Tribunal español rechaza recurso de Alonso Ancira y ordena su entrega a México
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Tribunal español rechaza recurso de Alonso Ancira y ordena su entrega a México

Ancira es acusado por el gobierno mexicano por los presuntos delitos de corrupción y lavado de dinero en el caso de la  venta de la planta Agro Nitrogenados a Pemex.
Cuartoscuro
13 de noviembre, 2020
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La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional española rechazó el recurso presentado por el exdirector de Altos Hornos (AHMSA), Alonso Ancira, y ordenó su entrega a México.

En un auto de 15 páginas, los jueces españoles rechazan que Ancira sufra “persecución política” y consideran que los delitos de corrupción por los que se le persigue son también punibles en España.

Lee: Alonso Ancira se entregó voluntariamente en España para reingresar a prisión, tras un año de libertad bajo fianza

Ancira fue detenido el 28 de mayo de 2019 en Palma de Mallorca, España, y está vinculado a la trama de corrupción por la que está procesado también el exdirector general de Pemex, Emilio Lozoya.

Entre junio y noviembre de 2012, Altos Hornos realizó cuatro transferencias por 3.4 millones de dólares a Tochos Holding Limited, empresa vinculada a Emilio Lozoya a través de su hermana Gilda Susana.

“Entre ambas empresas ni hay vínculos comerciales ni hay negocios. Las transferencias suponen un acto de triangulación de fondos a través de transferencias económicas (“recursos procedentes de una actividad ilícita”) en una cuenta bancaria en Suiza, donde se ingresan, a favor de una empresa constituida en las islas vírgenes, -centro financiero offshore de dudosa transparencia fiscal- en la que la participación del señor Lozoya se haya intermediada a través de la figura de confianza de su hermana, que obra como testaferro”, dice el auto.

Lee: Expediente Lozoya: Paso a paso, cómo presuntamente le entregaron los sobornos de Odebrecht y Altos Hornos

Posteriormente, el 14 de noviembre de 2012, Lozoya compra una vivienda en la zona residencial Loma de Bezares por un importe de 38.175 millones de dólares, recibiendo Tochos otras dos transferencias procedentes de Altos Hornos de medio millón y un millón de dólares.

A su vez, el 17 de diciembre de 2013, Lozoya propuso la rehabilitación de una planta de agronitrogenados propiedad de una empresa participada mayoritariamente por Altos Hornos y finalmente termina por comprarla. Por la adquisición se pagan 275 millones de dólares, cuando la compañía estaba valuada en 58 millones.

Para los jueces, el primer acto podría constituir un delito de cohecho, mientras que el segundo sería su contraprestación, lo que confirmaría el ilícito.

Los abogados de Ancira habían alegado que era extraño que la dádiva se efectuase antes de la prestación injusta, pero los jueces responden que “lo que importa es que ambas están claramente relacionadas y concertadas”, lo que les lleva a deducir que ambas actuaciones hubiesen estado planificadas previamente por Ancira y Lozoya, lo que podría considerarse un fraude o malversación de recursos públicos.

De este modo, los jueces consideran que los delitos de blanqueo de capitales y cohecho son perseguibles en España, lo que permite que Ancira sea extraditado.

Alegaba también la defensa del exdirector de Altos Hornos que los delitos se habrían cometido cuando él todavía no era funcionario público, ya que no fue nombrado hasta que Enrique Peña Nieto tomó protesta como presidente. Sin embargo, los jueces recuerdan que Ancira formó parte de la campaña del priista y, además, participó como encargado de asuntos internacionales del mandatario electo. Además, considera los pagos anteriores a diciembre de 2012 como parte del acuerdo, que se materializará luego que Emilio Lozoya es nombrado al frente de Pemex.

Otro de los argumentos de Ancira era negar la relación entre las transacciones de dinero, la compra de la casa y la adquisición de la planta de nitrogenados. Pero los jueces alegan que no pueden entrar al fondo del asunto, ya que esto, en todo caso, sería algo que deba abordar la justicia mexicana, que es para lo que se solicita la extradición.

Los jueces españoles también rechazan las dos últimas alegaciones de la defensa de Ancira. Por un lado, niegan que los delitos hayan prescrito y, por otra, también descartan que el exdirector de Altos Hornos esté sufriendo una persecución política.

Sobre este último asunto, los defensores alegaron que las autoridades mexicanas conocían en todo momento el paradero de Ancira, que viajó a Estados Unidos y luego a España, y que esperaron que llegara a este país para detenerle porque presuponían que la extradición sería más sencilla. Esta afirmación no sienta bien a los jueces españoles, que consideran esto una “nueva especulación de carácter victimista, no probada”.

Ancira presentó como prueba diversos recortes de prensa, que para los magistrados “evidencian la exclusiva rivalidad política entre equipos diferentes”, pero no una persecución.

Además, los jueces recuerdan que el hecho por el que se le persigue es un delito común, la corrupción.

“Se denuncia un fraude por sobreprecio en la compra de una inservible y obsoleta planta de agro nitrogenados, que produjo un enorme perjuicio económico en las arcas públicas mexicanas y una contraprestación en un inmueble de lujo en Ciudad de México, que es lo que constituye el núcleo de lo que se persigue ante el hecho de haber pretendido y momentáneamente conseguido ocultarlo, introduciendo en el mercado lícito mexicano tal activo mediante tan complicada operación con triangulación de envíos económicos al extranjero, a empresa constituida en un paraíso off shore, en entregas fraccionadas de dinero, con la utilización de un testaferro familiar, y gran perjuicio al dinero público, circunstancias que, objetivamente, nada tienen que ver con la persecución política”, afirma el auto.

Por último, los jueces recuerdan que la orden de aprehensión sigue en vigor en tanto ninguna autoridad mexicana ha comunicado lo contrario y recordando que un juez mexicano la anuló a condicione de que Ancira se presentase y pagase una fianza, algo que no ha ocurrido.

Con el rechazo del recurso presentado por Ancira se avanza en el proceso de extradición, que todavía tiene que pasar por el Consejo de Ministros de España para ser finalmente aprobado.

El exdirector de Altos Hornos se encuentra actualmente en prisión tras entregarse voluntariamente ante la policía española después de que la Audiencia Nacional rechazase su recurso.

El rechazo del recurso da vía libre a su entrega, a México, aunque esta no se producirá en los próximos días.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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