Gobierno aún está en deuda con médicos del extinto Prospera
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Gobierno aún está en deuda con médicos del extinto Prospera, les quitaron hasta las vacaciones

Con la extinción de Prospera y el paso al nuevo Programa de Atención a la Salud, el personal médico tuvo un incremento salarial, pero perdió el derecho a vacaciones y permisos para capacitación.
Cuartoscuro
11 de enero, 2021
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Cuando Mario, médico general de Guerrero, veía las conferencias de prensa matutinas y escuchaba al presidente Andrés Manuel López Obrador repetir una y otra vez que el personal de salud tendría mejores condiciones laborales que en otros sexenios, tenía la esperanza de que por fin valorarían su labor. Dos años después el panorama, de hecho, ha empeorado. 

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Al iniciar el sexenio, Mario, quien pidió no publicar su nombre verdadero, sumaba 6 años como médico del programa Prospera, una estrategia transexenal que buscaba otorgar educación, salud y alimentación a personas en situación de pobreza. Sólo firmaba contratos cada seis meses y no tenía ningún beneficio extra a su salario de 12 mil pesos mensuales. 

Incluso con la paradoja de ni siquiera contar con seguridad social, aún en medio de la crisis por la pandemia de coronavirus en el país. Ni siquiera pese al discurso de llamar “héroes” al personal médico que se encuentran en la primera línea de combate. Y en este caso, atendiendo a los más pobres en las zonas más marginadas. 

El personal de Prospera tampoco han generado antigüedad, pero al menos tenían dos periodos vacacionales de 10 días al año, cuenta María, medica general del Estado de México a quien se le cambió el nombre porque teme alguna represalia. 

Pero la nueva administración decidió sustituir Prospera por el “Programa Atención a la Salud y Medicamentos Gratuitos para la Población sin Seguridad Social Laboral”, que en realidad sólo significó un cambio de nombre y la condición de sólo prestar servicios en zonas de alta y muy alta marginación. 

El presupuesto casi se mantuvo igual. Mientras en 2018 Prospera tuvo 6 mil 382 millones de pesos, el año siguiente pasó a 6 mil 587 millones y en 2020, ya con el nuevo nombre tuvo 6 mil 634 millones de pesos. 

El personal médico tuvo un incremento salarial. María pasó de ganar 22 mil pesos mensuales a 26 mil. Pero también trabaja más porque les quitaron el derecho a los dos periodos de 10 días de vacaciones acordados en los contratos laborales de años anteriores.

También tenían derecho a días económicos o permisos para cursos de capacitación. Ahora ya ni eso, lamenta María, con 10 años de antigüedad en el programa en el que atiende hasta 12 personas por jornada en el Estado de México. 

Esto porque el régimen de contratación es bajo la modalidad de “honorarios asimilados a salarios” que no genera ningún tipo de derecho, de acuerdo a las “Políticas para la contratación del personal temporal del programa”, publicadas en 2019

En ese documento, el director de Planeación y Desarrollo en Salud, Alejandro Vargas García, de la Secretaría de Salud, fijó los criterios de contratación que, entre otras cosas, daba preferencia de contratación al personal con antigüedad en Oportunidades. 

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Sin embargo, la recontratación en el nuevo programa no significó mejora alguna pues, de acuerdo con la cláusula 19, la institución de salud de cada estado “no adquiere ni reconoce obligación alguna de carácter laboral a favor del ‘prestador’”, dice el contrato que Bruno, médico de un centro de salud, firmó con el Instituto de Salud del Estado de México en junio de 2020. 

“Somos como un outsourcing. No tenemos derecho a nada. Lo que nos parece una incongruencia es que en plena pandemia y siendo trabajadores de salud no tengamos ni seguridad social”, dice Bruno. 

Ahora también se ha sumado otro problema, explica Bruno, las recontrataciones comenzaron a retrasarse. Antes sólo firmaban en enero y julio de cada año, pero el año pasado hubo retrasos de hasta tres meses. A María apenas este viernes 8 de enero le notificaron a ella que sí sería recontratada. 

En tanto, personal médico de Guerrero comenzó movilizaciones en la entidad para demandar la recontratación, pues les habían informado que esta vez regresarían a laborar hasta el 1 de marzo de 2021. 

La semana pasada unos 70 médicos y enfermeras realizaron una marcha simbólica que terminó con una protesta frente a la Secretaría de Salud en Chilpancingo. Sólo así lograron una reunión con autoridades encabezadas por el secretario de Salud de Guerrero, Carlos de la Peña. 

Las autoridades prometieron que serían recontratados en enero y, además, tendrán prestaciones de ley. Esto impidió que los médicos cumplieran la intención de acudir a la conferencia mañanera del presidente para protestar por su situación este lunes 10 de enero. Sin embargo, hasta el momento aún no les han informado la fecha concreta para firmar contrato.

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Tsunamis en el Ártico: la nueva y peligrosa amenaza del cambio climático

Geólogos advierten que Alaska está en puertas de un deslizamiento de rocas tan grande que puede ser capaz de provocar un tsunami no visto nunca antes.
28 de octubre, 2020
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Hielo en Alaska

Getty Images
Millones de toneladas de roca pueden deslizarse hasta el océano por el derretimiento del permafrost.

Barry Arm es una estrecha brecha de costa en el sur de Alaska.

No es muy grande si se la compara con el extenso borde de Norteamérica que colinda con el océano Pacífico, pero el lugar provoca una particular preocupación.

En Barry Arm, advierten geólogos, se puede llegar a producir un deslizamiento de hielo y roca capaz de desatar un tsunami catastrófico para la región.

Y ese sería solo uno de los posibles efectos del cambio climático que amenazan a Alaska y otras regiones del Ártico.

Por ello diferentes autoridades, científicos y activistas ambientales quieren llamar la atención sobre el peligro.

¿Alaska en peligro?

“Posibles efectos devastadores” es como califica Anna Liljedahl a lo que puede pasar en Alaska, que algunos científicos hablan incluso de en 12 meses o tan solo algunos años.

La geóloga le señala a BBC Mundo que su preocupación es muy grande debido a que existen condiciones para un deslizamiento mucho más grande que todos los vistos en el siglo XX.

“Se trata de fenómenos diferentes a los que conocimos antes. Y lo peor es que pensamos que se volverán cada vez más frecuentes”, señala la experta del Woods Hole Research Center de Alaska.

 

Liljedahl añade que la energía de un deslizamiento como el que considera es posible en Barry Arm puede superar al de un terremoto de magnitud 7.

“Se trata de una combinación muy peligrosa y es apenas un ejemplo de los peligros que tenemos en Alaska”, afirma.

Ante este tipo de advertencias, la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska ha querido expresar cautela y señala que monitorea de manera permanente los posibles movimientos de tierra en la zona.

La entidad señala que se generaron modelos para el estudio de la geología de la región para predecir qué tan grande podría ser un tsunami y cómo se propagaría.

Se utilizan monitores con el sistema GPS (sistema de posicionamiento global) que funcionan con energía solar para detectar el potencial de deslizamientos que son los que preceden a los eventos sísmicos.

La preocupación

El estrecho de Barry Arm se encuentra en la bahía de Prince William Sound, en el golfo de Alaska.

Se trata de una zona con frecuente presencia de pescadores y que, antes de la pandemia, también recibía turistas en cruceros.

Ártico

Getty Images
El Ártico es una de las zonas que mayores riesgos corre ante el cambio climático.

Un deslizamiento de millones de toneladas de roca tiene potencial para eliminar esas actividades económicas en el lugar por un tiempo indeterminado.

Así lo advierte Steve Masterman, director de la División de Estudios Geológicos y Geofísicos de Alaska.

“El más notable de los tsunamis fue en 1958, cuando un deslizamiento de tierra generó una ola que se elevó a 1.700 pies (520 metros)”, señala el experto.

Masterman apunta que las rocas liberadas en esa ocasión eran apenas una décima parte del tamaño de un hipotético deslizamiento en Barry Arm.

Es por ello que la entidad dirigida por Masterman expresó su preocupación sobre los peligros geológicos que corren los habitantes de la zona.

Montañas de Alaska

Getty Images
Alaska puede estar a muy poco de un fenómeno climático devastador, advierten los expertos.

El paulatino del derretimiento del permafrost, la capa de suelo congelado existente en regiones como Alaska, el noreste de Canadá, Groenlandia (Dinamarca) o Siberia (Rusia), es apuntado como uno de los principales factores de riesgo de tsunamis en esa zona.

“El permafrost mantiene unida a la tierra y cuando ese hielo se convierte en agua de manera repentina cambian las condiciones y el suelo puede moverse”, explica Liljedahl.

La geóloga apunta que se trata de un asunto muy complejo porque es difícil hacer un diagnóstico de las condiciones en las que se encuentra esa capa congelada en la región, pese a las numerosas simulaciones con computadores que se realizan.

“Realmente necesitamos saber un poco más para determinar qué tan peligroso es el deslizamiento que se avecina. Por eso creemos necesario que se conozca de esta amenaza”, indica.

Liljedahl, al igual que Masterman y un grupo de científicos escribieron una carta pública a mediados de año advirtiendo del peligro de que un deslizamiento y un tsunami devastador se produzca en Alaska.

Otros peligros

Alaska no es la única región que se encuentra en peligro, explica la geóloga del Woods Hole Research Center.

También Columbia Británica, una provincia en el noroeste de Canadá, y Noruega se encuentran ante la posibilidad de deslizamientos y tsunamis por causa del cambio climático.

Terremoto Alaska

Getty Images
En 1964, Alaska vivió un terremoto que dejó decenas de muertos.

“A medida que el calentamiento global continúe derritiendo los glaciares y el permafrost, los tsunamis creados por deslizamientos de tierra están emergiendo como una amenaza mayor”, explica.

Durante el siglo pasado, 10 de los 14 tsunamis más altos registrados ocurrieron en áreas montañosas glaciares.

En 1958, el deslizamiento de tierra en la bahía de Lituya, en Alaska, creó una ola de más de 520 metros, la más alta jamás vista en la zona.

También, después de un el terremoto en Alaska en 1964, la mayoría de las muertes se debieron a tsunamis provocados por deslizamientos de tierra bajo el agua.

190 personas fallecieron aquella vez y se lo registra como el movimiento sísmico más poderoso en Estados Unidos.


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