Exhaustos y lejos de casa: así luchan médicos contra COVID en Navidad
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Exhaustos y lejos de casa: así luchan médicos contra la COVID en Navidad

Cientos de médicos pasarán esta Navidad luchando por la vida de pacientes con COVID, de guardia o lejos de sus familias para evitar contagiarlos.
Cuartoscuro
25 de diciembre, 2020
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El gremio del sector salud ha sido uno de los más afectados por la pandemia en todo el mundo. Y en México tampoco ha sido la excepción. De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Salud federal, al corte del 30 de noviembre suman más de 158 mil contagios y 2 mil 109 defunciones confirmadas, entre doctores, personal de enfermería, especialistas, y otros trabajadores del sector salud, como limpieza y ropería. 

Como coloquialmente se les ha nombrado en términos bélicos, ellos son la primera línea de batalla frente a una pandemia que lleva acumuladas más de 120 mil muertes oficiales y que continúa avanzando. 

En esta entrega, diferentes voces narran en primera persona lo extenuante que está siendo esa batalla contra el virus, que no da tregua ni un minuto. Ni siquiera en Navidad, cuando la mayoría del personal médico cambiará la cena familiar en casa por mantenerse en sus puestos atendiendo la nueva oleada de contagios y extrañando a los miles de compañeros que dejaron la vida intentando salvar la de muchos otros. 

“Como la gran mayoría de médicos, pasaré solo esta Navidad”

Yo soy el doctor García y trabajo en un hospital COVID de la Ciudad de México. Y bueno, ya te imaginarás cómo es ahí la carga de trabajo. Llevo aislado prácticamente desde febrero y sin poder ver a mis padres. A lo mucho, los he llegado a ver así de lejitos. En un estacionamiento. Yo desde el carro, con cubrebocas, careta, y con el cristal arriba. Y ellos afuera, a un carro de distancia y sin poder acercarse. 

Con esto que te digo creo que ya te puedes imaginar cómo va a ser esta Navidad para mí y para miles y miles de personas que trabajan en el sector Salud. La gran mayoría, como yo, las vamos a pasar solos. Porque no podemos ver a nadie para no arriesgarnos a un contagio, y también para no arriesgar a nadie de nuestros seres queridos. Así que, al menos en mi caso, será una videollamada y poco más. Mis padres cenarán en su casa y yo estaré de guardia en el hospital con mis pacientes. 

Lee: Operación Chapultepec: 620 médicos y enfermeras van a CDMX, Edomex y BC para reforzar lucha COVID

En este fin de año llevamos algo más de un mes totalmente saturados. Así de… se desocupa una cama y de inmediato llega otro paciente a ocuparla. De entrada por salida, vaya. 

Las salas de urgencias están totalmente llenas. Aunque ahora hay algo más de planeación que al inicio de la pandemia. Porque no sé si lo recuerdes, pero hubo un tiempo, allá por abril y mayo, en el que todo esto era un verdadero desmadre. Veías a los pacientes tumbados en sillas de plástico, o tirados en colchonetas en el suelo. Algo totalmente indigno. Ahora, al menos, los enfermos están en camas. 

Pero, como te digo, desde inicios de noviembre estamos a rebosar. Todas las fiestas del Día de Muertos, las compras navideñas, las posadas, las fiestas, etcétera, están pasando factura ahora mismo. Y mucho me temo que dentro de otros quince o veinte días vamos a ver todavía más casos. Porque toda la gente que ahora llena las calles, va a ser la gente que estará enferma dentro de unas semanas. Y algunos, por desgracia, lo harán de manera muy grave.  

Claro, ahora todos andamos muy confiados porque ya llegó la vacuna y creemos que va a ser la gran salvación. Y sí, ojalá lo sea. Pero la verdad es que no sabemos todavía cuál va a ser su efectividad real. Y para terminar de regarla, ahora tenemos que tomar muy en cuenta esa nueva cepa del virus que se ha desarrollado en varias partes del mundo, como Gran Bretaña y Sudáfrica. 

¿Sabes qué? Como que ahí el virus nos dejó un regalo muy feo de Navidad. Esa nueva cepa nos ha caído como un balde de agua fría. Y aunque no hay que especular sobre su gravedad hasta que tengamos más información, me temo que el próximo año también va a ser muy complicado. Con todo y vacuna. 

Mientras tanto, lo cierto es que para mí esta Navidad va a ser muy distinta. Y no solo porque no voy a estar con mi familia, ni con mi pareja, que ella también es doctora en un hospital COVID. También será diferente por todos los compañeros médicos que he perdido este año por culpa del virus. 

Por ejemplo, en abril perdí a mi mejor amigo, el doctor Pepe Porras. Un tipazo y un gran médico, del que ustedes, por cierto, publicaron un perfil. 

Entérate: Pandemia y Navidad: los relatos de cómo afectados por COVID vivirán la Nochebuena

A Pepe le gustaba trabajar siempre en la guardia del 24 de diciembre y del año nuevo. Y a mí también. Por eso siempre trabajábamos juntos en las guardias de Navidad. 

Pero este año, por desgracia, ya no podré hacer mi guardia con él. Aunque de alguna forma siento que Pepe está ahí conmigo, ¿sabes? No sé. Tal vez sea mi imaginación. Pero siento que sigue con nosotros en el hospital, al igual que muchos otros compañeros. Muchos médicos, médicas, enfermeros, enfermeras, personal de limpieza… Muchas personas que esta Navidad no podrán celebrar en sus casas con sus familias, y muchas familias rotas por el dolor, y familias que en estos momentos están en vilo por todos esos compañeros que están intubados luchando por sus vidas. 

Así que sí. Vivir esta Navidad es un regalo muy especial. 

Porque, aunque suene muy duro decirlo, no sabemos para cuántos será la última de sus vidas por ese maldito virus. 

“La esperanza ya viene en camino”

Mi nombre es Marte Hernández y trabajo como doctor en una clínica en el estado de Jalisco. Yo tuve suerte y esta Nochebuena no hice guardia y trabajé solo durante el día. Aunque, bueno, decir suerte es quizá decir demasiado. 

En la unidad donde estoy ahorita solamente estamos dos médicos: uno en el turno matutino y otro en el vespertino. Así que nos toca ver cualquier cantidad de pacientes de todo tipo. Por nuestro consultorio pasa el paciente diabético, el hipertenso, y el paciente con sospecha de COVID-19. Todo ahí, en el mismo consultorio. Algo que, además de peligroso, se me hace injusto para los pacientes y también para nosotros, los doctores, porque no tenemos lo necesario ni para nuestra propia protección.

Te pongo un ejemplo. Hace poco me llegó un paciente en estado grave, con todo el cuadro COVID. De inmediato lo canalizamos a otro hospital, pero nosotros, en nuestra clínica, ni siquiera tenemos personal de limpieza. Así que soy yo el que se tiene que dar a la tarea de medio limpiar como puedo para que el siguiente paciente no se exponga. 

Con todo y todo, yo no me he contagiado en esta pandemia. Desde un inicio me di a la tarea de investigar cuáles son los mejores cubrebocas, los que más protegen, y he tenido todos los cuidados habidos y por haber. Por ejemplo, hay documentales en los que se menciona que no es tan importante llegar de la calle y bañarte de volada. Pero en mi casa yo lo sigo haciendo y me ha funcionado muy bien. Llevo así casi un año y no me he infectado. 

Lee más: Por qué es bueno vacunarte contra la COVID y qué pasara cuando lo hagas

En mi casa, como vivo con mi familia, también separé los baños. Entonces, lo que hago es que en cuanto llego de la clínica me meto directo al baño para quitarme la ropa. A ese baño ya le decimos el ‘baño respiratorio’, porque es para mí nada más. Nadie entra ahí, nadie lo toca. 

Mi papá, en cambio, sí se contagió entre julio y agosto pasado. Él es médico, como yo. Y en una consulta con un paciente grave se enfermó porque tampoco tenía la protección adecuada. Mi hermana, que también es médico, tuvo que pedir permiso para estar con él. Yo me quedaba los fines de semana, y mi mamá, que es enfermera, también lo cuidó mucho. 

Cuando la cosa se puso grave acudimos rápido al Centro Médico Nacional Siglo XXI, en Jalisco. Pero nos pasó lo mismo que a mucha otra gente: que no pudieron recibirlo. A pesar de que teníamos ahí amistades con otros médicos, no fue posible ingresarlo de lo lleno que estaba. Tampoco lo recibieron en otros hospitales de segundo nivel. Todos estaban saturados y sin camas. 

Ante esta situación, decidimos jugárnosla con la poca o mucha experiencia que teníamos en ese momento. Llevamos a nuestro padre a casa y ahí lo atendimos entre todos. Por suerte, al menos teníamos lo indispensable, como el oxígeno y la mascarilla. Así que lo pusimos en una habitación totalmente aislada del resto de la casa, y ahí lo fuimos sacando adelante. Ahora ya está recuperado, aunque el virus sí le dejó algunas secuelas. 

En definitiva, se puede decir que viví la pandemia por los dos lados: por el lado médico, de ver a diario a muchos pacientes sospechosos COVID. Y por el lado de tener a un familiar tan cercano como mi padre muy enfermo por el virus. Y pues cuando veo a amistades, que también son médicos, escribir en sus redes sociales que esta Navidad lo que más quisieran es estar con su padre… ahí sí digo… ay güey. Sí tengo que estar muy agradecido con que Dios le dio resistencia a mi padre. Porque, al final, ante la falta de un tratamiento específico, creo que la única clave es esa: la resistencia del organismo de cada persona. Está quien resiste, y quien, sencillamente, no aguanta.

Esta Navidad claro que va a ser muy distinta. Nosotros, como hermanos, estamos separados. Una de mis hermanas vive en la Ciudad de México. Otra está en Estados Unidos. Y yo acá, en Jalisco, donde también viven mis padres. Y siempre en estas fechas nos reunimos en familia para pasar estas vacaciones. Pero ahora eso es imposible. Por decisión nuestra dijimos que no, que este año no va a haber ningún tipo de reunión. Así que cada quien estará en su casa y cada quien hará lo más indispensable, un festejo muy sencillo, y ya. 

Claro, no todo el mundo lo ve así, ni todo el mundo quiere quedarse en casa por la pandemia. De hecho, cualquiera que salga a la calle puede ver que todo está lleno. Y más ahora, en Navidad. El otro día, por ejemplo, iba manejando y pasé por uno de esos tianguis navideños y vi que estaba a reventar de gente. Y deja tú eso. Lo peor es que todos andaban sin cubrebocas, sin sana distancia, y valiéndole madres todo. Era como si la pandemia jamás hubiera existido, o como si ya se hubiera terminado. Y pues claro que te encabronas como médico. Porque mientras ellos están así, tú estás en tu consultorio jugándotela por atenderlos. Y encima no es nada raro que la gente se moleste cuando entran a la clínica y les pides de favor que se ponga el gel antibacterial, o que se coloquen correctamente el cubrebocas. 

A eso súmale que, a casi un año de la pandemia y después de más de cien mil muertos y un millón de contagios, todavía hay mucha gente que no cree en el virus. ¿Y pues ahí qué haces? Ni cómo ayudarles, ¿no?. Aunque, por el contrario, también hay gente que sí tiene otra conciencia, y que incluso agradecen a los médicos que les salvaron la vida. A mi hermana, por ejemplo, el otro día le llegó una niña con unos chocolates porque ayudó mucho a su madre a salir adelante.

En definitiva, sí está siendo una Navidad muy atípica para todos. Para los médicos y para todos. 

Pero yo siempre he sido más de ver el vaso medio lleno, ¿sabes? Me parece que con la vacuna ya hay una pequeña luz al final del túnel después de un año horrible. Y aunque ya se habla de una nueva cepa del virus en el Reino Unido, y aunque es cierto que no debemos bajar los brazos, ni pensar que ya se logró la solución definitiva, me parece que teniendo una vacuna como aliada la cosa va a ser distinta. Creo que, ahora sí, la esperanza ya viene en camino. 

 

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Reuters

Secuestros, tortura y violencia sexual, la histórica imputación a la antigua cúpula de las FARC en Colombia

La acusación de este jueves supone la primera vez desde la firma del acuerdo de paz en noviembre de 2016, que se atribuye responsabilidad criminal a los antiguos líderes de las FARC.
Reuters
29 de enero, 2021
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En una resolución esperada por miles de víctimas del conflicto armado interno de Colombia, este jueves se produjo la primera acusación del tribunal especial para la paz contra antiguos líderes de las FARC por una de sus prácticas más temidas, el secuestro.

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) de Colombia acusó a ochos miembros del Secretariado de las desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de crímenes de guerra y de lesa humanidad por los secuestros cometidos durante décadas.

Es la primera vez desde la firma del acuerdo de paz en noviembre de 2016 que la JEP, un tribunal especial creado a raíz de ese acuerdo, atribuye responsabilidad criminal a los antiguos líderes de las FARC.

La JEP determinó que los ocho miembros del máximo órgano de decisión de la guerrilla tienen “responsabilidad de mando” por los abusos y horrores que sufrieron los secuestrados.

En concreto, los acusados son Rodrigo Londoño, alias Timochenko, último jefe de la antigua guerrilla y actual presidente del partido Comunes, surgido de la desmovilización de las FARC; los senadores Julián Gallo y Pablo Catatumbo; y los también exjefes guerrilleros Jaime Alberto Parra, Milton de Jesús Toncel, Juan Hermildo Cabrera, Pastor Alape y Rodrigo Granda.

Qué dice la acusación

La JEP atribuye a los líderes de la guerrilla delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra por graves conductas vinculadas al secuestro como homicidio, tortura, atentados a la dignidad personal, violencia sexual y desplazamiento forzado.

El excomandate guerrillero Rodrigo Londoño, alias Timochenko

EPA
Rodrigo Londoño, alias Timochenko, es uno de los acusados por la JEP.

El tribunal consideró que los secuestros no fueron errores de guerra de los excombatientes o necesidades o excesos de la guerra, como han pretendido justificar los antiguos jefes de las FARC, “sino que son crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad“.

La Sala de Reconocimiento de la JEP determinó que las víctimas sufrieron por “saberse definidos como un objeto para canje”, por la separación de sus familias, por la intimidación constante que rompió vínculos afectivos y por la incertidumbre y terror causado, principalmente en los secuestros de larga duración.

“Se evidencia de manera consistente el sufrimiento causado a las familias por el ocultamiento de la suerte de los secuestrados, la venta del cadáver, el doble pago del rescate, cambiar un familiar que pagó por otro y cobrar de nuevo, burlas, amenazas e insultos y otras formas de vulneración emocional sin consideración del sufrimiento”, expresó este jueves la magistrada de la JEP Julieta Lemaitre Ripoll.

Eduardo Cifuentes y Julieta Lemaitre, magistrados de la JEP

EPA
La Jurisdicción Especial para la Paz es una instancia creada a partir de los acuerdos de paz de noviembre de 2016 en Colombia.

A partir de este jueves, los acusados tienen 30 días para aceptar o no su responsabilidad en los hechos imputados.

Si lo hacen, recibirán sanciones especiales que comprenden restricciones efectivas de la libertad, aunque no en prisión.

En caso de que no la acepten, se exponen a la apertura de un juicio criminal que puede conducir a la imposición de penas de prisión hasta de 20 años.


Un importante paso

Análisis de Daniel Pardo, corresponsal de BBC Mundo en Colombia

De los crímenes ejecutados por las FARC, el secuestro fue probablemente el que más heridas generó entre los colombianos, que siguieron el cautiverio de políticos, militares y ciudadanos durante años y, a veces, décadas.

En septiembre, exlíderes de las FARC pidieron perdón por la práctica en un gesto inédito que, sin embargo, fue recibido con escepticismo por millones de personas que exigen hechos más allá de las palabras.

La imputación de la JEP este jueves al antiguo secretariado de la guerrilla es precisamente eso: un procedimiento legal que aporta verdad y reparación a las víctimas.

Madre de secuestrado

AFP
De los 37.000 secuestros que se registraron durante la guerra en Colombia, casi 9.000 fueron perpetrados por las FARC.

Es probable que ahora, tras casi cinco años de la firma del acuerdo de paz, la JEP empiece a generar más imputaciones a exguerrilleros por delitos como la extorsión, los atentados a poblaciones, desplazamiento forzado y torturas.

La corte de justicia transicional adquiere así, por primera vez, argumentos concretos en contra de sus críticos del partido uribista de gobierno, el Centro Democrático, que la ven como un mecanismo de impunidad más que de justicia.

Se espera que este año se publique el informe de la Comisión de la Verdad, un ente adscrito a la JEP encargado de explicar las causas y consecuencias de la guerra de 60 años en Colombia.

Son las pautas de un polémico acuerdo de paz que lentamente, y no sin obstáculos, empieza a mostrar resultados.

Lo que sí parece lejano, sobre todo ante la oleada de violencia y producción de cocaína que vive actualmente le país, es que la mayoría de colombianos se pongan de acuerdo en que la guerra quedó atrás.


El primero de varios procesos

El enjuiciamiento de la práctica de los secuestros es el primero de siete grandes procesos de los que se encarga la JEP, que no juzga casos individuales.

Desde ahora, el Caso 01, conocido como “Retención ilegal de personas por parte de las FARC”, pasa a denominarse “Toma de rehenes y otras privaciones graves de la libertad”.

Vigilia de miembros del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común

Reuters
Muchos de los desmovilizados de las FARC pasaron a formar parte del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

La decisión anunciada por la JEP causó gran impacto en Colombia, que durante los años 90 y comienzos de este siglo fue el país con más secuestros del mundo.

“Saludamos que en este momento ya haya un pronunciamiento, (aunque) un poco demorado, y esperamos que ahora se acelere un poco más la aplicación de esas penas”, le dijo a la Agencia Efe el general retirado de la Policía Luis Herlindo Mendieta, que cayó en manos de las FARC junto con 60 de sus hombres a finales de los años 90 y permaneció secuestrado durante casi 12 años.

“Que hoy la JEP esté dando este paso es un avance, ahora estaremos pendientes de si se aplica justicia. Se habla siempre de que esta Jurisdicción es restaurativa, pero como lo decía uno de los secuestrados recientemente: ‘Mientras no haya reparación no hay justicia'”, añadió Mendieta.

El pasado 15 de septiembre, los ocho miembros del Secretariado de las FARC pidieron perdón públicamente a sus víctimas de secuestro y a sus familias y reconocieron que ese delito “solo dejó una profunda herida en el alma de los afectados e hirió de muerte nuestra legitimidad y credibilidad”.

El secuestro como financiación

La guerra en Colombia, que para algunos no ha terminado, dejó un total de 262.000 muertos, 80.000 desaparecidos, 8 millones de desplazados y 37.000 secuestros entre 1958 y 2016, según datos del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Iván Márquez, junto a Santrich y "El Paísa"

Getty
Iván Márquez, junto a Santrich y “El Paisa”, anunció que retoma las armas. Son las denominadas disidencias de las FARC.

La mitad de las víctimas mortales son atribuidas a los paramilitares, grupos armados ilegales que luchaban contra las guerrillas.

Y un cuarto de los secuestros, 8.600, fueron cometidos por las FARC.

La guerrilla campesina utilizó el secuestro como arma de guerra desde sus inicios, pero con el tiempo la razón política fue remplazada por una forma de financiación y extorsión, además de ser un mecanismo de ordenamiento territorial dentro de su estructura militar.


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