La pandemia no está subdimensionada como se critica: José Luis Alomía
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La pandemia no está subdimensionada como se critica: José Luis Alomía a un año de COVID en México

Un año después de que México arrancó su estrategia para atender COVID-19, el director general de Epidemiología explica por qué la estrategia de hacer cierto número de pruebas COVID fue una forma de seguimiento eficiente.
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25 de marzo, 2021
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Una de las principales críticas a la estrategia que implementó el gobierno federal para dar seguimiento a la crisis sanitaria provocada por el virus SARS-Cov-2 es que se hacen pocas pruebas para detectar y dar seguimiento a casos de COVID-19. 

México hace, de acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins, 12 pruebas por cada 100 mil habitantes, muy por debajo de la estrategia que han implementado otros países. Por ejemplo, Israel registra 656 o en Estados Unidos se hacen 317. Si se revisa solo América Latina se ve a Chile con 338; Uruguay, 425 o a Colombia, con 89. 

Pero con números menores a los de México aparecen solo países como Etiopía, con 7 por cada 100 mil habitantes y Uganda con 6.

Leer más: ¿Qué prueba me hago, PCR o de antígenos? Estas son las diferencias y cuándo se recomiendan

Un año después de que México arrancó su estrategia para atender COVID-19, en entrevista con Animal Político, José Luis Alomía, titular de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud, explicó cómo es que se decidió por este modelo, qué otras estrategias se han implementado y por qué es que lo evalúan como un modelo de seguimiento eficiente.  

 ¿Cómo es que se decide usar el Modelo Centinela y hacer pruebas al 100% de los casos graves que lleguen a hospital?

José Luis Alomía (JLA): México nunca utilizó solo un modelo centinela, México utilizó un modelo de vigilancia epidemiológica que cuenta al menos con seis componentes activos y seis más que en su momento lo realizan de manera pasiva, en donde uno de esos componentes es el Modelo Centinela 

El modelo centinela se basa solo en 475 unidades que fueron designadas como USMER, con el  objetivo principal de asegurar la vigilancia virológica y  genómica (para saber qué virus circulan y qué variantes). 

El otro componente es la vigilancia que se realiza en todas las unidades de segundo y tercer nivel, estamos hablando de casi 4 mil unidades en todo el país que realizan la vigilancia de los casos graves, es decir las personas que se hospitalizan y que requieren atención ya sea en una cama general o en una cama con ventilador. 

Un tercer componente es la vigilancia que se da en todas las unidades del país, que reportan al Sistema Único de Vigilancia Epidemiológica sobre la ocurrencia de infecciones respiratorias agudas, de neumonías y bronco neumonías, en donde también se pueden identificar brotes y epidemias. 

Y para el mes de marzo se sumó al modelo la Red IRAG, que es la que nos está dando toda la información relacionada a las personas que llegan al hospital, con infección respiratoria aguda grave, y que además requieren de una cama de hospital general o de ventilador. 

¿Pero sí se decidió hacer pruebas solo al 100% de los casos graves que llegaban a hospital y al 10% de los casos leves?

José Luis Alomía: 100% casos graves, casos leves 10%, es correcto

Esa ha sido otra crítica con la que han tenido que lidiar todo el tiempo, que se han hecho pocas pruebas…

José Luis Alomía: Sí, es una interpretación diferente, porque en México eso no fue una acción de la casualidad, no se llevó a cabo solo porque sí, esto fue un diseño epidemiológico y así se implementó, porque cuando uno está ante una pandemia, cuando uno está ante un evento inconmensurable, hay que realizar un enfoque hacia lo que es útil, como información para la toma de decisiones. 

Y si bien es cierto que el lineamiento decía que bastaba con el 10% de la toma de muestra a personas ambulatorias o con enfermedad leve, tenemos toda la evidencia y datos, de que nunca se muestreó solo al 10%, se muestreó 60, 70%, hay entidades que muestrearon hasta el 80% 

¿Cómo se decide esta estrategia de al 100% de los casos graves, 10% de los leves y quién es el grupo que trabaja esta estrategia?

José Luis Alomía: Es una estrategia de vigilancia epidemiológica, se define en la DGE, y tiene que ver con la utilidad de la información, son modelos que previamente ya se habían probado y habían sido muy eficientes en materia de vigilancia de la influenza, para poder obtener información de casos confirmados, que permitan llevar a cabo la definición de acciones e intervenciones.

¿Ha quedado subdimensionada la epidemia por hacer solo estas pruebas?

José Luis Alomía: No, de ninguna manera, porque esto no tiene como objetivo principal contar al 100% de los casos. Estos se pueden estimar a través de diferentes modelos, para eventos inconmensurables como una pandemia, en la que se tienen muchos asintomáticos a los que difícilmente se les puede identificar, una de las herramientas para hacerlo son los estudios de seroprevalencia poblacional (que identifican si el sistema inmune de alguien ya estuvo expuesto al virus), a través de los cuales podemos conocer la cantidad de población expuesta y el primer resultado de esto ya lo dio el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), a inicios del cuarto trimestre del año pasado, en un estudio en el que se documentó que 25% de la población ya ha tenido exposición al virus SARS-CoV2, que causa la enfermedad COVID-19, pero 70% fueron asintomáticos. 

Los modelos de vigilancia epidemiológica en relación a la identificación de casos nominales, es decir personas y grupo de personas y transmisión comunitaria, sus principales objetivos son saber dónde se está presentando la distribución y circulación de virus, dónde están los brotes, dónde estamos teniendo incrementos importantes y dónde hay que focalizar entonces las acciones de prevención y cuáles son los mensajes que se le deben de dar a la población. Es información más bien para la acción inmediata y para la toma de decisiones.

Más allá de la estimación, ¿esta estrategia sirvió para ubicar a tiempo los casos y romper cadenas de transmisión?

José Luis Alomía: Definitivamente sí, y esto sobre todo en la fase 1, que era la fase de importación, en donde todo el sistema de vigilancia epidemiológica y de atención médica daban seguimiento puntual a los casos importados y sus contactos, sus cadenas de transmisión. Eso es posible durante la fase 1 y el inicio de la fase 2; es decir esta no es una medida para terminar con la epidemia, no es una medida que tenga como objetivo controlar y terminar la epidemia, no, es una medida que solamente tiene como objetivo mitigar, ralentizar, disminuir un poco la velocidad de la transmisión, pero en ningún momento va a detener por completo la epidemia. 

Tarde que temprano la transmisión comunitaria se va a activar y una vez que la transmisión comunitaria se active, como ha sucedido en todos los países, vendrá la fase epidémica. Pero entonces en ese momento es cuando entró la Jornada Nacional de Sana Distancia, una intervención de autoresguardo, de aislamiento generalizada en la que toda la población que atiende la instrucción contribuye a romper las cadenas de transmisión. 

¿Se ha hecho un análisis de qué hubiera pasado de haberse hecho un mayor número de pruebas o se hará, como para quitarle la duda a los que han criticado esta estrategia?

José Luis Alomía: No consideramos que es necesario, de hecho un indicador importante es el porcentaje de positividad, usted puede hacer 100 mil pruebas, 1 millón, 100 millones y lo importante es el porcentaje de positividad, porque es el que dice cuántas pruebas demás hizo, y lo vimos precisamente en el mes de diciembre, cuando tuvimos este incremento importante de la epidemia y un incremento también de toma de muestras, pero el porcentaje de positividad nunca excedió el 50% y de hecho continua disminuyendo. 

Prepararse para COVID-19

En la estrategia que el gobierno mexicano ha implementado para hacer frente a la pandemia, también se ha cuestionado si la respuesta se gestó a tiempo y con los actores calificados en la materia, más allá de temas políticos o incluso, a veces electorales. 

Ante el señalamiento de que se convocó muy tarde al Consejo de Salubridad General (CSG), por ejemplo, el funcionario de la Secretaría de Salud explicó:  

José Luis Alomía: Toda esta preparación inició desde la primera semana de enero, cuando la Unidad de Inteligencia Epidemiológica y Sanitaria (UIES), que depende de la Dirección General de Epidemiología, supo de un brote de neumonías de origen desconocido que estaba causando enfermedad grave en Wuhan, China. 

En ese momento se activan una serie de protocolos que ya se tienen predefinidos. México cuenta operando desde hace ya mucho tiempo, y fue algo que se puso en marcha inmediatamente, al Comité Nacional de Seguridad en Salud, conformado por diferentes dependencias, todas relacionadas a la respuesta. 

Primero hubo reuniones técnicas. Todo el mes de enero fue de trabajos de preparación previa. Durante ese mes diseñamos y proyectamos, la DGE en conjunto con el Cenaprece (Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades), en diferentes mesas de trabajo, los escenarios que se podían presentar a consecuencia de esta nueva enfermedad. 

Una vez que se tuvo ya la necesidad de implementar una respuesta nacional y coordinada, este Comité Nacional de Seguridad en Salud, que preside el secretario de Salud, sesionó el 30 de enero de 2020. En esa reunión se presentaron los tres escenarios potenciales (fases), que podría causar esta enfermedad en México. 

¿Por qué era importante definir estos escenarios? Porque al definir los potenciales escenarios se pueden ir preparando todas las acciones a desarrollar en cada uno. Esa es precisamente la preparación (de la respuesta). 

¿Se tuvo suficiente coordinación con otras dependencias federales, con los gobiernos estales? ¿Cómo se coordinó esa estrategia?  

José Luis Alomía (JLA): El Comité Nacional de Seguridad en Salud lo preside el secretario de Salud, lo integran varias dependencias de la misma secretaría, incluidos los Centros Nacionales de la Subsecretaria; pero lo integran también otras dependencias del gobierno federal como son: Seguridad, Hacienda, Educación, Cultura. Hay toda una interacción con estas dependencias.

Además, el Comité es uno de los elementos importantes para la coordinación, pero no es el único. Todas las dependencias activan sus grupos técnicos y se han tenido una serie de sesiones, a veces entre secretarias, para ver temas específicos, por ejemplo con la Secretaría de Educación para el tema de la suspensión de clases y cómo debía llevarse a cabo esta, o con la Secretaría de Economía, para poder definir cuáles eran las actividades esenciales y qué se podía clasificar como tal. 

Después todo esto se sube a sesiones donde pueden participar varias o todas las dependencias. No es solamente un tipo de reuniones, hay que tener muchas con grupos específicos, tanto bilaterales como en los marcos donde todos participan.

Algo muy importante es que este Comité Nacional de Seguridad en Salud tiene a su vez dos comités en los siguientes niveles administrativos: se cuenta con el Comité Estatal de Seguridad en Salud, que lo preside el secretario de Salud de cada entidad, y se cuenta con un Comité Jurisdiccional de Seguridad en Salud, que lo preside la jefa o el jefe de la jurisdicción sanitaria en un municipio, entonces todas las decisiones y acciones van bajando en cascada y se van implementando a través de este grupo. 

Sobre por qué se convocó primero al Comité Nacional de Seguridad en Salud –un ente que se creó en 2003, con un acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) por el entonces secretario del ramo, Julio Frenk, y que a la fecha opera sin tener un reglamento interno que precise sus atribuciones y funcionamiento en lugar de al Consejo de Salubridad General órgano que existe desde que existe la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 ( quedó asentado en el artículo 73, fracción XVI, base 1ª, aunque lo que dice al respecto de sus atribuciones y funcionamiento es muy general) y al que especialistas en derecho sanitario ubican como de mayor envergadura, Alomía se limita a señalar que se le convocó primero “porque así está definido en sus atribuciones, para eso fue creado por decreto secretarial, son sus atribuciones como tal”. 

¿Cómo es la coordinación con el CSG? Se ha criticado que no tuvo una acción importante en la respuesta a la pandemia 

José Luis Alomía: Se dio desde un principio, de hecho los integrantes del CSG son muchos de ellos parte o participan también en el Comité de Seguridad en Salud, y todas las disposiciones que se dieron en el marco de la Jornada de Sana Distancia y el Semáforo fueron puestas a consideración de este Consejo. Fue el que mandató todo lo referente a la Jornada Nacional de Sana Distancia y puso en las manos de la Secretaría de Salud las acciones que debían llevarse a cabo. 

Hay que recordar que no es el Consejo de Salubridad General el que opera (la respuesta), opera el que es mandatado, en este caso la Secretaría de Salud, por lo tanto es Salud a través de sus dependencias la que puede operar la respuesta. 

A las autoridades sanitarias también se les reprocha que no hay un documento que contenga el plan de preparación y respuesta a la epidemia, que se pueda consultar y analizar.. 

José Luis Alomía: Tenemos varios documentos. No hay un solo documento como tal. Es toda una serie, que integran los diferentes mecanismos y niveles de respuesta en los diferentes componentes de acción. Pero si mal no recuerdo debe haber un documento integrador. Pero va a ser un documento digamos más de referencia, en relación a los documentos grandes o mayores que son los que integran el plan. Todos estos se pueden descargar de la página de coronavirus.gob.mx, son las guías y ahí están todas las propuestas, tanto para la respuesta como para la preparación de todo lo que se debe hacer en los diferentes ámbitos. 

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Cuán necesaria es una tercera dosis y otras 3 incógnitas que han surgido durante la vacunación

Tras medio año de vacunación global, nuevas dudas aparecen para científicos y ciudadanos sobre qué tanto protegerán las vacunas y cuán cerca estamos de derrotar al virus.
17 de julio, 2021
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Ya han pasado siete meses desde que la británica Margaret Keenan recibiera la primera vacuna contra la covid-19 en el mundo y arrancara una batalla contrarreloj contra el patógeno.

Países como Reino Unido, Israel o Estados Unidos parecen estar cerca del nivel requerido de vacunación para valorar la vuelta a la normalidad.

Estos siete meses de inmunización masiva también han estado marcados por ritmos desiguales entre países pobres y ricos y la amenaza de nuevas variantes.

Si bien la mayoría de vacunas aprobadas muestran una alta efectividad contra casos graves y muertes, varias incógnitas han surgido durante las campañas de vacunación.

¿Necesitaremos una tercera dosis? ¿Son realmente las vacunas la salida de la pandemia?

En BBC Mundo abordamos estas y otras preguntas clave.

¿Necesitaré una tercera dosis de la vacuna?

Poner una tercera dosis es un debate alimentado por varios hechos en las últimas semanas.

Pfizer se prepara para solicitar una tercera dosis de refuerzo a reguladores estadounidenses.

El sistema de salud público de Reino Unido valora hacerlo a los pacientes más vulnerables.

E Israel ya comenzó a administrarla a pacientes de cáncer, receptores de transplante y otros que han sufrido una disminución de la protección de la vacuna.

Administración de la tercera dosis en Israel.

Getty Images
Israel ya ofrece una tercera dosis a sus pacientes más vulnerables.

Israel y Reino Unido vivieron varias semanas de desplome en casos, hospitalizaciones y muertes, pero recientemente reportan un repunte considerable de infecciones, impulsados por el avance de la más contagiosa variante Delta, detectada por primera vez en India.

Los expertos analizan los que previsiblemente serán los primeros experimentos para administrar un tercer pinchazo, aunque la Organización Mundial de la Salud(OMS) se opone e insiste en priorizar donar dosis a los países más rezagados.

El doctor Andrew Badley, de la Clínica Mayo en EE.UU., explica que “actualmente no hay suficientes datos para apoyar el uso de una vacuna de refuerzo para ningún paciente”.

“Vacunas como las de Pfizer, Moderna o Janssen son altamente efectivas protegiendo contra cuadros severos, hospitalizaciones y muertes de cualquier variante, incluyendo la Delta”, argumenta a BBC Mundo.

“Hay infecciones en personas con pauta completa de vacunación, pero esto no es tan prioritario para la salud pública como las hospitalizaciones y muertes. Aunque se reporten vacunados con infección sintomática, por lo general la severidad no ha sido alta”, complementa Wilbur Chen, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland en EE.UU.

Mujer dentro de autobús en Londres, Reino Unido.

TOLGA AKMEN / GETTY
La rápida expansión de la variante Delta ha acelerado aún más la vacunación en Reino Unido y originado dudas sobre cuánto protegerán las vacunas.

“La vacunación sigue protegiendo contra la formas más severas de la enfermedad”, coincide con Badley.

En el futuro puede haber excepciones.

“Es posible que una variante más resistente a las vacunas requiera de una dosis diseñada específicamente para esa mutación”, dice Badley.

“No sé si esto pueda pasar en el futuro ‘cercano'”, dice Chen a BBC Mundo.

Hay que tener en cuenta que no todos respondemos igual a la vacunas.

“Especialmente aquellos con un sistema inmune debilitado, como pacientes que han recibido un transplante de órgano”.

Es por ello que, aunque no esté entendido completamente ahora, “sería bueno tener dosis de refuerzo aprobadas por los reguladores, listas para usarlas por si las necesitamos”, opina William Schaffner, profesor de medicina preventiva en la Universidad Médica Vanderbilt en Tennessee, Estados Unidos.

En resumen, ahora es difícil asegurar si la población general necesitará esa dosis extra. Todo dependerá de cuánto dure la inmunidad ofrecida y las variantes que aparezcan. Lo que nos lleva a la siguiente incógnita.

Paciente en la unidad de cuidados intensivos de un hospital en Argentina.

NICOLAS AGUILERA / GETTY
Hasta el momento, las vacunas siguen demostrando una alta efectividad contra las variantes, incluyendo la Delta, que avanza rápidamente por el mundo entero.

¿Se desvanece la protección de las vacunas?

“Al igual que con los productos del supermercado, uno espera una caducidad corta para las frutas y una larga para los alimentos en conserva. ¿Qué pasa con las vacunas?”, compara Wilbur Chen.

Que llevemos siete meses de vacunación implica que no existen evidencias contundentes sobre cuánto dura la protección a largo plazo.

Mientras más tiempo pase y más datos disponibles tengamos, los científicos podrán evaluar mejor cuándo empieza a desvanecerse la protección.

“Algunas vacunas que conocemos solo protegen por un corto período de tiempo, como la de la influenza anual o la antitifoidea, y para ellas se necesitan dosis de refuerzo. Otras duran mucho tiempo, como la de la fiebre amarilla o el sarampión”, contextualiza Chen.

Otro motivo por el cual es difícil saber cuánto dura la protección de las vacunas es por el tipo de defensa que nuestro cuerpo utiliza para neutralizar el virus.

“Los niveles de anticuerpos no son siempre predictivos de la protección. Los datos actuales sugieren que la memoria de las células B puede ser más fiable. Cuando se comprenda mejor, entonces puede que necesitemos una dosis de refuerzo para la inmunidad que mengua en el tiempo”, explica Badley.

Test rápido de coronavirus.

Getty Images
Se habla mucho sobre por cuánto tiempo mantenemos los niveles de anticuerpos tras infectarnos o vacunarnos, pero estos no son la única forma de medir qué tan protegidos estamos.

Los expertos piden distinguir entre dosis de refuerzo y modificaciones de dosis.

Las primeras se destinan a ampliar la protección. Las segundas a combatir nuevas variantes.

“Si una nueva variante evade la protección de las vacunas que tenemos eso es algo muy diferente. Se requeriría una nueva vacuna para neutralizar la nueva variante”, explica Schaffner.

En ese caso, los expertos aseguran que modificar una vacuna es un proceso “más sencillo que crear una desde cero y que se haría relativamente rápido, en semanas o pocos meses”.

Además, ya existe una larga experiencia modificando vacunas.

“Cada año se analizan las variantes circulantes de la gripe por el mundo, que no siempre coinciden en el mismo hemisferio o continente. Entonces, cada país prepara vacunas específicas para esas variantes. Algo parecido sucedería con el coronavirus si se da el caso”, explicó hace unos meses a BBC Mundo el doctor José Manuel Bautista, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Complutense de Madrid, en España.

En cualquier caso, para evitar que nuevas variantes lastren los esfuerzos actuales de inmunización, es preciso controlar al virus y proteger a la mayor cantidad de población mundial cuanto antes.

Es por ello que la OMS se ha pronunciado en contra de estar pensando en dosis de refuerzo sin antes conseguir altos niveles de inmunización global.

¿Cuánto tiempo puede tomar vacunar al mundo entero?

En muchos de los países más ricos, como Estados Unidos, Reino Unido, Israel o los miembros de la Unión Europea, la vacunación promedia el 50% de la población, cerca ya de la inmunidad de grupo.

Vacunación en Nicaragua el pasado abril.

MAYNOR VALENZUELA / GETTY
Países de menos recursos, como en Centroamérica o África, apenas alcanzan más de un 10% de población total inmunizada.

Sin embargo, países con menos recursos van a un ritmo mucho menor. En América Latina, salvo Chile, la mayoría de países han vacunado entre un 10% y un 40% de sus poblaciones. En Centroamérica incluso menos.

En África, muchos países no superan el 10% de vacunados.

En una entrevista reciente con BBC Brasil, John McConnell, editor jefe en The Lancet, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, reveló que con el ritmo actual será necesario hasta 2023 para que las vacunas estén disponibles para todos en el mundo.

“La comunidad mundial necesita asistir a muchos países que no tienen programas efectivos de vacunación. Más allá de razones humanitarias, debe haber un interés propio en suprimir el covid-19 a nivel mundial para impedir la aparición de nuevas variantes que luego se expandan”, dice Schaffner.

“No podemos dividir más al mundo priorizando dar dosis de refuerzo cuando todavía no existe evidencia científica que la justifique. Esto solo va a beneficiar a los países ricos“, coincide Chen.

¿Significará la vacunación mundial el fin del covid-19?

Desde que comenzó la pandemia se dice en que la inmunidad de grupo, superando la enfermedad o vacunándonos, significaría controlar la pandemia.

Controlar no es lo mismo que erradicar. Esto último es una posibilidad que algunos científicos ven cada vez más lejos, incluso imposible.

Turistas caminando en Barcelona.

Getty Images
Varios indicios apuntan a que tendremos que aprender a convivir el coronavirus, incluso si ya nos hemos vacunado.

“Anticipar ‘el fin del coronavirus para siempre’ es algo que debemos evitar. No es posible. Como la influenza, el Sars Cov-2 es ya parte de nuestro ambiente microbial y tendremos que lidiar con él. Este virus es parte de la ‘nueva normalidad’“, apunta Schaffner.

Es algo que también empiezan a asumir algunos gobiernos.

En medio de un considerable aumento de casos tras vacunar a más de la mitad de la población, Reino Unido ya decidió levantar todas las restricciones el 19 de julio.

La medida generó controversias y los científicos la consideran riesgosa. Sin embargo, el ministro de Sanidad británico, Sajid Javid, la defendió con el argumento de que “había que aprender a vivir con el virus” y que “no existía el momento perfecto para reabrir el país”.

Ante la casi imposibilidad de eliminar el virus por completo, Wilbur Chen guarda alguna esperanza, aunque solo en un plano que ahora mismo es puramente teórico.

“Si en teoría vacunamos a jóvenes, ancianos, adultos y niños, podemos tener la posibilidad de eliminar al virus, lo cual no prevendría que un nuevo virus emerja”, explica el académico.

“Eliminamos la viruela con vacunas y casi eliminamos la polio también, aunque ahora podemos ver con claridad que las infecciones están resurgiendo en zonas donde no se ha podido mantener una vacunación activa”, ejemplifica.

Los científicos insisten en que comprender este virus requiere tiempo y es un proceso constante. Algunas incógnitas se despejarán, nuevas surgirán. Lo que está claro es que la mejor arma, las vacunas, ya la tenemos.

La consigna es seguir vacunando y cada vez más rápido.


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