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Zebadúa debe 1,632 millones por La Estafa Maestra; se escondió 20 veces para no ser notificado

Desde antes de dejar su cargo el que fuera considerado la mano derecha de Rosario Robles comenzó a ocultarse de los auditores. Fue buscado hasta en cuatro domicilios distintos para confirmarle que era directamente responsable y tenía que regresar dinero.
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2 de diciembre, 2020
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Emilio Zebadúa comenzó a esconderse de las autoridades desde meses antes de dejar su cargo en el sexenio pasado. El exoficial mayor de la Sedesol y Sedatu recurrió a guardias de vigilancia, asesores, choferes, secretarias y hasta a su esposa para ocultarse de los notificadores de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en al menos una veintena de ocasiones.

¿El objetivo? Evitar que le notificaran su responsabilidad directa en múltiples desvíos en la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) a través del esquema de La Estafa Maestra, por lo cuales debe regresar 1,632 millones de pesos a la Tesorería del Gobierno federal.

Es dinero que Zebadúa tiene que entregar, independientemente de si la Fiscalía General de la República lo perdona en el ámbito penal con un criterio de oportunidad. Esto ya que se trata de procedimientos de sanción administrativa promovidos directamente por la Auditoría.

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Dictámenes y citatorios oficiales, de los que Animal Político tiene copia, evidencian al menos una veintena de intentos que, entre marzo de 2018 y septiembre de 2019, llevaron a cabo notificadores de la ASF para citar a Zebadúa a audiencia y darle a conocer las sanciones. Lo buscaron en cuatro domicilios distintos, desde su oficina en Sedatu cuando aún era funcionario hasta su despacho particular en Polanco, y sus casas en Ciudad de México y en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Por cada nuevo fraude que le comprobaban, el personal de la ASF hacía dos intentos para localizarlo. Primero acudían espontáneamente a verificar el domicilio y preguntar por Zebadúa; los empleados o quien atendiera decía que, en efecto, ahí vivía o trabajaba pero que por el momento “no se encontraba” o “había salido”. Entonces dejaban un oficio avisando al exfuncionario que volverían en una fecha y hora determinada para que estuviera presente.

Pero no había respuesta. Zebadúa “nunca se encontraba”. Y a veces, cuando los auditores volvían, se enfrentaban con la instrucción expresa del personal de no abrirles la puerta, de no recibirles ningún tipo de documento y menos firmarlo, e incluso de ni siquiera pasar un recado.

Así ocurrió, por ejemplo, el 12 de marzo de 2018, cuando el notificador de la ASF, César Hernández Sánchez, se presentó en la residencia del exoficial Mayor ubicado en la Carretera México-Toluca número 5265, de la colonia Rincón de las Lomas, alcaldía Cuajimalpa. La finalidad era citar a Zebadúa a audiencia para informarle que debía pagar 147 millones 715 mil pesos por una de las irregularidades detectadas en su gestión en Sedesol.

Hernández nunca pudo pasar de la caseta de vigilancia del fraccionamiento. En su cédula quedó asentado que el empleado de vigilancia –que no quiso identificarse– le pidió esperar y se comunicó vía interfón al interior de la casa. La que respondió fue la esposa de Zebadúa que dijo que mandaría un chofer por el documento. Sin embargo, minutos más tarde, la señora se volvió a comunicar para avisar que no se recogería nada y le pidió al guardia que tampoco lo hiciera.

El funcionario de la ASF dejó constancia de dicha situación y colocó un citatorio dirigido a Zebadúa en el que se le pedía expresamente estar al día siguiente a las 4 de la tarde para la notificación. El 13 de marzo Hernández acudió nuevamente a la hora señalada, pero el guardia le dijo que le habían dado la orden de no dejarlo pasar.

“El guardia manifestó que le dieron la instrucción de no permitir el acceso al fraccionamiento, ni firmar ni recibir documento alguno. En consecuencia, se niega a firmar la presente cédula de notificación por temor a perder su empleo. Y no proporcionó sus apellidos porque dijo que no quería tener problemas”, señaló en su constancia el visitador de la Auditoría.

Una situación prácticamente idéntica ocurrió una semana después en el mismo domicilio cuando se le quiso avisar a Zebadúa de otro desvío por el cual tenía que regresar 22 millones 462 mil pesos. “No quiero tener problemas”, dijo otra vez el guardia.

Zebadúa no estaba localizable ni en su trabajo. En al menos ocho ocasiones distintas en 2018 los notificadores de la Auditoría acudieron a la Oficialía Mayor de Sedatu ubicada en Paseo de la Reforma número 26 colonia Juárez, alcaldía Cuauhtémoc, para avisarle de los procedimientos. Nunca los recibió.

Una de ellas fue la del 12 de octubre, cuando la notificadora Miriam Castañeda González acudió a la Sedatu con motivo de una nueva sanción por 23 millones de pesos. Quien la recibió fue el coordinador de Asesores de la Oficialía Mayor, Juan Francisco Martínez, el cual aseguró que su jefe no estaba. 

Al igual que en otros domicilios, Castañeda González notificó que volvería el 15 de octubre y pidió al coordinador de asesores de Zebadúa que le entregara el citatorio correspondiente, lo que este aceptó. Pero cuando llegó el día el exfuncionario tampoco estuvo localizable.

En la constancia, Castañeda González añade que la hicieron esperar por horas en la oficina antes de darle esa respuesta.

En septiembre de 2019, ya sin ser funcionario, la ASF también intentó ubicar dos veces a Emilio Zebadúa para notificarle de su responsabilidad en un nuevo proceso en el que debía reponer 62 millones 877 mil pesos. Esta vez la búsqueda fue en su despacho particular en calle Tennyson número 125 colonia Polanco. En ambas ocasiones sus empleadas indicaron que no estaba.

El cuarto sitio en el que la Auditoría también buscó sin éxito al exoficial Mayor de la Sedesol y Sedatu fue en otro domicilio particular ubicado en Prolongación 3A Poniente de la colonia Colinas del Sur, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

La deuda de Zebadúa

De acuerdo con los pliegos de observaciones de la ASF, Emilio Zebadúa es administrativamente responsable de al menos una decena de malos manejos de recursos públicos durante su gestión como oficial Mayor de la entonces Secretaría de Desarrollo Social. La suma de esas irregularidades asciende a 1,632 millones 891 mil pesos que el exfuncionario debe reponer.

Las sanciones son resultado de auditorías forenses que se practicaron a lo largo del sexenio pasado, luego de que se detectara que la Sedesol al igual que otras dependencias desviaba recursos sistemáticamente a través de la firma de convenios con universidades y entes públicos por servicios que no se realizaban, y donde el dinero terminaba en empresas irregulares o fantasma. Es el esquema conocido como La Estafa Maestra.

En ese entramado el rol de Zebadúa es clave ya que era el responsable de la salida del dinero desde la Oficialía de Sedesol y posteriormente de la Sedatu. Legalmente era el apoderado de las cuentas oficiales.

Lo que los auditores concluyeron en sus investigaciones es que en algunas ocasiones la responsabilidad del exfuncionario era la falta de supervisión al autorizar pagos por servicios que estaban incompletos o de plano no se realizaron. Así sucedió en diversos convenios con cuatro universidades públicas del estado de México.

Pero en otros casos la ASF detectó una responsabilidad aún mayor del exfuncionario debido a que firmó directamente los convenios que permitieron la salida del dinero. Esto ocurrió en varias ocasiones con la Universidad Autónoma de Morelos cuyo rector, Alejandro Vera, está ahora prófugo de la justicia pues sobre él pesa una orden de aprehensión por lavado de dinero y delincuencia organizada.

De acuerdo con funcionarios federales, hasta ahora Zebadúa no ha regresado el dinero que se le ha reclamado y, en cambio, ha promovido algunas acciones legales como juicios de amparo para tratar de que no se le haga efectivo el cobro.

Se prevé que la millonaria cifra de dinero que el exfuncionario debe crezca todavía más ya que los procedimientos mencionados con anterioridad corresponden solo a los convenios irregulares firmados desde Sedesol. Sin embargo, se tienen identificadas irregularidades similares en su paso por Sedatu.

Animal Político requirió a la ASF una actualización del estatus de todos los procedimientos de responsabilidad resarcitoria promovidos en contra de Zebadúa en todo el sexenio pasado, pero hasta la publicación de esta nota no se ha recibido respuesta. 

Tarek, un mal antecedente

Como ya se sabe, Emilio Zebadúa rindió una declaración ministerial ante la FGR en la que confirmó el modus operandi de La Estafa Maestra y los desvíos en múltiples dependencias con el supuesto aval del entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray. En el caso de Sedesol y Sedatu señaló diversos convenios (aunque ocultó otros) que sirvieron para el desvío de los recursos.

Dicha declaración se da en el contexto de una colaboración que Zebadúa busca con la FGR para que esta le de algún beneficio legal como, por ejemplo, un “criterio de oportunidad”, que le permita no ser imputado de algún delito a cambio de volverse testigo.

No obstante, y aun cuando recibiera dicho criterio, se trata de un proceso independiente al que la ASF integra por la vía administrativa en contra de Zebadúa. Eso significa que si el exfuncionario pierde las impugnaciones o los amparos que ha promovido, forzosamente debe reponer el dinero que se le está reclamando, de no hacerlo puede ser sujeto incluso de embargos.

Existe un antecedente de un caso similar: el del extesorero del estado de Veracruz en el gobierno de Javier Duarte, Antonio Tarek Abdalá, quien recibió un criterio de oportunidad que le permitió no ser procesado por los múltiples desvíos de recursos que autorizó hacia empresas fantasma en aquella administración.

Con independencia de ello, la ASF promovió en contra de Tarek Abdalá 64 procedimientos de responsabilidad resarcitoria por un monto de 19 mil millones de pesos que debería de reponer. En ocho de esos procedimientos, que equivalen a 208 millones de pesos, el extesorero ya perdió en definitiva todas las impugnaciones.

No obstante, hasta el día de hoy Tarek Abdalá no ha regresado un solo peso a la Tesorería federal.

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Cómo tu manera de conducir puede revelar signos tempranos de alzheimer

Una investigación muestra cómo pequeños cambios en la forma de conducir podrían exponer signos preclínicos de la enfermedad.
14 de julio, 2021
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La manera de conducir de todo el mundo cambia a medida que se envejece. Pero en algunas personas surgen sutiles diferencias en la forma de controlar un vehículo, que, según los científicos, están relacionadas con las primeras fases de la enfermedad de alzheimer.

En un experimento para averiguar si estas diferencias en la conducción pueden detectarse mediante dispositivos de localización basados en el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), un grupo de personas mayores de 65 años del Estado de Washington (EE.UU.) aceptó que se vigilara su conducción durante un año.

Lo que los investigadores querían averiguar era si el mero estudio de los hábitos de conducción de este grupo podía revelar el comienzo de la enfermedad, sin necesidad de utilizar procedimientos médicos invasivos o costosos.

Tras 365 días acumulando la información, están seguros de que sí se podría.

Entre las 139 personas que participaron en el estudio, las pruebas médicas ya habían demostrado que alrededor de la mitad tenía la enfermedad de Alzheimer en fase muy temprana o “preclínica”. La otra mitad no la tenía.

El análisis de su conducción reveló diferencias detectables entre los dos grupos.

En concreto, los que tenían alzhéimer preclínico tendían a conducir más despacio, a hacer cambios bruscos, a viajar menos por la noche y a registrar menos kilómetros en general, por ejemplo. También visitaban una menor variedad de destinos cuando conducían, ciñéndose a rutas ligeramente más limitadas.

escáner

Getty Images
En el caso del alzhéimer, un diagnóstico precoz es fundamental.

“La forma en que las personas se mueven en su entorno cotidiano, desde los lugares que visitan hasta la forma en que conducen, puede decirnos mucho sobre su salud”, afirma Sayeh Bayat, candidata al doctorado en la Universidad de Toronto, que dirigió el estudio.

Los rastreadores GPS instalados en los coches de los participantes revelaron con detalle estos movimientos y el momento en que se produjeron.

Los investigadores que llevaron a cabo el estudio habían dividido previamente a sus participantes entre los que padecían la enfermedad de alzhéimer preclínica y los que no, utilizando para ello pruebas médicas como el análisis del líquido cefalorraquídeo y la tomografía por emisión de positrones (TEP).

Pero utilizando los resultados de los datos de conducción, pudieron diseñar un modelo que podía predecir la probabilidad de que alguien tuviera alzhéimer preclínico utilizando simplemente su edad y sus datos de conducción por GPS. La precisión fue del 86%.

“Utilizando estos pocos indicadores… se puede realmente, con una confianza muy alta, identificar si una persona tiene la enfermedad de alzhéimer preclínica o no”, expone Bayat.

El modelo fue aún más preciso (90%) cuando se añadieron los resultados de una prueba genética para el alzhéimer conocida como genotipo de la apolipoproteína E (APOE), que indica si se puede tener un riesgo heredado de la enfermedad.

(Aunque hay que tener en cuenta que este grupo es una pequeña minoría de las personas que acaban desarrollando alzhéimer).

Pero la predicción basada únicamente en la edad y la manera de conducir era casi igual de precisa.

Sayeh Bayat, a PhD candidate at the University of Toronto

Roe Lab
La investigadora Sayeh Bayat utilizó dispositivos GPS para medir la forma de conducir de los pacientes que tenían la enfermedad en un grado incipiente.

Una predicción con poco coste

Se necesitan estudios aleatorios más amplios para demostrar una relación definitiva entre los comportamientos de conducción detectados y la enfermedad de alzhéimer preclínica.

Sin embargo, pero el hecho diferencial posible es que esta investigación podría suponer una forma barata de detectar esta condición en una etapa temprana y potencialmente apoyar el tratamiento.

Pero también plantea la cuestión de si las personas mayores querrían que se siguiera tan de cerca su comportamiento, incluso si hubiera beneficios para la salud.

El hecho de que el comportamiento de los conductores cambie cuando tienen alzhéimer está bien documentado.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE.UU. sostiene que los familiares pueden llegar a notar que su ser querido tarda más en completar un viaje sencillo, que conduce de forma más errática o se confunde de pedal, por ejemplo.

Ancianos en un coche

Getty Images

Sin embargo, es difícil detectar desde el principio los cambios más sutiles, como la conducción más lenta. Esta distinción, cuenta Bayat, requiere la recopilación de datos a lo largo del tiempo para un análisis detallado.

Añade que los participantes en el estudio con alzhéimer preclínico, en algunos casos, conducían menos por la noche, restringían su conducción a zonas ligeramente más reducidas alrededor de su casa o viajaban más despacio de lo esperado.

La mejor manera de predecir, a través de los datos de conducción, si alguien sin alzhéimer preclínico puede estar en riesgo de desarrollarlo podría ser controlar su manejo en la carretera durante un período de tiempo más largo.

Esto podría revelar cambios en su conducción, sostiene Bayat.

Laura Phipps, del centro Alzheimer’s Research de Reino Unido, afirma que el estudio es “realmente interesante” y añade que los cambios en el comportamiento al volante suelen ser percibidos por los familiares de una persona a la que posteriormente se le diagnostica la enfermedad.

“Lo que nos dirán es que, a menudo, uno de los primeros síntomas o signos que notaron es que su ser querido empezó… a perderse”, dice Phipps.

Pocos fármacos para las primeras etapas

La especialista explica que actualmente hay relativamente pocos fármacos disponibles para tratar la enfermedad de alzhéimer en su fase inicial, pero espera que esto cambie en el futuro.

Si este fuera el caso, disponer de una indicación precoz de quiénes son propensos a desarrollar la enfermedad -sin necesidad de procedimientos costosos o invasivos- podría ayudar a los médicos a saber cuándo prescribir los tratamientos.

anciana

Getty Images
La enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas, dicen los expertos.

“Las investigaciones han demostrado que, en realidad, la enfermedad puede empezar en el cerebro hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas”, afirma.

Los datos sobre la conducción u otros comportamientos, como los cambios en la forma de hablar, también podrían impulsar cambios en el estilo de vida que ayuden a mantener a raya el alzhéimer.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido aconseja cuidar la salud cardíaca y mantenerse activo social y mentalmente, entre otras medidas preventivas que la ciudadanía puede tomar.

La idea de que el análisis de la forma de conducir podría ayudar a las personas a controlar e incluso a retrasar el inicio de los síntomas más graves del alzhéimer suena tentadora.

Pero siempre existe la posibilidad de que se produzcan errores en este análisis. O que los resultados tengan consecuencias negativas.

El riesgo de los datos

Muchos conductores de todas las edades ya permiten que su aseguradora utilice la telemática o una caja negra para medir su manera de conducir, lo que puede dar lugar a una prima de seguro más baja.

Pero en el futuro, ¿podrían estos dispositivos predecir con exactitud su riesgo de padecer alzhéimer y tenerlo en cuenta también?

Aunque este escenario potencial está muy lejos del mercado de los seguros, es algo que podría preocupar a los actuales propietarios de cajas negras, que ya han tenido problemas con la precisión de sus dispositivos en el pasado.

Rhoda Au, de la Universidad de Boston, sostiene que los clientes deberían tener más control sobre el destino de sus datos en general, para evitar una discriminación injusta de sus hábitos o comportamientos.

Azuga tracking device

Roe Lab

“Deberían tener derecho a decidir qué se comparte y qué no”, afirma.

Señala en broma que su propia forma de conducir podría considerarse errática: “Sólo pienso: Dios, esta gente de Google debe pensar que estoy loca… No tengo sentido de la orientación”.

La especialista cree que, en general, los nuevos sistemas de recopilación de datos diseñados para encontrar correlaciones sutiles entre el comportamiento y las condiciones médicas, probablemente tengan fallos. Pero dadas las posibles ventajas de poder identificar a tiempo a las personas con riesgo de desarrollar la enfermedad de alzhéimer, hay buenas razones para explorar cuidadosamente esas posibilidades ahora.

“Hay que empezar por algún sitio”, reflexiona.


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