El 40% de los ciudadanos aceptaría un gobierno militar en México: INEGI
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El 40% de los ciudadanos aceptaría un gobierno militar en México, según INEGI

El 16.6% de los encuestados por el INEGI está “muy de acuerdo” y otro 23.5% “algo de acuerdo” con un gobierno militar.
Cuartoscuro
25 de marzo, 2021
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Casi 8 de cada 10 mexicanos reconocieron estar a favor de un gobierno encabezado por un líder político fuerte, mientras que el 40% de la población estaría de acuerdo con un gobierno encabezado por militares, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ENCUCI) 2020 elaborada por el INEGI y el INE.

Según la medición de la inclinación democrática de la población, recogida entre personas de 15 años y más, una vasta mayoría (90% de ciudadanos) está a favor de un gobierno donde todos participen en la toma de decisiones, o bien, uno que esté encabezado por expertos en salud, economía y otros temas técnicos.

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Sin embargo, la propia medición da cuenta de un número importante de ciudadanos que se inclinan hacia regímenes no democráticos.

El 41.5% de los entrevistados está “muy de acuerdo” y el 36% “algo de acuerdo” con el gobierno de un líder fuerte (una aceptación global de 77.5%). El restante 22.5% se manifestó “algo en desacuerdo” y “muy en desacuerdo”.

En tanto, el 16.6% de los entrevistados está “muy de acuerdo” y otro 23.5% “algo de acuerdo” con un gobierno militar (40% en total). El restante 60% rechazó este tipo de gobierno.

Las preguntas sobre la inclinación ciudadana hacia el gobierno de un político fuerte o uno dirigido por militares no había sido incluida en anteriores mediciones sobre la cultura cívica.

La inclinación hacia regímenes no democráticos se debe a cómo la ciudadanía procesa su desencanto por los fallos o errores de sus gobiernos.

Por ejemplo, el 52.7% expresó estar satisfecho con la democracia que se tiene hoy en México, pero un 46.8% (prácticamente la mitad de la población) dijo estar poco o nada satisfecho.

Asimismo, aunque el 65% considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, el 31% admite que “en algunas circunstancias” un gobierno democrático puede “no ser la mejor opción”, o bien, que le da igual un régimen democrático que uno no democrático.

El 61% de la ciudadanía considera que las leyes se respetan poco o nada en México, y un 45% cree que no es posible disminuir la corrupción, cuyo combate es una bandera de la actual administración federal.

Desconfianza institucional

El INEGI explica en su sitio oficial que la ENCUCI 2020 mide el involucramiento de la población en los asuntos públicos, su relación con organizaciones y otras personas, su sentido de pertenencia y el reconocimiento de sus derechos y obligaciones como ciudadanos.

La encuesta fue aplicada en 25 mil 113 viviendas de zonas urbanas y rurales, entre agosto y septiembre de 2020.

A 10 días de que inicien las campañas electorales de este año, el 76% de los encuestados dijo que no confía en los partidos políticos, y el 50.7% coincidió en que estos “no sirven para nada”.

Las universidades públicas son las instituciones que gozan de mejor reputación entre la ciudadanía, pues el 70% les tiene confianza, seguidas de las organizaciones sociales, con una confianza del 51.4%.

Junto con los partidos, los sindicatos forman parte de las figuras más desacreditadas, con un 61% de la población que les tiene desconfianza, seguidos de los empresarios, de los que desconfía el 50.3%, y de los medios de comunicación, con una desconfianza del 49.8%.

A su vez, el 67% expresó que no confía en los servidores públicos o empleados del gobierno. 

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Ayer, durante la presentación de la ENCUCI, los titulares del INEGI y del INE, Julio Santaella y Lorenzo Córdova, respectivamente, precisaron que los resultados serán la materia prima para elaborar el Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México 2020.

Córdova reconoció que, si bien ha habido avances en el sistema democrático mexicano, sigue habiendo desconfianza de la ciudadanía en las elecciones, e incluso, dijo, hay actores políticos que utilizan el “discurso de la desconfianza” como estrategia electoral.

“Hay quien dice que en México ya no votan los muertos, que en México ya no hay prácticas fraudulentas como urnas embarazadas, ‘ratones locos’ y demás; es cierto, no los hay desde hace 30 años”, sostuvo.

“Sin embargo, pese a todo lo anterior, la desconfianza sigue estando presente en las elecciones, e incluso es alimentada por algunos actores políticos como estrategia electoral. Ambos datos, la desconfianza de la sociedad en el estado de la democracia y las instituciones políticas, por un lado, y la utilización del discurso de desconfianza como mecanismo de acción política, tienen eco en los comicios, porque la cultura cívica ha estado rezagada respecto de los avances del sistema electoral mexicanos”.

El presidente del INE dijo que se debe reconocer que los avances en materia de cultura cívica de los últimos 30 años, aunque existen, son insuficientes para ser una sociedad democrática “madura”.

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COVID: la conversación en un autobús que llevó a salvar cientos de miles de vidas

Un encuentro de dos científicos en un autobús condujo a un ensayo clínico para encontrar tratamientos para salvar vidas de enfermos de COVID-19.
27 de marzo, 2021
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El ensayo clínico llamado RECOVERY (Random Evaluation of Covid-19 Therapy o Evaluación aleatoria de terapias para covid-19) inició en marzo de 2020 para probar medicamentos que ya existían en pacientes con covid y estudiar si éstos tenían un efecto sobre la enfermedad. Gracias a este ensayo se han salvado cientos de miles de vidas.

Todo comenzó en el autobús número 18 en Londres. Mientras se abría paso entre el tráfico, dos pasajeros estaban enfrascados en una conversación.

Lo que acordaron en ese trayecto, que tuvo lugar antes del confinamiento en la ciudad por covid-19, cambiaría el curso de la pandemia y posiblemente el futuro de la medicina.

Llevó al trabajo conjunto de investigadores, el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) y 40.000 pacientes de covid en un esfuerzo especialmente adaptado a un sistema nacional de salud pública.

Y salvaría la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo. La conversación de estos dos pasajeros llevó a la creación del ensayo clínico Recovery.

Los dos pasajeros del autobús eran el profesor Martin Landray, médico y diseñador de ensayos de fármacos a gran escala, y Jeremy Farrar, director de Wellcome Trust, uno de los mayores organismos de financiamiento para investigación médica del mundo y uno de los fundadores de Recovery.

La fecha era el 9 de marzo de 2020. Ambos discutían la pandemia inminente, las escenas que se veían en Italia, que fue el primer país de Europa en sentir el impacto devastador del virus, y la inevitabilidad de que Reino Unido se enfrentaría a lo mismo.

“Lo que acordamos en ese viaje en autobús fue que el tsunami llegaría en un par de semanas y teníamos que tener un ensayo en funcionamiento en dos semanas”, explica el profesor Landray al programa Inside Health de la BBC.

“Nueve días después, se inscribió al primer paciente, y el año que pasó ha sido extraordinario”, agrega.

Dos semanas antes, el profesor Landray le había enviado un correo electrónico a Jeremy Farrar para subrayar la importancia de los ensayos.

Lo que pasó a ser uno de los momentos más importantes en el enlace de vínculos científicos comenzó cuando Farrar respondió: “Será mejor que hable con Peter”.

Píldoras de dexametasona

Science Photo Library
El ensayo Recovery ha salvado la vida de cientos de miles de pacientes de covid en todo el mundo.

Las campanas de alarma ya habían estado sonando para el profesor Peter Horby desde el 2 de enero, cuando surgieron informes de una “neumonía viral” en Wuhan, China.

Para Horby, esto tenía todas las características del síndrome respiratorio agudo severo (o SARS) de 2003.

“Para mí estaba bastante claro que había un problema que podría salirse de control si no teníamos cuidado”, señala el profesor Horby, un destacado experto en enfermedades nuevas y emergentes.

Ya había ayudado a establecer dos ensayos de medicamentos en Wuhan, pero debido al confinamiento allí, no obtuvieron ningún resultado.

“Las salas de hospitales estaban abarrotadas”

Juntos, el profesor Horby y el profesor Landray formarían el eje científico que definiría el tratamiento de covid.

Se vieron impulsados por los errores del pasado. El peligro en una pandemia es que todos empiezan a correr como pollos sin cabeza y los científicos y médicos actúan solos, cada uno probando diferentes tratamientos en un pequeño número de pacientes; creando mucho ruido, pero sin respuestas.

El ruido ya estaba aumentando. Se presentaba como evidencia ensayos con una decena de pacientes o experimentos con células en un laboratorio.

Incluso el presidente Donald Trump estaba proclamando los beneficios del medicamento contra la malaria hidroxicloroquina, cuando la evidencia era escasa o inexistente.

El objetivo de Recovery era brindar claridad en medio del caos.

Hubo cuatro claves en el éxito de Recovery:

  • Se puso en marcha rápidamente, en un mundo en el que las pruebas pueden tardar más de un año en configurarse.
  • Era grande, involucraba a todos los hospitales de pacientes graves y a uno de cada 10 pacientes con covid en Reino Unido, por lo que incluso se pudo encontrar medicamentos que tuvieran solo un beneficio moderado.
  • Los pacientes fueron asignados al azar para recibir atención estándar o un medicamento experimental, de modo que los médicos pudieran ver la diferencia entre los dos.
  • Y fue simple.
Una dosis de dexametasona

Reuters
Uno de los fármacos involucrados en el ensayo fue la dexametasona, un esteroide.

El Recovery tuvo un marcado contraste con el ensayo clínico moderno, que se arrastra bajo el peso de la burocracia, los contratos con todos los hospitales, los criterios estrictos sobre los participantes y una gran cantidad de trabajo para quienes miden y recopilan datos.

Si el ensayo iba a tener éxito, era necesario trabajar en salas sometidas a una intensa presión.

“Las salas estaban abarrotadas, los médicos estaban abrumados con pacientes enfermos. Para que un ensayo clínico funcione, este no puede interferir con la atención médica”, dice la Dra. Raha West, médica de cuidados intensivos en Buckinghamshire, quien dirigió el ensayo en su hospital.

“Con el Recovery esto fue fácil”.

El profesor Landray dice que “eliminaron todo” para que el Recovery fuera tan básico que inscribir a un paciente en el ensayo era tan fácil como recetar el medicamento.

Uno de los primeros desafíos fue decidir qué medicamentos deberían estar involucrados.

El coronavirus era una entidad nueva, un desconocido sin reglamentos a seguir.

El profesor Horby y el profesor Landray seleccionaron los medicamentos más prometedores para enfermedades similares o los que habían surgido de las pocas investigaciones sobre covid.

Si el paciente quería participar, su médico seleccionaría en una computadora cuáles de los medicamentos involucrados en el ensayo eran seguros según el historial médico del paciente y la computadora decidiría qué medicamentos se debían administrar.

El fármaco dexametasona, un esteroide antiguo y barato que ya se había utilizado en infecciones respiratorias, se convirtió rápidamente en una fuente de controversia.

La reacción fue dura y rápida y se acusó a los dos expertos de comportamiento poco ético y peligroso.

La dexametasona calma el sistema inmunológico y algunos argumentaron que era lo peor que se podía hacer cuando el cuerpo estaba combatiendo una infección.

“Tengo un cajón lleno de cartas que me dicen que estoy matando gente”, me dijo el profesor Horby. Pero lo tranquiliza saber que también tiene un cajón de “cartas de amor y correos de elogios”.

Saltando de alegría

dexametasona

Getty Images
El tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

Cada fármaco que probaron fue puesto a prueba porque pensaron que existía la posibilidad de que funcionara. La dexametasona fue el primero que lo demostró.

Apenas 100 días después de ese trascendental viaje en autobús, el profesor Landray y el profesor Horby se prepararon para contarle al mundo sus hallazgos.

Sabían que estaban a punto de cambiar el tratamiento para los pacientes en todas partes y habían pasado una semana repasando los números repetidamente para estar seguros.

El 16 de junio estaban listos.

“Fue un resultado hermoso, hermoso”, dice el profesor Landray.

El profesor Horby recuerda a su jefe saltando de alegría al otro lado de una videollamada cuando transmitió los resultados.

Para quienes estaban conectados a un ventilador, como Katherine Millbank, el fármaco redujo la posibilidad de morir en un tercio.

Ella fue una de las primeras pacientes que obtuvo el medicamento en el ensayo.

Cuando las enfermeras corrieron las cortinas alrededor de su cama, todos los que estaban en la sala de cuidados intensivos la aplaudieron.

“Estoy eternamente agradecida con todos ellos por salvarme”, le dijo Katharine a Inside Health.

Cuatro horas después del anuncio, el tratamiento con dexametasona se convirtió en política del NHS y el resto del mundo lo siguió rápidamente.

La doctora Raha West rompió a llorar cuando llegaron los resultados. Todos los pacientes que inscribió en el ensayo terminaron recibiendo dexametasona.

“Nunca lo olvidaré, fue muy emotivo”.

Ahora se estima que la dexametasona sola ha salvado cientos de miles de vidas; posiblemente más de un millón.

El Recovery mostró que otro fármaco, tocilizumab, también salva vidas.

Pero el ensayo también se enfrentó a fracasos. El fármaco contra la malaria hidroxicloroquina, la combinación de lopinavir / ritonavir que se usan contra el VIH y el antibiótico azitromicina habían sido promocionados, pero finalmente se demostró que no tenían ningún efecto.

Su éxito dependió de la disposición de los pacientes, que en uno de los momentos más espantosos de sus vidas, estuvieron dispuestos a participar.

Aiden Temple, de 10 años, que tenía un trastorno inmunológico poco común después de contraer el virus, quiso hacer la diferencia.

“Fue muy aterrador, pero me sentí bastante orgulloso de poder ayudar a otras personas a mejorar rápidamente”, dijo.

También se necesitaron los esfuerzos de miles de médicos y enfermeras, así como de un equipo de unos 20 científicos en Oxford, para recopilar y analizar los datos.

El Recovery logró algo que ninguna otra prueba ha obtenido. Ya tiene garantizado un lugar en los libros de historia solo por su papel en la pandemia de covid.

La esperanza es que sea un catalizador de cambio en la medicina para hacer ensayos de estilo Recovery que brinden respuestas sobre los mejores tratamientos para otras infecciones, como la fiebre de Lassa, o que finalmente demuestren si las píldoras de vitamina D son la cura para todo lo que a menudo se dice que son.

“Creo que ha establecido un nuevo estándar para lo que se puede lograr y no solo durante las pandemias”, me dijo el profesor Landray.

“Sería una farsa si volviéramos a una situación en la que a veces se necesitan años para que un ensayo despegue”.


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