México: Las claves para entender la amenaza de pesca ilegal en Revillagigedo
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Foto: Conanp/Erick Higuera

México: Las claves para entender la amenaza de pesca ilegal en Revillagigedo

En noviembre de 2017, el gobierno mexicano declaró al archipiélago de Revillagigedo como Parque Nacional y prohibió todo tipo de pesca en la zona, considerada un refugio para especies como mantas gigantes y tiburones.
Foto: Conanp/Erick Higuera
Por Mongabay Latam
9 de enero, 2021
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Mongabay Latam analizó los datos del Sistema de Monitoreo Satelital de Embarcaciones Pesqueras (SISMEP) y reportes de ruta obtenidas través de solicitudes de información realizadas a la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

Rastreando los barcos y las compañías se descubrió que, desde el momento en que el gobierno mexicano declaró a Revillagigedo como parque nacional y prohibió todo tipo de pesca en sus aguas, al menos 18 embarcaciones han realizado actividades sospechosas de pesca ilegal al interior del área protegida.

¿Qué está en riesgo, quiénes son los que amenazan al parque y cuáles son las debilidades que permiten la existencia de este delito al interior del área marina? Estas son las claves para entender el problema:

Revillagigedo: refugio para especies en peligro

Los archipiélagos son lugares donde la vida marina abunda. Son refugios naturales, sobre todo cuando se encuentran muy lejos de la costa  continental. En México, el Archipiélago de Revillagigedo está a 540 kilómetros de Los Cabos, Baja California Sur, y a 890 kilómetros del puerto de Manzanillo, Colima. Las aguas que rodean sus cuatro islas —San Benedicto, Socorro, Roca Partida y Clarión— marcan la frontera del país en el Pacífico.

Lee más: Parque Nacional Revillagigedo bajo el acoso de la pesca ilegal

Este archipiélago es clave para la reproducción y conservación de especies como la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), tortugas marinas, tiburones como el martillo (Sphyrna lewini) o el puntas plateadas (Carcharhinus albimarginatus), todas incluidas en la Lista Roja de especies amenazadas de extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Por su importancia biológica, el Archipiélago de Revillagigedo se declaró Reserva de la Biósfera en 1994, la Unesco lo inscribió en la lista de Patrimonio Mundial Natural en 2016 y el gobierno mexicano lo promulgó Parque Nacional el 27 de noviembre de 2017 y prohibió todo tipo de pesca en el área.

Octavio Aburto, investigador del Instituto de Oceanografía Scripps, de la Universidad de California, Estados Unidos, y uno de los científicos que impulsó la creación del Parque, recuerda el por qué de esta iniciativa: “Cada vez se veían más barcos atuneros pescando alrededor de las islas, dentro del área núcleo de la Reserva; también era común mirar barcos de pesca deportiva sacando muchos animales”. Desde entonces, la presencia de barcos pesqueros disminuyó en forma considerable pero eso no significa que la actividad pesquera haya desaparecido.

¿Quiénes amenazan al parque?

El análisis de los datos satelitales permitió identificar que en enero, febrero y marzo de 2018, el barco Propemex Y-5-A entró a la zona y realizó acciones sospechosas de pesca. La embarcación de bandera mexicana pertenece a Pesca Gagui, compañía que de acuerdo con el Registro Público de Comercio tiene entre sus accionistas a Guillermo Alonso Félix, quien también es dueño de Pesca Magui, empresa a la que pertenece el buque Memillo V, embarcación que a principios de enero de 2018 también realizó acciones sospechosas de pesca en Revillagigedo.

Ese mismo año, otras embarcaciones que registraron actividades similares fueron: Exmar II y Ali III (de Pesquera Moneto), Pez de Acero VIIPez de Acero XI y Don Agustín IV (de Pesquera Jusajeli) y Crustáceos I, embarcación a nombre de Ranulfo García Aranda, con base en el puerto de Salina Cruz, Oaxaca. La mayoría de estos barcos tienen permisos para pescar tiburón y solo Crustáceos I tiene para pez espada, de acuerdo con datos de la Conapesca.

En 2019, el barco Benito García, que pertenece a la Sociedad Cooperativa de Producción Pesquera Sucett, realizó actividades sospechosas al interior del área. También lo hizo la embarcación El Panzas, igualmente propiedad de Sucett. Semanas después de que el Benito García ingresó al parque, desembarcó en el puerto de Mazatlán 3.8 toneladas de tiburón zorro, 16 toneladas de tiburón azul, 100 kilos de tiburón volador, 300 kilos de tiburón mako, 100 kilos de pez espada, 200 kilos de marlín y 100 kilos de atún aleta amarilla.

Lee: Detienen a 4 personas acusadas de pesca prohibida en San Felipe, BC

Hasta ahora, solo tres embarcaciones han sido denunciadas por presunta pesca ilegal en Revillagigedo y entre ellas están Benito García y El Panzas. El tercer barco es Royal Polaris, de San Diego, Estados Unidos, dedicado a la pesca deportiva y que, en abril de 2019, se le encontró in fraganti realizando actividades de pesca de atún cerca de Clarión.

Muchas de las actividades sospechosas de pesca se realizan en los límites del parque. Es el caso del buque Zoe (de la empresa Pescamil), del buque Thor (de Pesquera Thor)  que en octubre de 2019 registró varios ingresos y en tres de ellos cambió de rumbo, disminuyó de velocidad y se instaló durante 21 horas en la parte este de la reserva. Por último, también fue posible observar el barco Yumano (también de Pesquera Thor) y Puerto Chale II, registrada a nombre de Sofía Bencomo Pérez, realizando actividades sospechosas de pesca en los límites de la reserva.

Los barcos atuneros también entran

Barcos atuneros pertenecientes a Pesca Azteca – empresa que posee la mayor flota atunera de América Latina- ingresan frecuentemente al Parque Nacional Revillagigedo en trayectos que tanto personal de la Conapesca, la Secretaría de Marina y la Conanp definen como “pasos inocentes”, es decir, que solo cruzan el área manteniendo una velocidad constante arriba de los 10 nudos.

Sin embargo, el análisis de datos muestra que en julio de 2019, el barco Tamara se detuvo alrededor de una hora dentro del parque. También en agosto de 2019 el buque Azteca 8 bajó su velocidad de 12.16 a 0.87 nudos, cambió de rumbo y registró una velocidad de 9.56 a 8.69 nudos durante poco más de una hora. Por último, el barco Azteca 10 permaneció desde las dos de la mañana del 27 de agosto de 2019 y hasta las seis de la mañana del día siguiente con una velocidad promedio de 0.87 nudos, en la zona norte del parque. Además, realizó un repentino cambio de rumbo, disminuyó su velocidad y, antes de salir del área, registró una maniobra parecida a la de un cerco de pesca.

Según Pesca Azteca, en el caso del buque Tamara se trató de un “paso inocente avisado a la Conapesca” y en el de Azteca 8 se trató “de un accidente con un colaborador dentro de la embarcación”. Sobre el Azteca 10 informaron que “la embarcación sufrió una avería en la transmisión del motor principal de propulsión a su regreso a Mazatlán, quedando varado dentro de la zona por un transcurso de 4 a 5 horas hasta que otra de nuestras embarcaciones —Azteca 3— acudió a su auxilio para remolcarlo hasta Mazatlán”. Como prueba, presentaron copia de los correos de aviso que enviaron a la Conapesca. Los datos obtenidos por transparencia, así como de Global Fishing Watch, muestran, sin embargo, que el Azteca 10 permaneció dentro del área protegida alrededor de 28 horas.

Para leer la nota completa ingresa al sitio de Mongabay Latam. O si quieres saber más sobre esta historia lee aquí la investigación de Thelma Gómez Durán para Mongabay Latam.

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Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo

¿Qué particularidades tiene el idioma nativo de los kawésqar? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes? Aquí te lo contamos.
27 de abril, 2022
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Entre laberínticos archipiélagos australes —donde los vientos, las lluvias y el frío no dan tregua—, vivían los kawésqar.

El grupo nómada pasaba gran parte del día en sus canoas (o hallef) recorriendo los canales entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes, rodeados de densos bosques y en busca de lobos marinos, nutrias, aves y moluscos para alimentarse.

Los hombres eran los responsables de la caza terrestre (que incluía el icónico huemul) y marítima, mientras las mujeres recolectaban mariscos mediante el buceo, para lo que cubrían su piel con grasa de lobo marino.

Al igual que el resto de los pueblos originarios que poblaron América hace miles de años, los kawésqar tenían su propia lengua, marcada profundamente por su geografía. Eso explica, por ejemplo, por qué tenían 32 maneras de decir “aquí”.

Pero con el paso del tiempo y la llegada de los colonos a esta zona austral de Chile, denominada Patagonia Occidental, el grupo étnico sufrió una transformación brutal: no sólo abandonó su vida nómada —estableciéndose en Puerto Edén, una pequeña villa situada al sur del golfo de Penas—, sino que también relegó a segundo plano su idioma.

Kawésqar

Internet Archive Book Images
Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, los kawéskar (también llamados “alacalufes” por algunos investigadores) fueron vistos por primera vez en 1526 por la expedición del marino español Francisco José García Jofré de Loaysa.

Y es que aprender español se volvió una necesidad para ellos y, así, poco a poco se llegó a un punto crítico: hoy, solo ocho personas hablan su lengua originaria.

Cuatro de ellas son ancianos. Tres nacieron en la década de 1960 —la última generación que adquirió la lengua desde la infancia—, y solo uno, que no es miembro del grupo étnico, lo habla: Oscar Aguilera.

El etnolingüista chileno de 72 años lleva casi 50 intentando salvar este idioma, registrando el vocabulario, grabando durante horas archivos sonoros y documentando el léxico.

Ahora hay otra persona que no es de la comunidad interesada en aprender su gramática: la pareja del próximo presidente Gabriel Boric y futura primera dama, Irina Karamanos.

La dirigenta feminista se ha comunicado con Aguilera con el fin de investigar más del tema. Para ella, los chilenos tienen una relación “deficiente” con sus comunidades y pueblos indígenas, y aprender de su léxico es una forma de acercarse a ellos.

Pero ¿qué particularidades tiene este idioma nativo? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes?

Aquí te lo explicamos.

¿Cuál es el origen del kawésqar?

Los lingüistas e investigadores siempre intentan responder la misma pregunta: ¿de dónde vienen las lenguas de los pueblos, cuál es su verdadero origen?

Kawéskar

Oscar Aguilera
Mujer kawéskar en Puerto Edén.

En el caso del kawésqar —así como de muchas otros hablas indígenas—la respuesta aún no está clara.

Esto se explica en parte porque se le considera una lengua “aislada” o “no clasificada”.

Es decir, no forma parte de una familia lingüística ni tiene vínculos con ninguna otra lengua viva (como sí lo tiene, por ejemplo, el español, que procede del latín y es parte de las lenguas romances).

Al ser “aislada” es más difícil descubrir de dónde vienen sus palabras, su estructura o su gramática.

Aunque se cree que los kawéskar habitan la Patagonia Occidental hace unos 10 mil años, el primer testimonio que se conoce de su lengua aparece recién entre los años 1688 y 1689, elaborado por el aventurero francés Jean de la Guilbaudière.

Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, hacia el siglo XIX su población alcanzaba las 4 mil personas, y la mayoría hablaba el idioma ancestral.

A fines del siglo XIX, sin embargo, su población descendió abruptamente a 500 personas y luego a 150 en la década de 1920.

Actualmente, hay cerca de 250 kawéskar en la región de Magallanes, pero son monolingües —hablan solo español— y no dominan la lengua de sus antepasados.

¿Qué características tiene?

Por sus características morfológicas, el kawéskar es una lengua aglutinante (al igual que el turco y otras) y polisinética; es decir, tiene “palabras, oraciones o frases” que no se pueden traducir con una sola palabra al español.

“No hay una equivalencia de uno a uno, como por ejemplo, el table inglés y el ‘mesa’ español. En kawésqar tenemos palabras como jerkiár-atǽl, un verbo que significa ‘el movimiento que hace el mar de flujo y reflujo'”, le explica Oscar Aguilera a BBC Mundo.

Puerto Edén.

Oscar Aguilera
En Puerto Edén viven unos 200 kawéskar actualmente.

A pesar del amplio contacto de los kawésqar con los colonos, se resisten a aceptar préstamos del español. Así, han creado sus propias palabras para llamar, por ejemplo, a los aparatos han ido adquiriendo (como el televisor o el teléfono).

Las pocas palabras que se han adoptado del español han sufrido una “nativización”; es decir, una transformación a la fonética kawéskar.

Es el ejemplo de “barco”, que se dice jemmáse pero también wárko. La “b” en castellano se reemplaza por la “w”, pues no existe el sonido “b” en kawésqar.

Además, hay un lado cultural que, según Aguilera, “difiere notablemente de la manera en como nosotros nos expresamos”.

Si el kawésqar no tiene certeza de lo que dice, no lo dice. Siempre usa el condicional. Culturalmente ellos rechazan la falta de veracidad, es sancionada por el grupo. La persona que miente se la señala con el dedo”, explica.

Así, por ejemplo, los kawésqar nunca dirían que tal persona los llamó desde Londres. Como no tienen seguridad de que esa persona estaba en Londres (porque no lo ven), dirían “me habría llamado” desde Londres.

¿Por qué está en peligro de extinción?

Al ser hablado solo por ocho personas, está entre las lenguas que la Unesco considera en vías de extinción.

“El problema es que, en términos generales, no es una lengua práctica. Es mejor aprender español o estudiar inglés”, dice Aguilera.

Según el experto, entre las razones que explican por qué el español penetró tan fuerte entre los kawésqar está la comercialización de sus productos con los nuevos habitantes de la zona.

Oscar Aguilera

Oscar Aguilera
El etnolingüista Oscar Aguilera se mudó a Punta Arenas en 2015. Hoy es profesor de la Universidad de Magallanes.

Además, de acuerdo al especialista, se sentían discriminados por los pueblos aledaños, como los chilotes (habitantes de la isla de Chiloé).

“Los chilotes los miraban en menos e incluso se reían de cómo hablaban su idioma. Entonces ellos decidieron no hablar más su idioma en público, sino que solamente en la casa”, explica el lingüista.

El Estado de Chile tampoco ha priorizado su rescate o sobrevivencia. Hasta el día de hoy no hay suficientes incentivos para revitalizar el idioma. La única escuela que hay en Puerto Edén, por ejemplo, enseña en español.

“Hay algunas personas que están haciendo esfuerzos por aprender la lengua, pero la falta de continuidad y persistencia, además de tratarse de una lengua gramaticalmente tan diferente del español, lo hace difícil para ellos”, cuenta Aguilera.


La fascinante historia de Oscar Aguilera

En el invierno de 1975, Oscar Aguilera emprendió una aventura que cambiaría su vida para siempre.

Siendo un joven inexperto, recién egresado de Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, decidió viajar a Puerto Edén, el lugar donde viven actualmente los kawésqar.

“Quedé muy impresionado porque me habían pintado un cuadro completamente distinto. Me imaginaba que me iba a encontrar con personas vestidas con pieles, casi con harapos, y viviendo en chozas icónicas. Pero no, ellos vivían en casas común y corrientes, y se vestían igual que yo”, dice.

En ese viaje —que se extendió por todo el invierno— conoció a la familia Tonko, quienes lo ayudaron a comenzar con el registro de la lengua, compartiendo con él largas jornadas de grabación.

Al año siguiente, publicó un primer léxico que perdura hasta el día de hoy.

Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

La fascinación de Aguilera con los kawésqar fue tal que siempre encontró razones para volver.

Y así es como decidió embarcarse en una segunda expedición, de la cual volvió con dos miembros de la comunidad a su casa en Santiago, donde vivía con sus padres y su abuela.

Estuvieron viviendo con nosotros durante cuatro meses. Mi familia los recibió bien, los aceptaron”, afirma.

Aguilera era en ese entonces profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile.

Cada tarde, cuando se acababan las clases, se quedaba con los dos kawésqar grabando parte de su léxico y registrando información etnográfica.

Luego, regresaron todos juntos a Puerto Edén.

“A mí me gustaba ir porque la lengua de una comunidad tiene un componente cultural muy importante. Así que me dediqué no solo a salvar el idioma sino también al rescate cultural que implica mucho más, toda la forma de vida y el testimonio propio de ellos”, explica.

La mayoría de los kawéskar que conoció en esos viajes hablaban español pero con distintos grados de competencia. Los más ancianos, por ejemplo, solían tener más interferencia de su lengua materna, cometiendo errores como la no diferenciación entre el singular y el plural.

Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

El académico reconoce que se enamoró de su gente.

“Hice todo lo contrario a lo que los libros de texto le recomendaban a un investigador: ‘Usted saque información, describa la lengua y váyase’. Yo me involucré con la comunidad”, dice.

“Adopción mutua”

En los años 80, la relación entre Oscar Aguilera y los kawésqar se profundizó aún más cuando decidió adoptar a dos niños de la comunidad para que recibieran una buena educación en Santiago.

Los niños pertenecían a la familia de los Tonko. En total, eran ocho hermanos. Uno de ellos, José, amaba la lectura.

“Con el permiso de sus padres, le compré un pasaje a Puerto Montt y lo fui a buscar para irnos a Santiago. Ingresó a la escuela, al Liceo Alessandri, donde yo también había estudiado”, cuenta.

José Tonko

Oscar Aguilera
José Tonko.

Cuatro años después, el hermano de José, Juan Carlos, también se fue a vivir a Santiago con Aguilera. Vivían todos juntos en una casa que el académico arrendaba en la comuna de providencia.

“Yo los adopté. Es que su familia había sido muy buena conmigo, me recibieron siempre como si fuera parte de ellos. Así que en realidad fue una adopción mutua”.

Cuando cumplieron 18 años, José y Juan Carlos ingresaron a la universidad. El primero, estudió Trabajo Social y Antropología, y el segundo, periodismo.

“Ellos son mi familia”

Actualmente, los hermanos —que bordean los 60 años— viven en la ciudad de Punta Arenas, al igual que Aguilera, quien dicta seis cursos en la Universidad de Magallanes.

“Hasta el día de hoy ellos son mi familia. Es como si fueran mis hijos, me cuidan y yo los cuido”.

Ambos han trabajado con él en la ardua tardea de rescatar el idioma.

José es coautor de distintas publicaciones —como “Gente de los canales” (2019)—, y ha colaborado en la creación de un diccionario kawésqar-español, que aún no logran terminar.

Además, entre 2007 y 2010, redactaron un texto y un archivo sonoro que se encuentra hoy en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad James Cook, en Australia.

Sin embargo, el lingüista cree que aún falta mucho por hacer.

José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

Oscar Aguilera
José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

“Detrás de las lenguas hay un gran conocimiento y por eso se deben preservar, porque albergan información única sobre el medioambiente donde vive la gente que lo habla”, dice.

De cara al futuro del idioma, su esperanza está depositada en la futura primera dama, Irina Karamanos.

Quizás su interés —dice— ayude a revitalizar realmente la lengua de quienes considera su verdadera familia.


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