Habitantes de Zitácuaro crean Guardia Indígena para defenderse del narco
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‘O nos organizamos, o morimos’: comunidades de Zitácuaro crean Guardia Indígena frente al narco

Ante las amenazas de grupos de narcotraficantes, los habitantes de varias comunidades decidieron defender sus bosques, a la mariposa, otra forma de sustento por el turismo.
Jñato HM
Por Manu Ureste y Columba González-Duarte
10 de marzo, 2021
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El lunes 14 de diciembre Doña Librada estaba en la iglesia cuando, a eso de las siete de la tarde, recibió una llamada inesperada.

 -Rápido -la apresuró una voz al otro lado del teléfono-. Toca las campanas. 

Presta, la mujer de 48 años encargada de resguardar el templo dejó sus quehaceres y comenzó a tirar de unas cuerdas que sacudieron las dos campanas que coronan la torrecita azul claro de la parroquia de Donaciano Ojeda, una pequeña comunidad indígena ubicada en plena Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca, en la zona oriente de Michoacán.

El ritmo de las campanas era frenético. Alocado. Muy distinto al doblar sereno de la misa y de los repiques lentos que anuncian muerte. 

De inmediato, ante la señal de alerta, los vecinos comenzaron a salir de sus casas rumbo al zócalo del pueblo para reunirse en espera de noticias. Mientras tanto, a escasos cinco minutos en carro de distancia, en el poblado vecino de Carpinteros, un grupo de hombres peinaba el bosque persiguiendo a siete hombres que llevaban a dos personas secuestradas a bordo de dos camionetas, una Ford F150 con placas americanas, y una Volkswagen Tiguan negra que robaron esa misma mañana en un retén.

Cuatro comuneros que narran los hechos en condición de anonimato por seguridad, explican que los “mañosos” a los que perseguían eran de La Familia Michoacana

 Lo saben bien, recalcan en entrevista, porque un día antes esos hombres llamaron a sus casas para exigirles comida y cobijas, y vieron que en cuello y hombros llevaban tatuadas las palabras ‘LFM’, un tigre, y el emblema ‘el Sobrino; un integrante de La Familia Michoacana detenido el pasado 23 de octubre, también apodado por la prensa local como “el terror de Zitácuaro”.

 Ese mismo lunes, antes de que se desatara la persecución en el monte, los comuneros fueron a las 10 de la mañana al cuartel de la Guardia Nacional, en la carretera Zitácuaro-Toluca, para denunciar la presencia de este grupo armado en Carpinteros desde el domingo. Pero nadie le hizo caso: “Nos dijeron que no tenían personal y que no podían ayudarnos”. 

 A la par, el comando llevaba ya horas acosando a la comunidad: armados con fusiles de asalto R-15 y ataviados con chalecos repletos de cargadores, instalaron retenes en las carreteras donde cobraron cuotas, robaron una camioneta a un vecino, y balearon a un coche que no quiso detenerse en el retén, matando a una mujer de la comunidad de Francisco Serrato tras acertarle varios disparos en la columna. 

Y fue tras este homicidio cuando la comunidad estalló: minutos después del repicar de las campanas, cientos de personas ya estaban reunidas en la iglesia, enardecidas y listas para unirse a la caza con machetes y escopetas. 

Pero ese día la situación no fue a más: los comuneros cuentan que 10 horas después de que les pidieran ayuda, la Guardia Nacional llegó a Donaciano junto con la policía estatal para contener a la turba y desarmarla. 

Ante las amenazas de grupos de narcotraficantes, los habitantes de varias comunidades decidieron defender sus bosques, a la mariposa, otra forma de sustento por el turismo.

Ante las amenazas de grupos de narcotraficantes, los habitantes de varias comunidades decidieron defender sus bosques, a la mariposa, otra forma de sustento por el turismo. Foto: Jñato HM

La cuota del narco: 12 mil pesos por hectárea de cultivo

Los vecinos entrevistados coinciden en que la llegada del narco a sus pueblos y a sus bosques ha sido gradual. Antes, la violencia solo se escuchaba en la cabecera municipal, en Zitácuaro. Pero desde hace un par de años, la delincuencia ha buscado diferentes formas de entrar a las comunidades indígenas de Donaciano Ojeda, Carpinteros, Crescencio Morales, Francisco Serrato, y a sus bosques semivírgenes donde cada invierno llegan millones de mariposas monarcas que viajan más de 4 mil 500 kilómetros desde las praderas frías de Canadá y la costa Este de Estados Unidos para hibernar en México de noviembre a marzo. 

 “Empezaron muy discretos; tirando algo de droga por aquí y por allá, y buscando cómplices dentro de los ranchos para ir tejiendo la red”, explican. 

Pero ahora esos intentos ya no son nada discretos. Sobre todo desde 2020, cuando al recrudecimiento de la violencia en la zona oriente de Michoacán y el vecino Estado de México –un polvorín donde La Familia y el Cártel Jalisco Nueva Generación se disputan la zona junto a otros 26 grupos– ha generado que el narco busque expandirse y expandir sus negocios ante la competencia criminal por el territorio.

Un mes después del primer intento de La Familia de establecerse en las comunidades, el 16 de enero lo intentaron de nuevo: otro grupo llamado Los Cristaleros -reducto de Los Caballeros Templarios- entró a Donaciano ofreciendo “ayuda” a las autoridades comunales indígenas.

“Nos dijeron que ellos no cobran cuotas y que no financian a talamontes que destruyen nuestros bosques y la monarca, como sí hace La Familia”, cuenta Martín, uno de los muchos campesinos que fueron víctimas de las extorsiones: “Nos llamaban y nos hacían bajar a Zitácuaro a pagarle al Sobrino una cuota de 12 mil pesos por hectárea de aguacate”. 

Ante el abandono de las autoridades, las comunidades se decidieron a organizar sus propias policías indígenas para recuperar la paz en la Reserva Monarca.

Ante el abandono de las autoridades, las comunidades se decidieron a organizar sus propias policías indígenas para recuperar la paz en la Reserva Monarca. Foto: Jñato HM

A cambio de su protección, los Templarios querían vender cristal (metanfetamina) en las comunidades. 

Las autoridades indígenas rechazaron el ofrecimiento y exigieron al grupo que saliera de inmediato. Estos se negaron, se atrincheraron en el bosque de Carpinteros, y una delegación de comuneros se trasladó al día siguiente, el domingo 17, al cuartel de la Guardia Nacional para pedir ayuda, con el mismo resultado de un mes atrás: no disponían de elementos suficientes. 

La delegación regresó con la noticia y un grupo de alrededor de 40 comuneros tomó la decisión de enfrentar al grupo criminal que los recibió a balazos en el bosque. El saldo: nueve muertos, según la Fiscalía estatal, 11 según los comuneros, de los cuales tres eran defensores del bosque.

Fue ahí cuando, ante el abandono de las autoridades, las comunidades se decidieron a organizar sus propias policías indígenas para recuperar la paz en la Reserva Monarca. 

 “O nos organizamos, o morimos”

Luis es originario de Crescencio Morales y lleva más de 10 años estudiando la Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca. Esta reserva es una zona protegida que abarca 56 mil 259 hectáreas -desde el municipio de Senguio, al norte de la zona oriente de Michoacán, a San Juan Xoconusco, en el sur-, y que fue creada mediante un decreto del gobierno mexicano en 1980 -ampliado en 1986 y en el 2000-, luego de que en 1976 el zoólogo canadiense Fred Urquhart reportó la ubicación de los sitios de hibernación de las monarcas en los bosques de Michoacán.

Pero Luis, cuya identidad cambió por seguridad, explica que los decretos gubernamentales no han frenado a grupos como La Familia. 

“El narco patrocina a los talamontes”, plantea. “Les dan protección para que vendan la madera en el mercado negro exigiéndoles a cambio una cuota”. 

Y, al mismo tiempo, esa tala ilegal origina muchas otras consecuencias. 

En primer lugar, expone Luis, “la tala voraz” provoca que los ríos cambien su caudal y que muchas especies vegetales, como el pino y los árboles de oyamel, sean arrasadas por la falta de agua y humedad. 

Esto, a su vez, impacta directo en la mariposa monarca, que pierde su alimento, agua, y hábitat. Tanto es así que, a pesar de los programas actuales de conservación federales e internacionales, no se logró frenar la tendencia a la baja de monarcas en hibernación. 

Según los datos más actualizados por WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza por sus siglas en inglés) apenas dados a conocer en febrero de este 2021, el número de mariposas se redujo 26% con respecto al año anterior. Los comuneros dicen que no están sorprendidos por el dato ante la poca efectividad de un modelo de conservación que disminuye la  capacidad local de proteger al bosque. 

A su vez, la presencia del crimen organizado en los bosques genera que santuarios monarcas como El Rosario, a unos 40 kilómetros de Donaciano y 35 de Zitácuaro, vean reducidas las visitas de turistas locales y de extranjeros que viajan desde varios puntos de Norteamérica a los bosques de Oyamel para admirar y fotografiar la hibernación de la monarca. 

“El turismo ha caído mucho por la pandemia, sí. Pero también porque la gente tiene miedo a venir”, plantea Luis, que aporta otro dato que cierra el círculo perverso: la falta de turismo y de ingresos provoca que muchas familias se ven obligadas a dedicarse a la tala ilegal y a pagar cuotas al narco. 

Entre 2019 y 2020, al menos 38 activistas fueron asesinados. Y dos de los casos más recientes fueron, precisamente, personajes conectados históricamente con la mariposa monarca

Entre 2019 y 2020, al menos 38 activistas fueron asesinados. Y dos de los casos más recientes fueron, precisamente, personajes conectados históricamente con la mariposa monarca. Foto: Jñato HM

Además, el crimen organizado no solo ve negocio en la madera ilegal. El bosque es un lugar idóneo también para instalar laboratorios de droga, donde aprovechan sin límites el agua y los recursos naturales a su alcance. De hecho, el agua que venden ilegalmente a las poblaciones escasas de este recurso es otro de sus negocios junto con el aguacate, un cultivo al que le sacan ganancias cobrando derechos de piso a los agricultores. 

“El narco está dispersando sus negocios mediante la apropiación del bosque”, resume Luis, que también responsabiliza a algunos comuneros de la expansión descontrolada del aguacate en perjuicio del bosque. 

“Los comuneros no talan el bosque. Tradicionalmente se ha protegido por ellos y sus ‘abuelos’ de origen mazahua o Jñato como se autonombran.  Pero también hay mucha ambición por parte de algunas personas que les va bien con el aguacate y que pretenden expandir sus huertos hasta los cerros. ¿Y cómo lo pueden hacer si la comunidad no se los permite? -pregunta Luis-. Pues con la ayuda del crimen organizado. Ellos son los que hacen el trabajo sucio de amenazar a las comunidades y a quienes defendemos el bosque”. 

Precisamente, sobre este último punto que menciona Luis de las agresiones, organizaciones como Amnistía Internacional recuerdan que México es uno de los países más peligrosos del mundo para defender la naturaleza. 

Entre 2019 y 2020, al menos 38 activistas fueron asesinados. Y dos de los casos más recientes fueron, precisamente, personajes conectados históricamente con  la mariposa monarca: Homero Gómez, quien administraba el santuario de El Rosario y fue hallado en un pozo de agua tras desaparecer en enero de 2020. Y Raúl Hernández Romero, guía turístico de la monarca que fue asesinado apenas unas semanas después.

“El narco es como un cáncer, una enfermedad sin cura -concluye el académico con una metáfora-. Y no tiene cura porque ninguna autoridad toma acción. Por eso las comunidades nos estamos organizando. Porque si no lo hacemos nos matan, o nos tenemos que ir de nuestras tierras, o tenemos que trabajar para ellos y perder nuestra libertad”, concluye. 

“No confiamos en la autoridad; no hace nada para ayudarnos”

Ha pasado más de un mes desde el enfrentamiento del 17 de enero. Pero Juan, campesino de Carpinteros, dice que la tensión ha vuelto a las comunidades indígenas de Zitácuaro.

Tocado con un sombrero de paja y protegido por un cubrebocas que le cubre el rostro, el agricultor cuenta que apenas el pasado miércoles 17 de febrero enterraron a un joven de 18 años que se trasladaba por la carretera federal a la cabecera del municipio cuando fue emboscado y asesinado a balazos. 

Oficialmente, no hay versión de los hechos. Pero Juan no tiene duda: es una venganza del narco.

Cuestionado a colación por qué no denuncian ante la Fiscalía michoacana, el campesino da un sonoro resoplido: “Porque ya no se les tiene confianza”, contesta resignado. “Se les pide ayuda y no hacen caso. Solo vienen a levantar a los muertos después de que ya pasó todo”.

Tan no les tienen confianza, subraya, que no solo buscan defenderse de las represalias de la delincuencia, sino también de la autoridad. “Sobre todo de la Fiscalía michoacana”, precisa Juan. Especialmente, luego de que esta abriera una investigación tras los enfrentamientos del 17 de enero, lo cual es entendido por los comuneros como una forma de amedrentarlos.

“La Fiscalía sabe muchas formas de cómo incriminar a alguien -asegura-. Y basta con que salgamos un día a vender nuestras cosas a Zitácuaro, para que nos detengan y nos lleven presos inventándose cualquier cosa”. 

Animal Político buscó a la Fiscalía estatal para solicitarle una entrevista sobre los sucesos del 17 de enero, pero se limitó a responder por escrito que “la institución ha realizado y lleva a cabo las investigaciones con relación a los hechos de los que tiene conocimiento, bajo una premisa de garantizar acceso a la justicia y que los hechos no queden impunes”.

Mientras que el gobernador michoacano, Silvano Aureoles, dijo a medios locales el pasado 15 de febrero que los reclamos de los comuneros de Zitácuaro tienen “otro fondo”. “Estos quejosos están siendo manipulados por los delincuentes de la región”, acusó el mandatario en unas declaraciones que son interpretadas por los comuneros como un intento de criminalizar su movimiento de autogobierno y de defensa indígena. 

León Pérez es activista de Servicios de Asesoría para la Paz (Serapaz) y lleva años trabajando sobre el terreno en comunidades indígenas de la meseta purépecha michoacana, como Arantepacua, Comachuén, o Nahuatzen, donde siguiendo el ejemplo de Cherán en 2011 los vecinos expulsaron a los partidos políticos y decidieron también formar sus policías indígenas para frenar a los talamontes y al narco. Y habla con pleno conocimiento cuando dice que el temor de los comuneros de la Reserva Monarca no es infundado. 

“Existen patrones de criminalización y de generar un desprestigio hacia los defensores del medio ambiente y de las comunidades”, señala. “Incluso, hay casos de empresas madereras vinculadas al crimen organizado que intentan a través de las amenazas que las personas cedan sus territorios. Y si no lo logran, las acusan de delitos que no cometieron”. 

Tan solo un ejemplo de esto son los casos de José Luis Jiménez Meza y José Antonio Arriola Jiménez, integrantes del Concejo Ciudadano Indígena de Nahuatzen, que están encarcelados desde 2018 por defender la autonomía de gobierno de su comunidad. 

La Fiscalía estatal acusó a los dos activistas -y a una tercera persona, el comerciante Gerardo Talavera Jiménez- de robar el 1 de noviembre de 2018 dos automóviles Tsuru y un camión de volteo pertenecientes al gobierno municipal, por lo que les imputó los delitos de robo y sabotaje. Sin embargo, el día del presunto robo los tres estaban en una reunión en Pátzcuaro. Aun así, los comuneros siguen presos dos años después y su caso está en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, informó Serapaz. 

“Nosotros no queremos que nos pase lo mismo”, apunta ahora Juan, que insiste en que las comunidades indígenas de Zitácuaro ya instalaron barricadas en las carreteras con rudimentarias tiendas de lona, sacos de arena, y grupos de personas armadas que vigilan el paso.  

“Ahora las comunidades estamos unidas, y el enemigo, sea el que sea, se lo tendrá que pensar mucho para venir aquí. Somos más de 20 mil personas listas para defendernos”, advierte.

Habitantes exigen el reconocimiento de las autoridades de Zitácuaro de la Guardia Indígena que será elegida por el Consejo Indígena de Seguridad

Habitantes exigen el reconocimiento de las autoridades de Zitácuaro de la Guardia Indígena que será elegida por el Consejo Indígena de Seguridad. Foto: Jñato HM

“No queremos pelea, pero tampoco pedimos limosna”

Alberto, comunero indígena de Crescencio Morales, tiene un tono menos combativo. Recalca que las comunidades no son violentas y que simplemente están reaccionando a las agresiones de la delincuencia. De ahí que lo que buscan es mantener un diálogo con las autoridades, asegura.

“No queremos pelear con ningún gobierno, aunque tampoco vamos a pedir limosna”, matiza el comunero. “Porque el derecho se exige. Y lo que pedimos es el derecho a protegernos, y a proteger a nuestros bosques y a la monarca”. 

El pasado 26 de enero ya entregaron a las autoridades un pliego petitorio con tres puntos clave: el reconocimiento de las autoridades de Zitácuaro de la Guardia Indígena que será elegida por el Consejo Indígena de Seguridad; la asignación directa de presupuesto y poder administrativo para gestionarlo; y la no intervención de ningún poder judicial que “realice o haga represalias o persecución de nuestros comuneros”.  

Aunque ya se han producido varios acercamientos con las autoridades de los tres niveles de gobierno -la última junta fue el 23 de febrero-, aún no han conseguido un acuerdo definitivo para que el Estado reconozca a esas policías indígenas, y además las capacite, equipe, y les otorgue un salario.

Aun así, más allá de si se logra un acuerdo o no, Alberto hace hincapié en que el proceso de autogobierno y de Guardia Indígena ya es imparable.  

“Pase lo que pase, esto va a continuar -insiste-. Porque si no fuera por la organización de las comunidades, los bosques, la mariposa monarca, y muchos de nosotros, ya estaríamos muertos”.

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Rusia y Ucrania: cómo la guerra puede agravar la crisis demográfica rusa

Rusia ha lidiado con bajas tasas de natalidad desde el colapso soviético. Ahora los expertos dicen que la guerra de Ucrania está dejando al gobierno ruso sin opciones para mitigar la crisis demográfica.
20 de abril, 2022
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Después de que estalló la guerra en Ucrania en febrero, Stanislav hizo las maletas y salió volando de Rusia con su familia.

Dejaron atrás a sus padres ya mayores, una casa con todos sus muebles, libros, ropa y juguetes de niños, cuentas bancarias con la mayor parte de sus ahorros y hasta una casa de campo.

Como una pareja con altos niveles de estudios que había ocupado altos cargos, dicen que se fueron de Rusia sin intención de regresar.

“No quiero ser parte de esta guerra y no quiero estar en un país que mata a gente inocente”, dice Stanislav, quien accede a ser identificado solo por su nombre de pila, mientras habla con la BBC a través de una videollamada desde Israel.

Teme que la represión política en Rusia, que dice ha aumentado en la última década bajo el gobierno de Vladimir Putin, esté a punto de empeorar.

“Imagina que vives en una habitación y cada día las paredes y el techo se vuelven un milímetro más pequeños”, dice.

“Después de un año se vuelve más notorio, pero crees que estás bien. En cinco años, se reduce un metro. En 10 años es el final para ti”.

Éxodo de profesionales

Desde el comienzo de la guerra, decenas de miles de rusos con altos niveles educativos y altamente calificados como Stanislav y su esposa han abandonado el país, según estimaciones del sector empresarial.

Gente frente a una casa de cambio en Moscú

Getty Images
Tras la invasión de Ucrania el 24 de febrero, Rusia fue objeto de sanciones económicas por parte de Occidente.

Algunos temían ser reclutados por las fuerzas armadas, pero otros optaron por emigrar debido a su postura política o al deterioro económico que se espera que venga.

Se dice que en el gobierno ruso están particularmente preocupados por las personas que salen del país del sector tecnológico, que tienen habilidades transferibles y podrían representar una valiosa contribución a la economía.

Serguéi Plugotarenko, director de la Asociación Rusa de Comunicaciones Electrónicas, dijo frente a un comité parlamentario en marzo que entre 50.000 y 70.000 trabajadores de la industria tecnológica ya abandonaron el país desde el comienzo de la guerra.

Otros 100.000 podrían irse a fines de abril, agregó.

Crisis demográfica

Aunque algunos han comparado este flujo con una “fuga de cerebros”, los demógrafos dicen que solo representa una pequeña fracción de la población rusa.

Sin embargo, coincidieron en que el éxodo agrega presión a los desafíos de población históricos de Rusia, especialmente combinados con uno de los mayores números de muertes del mundo debido a la covid-19.

“Hubo una gran crisis a mediados de la década de 1990, conocida como la crisis de la mortalidad soviética, que tuvo un gran número de muertos en la población debido al alcoholismo, altas tasas de suicidio, todo envuelto en una crisis económica masiva”, le dice a la BBC Federica Cocco, una periodista del Financial Times que escribió un artículo reciente sobre el tema.

“Rusia todavía está sufriendo las consecuencias de eso porque, debido al enorme número de muertos, ahora hay menos hombres y mujeres jóvenes de entre 20 y 30 años en Rusia.

“Además, muchos están siendo reclutados, especialmente hombres jóvenes, y muchos se están yendo para evitar la crisis económica”, explica.

No hay duda de que es la población de Ucrania la que soportará la carga más pesada de la invasión rusa. Miles de personas han sido asesinadas, incluidos cientos de niños, según Naciones Unidas.

El 12 de abril, el alcalde de Mariúpol, que ha estado sitiada durante semanas, dijo que hasta 20.000 civiles podrían haber muerto ya a causa de los ataques y la falta de acceso a alimentos y artículos de primera necesidad debido al conflicto.

Pero los demógrafos predicen que el deterioro económico posterior al conflicto también puede afectar a la población de Rusia.

Caída en las tasas de fertilidad

Fertilidad en Rusia. Nacimientos por mujer, 1960-2020. .

Las tasas de fertilidad tienden a caer cuando la economía de un país empeora y aumentan cuando mejora.

Esta regla se ha aplicado en Rusia en los últimos 30 años, le dice a la BBC Leslie Root, becaria postdoctoral en la Universidad de Colorado-Boulder quien ha investigado Rusia y Asia Central.

Root dice que las tasas de natalidad eran muy bajas en la década de 1990 después del colapso soviético, pero aumentaron nuevamente cuando la economía se fortaleció, aproximadamente desde 2005.

En 2015, la tasa de fertilidad de Rusia era alta en comparación con los países europeos, con casi 1,8 hijos por madre.

Pero cayó en los años siguientes en respuesta a las sanciones y la contracción económica después de que Rusia anexó Crimea en 2014.

Población de Rusia, 1960-2020. . .

La anexión de la península ucraniana agregó nuevos residentes a Rusia y eso podría volver a suceder si cientos de miles de personas de la región ucraniana de Donbás obtienen la ciudadanía rusa.

Sin embargo, Root dice que eso no necesariamente altera la tasa de fertilidad.

“La lección principal es el vínculo claro en la dirección de las luchas económicas que causan la reducción demográfica, y no al revés”.

“El deterioro económico daña la salud de la población en general y crea un exceso de morbilidad y mortalidad, por lo que tienes una población que no solo es más pequeña, sino que también está más enferma”, agrega.

Menos gente llegando a Rusia

Gente en un puente cerca del Kremlin

AFP
Muchas personas se mudan a Rusia por trabajo, pero algunos expertos predicen que este flujo migratorio puede ralentizarse.

Root cree que el deterioro económico conducirá a un flujo más lento de migrantes que lleguen a Rusia desde Asia Central y el sur del Cáucaso por trabajo.

“Estos flujos migratorios son una parte importante del crecimiento de la población y la economía de Rusia, y una parte aún más importante de las economías de los países de origen. Este colapso tendrá consecuencias devastadoras entre los grupos que ya son pobres y marginados”, sostiene.

Los problemas asociados con la recesión económica a más largo plazo incluyen un mayor desempleo, condiciones desfavorables para los jóvenes que ingresan a la fuerza laboral, una creciente desigualdad, niveles de vida más bajos y una menor recaudación de impuestos, junto con mayores costos de atención médica y bienestar.

Aunque reconoce que la gravedad del impacto dependerá de lo que suceda con la guerra.

“Período difícil”

Un sanitario en un hospital de Moscú

Getty Images
La covid-19 ha causado al menos 360.000 muertes en Rusia.

La baja tasa de natalidad de Rusia ha sido una preocupación para el gobierno durante años.

Hablando de un “período demográfico muy difícil”, el presidente Putin abrió la financiación estatal para las nuevas madres en enero de 2020; anteriormente, el gobierno solo pagaba por un segundo hijo.

Se anunciaron nuevas exenciones fiscales para las familias y se ampliaron las medidas de bienestar infantil, como comidas escolares gratuitas y beneficios relacionados con los ingresos.

Pero Ilya Kashnitsky, profesor asistente en el Centro Interdisciplinario sobre Dinámica de la Población, en la Universidad del Sur de Dinamarca, piensa que “siendo realistas, no hay opciones políticas ahora para revertir la crisis de despoblación”.

“Podemos amortiguar en gran medida el golpe, pero todo lo que está sucediendo ahora va en la dirección equivocada”, le dice a la BBC.

Además de eso, la covid-19 mató al menos a 360.000 personas en Rusia, pero el exceso de muertes en el país se estima en un millón.

Kashnitsky cree que la población de Rusia se verá afectada a corto plazo por una mayor tasa de mortalidad, aislamiento económico, emigración y una caída en la calidad de vida, lo que a largo plazo contribuirá a una mayor reducción de las tasas de fertilidad.

Root dice que las políticas para alentar a las personas a tener hijos generalmente tienen resultados mixtos porque “es realmente difícil cambiar las tasas de natalidad en una sociedad donde las preferencias de fertilidad son bajas”.

También es preocupante que en Rusia la estrategia “pronatalista” a menudo se combine con límites cada vez mayores a los derechos reproductivos y el aborto, considera.

Root reconoce que el envejecimiento y la disminución de la población no son exclusivos de Rusia y que en la mayoría de los países desarrollados esto se ve como el resultado de “procesos positivos, como el aumento de la educación, la igualdad de género y que las personas tengan la libertad de elegir el tamaño de su familia”.

“Entonces, la tragedia aquí no es que la población de Rusia se esté reduciendo, sino cómo y por qué se está reduciendo, y qué significa para las vidas de las personas que quedan”.

¿Y qué piensa la gente que se fue?

“Personalmente, creo que las sanciones deberían ir más allá”, dice Stanislav, a pesar del impacto que tendría sobre él por ser ruso.

“Estoy dispuesto a perderlo todo, todos mis ahorros, mi departamento y mi casa de campo, si eso significa que el régimen actual colapse”.


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