Zebadúa y sus hermanos gastaron 205 mdp en casinos y compras
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Emilio Zebadúa y sus hermanos gastaron 205 mdp en casinos, propiedades y compras; hoy busca el perdón legal

El oficial mayor de la Sedesol y la Sedatu, cuando Rosario Robles era titular, le entregó 190 millones de pesos a sus hermanos presuntamente de la arcas de Sedesol y Sedatu para gastarlos en apuestas y envíos al extranjero.
Cuartoscuro
Por Arturo Ángel y Nayeli Roldán
5 de noviembre, 2020
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Emilio Zebadúa, brazo derecho de Rosario Robles, le entregó 190 millones de pesos a sus hermanos presuntamente de la arcas de Sedesol y Sedatu para gastarlos en apuestas y envíos al extranjero; y él mismo gastó 14 millones de pesos sólo con una tarjeta de crédito American Express.

Este exfuncionario busca ahora el perdón legal prometiendo a la FGR entregar información para inculpar a su exjefa, Rosario Robles, y al presidente Enrique Peña Nieto en La Estafa Maestra.

Desde 2019 la Unidad de Inteligencia Financiera interpuso una denuncia ante la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada de la FGR por probable lavado de dinero presuntamente cometido por Emilio Zebadúa y sus hermanos José Ramón Zebadúa y Lourdes Zebadúa, por los 205 millones de pesos que gastaron.

Lee: La Estafa Maestra: Emilio Zebadúa y subalternos operaron presuntos desvíos a bancos de 8 países

Dicho monto no corresponde con los ingresos de ninguno de los tres, lo que “hace probable que Emilio Zebadúa percibiera diversas cantidades de efectivo por la comisión de actos de corrupción, pues ninguna otra justificación se encuentra en la conducta de un servidor público”, advierte la denuncia de la UIF obtenida por Animal Político.

Emilio Zebadúa es una pieza clave en La Estafa Maestra. Fue el oficial mayor de la Sedesol y la Sedatu, cuando Rosario Robles era titular, es decir, el segundo puesto más importante de las dependencias, encargado de la administración y aplicación de los recursos públicos.

La Oficialía Mayor es un área indispensable para que los recursos sean ejecutados. En el caso de La Estafa Maestra, para que 11 dependencias de gobierno –incluyendo Sedesol– entregaran más de 7 mil millones de pesos a través de convenios con universidades públicas para hacer supuestos servicios entre 2013 y 2014. Pero las instituciones a su vez subcontrataron a empresas que resultaron ser fantasma y, por lo tanto el dinero público desapareció.

Entérate: Los operadores de Zebadúa en La Estafa Maestra, del Gobierno del Distrito Federal a Sedatu

Desvío en periodo electoral

La Unidad de Inteligencia Financiera revisó dos cuentas bancarias de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu) en las que Emilio Zebadúa era el apoderado y detectó movimientos “inusuales” por 16 millones 385 mil pesos enviados a cuatro cuentas bancarias de personas que no tenían ningún tipo de relación con la dependencia.

En todos los casos, las cuentas bancarias fueron abiertas el mismo día en que recibieron los recursos públicos e inmediatamente el dinero era transferido a otras cuentas o retirado en efectivo.

Por ejemplo, entre el 14 de junio y el 19 de julio de 2018, la Sedatu envió 6 millones 797 mil pesos a la cuenta de una persona, abierta en Bancomer el 14 de junio. Una vez que recibió los recursos, los transfirió a una persona física y una moral y dejó la cuenta sin saldo, por lo que “hace inusual que una dependencia de Estado opere recursos con personas cuya actividad financiera es irregular”.

En otro caso, el monto depositado ascendió a 8 millones de pesos y fue retirado en 111 movimientos. En un caso más, los retiros ocurrieron en ventanilla bancaria y depósitos a personas físicas. Esto significa un desvío de recursos públicos, pues éstos no se ejercieron en lo que originalmente estaba presupuestado.

Los recursos provenientes de la Sedatu fueron entregados a través de este mecanismo los días 13, 14 y 15 de junio de 2018 “a escasos meses del cambio de administración federal e incluso en plena campaña electoral”, dice la Unidad de Inteligencia Financiera.

De ahí que la UIF, a cargo de Santiago Nieto, advierte que dicha estrategia fue “posiblemente encabezada por Emilio Zebadúa, quien era apoderado legal de las cuentas bancarias y a quien le correspondía además la vigilancia y correcta aplicación del presupuesto”.

“Probablemente implicó que el patrimonio de la Secretaría fuese desviado a través del actuar de Emilio Zebadúa”, dice la denuncia penal interpuesta por la UIF obtenida por Animal Político.

Casinos y consumos en American Express

José Ramón Zebadúa es hermano y apoderado legal de Emilio Zebadúa y transfirió 57 millones de pesos a una compañía en el extranjero entre 2015 y 2019. También pagó 45 millones de pesos en su tarjeta American Express y compró un inmueble en el Estado de México por 3 millones de pesos, lo que hace un total de 106 millones de pesos.

Sin embargo, según las declaraciones fiscales de José Ramón Zebadúa, sólo tuvo ingresos por préstamos y pagos de dos empresas que sumaron 19 millones de pesos entre 2015 y 2018. Esto significa apenas 17% de lo que gastó.

De acuerdo con la UIF, el monto de sus gastos “no encuentra justificación en una actividad lícita”, y su falta de declaración de dichos ingresos ante el SAT “puede ser una estrategia para el ocultamiento de recursos provenientes de actividades ilícitas”.

Emilio Zebadúa tiene un domicilio registrado en Cuajimalpa de Morelos, mismo que comparte con su hermana Lourdes Zebadúa, quien gastó 58 millones de pesos en casinos, entre 2017 y 2019.

La industria de los juegos de azar, advierte la denuncia, es fuente importante de “blanqueo” de dinero proveniente de actividades ilícitas, según el Grupo de Acción Financiera contra el blanqueo de capitales.

Lourdes Zebadúa también gastó 26 millones de pesos a través de tarjetas de crédito entre 2017 y 2019. Sin embargo, no se sabe a qué se dedica, pues ni siquiera presentó declaraciones de impuestos, “por lo que se desconoce el origen de las cantidades de activos que opera”, lo que implica “un alto grado de probabilidad que los mismos provienen de actividades ilícitas”, dice la UIF.

Mientras que los ingresos de Emilio Zebadúa como funcionario público entre 2015 y 2018 ascendió a 9 millones 707 mil pesos, pero en ese periodo registró un pago por consumo a través de su tarjeta American Express por 14 millones 861 mil pesos, lo que “no sale del perfil transaccional manejado por él mismo”.

Por lo tanto, la UIF solicitó en 2019 el congelamiento de cuentas de los Zebadúa y, sobre todo, pidió a la FGR que reuniera los datos probatorios para sustentar la carpeta de investigación que se iniciara con la denuncia y “estar en posibilidad de acreditar el delito, siendo urgente la aplicación de la técnica de investigación por existir temor fundado de que se oculten, dilapiden o destruyan los activos, o producto de delito relacionados con la indagatoria”.

La denuncia incluye a los hermanos Zebadúa, pero también a Ramón Sosamontes, quien fue jefe de Oficina en la Sedesol, por las operaciones financieras a través de su empresa  Sistema Guerrero Audiovisual S. A. de C. V., que recibió contratos de la Administración Pública por 10 millones 823 mil pesos entre 2012 y 2017, cuando él era funcionario.

También incluye a Rosario Robles por haber sido la jefa de Emilio Zebadúa y ella también era responsable de la correcta aplicación de recursos públicos. Aunque en la revisión financiera de la exfuncionaria sólo se encuentran viajes al extranjero y como “operaciones inusuales” el consumo a través de una tarjeta de crédito American Express por 4 millones 498 mil pesos. Mientras que sus ingresos sumaron 19 millones 322 mil pesos entre 2013 y 2018.

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Chernóbil: los guardias que cuidan a los perros abandonados en la Zona de Exclusión del desastre nuclear

Los descendientes de las mascotas abandonadas por quienes huyeron del desastre de Chernóbil están entablando una curiosa relación con los humanos encargados de proteger el área contaminada.
26 de abril, 2021
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No había pasado mucho tiempo desde su llegada a la Zona de Exclusión de Chernóbil cuando Bogdan se dio cuenta de que su nuevo trabajo incluía a algunos compañeros inesperados. Desde sus primeros días como guardia de control en Chernóbil, ha compartido el lugar con una jauría de perros.

Bogdan (no es su nombre real) está ahora en su segundo año de trabajo en la zona y ha llegado a conocer bien a los perros. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos permanecen cerca, otros permanecen separados, van y vienen cuando les place. Bogdan y los otros guardias los alimentan, les ofrecen refugio y ocasionalmente les brindan atención médica. Los entierran cuando mueren.

Todos los perros son, en cierto sentido, refugiados del desastre del 26 de abril de 1986 —hace 35 años—en el que explotó el reactor número 4 en la Central Nuclear de Chernóbil.

Posteriormente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de la ciudad ucraniana de Pripyat. Se les dijo que dejaran a sus mascotas.

Los soldados soviéticos dispararon a muchos de los animales abandonados en un esfuerzo por evitar la propagación de la contaminación. Pero algunos de los animales se escondieron y sobrevivieron.

Después de 35 años, cientos de perros callejeros ahora deambulan por la Zona de Exclusión de 2 mil 600 km establecida para restringir la circulación de personas dentro y fuera del área.

Nadie sabe cuáles de los perros descienden directamente de las mascotas varadas y cuáles pueden haber llegado desde otro lugar. Pero ahora todos son perros de la zona.

Sus vidas son peligrosas. Están en riesgo de contaminación radiactiva, ataques de lobos, incendios forestales y hambre, entre otras amenazas. La esperanza de vida promedio de los perros es de solo cinco años, según Clean Futures Fund, una organización no gubernamental que monitorea y brinda atención a los perros que viven dentro de la Zona de Exclusión.

Un perro callejero en la zona radioactiva de Pripyat, la ciudad que quedó abandonada luego del desastre.

Getty Images
Algunos perros que viven en la Zona de Exclusión pueden ser descendientes de las mascotas abandonadas durante la evacuación de 1986, pero otros pueden haber llegado de casualidad.

Es bien sabido que los perros habitan este lugar en ruinas. Algunos de ellos incluso se han convertido en celebridades menores en las redes sociales.

El cofundador de Clean Futures Fund, Lucas Hixson, quien abandonó su carrera de investigación para cuidar de los animales, ofrece recorridos virtuales por la Zona de Exclusión con los perros.

Pero se sabe menos sobre los trabajadores locales que interactúan con estos caninos a diario.

Apodos

Jonathon Turnbull, candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se dio cuenta de que valdría la pena recopilar las historias de estas personas.

“Si quería conocer a los perros”, dice, “tenía que acudir a las personas que mejor los conocían, y esos eran los guardias”.

Lo que descubrió es una conmovedora historia de la relación de los guardias con los animales de este entorno abandonado, una historia sobre el profundo vínculo entre humanos y perros.

Por ejemplo, los guardias han puesto apodos a varios de los perros.

Según Turnbull, está Alpha, cuyo nombre hace referencia a un tipo de radiación, y Tarzán, un perro muy conocido por los turistas de Chernóbil, que puede hacer trucos cuando se le ordena y que vive cerca de la famosa instalación del radar Duga.

Luego está Sausage, una perrita baja y gorda a la que le gusta recostarse sobre las tuberías de calefacción en invierno. Estas tuberías sirven a uno de los edificios utilizados por los trabajadores en la Zona de Exclusión que son parte de los esfuerzos en curso para desmantelar y descontaminar la planta de energía en ruinas.

“Cara de piedra”

El acceso a la Zona de Exclusión de Chernóbil requiere un permiso, por lo que los guardias tienen la tarea de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área.

Las personas que esquivan estos puntos de control para entrar sin autorización en la Zona de Exclusión se conocen como “acosadores”. Los guardias los denuncian a la policía.

Cuando Turnbull, que vive en la capital de Ucrania, Kiev, comenzó a hacer visitas regulares a la zona, se encontró con Bogdan y otros guardias de los puestos de control.

Tenían cara de piedra y se mostraban reacios a hablar al principio, así que les llevó vodka y chocolates.

Luego les ofreció la oportunidad de participar en su investigación, que según él fue un “punto de inflexión”.

Los guardias tenían solo una solicitud: “por favor, por favor, traigan comida para los perros”. Eso fue lo que Turnbull hizo.

Sergey Shamray, trabajador de la planta nuclear de Chernóbil le da pedazos de pan a unos perros callejeros, en 2017.

Getty Images
Los guardias alimentan a los perros callejeros.

Turnbull entrevistó a uno de los participantes del estudio en nombre de BBC Future. El guardia en cuestión ha pedido no ser identificado para evitar una acción disciplinaria en el trabajo, por lo que aquí nos referimos a él con el seudónimo de “Bogdan”.

Lealtad

Cuando Bogdan camina por las calles abandonadas de la zona en busca de acosadores, los perros lo acompañan felices, dice. Siempre parecen ansiosos por ver si él o un turista podrían llevar comida. Si un perro de compañía se distrae o sale corriendo para perseguir a un animal, eventualmente regresa a Bogdan, agrega.

La lealtad va en ambos sentidos. Turnbull dice que a veces los guardias se toman la molestia de ayudar a los perros sacándoles las garrapatas incrustadas en la piel o poniéndoles inyecciones contra la rabia.

Monitorear quién entra y sale de la Zona de Exclusión a veces resulta en una ocupación aburrida. Pero siempre hay perros cerca.

En algunos puestos de control, los guardias han adoptado más o menos a algunos de los animales. Los alimentan y les dan cobijo. Pero no todos son tan mansos. Durante su investigación, un guardia le dijo a Turnbull: “No podemos inyectar a Arka porque muerde”.

Otro participante habló de una perrita que era aún más difícil de abordar. Se niega a ser tocada en absoluto. “Debes darle una sartén y marcharte. Ella espera hasta que te vayas y luego come”, explicó el guardia.

Guardias de Chernóbil con un perro callejero en 2017.

Getty Images
Algunos guardias dicen que los perros los alertan de la presencia de intrusos.

Los perros a veces ladran a los extraños a primera vista, esa es su naturaleza, cuenta Bogdan. Pero mientras no se sientan amenazados, a veces se calman y mueven la cola. De vez en cuando, incluso parece que están sonriendo, agrega.

Peligro de radiación

En general, se aconseja a los visitantes de Chernóbil que no toquen a los perros, por temor a que los animales puedan llevar polvo radiactivo. Es imposible saber dónde deambulan los animales y algunas partes de la Zona de Exclusión están más contaminadas que otras.

Además de los perros, hay vida silvestre en la Zona de Exclusión de Chernóbil. En 2016, Sarah Webster, una bióloga del gobierno de EU que trabajaba en la Universidad de Georgia en ese momento, y sus colegas publicaron un artículo en el que revelaron cómo los mamíferos, desde lobos hasta jabalíes y zorros rojos, habían colonizado la Zona de Exclusión.

Los datos de cámaras ocultas mostraron que el número de animales no necesariamente era más bajo en aquellas áreas donde la contaminación radiactiva es mayor.

Los animales que viven en la Zona de Exclusión no están necesariamente confinados allí. Un estudio posterior de Webster y sus colegas, publicado en 2018, detalló los movimientos de un lobo monitoreado con un dispositivo GPS. Viajó 369 km desde la zona, siguiendo un arco largo hacia el sureste, luego nuevamente hacia el noreste, y finalmente entró a Rusia.

Lobos en la zona de exclusión.

Getty Images
También hay lobos en la Zona de Exclusión.

En teoría, los lobos, perros y otros animales podrían transportar contaminación radiactiva, o mutaciones genéticas potencialmente transmitidas por reproducción, a lugares fuera de la Zona de Exclusión.

“Sabemos que está sucediendo, pero no entendemos el alcance o la magnitud”, dice Webster.

Turnbull dice que los guardias generalmente no se preocupan por la radiación, aunque ocasionalmente pueden usar dosímetros para revisar a un perro.

“Asistentes”

En realidad, parece que los perros, a través de la compañía que ofrecen, terminan tranquilizando a quienes interactúan con ellos regularmente, explica Greger Larson, un arqueólogo que estudia la domesticación animal en la Universidad de Oxford y que no participó en la investigación de Turnbull.

“Se están poniendo en la piel de los perros”, sugiere, refiriéndose a los guardias. “Si el perro está bien, eso significa que estás bien”.

Un perro callejero con ojos tristes pide comida en la zona de exclusión.

Getty Images
A pesar de vivir en un área donde los humanos todavía están en gran parte excluidos, los perros alrededor de Chernóbil llevan una vida “próspera”.

Pero en verdad, esto puede ser solo una falsa sensación de seguridad.

“Es un entorno extraño”, señala Turnbull. “No puedes ver el peligro. Estás constantemente consciente de que podría estar ahí, pero todo parece normal”.

A pesar de que los perros podrían representar un riesgo en términos de radiactividad, los guardias como Bogdan enfatizan en cambio los beneficios de tenerlos cerca.

Por ejemplo, afirma conocer perros que ladran de formas notablemente diferentes según lo que hayan visto en la distancia: un humano desconocido, un vehículo, un animal salvaje.

Debido a estas útiles señales de advertencia, Bogdan piensa en los perros como “asistentes”.

“Mundo postapocalíptico”

Lo que está sucediendo en la Zona de Exclusión es un eco de interacciones con perros que se sabe que han ocurrido dentro de las civilizaciones humanas durante miles de años, dice Larson.

Perros en un parque de diversiones de Prypiat, una ciudad abandonada después del desastre.

Getty Images
Los perros de Chernóbil se han vuelto casi tan famosos como la icónica noria del parque de atracciones de Pripyat.

“Vemos esto durante los últimos 15 mil años o más. Esto es lo que la gente hace, asociaciones muy cercanas no solo con perros sino con muchos animales domésticos […] para decir ‘este es nuestro apego al paisaje'”, explica.

En todo el mundo, hay perros que viven en un estado intermedio similar: no del todo domesticados ni del todo salvajes. Estos son los perros que deambulan por las ciudades y áreas industriales en busca de comida, los que pueden ser adoptados hasta cierto punto por las personas, pero que no llegan a considerarse mascotas.

Un cachorro callejero camina a lo largo de unas vías de tren cerca de la planta nuclear de Chernóbil, en 2017.

Getty Images
Un estimado de 900 perros viven en la Zona de Exclusión.

Los perros de Chernóbil también viven en este tipo de espacio, al borde de la domesticación, pero hay una diferencia, según Webster, quien anteriormente ha participado en un estudio distinto al de Turnbull.

“La Zona de Exclusión es muy diferente porque está abandonada por humanos”, relata. “Las únicas personas en ese paisaje en el día a día, en realidad, son los guardias”. Como tal, las oportunidades de los perros para hacerse amigos de los humanos son muy limitadas.

Si bien el mundo exterior sigue fascinado por los perros y su historia, para muchos guardias la conexión es mucho más profunda.

Bogdan dice que a menudo se le pregunta por qué se debe permitir que los perros permanezcan en la Zona de Exclusión.

“Nos dan alegría”, responde. “Para mí, personalmente, esto es una especie de símbolo de la continuación de la vida en este mundo radiactivo y postapocalíptico”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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