De palabras a violencia sexual y golpes: relatos de la violencia machista
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Andrea Paredes (@Driu_Paredes)

De las palabras a la violencia sexual y los golpes: relatos de la violencia machista

Animal Político presenta de voz directa de las mujeres los testimonios de agresiones a las que sobrevivieron.
Andrea Paredes (@Driu_Paredes)
25 de noviembre, 2020
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“Julia” tiene 26 años. Terminó huyendo de la casa que compartía con su pareja, después de 3 años de relación, con miedo de terminar aumentando la estadística de que 10 mujeres son asesinadas al día. Pero antes de llegar a ese nivel de miedo recorrió un camino de violencias psicológicas y verbales que fue creciendo poco a poco.

“Empezó a decirme que me quería mucho, que me protegía. Que si me pedía mi ubicación era porque se preocupaba por mí. Pero después fui entendiendo que lo que él quería era mantenerme pues todo el tiempo con él, alejada de las personas que yo quería, de mi familia”, contó en un audio facilitado por la Red Nacional de Refugios.

Leer más: COVID19, la pandemia que agravó la desigualdad de género

Como ella, casi 35 mil mujeres han pedido ayuda a esa organización desde marzo pasado, y 740 mil han llamado al 911 por algún tipo de violencia familiar, de pareja o sexual.

Este año, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se conmemora el 25 de noviembre ocurre en un contexto sin precedentes por el confinamiento al que ha obligado la pandemia de COVID-19, y que ha agravado y hecho más visible que nunca la violencia que ocurre dentro de los hogares, alertó la ONU. “Es la pandemia en la sombra que crece en medio de la crisis de la COVID-19”.

Los feminicidios son la expresión más radical de las agresiones contra las mujeres, pero la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia reconoce cinco tipos de violencia: psicológica (desde celos, abandono, infidelidad, humillaciones o insultos), física, patrimonial (por sustracción o destrucción de documentos, vienes, valores y derechos), económica (si limita o controla el ingreso hasta afectar la supervivencia económica) y sexual. Además de cinco modalidades en las que se puede sufrir: en el ámbito familiar, en el laboral y docente, en la comunidad, violencia institucional y política.

El Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) registra 735 mil casos desde su creación, en 2010, de las que la gran mayoría, arriba de 500 mil, refirieron haber sufrido violencia psicológica. Mientras que según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la violencia por la que más han aumentado las denuncias en los últimos años es la sexual, tanto por abusos como por violación.

Animal Político presenta de voz directa de las mujeres sus testimonios de agresiones a las que sobrevivieron.

Julia, 26 años

“Cuando teníamos reuniones antes de esto pues yo antes hablaba y decía lo que pensaba, pero él siempre se burlaba o decía que no era cierto, que yo mentía, que quería quedar bien. Y de pronto ya mejor me quedaba callada, ya no hablaba, ya no conversaba.

“Empieza a controlarte cómo hablas, cómo te vistes, qué haces, cómo lo haces, qué dices… Hasta que llega un momento en que ya no puedes hablar, ya no puedes ser tu misma. Empezó a decirme que realmente me comportara como una mujercita, que estuviera en mi casa, que no me vistiera así, que yo provocaba todo. Y de pronto, los insultos: eres una tonta, eres una inútil.

“Cuando fue lo del confinamiento, pues resulta que él se quedó más tiempo en la casa. Yo dejé de trabajar porque soy maestra y en un momento yo no tenía actividades, después todo el tiempo era estar vigilando con quién estaba yo en el zoom, si eran mis alumnos o era alguien más.

“Hasta que un día me salí de bañar y cuando vi, estaba revisando mi ropa interior y me decía que me faltaban unas pantaletas. Le dije que no, que estaba loco. Y bueno, empezó a insultarme, a decirme que cuando él se iba yo metía a hombres, y me dijo algo que me preocupó mucho, porque me dijo que yo no iba a salir, con una grosería, me iba a quedar ya con él para siempre, y al fin y al cabo no podía por la pandemia.

“Empezó a aventar las cosas, pateó a mi gato; él sabe que yo lo quiero mucho. Sentí impotencia y me di cuenta de que estaba descargando con él todo lo que quisiera hacer conmigo.

“No dije nada, al día siguiente él iba a salir así que preparé mis cosas, no lo pensé, y salí”.

En 8 meses de pandemia, refugios para mujeres violentadas han atendido 51% más solicitudes de ayuda

Vanessa (y sus hijas menores de 10 años)

“Crecí en una familia tradicional, sumamente machista. Y sin pensarlo, cuando me casé conocí en carne propia la violencia en todos sus tipos, una relación que me mutiló en muchos sentidos y que cuando caí en la cuenta de lo que vivía y decidí ponerle fin, me enfrenté con una violencia peor: la violencia sexual en contra de mis hijas. El agresor era su padre, el padre biológico que debió protegerlas y cuidarlas.

“Durante el matrimonio, este hombre hacía todo por anularme y relegarme de las tareas de cuidado y hoy sé la razón: buscaba romper el vínculo entre mis hijas y yo; sin embargo, le fue imposible y gracias a la confianza pudieron narrarme la violencia sexual que vivieron.

“Es indescriptible el dolor e impotencia que una madre puede sentir…

“Como madre cuidas a tus hijas de todos, menos de su propio padre. ¿Cómo iba a saber que por ello quería que trabajara con horarios imposibles? Todo el tiempo me decía que debía ser el ejemplo de mis hijas, y que él las cuidaría mientras yo no estuviera, o que podía irme tranquila.

“Y no solo eso; hoy sé que fueron amenazadas para no hablar y que los eventos fueron desde varios años atrás.

“Al día siguiente de haberme enterado, acudí a la Fiscalía para denunciar, y por si fuera poco lo que vives, te encuentras con funcionarios públicos carentes de empatía que no dejan de mirarte como un expediente más.

“Desde entonces mis hijas tienen terapia psicológica de manera ininterrumpida. Ha transcurrido más de una año sin que la Fiscalía ejerza acción penal, aún y cuando existen datos de prueba suficientes, dictámenes públicos y privados, informes de sus terapeutas, la identificación de los lugares en los que fueron violentadas… Pero lo más importante, su dicho frente a las autoridades: ambas narraron de viva voz las aberraciones ante el Ministerio Público, peritos y demás especialistas.

“Hoy las veo fuertes, seguras y más conscientes que nunca. Ninguna niña debe vivir esto. La culpa y vergüenza deben estar destinadas sólo para aquellos monstruos que atentan en su contra”.

Marta, 43 años

“El entorno en el que yo vivía era una vida llena de violencia, de armas, de groserías, de tristeza, de miedo, de pánico.

“Puse una denuncia a mi pareja, de que me había golpeado y me había sacado a golpes de mi lugar de trabajo. Si yo no llego golpeada a la Procuraduría, si no me mandan aquí al albergue, yo no sé de estos lugares, no sé que existen, no sé que alguien me puede ayudar. Ese fue un obstáculo.

“Lo que hacen las autoridades es pura pantalla; sí va la policía, sí ofrecen ayuda de protección hacia la mujer, pero van, dan la vuelta, ten te doy una feriecita, y me regreso. ¿Y la mujer sabe cómo queda? Desprotegida. Porque a mí me dieron mi casa, a mí me pusieron una orden de restricción… ¿sabe cuándo la respetó? Nunca… nunca.

“Incluso ese hombre podía con la camioneta destrozar el barandal de afuera de mi casa. Y llamaba a las autoridades y nunca hubo respuesta. Las llamé yo creo que… no sé… si las llamé unas cinco veces en un día fueron pocas, y le estoy hablando por día. Cada sábado, cada domingo era un estrés terrible, tenía que salirme con mis hijos. ¡Tuve que salirme con mis hijos de mi casa!, tuve que salirme con ellos, porque pues la respuesta de las autoridades nunca encontré”.

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EU comenzó a deportar a migrantes haitianos retenidos en Texas

Unas 13 mil personas, la mayoría ciudadanos haitianos, permanecían reunidas bajo un puente fronterizo entre Estados Unidos y México.
20 de septiembre, 2021
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El gobierno de Estados Unidos empezó este domingo a deportar a los migrantes haitianos retenidos en un campamento improvisado bajo un puente en la localidad de Del Río, en el sur de Texas, tras un cruce masivo en la frontera.

Un total de 208 haitianos que intentaban entrar ilegalmente a EE.UU. fueron ya devueltos, según confirmó el gobierno haitiano a Efe, en un contexto sociopolítico y económico marcado por una aguda crisis.

De los tres vuelos previstos para el domingo ya han llegado dos, declaró a la agencia Jean Négot Bonheur Delva, coordinador de la Oficina Nacional de Migración.

Según el funcionario, todos los vuelos deberían traer 145 pasajeros, pero en el primero avión llegaron 98 personas y 110 en el segundo.

“Son personas que han intentado entrar en Estados Unidos a través de sus fronteras con México. Se trata de personas que vivían en Chile, México, Panamá y Brasil en particular”, añadió.

Migrantes con suministros cruzando el río.

Getty Images
Los migrantes tuvieron que cruzar el río hacia México en busca de suministros.

Formaban parte de un grupo de unas 13.000 personas que permanecían acampadas bajo un puente que conecta Del Río en Texas con Ciudad Acuña en México. Aunque la mayoría eran haitianos, entre ellas también había cubanos, peruanos, venezonalos y nicaragüenses.

El jefe de la Patrulla Fronteriza estadounidense, Raúl Ortiz, detalló este domingo que aquellos que aún no habían sido devueltos habían sido trasladados a centros de detención.

“Trabajamos las 24 horas del día para mover rápidamente a los migrantes del calor y de debajo de este puente a nuestras instalaciones para procesar y removerlos de Estados Unidos de acuerdo con nuestras leyes y nuestras políticas”, dijo Ortiz en conferencia de prensa en el puente.

“Quiero vivir una vida sin problemas”

El primer ministro de Haití, Ariel Henry, envió su apoyo a los migrantes en redes sociales en la tarde del sábado, asegurando que “se habían conseguido acuerdos” para recibir a aquellos que regresen.

Sin embargo, algunos migrantes temen volver.

Migrantes cruzando Río Grande.

Getty Images

“En Haití no hay seguridad. El país está en una crisis política”, comentó Fabricio Jean, de 38 años, a Associated Press.

Jean se encuentra en el campo con su esposa y sus dos hijas.

“En Haití hay gente matándose unos a otros. No hay justicia. Solo quiero vivir una vida sin problemas. Quiero vivir donde sepa que hay justicia”, dijo otro padre de dos hijos, Stelin Jean, de 29 años, al Texas Tribune.

El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense dijo a través de un comunicado que las transferencias continuarán “para asegurar que los migrantes irregulares sean puestos bajo custodia, procesados y trasladados fuera de Estados Unidos, en concordancia con nuestras leyes y normas”.

Además, anunció que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza enviará 400 efectivos adicionales a Del Río, una ciudad con cerca de 35.000 habitantes.

Migrantes cruzando Río Grande en la frontera entre México y Estados Unidos.

EPA
Estados Unidos planea regresar a los migrantes a sus países de origen.

El alcalde de Del Río, Bruno Lozano, había declarado el estado de emergencia en la ciudad. Describió la situación como “sin precedentes” y “surrealista”.

También dijo que la patrulla fronteriza había estado abrumada y que los “agitados” migrantes vivían en condiciones imposibles.

El campamento improvisado en Del Río tiene pocos servicios básicos, y los migrantes que esperan a temperaturas de 37°C han estado cruzando el río hacia México para obtener suministros.

La mayoría son haitianos. También hay cubanos, peruanos, venezolanos y nicaragüenses.

Muchos haitianos abandonaron su país tras el devastador terremoto en 2010. Un gran número de los que ahora se encuentran en el campo habían vivido en Brasil y otros países sudamericanos y viajaron hacia el norte tras no poder asegurar empleo o estatus legal.

Migrante en la frontera entre México y Estados Unidos.

Getty Images

Will Grant, corresponsal de la BBC en México, reporta que muchos cubanos también han abandonado la isla en su peor crisis económica desde el fin de la Guerra Fría.

Grant asegura que muchos de los migrantes en Texas probablemente realizaron la travesía migratoria más difícil en América Latina: cruzar a pie la densa selva del Darién entre Colombia y Panamá.

El gobierno de Estados Unidos ha informado de un aumento de migrantes en la frontera con México este año.

El número de migrantes detenidos allí en julio superó los 200.000 por primera vez en 21 años, según datos del gobierno.


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