Manejo deficiente limitó cobertura de vacunación en 2019: Auditoría
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Manejo deficiente limitó cobertura de vacunación en 2019 e incrementó riesgos, documenta Auditoría

La cobertura para menores de un año fue de 80.5% en el esquema completo y de 79.7% al año de edad, cuando el compromiso, en el ámbito nacional e internacional, era elevarla y mantenerla en 90%.
Cuartoscuro
23 de febrero, 2021
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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) documentó que en 2019, el Programa de Vacunación no alcanzó la cobertura prevista; no hubo seguimiento a la red de frío para garantizar la adecuada conservación de los biológicos; no se sustentó que la adquisición de vacunas se hubiera realizado con base en lo programado para garantizar la disponibilidad oportuna, suficiente y de calidad y no se acreditó el número de personas a las que les fueron aplicadas las dosis. 

Las deficiencias recurrentes en la operación de este programa, señala la ASF, propiciaron que, durante el periodo 2013-2019, los casos de enfermedades prevenibles por vacunación se incrementaran en promedio anual en 1.3%, al pasar de 469,291 casos en 2013 a 508,450 en 2019, en tanto que la mortalidad por estas enfermedades también registró un aumento promedio anual del 27.4%, al pasar de 343 defunciones en 2013 a 1,466 en 2019.

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La ASF documentó la serie de deficiencias mencionadas en la Auditoría de Desempeño 172-DS realizada al Programa de Vacunación, a cargo del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (Censia) de la Secretaría de Salud. El informe forma parte de la fiscalización a la Cuenta Pública 2019, del primer año de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador.

El Censia informó una cobertura del 85% en el esquema completo para menores de un año y de 83.4% al año de edad; sin embargo, de acuerdo con la información de su base de datos, la cobertura para menores de un año fue en realidad del 80.5% en el esquema completo, 4.5 puntos porcentuales menos que el 85.0% informado, y de 79.7% al año de edad, 3.7 puntos porcentuales menor que el 83.4% informado, señaló la ASF.

El compromiso establecido por Censia, en el ámbito nacional e internacional, era alcanzar y mantener el 90% de cobertura de vacunación en el esquema completo para menores de un año de edad y al año de edad por entidad federativa.

Por lo que se refiere a la disponibilidad de vacunas para prevenir enfermedades transmisibles, el Censia programó la necesidad de aplicar 64 millones 157 mil 130 dosis en 2019: 41 millones 136 mil 286 vacunas para niños menores de 8 años de edad, y 23 millones 020 mil 844 para población de diferentes grupos etarios.

Pero no sustentó los procesos para la adquisición de vacunas, por lo que no acreditó que se hubiera realizado con base en su programación, y que garantizara la disponibilidad oportuna, suficiente y de calidad.

En 2019 se distribuyeron 62 millones 36 mil 840 dosis, lo que representó el 96.9% de las 64 millones 157 mil 130 programadas, sin que el Censia acreditara las causas por las que la distribución fue inferior en 3.1% a la prevista, ni los mecanismos de control para la asegurar la suficiencia de las vacunas.

De las 62 millones 136 mil 840 dosis de vacunas distribuidas, el Centro informó a la ASF que se aplicaron 48 millones 104 mil 904; sin embargo, no acreditó a cuántas personas se les aplicaron, lo que denota la falta de un sistema de información adecuado. 

De ese total de dosis aplicadas, el 80.0% (38 millones 486 mil 015 dosis) fue para la población menor de ocho años. El otro 20.0% (9 millones 618 mil 889 dosis) correspondió a la población mayor de ocho años de edad, pero no se cuenta con el número de vacunas aplicadas por cada uno de los biológicos. 

En la vigilancia sanitaria, la ASF observó que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) recibió 403 solicitudes para autorizar la liberación de 356 lotes de vacunas para su comercialización, distribución y aplicación en ese año, de estas autorizó 385 solicitudes (95.5%), y rechazó 18 (4.5%): 17 lotes se dictaminaron fuera de las especificaciones de calidad, seguridad y eficacia requeridas.

De las 385 solicitudes autorizadas, la Comisión liberó 339 lotes de 355 solicitudes, y no acreditó las causas por las que no liberó los lotes correspondientes a 30 solicitudes. Mientras que de las 18 solicitudes de liberación de lotes de vacunas que se dictaminaron fuera de las especificaciones requeridas, la Cofepris liberó 14 (SPR-VACUNA), a fin de contener brotes epidémicos de sarampión e instruyó las acciones para reforzar la farmacovigilancia. 

Sin embargo, las deficiencias identificadas en la auditoría, relacionadas con la detección, notificación, estudio y seguimiento de los Eventos Supuestamente Atribuibles a la Vacunación o Inmunización (Esavis) denotaron la carencia de un sistema confiable y oportuno para vigilarlos y afrontarlos.

Recursos y capacitación deficiente

Para operar el Programa de Vacunación en 2019, el Censia ejerció 3 mil 934 millones 001 mil pesos. Mediante las Cuentas por Liquidar Certificadas (CLC) proporcionadas a la ASF se acreditó el ejercicio total de ese monto reportado en la Cuenta Pública 2019.

Pero, al evaluar el proceso de contratación de bienes y servicios, con la revisión de los 26 contratos vigentes proporcionados por el Censia y por la Secretaría de Salud, la ASF identificó que el 88.5% se contrató mediante adjudicación directa, sin que se acreditara la excepción de la licitación pública o la invitación a cuando menos tres personas.

De los 26 contratos revisados, a cargo del Censia, vigentes en 2019, se identificó que 15 (57.7%) se encontraron vinculados directamente con el Programa de Vacunación: fueron suscritos con cinco proveedores para la adquisición de las vacunas. Pero los otros 11 contratos (42.3%) no se vincularon directamente con el Programa.

Entre estos, hay contratos consolidados, firmados por la Dirección General de Recursos Materiales y Servicios Generales y por la Dirección General de Tecnologías de la Información de la Secretaría de Salud, para la prestación de servicios de limpieza, telefonía, reservación, adquisición y/o radicación de boletos de transportación aérea, así como para el arrendamiento de equipo y bienes informáticos.

Además, la Secretaría de Salud y el Censia no acreditaron la existencia de 29 contratos de los 36 identificados por la ASF en el portal de transparencia presupuestaria, con cargo al Centro y vigentes en el ejercicio fiscal 2019.

En ese año para operar el Programa de Vacunación se asignaron 184 mil 824 personas, pero no se acreditó que estos recursos humanos estuvieran acordes con las prioridades nacionales en la materia. Y solo se acreditó la capacitación de 4.1% (7,650) del personal operativo.

El Censia tampoco acreditó la capacidad de la infraestructura disponible en el Sistema Nacional de Salud, con la que operó el Programa de Vacunación en 2019.

Con la red de frío disponible no se aseguraron las condiciones adecuadas de conservación y manejo de los productos biológicos: de los 554 vehículos disponibles, solo el 12.8% (71) tuvo carrocería refrigerada (Thermo king) y de las 265 cámaras frías, el 85.3% (226) operó sin licencia sanitaria emitida por la Cofepris, por lo que no se garantizó que las vacunas se conservaran dentro de rangos de temperatura normados, a fin de evitar que perdieran su capacidad inmunogénica.

El Censia tampoco realizó, dice la ASF, campañas de comunicación social del Programa de Vacunación en radio, televisión, ni medios impresos y digitales para informar a la población sobre los beneficios de las vacunas y el riesgo que representa tanto para la persona como para la comunidad, la falta de inmunización oportuna.

Las recomendaciones y acciones que se presentaron en el informe individual de auditoría al Programa de Vacunación se encuentran sujetas al proceso de seguimiento, por lo que en razón de la información y consideraciones que en su caso proporcione la entidad fiscalizada, en los 30 días que tiene para esto, podrán confirmarse, solventarse, aclararse o modificarse.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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https://www.youtube.com/watch?v=5BNNcz1-soc

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