¿Qué pasa si no se pone la segunda dosis de vacuna Pfizer a los 21 días?
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Cuartoscuro

¿Qué pasa si no se pone la segunda dosis de la vacuna de Pfizer a los 21 días?

¿Cuánto podría afectar esto en la protección que otorga la vacuna de Pfizer? Esta es la información de laboratorio sobre el producto.
Cuartoscuro
20 de enero, 2021
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El retraso en las entregas de vacunas de Pfizer BionTech pone en riesgo el completar los esquemas de inmunización en el tiempo que estaba probado en los protocolos, que son 21 días, y con los que se lograba una protección de hasta 95%.

¿Cuánto podría afectar eso la protección que otorga la vacuna? Primero hay que decir que el producto de Pfizer ofrece una inmunidad alta con la primera dosis. La información que el laboratorio produjo (en sus fases de prueba) muestra que con la primera dosis se obtiene entre 70 y 80% de protección.

“Se han documentado casos de hasta 90%” –refiere Carlos Magis Rodríguez, académico del departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM– es una protección muy alta, con una sola dosis. El rango más bajo que es de 70% es similar al que ofrecen con dos dosis vacunas como la de AstraZeneca. Por eso ha surgido esta discusión a nivel internacional de que si la vacuna es escasa, se privilegie la primera dosis”. 

Pero, advierte el experto en Salud Pública, eso no quiere decir que se deba entonces dejar a las personas con una sola aplicación o que la segunda dosis puede espaciarse de forma arbitraria. 

El protocolo que demostró el 95% de protección es un protocolo con una segunda vacuna a los 21 días, si ese lapso se hace más grande no se sabe, con evidencia científica, qué tanto se afectará la protección total de la vacuna. 

“La evidencia científica dice que hay que vacunar a los 21 días, la evidencia en la práctica es la que vamos a empezar a ver. Y lo cierto es que en la vida real vamos a ver que no todo mundo se vacuna en ese lapso, habrá quien acuda por la segunda dosis después, como pasa con otras vacunas”, dice Magis Rodríguez. 

En términos prácticos resume: “No aplicar la segunda dosis a los 21 días es una falla del protocolo, ¿que si es una falla grave? No, hay otras peores, es peor no poner la vacuna. Hay personal de salud que no está protegido, faltan los médicos de hospitales privados, faltan los odontólogos, que tienen mucho riesgo. Podríamos entrar en algo que se llama en salud pública muertes evitables, existían las vacunas, no las pusiste, esas muertes no se evitaron”

El pasado 8 de enero, el Grupo Asesor Estratégico de Expertos de la OMS (SAGE por sus siglas) sostuvo que el intervalo recomendable en la aplicación de las dos dosis de la vacuna es de entre 21 y 28 días, pero ante circunstancias epidemiológicas excepcionales y que varios países tienen limitaciones para la provisión de la vacuna, “la recomendación de la OMS en la actualidad es que el intervalo entre dosis puede extenderse hasta 42 días (seis semanas). De obtenerse datos adicionales sobre intervalos más extensos entre las dosis, se estudiará una revisión de esta recomendación”. 

Ante la reducción de las entregas de Pfizer BionTech por la necesidad de cerrar su planta de Bélgica unas semanas para ampliarla, aumentar la producción y así enviar dosis a más países, el gobierno de México evalúa qué hacer con los esquemas de vacunación. 

“La posibilidad de que se extienda hasta 42 días (el plazo para poner la segunda dosis) ofrece grandes ventajas cuando existe una producción limitada y a ritmo cambiante en el mundo, esto nos permitiría seguir expandiendo la cobertura con primera dosis, y ganar tiempo para lograr la segunda dosis, sin afectar en forma alguna a los vacunados. La intensidad de protección sería la misma y con la primera dosis ya se tiene una eficacia que es muy comparable a la mayoría de las vacunas que se usan en el planeta”, aseguró Hugo López Gatell, subsecretario de Salud, en la conferencia vespertina de este martes 19 de enero

Este día, el Grupo Técnico Asesor de Vacunación contra COVID-19 en México se reunió para analizar la recomendación de la OMS y la evidencia científica que hay sobre la inmunización. El subsecretario de salud aseguró que las recomendaciones de este grupo técnico asesor se evaluarán y se tomará una decisión sobre el paquete de vacunación que llegó este martes 19 a México, con 219 mil 375 dosis, de las 443 mil que había comprometido Pfizer en un inicio para este embarque. 

Hasta ahora, México ha aplicado 488 mil 513 primeras dosis a personal de salud de primera línea en instituciones públicas y 9 mil 609 esquemas completos, ya con segunda dosis. El presidente de México anunció en su conferencia matutina de este martes que con el embarque recién llegado se inmunizaría al personal de salud de hospitales privados, quienes hasta ahora no habían recibido vacuna. 

La jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, adelantó, durante su conferencia de prensa, que en la Ciudad de México se vacunará a 5 mil 200 integrantes del personal de salud de primera línea de hospitales privados y el resto de las vacunas serán para segunda dosis, la capital recibió un total de 83 mil 815 vacunas. 

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Cómo se formará el próximo supercontinente en la Tierra

Lejos de estar fijos, los continentes no han estado organizados tal como los vemos hoy día en el pasado. ¿Es posible saber dónde estarán ubicados dentro de millones de años?
9 de abril, 2022
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Hace casi 500 años, el cartógrafo flamenco Geradus Mercator produjo uno de los mapas más importantes del mundo.

Ciertamente no fue el primer intento de crear un atlas mundial, y tampoco fue particularmente preciso: Australia está ausente y las Américas están dibujadas de forma aproximada.

Desde entonces, los cartógrafos han producido versiones cada vez más precisas de esta configuración continental, corrigiendo los errores de Mercator, así como los sesgos entre hemisferios y latitudes creados por su proyección.

Pero el mapa de Mercator, junto con otros producidos por sus contemporáneos del siglo XVI, reveló una imagen verdaderamente global de las masas terrestres de nuestro planeta, una perspectiva que, desde entonces, ha persistido en la mente de la gente.

Lo que Mercator no sabía es que los continentes no siempre han estado posicionados de esta manera. Él vivió alrededor de 400 años antes de que se confirmara la teoría de la tectónica de placas.

Al mirar las posiciones de los siete continentes en un mapa, es fácil suponer que están fijos. Durante siglos, los seres humanos han librado guerras y hecho la paz por conquistar estos territorios, bajo el supuesto de que su tierra, y la de sus vecinos, siempre ha estado allí y siempre lo estará.

Sin embargo, desde la perspectiva de la Tierra, los continentes son hojas a la deriva en medio de un estanque. Y las preocupaciones humanas son una gota de lluvia en la superficie de la hoja.

Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea. Y antes de eso, hay evidencia de otros que se remontan a más de tres mil millones de años: Pannotia, Rodinia, Columbia/Nuna, Kenorland y Ur.

Ilustración de la Tierra durante el Jurásico temprano

Getty Images
Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea.

Los geólogos saben que los supercontinentes se dispersan y ensamblan en ciclos: ahora estamos en la mitad de uno.

Entonces, ¿qué tipo de supercontinente podría existir en el futuro en la Tierra? ¿Cómo se reorganizarán las masas de tierra tal como las conocemos a muy largo plazo?

Un terremoto inusual

Resulta que hay al menos cuatro trayectorias diferentes que podrían seguir. Y muestran que los seres vivos de la Tierra algún día residirán en un planeta muy diferente, más parecido a un mundo alienígena.

Para el geólogo Joao Duarte de la Universidad de Lisboa, el camino para explorar los futuros supercontinentes de la Tierra comenzó con un evento inusual en el pasado: un terremoto que sacudió Portugal un sábado por la mañana en noviembre de 1755.

Fue uno de los terremotos más poderosos de los últimos 250 años, que dejó un saldo de 60.000 muertos y provocó un tsunami a través del océano Atlántico. Lo que lo hizo particularmente raro fue su ubicación.

“No debería haber grandes terremotos en el Atlántico”, dice Duarte. “Fue extraño”.

Ilustracion del terremoto de Lisboa

Getty Images
Ilustracion del terremoto de Lisboa de 1755.

Los terremotos de esta escala generalmente ocurren en o cerca de las principales zonas de subducción, donde las placas oceánicas se sumergen debajo de los continentes y se derriten y consumen en el manto caliente.

Involucran colisión y destrucción. El terremoto de 1755, sin embargo, ocurrió a lo largo de un límite “pasivo”, donde la placa oceánica que subyace al Atlántico se transforma suavemente en los continentes de Europa y África.

Proyecciones

En 2016, Duarte y sus colegas propusieron una teoría de lo que podría estar pasando: los puntos de sutura entre estas placas podrían estar deshaciéndose y podría estar avecinándose una ruptura importante.

“Podría ser una especie de mecanismo infeccioso”, explica. O como el vidrio que se astilla entre dos pequeños agujeros en el parabrisas de un automóvil.

Si es así, una zona de subducción podría estar a punto de extenderse desde el Mediterráneo a lo largo de África occidental y tal vez más allá de Irlanda y Reino Unido, generando volcanes, formación de montañas y terremotos en estas regiones.

Duarte se dio cuenta de que, si esto sucede, podría provocar el cierre del Atlántico. Y si el Pacífico continuara cerrándose también, lo que ya está ocurriendo a lo largo del “Anillo de Fuego” que lo rodea, eventualmente se formaría un nuevo supercontinente. Lo llamó Aurica, porque las antiguas masas de tierra de Australia y las Américas se ubicarían en su centro.

Se vería así:

Aurica

Davies et al
Aurica, el supercontinente que podría formarse si el Atlántico y el Pacífico se cerraran (Credit: Davies et al).

Luego de que Duarte publicara su propuesta para Aurica, se preguntó por otros escenarios futuros. Después de todo, la suya no era la única trayectoria supercontinental que habían propuesto los geólogos.

Entonces, comenzó a conversar con el oceanógrafo Matthias Green, de la Universidad de Bangor, en Gales. La pareja se dio cuenta de que necesitaban a alguien con habilidades computacionales para crear modelos digitales.

“Esa persona tenía que ser alguien un poco especial, a quien no le importara estudiar algo que nunca sucedería en escalas de tiempo humanas”, explica.

Esa resultó ser su colega Hannah Davies, otra geóloga de la Universidad de Lisboa. “Mi trabajo consistía en convertir dibujos e ilustraciones de geólogos anteriores en algo cuantitativo, georreferenciado y en formato digitalizado”, explica Davies. La idea era crear modelos que otros científicos pudieran desarrollar y perfeccionar.

Pero no fue sencillo. “Lo que nos ponía nerviosos es que se trata de un tema increíblemente nuevo. No es lo mismo que un artículo científico normal”, dice Davies. “Queríamos decir: ‘Está bien, entendemos mucho sobre la tectónica de placas después de 40 o 50 años. Y entendemos mucho sobre la dinámica del manto y todos los demás componentes del sistema. ¿Hasta dónde podemos llevar ese conocimiento al futuro?'”.

Esto llevó a cuatro escenarios. Además de modelar una imagen más detallada de Aurica, exploraron otras tres posibilidades, cada una de las cuales se proyecta hacia el futuro en aproximadamente entre 200 y 250 millones de años a partir de ahora.

El primero fue lo que podría pasar si continúa el statu quo: el Atlántico permanece abierto y el Pacífico se cierra. En este escenario, el supercontinente que se forma se llamará Novopangea. “Es el más simple y el más plausible según lo que entendemos ahora”, dice Davies.

Novopangaea

Davies et al
Novopangea se formará si la actividad tectónica conocida hoy continúa sin sorpresas (Crédito: Davies et al).

Sin embargo, también podría haber eventos geológicos en el futuro que conduzcan a situaciones diferentes.

Un ejemplo es un proceso llamado “ortoversión” donde el océano Ártico se cierra y el Atlántico y el Pacífico permanecen abiertos. Esto cambia las orientaciones dominantes de la expansión tectónica, y los continentes se desplazan hacia el norte, todos dispuestos alrededor del Polo Norte, excepto la Antártida.

En este escenario, se forma un supercontinente llamado Amasia:

Amasia

Crédito: Davies et al).
Si se forma Amasia, será porque los continentes se desplazaron hacia el norte (Crédito: Davies et al).

Finalmente, también es posible que la expansión del lecho marino en el Atlántico pueda disminuir. En el medio del océano, hay una cresta gigante que divide dos placas y atraviesa Islandia hasta el océano Antártico.

Aquí, se está formando nueva litosfera, que es como una cinta transportadora. Si esta expansión se ralentizara o se detuviera, y si se formara un nuevo límite de placa en subducción a lo largo de la costa este de las Américas, se obtendría un supercontinente llamado Pangea Ultima, que parece un enorme atolón:

Pangea Ultima

Crédito: Davies et al
Pangea Ultima se vería rodeado por un gran océano, pero tiene un mar central dentro (Crédito: Davies et al).

Estos cuatro modelos digitales ahora significan que los geólogos tienen una base para probar otras teorías. Por ejemplo, los escenarios podrían ayudar a los científicos a comprender los efectos de diferentes arreglos supercontinentales en las mareas, así como el clima del futuro profundo: ¿cómo sería el clima en un mundo con un océano enorme y una masa terrestre gigante?

Para modelar el clima de un supercontinente, “no se pueden usar los modelos del IPCC , y punto, porque no están diseñados para eso”, dice Duarte. “No puedes cambiar las variables que necesitas cambiar”.

Exoplanetas

Los modelos de los futuros supercontinentes de la Tierra también pueden servir como indicador para comprender el clima de los exoplanetas. “La futura Tierra es completamente ajena”, explica Davies. “Si estuvieras en órbita sobre Aurica, o Novopangea, probablemente no lo reconocerías como la Tierra, sino como otro planeta con colores similares”.

Esta idea llevó al trío a colaborar con Michael Way, físico del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Él y sus colegas buscan estudiar climas en mundos alienígenas modelando las variaciones del nuestro a lo largo del tiempo.

“Solo tenemos tantos ejemplos de cómo puede verse un clima templado. Bueno, tenemos un ejemplo para ser honesto: la Tierra, pero tenemos la Tierra a través del tiempo”, dice Way. “Tenemos los escenarios del pasado, pero al movernos hacia el futuro y usar estos maravillosos modelos tectónicos para el futuro, esto nos brinda otro conjunto para agregar a nuestra colección”.

Necesitas tales modelos porque puede ser difícil saber qué buscar al analizar exoplanetas potencialmente habitables desde lejos.

Planeta

Getty Images
¿Qué tipo de configuración continental podrían tener los mundos extraterrestres rocosos?

Lo ideal sería saber si un planeta tiene un ciclo de supercontinente, porque la presencia de vida y la tectónica de placas activas podrían estar entrelazadas. El posicionamiento continental también podría afectar la probabilidad de agua líquida.

A través de los telescopios, no se pueden ver los continentes y la composición atmosférica solo se puede inferir. Entonces, los modelos de variaciones climáticas podrían revelar alguna señal indirecta que los astrónomos podrían detectar.

Variaciones

El modelo de Way de los climas del supercontinente -que se demoró meses usando una supercomputadora- reveló algunas variaciones sorprendentes entre los cuatro escenarios.

Amasia, por ejemplo, conduciría a un planeta mucho más frío que el resto. Con la tierra concentrada alrededor del Polo Norte y los océanos menos propensos a llevar corrientes cálidas a latitudes más frías, se acumularían capas de hielo.

Aurica, por el contrario, sería más suave, con un núcleo seco pero con costas similares a las de Brasil hoy día, con más agua líquida.

Paisaje verde

Getty Images
Un planeta con una configuración continental diferente, tendría otro clima.

Es útil saber todo esto, porque si un exoplaneta similar a la Tierra tiene placas tectónicas, no sabremos en qué etapa del ciclo del supercontinente se encuentra actualmente y, por lo tanto, necesitaremos saber qué buscar para inferir su habitabilidad.

No debemos suponer que las masas terrestres se dispersarán, a mitad de ciclo, como la nuestra.

En cuanto al futuro de nuestro propio planeta, Davies reconoce que los cuatro escenarios de supercontinentes que han modelado son especulativos, y puede haber sorpresas geológicas imprevistas que cambien el resultado.

“Si tuviera una Tardis para ir a ver, no me sorprendería que, en 250 millones de años, el supercontinente no se pareciera en nada a ninguno de estos escenarios. Hay tantos factores involucrados”, dice.

Sin embargo, lo que se puede decir con certeza es que las masas de tierra que damos por sentadas algún día se reorganizarán en una configuración completamente nueva.

Los países que alguna vez estuvieron aislados unos de otros serán vecinos cercanos. Y si la Tierra aún alberga seres inteligentes, podrán viajar entre las antiguas ruinas de Nueva York, Pekín, Sídney y Londres sin ver un océano.

Este artículo se publicó en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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