Así han vivido la pandemia mexicanos en Alemania, EU y Reino Unido
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AFP

En Alemania, EU y Reino Unido: Mexicanos cuentan cómo han vivido la epidemia en otros países

Mexicanos que viven en otros países han vivido la pandemia y sus restricciones de manera diferente. Estas son sus historias.
AFP
27 de diciembre, 2020
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Mónica Rodríguez tiene 37 años, es infografista y trabaja en Berlín, Alemania. Lo primero que cuenta sobre cómo se ha vivido la epidemia en ese país es que por momentos hubo cierta disparidad entre las restricciones que aplicó cada uno de los 16 estados de Alemania. Sin embargo al llegar el verano, como en otras naciones, hubo cierta relajación en las medidas, gente que salió de fiesta o a vacacionar, y claro, hubo rebrotes, lo que llevó a los estados a unificar medidas. 

“Ahora ya se unieron todos, porque se dieron cuenta que no había otra manera de frenar las cosas”, señala.

En general, Mónica ha percibido que la gente en Berlín acata las medidas sanitarias para prevenir contagios, además observó que hubo apoyos para comercios y trabajadores, afectados por cierres o baja de ventas en medio de la epidemia. 

Lee: De Canadá a Corea del Sur: Mexicanos cuentan cómo han vivido la epidemia en otros países

En su caso, de mayo a agosto estuvo en una modalidad en la que la empresa en la que labora, antes de despedirla, le quitó horas de trabajo. A la par, se activó un seguro de desempleo, que cubrió un porcentaje de su sueldo al trabajar menos horas. De ese modo, pudo solventar gastos en la primera ola de Covid, aunque ahora tiene la incertidumbre de que debido a la ‘segunda ola’ de nuevo haya recortes en sus ganancias, en enero.

Como en el caso de Corea del Sur, ella notó que incluso la cultura o la ‘personalidad’ alemana les ayudó para evitar cierto número de contagios, ya que en general les gusta guardar sana distancia. “Los alemanes son como muy muy solos, muy solitarios”, relata.  

Otro punto que genera inquietud entre los alemanes, según cuenta Mónica, es que en 2021 habrá elecciones y termina el mandato de Angela Merkel como canciller. A nivel mundial, ella ha sido reconocida como una de las líderes que valoró de forma adecuada la magnitud del desafío, diciendo desde marzo que la pandemia de Covid era la mayor amenaza para Alemania desde la Segunda Guerra Mundial. 

La forma en que encaró la epidemia contrasta con la actitud de mandatarios como Donald Trump y Jair Bolsonora, que menospreciaron el peligro para la salud pública por el nuevo coronavirus. 

Hasta el 24 de diciembre, según los datos recopilados por la Universidad Johns Hopkins, en Alemania habían muerto por Covid 28 mil 909 personas, una tasa de 34.86 muertes por cada 100 mil habitantes; en comparación, en esa fecha Estados Unidos tenía una tasa de 99.68 y México de 95.34. 

Juan Pablo Garduño, de 30 años e ingeniero de software que vive en Múnich, coincide en señalar que los alemanes son disciplinados y acatan las reglas de distanciamiento social o confinamiento, de cierres de ciertos establecimientos y de no hacer fiestas, aunque también refiere que las multas por no cumplir esas medidas son muy altas, lo que disuade a muchos. 

La historia de Nelia, trabajadora esencial en EU

Nelia Pao se queda en casa, pero no está en aislamiento. Desde que inició la pandemia por coronavirus, su labor consiste en cuidar a los hijos pequeños de otras personas que deben acudir a sus centros de trabajo en Estados Unidos.

Hace tres años obtuvo una licencia para brindar el servicio de cuidado de infantes en el estado de Maryland, pero en marzo tuvo que cambiar su dinámica y adoptar nuevas medidas de salud porque su actividad fue considerada como esencial.

Nelia, como pide que se le nombre, explica en entrevista con Animal Político que, en primer lugar, tramitó un permiso especial para atender a los hijos de personas que están en el frente de la pandemia, lo que le exigió mayores medidas de limpieza, utilizar cubrebocas y restringir el paso de los padres en el lugar.

Este nuevo permiso establece que solo puede recibir a niños que eran hijos de trabajadores esenciales, por lo que algunos de ellos tuvieron que dejar de asistir. “Al principio sí fue un poco fuerte porque me quedé sin dos niños, dos entradas de dinero”, dice. 

Sin embargo, tiempo después acudieron más niñas y niños que sí entraban en la categoría. Además, el gobierno asumió el pago para el cuidado de los niños y usó una tarifa general por zona, por lo que “a mí me pagaba más de lo que normalmente cobro”.

“Soy una de las pocas personas que fue beneficiada por la pandemia, sí podríamos decirlo así. Porque aparte de que el gobierno me estaba pagando, posteriormente ayudó a las personas como yo que teníamos guarderías y negocios pequeños”, señala.

Los congresistas de Estados Unidos aprobaron a finales de marzo, durante la primera ola de la pandemia, un plan de apoyo económico por 2.2 billones de dólares que incluía beneficios de desempleo por 600 dólares a la semana y el envío de 1,200 dólares a cada adulto. 

A pesar de este aspecto que Nelia considera positivo, reconoce que fue difícil para las personas en su comunidad. “Cerraron guarderías, escuelas, cines, salones de belleza. Solamente se quedaron los esenciales”. 

El gobierno local no adoptó medidas estrictas, pero sí hubo restricciones de movilidad en las noches, por lo que a su esposo, quien también es trabajador esencial, recibió un documento especial para poder ir a cubrir su horario: “Los que no estaban enfermos tenían que trabajar más, a ellos les daban una tarjeta por si la policía los paraba, con lo que podían argumentar que eran trabajadores esenciales”. 

En su comunidad quebraron restaurantes, pero “otros se reinventaron y empezaron a hacer combos, envíos y promociones”. Una de las estrategias adoptadas fue que cada semana las personas procuraban hacer pedidos a un solo restaurante, mientras que los otros negocios apoyaban con envíos.

El restaurante variaba cada semana, con lo que ayudaban a mantener el flujo económico de la comunidad, “mucha gente es muy solidaria y puede hacerlo”.

Sobre el uso de cubrebocas, explica que la mayoría lo usa, “si no es que todos”.

“Al menos en mi colonia hay mucha gente deportista o que se preocupa mucho por la salud. Siempre los ves corriendo con su cubrebocas y a mí me tocó que un día salí sin él, caminando, y me dijeron que tenía que ponérmelo”. 

“La mayoría de las personas hemos sido muy intensas. Tengo una amiga a quien no hemos visto desde que empezó la cuarentena. Ella sí, de plano, no sale. Pide comida para llevar, que los supers le lleven el mandado”.

Nelia dice que cuando disminuyeron los contagios, se reunió con un grupo de seis amigas, fuera de la casa, utilizando cubrebocas y manteniendo distancia. Durante el cumpleaños de su hija, comenta, decidieron hacer tres pijamadas pequeñas debido a que no se podía hacer una fiesta. 

Durante la cena de Acción de Gracias, las autoridades pidieron que la población reportara reuniones con más de diez personas. “La gente fue muy cuidadosa, no vi a nadie haciendo fiestas grandes”. 

Sin embargo, señala que entre los aspectos negativos del estímulo del gobierno es que hubo personas que solicitaron el apoyo “y ganaban más” que las personas que trabajan horas extra, arriesgándose.  

Sobre la vacuna, tiene esperanza de que ayude a reducir el daño por la pandemia, pero dice que ella preferiría ser de las últimas personas a quienes se les aplique. A pesar de ello, cree que le tocará hacerlo pronto, debido a que es trabajadora esencial. 

La desconfianza que tiene, comenta, es sobre los efectos secundarios, cuyo tratamiento podría ser costoso. “El servicio médico es de lo más caro, si te pasa algo  ya te fregaste porque te endeudaste de por vida. Es lo peor en cuestión gastos”, dice.

En Reino Unido, contradicciones

En opinión de Pilar, comunicóloga de 23, las restricciones de Reino Unido han sido muy laxas y los ciudadanos han recibido mensajes contradictorios. 

Para medir el nivel de riesgo, las autoridades sanitarias de Reino Unido crearon una clasificación llamada “Tier”, que les ayudaba a determinar las restricciones.

Mientras las autoridades le decían a la gente que debía estar en máximo resguardo, también se planteó dejar cinco días libres para viajar en Navidad…

“Pero luego encontraron la nueva cepa del coronavirus y crearon un nuevo nivel llamado Tier 4, que significa que nadie salga de su casa”, relata.

Pilar recuerda que al inicio todo mundo estaba en pánico y seguía las recomendaciones, pero en el momento en que dieron este anuncio, los parques estaban repletos. 

Ella vive en una zona de jóvenes y parejas entre 20 y 30 años, por lo que sí ha visto que organizan fiestas, aunque por lo regular llega la policía a hacer un amable recordatorio de que no se debe hacer, y se van. 

La joven explica que de manera general la gente sí usa cubrebocas, “aunque vuelvo a lo mismo, depende de dónde vivas, se puede ver de todo”.

Durante el confinamiento, agrega, hubo apoyo con recursos públicos, aunque le hubiese gustado que fueran de mejor alcance. 

“A mí, por ejemplo, no sabía si me iban a pagar y me dijeron que darían el 50% de mi salario, pero la renta es muy cara, entonces la pagaba y me quedaba muy poco para lo demás, es algo que también vivieron muchas personas”. 

Pilar tiene confianza en la vacuna que ya se está aplicando en Reino Unido. De momento no sabe la fecha exacta de cuándo le toca la vacuna, pero está tranquila, pues conoce personas que ya la tienen y sabe que en su momento le informarán. 

“A todos nos llegó un mensaje de texto, donde dicen que nos avisará nuestro doctor de cabecera, porque acá, digamos, tienes que tener uno y estás registrado, entonces ahí te avisarán para proporcionártela, aunque puedes no acudir si no deseas”.

Con información de Lidia Sánchez, Samedi Aguirre, Siboney Flores y León Ramírez

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Stealthing: la nueva legislación de California que prohíbe el retiro no consensuado del condón durante el sexo

El gobernador de California, Gavin Newsom, promulgó hace unos días una ley bipartidista que prohíbe la extracción no consensuada del condón, una práctica conocida como "stealthing".
12 de octubre, 2021
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Hace unos 30 años, solo unos meses después de comenzar a trabajar como prostituta, Maxine Doogan quedó embarazada.

La joven había estado con un nuevo cliente en un salón de masajes en Anchorage, Alaska, cuando se dio cuenta de que el hombre se había quitado el condón subrepticiamente durante el acto sexual.

Conmocionada, corrió al baño. Cuando regresó, el cliente se había ido.

Doogan, que entonces tenía veintitantos años, fue a una clínica de salud cercana para una ronda de pruebas de infecciones de transmisión sexual y luego dio un agradecimiento en silencio por cada resultado negativo.

Seis semanas después, sin embargo, tuvo que practicarse un aborto.

Le costó alrededor de US$300 y, después del procedimiento, no pudo trabajar durante un mes.

Lo que hizo el cliente estuvo mal. Pero hasta donde ella sabía, no era ilegal.

“Simplemente no había recursos contra algo así”, dijo.

Ahora, en un estado de EE.UU. sí lo hay.

Nueva ley

El gobernador de California, Gavin Newsom, promulgó hace unos días una ley bipartidista que prohíbe la extracción no consensuada del condón, una acción conocida como “stealthing“.

La nueva legislación agrega la práctica a la definición civil estatal de agresión sexual, lo que convierte a California en el primer estado de EE.UU. en ilegalizarla.

La ley les da a las víctimas un remedio legal claro para el asalto que Doogan, quien ahora vive en San Francisco, sufrió hace décadas.

Y los defensores dicen que marca un cambio radical para otros sobrevivientes que, a diferencia de Doogan, ahora podrían tener su día en la corte.

“Queríamos asegurarnos de que no solo sea inmoral, sino ilegal”, dijo la asambleísta de California Cristina Garcia, quien presentó el proyecto de ley.

Cristina Garcia

Getty Images/BBC
Cristina Garcia llevaba años abogando por la ley.

Garcia ha estado trabajando versiones de esta legislación durante años.

En 2017 y nuevamente en 2018, presentó un proyecto de ley que habría convertido el stealthing en un delito penal y permitido a los fiscales pedir condenas de cárcel para los perpetradores.

Estos proyectos de ley murieron antes de nacer o no consiguieron una audiencia en el Congreso estatal.

Ahora, esta nueva versión, que enmienda solo el código civil, fue aprobada por los legisladores de California sin oposición.

El contenido

Los sobrevivientes pueden demandar a los infractores por daños, pero no se pueden presentar cargos penales.

“Sigo pensando que esto debería estar en el código penal”, le dijo Garcia a la BBC.

Si se rompió el consentimiento, ¿no es esa la definición de violación o agresión sexual?“, planteó.

Los analistas legislativos han dicho que el stealthing podría considerarse un delito menor de agresión sexual, aunque no se menciona explícitamente en el código penal.

Pero la nueva ley de Garcia elimina cualquier ambigüedad en los reclamos civiles que, según los expertos, facilitarán a los sobrevivientes la persecución de sus casos.

Alexandra Brodsky

Getty Images/BBC
Brodsky’s 2017 paper is now widely credited for bringing the term “stealthing” into popular use

“Podemos empezar a hablar de ello de una manera en la que tengamos un lenguaje común”, dijo Garcia.

La legisladora dice que se sintió inspirada para llevar el tema del stealthing a la Cámara después de leer un artículo de investigación de la Facultad de Derecho de Yale de 2017 de la entonces estudiante Alexandra Brodsky, a quien ahora se le atribuye ampliamente haber llevado el término al uso popular.

Brodsky, que ahora trabaja como abogada de derechos civiles y es autora de Sexual Justice, que analiza cómo responder de manera justa a la agresión sexual, detalló una serie de historias en su artículo de sobrevivientes en el contexto de relaciones románticas o sexuales consensuadas.

Sus relatos a menudo comenzaban de la misma manera: “No estoy segura de que esto sea una violación, pero…”.

Las narraciones detallaban el miedo de las víctimas a las infecciones de transmisión sexual y al embarazo, así como sus intensos sentimientos de violación y traición.

Pero las y los sobrevivientes con los que habló Brodsky, muchos de los cuales informaron haber sido violados anteriormente, no describieron el stealthing como equivalente a una agresión sexual.

La gente aún no estaba haciendo esa conexión, dice Brodsky.

“Creo que una gran parte del problema era que mucha gente pensaba que era la única persona a la que le había pasado”, agrega.

Graphic of a condom

Getty Images/BBC

Pero la investigación muestra que el stealthing es “deprimentemente común”, según el análisis del comité judicial del Senado de California al evaluar el proyecto de ley de Garcia.

Demoras

Un artículo de 2019 publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina encontró que el 12% de las mujeres de entre 21 y 30 años informaron haber experimentado el stealthing.

Ese mismo año, investigadores de la Universidad de Monash en Australia encontraron que una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres que tienen sexo con hombres habían sido sometidos a la práctica.

Y otro estudio de 2019 encontró que casi el 10% de los hombres informaron que se quitaron un condón durante las relaciones sexuales sin consentimiento.

En su artículo, Brodsky citó a un conocido bloguero que usó su sitio ahora desaparecido para dar consejos a otros hombres sobre cómo quitarse los condones en secreto sin llamar la atención.

Es el deber de una mujer abrir las piernas, escribieron los comentaristas, y el derecho del hombre a “esparcir su semilla”.

Stock image of condoms

Getty Images/BBC

Pero si bien ha aumentado la conciencia sobre el stealthing, la respuesta legislativa se ha retrasado.

Incluso en países donde esta práctica se ha considerado una agresión sexual, incluidos Reino Unido, Nueva Zelanda y Alemania, rara vez se enjuicia, en parte debido a las dificultades para demostrar la intención.

Esta es la ventaja de las demandas civiles: la carga de la prueba es menor que en los casos penales, y la decisión de presentar una demanda recae en los sobrevivientes, no en los fiscales.

Y tanto Brodsky como García creen que hay un significado inherente en que el estado etiquete oficialmente el stealthing como un acto ilegal.

“Imagínese lo que se sentirá cuando ellos (los y las sobrevivientes) vean que el estado de California piensa que no merecen ser tratados de esta manera“, dice Brodsky

La ley

El proyecto de ley fue apoyado por el Proyecto Legal, Educativo y de Investigación de Proveedores de Servicios Eróticos (Esplerp), una organización de defensa fundada y dirigida por Doogan.

La ley permitirá a las trabajadoras sexuales demandar a los clientes que se quiten los condones, dijo, y con suerte allanará el camino para una mayor protección legal para las trabajadoras sexuales y otros grupos típicamente marginados por el sistema de justicia penal.

“ le puede pasar a cualquiera”, advierte Doogan.

Todavía existe el problema de que los casos de agresión sexual se aborden.

Aquellos que hacen estas afirmaciones a menudo se encuentran con “escrutinio y escepticismo”, según Brodsky.

Y cuando se trata de stealthing, esta respuesta se intensifica porque, “por definición, el daño ocurre después de que han dado su consentimiento para el sexo”.

Pero la medida ha sido celebrada como un primer paso importante, especialmente después de que fracasaran los esfuerzos recientes para aprobar una legislación similar en Nueva York y Wisconsin.

“Estoy orgullosa de que California sea el primero en la nación, pero estoy desafiando a otros legisladores estatales a seguirnos rápidamente”, dijo García.

“Un estado menos, quedan 49”.


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