Médicos privados crean registro para obtener vacuna, ante falta de censo
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Médicos particulares crean registro para obtener vacuna contra COVID, ante falta de censo de Salud

La Secretaría de Salud ha señalado que no tiene listas completas y precisas del personal de salud que trabaja fuera de instituciones públicas y todavía falta por vacunarse. Desde el gobierno no se ha impulsado un censo así, ante este hueco es que surge esta iniciativa.
Cuartoscuro
18 de marzo, 2021
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Ante la falta de un censo desarrollado por las autoridades para conocer el número de integrantes del personal de salud que aún falta por vacunarse contra COVID-19, principalmente los que no trabajan en instituciones públicas, el médico David Berrones lanzó una iniciativa, a través de redes sociales, para recabar esa información. En una semana se han registrado más de 22 mil médicos y odontólogos que están sin recibir la inmunización. 

Entre los que ya se registraron está un especialista en medicina interna que tiene su consultorio en Tlalnepantla, Estado de México, y es mayor de 60 años. Desde que inició la pandemia hasta ahora, ha atendido más de 50 casos de COVID. 

“Las autoridades de salud no están considerando que la mayoría de las veces cuando una persona llega al hospital ya acudió antes con un médico privado o de los consultorios adyacentes a las farmacias, quienes estamos en mucho riesgo, porque no tenemos las mismas medidas de seguridad que se tienen en los hospitales y sí estamos en contacto con pacientes contagiados”, dice el internista. 

Leer más: Listas desactualizadas o infladas impiden ampliar vacunación COVID en hospitales privados, dice Salud

El registro se está realizando a través de la cuenta de twitter @VacunasMedicosMX, en donde está el link para ingresar a un formulario en google docs, en el que se pide: nombre, edad, cédula profesional, correo electrónico, entidad y especialidad. 

Berrones señala que está consciente que su iniciativa se va a quedar corta. Habrá muchos que les dé desconfianza registrarse y no lo hagan. Además, por ahora solo está dirigida a médicos y dentistas. Quedarán fuera muchas categorías de trabajadores de la salud que atienden pacientes, de una u otra forma, y están en riesgo de contagiarse. 

“Se cree que por cada médico hay cuatro integrantes más de personal de salud. Con los que ya llevamos registrados, puede que el total de personas sin vacuna sea de 100 mil, pero en realidad deben ser más de medio millón, entre psicólogos, nutriólogos, biomédicos, personal de intendencia, camilleros, enfermeros”, dice Berrones. 

Pero por ahora el censo acotado a médicos y dentistas es todo lo que puede hacer. Lo adecuado, dice, es que fueran las autoridades de salud quienes hicieran este censo. Lo podrían hacer con una plataforma igual a la que usan para el registro de las personas mayores de 60 años, la de mivacuna.salud.gob.mx

Este tipo de iniciativa no se ha hecho, pese a que las autoridades de salud han asegurado en varias ocasiones que uno de los impedimentos para vacunar al personal de salud que no está en el sector público es la falta de un censo. 

La última ocasión fue este martes 16 de marzo, durante la conferencia de prensa vespertina sobre COVID-19, en la que el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, señaló que: “ha sido complejo en el sector privado tener listas claras, depuradas, actualizadas, y desde luego esto es un reto. Ayer me preguntaban qué se puede hacer. Seguimos pidiendo la colaboración, más que la protesta, la colaboración de quién pueda integrar listas claras, definidas, que nos permitan saber la equivalencia de la exposición al riesgo COVID en el sector privado, con la misma claridad que lo tenemos en el sector público”. 

Pero esa equivalencia al riesgo es lo que también está causando confusión. En México, la Secretaría de Salud decidió que se vacunaría primero al personal de primera línea de hospitales COVID. La explicación para decidir esto fue que eran quienes estaban en mayor riesgo. 

El foco se centró solo en las instituciones de salud públicas y se dejó de lado a las privadas, bajo el mismo argumento, el de que no había un censo de personal de primera línea en hospitales particulares y este se estaba integrando, a través del Consorcio Mexicano de Hospitales y la Asociación Nacional de Hospitales Privados. 

Hasta que se concluyó ese censo de personal de salud de primera línea en hospitales particulares, se inició la vacunación COVID, que, por cierto, tal como en el caso del personal de salud de primera línea en instituciones públicas, todavía no ha concluido. 

La Secretaría de Salud reportó que hasta este 17 de marzo se le ha aplicado la primera dosis de la vacuna COVID a 832 mil 599 integrantes del personal de salud de primera línea. Mientras que 592 mil 519 ya tienen la segunda dosis. Esto representa un avance de 71%. 

Aunque nunca se ha hecho la precisión, esto parece referirse solo a quienes laboran en instituciones públicas, puesto que en el caso del Consorcio Mexicano de Hospitales, que agrupa a 41 centros hospitalarios, apenas se ha vacunado a 3.5% de su personal de salud de primera línea, principalmente de la Ciudad de México.

Cuando este medio preguntó, durante la conferencia del martes 16 de marzo, a López Gatell por qué no se ha terminado de vacunar al personal de salud antes de avanzar con la población mayor de 60 años, pese a que esto fue una recomendación del Grupo Técnico Asesor en Vacunación, que conformó la propia Secretaría de Salud, el funcionario se centró en decir que este grupo no hace la política de inmunización y solo son eso, asesores, pero no respondió el cuestionamiento.  

División riesgosa

Asociaciones destacadas han solicitado a las autoridades vacunar a todo el personal de salud, no solo a los que están en primera línea, por el riesgo que representa estar en contacto con pacientes, cuando muchos son asintomáticos. 

Entre esas asociaciones está la Academia Nacional de Medicina de México que solicitó nuevamente, este 12 de marzo (ya lo había hecho antes en enero), al gobierno, a través de una carta dirigida al secretario de Salud, Jorge Alcocer, considerar a todos los médicos, tanto del sector público como privado, para la vacunación contra COVID-19.

“La Academia Nacional de Medicina de México considera que la estrategia para vacunar a las y los doctores que atienden en primera línea a los pacientes infectados por COVID19 es correcta, No obstante, el resto del personal de salud, médicas y médicos generales y de todas las especialidades, que trabajan en instituciones públicas, privadas y consultorios médicos, también está expuesta a contagiarse de la enfermedad”, señala la misiva. 

Esto, agrega, porque “un gran porcentaje de pacientes que acuden a consulta por cualquier otra patología diferente al COVID-19 pueden estar contagiados estando asintomáticos y transmitir la enfermedad. La conservación de la salud de quienes contribuyen al bienestar de la población es prioritaria”. 

El médico internista de Tlalnepantla, que pide omitir su nombre, dice que él ha enviado también cartas a la Secretaría de Salud y a su jurisdicción sanitaria en Tlalnepantla, pero sin ningún resultado. Como a veces envía pacientes a valorarse o tratarse en un hospital privado de Satélite, en Naucalpan, Estado de México, preguntó si podían incluirlo en las listas de vacunación, le dijeron que no, que solo incluirían a su personal fijo de médicos. 

Para protegerse está por su cuenta, así que si detecta en consulta a un caso sospechoso de COVID-19, lo envía a hacerse la prueba y el seguimiento lo hace de manera virtual, por teléfono o videollamada para atender a sus pacientes y resguardarse. 

El médico ya se registró en el censo del médico Berrones, y en el de la Asociación Nacional de Farmacias (Anafarmex) que primero lo abrió solo para quienes atendieran en consultorios adyacentes a estos establecimientos y después, ante la insistencia de varios galenos, a médicos con consultorios privados. Lo último que le dijeron es que debía esperar 30 días hábiles. “Contando Semana Santa eso sería a mediados de mayo”, dice el internista. 

Sin embargo, en la conferencia de prensa del 16 de marzo, López Gatell señaló que “consultorios vinculados a establecimientos de farmacias nos presentaron algunas listas de solicitud de vacunación y en las primeras exploraciones encontramos listas que estaban desactualizadas o incluso infladas con personal en el que no se podía verificar que estaba atendiendo COVID”. 

En cuanto al censo iniciado por Berrones dice que no sabe si lo podrá entregar a las autoridades de salud. Para empezar no sabe a quién dirigirlo. No hay un responsable visible de la estrategia de vacunación a este personal. 

“La iniciativa nació como una necesidad ante un problema, y ante un problema hay que medir. No se puede exigir la vacuna si no sabe cuánta gente falta todavía de vacunarse. La intención fue esa, cuantificar, pero ojalá se tomará en cuenta. Si hay alguna respuesta de las autoridades, yo mandaría un mail a quienes están registrados para solicitarles permiso de entregar los datos a la Secretaría de Salud y se entregarían”. 

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Cubrebocas: desde la peste negra hasta la pandemia, su evolución en 500 años de historia

Usar mascarilla se ha convertido en la “nueva normalidad”. Pero aunque el uso del cubrebocas ahora puede ser normal, no es nuevo.
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17 de mayo, 2021
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Una vez estuvieron limitadas a ladrones de bancos, excéntricas estrellas del pop y turistas japoneses conscientes de la salud. Pero ahora el uso de mascarillas faciales en público es tan común que se le ha apodado “la nueva normalidad”.

Puede que sea normal, pero no es nuevo.

Desde la peste negra hasta el esmog sofocante, la contaminación del tráfico y la amenaza de ataques con gas, los londinenses han usado tapabocas durante los últimos 500 años.

Aunque las mascarillas más antiguas se utilizaron para disfrazarse, ponerse una mascarilla protectora se remonta al menos al siglo VI a.C.

En las puertas de las tumbas persas se encontraron imágenes de personas con telas sobre la boca.

Según Marco Polo, los sirvientes de la China del siglo XIII se cubrían la cara con bufandas tejidas. La idea era que el emperador no quería que su aliento afectara el olor y sabor de su comida.

Esmog

esmog en Londres en 1952

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Parece un crucero en el océano pero estas son chimeneas de fábricas lanzando una densa niebla de esmog en Londres en 1952.

La Revolución Industrial del siglo XVIII ayudó a crear el famoso esmog de Londres, que se intensificó a medida que más y más fábricas arrojaban humo y los hogares mantenían encendidos sus fuegos de carbón.

Muchos inviernos vieron gruesos mantos de esmog amarillo grisáceo cubriendo la capital.

El peor episodio fue en 1952, cuando entre el 5 y el 9 de diciembre al menos 4.000 personas murieron inmediatamente después, y se estima que otras 8.000 murieron en las siguientes semanas y meses.

Otras 1.000 personas murieron a causa del esmog en diciembre de 1957, y otro episodio en 1962 provocó 750 muertes.

El esmog era tan denso que los trenes no podían circular,e incluso hubo informes de ganado que murió asfixiado mientras permanecían en los campos.

mujer en 1953

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Una mujer con tapabocas y perlas en los 1950.

En la década de 1930, las mascarillas “anti-esmog” se volvieron tan de rigor en la cara como los sombreros de fieltro en la cabeza.

Las Leyes de Aire Limpio de 1956 y 1968 prohibieron la emisión de humo oscuro de una chimenea, establecieron límites para las emisiones de grava y polvo de los hornos y proporcionaron un marco para el control de la altura y la posición de las chimeneas.

La contaminación del aire, aunque ya no forma una niebla densa y peligrosa, sigue siendo un problema.

La plaga

peste negra

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Médicos durante la peste negra antes de que fueran introducidas las máscaras de “picos de aves”.

Fue la Peste Negra, la plaga que azotó Europa por primera vez en el siglo XIV, matando al menos a 25 millones de personas entre 1347 y 1351, lo que presagió el advenimiento de la mascarilla médica.

Algunos creían que la enfermedad se propagaba a través del aire envenenado o “miasma”, creando un desequilibrio en los fluidos corporales de una persona.

Intentaban evitar que el aire fétido les llegara cubriéndose la cara o llevando ramilletes de olor dulce.

El símbolo de la plaga, esa siniestra imagen de individuo con máscara de pájaro que parecía la Sombra de la Muerte surgió en los últimos estertores del brote final, a mediados del siglo XVII.

médico con máscara en la peste negra

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La máscara que se usó durante la peste negra se llenaba con hierbas aromáticas para contrarrestar los miasmas.

Los perfumes y las especias todavía se usaban: el “pico” se originó como un lugar para colocar hierbas y aromáticos con el fin de contrarrestar el llamado miasma.

La ropa protectora que usaban los médicos que trataban a los pacientes durante la Gran Plaga de 1665, incluía una pesada túnica de cuero, espesos protectores de vidrio para los ojos, guantes y sombreros.

Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

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Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

Tráfico

Cuando llegó el Londres victoriano, las damas bien educadas, expertas en cubrirse la piel y siempre dispuestas a abrazar cualquier cosa que pudiera ser un adorno intrincado que venía en negro, comenzaron a colocar velos en sus sombreros.

Aunque se usaba durante el duelo, el papel del velo no era exclusivamente fúnebre.

También ayudaba a proteger el rostro de una mujer del sol, la lluvia y los contaminantes, así como la suciedad y el polvo en el aire.

Según el organismo de Transporte de Londres y el King´s College de Londres, la principal causa de contaminación hoy en día es el tráfico.

Las emisiones de escapes, que incluyen óxidos de nitrógeno y pequeñas partículas de caucho y metal, se bombean al aire.

contaminación

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Un conductor lleva una máscara de gas anticontaminación en 1971.

Los delgados velos, como los usaban las conductoras a principios del siglo XX, ya no protegen de estos contaminantes.

Ver a ciclistas con mascarillas anticontaminantes era común mucho antes de que el coronavirus nos llevara a todos a cubrirnos la cara.

Gas

bailarinas

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Hasta las bailarinas de cabaret en Londres llevaban máscaras de gas.

La amenaza de una segunda guerra mundial, 20 años después de que en la Gran Guerra se había visto el uso de gas cloro y gas mostaza, provocó que el gobierno emitiera máscaras de gas tanto para la gente común como para los militares.

Para 1938 se habían distribuido 35 millones de respiradores para todos los civiles y eran una vista familiar en la vida diaria, incluidos los adornos de las bailarinas en el Cabaret de Murray en Beak Street, Londres; y policías ciclistas que los usaban como parte de su equipo de protección personal.

camello

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Se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles máscaras a la medida.

Incluso los animales tenían sus propias mascarillas: se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles estos accesorios a la medida, mientras que a los caballos se les colocó un tipo de cubierta facial que parecía una bolsa en la nariz.

Gripe española

Un brote de influenza al final de la Primera Guerra Mundial se convirtió en una pandemia mundial devastadora.

Fue apodada la gripe española, porque España fue el primer país en informar sobre el brote, y en ella murieron alrededor de 50 millones de personas.

Se cree que la propagación del virus fue intensificada por los soldados que regresaban de las trincheras en el norte de Francia.

espray antigripal en un autobús

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Muchas empresas intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses

Las tropas apiñadas en vagones de tren y camiones se aseguraron de que la infección, altamente contagiosa, pasara de un hombre a otro.

Luego se extendió desde las estaciones de tren hasta el centro de las ciudades, y de allí a los suburbios y al campo.

Las empresas, incluida la London General Omnibus Co, intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses y haciendo que sus empleados usaran tapabocas.

Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

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Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

La revista Nursing Times en 1918 incluyó consejos para contener la enfermedad, con una descripción de cómo las hermanas del hospital St Marylebone Infirmary en North Kensington erigieron particiones desinfectadas entre cada cama y “cada enfermera, médico, ayudante de sala” que entraba en el ala epidémica tenía que usar una máscara y un traje de cuerpo completo.

Se instó a la gente común a “usar una máscara y salvar su vida“; muchos se hicieron la suya con gasa o añadían gotas de desinfectante a artilugios que se ponían debajo de la nariz.

Fama

Boy George

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Boy George llega al aeropuerto de Heathrow en 1985 cubriéndose la cara con una bufanda.

Otro tipo de mascarilla ha surgido en los últimos tiempos, una que satisface la necesidad de proteger la cara de la mirada fulminante de los fanáticos ávidos (y presumiblemente, los enemigos).

Estas son perfectas para las celebridades que quieren llamar la atención sobre sí mismos mientras conservan la negación plausible de “no quiero ser reconocido, por eso estoy usando una mascarilla notable”.

Aún no se sabe que opinan de las personas normales y no famosas que cubren sus caras normales y no famosas, ahora que ocultar la cara no logra atraer ni la más breve de las miradas curiosas.


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https://www.youtube.com/watch?v=PdtPAfO8A2o

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