A Leonardo lo mataron policías de Guanajuato en 2018; Fiscalía no investigó
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A Leonardo lo mataron policías de Guanajuato en 2018; Fiscalía no investigó el caso

Su familia denuncia que salió de su comunidad para buscar señal en el celular y fue tiroteado por efectivos de una unidad de élite de Guanajuato.
3 de noviembre, 2020
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Leonardo Reyes, de 23 años, murió el 13 de diciembre de 2018 por disparos de agentes pertenecientes al Grupo Táctico Operativo de la Policía Estatal de Guanajuato. Desde los 13 años vivía en Dallas, Texas, Estados Unidos, pero llegó a su comunidad en San Miguel de Allende para visitar a su familia. Aquella noche salió a buscar señal de teléfono, pero nunca regresó. Fue tiroteado por los policías, que argumentaron que alguien les había atacado y que ellos solo repelieron la agresión.

La Fiscalía General del Estado (FGE) y la jueza Mónica Edith Olmos Ortega, del Juzgado de Oralidad Penal de San Miguel de Allende, apoyan esta versión: no quieren investigar la muerte de Reyes. Solo la Procuraduría de Derechos Humanos de Guanajuato reconoció que hubo vulneraciones a los derechos de la víctima, aunque elude hablar de ejecución extrajudicial. Los familiares del joven han apelado la decisión judicial y piden justicia.

Entérate: Más de 8 mil policías estatales carecen de preparación básica para ser agentes

Animal Político contactó con el Poder Judicial de Guanajuato y con la FGE para conocer su versión de los hechos, pero al cierre de la edición no había recibido respuesta.

“Me pongo muy mal cuando me recuerdan, pero nunca dejo de recordarlo. Estuvo muy mal lo que hicieron. A los policías ni siquiera los quieran castigar. Es algo muy triste. Parece que mi hijo ni era una persona humana. Porque lo que hicieron con él no se vale”, dice Guadalupe Moreno Cayente, de 54 años, madre de la víctima, en conversación telefónica desde San Antonio, Texas.

La última vez que vio a su hijo, el joven le dijo que salía de casa a llamar por teléfono. Ella, recuerda, le pidió que no saliese, que ya era tarde. Pero él no vio peligro. La suya es una comunidad pequeña en la que todos se conocen y no pensó que pudiese ocurrirle nada malo. Minutos después su camioneta fue rafagueada. Recibió más de 50 impactos de bala y él murió desangrado. Ninguno de los policías llamó a una ambulancia, según explica Juan José Padierna, abogado de la familia.

“Creemos que hay un cubrimiento, una tapadera por parte del mismo Estado. Estos policías son del cuerpo de elite y al Estado no le conviene decir que se equivocaron y lo mataron”, dice el abogado.

En casa de la familia Reyes todo el mundo recuerda que Leonardo se ganó un balón en un torneo de fútbol que jugó el día en el que lo mataron. Cenó con la familia y, pasada la medianoche, fue a un lugar conocido como La Caseta, donde los comunitarios acuden para llamar por teléfono porque es el único punto en el que tienen señal.

Minutos después todo se descontrola. Un tío de Leonardo pasa por la zona y ve a los policías que rafaguean la camioneta. Como es una comunidad muy pequeña, la recorre casa por casa preguntando si falta alguien. Ahí se da la primera alarma: falta Leonardo, el “paisano” recién llegado de Texas.

Asustados, algunos familiares se acercaron a la zona. Entre ellos estaba Moreno Cayente, su madre, acompañada de un tío, un hermano y la cuñada de Reyes. Escuchan las risas de una mujer y un policía que le dice a otro: “ya la cagaste, cárgale otra pistola”. Aterrorizados, no regresarán al lugar hasta la mañana siguiente.

Cuando amanece, la familia retoma la búsqueda. Pero en ese momento el rumor ya apunta a que Leonardo Reyes murió por balas de policía. Hasta la zona se desplaza Juan José Padierna, ya nombrado abogado de la familia. “Vimos falta de pericia de los peritos, que estaban recogiendo, manipulación de la cadena de custodia”, explica.

Entre la 1 y las 6 de la madrugada el cuerpo estuvo ahí, en manos de los mismos policías que habían apretado el gatillo y sin que nadie supervisase qué es lo que hacían con él. De hecho, ni siquiera llamaron a la ambulancia. A juicio de Padierna, esto prueba que los agentes dejaron morir a la víctima sin proporcionarle ayuda médica. Esta versión es sustentada por la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guanajuato, que emitió una recomendación en la que no habla de ejecución extrajudicial pero sí denuncia que no se prestó asistencia al fallecido. “La autopsia dice que murió desangrado. Así que le dejaron morir”, dice el abogado.

A partir de aquí comienza un proceso lleno de irregularidades que la familia de la víctima asegura que está montado para exonerar a los policías.

Los allegados de Reyes creen que los policías acabaron con la vida del joven sin que hasta el momento hayan ofrecido una explicación convincente.

Los agentes, por el contrario, aseguraron que dispararon en defensa propia ya que fueron víctimas de un ataque.

“Dicen los policías que les dispararon, lo repelieron y la camioneta se dio a la fuga. Los seis usaron sus armas largas porque no se detenía. Según declararon, le alcanzaron los disparos, la furgoneta impactó contra un árbol, dos ocupantes huyeron y Leonardo murió”, explica Padierna.

Su madre recuerda que recién acababan de llegar de Estados Unidos  y dice que ni siquiera tuvo tiempo de juntarse con sus amigos, como para encima participar en un acto delictivo. Para lo único que había salido su hijo era para jugar un partido de fútbol, dice la señora. Y para ayudar en la iglesia. “Todavía anduvo en el río juntando piedra”, asegura.

La demanda de justicia de la familia Reyes ha chocado con unas autoridades reacias a investigar.

Los familiares pidieron que la Fiscalía General de la República (FGR) se hiciera cargo de la investigación, sin éxito. Además, abordaron al gobernador Diego Sinhué, a quien exigieron justicia. Este se comprometió a promover la investigación, pero los acontecimientos avanzaron en la dirección opuesta.

El 25 de marzo de este año, la fiscal Ramona Pérez decidió archivar el caso, dando la razón a los policías que decían que fue en defensa propia a pesar de no presentar heridas ni rastros de ataque alguno. Un mes antes, el 17 de febrero, la Procuraduría de los Derechos Humanos reconoció que se había vulnerado el derecho a la Justicia.

El 17 de septiembre tuvo lugar una audiencia para desahogar la impugnación al archivo del caso. La juez Mónica Edith Olmos aceptó la versión de la FGE que aseguraba que se había notificado a la madre de la víctima sobre los plazos para presentar la apelación y que esta no había hecho caso. En realidad, la versión es todavía más extraña. Lo que dice fiscalía es que dejaron una nota en la casa de Guadalupe Moreno Cayente en San Miguel de Allende. Aunque esta vive en San Antonio, Texas, asegura que en el domicilio siempre hay gente y que, de haber recibido algo, le hubiesen avisado. Sin embargo, la juez rechazó estos argumentos y decretó nuevamente archivar el caso.

“La jueza está violando derechos porque fue el estado, un cuerpo de élite, quien está involucrado”, denuncia el abogado Padierna.

Guadalupe Moreno Cayente, por su parte, dice estar harta de mentiras. “Yo les digo a los abogados que me traigan a los policías a la cara. Que yo no tengo por qué mentir. Que eran cinco hombres y una mujer y escuchamos lo que estaban diciendo”, dice.

Desde entonces, asegura temer por su integridad. “Tengo miedo. Estoy muerta en vida. Ellos saben dónde vivimos y todo”, afirma. A pesar de las dificultades, reitera que “no vamos a descansar y vamos a seguir buscando justicia hasta que dios nos de licencia”.

“Queremos justicia porque no estuvo bien lo que hicieron. Él no andaba en malos pasos ni tuvo culpa de nada. No porque sean policías no hay derecho a que sean castigados”, asegura.

Sus esperanzas están ahora en el amparo indirecto 617/2020 presentado ante el juzgado Segundo de Distrito. “Nos han mentido hasta donde han querido. Nos han mentido mucho. Pero nosotros queremos justicia”, dice.

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Qué es "tan ping", el movimiento social nacido en pandemia en China y por qué preocupa al presidente Xi Jinping

Los trabajadores jóvenes en China están desafiando las presiones sociales que los impulsan a trabajar hasta que se agoten.
19 de marzo, 2022
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“Sigo deshaciéndome de la energía negativa en mi vida. Creo que en 2022 habrá una mejora con respecto a 2021, pero todavía no quiero hacer nada. Seguiré ‘acostado’. Disfruto este estado”.

Cuando Jeff (no es su nombre real), dejó su ciudad natal de Hangzhou por un trabajo muy bien remunerado como desarrollador de aplicaciones en Pekín hace varios años, igual que muchos jóvenes profesionales chinos, el trabajo se convirtió en su vida.

El poco tiempo libre que tenía fuera del trabajo lo pasaba jugando a lo que él describe como juegos de computadora “sin sentido”.

No desarrolló un círculo social en su nueva ciudad y finalmente dejó de intentarlo.

Pero cuando llegó la pandemia, la vida tal como la conocía se detuvo abruptamente. Como a muchos otros trabajadores, la covid lo hizo reevaluar sus prioridades en la vida.

Cuando hablaba con sus amigos artistas en su ciudad natal, se dio cuenta de que, aunque ellos tenían poco dinero, siempre tenían algo interesante que decir sobre su día y lo que estaban haciendo, mientras que él todo lo que tenía era trabajo.

estudiantes chinos

Getty Images

Cuando su empresa comenzó a despedir personal debido a la pandemia, se vio obligado a trabajar entre 60 y 70 horas a la semana.

Finalmente no pudo más y se tomó un tiempo libre para viajar.

Durante su estancia en la ciudad de Ho Chi Minh en Vietnam, tuvo una epifanía después de ver grupos de ancianos reunidos en un bar cercano simplemente relajándose, charlando y viendo fútbol durante horas.

Su mente seguía volviendo a ellos. ¿Por qué no podía ser como ellos, simplemente relajarse y acostarse?

Y entonces hizo exactamente eso. Regresó a casa y renunció a su trabajo.

Es uno de los muchos ciudadanos chinos que renunciaron o redujeron su compromiso laboral en los últimos dos años.

La idea de “acostarse boca arriba”, o tang ping” en chino, significa tomarse un descanso del trabajo implacable.

El movimiento tang ping despegó durante 2021, ya que muchos sintieron que estaban bajo una presión cada vez mayor para trabajar siempre más y superar a sus compañeros.

joven leyendo acostado

Getty Images
Tang ping es un movimiento de protesta y un estilo de vida.

Cansado de trabajar de lleno

El trasfondo de esta tendencia es un mercado laboral cada vez más reducido en China, lo que significa que los jóvenes ahora están bajo presión para trabajar muchas más horas y están agotados.

La gente “se siente muy apática ahora que tiene que lidiar con el coronavirus y está exhausta. Literalmente, solo quiere acostarse con un libro, o sentarse y mirar televisión, en lugar de mantener el impulso trabajando duro”, dice Kerry Allen, analista de medios de China de la BBC.

Esto significa que si bien la pandemia de covid podría estar disminuyendo, el movimiento tang ping no lo está.

En los sitios de redes sociales chinos, los usuarios publican mensajes que dicen que no quieren volver a ser como eran antes de la pandemia y que ahora tienen la confianza para llevar una vida con un ritmo más lento.

La anterior política china de un solo hijo ha significado que muchos jóvenes profesionales crecieron sin hermanos o hermanas, y esto ha aumentado la sensación de tensión de muchas personas.

Jack Ma

Getty Images
El fundador de Alibaba, Jack Ma, fue criticado por apoyar una cultura de trabajar largas horas.

Los valores tradicionales de poder ser propietario de una casa y tener hijos siguen siendo muy importantes en China.

Sin embargo, muchas personas de entre 20 y 30 años se preocupan de que nunca podrán lograr estas cosas.

Aquellos que son hijos únicos argumentan, por ejemplo, que también tendrán que cuidar a sus padres ancianos y que para muchas personas los precios de las propiedades están cada vez más fuera de su alcance.

En 2019, el magnate tecnológico y fundador del grupo Alibaba, Jack Ma, fue criticado por respaldar la llamada cultura laboral 996 de China, donde la gente trabaja de 9:00 a. m. a 9:00 p.m., seis días a la semana.

El año pasado, el máximo tribunal y el Ministerio del Trabajo del país dictaminaron que estas prácticas eran ilegales.

Sin embargo, si trabajar 996 sigue siendo lo que se necesita para tener éxito profesionalmente, tal vez no sorprenda que algunos jóvenes opten totalmente por no hacerlo.

Las tendencias demográficas significan que es probable que se intensifiquen las presiones sociales sobre los jóvenes.

Para 2035, la OCDE pronostica que el 20% de la población de China tendrá más de 65 años, lo que ejercerá una mayor presión sobre los jóvenes para apoyar a las generaciones mayores.

Jeff, que no quiso ser identificado por temor a una respuesta negativa, describe su propia decisión de abandonar su trabajo y su vida en Pekín como “una protesta silenciosa las reglas actuales. No aceptar cuando la gente te dice que debes aprender más y trabajar más duro”.

Xi Jinping

Getty Images
El presidente de China, Xi Jinping, advirtió recientemente en contra de “acostarse”.

Esto puede sonar casi subversivo en China. El sentimiento que expresa está tan generalizado que incluso justificó una advertencia explícita del presidente Xi Jinping, en un artículo en el diario del Comité Central del Partido Comunista publicado el pasado octubre.

“Es necesario evitar la solidificación de los estratos sociales, suavizar los canales de flujo ascendente, crear oportunidades para que más personas se enriquezcan, formar un entorno de desarrollo donde todos participen y evitar la ‘involución’ y el ‘aislamiento'”, escribió.

Ninguna de estas tensiones entre generaciones es exclusiva de China.

Tanto en EE.UU. como en Europa, los economistas hablan de una ‘Gran Renuncia’, con millones de trabajadores que se jubilan, renuncian o se niegan a aceptar trabajos que consideran inútiles o poco gratificantes.

Entonces, ¿puede ser el “acostarse boca arriba” la versión china de estas tendencias?

La doctora Lauren Johnston, investigadora asociada del Instituto de China de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, dice que la situación en China tiene diferentes causas.

En primer lugar, hay jóvenes migrantes rurales en Pekín o Shanghái, que ahora se dan cuenta de “cuán atrasados están, en términos de poder ganar suficiente dinero para comprar una casa, o competir con los jóvenes de la ciudad que crecieron hablando inglés y vistiendo ropa sofisticada”.

Johnston explica que parte de este grupo ahora puede estar pensando en regresar a sus ciudades de origen y aceptar trabajos peor pagados para poder estar con sus familias.

Por otro lado, están los hijos de padres más ricos y exitosos que no tienen “tanta hambre como los niños super triunfadores de familias más pobres”.

La experta cree que la llamada “cultura del tigre” de China es una barrera adicional, donde los padres se sienten bajo una intensa presión para ayudar a sus hijos a tener logros, algo que la escuela por sí sola no puede hacer.

Sienten que tienen que pagar lecciones adicionales de matemáticas, chino, inglés y música, o prepararse para exámenes de ingreso competitivos.

Estudiantes chinos

Getty Images

Queda por ver cómo se desarrollará todo esto en un momento en que China se enfrenta a un panorama económico difícil: una desaceleración del crecimiento, aumento de la deuda y una posible retracción total del sector inmobiliario del país.

En cuanto a Jeff, después de la presión de sus padres, finalmente consiguió otro trabajo, pero dice que es un empleo mucho menos exigente.

Gana la mitad de lo que solía ganar, pero asegura que tiene mucha más flexibilidad y por ahora planea quedarse.

“Podré seguir haciendo todos mis pasatiempos que descubrí durante mi tiempo de ‘acostado’, como esquiar y escalar rocas. Tengo tiempo para hacer lo que amo, estoy muy satisfecho”.


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