Solo 5 de cada 100 denuncias por abuso sexual terminan en sentencia
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

En cinco años, solo 5 de cada 100 denuncias por abuso sexual y violación terminaron en sentencia

Víctimas, principalmente mujeres, denunciaron casi 145 mil ataques sexuales de 2014 a 2018, pero más del 95 % no se ha resuelto. Ineficacia de las fiscalías y la normalización de la violencia propician la impunidad: experta.
Cuartoscuro
4 de febrero, 2021
Comparte

Entre 2014 y 2018 casi 145 mil víctimas – principalmente mujeres – de presuntas violaciones y abusos sexuales en México presentaron una denuncia formal en contra de sus agresores ante una agencia del Ministerio Público. Sin embargo, apenas 5 de cada 100 de esos casos avanzaron lo suficiente para llegar a una sentencia.

Te puede interesar: En 2020, cada hora hubo 25 denuncias por violencia familiar

Datos oficiales provenientes de cinco censos nacionales de procuración e impartición de justicia de INEGI revisados por Animal Político revelan que el 95 por ciento de las indagatorias iniciadas en todo el país a partir de dichas denuncias no están resueltas. Es decir, los posibles ataques siguen impunes.

La mayoría de los casos ni siquiera han dado pie al arranque de un proceso penal: apenas la quinta parte de las denuncias son enviadas a los juzgados. El resto de los casos se quedó en las agencias del Ministerio Público como indagatorias que siguen en curso, o que de plano fueron archivadas.

Entre esos casos sin resolución se encuentra, por ejemplo, el de la presunta violación denunciada en 2016 en contra del hoy precandidato de Morena a la gubernatura de Guerrero, Félix Salgado Macedonio. En dicha entidad, de casi 2 mil 500 denuncias formales por abusos y violaciones registradas en cinco años, solo 146 llegaron a sentencia.

“Lo que vemos aquí no solo es la habitual ineficacia de las agencias del Ministerio Público sino además una cultura de la violación que es aceptada. Una violencia sexual en contra de mujeres y niñas que ha sido normalizada. No es que se reconozca abiertamente, pero se acepta y tolera”, señaló Karla Micheel Salas, abogada penalista experta en temas de derechos humanos y feminismo.

Los datos provenientes de las 32 fiscalías/procuradurías y tribunales de todo el país reunidos por INEGI arrojan que, entre 2014 y 2018, se denunciaron 144 mil 586 delitos de posible violación y abusos sexual en todas sus modalidades. En promedio, se trata de 79 ataques cometidos y denunciados todos los días. 

Dicha cifra, señala también el propio INEGI, es una fracción de las agresiones sexuales que realmente se cometen el país. Las encuestas de victimización que anualmente publica el instituto muestran que más del 94 por ciento de las agresiones ni siquiera son denunciadas por las víctimas que las padecen.

Que la agresión cometida sí sea denunciada por la víctima ante un Ministerio Público y que se inicien las carpetas de investigación correspondientes tampoco garantiza resultados. De hecho, el promedio de casos que no llegan a una sentencia judicial es similar al de los casos que no se denuncian.

Los datos lo confirman: en el mismo lapso de 2014 a 2018, los poderes judiciales del país reportaron la emisión de 6 mil 898 sentencias por delitos de violación y abuso sexual en todas sus modalidades. El registro no desglosa cuantas de esas sentencias serían condenatorias o absolutorias.

En comparación con los casos denunciados, la proporción de sentencias dictadas apenas equivale al 4.7 por ciento de todo ese universo. Es decir: solo cinco de cada cien denuncias llegan a una sentencia. Dicho de otra forma: es una impunidad que rebasa el 95 por ciento.

Los censos de INEGI también revelan que solo una minoría de las averiguaciones y carpetas iniciadas en este periodo llegaron ante un juez para la apertura del proceso penal correspondiente. En total fueron 31mil 644 los procesados, que equivalen al 21.88 por ciento del universo total de delitos denunciados.

Lo anterior significa que, en promedio, apenas en la quinta parte de las denuncias presentadas se reúne la evidencia inicial suficiente para hacer una imputación ante un juez y que este inicie el proceso penal correspondiente. El resto de los casos permanecen abiertos sin resultados, o son determinados por el propio MP con figuras como el no ejercicio de la acción penal, o el enviarlos a un archivo temporal.

En abuso sexual, “eficacia” hasta de 2%

El desglose de los datos muestra que los delitos de abuso sexual se resuelven, en promedio, menos que los delitos de violaciones, aunque unos ni otros alcanzan el diez por ciento de sentencias dictadas respecto a las denuncias presentadas.

Los dos ilícitos se denuncian con una frecuencia similar. Entre 2014 y 2018 las fiscalías reportaron a INEGI un total de 72 mil 744 probables delitos de abuso sexual reportados, a los que se suman 71 mil 842 casos de presunta violación.

Respecto a los abusos sexuales, en el mismo lapso se registraron 12 mil 875 casos procesados ante un juez, que equivalen a solo 17.69 por ciento de las denuncias, es decir, menos de la quinta parte. Mientras que las sentencias por este delito en ese lapso sumaron 2 mil 576, apenas un 3.54 por ciento en comparación con los casos iniciados.

Año con año, el nivel de esclarecimiento de abusos sexuales en el país ha fluctuado por debajo del cinco por ciento: las sentencias dictadas en 2014 respecto a los nuevos casos denunciados equivalieron al 4.4 por ciento; para 2015 fueron 3.5 por ciento; en 2016 un 3.1 por ciento; en 2017 apenas un 2.4 por ciento, y para 2018 un ligero ascenso a 4.2 por ciento.

Respecto al delito de violación, en el referido lapso de cinco años las fiscalías enviaron ante un juez 8 mil 769 casos que derivaron en procesos penales iniciados. Es apenas el 26.1 por ciento respecto al universo total de denuncias, equivalente a poco más de la cuarta parte.

En cuanto a las sentencias por delitos de violación, los datos del censo de INEGI arrojan 4 mil 322 dictadas en el referido lapso, equivalente a solo el 6 por ciento de todos los casos denunciados en el mismo periodo. El porcentaje de casos de violación cerrados con sentencia de 2014 a 2018 fluctuó por debajo del ocho por ciento, alcanzando su punto mas bajo 2016 con apenas 3.7 por ciento.

Lee más: De las palabras a la violencia sexual y los golpes: relatos de la violencia machista

Edomex y Baja California: impunidad superior al 98%

De las 72 mil 744 denuncias por abuso sexual reportadas en el país entre 2013 y 2018 hay cinco estados que por si solos concentran más de la mitad de los casos. Se trata de Jalisco con 9 mil 861 denuncias, Ciudad de México con 9 mil 461, estado de México con 7 mil 612 casos, Chihuahua con 5 mil 721 y Baja California con 5 mil 364.

En conjunto dichas entidades acumularon 38 mil 19 denuncias de abuso sexual, que representan el 52 por ciento de los casos.

Chihuahua, Jalisco y la capital del país también figuran entre las cinco entidades con mas sentencias dictadas con 1 mil 21 entre los tres que equivalen a casi el 40 por ciento del total nacional.

No es el caso del estado de México que reporta solo 140 sentencias por abuso sexual, las cuales equivalen apenas al 1.8 por ciento de los casos denunciados en cinco años. Es una impunidad superior al 98 por ciento. O en Baja california donde solo se reportan 20 condenas, equivalentes a solo el 0.3 por ciento de sus denuncias.

En el estado de Guerrero, donde se ubica la denuncia de 2016 por una posible agresión sexual en contra de Salgado Macedonio, los datos de INEGI muestran apenas 47 sentencias en cinco años. Estas equivalen a solo el 4.3 por ciento de los casos abiertos.

En cuanto al delito de violación, Baja California, Chihuahua, el estado de México, Morelos y Nuevo León encabezan la lista de denuncias con 28 mil 5 en total, que equivalen al 39 por ciento de todas las denuncias registradas por este delito grave entre 2014 y 2018.

Pero con excepción del estado de México y Chihuahua, los otros tres estados no figuran en la lista de los que tienen mas sentencias. Baja California apenas reporta 25 sentencias, equivalentes al 0.4 por ciento de todas sus denuncias acumuladas. En Nuevo León, las 81 sentencias reportadas representan apenas el 1.7 por ciento respecto a la incidencia total en la entidad.

Mientras que, en Guerrero, de 2014 a 2018 se registraron 1 mil 412 denuncias por delitos de violación pero solo 99 sentencias, que equivalen al 7 por ciento del total de la incidencia.

No se indaga… se tolera: experta

Karla Micheel Salas Ramírez, penalista experta en temas de feminismo y derechos humanos, explica que los altos índices de impunidad que se registran en delitos sexuales tienen, por una parte, una explicación en las pocas capacidades de investigación de las fiscalías (falta de protocolos, poca profesionalización, sobrecargas de trabajo, etc.) que dificultan el esclarecimiento de casi cualquier delito.

Pero mas importante, añade, es que en el caso de las agresiones sexuales donde la mayoría de las víctimas son mujeres, lo que hay es una normalización de este tipo de violencias. Una tolerancia hacia lo que la experta denomina la “cultura de la violación”.

“No es porque abiertamente se diga: está perfecto violar mujeres y niñas. Es porque en actitudes, comentarios, decisiones, comportamientos se manifiesta esa tolerancia y aceptación. Por ejemplo: minimizar las agresiones, negar la existencia, no creerles a las víctimas, personas que las víctimas fueron las responsables de lo ocurrido”. Dice la experta.

El caso de Salgado Macedonio, quien fue designado precandidato a gobernador de Guerrero por Morena con el argumento de que las denuncias por agresiones sexuales en su contra no se han probado con sentencias, es un ejemplo de esta situación, señala Salas.

“Las denuncias hechas a Salgado Macedonio están hechas antes de la época electoral, es decir, no se realizan con el objetivo de desprestigiarlo porque será candidato a gobernador. Hay evidencia de que se presentaron denuncias, que no exista una sentencia no significa que las denuncias sean falsas, en realidad lo que evidencia es que las instituciones de procuración e impartición de justicia no hacen su trabajo, no investigan, no sancionan a los agresores sexuales”, añadió la experta.

Salas Ramírez recordó casos emblemáticos como los de Inés Fernández, Valentina Rosendo e Indira Sandoval, todas ellas víctimas de violencia y agresiones sexuales, y todas en su momento discriminadas y maltratadas por las instituciones de procuración de justicia. A la postre, fue gracias a la intervención de instancias nacionales e internacionales de Derechos Humanos que fueron reconocidas.

Por su parte, la diputada federal Martha Tagle, que ha dado seguimiento a casos agresiones e impunidad, lamentó que con los altos índices de impunidad que imperan en el país, aun se pidan sentencias para creerle a una víctima. Dijo que el caso de Salgado Macedonio es muestra de ello.

“No se pide que se le mande a la cárcel sin un proceso penal, pero que si haya una consecuencia política que es no acceder a una candidatura. No le dan valor a la palabra de las mujeres, siguen los estereotipos de que ella se lo ganó…. Para las víctimas no hay justicia, mientras que a él de le dejan a salvo sus derechos”, dijo la legisladora.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo es Palm Beach, la isla de Florida con la población más blanca y rica de EU, el nuevo hogar de Trump

Vecinos de Palm Beach recibieron con banderas y aplausos a Donald Trump el pasado 20 de enero. Pero no todos los residentes están igual de felices.
23 de enero, 2021
Comparte

Intentar entrar en una isla a la que pocos días antes ha llegado un expresidente de Estados Unidos con la idea de convertirse en un vecino más no es tarea sencilla.

Menos si ese expresidente es Donald Trump, con toda la pasión, el fervor, la controversia y las medidas de seguridad que lo acompañan.

Carreteras cortadas, desvíos obligatorios y un férreo control policial hacen que sea imposible acercarse a Mar-a-Lago, el resort donde Trump ha pasado largos fines de semana y períodos vacacionales en estos últimos cuatro años y donde ahora tiene intención de establecer su residencia permanente.

Una decisión que ha generado incomodidad entre algunos de los vecinos de Palm Beach, la ciudad en la que se encuentra la imponente construcción y que es conocida por su exclusividad, elitismo y riqueza, pero -sobre todo- por su deseo de mantener ese estatus.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
Las fincas de Palm Beach tienen una flora exuberante.

¿Cómo es este selecto rincón del sur de Florida que Trump definió como paraíso en la Tierra?

Un lugar de retiro

Palm Beach es una ciudad que durante todo el año tiene apenas 11.000 habitantes, una cifra que se triplica en temporada alta (de noviembre a abril), cuando llegan las llamadas “aves migratorias”, personas que normalmente residen en lugares más fríos del país.

Separada del continente por una enorme masa de agua, el lago Worth, los residentes hablan de su ciudad como una isla a la que se puede acceder por la carretera de la costa o a través de una serie de puentes, uno de los cuales conduce directamente hasta Mar-a-Lago.

Mar-a-Lago a lo lejos, Palm Beach

BBC Mundo
Los controles y cortes de carretera impidieron que nos acercáramos al resort de Mar-a-Lago.

Después de manejar una hora y media desde Miami, me dirigía hacia él cuando me encontré con la primera barrera: un letrero con una gran flecha que desviaba todo el tráfico hacia la izquierda.

Quería seguir el recorrido que hizo el convoy que transportó a Trump y familia el pasado miércoles 20 de enero, horas después de haber abandonado la Casa Blanca y la presidencia del país.

Ese día, decenas de seguidores colocados a ambos lados de la carretera le dieron la bienvenida con banderas y carteles de apoyo.

Seguidores de Trump lo reciben en Palm Beach

Getty Images
Los residentes de Palm Beach votaron mayoritariamente por Trump en las pasadas elecciones de noviembre.

Este viernes, lo que había era un caos de autos que daban la vuelta en busca del camino para poder llegar a su destino.

Los atascos y los cortes de carretera son la principal fuente de frustración para una comunidad de personas que, en su mayoría, eligieron Palm Beach como lugar de retiro para no tener que lidiar precisamente con estos fastidios de la vida diaria.

Lujo por todas partes

Encontrada la alternativa para acceder a Palm Beach, llama la atención el contraste con la ciudad que queda atrás, West Palm Beach. No son solo lugares separados por un puente, sino también por millones de dólares.

Un deportivo blanco en la avenida Worth, Palm Beach

BBC Mundo
Los autos de lujo son comunes en las calles de Palm Beach.

Grandes fincas escondidas tras la maleza, con enormes arbustos y plantas cubriendo los muros, una playa larga y estrecha, tiendas de moda con las firmas más exclusivas, galerías de arte y restaurantes con terrazas al sol esperan al curioso visitante.

Los residentes, sin embargo, no se muestran tan abiertos hacia quienes llegamos de fuera.

Ante la pregunta de cómo se sienten ahora que Trump no está de paso, la mayoría prefiere no contestar.

Melissa, una joven que fuma en el exterior de la tienda de ropa en la que trabaja en la avenida Worth, eje del lujo comercial de la ciudad, le dice a BBC Mundo que para ella nada cambia.

“Trump lleva cuatro años viniendo a Mar-a-Lago como presidente, y antes de eso también venía, estamos acostumbrados a los controles y las esperas. Lo único que cambia es que ahora somos más conocidos, aunque la atención también pasará”.

No todos los vecinos asumen la presencia de Trump en la ciudad con tanta naturalidad.

Una batalla legal

“He recibido correos y llamadas de residentes que no quieren que el presidente viva en el condado de Palm Beach”, le cuenta a BBC Mundo Mack Bernard, comisionado del condado de Palm Beach para el distrito 7, al que pertenece Mar-a-Lago.

“Él está en la ciudad, tendrá que alcanzar un acuerdo con la ciudad para ver si puede continuar usando Mar-a-Lago como residencia, tengo entendido que hay limitaciones” explica.

Fachada de Mar-a-Lago

Getty Images
Donald Trump compró Mar-a-Lago en 1985 por US$10 millones.

Las limitaciones a las que se refiere el comisionado datan de 1993, año en el que Trump y el Ayuntamiento de Palm Beach firmaron un pacto por el que el entonces magnate recibía permiso para transformar la mansión en un club social, pero con la contrapartida de no poder usar el edificio como residencia.

Según el convenio, las estancias en el club solo podían ser de 21 días al año, distribuidos en tres semanas no consecutivas. Además, se le imponía al club un máximo de 500 miembros y Trump se comprometía a que al menos un 50% de esos miembros residieran o trabajaran en Palm Beach.

El pasado 15 de diciembre, el abogado Reginald Stambaugh en representación de la familia DeMoss, propietaria de una finca junto a Mar-a-Lago, envió una carta al ayuntamiento y al Servicio Secreto de Estados Unidos en la que denuncia la violación del mencionado acuerdo.

Donald Trump y Xi Jinping

Getty Images
Trump recibió en Mar-a-Lago a líderes internacionales como el presidente de China, Xi Jinping.

“Según el acuerdo de uso de 1993, Mar-a-Lago es un club social y nadie puede residir en la propiedad”, escribió Stambaugh.

“Para evitar una situación embarazosa para todos y darle al presidente tiempo para hacer otros planes de vivienda en la zona, confiamos en que trabajarán con su equipo para recordarles los parámetros del acuerdo de uso ”, proseguía la carta.

“Palm Beach tiene muchas propiedades encantadoras a la venta y seguro que puede encontrar una que satisfaga sus necesidades”.

Sin embargo, el expresidente hizo caso omiso de esta misiva y la Organización Trump emitió un comunicado que decía: “No hay un documento o acuerdo en vigor que prohíba al presidente Trump usar Mar-a-Lago como su residencia“.

Una vivienda en Palm Beach

BBC Mundo
Las propiedades en Palm Beach están muy resguardadas del exterior.

BBC Mundo intentó hablar con el abogado Stambaugh, pero no recibió respuesta.

Una figura extravagante

Conocedores de Palm Beach como el cronista social Laurence Leamer o el agente inmobiliario Rick Rose han apuntado en distintas entrevistas que el desprecio de una parte de la sociedad de Palm Beach hacia Donald Trump no es nada nuevo.

El periodista Ronald Kessler, autor de más de 20 libros sobre la Casa Blanca, el Servicio Secreto y agencias de inteligencia como el FBI o la CIA, cree que esta imagen de rechazo se está exagerando.

Donald Trump saluda

Reuters
Trump goza de apoyo en Florida, estado que ganó en las elecciones de 2016 y 2020.

En entrevista con BBC Mundo, Kessler recuerda que, tanto en 2016 como en 2020, una mayoría de la gente de Palm Beach votó por Trump.

“Siempre ha habido la conocida ‘vieja guardia’ que tiende a ser antisemita y antinegros y a la que nunca le cayó bien. El club de Trump admitía negros y judíos”, indica.

“A algunos no les gusta su estilo, piensan que es extravagante, algo en lo que casi todo el mundo está de acuerdo, pero creo que es solo eso, un segmento de la población”.

Para Kessler, la idea de la carta no tiene fundamento legal.

“El hecho de que vaya a vivir allí no es tan distinto de lo que hacía cuando era presidente, que estaba de viernes a domingo o dos semanas en Navidad, o incluso antes de la presidencia”, afirma.

Map

La ciudad de las donaciones

Palm Beach es el segundo municipio del condado del mismo nombre y recibió categoría de ciudad el 17 de abril de 1911, tras descubrirse que la vecina West Palm Beach iba a intentar anexarse la isla ese mismo año.

Después de más de 100 años de elegante evolución, Palm Beach es una comunidad volcada en los eventos sociales, no en vano el conjunto de sus residentes dona más dinero per cápita a organizaciones caritativas que cualquier comunidad de todo Estados Unidos.

“La ciudad gira en torno a los bailes caritativos que se organizan”, señala Ron Kessler.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
En Palm Beach se celebran numerosos eventos de recaudación de fondos para donarlos a causas sociales.

“Ponen tanta atención en las decoraciones y en la comida como en el dinero que donan. Hay comités para estos bailes, se dan peleas internas para ver quién es el miembro de la alta sociedad más querido o la reina social de Palm Beach”, agrega.

“Esa es su industria. Son todos ricos, no necesitan trabajar, por lo tanto, tienen esa forma de socializar y estas jerarquías”.

Mar-a-Lago

Trump aterrizó en ese ambiente en 1985 cuando compró Mar-a-Lago por US$10 millones.

La mansión de 126 habitaciones había sido propiedad de Marjorie Merriweather Post, dueña de General Foods, que murió en 1973 y se la dejó en herencia al gobierno de Estados Unidos como una posible “Casa Blanca de invierno”.

El gobierno la devolvió en 1981. Después de comprarla, Trump se gastó millones en rehabilitar la propiedad mientras vivía allí por temporadas, generalmente entre noviembre y mayo, cuando el clima de Florida es atemperado.

Vista aérea de Mar-a-Lago

Reuters
El club Mar-a-Lago tiene 7 hectáreas de extensión.

A principios de los 90, Trump entró en dificultades financieras por la caída de los precios de los inmuebles y el fracaso de varios de sus negocios y le dijo al ayuntamiento que no podía hacerse cargo de los US$3 millones anuales que costaba el mantenimiento.

Fue entonces cuando se firmó el acuerdo por el que Trump pudo convertir Mar-a-Lago en un club social en el que, hoy día, los miembros pagan una cuota inicial de US$200.000 y una tarifa anual de US$14.000.

Mar-a-Lago es lo más cercano al paraíso. Lo dice Trump y yo estoy de acuerdo”, sostiene Ron Kessler, que ha visitado el lugar en varias ocasiones.

“Cualquiera que está allí queda deslumbrado por la belleza, el follaje, el agua a los dos lados de la isla, el beach club que está en el océano, las dos piscinas climatizadas a unos 25 grados todo el año, la comida, las bebidas… es espectacular, una maravilla”.

Autoridades esquivas

La descripción que realiza el escritor estadounidense encaja con el porte de las otras mansiones que se adivinan detrás de las verjas y las frondosas palmeras.

Fachada en la avenida Worth

BBC Mundo
Hay mucha reserva de las autoridades y los residentes de Palm Beach para hablar con la prensa.

Cuando intento acercarme a Mar-a-Lago desde la zona norte, una barrera similar a la que había en el puente indica que el paso de todos los vehículos, excepto los de los residentes, está prohibido.

Hay un control policial a un kilómetro y medio de distancia de la casa de Trump. Los agentes explican que el perímetro seguirá activo durante unos días.

“Poco a poco recuperaremos la normalidad, ahora está todo muy reciente y las amenazas son reales“, nos dice uno de los policías.

Tanto la Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach como el Departamento de Policía de la ciudad responden a nuestras preguntas con el mismo mensaje: “La prioridad es garantizar la seguridad no solo de Trump sino de todos los residentes”.

Seguidores de Trump y un vehículo del sheriff del condado de Palm Beach

EPA
La Oficina del Sheriff del condado de Palm Beach lleva años colaborando con el Servicio Secreto para la protección de Trump y su familia.

Respecto a la disputa por la posible residencia permanente de Trump, las autoridades de la ciudad se muestran esquivas.

Desde el Ayuntamiento, la alcaldesa, la republicana Gail Coniglio, no reacciona a nuestra solicitud de entrevista.

El administrador de la ciudad, Kirk Blouin, nos hace llegar un escueto mensaje: “El Ayuntamiento no está al tanto de la intención de Trump en este sentido. Cuando sepamos, como un hecho, que el presidente Trump pretende residir en Mar-a-Lago abordaremos el asunto de la forma apropiada”.

Una función positiva

Por su parte, el comisionado Mack Bernard, del gobierno del condado, intenta encontrar las ventajas de tener una figura tan relevante en el vecindario.

Una casa en Palm Beach, Florida

BBC Mundo
La diferencia de riqueza entre Palm Beach y su vecina West Palm Beach es abrumadora.

“Cuando tienes un expresidente que vive en tu distrito, mi forma de pensar es preguntarme qué cosas positivas pueden salir de esto”, le dice Bernard a BBC Mundo.

Para el comisionado, Trump podría ayudar a la ciudad y al condado a abordar mejor los problemas causados por la pandemia.

“Tenemos muchos residentes que no han sido vacunados y también hay muchos de sus seguidores que no creen en el distanciamiento social o en la importancia de llevar mascarilla”, expone.

Playa de Palm Beach

BBC Mundo
La playa de Palm Beach tiene unos 5 kilómetros de extensión.

“Al igual que hay expresidentes que adoptan causas que son monumentales y pueden cambiar el país, espero que mientras Trump sea uno de nuestros residentes use su poder y su micrófono para influir en la actitud de sus seguidores y abogar por que los residentes del condado de Palm Beach sean vacunados”.

Queda por ver si los reservados habitantes de Palm Beach verían con buenos ojos esta nueva función del expresidente y terminarían por acogerlo como uno de los suyos.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=n4B3qqr0bYM

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.