La pandemia no está subdimensionada como se critica: José Luis Alomía
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La pandemia no está subdimensionada como se critica: José Luis Alomía a un año de COVID en México

Un año después de que México arrancó su estrategia para atender COVID-19, el director general de Epidemiología explica por qué la estrategia de hacer cierto número de pruebas COVID fue una forma de seguimiento eficiente.
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25 de marzo, 2021
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Una de las principales críticas a la estrategia que implementó el gobierno federal para dar seguimiento a la crisis sanitaria provocada por el virus SARS-Cov-2 es que se hacen pocas pruebas para detectar y dar seguimiento a casos de COVID-19. 

México hace, de acuerdo con datos de la Universidad Johns Hopkins, 12 pruebas por cada 100 mil habitantes, muy por debajo de la estrategia que han implementado otros países. Por ejemplo, Israel registra 656 o en Estados Unidos se hacen 317. Si se revisa solo América Latina se ve a Chile con 338; Uruguay, 425 o a Colombia, con 89. 

Pero con números menores a los de México aparecen solo países como Etiopía, con 7 por cada 100 mil habitantes y Uganda con 6.

Leer más: ¿Qué prueba me hago, PCR o de antígenos? Estas son las diferencias y cuándo se recomiendan

Un año después de que México arrancó su estrategia para atender COVID-19, en entrevista con Animal Político, José Luis Alomía, titular de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud, explicó cómo es que se decidió por este modelo, qué otras estrategias se han implementado y por qué es que lo evalúan como un modelo de seguimiento eficiente.  

 ¿Cómo es que se decide usar el Modelo Centinela y hacer pruebas al 100% de los casos graves que lleguen a hospital?

José Luis Alomía (JLA): México nunca utilizó solo un modelo centinela, México utilizó un modelo de vigilancia epidemiológica que cuenta al menos con seis componentes activos y seis más que en su momento lo realizan de manera pasiva, en donde uno de esos componentes es el Modelo Centinela 

El modelo centinela se basa solo en 475 unidades que fueron designadas como USMER, con el  objetivo principal de asegurar la vigilancia virológica y  genómica (para saber qué virus circulan y qué variantes). 

El otro componente es la vigilancia que se realiza en todas las unidades de segundo y tercer nivel, estamos hablando de casi 4 mil unidades en todo el país que realizan la vigilancia de los casos graves, es decir las personas que se hospitalizan y que requieren atención ya sea en una cama general o en una cama con ventilador. 

Un tercer componente es la vigilancia que se da en todas las unidades del país, que reportan al Sistema Único de Vigilancia Epidemiológica sobre la ocurrencia de infecciones respiratorias agudas, de neumonías y bronco neumonías, en donde también se pueden identificar brotes y epidemias. 

Y para el mes de marzo se sumó al modelo la Red IRAG, que es la que nos está dando toda la información relacionada a las personas que llegan al hospital, con infección respiratoria aguda grave, y que además requieren de una cama de hospital general o de ventilador. 

¿Pero sí se decidió hacer pruebas solo al 100% de los casos graves que llegaban a hospital y al 10% de los casos leves?

José Luis Alomía: 100% casos graves, casos leves 10%, es correcto

Esa ha sido otra crítica con la que han tenido que lidiar todo el tiempo, que se han hecho pocas pruebas…

José Luis Alomía: Sí, es una interpretación diferente, porque en México eso no fue una acción de la casualidad, no se llevó a cabo solo porque sí, esto fue un diseño epidemiológico y así se implementó, porque cuando uno está ante una pandemia, cuando uno está ante un evento inconmensurable, hay que realizar un enfoque hacia lo que es útil, como información para la toma de decisiones. 

Y si bien es cierto que el lineamiento decía que bastaba con el 10% de la toma de muestra a personas ambulatorias o con enfermedad leve, tenemos toda la evidencia y datos, de que nunca se muestreó solo al 10%, se muestreó 60, 70%, hay entidades que muestrearon hasta el 80% 

¿Cómo se decide esta estrategia de al 100% de los casos graves, 10% de los leves y quién es el grupo que trabaja esta estrategia?

José Luis Alomía: Es una estrategia de vigilancia epidemiológica, se define en la DGE, y tiene que ver con la utilidad de la información, son modelos que previamente ya se habían probado y habían sido muy eficientes en materia de vigilancia de la influenza, para poder obtener información de casos confirmados, que permitan llevar a cabo la definición de acciones e intervenciones.

¿Ha quedado subdimensionada la epidemia por hacer solo estas pruebas?

José Luis Alomía: No, de ninguna manera, porque esto no tiene como objetivo principal contar al 100% de los casos. Estos se pueden estimar a través de diferentes modelos, para eventos inconmensurables como una pandemia, en la que se tienen muchos asintomáticos a los que difícilmente se les puede identificar, una de las herramientas para hacerlo son los estudios de seroprevalencia poblacional (que identifican si el sistema inmune de alguien ya estuvo expuesto al virus), a través de los cuales podemos conocer la cantidad de población expuesta y el primer resultado de esto ya lo dio el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), a inicios del cuarto trimestre del año pasado, en un estudio en el que se documentó que 25% de la población ya ha tenido exposición al virus SARS-CoV2, que causa la enfermedad COVID-19, pero 70% fueron asintomáticos. 

Los modelos de vigilancia epidemiológica en relación a la identificación de casos nominales, es decir personas y grupo de personas y transmisión comunitaria, sus principales objetivos son saber dónde se está presentando la distribución y circulación de virus, dónde están los brotes, dónde estamos teniendo incrementos importantes y dónde hay que focalizar entonces las acciones de prevención y cuáles son los mensajes que se le deben de dar a la población. Es información más bien para la acción inmediata y para la toma de decisiones.

Más allá de la estimación, ¿esta estrategia sirvió para ubicar a tiempo los casos y romper cadenas de transmisión?

José Luis Alomía: Definitivamente sí, y esto sobre todo en la fase 1, que era la fase de importación, en donde todo el sistema de vigilancia epidemiológica y de atención médica daban seguimiento puntual a los casos importados y sus contactos, sus cadenas de transmisión. Eso es posible durante la fase 1 y el inicio de la fase 2; es decir esta no es una medida para terminar con la epidemia, no es una medida que tenga como objetivo controlar y terminar la epidemia, no, es una medida que solamente tiene como objetivo mitigar, ralentizar, disminuir un poco la velocidad de la transmisión, pero en ningún momento va a detener por completo la epidemia. 

Tarde que temprano la transmisión comunitaria se va a activar y una vez que la transmisión comunitaria se active, como ha sucedido en todos los países, vendrá la fase epidémica. Pero entonces en ese momento es cuando entró la Jornada Nacional de Sana Distancia, una intervención de autoresguardo, de aislamiento generalizada en la que toda la población que atiende la instrucción contribuye a romper las cadenas de transmisión. 

¿Se ha hecho un análisis de qué hubiera pasado de haberse hecho un mayor número de pruebas o se hará, como para quitarle la duda a los que han criticado esta estrategia?

José Luis Alomía: No consideramos que es necesario, de hecho un indicador importante es el porcentaje de positividad, usted puede hacer 100 mil pruebas, 1 millón, 100 millones y lo importante es el porcentaje de positividad, porque es el que dice cuántas pruebas demás hizo, y lo vimos precisamente en el mes de diciembre, cuando tuvimos este incremento importante de la epidemia y un incremento también de toma de muestras, pero el porcentaje de positividad nunca excedió el 50% y de hecho continua disminuyendo. 

Prepararse para COVID-19

En la estrategia que el gobierno mexicano ha implementado para hacer frente a la pandemia, también se ha cuestionado si la respuesta se gestó a tiempo y con los actores calificados en la materia, más allá de temas políticos o incluso, a veces electorales. 

Ante el señalamiento de que se convocó muy tarde al Consejo de Salubridad General (CSG), por ejemplo, el funcionario de la Secretaría de Salud explicó:  

José Luis Alomía: Toda esta preparación inició desde la primera semana de enero, cuando la Unidad de Inteligencia Epidemiológica y Sanitaria (UIES), que depende de la Dirección General de Epidemiología, supo de un brote de neumonías de origen desconocido que estaba causando enfermedad grave en Wuhan, China. 

En ese momento se activan una serie de protocolos que ya se tienen predefinidos. México cuenta operando desde hace ya mucho tiempo, y fue algo que se puso en marcha inmediatamente, al Comité Nacional de Seguridad en Salud, conformado por diferentes dependencias, todas relacionadas a la respuesta. 

Primero hubo reuniones técnicas. Todo el mes de enero fue de trabajos de preparación previa. Durante ese mes diseñamos y proyectamos, la DGE en conjunto con el Cenaprece (Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades), en diferentes mesas de trabajo, los escenarios que se podían presentar a consecuencia de esta nueva enfermedad. 

Una vez que se tuvo ya la necesidad de implementar una respuesta nacional y coordinada, este Comité Nacional de Seguridad en Salud, que preside el secretario de Salud, sesionó el 30 de enero de 2020. En esa reunión se presentaron los tres escenarios potenciales (fases), que podría causar esta enfermedad en México. 

¿Por qué era importante definir estos escenarios? Porque al definir los potenciales escenarios se pueden ir preparando todas las acciones a desarrollar en cada uno. Esa es precisamente la preparación (de la respuesta). 

¿Se tuvo suficiente coordinación con otras dependencias federales, con los gobiernos estales? ¿Cómo se coordinó esa estrategia?  

José Luis Alomía (JLA): El Comité Nacional de Seguridad en Salud lo preside el secretario de Salud, lo integran varias dependencias de la misma secretaría, incluidos los Centros Nacionales de la Subsecretaria; pero lo integran también otras dependencias del gobierno federal como son: Seguridad, Hacienda, Educación, Cultura. Hay toda una interacción con estas dependencias.

Además, el Comité es uno de los elementos importantes para la coordinación, pero no es el único. Todas las dependencias activan sus grupos técnicos y se han tenido una serie de sesiones, a veces entre secretarias, para ver temas específicos, por ejemplo con la Secretaría de Educación para el tema de la suspensión de clases y cómo debía llevarse a cabo esta, o con la Secretaría de Economía, para poder definir cuáles eran las actividades esenciales y qué se podía clasificar como tal. 

Después todo esto se sube a sesiones donde pueden participar varias o todas las dependencias. No es solamente un tipo de reuniones, hay que tener muchas con grupos específicos, tanto bilaterales como en los marcos donde todos participan.

Algo muy importante es que este Comité Nacional de Seguridad en Salud tiene a su vez dos comités en los siguientes niveles administrativos: se cuenta con el Comité Estatal de Seguridad en Salud, que lo preside el secretario de Salud de cada entidad, y se cuenta con un Comité Jurisdiccional de Seguridad en Salud, que lo preside la jefa o el jefe de la jurisdicción sanitaria en un municipio, entonces todas las decisiones y acciones van bajando en cascada y se van implementando a través de este grupo. 

Sobre por qué se convocó primero al Comité Nacional de Seguridad en Salud –un ente que se creó en 2003, con un acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) por el entonces secretario del ramo, Julio Frenk, y que a la fecha opera sin tener un reglamento interno que precise sus atribuciones y funcionamiento en lugar de al Consejo de Salubridad General órgano que existe desde que existe la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 ( quedó asentado en el artículo 73, fracción XVI, base 1ª, aunque lo que dice al respecto de sus atribuciones y funcionamiento es muy general) y al que especialistas en derecho sanitario ubican como de mayor envergadura, Alomía se limita a señalar que se le convocó primero “porque así está definido en sus atribuciones, para eso fue creado por decreto secretarial, son sus atribuciones como tal”. 

¿Cómo es la coordinación con el CSG? Se ha criticado que no tuvo una acción importante en la respuesta a la pandemia 

José Luis Alomía: Se dio desde un principio, de hecho los integrantes del CSG son muchos de ellos parte o participan también en el Comité de Seguridad en Salud, y todas las disposiciones que se dieron en el marco de la Jornada de Sana Distancia y el Semáforo fueron puestas a consideración de este Consejo. Fue el que mandató todo lo referente a la Jornada Nacional de Sana Distancia y puso en las manos de la Secretaría de Salud las acciones que debían llevarse a cabo. 

Hay que recordar que no es el Consejo de Salubridad General el que opera (la respuesta), opera el que es mandatado, en este caso la Secretaría de Salud, por lo tanto es Salud a través de sus dependencias la que puede operar la respuesta. 

A las autoridades sanitarias también se les reprocha que no hay un documento que contenga el plan de preparación y respuesta a la epidemia, que se pueda consultar y analizar.. 

José Luis Alomía: Tenemos varios documentos. No hay un solo documento como tal. Es toda una serie, que integran los diferentes mecanismos y niveles de respuesta en los diferentes componentes de acción. Pero si mal no recuerdo debe haber un documento integrador. Pero va a ser un documento digamos más de referencia, en relación a los documentos grandes o mayores que son los que integran el plan. Todos estos se pueden descargar de la página de coronavirus.gob.mx, son las guías y ahí están todas las propuestas, tanto para la respuesta como para la preparación de todo lo que se debe hacer en los diferentes ámbitos. 

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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