¿Qué se compró y a quién contrató el gobierno para afrontar la pandemia?
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

¿Qué compró, a quién contrató el gobierno para afrontar la pandemia y para qué alcanzó?

Animal Político revisó la situación del sistema de salud hasta 2019, las compras nacionales e internacionales de equipo, la contratación de personal sanitario y las protestas para demandar equipo de protección durante una pandemia que en 2020 cobró la vida de 335 mil mexicanos.
Cuartoscuro
30 de marzo, 2021
Comparte

Si bien ningún país estuvo preparado para enfrentar una pandemia, México recibió a la COVID con un sistema de salud abandonado durante sexenios, con un déficit de 500 mil profesionales de la salud y solo 1.4 camas hospitalarias por cada 100 mil habitantes. Aunque hubo acciones emergentes en pleno periodo de contagio, no alcanzaron a subsanar los déficits. 

Para entender el contexto y la cronología en las decisiones de salud pública, Animal Político revisó la situación del sistema de salud hasta 2019, las compras nacionales e internacionales de equipo, la contratación de personal sanitario y las protestas para demandar equipo de protección durante una pandemia que en 2020 cobró la vida de 335 mil mexicanos. 

Leer más | Sin coordinación y apoyos: La respuesta estatal ante COVID, dispar y también insuficiente

Un punto importante es que el presupuesto nunca fue problema, según reconocen funcionarios federales, y de hecho, ni siquiera se gastó todo lo disponible. Aunque había un presupuesto de 680 mil millones de pesos para el sector salud (IMSS, ISSSTE, la Secretaría de Salud, la Secretaría de Marina y Defensa Nacional y las aportaciones de salud para los estados) hasta octubre solo se había ocupado 68% de los recursos, de acuerdo con el análisis de México Evalúa.  

Mientras que el mayor monto de compras de equipo médico e insumos para el sector salud se registró en abril, dos meses después del primer contagio en el país, lo cual explica que “la política de compras de emergencia del gobierno federal siguió una lógica de reacción y no de preparación y contención del virus”, sostiene el IMCO en su investigación Un año de compras de emergencia en México. 

Déficit de médicos, la clave

En México había 5 mil ventiladores, el equipo indispensable para tratar a enfermos graves. Con las compras nacionales e internacionales sumaron otros 4 mil equipos entre marzo y junio, según la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Pero esto representó apenas 27% de las 33 mil camas de terapia intensiva que supuestamente fueron instaladas en todo el país como parte de la reconversión hospitalaria para atender a los contagiados graves, y que, estarían provistas de un ventilador, monitor y especialistas.  

Durante el primer pico de la pandemia, el 1 de junio de 2020, por ejemplo, 11 mil 321 personas se encontraban hospitalizadas en terapia intensiva en 83 hospitales con ocupación mayor al 70%, de acuerdo, según el registro del sistema IRAG UCI de la Secretaría de Salud. 

Pero aún si hubieran existido los equipos suficientes, ¿quiénes sabían utilizarlos? Antes de la pandemia habían 44 mil 165 médicos con alguna especialidad, pero de ellos, apenas 8% eran internistas o urgenciólogos, los profesionales que podrían tratar a enfermos graves por un virus como la COVID. 

Y aún más, el secretario de Salud, Jorge Alcocer, dijo que había un déficit de 200 mil médicos generales y 300 mil enfermeras en el país. Esto significaba que en México había 2.4 médicos por cada 100 mil habitantes, debajo de Cuba con 8.4 o Argentina con 4. 

El gobierno federal intentó subsanarlo con la contratación emergente de personal médico, pero los 44 mil nuevos trabajadores de la salud que se contrataron en ese periodo, según la Secretaría de Salud, significó 8% del déficit, y no eran especialistas con entrenamiento. 

Jun Ángel Rivera Dommarco, director general del Instituto de Salud Pública explica que el Estado mexicano no solo tuvo que atender la pandemia sino también al “enfermo que era el sistema de salud”, dotándolo de camas, ventiladores, aparatos y contratar personal, pero “es muy difícil contratar a personal capacitado para intubar, que es muy complicado. No basta con invertir con equipo, material, e infraestructura, sino el recurso humano”. 

Esto se vio en la atención, pues de acuerdo con las estadísticas de fallecidos, uno de cada 5 murieron sin haber estado en cuidados intensivos y 29 de cada 100 fueron intubados. Ante esto Rivera Dommarco explica que “hay una mezcla de razones por las que muchos pacientes que probablemente se hubieran salvado si hubieran sido intubados, y eso también tiene que ver con calidad de atención. Había lugares donde posiblemente por falta de personal capacitado no se identificaron casos que hubieran requerido inmediatamente ser intubados”. 

Además de la capacitación, también influyó el número de personal disponible para atender en cada hospital, pero en el país, además del déficit histórico de trabajadores de salud, también hubo bajas por fallecimiento, contagios o por vulnerabilidad. 

De acuerdo con Amnistía Internacional, México fue el país donde había fallecido más personal sanitario, mil 320 hasta septiembre de 2020, y 100 mil habían sido contagiados. Las razones que explican esta estadística brutal, según ha acusado el personal sanitario, fue la falta de equipo de protección. 

Desde el 15 de marzo, antes del primer fallecimiento por COVID-19 reconocido oficialmente, ya se registraba un brote de contagio entre personal del Hospital 7 del IMSS, en Monclova, Coahuila. 

A partir de entonces y hasta octubre de 2020, las protestas del personal médico no cesaron en demanda de equipo de protección en hospitales de la Ciudad de México, el Estado de México, Tamaulipas, Guerrero, Veracruz, Hidalgo, Chiapas, Baja California. Incluso en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), la primera institución que atendió a los más graves al inicio de la pandemia. 

Al iniciar la pandemia había alta demanda mundial de insumos que los encarecieron, y el problema que enfrentó México es que las fábricas que producían los equipos en el país detuvieron operaciones y, tampoco llegaba la materia prima que se hacía en otros países. 

“No había operación suficiente ni material suficiente en México, por eso recurrimos a los productores masivos. En este caso el máximo productor es China”, explica Martha Delgado, subsecretaria de Relaciones Exteriores, en entrevista con Animal Político. Por eso se optó por un lograr por la vía diplomática un puente aéreo con China para la compra de insumos de abril a julio. 

Desde febrero el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), a cargo de Juan Antonio Ferrer, determinó el volumen de compra de equipo de protección que el sistema de salud necesitaba para proteger a todo su personal y de ventiladores que debían ser comprados en el extranjero. 

Y, de acuerdo con José Luis Alomía, director de Epidemiología de la Secretaría de Salud, se compró el equipo que se requería de acuerdo a los lineamientos elaborados por la Secretaría de Salud desde febrero, en los que previeron el tipo de equipo que debería usar cada elemento, desde quienes atenderían a pacientes en terapia intensiva hasta un médico familiar porque “el nivel de riesgo, no era igual”. 

Alomía atribuye las protestas por demanda de equipo a “la percepción” del personal médico.

“¿Cuál fue el problema? Que personal que estaba en áreas de menos riesgo y por lo tanto solamente requerían el equipo de protección necesario y suficiente para esa actividad, (pero) querían el equipo de protección que tenía la persona que estaba en cuidados intensivos o intubando a un paciente. Entonces esa percepción es difícil de cambiar”, dijo en entrevista con Animal Político

Sin embargo, durante todo el año, decenas de testimonios publicados en medios de comunicación de todo el país denunciaban que los pacientes contagiados llegaban a hospitales aunque no fueran COVID, y, por lo tanto, el personal se contagiaba e iniciaba la cadena de contagios, por eso ellos mismos tenían que comprar su equipo o hasta fabricarlo a falta de insumos en sus instituciones. 

Además, México comenzó la pandemia con 89 mil camas hospitalarias entre todos los sistemas de salud (estatales, IMSS, IMSS Bienestar, ISSSTE, municipal, Pemex, Secretaría de Salud, Sedena, Semar y universitario). 

Significó que había 1.4 camas por cada 100 mil habitantes, que ubicaba al país en el vigésimo lugar entre los países de América Latina y el Caribe, debajo de Cuba, con 5.2 camas; Argentina, con 5; Uruguay (2.8), Brasil (2.1), Chile (2.1), Colombia (1.7), Perú (1.6) y Ecuador (1.5), de acuerdo con el Panorama de la Salud 2020, realizado por la OCDE. 

Insumos adquiridos por el gobierno en la pandemia

Insumos adquiridos por el gobierno en la pandemia

¿Qué compraron?

De enero de 2020 a febrero de 2021, las instituciones del sector salud gastaron 53 mil 341 millones de pesos  (25% del gasto total de compras) en 16 tipos de insumos como equipo médico y refacciones; material de limpieza, laboratorio, medicamentos, productos químicos, prendas de protección, químicos básicos; servicios de investigación, de manejo de desechos, entre otros. 

De acuerdo con el análisis “Un año de compras de emergencia en México”, realizado por el IMCO, abril de 2020 fue el mes con el mayor monto de compras: 18 mil 608 millones de pesos, seguido de marzo y mayo.

Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador y funcionarios del sector salud aseguraron al inicio de la pandemia que el gobierno estaba preparado para afrontarla, los datos “contrastan” con ello, pues aunque el primer reporte en China sobre la enfermedad fue publicado el 31 de diciembre de 2019, todas las compras realizadas antes de esa fecha no pudieron haber tenido relación con la atención de la pandemia. 

“Las dependencias reaccionaron tarde ante la emergencia porque estas no aprovecharon los meses de gracia, como enero y febrero, para realizar las compras de preparación, pues las mayores compras se hicieron casi dos meses después del inicio de la pandemia, de marzo a mayo de 2020”, sostiene el análisis del IMCO.

En tanto, durante las primeras dos semanas de marzo la Secretaría de Relaciones Exteriores recibió la instrucción de gestionar la búsqueda y concretar las compras de los insumos médicos por la vía diplomática y sin que hubiera un tope presupuestal. “El presidente fue muy determinante en que tendría que financiarse inmediatamente”, explica Martha Delgado. 

El primer vuelo del puente aéreo establecido con China para las compras llegó el 7 de abril y hasta el último, el 23 de julio, la suma de compras fue de mil ventiladores, un millón 679 cubrebocas KN95, 16 millones de cubrebocas quirúrgicos, 115 mil batas quirúrgicas y 302 mil googles, además de 1.3 millones guantes y 605 mil caretas, según el registro publicados en boletines de prensa.  

Aunque la subsecretaria Delgado sostiene que las compras fueron mayores porque los equipos no solo llegaron en esos vuelos, sino que otros proveedores de China y otros países entregaron por otras vías. 

Tomando en cuenta a los 177 mil 062 médicos del sistema de salud, significa que la compra internacional del principal aditamento de protección, el cubrebocas KN95, alcanzó para entregarles 9 piezas a cada uno, aunque en realidad el universo total de quienes trabajan en el sector salud ascendía a 964 mil personas, entre médicos, enfermeros, laboratoristas pasantes de medicina, enfermería, entre otros. 

Y considerando que los cubrebocas N95 y KN95 tienen un periodo de vida de uso continuo máximo de 24 horas o de forma intermitente hasta por 48 a 72 horas, la dotación de 9 cubrebocas duraría a cada médico entre 9 y hasta 27 días, dependiendo su uso. 

De acuerdo con la revisión al gasto realizado por el gobierno federal en materia de salud, hecho por México Evalúa, no se trató de falta de recursos, pues durante ocho meses de 2020 se gastó menos de lo que se tenía aprobado mensualmente en el presupuesto de salud que ascendió a 680 mil millones de pesos para ese año. 

Esto significó que hasta octubre de 2020, el gobierno federal sólo había gastado 68% del presupuesto disponible para todas las instituciones de Salud como aportaciones a Seguridad Social para estados, el IMSS, el ISSSTE, la Secretaría de Salud, la Secretaría de Marina y Defensa Nacional. 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Contenido patrocinado

Cómo aumentar la vida útil de las prendas y ayudar a salvar el planeta

La reutilización creativa, organización y remiendos decorativos son algunas de las soluciones para extender a vida útil de las prendas. Cuidar de tu ropa significa cuidar también del planeta.
3 de mayo, 2022
Comparte

En su libro de 2021 La ropa que amas dura (Loved Clothes Last), Orsola de Castro, fundadora de la campaña mundial Fashion Revolution, lanza una apasionada súplica.

“Pasé años hurgando en tiendas de ropa de segunda mano y vi cientos de piezas perfectas abandonadas simplemente por una cremallera rota”, dice.

“Después de todo, ¿por qué gastar tiempo y dinero arreglando una cremallera rota cuando es más rápido, más barato e infinitamente más divertido comprar un nuevo atuendo con una cremallera que funciona?”.

“Pero, ¿podemos detenernos y analizar qué estamos haciendo cuando despreciamos una prenda por la cremallera que se rompió? ¿Qué pasaría si decidiéramos reemplazarla?”, pregunta.

El cuestionamiento de Castro es uno de los muchos a los que se enfrenta la industria de la moda en el siglo XXI.

Cada vez es más difícil ignorar el daño social y ambiental causado por la fabricación de ropa.

Las tasas de consumo de recursos naturales son estratosféricas, sin mencionar los niveles de contaminación y desperdicio, mientras que las cadenas de suministro globales están marcadas por la explotación.

Y el sector también es responsable de entre el 2% y el 8% de las emisiones globales totales de gases de efecto invernadero, según el estudio.

Cremallera rota

Getty Images

Productos no esenciales

Estas son cifras impresionantes considerando que, hasta cierto punto, esta es una industria de productos no esenciales.

Muy pocas personas en las capitales de consumo de moda de todo el mundo realmente necesitan más ropa.

Aun así, se producen entre 80 mil y 100 mil millones de prendas al año, y esta estimación es conservadora.

La industria de la moda está luchando para enfrentarse a este desafío con planes y minuciosas investigaciones que incluyen una variedad de proyectos que van desde aumentar la eficiencia energética en las cadenas de suministro, cambiar a materiales renovables, invertir en innovación de materiales para evitar los sintéticos, promover iniciativas de justicia social o combatir la crueldad a los animales.

Pero aunque estos esfuerzos tienen buenas intenciones, se enfrentan a una industria que ya tiene un impacto ambiental masivo.

Basta decir que la mayoría de estos 80 mil y 100 mil millones de prendas terminan siendo incineradas o arrojadas a los vertederos con muy poco uso.

Orsola de Castro

Penguin Books
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva, dice Orsola de Castro.

Cuida para durar más

La pandemia ha sacudido las ventas mundiales de ropa.

Ahora, están en camino de volver a alcanzar niveles ligeramente superiores a los de 2019, según los informes State of Fashion de la consultora estadounidense McKinsey & Company.

Cada vez más activistas argumentan que una de las maneras más fáciles de reducir el impacto de la industria de la moda es comprar menos.

O incluso mucho menos.

Solo tres prendas nuevas al año, según el grupo activista británico Take the Jump, y hacer que la ropa que ya tienes dure más.

La idea básica es que la industria de la moda necesita reducir sustancialmente su tamaño.

Desfile de moda

Getty Images

Prolongar la vida útil de una prenda

Para una generación de compradores alimentados por deseos construidos artificialmente y gratificación instantánea, este puede ser un objetivo difícil de imaginar, pero los números son irrefutables.

Una investigación realizada por la organización ecologista británica Wrap indica que prolongar la vida útil de una prenda en tan solo nueve meses podría reducir su impacto medioambiental hasta en un 10%.

Imagina lo que podríamos conseguir durante décadas.

Los factores que contribuyen a lograr este objetivo incluyen la compra de ropa de buena calidad, la disposición de los usuarios a usar la misma ropa muchas veces y su capacidad para cuidarla.

Puede sonar fácil, pero si eso fuera cierto, ya lo habríamos hecho.

Es solo que, en este momento, los riesgos parecen demasiado abrumadores como para no intentarlo.

Ha pasado poco más de una generación desde que perdimos el arte del mantenimiento de la ropa.

Mientras que la vida de nuestros abuelos era de ahorro y reparación, la mayoría de los consumidores de hoy se han acostumbrado al sistema de usar, romper y tirar.

Las prendas perfectas de Castro con cremalleras rotas son síntomas de una profunda falta de conexión con la forma en que se hacen las prendas.

Cosiendo ropa

Getty Images

Pero ahora es más importante que nunca preguntarse por qué tanta ropa está hecha con materiales derivados del petróleo.

Hay que preguntarse si la viscosa de esa camisa fue extraída de bosques milenarios, si hay piel de animal en ese pompón o por qué solo una pequeña fracción de los trabajadores de las industrias de la confección gana salarios decentes.

Y también si todavía queremos seguir provocando caos.

El subtítulo del libro de Castro es Cómo la alegría de remendar y ponerse la ropa puede ser un acto revolucionario.

Es un hecho. Necesitamos una revolución.

¿Qué hacer?

El primer paso es visitar tu guardarropa.

En 2019, la organización británica TRAID lanzó la campaña “23 Percent” (23%) para resaltar la proporción de prendas que los londinenses guardan sin usar en el armario.

El diseñador de moda estadounidense Sam Weir es el fundador de Lotte.V1, un servicio personalizado de combinación de ropa y accesorios que tiene como objetivo revitalizar nuestra relación con la ropa.

Armario

Katrina Hassan/Spark Joy London
Si la ropa está organizada, es más fácil saber exactamente lo que tienes y aumenta la disposición a usarla y cuidarla.

Weir tiene una amplia experiencia en campañas de alto perfil y dice que “muchos de nosotros no usamos lo que tenemos porque nos han enseñado a encontrar soluciones para combinar la ropa según el consumo”.

“Combinar ropa permite que las personas se expresen y se diviertan con la ropa, sin comprar (piezas) nuevas; fuerza la creatividad y (hace) que las personas realmente usen su ropa. Implica aprender a interactuar con la moda, sin consumismo, y establecer una relación con nuestras cosas”, explica Weir.

¿Por dónde podemos empezar?

“Reserva dos horas y abre tu guardarropa”, enseña.

“Busca piezas que no hayas usado en meses o más. Una de ellas podría ser una camisa de vestir. Aquí es donde la ropa a juego puede ayudar”.

Weir continúa: “Póntela con unos jeans casuales, algo que solo usarías el fin de semana. Agrega un par de zapatos de tacón bajo y un blazer. Al combinar la ropa, has convertido una pieza que solo usaste en un ambiente en algo para usar en innumerables ocasiones“.

“Con la combinación creativa, los vestidos pueden convertirse en faldas o tops, lo viejo vuelve a ser nuevo. Es como si acabaras de ir de compras, sin haber salido nunca de tu guardarropa”, concluye.

Las buenas compras son un buen punto de partida, según Mikha Mekler, profesora de gestión de producción en el London College of Fashion. Para ella, “la forma en que compramos es el problema. Si compramos calidad, (la ropa) durará más”.

Comprando ropa en internet

Getty Images

Empieza por evitar las marcas de moda de consumo, con sus gigantescas campañas publicitarias, llenas de celebrities.

Busca marcas con conducta ética que se enorgullezcan de ser artesanales.

Y aun así, compruébalo tú mismo: el peso del producto y la calidad de sus detalles pueden decir mucho.

“Pruébate la ropa”, aconseja Victoria Jenkins, tecnóloga de ropa y fundadora de la marca de ropa ajustable Unhidden.

“Tira, tira, examina la costura. ¿Está limpia y ordenada o llena de hilos sueltos? ¿Puedes ver líneas visibles en los puntos de tensión de la costura? ¿La camisa tiene tiras sobre los hombros para que no se deforme cuando se cuelga? ¿El dobladillo es fuerte o puede desprenderse con facilidad? ¿La tela tiene puntadas descoloridas o más defectos de impresión de los esperados?”, dice.

El siguiente paso es tener cuidado.

Lavar menos la ropa

En su estudio de 1954 titulado Jabones en polvo y detergentes, el semiótico francés Roland Barthes escribió sobre el uso de espuma, que no es estrictamente necesaria en el proceso de limpieza, en la publicidad del detergente.

Para él, “lo importante es el arte de disfrazar la función abrasiva del detergente con la deliciosa imagen de una sustancia, a la vez profunda y aireada, que puede controlar el orden molecular del material sin dañarlo”.

Persiste la idea de que el lavado de alguna manera renueva y refresca, pero en realidad es muy destructivo, como señala Barthes.

La mayoría de los expertos en ropa sostenible están de acuerdo: lava menos la ropa y lávala con detergentes naturales suaves.

Hazlo del revés para evitar que los colores y estampados se desvanezcan.

Planeta

Getty Images
Para ayudar al medio ambiente, debemos ser creativos con la ropa que ya tenemos, en lugar de comprar siempre ropa nueva.

La diseñadora Stella McCartney dijo en una entrevista con el periódico británico The Observer en 2019: “La regla es no limpiar. Dejas que la suciedad se seque y la cepillas. Básicamente, en la vida, la regla general es: si realmente no necesitas limpiar algo, no limpies”.

“No me cambio el sostén todos los días y no tiro las cosas en la lavadora solo porque han sido usadas. Soy increíblemente higiénica, pero no soy una fanática de la limpieza en seco, o cualquier tipo de limpieza, en realidad”, añadió.

Para Mekler, “cuidar la ropa sigue siendo algo que la gente hace mal a diario. Yo lavo mucha ropa, especialmente la más fina e incluso los jeans, en el ciclo de lavado de prendas delicadas, a menos que estén muy sucias”.

Considera colgar la ropa ligeramente sucia en el baño mientras se ducha y deje que el vapor haga el trabajo de limpieza. Evita el secado en secadora.

Agita la ropa y cuélguela para que se seque. Y celebra los beneficios ambientales de tus nuevas rutinas.

Ropa tendida

Getty Images

Según Energy Star, el programa de eficiencia energética de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), una lavadora promedio usa más de 93 mil litros de agua al año.

Es decir, aproximadamente la mitad de lo que una persona bebe en su vida.

Además del agua, cada vez que lavamos la ropa, arrojamos productos químicos y microfibras de telas sintéticas a cursos de agua ya sobrecargados.

Y finalmente, la mayoría de las emisiones producidas durante el periodo de uso del ciclo de vida de una prenda se generan durante el lavado y secado a máquina.

Reduce este proceso y estarás a la moda de forma sostenible.

Puedes leer este texto publicado originalmente en inglés en BBC Future.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=ZfhoPrrOp20

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.