José murió protegiendo un ducto de Pemex; a 6 meses no hay detenidos
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José Guadalupe murió con tres compañeros protegiendo un ducto de Pemex; a 6 meses no hay detenidos

La carpeta de investigación tiene incluida la grabación de los hechos, pero solo llega hasta un minuto antes del ataque. Cerca de 300 casquillos impactaron en el vehículo de Pemex y sus ocupantes.
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José Guadalupe Pacheco Malagón, exmilitar de 49 años, fue asesinado el pasado 13 de agosto cerca de Cazadero, municipio de San Juan del Río, Querétaro, junto a otros tres compañeros. Lideraba un equipo de seguridad de Petróleos Mexicanos (Pemex) en el que participaban también Eugenio Cruz Mora, Oscar Valentín Gómez Reyes y Leopoldo Felipe Guerrero López. A las 22.46 de la noche circulaban en una camioneta vigilando un ducto cuando fueron emboscados por un grupo armado. Recibieron casi 300 impactos de bala, aunque en la zona se encontraron más de 450 casquillos, ya que los guardias de seguridad también se defendieron. Han transcurrido seis meses y no hay detenidos ni una sola línea de investigación sobre quiénes pudieron ser los responsables.

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Este no es el único ataque sufrido por personal de Pemex. A lo largo de 2020 se registraron 81 agresiones, según datos obtenidos por Animal Político a través de solicitud de acceso a la información. Esto hace una media de un ataque cada cuatro días. Tabasco fue el estado que concentró más agresiones, un total de 22, seguido de Hidalgo (11), Puebla (8) y Tamaulipas (8). Querétaro se encuentra en el medio de la lista, con 7 ataques registrados. Sin embargo, la emboscada que mató a Pacheco Malagón y sus compañeros fue el atentado más mortífero de todos.

El combate al robo combustible fue una de las primeras apuestas estratégicas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que asegura haber logrado una fuerte disminución de este delito.

“Para mí lo más extraño es que no hay una línea de investigación. No hay un grupo señalado. Se me hace muy ilógico, a estas alturas tendríamos que saber quién ordeno el ataque”, dice Elena Pacheco Malagón, hermana de la víctima. Ella es la que está llevando el peso de sacar adelante la denuncia. Desde ocurrieron los hechos, la mujer presiona para que la Fiscalía General de la República (FGR) y Pemex aclaren lo sucedido. Dice que no quiere saber nada de indemnizaciones, que no es lo que le preocupa. Que su único objetivo es conocer la verdad sobre el asesinato de su hermano.

“Pareciera que no lo quieran investigar. Y yo me siento nadando a contracorriente”, explica.

Cuenta Pacheco Malagón que su hermano, que estaba casado y tenía dos hijos, entró en el Heroico Colegio Militar cuando tenía 17 años y que pasó la mayor parte de su vida vinculado al ejército, hasta que lo abandonó con rango de capitán. Incluso participó en operativos contra el crimen organizado en Ciudad Juárez, Chihuahua, en la década de los 90 del siglo pasado, antes de que Felipe Calderón declarase la llamada “guerra al narcotráfico”. Al final colgó el uniforme, pero tenía necesidades económicas. Así que, como muchos compañeros de armas, dedicó los últimos ocho años a trabajar en Pemex, haciéndose cargo de la seguridad de diversas infraestructuras. Pasó por Zacatecas, Tabasco y Veracruz hasta que lo destinaron a Querétaro, más cerca de su ciudad natal Corregidora. Allí se encontraba como líder de un grupo de vigilancia hasta el fatídico 13 de agosto, cuando fue emboscado.

Aquella noche los agentes de seguridad venían de buen humor, bromeando entre ellos, según viene registrado en la transcripción de sus conversaciones incluida en la carpeta de investigación FED/QRO/SJR/0001735/2020. Cuenta Pacheco Malagón, que es la única que ha podido leerla, que incluso alguien hacía una referencia a qué harían si les atacaban, ya que se habían registrado agresiones en esa zona.

A las 22:46 horas ese presagio se cumplió. Los disparon llegaron desde cuatro flancos y apenas les dio tiempo a reaccionar. Es decir, que fue un ataque bien coordinado. Durante varios minutos, dice Pacheco Malagón, hubo disparos. Y, lo que sorprende a la hermana de la víctima, nadie apareció para socorrer a los empleados de Pemex. Es cierto que todos ellos estaban armados y tenían formación militar, pero no bastó para repeler el ataque: cuando llegaron los agentes de la Guardia Nacional y de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) los cuatro estaban muertos y les habían arrebatado sus armas.

A partir de aquí se abre un espacio oscuro sin detenidos y sin pistas que seguir. No se localizaron los vehículos que transportaban a los atacantes ni tampoco se encontró a sus ocupantes. No se giraron órdenes de aprensión ni se señaló a grupo alguno. Sabemos que esta es una zona huachicolera porque hasta Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, reconoció en febrero que esta práctica se había generalizado en el área. Lo que no se ha hecho público es qué grupos pueden operar en el sector y cuál es su estructura o quiénes pueden ser sus líderes. Para Pacheco Malagón estas podrían ser las personas que estén detrás del asesinato de su hermano y sus compañeros.

Desde que tuvo lugar el ataque la mujer ha sufrido una larga travesía de despacho en despacho. En la FGR abrieron una carpeta de investigación, pero no hay avances. Incluso cambiaron hasta en cuatro ocasiones de fiscal a cargo, para regresar a la funcionaria que tomó el caso por primera vez. Además, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) también ofrece asesoramiento, hasta el momento sin muchos resultados.

Dice Pacheco Malagón que sería clave obtener los videos que debían haberse grabado desde la camioneta en la que viajaba su hermano. Sin embargo, estas solo alcanzan hasta las 22:45, un minuto antes de que, supuestamente, se iniciase el ataque. “La tarjeta no está dañada así que esa información debería estar”, se queja. En la carpeta únicamente están impresas las fotografías de los agentes y la transcripción de su plática, aquella en la que bromean sobre la posibilidad de que les disparen.

La hermana de la víctima insiste en reclamar el video y recuerda que en investigaciones como la que dio lugar a la recomendación 2020 37VG de la Comisión Nacional para los Derechos Humanos (CNDH) sobre el asesinato de varias personas en Puebla se recoge que los vehículos de Pemex van equipados con dispositivo de grabación. En este caso, sin embargo, el video desaparece misteriosamente justo antes de iniciarse la balacera.

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Hasta el momento la única prueba pericial que se realizó con éxito fue la prueba de pólvora practicada a su José Guadalupe. Esta determinó que disparó con ambas manos antes de que 19 impactos de bala lo matasen. “Muestra qué desesperación tuvo que sentir”, dice su hermana.

Se queja la mujer de que Pemex tampoco está facilitando la investigación. Que la FGR pidió, por ejemplo, el expediente de su hermano y que la empresa petrolera se negó a entregarlo. Animal Político pidió un comentario a la petrolera, pero al cierre de la edición no había recibido respuesta. 

Pacheco Malagón, siguiendo su investigación, solicitó a través de transparencia detalles sobre aquella noche tanto a Pemex como a la FGR. Ambas instituciones clasificaron la información alegando que se trata de una investigación en curso. Al menos, la semana pasada pudo ver la carpeta de investigación y constató que los avances eran exiguos.

El ataque genera sospechas en la hermana del militar. Dice que alguien tuvo que avisar del recorrido que haría el vehículo de vigilancia, que el atentado estuvo demasiado bien preparado. “¿Cómo un grupo criminal puede moverse a una zona estratégica y ponerse en cuatro flacos si no sabían por dónde iban a pasar?”, se pregunta. Además, se queja de que a día de hoy no haya una sola línea de investigación. Dice que Cazadero, la zona en la que se registró el asesinato, es un pequeño poblado de apenas mil 500 habitantes y alguien debe saber qué ocurrió. Aunque entiende el miedo, debido al control de los grupos dedicados al huachicol. Ella misma ha recibido presiones y amenazas. Por un lado, quienes le recomiendan que deje de buscar culpables porque podría ponerse ella misma en peligro. Por otro, las voces oficiales que le dicen que seguir con la investigación podría perjudicar a sus familiares ya que les podría dificultar el acceso a las indemnizaciones a cargo de Pemex.

A pesar de las dificultades, dice Pacheco Malagón que no va a dejar de exigir justicia para su hermano. “No fue un enfrentamiento, lo emboscaron”, afirma. Y está dispuesta a que el crimen no quede impune.

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El polémico caso de Melissa Lucio, la primera latina que podría ser ejecutada en Texas por la muerte de su hija de dos años

Una nueva revisión de la evidencia podría evitar la ejecución, programada para el 27 de abril.
2 de abril, 2022
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Este 27 de abril, Melissa Lucio podría convertirse en la primera mujer latina en ser ejecutada en el estado de Texas.

En 2008, fue encontrada culpable por un jurado del condado de Cameron del asesinato de su hija de dos años, Mariah Elizabeth Álvarez.

En su momento, el jurado determinó que Melissa había “golpeado y torturado” a su hija hasta la muerte.

Sin embargo, ahora, después de que la mexicana-estadounidense haya pasado 14 años en la cárcel, sus abogados sostienen que una nueva revisión del material probatorio del caso demuestra que Melissa es inocente y que fue presionada para entregar una confesión bajo presión.

Para lograr que la ejecución se suspenda o, por lo menos, se aplace por 120 días más, la defensa de Melissa presentó una solicitud de clemencia ante la junta de perdones y fianzas de Texas.

La solicitud, que cuenta con el apoyo de más de 80 legisladores estatales tanto demócratas como republicanos y de cuatro de los miembros del jurado que sentenció a la mujer en su momento, deberá ser aprobada por la junta de perdones y por el gobernador Greg Abbott.

Los miembros del jurado que firmaron la solicitud de clemencia argumentaron que tenían “serias preocupaciones” de que se les hubiera ocultado información durante el juicio inicial, y aseguraron apoyar una reducción de los cargos.

Una vida “en la pobreza extrema”

Melissa Lucio con dos de sus hijos

Familia Lucio

“Éramos una gran familia y estábamos muy unidos”, le contó a BBC Mundo John Lucio, el hijo mayor de Melissa.

“Desde que ocurrió este accidente ha habido una gran división entre todos nosotros. Simplemente no ha sido lo mismo en estos últimos 15 años”.

En 2007, Melissa llevaba una vida difícil en el condado de Cameron, en Texas, con su esposo de entonces, Robert Antonio Álvarez, y sus 12 hijos.

En conversación con BBC Mundo, Sandra Babcock, una de las abogadas defensoras de Melissa, describió la situación de la familia como de “pobreza extrema”.

“Les cortaban la electricidad, se mudaron unas 26 veces en un periodo de cinco años. Incluso, durante un tiempo, el único acceso que tenían al agua era a través de la manguera de sus vecinos o la de la iglesia,” cuenta Babcock.

“Vivían en un tipo de pobreza que normalmente no se relaciona con personas viviendo en EU”.

“Un accidente”

Melissa Lucio

Familia Lucio

Según las declaraciones de Melissa a la policía, durante una de esas mudanzas, el 15 de febrero de 2007, la niña Mariah se quedó sin supervisión adulta mientras sus padres estaban ocupados.

En ese entonces, la familia vivía en un pequeño apartamento de dos habitaciones en el segundo piso de un edificio localizado en la ciudad de Harlingen.

Melissa explicó durante el interrogatorio que, cuando se dio cuenta que Mariah no estaba en el apartamento, salió a buscarla y la encontró llorando al pie de las escaleras, con algo de sangre en los dientes de abajo.

Sin embargo, al no encontrar otras heridas, Melissa continuó con las tareas del día.

Dos días después, el 17 de febrero, hacia las 7 de la tarde, el papá de la niña llamó al servicio de emergencias 911 porque Mariah no estaba respirando.

La pequeña de dos años se había quedado dormida en la cama de sus papás y nunca volvería a despertar.

El juicio contra Melissa

John Lucio en una manifestación a favor de la liberación de su madre.

John Lucio
John, el hijo mayor de Melissa, está actualmente dedicado a la defensa de su madre.

“Lo que vimos en el momento de su juicio es que hubo un afán de juzgar. Los fiscales y la policía asumieron que Melissa era culpable basándose en su presunción de cómo se ve una madre en duelo”, explicó la profesora Babcock.

“No se reconoció que Melissa estaba experimentando síntomas de su desorden traumático debido a que toda su vida fue víctima de abuso sexual infantil y violencia por parte de sus parejas”.

Momentos después de enterarse de la muerte de su hija, Melissa fue interrogada por cinco agentes de policía durante más de cinco horas, sin permitirle comer, beber o dormir: “La fastidiaron y la regañaron y le gritaron hasta que finalmente accedió a sus demandas y a la insistencia de que era culpable de hacerle daño a su hija”.

“Debió haber una investigación libre, exhaustiva, y eso no fue lo que pasó”, dijo la abogada.

A pesar de la presión de los agentes, durante el interrogatorio Melissa negó en más de 80 ocasiones distintas haber asesinado a su hija. El caso de los fiscales se basó en la confesión de la mujer tras el duro interrogatorio, en el testimonio de uno de los agentes, quien dijo que estaba “seguro” de que era culpable, y en las heridas que tenía el cuerpo de Mariah a la hora de su defunción.

Lo que es distinto hoy, cuenta la abogada, es que por primera vez desde que Melissa fue sentenciada, hubo una revisión científica de la evidencia: “Lo que hemos encontrado es que no hay fundamentos científicos para su condena”.

La revisión de la evidencia

Volante a favor de la liberación de Melissa Lucio.

freemelissalucio.org
El caso de Melissa Lucio fue objeto del documental de 2020 ‘El estado de Texas vs. Melissa’.

Lo que ha hecho la defensa de Melissa durante el proceso de apelación ha sido someter la evidencia del caso, que según argumenta Babcock no fue tenida en cuenta durante el juicio inicial, a una nueva revisión por parte de un grupo interdisciplinario de reconocidos expertos.

Y durante ese análisis, los expertos llegaron a conclusiones que dan una nueva lectura a los hechos.

Por ejemplo, para el reconocido patólogo forense Thomas Young, las heridas que presentaba el cuerpo de Mariah eran consistentes con una caída como la que Melissa le describió a los agentes de policía en su momento, debido a que la niña padecía de un raro trastorno de coagulación.

En la petición de clemencia, la defensa de Melissa también criticó fuertemente la metodología utilizada por la especialista forense Norma Jean Farley, quien durante el juicio testificó que la única causa posible del fallecimiento de Mariah era el abuso.

“La doctora Farley falló al no considerar la historia médica previa de Mariah, la cual incluía dificultad para caminar y caídas documentadas (causadas por un trastorno), al igual que una herida traumática cerebral anterior; información sobre el comportamiento de Mariah días antes de morir, incluyendo exceso de sueño y una pérdida de apetito, los cuales eran consistentes con trauma a la cabeza luego de una caída accidental”, argumentó la defensa en la solicitud.

Según el documento, la doctora Farley también falló al no tener en cuenta el trastorno de coagulación de Mariah durante sus testimonios.

BBC Mundo intentó comunicarse con la oficina de la doctora Farley sin éxito.

Según la defensa de Melissa, durante el juicio tampoco se llamó a testificar al psicólogo clínico John Pinkerman, quien revisó los videos de más de cinco horas del interrogatorio de la mujer y concluyó en ese momento que las características psicológicas de Melissa la hacían proclive a aceptar la culpa debido al estrés de la situación.

Y para Pinkerman, cuando Melissa admitió a los investigadores “ser responsable” a escasas horas de la muerte de su hija, parecía estar asumiendo responsabilidad por “la configuración entera del abuso y la negligencia médica por parte de la familia”, mas no por haber golpeado a su hija hasta la muerte.

Lo que salió mal

John Lucio

John Lucio

Babcock le dijo a BBC Mundo que el juicio de Melissa había tenido una infinidad de errores que se pudieron evitar.

“Melissa tenía un abogado nombrado por la corte porque ella no podía pagar su propia defensa y su abogado no estaba preparado”, aseguró la abogada.

“El jurado nunca vio la evidencia exculpatoria, en parte porque el abogado nunca sometió el caso de la fiscalía a una examinación profunda, y porque los fiscales mismos fueron perezosos y corruptos”.

La acusación de corrupción, argumentó la abogada, se refiere al hecho de que el fiscal encargado de la investigación fue sentenciado a 13 años de prisión por su responsabilidad en un esquema de sobornos en el sistema judicial de Texas. Sin embargo, esa condena no estuvo relacionada con el caso de Melissa.

“Yo creo que una de las razones por las cuales tantas personas están ofendidas es porque empiezas a pelar las capas y te das cuenta que es un caso de incompetencia de la defensa, es un caso de fiscales corruptos, es un caso de injusticias”, aseguró Babcock.

La desintegración de su familia

Melissa Lucio con su hijo John

John Lucio

En el momento del arresto de su madre, John tenía 17 años.

“Cuando todo esto ocurrió nuestra familia se dividió. Una prima de mi madre recibió la custodia de mis hermanos pequeños, algo que fue bueno porque cuando se graduaron del colegio, les fue muy bien en San Antonio, Texas”, cuenta John.

“Los grandes, que estábamos cerca a la mayoría de edad, fuimos los que perdimos. Ser el hijo mayor fue muy difícil, no solo por la responsabilidad sino porque quisiera volver a ver a nuestra familia junta”.

A sus 32 años de edad, John cuenta que lleva algo más de un año fuera de prisión, y que durante un tiempo, intentó organizar su vida: regresó a la escuela, empezó a correr maratones y triatlones.

“Pero cuando el 16 de enero recibí la fecha de la ejecución de mi madre, todo empezó a salir mal para mí. Todo se convirtió en ‘¿qué puedo hacer por mi madre?'”.

“Fue muy duro. No me podía concentrar. No he estado corriendo, no he estado entrenando, no he estado cumpliendo ninguno de los objetivos que tenía para este año. Y para volver a la escuela, voy a tener que ver cómo terminan las cosas con mi madre”.

John ha organizado varios plantones buscando que su madre sea liberada y dice que continuará luchando hasta el último momento.

“Yo no estoy aquí para estar gritando. Yo solo estoy aquí para hacer lo que pueda por mi madre. No quisiera tener que hacerlo, enfrentarme a esto, pero esto no solo me ha afectado a mí, sino a mis hermanos también”.


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