorias de desastres que solicita el gobierno del estado al federal y es la Coordinación Federal de Protección Civil quien las emite, derivado de esto se instalan comités de evaluación de daños, el día de hoy se instaló uno, los diferentes sectores: hidráulico, carretero tienen 10 a 15 días para demostrar su afectación y de ahí acceder a recursos.

Por eso es que los pobladores mejor ya andan viendo si pueden arreglar la red de agua, aunque traen la zozobra cargada en el cuerpo. “Nos preocupa que vuelva a llover, lo que uno alcanza a ver aquí, con los ojos, a los lados de los ríos es terrible, se van a desbordar, es algo que no hemos visto en muchos años”. 

De las autoridades remata que “nada más levantan los expedientes, evidencias, como siempre, pero luego al final no llega nada, no hacen nada. Ya nos ha pasado: vienen, levantan reportes y nunca regresan. Tememos que eso vuelva a pasar. Y los apoyos que dicen que van a mandar, pues a ver sí llegan”.

Respecto a las soluciones que plantea el gobierno federal, Fermín Ledesma dice que la preocupación es que el plan hídrico que se presentó está enfocado a Tabasco. “Y están olvidando esta zona del norte de Chiapas, donde se origina toda el agua que baja para allá. Si no hay un plan de atención integral desde estas cuencas del norte de Chiapas, de nada va a servir”. 

Faltan también, dice, planes de mejoramiento urbanos. “Muchas obras, como escuelas que colapsaron ahorita, se han construido en zonas de riesgo, a la orilla del río. Y en la parte alta se ha incentivando mucho la ganadería, eso erosiona los suelos. Si todo eso no se considera, de nada va a servir ese plan que presentó el presidente”, sentencia.

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“Mi prioridad era seguir respirando”: El relato de dos mexicanas heridas durante estampida en Seúl en festejo de Halloween

Las jóvenes Juliana Velandia y Carolina Cano recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse y esperan apoyo de las autoridades mexicanas para recibir tratamiento psicológico.
2 de noviembre, 2022
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Nunca pensaron que una noche de Halloween a casi 10,000 km de su hogar se convertiría en una tragedia en la que estuvieron a punto de perder la vida.

Juliana Velandia y Carolina Cano, de 23 y 21 años respectivamente, son las dos únicas mexicanas que resultaron heridas en la estampida que el pasado sábado se cobró la vida de más de 150 personas en un popular barrio nocturno de Seúl.

Las dos jóvenes estudiantes originarias de Mexicali, en el norte del país, llegaron a la capital surcoreana el pasado agosto para estudiar un semestre mediante un programa de intercambio universitario.

Como otros testigos, hablan de una calle totalmente colapsada ante la ausencia de personal policial o de seguridad en plena celebración de fin de semana.

Y como otros sobrevivientes, recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse, así como la eterna hora y media que transcurrió hasta que pudieron reencontrarse y celebrar entre llantos que ambas seguían vivas.

Con heridas físicas pero, especialmente, impactadas psicológicamente -para cuya recuperación piden el apoyo de las autoridades mexicanas-, ambas compartieron con gran entereza su relato con BBC Mundo desde el dormitorio que comparten en el país asiático.


CAROLINA CANO (CC): Itaewon es un barrio de Seúl muy popular donde muchos jóvenes van y, especialmente este fin de semana que fue Halloween, fue como el lugar de celebración. Entonces Juliana y yo dijimos: “bueno, estamos en Corea, hay que ir a pasearnos”.

JULIANA VELANDIA (JV): Yo sí dudé en acudir, porque pensé que habría un chorro de gente, que todos los restaurantes y los bares iban a estar llenísimos… pero bueno, queríamos ver cómo lo celebran aquí. Nunca nos íbamos a imaginar que iba a pasar eso.

CC: Cuando llegamos ya había mucha gente, pero después de unas horas estaba mucho más lleno. Después de caminar un rato y tomar unas fotos, decidimos irnos porque había demasiadas personas. Íbamos a tomar el metro, nuestra salida era ese callejón y por eso terminamos ahí.

JV: Es una de las calles más concurridas de Itaewon donde hay muchos restaurantes, antros muy famosos que llevan hacia la colina. Estábamos caminando y el tráfico era cada vez más y más y más.

Estamos acostumbradas a que a veces en el metro haya mucha gente y estamos como sardinas, pero pues sí podemos respirar y sabemos que se va a calmar cuando la gente se va yendo. Y pensamos que iba a ser también así.

Pero no fue el caso. Cada vez era peor, cada vez nos aplastaban más. Y entonces perdí de vista a Carolina.

Coches de emergencias, agentes de seguridad y gente.

Getty Images
Itaewon es un barrio muy popular por su vida nocturna.

Llegó un punto en el que ya no podíamos mover ni una sola parte de nuestro cuerpo, ya éramos una masa de cuerpos. O sea, había gente abajo de mí, encima de mí, por todos lados.

Ambas tuvimos la suerte de que nuestra cabeza estaba en la superficie y podíamos alcanzar a respirar, porque la gente que estaba abajo de nosotras, pues no había manera.

Nuestro pecho, nuestra espalda, nuestro tórax… estaban totalmente aplastados. Ya no podía expandir mis pulmones para respirar. Mis pies ya no tocaban el suelo porque había cuerpos abajo de mí, otros me empezaban a aplastar cada vez más mis piernas, hasta que dejé de sentirlas.

En ese momento juré que me iban a romper las piernas, que me iba a quedar sin ellas para siempre porque las dejé de sentir. No podía ni siquiera mover los dedos de mis pies.

Pero en ese momento mi prioridad no eran mis piernas, era seguir respirando. Y me di cuenta de que no podía hacerlo por mi nariz, porque eso hacía que se expandieran mis pulmones, y no los podía expandir. Entonces me di cuenta de que para poder seguir respirando era por la boca.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Ambas jóvenes llegaron a Corea del Sur en agosto como parte de un intercambio universitario.

CC: Como íbamos en pendiente, nos empezamos a ir hacia abajo todos juntos. Eso hacía que la persona que estaba enfrente de mí de repente ya estaba encima, y yo estaba sobre otra persona… Fue como un dominó.

Recuerdo tener un muchacho al lado. Su cuello estaba sobre mi cuello, él trataba de salir, de sacar su cabeza, hasta que yo ya no podía respirar. Me estaba ahogando, sentía como las ganas de vomitar, me estaba aplastando mi cuello.

Llegó un momento en el que dije: “Bueno, pues aquí se acabó todo”. Básicamente yo cerré mis ojos, me despedí de mi familia muy fuerte, y dije: “Bueno, si me voy, me quiero ir en paz”.

Entonces simplemente cerré mis ojos y una vez que los abro, vi que están llegando personas a rescatarnos. Y dije: “guau, entonces sí vamos a vivir, todavía no nos toca irnos”.

JV: Una vez que levantaron a un muchacho que estaba inconsciente sobre mí, ya pude respirar. Pero el problema es que mis piernas seguían atoradas entre todos los cuerpos y estaban paralizadas.

Entonces fue un muchacho coreano quien me extendió su mano, la agarré y él con todas sus fuerzas empujó todo mi cuerpo.

Yo le debo mi vida a ese muchacho, ese extraño que nunca podré saber su nombre, pero estoy agradecida infinitamente. Para siempre.

Pasamos mucho tiempo atrapadas. Revisé la última foto que tomé justo unos minutos antes de que entráramos a la colina, a unos metros. Dice que eran las 10:08 de la noche y en cuanto me rescataron revisé mi celular y decía 10:57. Así que estuvimos 30 o 40 minutos siendo aplastadas.

Última foto tomada por Velandia antes de la estampida

Cortesía
Esta foto a un grupo de personas disfrazadas fue la última imagen que Velandia captó minutos antes de la estampida.

JV: En cuanto me rescataron, mi prioridad fue saber dónde estaba Carolina. No la encontraba y yo estaba pensando en lo peor. Me quedé una hora en la escena buscándola. No sabía qué hacer y sabía que ella había perdido su celular, así que no había manera de contactarme.

Hasta que una hora después ella se pudo contactar conmigo a través del teléfono de una desconocida que se quedó con ella. Me marcó, me dijo: “aquí estoy”. Y caminé hacia ella y por fin la encontré.

Nos abrazamos y empezamos a llorar, a llantos porque las dos habíamos pensado lo peor.

CC: Yo cuando salí no podía moverme, creo que del shock que todavía sentía. Y en eso se me acerca una muchacha con su grupo de amigas, me toma de la mano y me dice: ¿cómo te llamas? ¿Tienes cómo comunicarte? No te voy a dejar sola, no te voy a dejar sola”.

Y creo que ese grupo de personas fueron mis ángeles verdaderamente, porque estuvieron conmigo después del incidente y me ayudaron a encontrar a Juliana, que igual era mi prioridad.

Yo estaba histérica porque también creí que… que la había perdido . Y sí, fue muy, muy difícil. Pasó como una hora y media para que nos pudiéramos reencontrar.

Las autoridades analizan el lugar de la tragedia

Getty Images
Este estrecho callejón en pendiente con multitud de personas subiendo y bajando a la vez fue el escenario de la tragedia.

JV: Pensamos que son varios factores los que causaron el accidente: la cantidad de personas, la colina en donde ocurrió… Como lleva directamente a la salida del metro, era gente saliendo queriendo subir la colina, y gente bajando queriendo entrar al metro. Era gente en ambas direcciones, yendo hacia arriba y hacia abajo. Muchas personas en un lugar muy pequeño.

Sí vimos que hubo mucha falta de control. Había personas controlando el tráfico peatonal entre las calles. Pero fuera de eso, creo que yo nunca vi ningún policía.

CC: El control estaba en las calles principales donde pasan los carros, pero entre las callecitas de los bares, de los antros… no.

JV: Físicamente ya nos sentimos mucho mejor. Ya nos atendieron en el hospital, estamos medicadas. A mí me diagnosticaron una condición llamada rabdomiólisis debido a la falta de circulación a mis piernas al ser aplastadas. Carolina también fue lastimada, pero afortunadamente no a ese nivel.

Pero mentalmente, emocionalmente… sí estamos buscando apoyo psicológico.

Sabemos que la cultura aquí es mucho más cerrada. No hablan de su salud mental, no hablan de sus emociones. Pero sí hemos visto que hay varios grupos de apoyo para los sobrevivientes y para las familias de las víctimas.

Ya mañana vamos a ir a un grupo de apoyo que nos va a ayudar con el trauma. Apenas ahorita andamos viendo y revisando nuestras redes sociales, porque en realidad no hemos visto nada, apenas estamos pasando por nuestro propio duelo.

Gente cerca de la estación de metro de Itaewon llena de flores

Reuters
El lugar del siniestro se llenó de flores como señal de homenaje a las víctimas.

CC: Yo la verdad no estoy viendo mucho los medios y las noticias, porque estoy en mi proceso de asimilarlo. Pero lo que sí he visto es que en algunos lugares de la ciudad hay como puntos de luto.

JV: La escena está llena de flores, de velas, de cartas. Y nosotras quisiéramos ir, pero en el hospital nos pidieron que descansáramos, llevamos tres días encerradas en nuestro cuarto.

Sobre al apoyo de autoridades, de parte del gobierno de Corea no sabemos nada. La Embajada en México contactó con nosotras al día siguiente y hablamos con el embajador para ver si nos podían ofrecer apoyo económico y psicológico, dado que ahorita estamos pagando todos los gastos del hospital con nuestras becas.

Pero tras buscar un psicólogo por nuestra cuenta, en la Embajada nos dicen que su tarifa es muy cara y que quizá un psicólogo en México sea más accesible… pero una sesión por videollamada no es lo mismo que en persona.

Teniendo en cuenta que solo fuimos dos mexicanas quienes fuimos afectadas en esto, la verdad es que estamos algo decepcionadas.

Por lo demás, mi familia ha sido muy optimista. Mi mamá está simplemente muy agradecida de que sigo con vida. Obviamente nos extrañan mucho y quieren venir para acá a vernos.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Pese a lo sucedido, las dos jóvenes mexicanas planean quedarse en Corea del Sur hasta terminar su estadía prevista.

CC: ¿Qué voy a hacer ahora? Lo más probable es que me quede y continúe con mi intercambio, pero igual tengo la opción de regresar con mi familia y a veces sí siento que es lo que necesito… pero todavía estoy en proceso de debatir si me quedo o me voy.

Las dos estábamos estudiando el idioma antes de venir. Entonces ya conocíamos un poco de la cultura, ya estábamos interesadas en Corea. En mi caso, yo soy estudiante de Negocios Internacionales, y por el auge económico que tiene el país es que decidí venir a estudiar aquí.

JV: Yo también empecé a estudiar coreano en México y me interesó mucho la cultura. Como soy estudiante de Medicina y quiero dedicarme a la dermatología, sé que Corea tiene las mejores tecnologías en cuanto a los productos de la piel, así que tener el idioma me va a ayudar para trabajar con otros dermatólogos de aquí y hacer investigaciones de productos y poder traérmelos a México.

Yo sí planeo quedarme. Carolina y yo trabajamos mucho y sufrimos mucho para llegar hasta acá. Es algo que tengo que hacer, es algo que tengo que terminar. Tengo que pasar mis materias, tengo viajes planeados. Obvio que lo único que quiero hacer es estar con mi familia en este momento, pero… en diciembre será.


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