México prometió empleo a solicitantes de asilo; en 2 años registró a 64
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México solo dio trabajo a 64 solicitantes de asilo devueltos por EU, y no a miles como prometió

México prometió más de tres mil empleos a solicitantes de asilo devueltos por EU, pero en dos años solo registró a 64. Afirma que se ofertaron 356 vacantes.
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México se comprometió a ofrecer oportunidades laborales para los solicitantes de asilo expulsados por EU tras la aprobación del plan “Quédate en México”. Sin embargo, aquellas promesas quedaron prácticamente en nada. El canciller, Marcelo Ebrard, llegó a anunciar en julio de 2019 que habría al menos 3 mil 700 puestos de trabajo en industrias del norte del país. Año y medio después de aquellas afirmaciones, la Secretaría de Trabajo apenas tiene registradas a 64 personas que obtuvieron un empleo a través de esta institución, según datos obtenidos por Animal Político a través de solicitudes de transparencia.

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Desde enero de 2019, más de 70 mil extranjeros fueron devueltos a ciudades del norte de México a la espera de que un juez de EU analizase su caso de petición de asilo. Se trata del programa “Quédate en México”, que se puso en marcha después de un acuerdo entre los gobiernos de Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. El plan inició en Tijuana y se extendió progresivamente por toda la frontera hasta que fue cancelado el pasado 21 de enero, en una de las primeras medidas adoptadas por Joe Biden, nuevo inquilino de la Casa Blanca. 

Aunque el programa se puso en marcha en enero de 2019, no fue hasta junio que México y EU lo formalizaron a través de una declaración conjunta. En ella se afirmaba que “México, de acuerdo con sus principios de justicia y fraternidad universales, ofrecerá oportunidades laborales y acceso a la salud y educación a los migrantes y sus familias mientras permanezcan en territorio nacional, así como protección a sus derechos humanos”.

La realidad ha sido otra. Diversas organizaciones han documentado que cientos de los solicitantes de asilo sufrieron secuestros, extorsiones y otras violaciones a sus derechos humanos. Además, el gobierno mexicano se desentendió de ellos y apenas ofreció empleos o medios de subsistencia. Quedaron abandonados en ciudades peligrosas y que no conocían, expuestos a la explotación y el crimen organizado. 

Aunque Ebrard aseguró en julio de 2019 que había 3 mil 700 empleos disponibles y que en ese entonces 327 ya estaban trabajando, los registros de la secretaría de Trabajo lo desmienten.

Según documentos a los que tuvo acceso Animal Político, únicamente 64 solicitantes de asilo recibieron un empleo a través de la secretaría de Trabajo. De ellos, 63 se encontraban en Ciudad Juárez, Chihuahua, y uno solo en Tijuana, Baja California. 

Según las estadísticas de Trabajo, los empleados tenían entre 19 y 55 años y eran originarios de Guatemala (24), Honduras (24), El Salvador (2), Cuba (2) y Ecuador (1). Además, se incluyen cuatro personas de nacionalidad mexicana que no están incluidas en el programa “Quédate en México”. Además, 55 eran hombres y 9 eran mujeres.

Las empresas que contrataron a los solicitantes de asilo fueron Brown Jordan, Del Río, Global Printing, Química Apollo y Superior Bright, en Ciudad Juárez, y Center Com en Tijuana. 

Según Trabajo, se ofertaron 236 empleos en Ciudad Juárez y 120 en Tijuana, sin especificar por qué las plazas quedaron vacantes. 

“Se comunica que los solicitantes de asilo reportados son aquellos que, de manera voluntaria, personal y autónoma se acercan a los módulos para preguntar por información sobre ofertas de empleo disponibles, y que, tras expresar su interés por trabajar en México, son vinculados de manera directa con los empleadores”, especificó la secretaría de Trabajo en su respuesta.

Animal Político pidió datos también a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y el Instituto Nacional de Migración (INM). La primera institución, a pesar de ser la que negoció y aceptó la expulsión de solicitantes de asilo a territorio nacional, argumentó no disponer de información sobre esta materia. La segunda, por su parte, remitió a la Subsecretaría de Empleo y Productividad Laboral de la secretaría de Trabajo, “por ser la autoridad designada por instrucción presidencial para coordinar la estrategia de atención a la población migrante en la frontera norte de nuestro país, que cuenta con solicitud de asilo en EU”. 

Ante la gran diferencia observada entre las cifras que anunció Ebrard, Animal Político consultó al departamento de comunicación social de la SRE y de la secretaría de Empleo, sin recibir respuesta al cierre de la edición. 

En su comunicación, la secretaría de Trabajo incluyó también los puestos ofertados en la Bolsa de Trabajo (2 mil 328 en Baja California, 365 en Tijuana, mil 028 en Chihuahua y 400 en Ciudad Juárez) y en el Portal de Empleo (98 en Baja California, 44 en Tijuana, 43 en Chihuahua y 21 en Ciudad Juárez). “Las plazas vacantes son incluyentes para cualquier persona que busque trabajo y cuente con autorización para hacerlo”, dice. El problema es que la mayoría de solicitantes de asilo que fueron devueltos desde EU no contaban con permiso de trabajo, ya que apenas se les entregó un CURP temporal, lo que les dificultaba el acceso a los puestos de trabajo. 

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El Programa de Protección de Migrantes (MPP por sus siglas en inglés) o “Quédate en México” fue uno de los principales programas diseñados por el gobierno de Donald Trump para impedir la llegada de solicitantes de asilo a México. Entre enero de 2019 y enero de 2021, más de 70 mil personas fueron devueltas por diversos puntos de la frontera norte. La mayoría quedó abandonada en ciudades que no conocía, como Tijuana, Baja California; Juárez, Chihuahua; Nuevo Laredo y Matamoros, Tamaulipas. 

En estas dos últimas, el gobierno mexicano ni siquiera se molestó en prever la posibilidad de que los extranjeros obtuviesen un empleo. Desde agosto de 2019, según reveló Animal Político, puso en marcha autobuses que trasladaban a los solicitantes de asilo a la frontera con Guatemala, argumentando que se trata de municipios peligrosos. Los afectados ni siquiera sabían a dónde eran trasladados, lo que motivó quejas de Acnur y otros organismos internacionales. Aquellos traslados fueron financiados con dinero del Fondo México, supuestamente pensado para la cooperación internacional con Centroamérica. 

El programa “Quédate en México” llegó a su fin el pasado 21 de enero después de que el presidente Joe Biden firmase una orden para que no se vuelva a expulsar a solicitantes de asilo. Se estima que unas 30 mil personas todavía tienen su caso abierto y esperan en México en lugares como el campamento de Matamoros, convertido en símbolo del abandono de este colectivo. Nadie ha dado una solución para ellos.

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Lula vs. Bolsonaro: "Es la elección más importante de Brasil tras el fin de la dictadura", afirma experto

José Murilo de Carvalho, uno de los principales historiadores de Brasil, dice en una entrevista con BBC Mundo que “el país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición”.
30 de octubre, 2022
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El balotaje presidencial de Brasil entre Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro este domingo es la elección más importante del país desde el fin de la dictadura militar en 1985, afirma, para BBC Mundo, el politólogo e historiador José Murilo de Carvalho.

En el mayor país de América Latina está en juego el “todavía frágil sistema democrático”, dijo el miembro de la Academia Brasileña de Letras y de la Academia Brasileña de Ciencias.

El expresidente Lula, un izquierdista de 77 años que obtuvo 48.4% de los votos en la primera vuelta de las elecciones este mes, llega al balotaje con una ventaja de entre cuatro y ocho puntos en distintas encuestas de intención de votos válidos publicadas este sábado.

Pero el actual presidente Bolsonaro, un ultraderechista de 67 años, obtuvo en la primera vuelta una votación mayor a la que anticipaban los sondeos (43,2%) y aspira a ser reelecto contra muchos pronósticos.

El ganador debe superar este domingo el 50% de los votos válidos (sin contar aquellos en blanco y anulados) para iniciar un nuevo mandato presidencial el 1 de enero de 2023.

El resultado puede variar por factores como el nivel de abstención o cómo se decanten los votantes indecisos y volátiles, que algunas encuestas ubican en torno a 5%.

La campaña estuvo marcada por una fuerte polarización política, hechos de violencia y dudas sobre si Bolsonaro, un excapitán del Ejército que buscó sembrar sospechas sin pruebas sobre el sistema electoral brasileño, aceptará una eventual derrota.

“No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó (Donald) Trump en Estados Unidos”, señala Carvalho en alusión a la negativa del entonces presidente de ese país y aliado de Bolsonaro a aceptar su propia derrota en las elecciones de 2020.

Tras su último debate con Lula, Bolsonaro sostuvo que “no hay la menor duda” de que respetará el resultado de la elección aunque le sea adverso: “Quien tenga más votos, gana”, declaró.

Lo que sigue es una síntesis del intercambio vía correo electrónico con Carvalho, quien tiene 83 años y ha recibido varios premios y títulos de doctor honoris causa a lo largo de su carrera:


Explique por favor cómo evalúa la importancia histórica de estas elecciones en Brasil que enfrentan al expresidente Lula con el actual presidente Bolsonaro.

La República brasileña tiene 133 años. La primera elección con participación popular significativa fue en 1945.

La segunda en 1950, cuando yo tenía 11 años, fue disputada por Getúlio Vargas, un exdictador civil, y por un brigadier de la Fuerza Aérea que ayudó a deponerlo en 1945, en representación de militares, élite y clase media.

Getúlio, en ese momento comparado con Perón, había adoptado un programa laboral fuerte y ganó con el apoyo de los obreros. En 1954, ante la fuerte oposición de militares y civiles, fue forzado a renunciar y se suicidó.

La lucha contra el laborismo y el nacionalismo, agravada por la Guerra Fría, llevó al golpe de 1964 y la dictadura militar (1964-1985).

José Murilo de Carvalho

Academia Brasileira de Letras/Guilherme Gonçalves
José Murilo de Carvalho anticipa que el presidente que sea electo en Brasil “tendrá que enfrentar una gran oposición”.

Hoy tenemos algo semejante. Un representante del laborismo (Lula) que intenta volver al poder enfrentando a un presidente apoyado por la clase media, los militares y por empresarios.

La gran diferencia hoy es la ausencia de la Guerra Fría y de la amenaza de intervención norteamericana, aunque los factores externos no estén del todo ausentes.

¿Ve esta elección como la más importante del país al menos desde el retorno de la democracia?

Es sin duda la más importante tras el fin de la dictadura por estar en juego nuestro aún frágil sistema democrático.

¿Observa algún riesgo de crisis o ruptura institucional en Brasil asociado al resultado de estas elecciones?

El riesgo sólo podría venir en caso de una derrota del presidente (Bolsonaro). No se puede descartar un espectáculo circense similar al que montó Trump en Estados Unidos.

Mi apuesta es que las Fuerzas Armadas no lo apoyarán y que la presión externa será fuerte en Estados Unidos, la Unión Europea y los principales países de Hispanoamérica.

¿En qué medida Bolsonaro y Lula representan dos formas diferentes de entender Brasil?

La diferencia es grande. Lula es como un nuevo Vargas con una base de apoyo entre obreros, pobres e intelectuales.

Una mujer mira material de campaña con las caras del candidato izquierdista Lula sa Silva y el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro.

Reuters
Los brasileños eligen a su presidente entre dos opciones muy distintas.

Bolsonaro se basa en sectores de la clase media, el pentecostalismo, grandes empresas, la agroindustria y los militares de las Fuerzas Armadas y las policías.

Parte de la disputa también se da en el campo de los valores, especialmente en lo referente a la familia y la identidad de género.

En el caso de Bolsonaro llega a esta segunda vuelta tras un gobierno muy tumultuoso, acusado por sus críticos de actitudes autoritarias, de dividir al país, de responder de forma equivocada a la pandemia de coronavirus y, con esto, agravar durante su gobierno la situación crítica que ya tenía Brasil.

Aun así, tiene posibilidades de ganar un segundo gobierno, según encuestas de opinión.

¿Cómo explica este apoyo que tiene el presidente?

Es una pregunta de un millón de dólares. ¿Cómo un presidente irrespetuoso de la ley, que desprecia las instituciones, incluidos los poderes de la República, y los valores democráticos, intolerante con los avances en la igualdad de género y de raza, indiferente, si no hostil, a la protección del medio ambiente, por dar algunos ejemplos, fue electo y tiene posibilidad de ser reelegido?

Parte de la respuesta puede estar en el hecho de que también hay un gran rechazo al expresidente Lula.

Jair Bolsonaro

Getty Images
Bolsonaro a capitalizado en votos el rechazo a Lula y su Partido de los Trabajadores.

Las encuestas muestran el gran rechazo de los entrevistados hacia los dos, entre 47% (Bolsonaro) y 41% (Lula).

El país está dividido al medio y el elegido, sea quien sea, tendrá que enfrentar una gran oposición.

En el caso de Lula, busca volver a ser presidente tras los escándalos de corrupción que surgieron durante los gobiernos de su Partido de los Trabajadores y de una condena por corrupción anulada por el Supremo, sin que el expresidente haya hecho una gran autocrítica por los errores cometidos. ¿Cuál es el motivo principal por el que puede volver al palacio de Planalto?

Sin duda, tiene que haber un lado personal: demostrar que es inocente y no pasar a la historia como un presidente condenado.

También está la arrogancia de su partido, el Partido de los Trabajadores, que nunca quiso admitir que hubo corrupción.

Lula

Getty Images
Lula promete volver a los tiempos de bonanza económica que tuvo Brasil en su presidencia (2003-2010).

Para el partido, el expresidente es su único candidato que puede ganar la elección.

Brasil conmemoró el bicentenario de su independencia en septiembre. ¿Diría que estas elecciones sugieren que Brasil todavía está buscando qué país quiere ser?

No hay mucho que celebrar en este bicentenario.

Por el lado político, no pudimos construir una república democrática sobre bases sólidas, como se puede observar en lo que está ocurriendo hoy. Seguimos bajo la tutela de las Fuerzas Armadas, que se consideran guardianes de la República.

Por el lado social, somos el octavo país más desigual del mundo y el 84º en el Índice de Desarrollo Humano.

La independencia se hizo bajo el sueño de construir aquí un gran imperio. En la década de 1930, el austríaco Stefan Zweig escribió un libro elogioso titulado “Brasil, país de futuro”. Ese imperio y ese futuro están lejos, si es que alguna vez llegan.


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