Conteo oficial muestra 100 mil muertes, van más de 260 mil por pandemia
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Cuartoscuro

El conteo oficial muestra 100 mil muertes, pero van más de 260 mil defunciones por la pandemia

Esta cifra incluye a las personas que tuvieron otras causas de muerte que no se conocen oficialmente; a quienes no fueron atendidos en algún hospital o aquellos que murieron en su casa. Se trata del impacto de la pandemia en México.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán y Proyecto Li
19 de noviembre, 2020
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Este 19 de noviembre, México registró 100 mil muertes confirmadas por contagio de coronavirus. Pero en realidad el número de fallecidos a raíz de la pandemia ya llegó a 260 mil.

Esta cifra incluye los 100 mil muertos oficialmente reconocidos como víctimas del COVID-19 y el resto -160 mil- “no se conocen las causas” todavía. Son pacientes -la mayoría- que murieron en sus casas, porque no encontraron lugar en algún hospital o porque simplemente les dio miedo ir ante el riesgo de contagio.

Leer más: El impacto de la pandemia: 130 mil muertos en cuatro meses, solo 51 mil reconocidos por COVID

Le llaman “exceso de mortalidad” y sirve para dimensionar el impacto de la pandemia en México, basados en cifras oficiales.

¿Cómo se explica el exceso? Si bien cada año se registra casi el mismo número de muertes en cada país, cuando ocurre un fenómeno extraordinario como una guerra o, en este caso una pandemia, suceden más fallecimientos. Esto se conoce como exceso de mortalidad, es decir, muertes adicionales a las esperadas.

En el caso mexicano, las muertes “de más” alcanzaron las 210 mil 529 mil entre el 1 de abril y hasta el 30 de septiembre –el periodo de la pandemia–. De ese total, solo 80 mil 660 habían sido confirmados con COVID-19 .

Esto significa que por cada fallecido por COVID había 2.6 muertos, proporción que prácticamente se ha mantenido en el cálculo mensual de muertes adicionales, aún cuando las entidades hayan presentado mayor número de decesos en meses distintos.

De ahí que, al llegar a 100 mil fallecimientos confirmados por COVID este jueves, el número proyectado con base en las cifras oficiales sería de 260 mil muertos tras nueve meses de pandemia, donde se ha mantenido el mismo factor de 2.6 muertes por cada confirmada de coronavirus.

Se trata de un número mayor a los 60 mil decesos que, según dijo en junio el subsecretario Hugo López-Gatell, sería un “escenario catastrófico” para el país. Sin embargo, dicho número se alcanzó desde agosto pasado.

Animal Político y Proyecto Li ha realizado el cálculo de muertes adicionales a las esperadas, con base en el Registro Nacional de Población (Renapo) y los registros civiles totales, en el caso de las entidades que registran sus datos con retrasos o inconsistencias. En tanto, la Secretaría de Salud solo incluye a 25 estados en su cálculo. 

Aunque la proporción reportada oficialmente por la Secretaría de Salud en su último reporte de exceso de mortalidad del 10 de octubre, sin incluir siete entidades, registraban 203 mil muertes en exceso, de las cuales 80 mil fueron confirmadas con COVID . Por ello, su proporción es de 2.4 muertes. 

En conferencia de prensa, López-Gatell lamentó que medios de comunicación estén enfocados en “la perspectiva alarmista” desde el inicio de la epidemia, por publicar las estadísticas.

“La epidemia es terrible en sí misma, no hay que agregarle dramatismo. Poner en primeras planas estadísticas pues me parece que no ayuda demasiado”, dijo el funcionario.

También dijo que se convierte la noticia “en un tema de ventas o bien un mecanismo de confrontación política”, no solo con el gobierno y sino con la sociedad.

“La cifra redonda, cuando llegamos a 100 mil (muertes), pareciera como un atractivo de publicidad de un hecho tan dramático y es poco respetuoso para las personas que han perdido la vida y sus familias”, finalizó.

El rebrote 

Al iniciar noviembre, el director de Epidemiología, José Luis Alomía alertaba que en nueve entidades federativas se observaba ya un incremento epidémico en el número de casos, pero siete de ellos han superado su primer y segundo pico epidémico, lo que llamó “efecto rebrote”.

“Les decimos efecto de rebrote porque en su momento este incremento de su curva epidémica que habían tenido en las últimas semanas, había superado ya su primer o segundo pico, es decir, tienen una tendencia ascendente y es mayor que la observada”. 

Se refería a Chihuahua, Durango, Ciudad de México, Querétaro, Aguascalientes, Coahuila y Zacatecas, con incremento tanto en los contagios como en las hospitalizaciones.

Sin embargo, hasta este 18 de noviembre solo Chihuahua y Durango regresaron a semáforo rojo por el incremento de contagios, mientras que la Ciudad de México, con incremento también, ha establecido mayores restricciones en actividades económicas, pero aún mantiene el semáforo en naranja. 

También están en naranja Guerrero, Estado de México, Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Colima, Zacatecas, Aguascalientes, Nuevo León, Coahuila, Sonora y Sinaloa. 

Solo Campeche se encuentra en semáforo verde y otros once estados en amarillo (Quintana Roo, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Tlaxcala, Puebla, Morelos, Tamaulipas, Nayarit y Michoacán). 

Sin embargo, el cambio en el semáforo que se refleja en la permisión o restricción de actividades, es una decisión que pasa por el factor económico, toda vez que detener las industrias y negocios impacta en la economía de cada estado y, por ende, en los ciudadanos. 

Por eso es que, por ejemplo, el presidente Andrés Manuel López Obrador firmó un decreto para adelantar la entrega de aguinaldo para burócratas desde el 9 de noviembre, previo a la realización del Buen Fin, que durará hasta el 20 de noviembre. 

Si bien se espera que esto reactive la economía, también han traído incremento en la afluencia de personas en las calles, según han reportado notas periodísticas. 

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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