Invertir en primera infancia, un esfuerzo a largo plazo pero que es efectivo
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Invertir en primera infancia, un esfuerzo a largo plazo pero que es efectivo
Como parte de las acciones para invertir en el desarrollo de la primera infancia se han desarrollado plataformas con contenidos tanto para los niños como para los papás así como para los centros educativos
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12 de noviembre, 2020
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“Infancia es destino” reza una frase de uso común. Pero hay dos formas de interpretarla: la primera es que se trata de una especie de sentencia inamovible; la segunda es que es un espacio de oportunidad para mejorar la vida de las personas y romper los ciclos de pobreza y desigualdad.

Existe muchísima evidencia en torno a la importancia de invertir en la primera infancia, entendida como el periodo desde la gestación y hasta los cinco años de vida de cualquier persona. No obstante, uno de los problemas es que se trata de una inversión a largo plazo, por lo que para muchos actores políticos o tomadores de decisiones se vuelve inviable pues el rendimiento no se ve de manera inmediata.

“Un dólar invertido en primera infancia tiene una recuperación de 7 dólares, porque evitas problemas de deserción escolar, delincuencia, salud mental, salud física. Esta es la razón por la cual invertir en primera infancia tiene tal importancia, y tristemente nuestras inversiones políticas van en otro sentido; como que hay esa sensación de que no importa, solo cambias pañales y pones a dormir y realmente no”, consideró Ana Serrano, directora y fundadora de Proyecto DEI y DEI comunidad.

Esta cifra se basa en las investigaciones de James Heckman, Premio Nobel de Economía en el 2000, quien encontró que invertir en los primeros años transforma la vida de los niños e impacta la trayectoria de crecimiento y competitividad de los países, generando retornos de hasta 14% cada año.

Organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo, UNESCO o UNICEF llaman a desarrollar políticas públicas que pongan a la niñez –y en particular a la primera infancia– en el centro de la agenda, es decir, promover una mayor inversión social en la primera infancia: “La neurociencia, la psicología, la medicina y la economía, junto con otras disciplinas, señalan la importancia que tiene invertir en la primera infancia —y el costo de no hacerlo— en las condiciones y oportunidades de desarrollo de las niñas y los niños. Los argumentos se basan en que es un período evolutivo en el que se experimentan cambios madurativos acelerados, procesos de interacción sociales muy significativos y las personas son dependientes y vulnerables”, establece el documento La inversión en la primera infancia en América Latina: Propuesta metodológica y análisis en países seleccionados de la región, elaborado por la UNESCO y la UNICEF.

Pero ¿qué es lo que sucede durante los primeros cinco años de vida de las personas? 

“Imagina la construcción de una casa, de qué manera vas poniendo los cimientos necesarios para que después la arquitectura de la casa pueda florecer y pueda sostener muchos pisos más arriba. Son justo estos años donde preparas el andamiaje de esta construcción. Pones las bases sólidas de lo que va a ser eventualmente el desarrollo de los niños”, describe a manera de analogía Brenda Campos, directora de Impacto Social para América Latina de Sésamo.

UNICEF y UNESCO, entre otros organismos, recomiendan que esas inversiones en la primera infancia deben ser intersectoriales y responder al contexto y a las necesidades de las familias, para poder garantizar a las niñas y niños relaciones positivas y estables con sus padres y con otros cuidadores; entornos seguros y protectores, acceso a diferentes servicios de salud, nutrición, protección, así como oportunidades de aprendizaje, juego y socialización; y poder asegurar también que las niñas y los niños logren desarrollarse al máximo de su potencial. 

“Sabemos que, si tenemos unos primeros años de vida con mejores condiciones de salud y de interacciones sociales eso nos predispone a poder rendir mejor en la escuela, a poder llegar a tener mejores empleos en la vida adulta”, añade Eva Fernández, gerente de Inversión Social en Primera Infancia de Fundación FEMSA.

TAREA DE TODOS

En América Latina, según UNICEF, uno de cada cinco niños está en riesgo de no alcanzar su potencial, además de que 2 de cada 3 son disciplinados con violencia. El BID estima que en la región 40% de los niños viven en pobreza y 16.3% en pobreza extrema y la UNESCO advierte que 4 millones de niños latinoamericanos están fuera de la escuela… y aunque la lluvia de datos puede seguir, lo que revelan las cifras es que se trata de un grupo que requiere urgente atención.

Ahora bien, ¿de quién es responsabilidad hacer las inversiones e intervenciones para atender a este sector y revertir las tendencias que alertan estos organismos internacionales? La respuesta parece obvia: de todos, gobiernos, sociedad, organizaciones civiles, empresas e, incluso, hay una parte que responsabilidad individual en padres, madres y cuidadores de los niños, incluyendo a sus maestros.

“En términos generales en América Latina y en el mundo, pero más en América Latina, no estamos invirtiendo en primera infancia, invertimos una tercera parte en primera infancia de lo que debería ser”, consideró Eva Fernández.

Pero existen esfuerzos cada vez más relevantes que buscan poner el foco en la importancia del desarrollo infantil y poner a los niños en el centro de las políticas públicas tanto para fomentar su desarrollo como para mejorar las capacidades de padres y cuidadores.

Por ejemplo, Fundación FEMSA promueve el concepto del desarrollo de comunidades resilientes, que consiste en apoyar proyectos para que los menores tengan experiencias de calidad con sus papás, que mejore la calidad en los centros de atención infantil y que cuenten con espacios públicos y ciudades más amigables.

“Para nosotros es una manera de englobar que si queremos tener comunidades con un mejor desarrollo hay que partir de los niños, sus padres y familias, y sus espacios de cuidado y aprendizaje, y que cuando construimos comunidades y entornos pensando en el bienestar de los niños, estamos pensando en el desarrollo de la comunidad en su totalidad”, explica Fernández.

A través de Fundación FEMSA, también se hacen esfuerzos para que el diseño de políticas públicas se haga poniendo a los niños en el centro y para ello promueven capacitación para funcionarios públicos en torno a la importancia de la primera infancia.

Adicionalmente, Fundación FEMSA promueve una serie de acciones y proyectos para fomentar una mayor inversión de las empresas en el tema de la primera infancia.

“Nosotros al ser una fundación corporativa y ser parte de una empresa, creemos que tenemos una responsabilidad por invitar a más empresas a que conozcan la importancia de la primera infancia y que inviertan en el tema”, añade la directiva de la Fundación que recientemente puso a disposición del público en general una serie de consejos de actividades para realizar durante la cuarentena generada por la pandemia de COVID-19.

MEJORES PAPÁS

Para el mejor desarrollo de la primera infancia, un punto fundamental es el trabajo con los papás.

Por ello se busca que los papás cuenten con las mejores herramientas para ejercer la crianza. “Los proyectos que hemos impulsado nosotros son mucho de capacitación a padres para hablarles de se puede jugar o se puede aprender en cualquier momento; que los niños necesitan interacciones cálidas y constantes, hay que hablarles a los ojos, entre más palabras ellos escuchan es más estimulación y es mejor y que los niños requieren contacto constante y más bien respuestas”, añade Fernández.

En este esfuerzo Fundación FEMSA colabora con Proyecto DEI, que tiene más de 30 años en México brindando talleres de educación dirigidos a padres y en conjunto se han desarrollado una serie de contenidos enfocados a hablar del rol de los padres en la primera infancia.

En estos contenidos se busca el desarrollo de habilidades socioemocionales pues, de nuevo citando los estudios del Nobel de Economía, los proyectos más exitosos son los que trabajan no tanto sobre habilidades cognitivas sino habilidades socioemocionales, es decir, aquellas que enseñan el autocontrol y ayudan a regular emociones.

“No hay posibilidad de que el bebé y el niño tengan bienestar si el papá y mamá no tienen autorregulación, no están tranquilos, no están bien internamente. De entrada, es que se cuiden los papás, se cuiden los cuidadores, es el paso cero para generar el bienestar, un buen desarrollo en los niños y esto también tiene empate con todas las neurociencias”, afirma Serrano.

“Un punto fundamental para el desarrollo infantil es el cuidado de las familias, los papás tienen que estar tranquilos, tienen que ver sus necesidades también. No dejemos el cuidado de los padres, me parece importante recalcarlo”, coincide Brenda Campos. 

SÉSAMO, EL ALIADO

En 30 segundos, Elmo, uno de los principales personajes de Sésamo, recuerda la técnica adecuada de lavado de manos; en tres minutos y medio, Oscar se convence de que el personaje rojo y Abby son muy felices para ser gruñones; en 40 segundos, el Comegalletas encuentra otras alternativas de alimentación, y en dos minutos, Beto y Enrique refrendan la importancia de la amistad.

Y así mediante juegos y videos interactivos, la plataforma ¡Listos a Jugar! fomenta el desarrollo de habilidades socioemocionales y de hábitos de higiene y autocuidado en los niños, un esfuerzo que recientemente emprendió Sésamo como parte del trabajo en pro de la infancia que hace desde hace casi 50 años en todo el mundo.

Pero ahora gracias al apoyo de Fundación FEMSA estos contenidos se han hecho llegar a centros de cuidado de niños a fin de que sean utilizados por el personal docente como una herramienta más para los pequeños. “Es un programa que habla de habilidades de salud y les habla de hábitos saludables que incluyen el tema de hidratación y alimentación saludable, el tema socioemocional que es bien importante, también higiene y salud bucal y hábitos de sueño y del baño”, detalla Fernández.

Desde 2016, Fundación FEMSA y Sésamo trabajan de la mano para el desarrollo de contenidos que promuevan una mejor nutrición para los niños. Estos contenidos se lanzaron a nivel América Latina en las televisoras públicas como una primera fase y después se adaptó el contenido para que pudiera usarse en las aulas.

Como toda inversión en el cuidado de la primera infancia, aún es pronto para evaluar el resultado de la plataforma ¡Listos a Jugar! en cuanto a si se mejoró la condición de salud. No obstante, Campos es optimista al respecto pues lo que ya se ha logrado medir, con un estudio semiexperimental, es que entre los niños que sí tuvieron acceso a los contenidos televisivos y los que no, sí hay mayor aprendizaje en algunos de los temas. 

“Sí hay un incremento en el aprendizaje de identificar estas prácticas saludables vs. las no saludables por los niños que no reciben material. Hasta ahí va, todavía no sabemos si esos niños van a crecer más sanos o no, entonces faltan muchos años para hacerlo, pero la evidencia global de muchos de esos programas demuestra la inversión que reditúa a largo plazo. El hecho de que no sea medible a corto plazo no significa que no lo tengamos que hacer”, afirma la directora de Impacto Social para América Latina de Sésamo.

Y sí, aunque el resultado de este tipo de esfuerzos tardará en verse reflejado, los estudios previos indican que estas inversiones sí reditúan a largo plazo y solo es cuestión de esperar. “Lo que hemos visto es que, en primera infancia, tampoco estamos invirtiendo suficiente desde el sector social o filantrópico y tenemos que hacer más por generar evidencia de cómo funcionan estos proyectos y luego estudiar cómo deben ser escalados (…) vemos una oportunidad de documentar todos estos proyectos y poderlos llevar a una mayor escala”, concluye Eva Fernández.

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