San Gregorio, el pueblo donde sus chicuarotes buscan recuperarse del COVID
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Cuartoscuro

San Gregorio, el pueblo donde sus chicuarotes buscan recuperarse del COVID-19

San Gregorio Atlapulco es uno de los principales focos rojos de contagio en la alcaldía de Xochimilco, en donde la cifra, a mediados de diciembre, es de más de 16 mil casos positivos.
Cuartoscuro
Por Arantza Ocampo
27 de diciembre, 2020
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Aquí las tradiciones siguen existiendo. Transitan en las calles, habitan en las casas, se presumen en las plazas y se materializan en las chinampas. Aquí, las personas viven de su pasado y se alimentan de sus tierras. Sin embargo, hoy el pueblo de San Gregorio Atlapulco enfrenta una de sus mayores crisis, el azote por la pandemia de COVID-19.

Aquí la mala suerte no es ajena. En los primeros años de historia de San Gregorio Atlapulco como pueblo de la Nueva España, acontecieron eventos de magnitudes desastrosas. A principios del siglo XVII fuertes lluvias provocaron el desbordamiento de los canales, lo cual estropeó las cosechas, y casi al mismo tiempo, se desataron olas de epidemias que acabaron con la vida de miles de campesinos.

Actualmente les han azotado dos situaciones similares, una de ellas el sismo del 19 de septiembre de 2017. “Lo del sismo fue terrible, todos llorábamos”, doña Meche Domínguez mueve la cabeza, detrás de las rejas de su tienda “El Triunfo”, “todo se movía, todo se movía y ya nomás se oyeron los trancazos”, afirma con voz entrecortada.

Su local, al lado del centro de San Gregorio, fue uno de los pocos que no tuvieron daños estructurales después del sismo. Este pueblo fue uno de los más afectados de la Ciudad de México, tres mil 800 inmuebles dañados, entre los que destaca la parroquia de San Gregorio Magno, la más importante para el pueblo y cientos de damnificados.

Pese a eso, el señor Cuauhtémoc, también conocido como Don Güero, cuenta que el pueblo no tardó en levantarse: “Hartos hombres, hartos muchachos, harta gente que vino a ayudar a quitar las piedras ¿de dónde? Quién sabe, porque te digo que así es San Gregorio, sintieron que fue feo y ya se venían a asomar las gentes y venían a ayudar”.

Sin embargo, doña Meche vuelve a negar cuando se le pregunta por otro evento que no ha abandonado a los chicuarotes: la COVID-19. “Del temblor nos levantamos porque teníamos que levantarnos, pero de la pandemia no podemos estar bien todavía, estamos mal”, reflexiona y guarda silencio debajo de su cubrebocas floral.

Porque, pese al fuerte carácter de los chicuarotes, la pandemia ha arrasado con muchos. San Gregorio Atlapulco es uno de los principales focos rojos de contagio en la alcaldía de Xochimilco, en donde la cifra, a mediados de diciembre, es de más de 16 mil casos positivos. En el pueblo ha alcanzado a más de 100 personas. Esta realidad se refleja en las calles, donde letreros y grafitis advierten a la población sobre el riesgo, y tan solo algunos transeúntes utilizan el cubrebocas como establecen las autoridades de salud.

¿Por qué estamos así?, se cuestiona desde su estudio el artista y restaurador chicuarote Marín Serralde Galicia, a lo que responde: “Es por la misma naturaleza, por eso la gente se infectó mucho, la misma necesidad de sacar porque no hay otro medio (…) el que trabaja, come y el que no trabaja simplemente no come”.

Los guerreros de las chinampas

Aquí los chicuarotes no se rinden. Al menos no tan fácil. La herencia cultural y social que corre por sus venas los impulsa a vencer la adversidad. Así como labran sus campos y cuidan sus chinampas, procuran a sus generaciones jóvenes y buscan constantemente salir adelante.

Fernanda Negrete Emeterio es de la generación de jóvenes que han podido estudiar gracias a los logros de sus antecesores campesinos. A sus 28 años ya se recibió de la Barra Nacional de Abogados y, aunque admite que San Gregorio se ha vuelto un pueblo “feo”, desea quedarse en las tierras donde nació: “Al final de cuentas, las tradiciones que tenemos, que es como lo que nos diferencia de la ciudad, hacen que yo diga – No, sí, me voy a seguir quedando aquí –”.

Y como ella, hay muchos que son profesionistas y que lograron salir adelante gracias a sus parientes o, incluso, a su misma situación precaria. Tal es el caso del artista Martín Serralde, que ha vivido sus 64 años en San Gregorio, pero ha viajado por todo el mundo. Él también es hijo de campesino, pero se vio obligado a trabajar en el campo tras la muerte prematura de su padre.

“Yo no sé cómo salí, ¿eh? Te lo confieso”, se ríe, recordando sus años de juventud, en los que no tenía tiempo para divertirse, pero sí para apreciar la belleza de su pueblo. Para él, la única forma de salvar a San Gregorio es dando a conocer sus maravillas: “porque es una importancia que nosotros creemos tenerlo, nosotros lo creemos nada más, pero la demás gente no lo conoce, ni les interesa”.

La responsabilidad de salir adelante recae en los más jóvenes, quienes además cuentan con una carga cultural heredada por sus tíos, padres y abuelos, muchos de los cuales participaron activamente en movimientos sociales a favor del progreso de San Gregorio. Así es para Fernanda Negrete, cuyo abuelo fue un ferviente activista chicuarote.

“Con el trabajo, los campesinos tienen el deseo de superarse, no solamente esa generación, sino la nuestra y las que vienen, porque es un pueblo muy trabajador”, asegura el abuelo de Fernanda, el cronista Raúl Emeterio, a quien todavía se le ilumina la mirada al hablar de su pueblo. Ante esto, su nieta solo espera que los chicuarotes puedan unirse para sacar a San Gregorio adelante.

Sus habitantes reconocen que tienen en frente un desafío si es que quieren conservar sus tradiciones y mantener la seguridad y tranquilidad del pueblo: “Yo creo que si vamos a un lugar debemos de ver qué es lo mejor de ese lugar, no lo malo, porque en ocasiones los malos ni son los que están ahí, ¿verdad?”, concluye Martín Serralde.

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'Es como si fumaran 20 cigarrillos al día': riesgos de los cigarros electrónicos de moda entre jóvenes

Los cigarrillos electrónicos se han promocionado como menos nocivos para la salud, pero son igual de adictivos y su consumo entre niños triplica sus posibilidades de acabar fumando en el futuro.
27 de julio, 2022
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Se promocionaban bajo el argumento de que serían menos nocivos para la salud y que servirían como tratamiento para personas que querían dejar de fumar.

Sin embargo, los cigarrillos electrónicos no solo son tan adictivos como el tabaco, sino que cada vez están enganchando a más adolescentes al hábito de fumar.

“Cada vez recibo en mi consultorio más jóvenes de 16 a 24 años que usan este producto y tienen un índice de nicotina en el cuerpo equivalente al consumo de más de 20 cigarrillos al día”, explica la cardióloga Jacqueline Scholz, que dirige el Ambulatorio del Tratamiento del Tabaquismo del Instituto del Corazón de Sao Paulo.

Estos productos “van dirigidos con frecuencia a niños y adolescentes en las promociones de las industrias tabacaleras e industrias conexas que los fabrican, mediante miles de aromas atractivos y afirmaciones engañosas”, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su último informe publicado en 2021.

Los niños que vapean, como se denomina al uso de estos dispositivos, tienen hasta el triple de posibilidades de acabar fumando en el futuro, según el organismo internacional, que recomienda a los gobiernos que los regulen para impedir que el hábito de fumar vuelva a normalizarse en la sociedad y para proteger a las generaciones futuras.

La venta o distribución de cigarrillos electrónicos está prohibida en 37 países, entre ellos Argentina, Colombia, México, Nicaragua, Panamá, Uruguay, Venezuela y Brasil.

Pero esto no impide que estos productos lleguen de contrabando y sin ningún control sanitario.

Líquidos de vapeo.

Getty Images
Los cigarrillos electrónicos se ofrecen en multitud de sabores que atraen a jóvenes y adolescentes.

“Si no nos ocupamos de este problema ahora, el uso de estos dispositivos tiene todo para convertirse pronto en una epidemia“, ha dicho Scholz a André Biernath, del servicio brasileño de la BBC.

La cardióloga señala que, desde la aparición de las primeras versiones hace unos 20 años, estos dispositivos siempre se han promocionado bajo el argumento de que son menos nocivos para la salud.

“Todavía se dice que, como no tienen combustión y no producen humo, estos aparatos supuestamente son más seguros”, explica.

La experta recuerda que esta información sirvió de base para vender cigarrillos electrónicos en muchos países como una especie de “reducción de daños” o un tratamiento para las personas que querían dejar de fumar.

¿Lobo con piel de cordero?

El gran problema, argumenta, es que no hay suficientes estudios científicos para respaldar tales afirmaciones, y toda la publicidad relacionada con estos productos parece estar más enfocada en ganar nuevos usuarios (especialmente los jóvenes), y prácticamente ignora este posible sesgo terapéutico.

“Varios países, como el propio Reino Unido, aceptaron este argumento y lanzaron los cigarrillos electrónicos. Lo que sucedió en estos lugares fue un aumento en la prevalencia de fumadores “, señala Scholz.

Para la médico, no tiene sentido ver el cigarrillo electrónico como un tratamiento médico y dejarlo solo en manos de las personas, para que ellas decidan cuándo y cómo usarlo. “Si el propósito de este producto fuera realmente terapéutico, no se podría vender en ningún lado, como se vende ahora”.

“Tendría que ser recetado después de una evaluación médica, en la que el profesional concluiría que el paciente no puede dejar de fumar con los otros métodos que tenemos para ofrecer. A partir de ahí, se podría indicar la dosificación y el uso correcto de esta sustancia. “.

Pulmones.

Getty Images
Los cigarrillos electrónicos pueden causar espasmos respiratorios e incluso enfermedades inflamatorias en los pulmones.

Ingredientes nocivos

Scholz señala que, además de no cumplir las promesas terapéuticas, los cigarrillos electrónicos pueden ir en sentido contrario y ser perjudiciales para la salud, y llama la atención sobre tres de los principales ingredientes que aparecen en estos dispositivos: propilenglicol, nicotina y sustancias aromáticas.

El propilenglicol funciona como una especie de vehículo, capaz de diluir y transportar la nicotina por nuestro organismo.

La nicotina, por su parte, es una sustancia psicoactiva que se encuentra originalmente en el tabaco, lo que provoca una dependencia muy fuerte.

Durante el uso de los cigarrillos electrónicos, se inhala por la boca, pasa por los pulmones, cae al torrente sanguíneo y acaba en el cerebro, donde provoca una sensación momentánea de bienestar.

Por último, están las sustancias aromáticas, que imitan los más diversos olores, desde la menta hasta las natillas.

Scholz señala que estos tres ingredientes pueden presentar riesgos para la salud de diferentes maneras.

“Para empezar, los olores hacen que estos dispositivos sean socialmente más aceptables. Después de todo, el olor a menta, miel o fresa es mucho más agradable que el de los cigarrillos convencionales”.

Y ese atributo, argumenta la doctora, aumenta la curiosidad y quita el miedo a un público más joven, que desde niño está acostumbrado a oír hablar de los efectos nocivos del tabaquismo “tradicional”.

“El propilenglicol, por otro lado, se usa ampliamente en la industria alimentaria, y la gente simplemente asumió que, dado que es seguro consumirlo en los alimentos, no hará daño cuando se inhale”, dice.

“Pero no tenemos suficientes estudios al respecto, sobre todo porque estos dispositivos hoy en día traen tantos aditivos que no tenemos una idea exacta de las reacciones químicas que se dan allí, a una temperatura alta”.

“Y ya hemos visto algunos estudios que han detectado sustancias cancerígenas en la vejiga y la orina de los usuarios de cigarrillos electrónicos”, agrega el especialista.

Para cerrar la lista, no podemos olvidar la nicotina.

Dependencia

“Las nuevas generaciones de cigarrillos electrónicos traen sales de nicotina cada vez más pequeñas y entregadas en grandes cantidades, lo que aumenta la dependencia”, dice Scholz.

La doctora asegura que, al recibir en el consultorio a un nuevo paciente que consume estos dispositivos, siempre le realiza un examen rápido de orina, que mide la cantidad de nicotina que tiene el individuo en el organismo.

“Es muy común que los pacientes jóvenes, de 16 a 24 años, tengan un nivel de nicotina equivalente a fumar más de 20 cigarrillos convencionales al día“, calcula.

Dos preadolescentes fuman un cigarrillo electrónico.

Getty Images
Los cigarrillos electrónicos van dirigidos con frecuencia a niños y adolescentes con aromas atractivos y afirmaciones engañosas según la OMS.

De hecho, el propio mecanismo de estos dispositivos facilita su uso constante. Además de no tener ningún olor desagradable, no es necesario encenderlo ni apagarlo. “Este es un producto que puedes usar una y otra vez. Lo guardas en tu bolsillo, le das una calada y lo guardas. Luego puedes volver a tomarlo cuando quieras”, explica Scholz.

“Esto crea una rutina, y la persona empieza a usar cigarrillos electrónicos en la calle, en el trabajo, en el baño de la escuela, acostado en la cama…”

Además de ser adictiva, la nicotina también tiene efectos sobre órganos importantes como el corazón y los pulmones.

“La nicotina no es una sustancia inocua. Aumenta el ritmo cardíaco, altera la presión arterial y puede dañar el endotelio, la capa interna de los vasos sanguíneos”, enumera.

“Por lo tanto, el riesgo cardíaco de un usuario de cigarrillos electrónicos es casi el mismo que el de alguien que fuma cigarrillos convencionales”.

“En los pulmones, las nanopartículas de nicotina pueden ingresar a los alvéolos, causar espasmos respiratorios e incluso enfermedades inflamatorias“, agrega la médico.

“Hace unos años tuvimos una serie de casos de este tipo, sobre todo en Estados Unidos , que llamaron la atención. Una parte de estos pacientes consumía otras sustancias, pero alrededor de un tercio consumía exclusivamente nicotina”.


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