José, Luis y Ana, los hermanos que amaban el arte y mantenían su familia
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Cuartoscuro

José, Luis y Ana, los hermanos que amaban el arte y eran sostén de su familia

La noche en que fueron sustraídos de su casa, los hermanos González Moreno se encontraban trabajando y cenando. Amigos los recuerdan como amantes del dibujo y la música, y eran sustento de su familia.
Cuartoscuro
14 de mayo, 2021
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La noche del 7 de mayo, Luis Ángel, de 32 años, terminaba unas tazas que le encargaron de su negocio de impresión y serigrafía. Sus hermanos José Alberto, de 29 años, y Ana Karen, de 24 años, se encontraban haciendo tarea y cenando.

A las 10:40 de la noche, un grupo de hombres armados irrumpió su hogar en la colonia San Andrés, de Guadalajara, los sometió y luego los sustrajo.

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Los jóvenes eran amantes del arte -la música y el dibujo- y el sustento de la familia González Moreno, y quienes según la propia investigación de la Fiscalía estatal no estaban implicados en actividades ilícitas.

Amigos y maestros cuentan a Animal Político cómo eran y con qué soñaban estos jóvenes.

Luis Ángel González Moreno

Luis Ángel tenía 4 meses de haber iniciado un negocio de impresión y serigrafía en Guadalajara.

Hace un mes, le mandó un mensaje a uno de sus amigos de la universidad, Carlos, para contarle con mucha emoción la noticia.

Sus amigos describen a Luis Ángel como un joven que siempre puso por delante a sus hermanos, que les acompañaba en todo lo que pudiese y el de mayor responsabilidad económica en el hogar por ser el mayor.

El joven tocaba el violín y la guitarra. Hace 12 años ingresó a la carreta técnica en música de la Universidad de Guadalajara, y buscó especializarse en violín, pero no terminó por problemas con una materia donde se atoró y finalmente desertó.

Los amigos de la universidad relatan que era un joven serio, pero noble, que le gustaba jugar ajedrez y videojuegos. Para saciar el hambre entre clases, Luis y sus amigos compraban un café en el Starbucks -en ese entonces costaba 20 pesos-  y aprovechaban el refill para tomar entre todos.

A veces también compraban un paquete individual de comida china para comérselo entre todos y al final de clases un Paketaxo.

Tras su salida de la escuela, Luis trabajó como cargador, en la empresa tecnológica de IBM, en el corredor industrial, fuera de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

La casa de los hermanos González Moreno está ubicada en el nororiente de la capital, una zona donde se registran hechos violentos y comisión de delitos. Hace seis meses asesinaron a un hombre en la zona por intentarle robar el carro y hace seis semanas arrojaron dos cuerpos en la colonia.

Al tener que trasladarse lejos, tenía que salir temprano y llegar al anochecer, por eso sus amigos le insistían en que estaba pesado trabajar en esa empresa, pero él decía que el camión se iba rápido y que hacía “solo poco más de una hora de camino”.

Los entrevistados coinciden que su casa era humilde. Una segunda planta de una casa duplex, con dos cuartos y sin regadera, pero siempre un plato extra para quien necesitara comer.

Luis era una persona con ganas de emprender proyectos por su propia cuenta. “En una ocasión me convenció de intentar fundar una academia, le pidió a una familiar el espacio, que era una estética, para ver si algún interesado llegaba, nos la pasamos todo el día jugando ajedrez esperando que alguien llegara, pero no fue así, en otra ocasión tratamos de armar una banda, pero tampoco funcionó”, relata su amigo Carlos.

Sus amigos aseguran que para Luis Ángel abrir su propio negocio era un sueño hecho realidad.

José Alberto González Moreno

Mejor conocido como “teto”, era amante de la música y de la ciencia. Desde 2013 fue integrante de la Orquesta Filarmónica de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), donde tocaba el violonchelo.

Esa actividad no era remunerada, pero le otorgaban becas de idiomas y uso de instalaciones. Y para seguir en ello y a su vez ayudar en su casa, trabajó también en la reparación de calzado.

Para sus amigos, José Alberto era muy alegre, siempre tenía que dar un consejo y le gustaba fumar cuando las pláticas eran relajadas y extensas.

Durante la preparatoria, José Alberto estudió un bachillerato técnico en química metalurgista y ensayador, para aprender sobre rocas y minerales.

Al igual que su hermano mayor, inició la carreta técnica en músico, pero este a diferencia de Luis, lo hizo en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), donde era integrante de la orquesta.

Tampoco concluyó esa carrera, pues decidió pausar el proyecto para estudiar la licenciatura en geografía de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Semanas antes de la tragedia, le contó a su maestra de violonchelo, Eva Ríos, que pensaba retomar en los siguientes años la carrera técnica en música.

Teto, ya iba en su tercer semestre de la licenciatura y tenía un promedio de 97. Era asistente de investigación de la académica Ana Cecilia Valencia Aguirre, por lo que recibía una beca que le permitía ayudarse.

Su intención era poder obtener mejores oportunidades y explorar la ciencia, sin dejar su pasión por la música.

Su profesora de violonchelo recuerda con mucho cariño cuando el joven le hizo unas botas y se las regaló en agradecimiento por sus clases para aprender a tocar ese instrumento. Sus compañeros de la orquesta, también recuerdan cuando el joven les reparaba su calzado porque no tenían dinero para comprarse unos nuevos.

Lee más: José, Luis y Ana no se olvidan: Amigos y familiares exigen justicia por el asesinato de los hermanos

Ana Karen González Moreno

A Ana Karen le gustaba que le dijeran “Kasumi”,pues era fan de la cultura japonesa. También le gustaban mucho las hadas y solía disfrazarse de ellas.

Sus conocidos relatan que era tranquila y se juntaba solo con su grupo de amigas. Eso sí, muy apegada a sus hermanos, les acompañaba a donde fuesen. Seguido recogía a José Alberto de sus ensayos, para irse juntos a casa.

Ana Karen trabajaba tapizando automóviles y por falta de dinero no cursó una licenciatura.

En los últimos meses, mostró interés en recibir clases de canto y le pidió ayuda a la novia de su hermano José para aprender. En general a ella le encantaba dibujar y decorar, por ello ayudaba en el taller de serigrafía de su hermano Luis.

Arlette, una de sus amigas de secundaria contó que “ella veía arte en donde sea, en la calle, en la naturaleza, en el cielo y si le gustaba lo que veía también lo dibujaba”.

Para sus conocidos, siempre fue muy positiva y trataba de ver las cosas buenas.

También era amante de los animales. Junto con sus hermanos tenían perro, gato y una tortuga. Cuando veía a animales en condición de calle les ayudaba. Incluso uno de sus sueños era poder crear un refugio para animales.

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Lucy Dawson

La mujer que se convirtió en modelo después de que la ingresaran por error en un psiquiátrico

Lucy Dawson tenía 21 años cuando una encefalitis que ponía en peligro su vida fue diagnosticada erróneamente como una crisis mental. No acabaría allí su pesadilla: en el hospital, sufrió un accidente.
Lucy Dawson
19 de mayo, 2021
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Lucy

Lucy Dawson
Lucy Dawson tiene ahora 25 años: “En el transcurso de una semana mi comportamiento dio un giro completo”, cuenta sobre cómo comenzó a manifestar su enfermedad hace cuatro años.

“En un momento dado pensé realmente que mi vida se había terminado. Estaba muy deprimida”, cuenta Lucy.

“Pero de alguna manera conseguí darle la vuelta; tuve muy mala suerte, pero al mismo tiempo soy muy afortunada por haber perseverado”.

Lucy estaba en su último año de estudio de criminología en la Universidad de Leicester en 2016 cuando enfermó y experimentó un cambio completo de personalidad.

“En el transcurso de una semana mi comportamiento dio un giro completo”, cuenta esta mujer de ahora 25 años. “Pasé de ser jovial, animada y social a estar completamente deprimida y llorar todo el tiempo”.

“Me decía: ‘Estoy gorda, soy fea’. No le gusto a nadie, no tengo novio, voy a suspender la carrera… Eran cosas que nunca me habían importado”.

El día que comenzó a gritar

Una madrugada, las compañeras de piso de Lucy se despertaron por sus gritos.

La llevaron al hospital y allí les dijeron que sufría ataques de pánico causados por el estrés. Le dieron ejercicios de respiración y la enviaron a casa.

Pero a la mañana siguiente volvió a gritar.

Lucy Dawson

Lucy Dawson
Dawson quiere revindicar la presencia de las personas con discapacidad en el mundo de la moda.

“Me balanceaba hacia delante y hacia atrás, tenía las pupilas completamente dilatados y había destrozado mi habitación”, recuerda Lucy. “Sólo tengo vagos recuerdos e imágenes deslavazadas de este periodo”.

“Mis padres vinieron y cuando me encontraron estaban horrorizados. Preguntaron a mis compañeros de piso: ‘¿Ha tomado drogas o hay alguna posibilidad de que se haya pinchado?’. Y ellos respondieron: ‘No hay ninguna posibilidad'”.

Los padres de Lucy la metieron en el coche y la llevaron al hospital. Durante el trayecto, su comportamiento se volvió tan imprevisible que intentó saltar del vehículo en marcha.

Psquiátrico y electroshocks

Una vez en el hospital, sus padres fueron informados de que estaba sufriendo un “colapso mental” y que era necesario internarla en virtud de la Ley de Salud Mental. La ingresaron en un pabellón psiquiátrico, donde permaneció tres meses.

Lucy fue tratada con medicamentos antipsicóticos, pero su estado empeoró rápidamente.

“Estaba muy enferma y tenía alucinaciones, y luego algunas partes de mi cuerpo y mi cerebro empezaron a apagarse”, dice.

“Me quedé catatónica, es decir, en un estado de letargo rígido en el que no puedes sentir tu propio cuerpo”.

Los médicos estaban desconcertados por su deterioro. El día que cumplió 21 años, un mes después de su admisión en el hospital, los médicos comunicaron a sus padres que tendría que someterse a una terapia electroconvulsiva o moriría.

Lucy se sometió a tres rondas del tratamiento, que consistía en enviar una corriente eléctrica a través de su cerebro utilizando dos electrodos acolchados colocados en las sienes para provocar una convulsión.

El procedimiento se realiza con anestesia general.

MIND, una organización benéfica de salud mental, afirma que la terapia electroconvulsiva se recomienda a veces en caso de depresión grave o cuando se considera que la situación pone en peligro la vida.

En el caso de Lucy, el tratamiento hizo que su cerebro “se reiniciara de algún modo” y detuvo el avance de la enfermedad.

“Pero, por desgracia, la cosa no acabó ahí”, relata, “porque después de la terapia con electroshock me devolvieron a mi sala y me dejaron sola”.

Hospital

Lucy Dawson
Un mes después de su admisión en el hospital, los médicos comunicaron a sus padres que tendría que someterse a una terapia electroconvulsiva o moriría.

Diagnóstico equivocado y grave accidente

Lucy estaba en la cama, pero seguía teniendo ataques. Aquella noche de noviembre empezó a tener sacudidas y se cayó de la cama sobre el tubo de un radiador, que estaba extremadamente caliente.

“Estaba catatónica, así que no sentí nada. Me quedé tumbada sobre él, ardiendo, hasta que alguien me encontró”.

A los padres de Lucy les dijeron que “había tenido una pequeña caída”, pero el alcance de los daños producidos por la quemadura no se descubriría hasta meses después, cuando empezó a aprender a caminar y a hablar de nuevo.

“En realidad era una quemadura de tercer grado, que me atravesaba toda la cara izquierda del glúteo”.

Justo antes de la Navidad de 2016, Lucy recibió el alta de la unidad psiquiátrica.

Pero no fue hasta enero que la familia recibió finalmente un diagnóstico de su enfermedad.

No había sufrido un colapso mental: en realidad había tenido una encefalitis, una rara pero grave inflamación del cerebro que puede ser mortal si no se trata rápidamente.

A veces está causada por infecciones víricas o porque el sistema inmunitario ataca por error al cerebro, lo que se conoce como “fuego amigo”, que es lo que experimentó Lucy.

Puede ser difícil de diagnosticar, ya que los síntomas pueden desarrollarse a lo largo de horas, días o semanas, e incluyen confusión o desorientación, cambios de personalidad y comportamiento, dificultad para hablar y pérdida de conciencia.

La encefalitis puede dañar o destruir las células nerviosas (neuronas) y este daño se clasifica como lesión cerebral adquirida. Los supervivientes suelen experimentar resultados completamente diferentes.

Una portavoz de la institución hospitalaria, Lincolnshire Partnership NHS Foundation Trust, le dijo a BBC Ouch: “Lamentamos sinceramente cualquier atención recibida que haya estado por debajo de los estándares que se esperan de nosotros y el impacto que esto ha tenido en Lucy y su familia.

“Estamos comprometidos con ofrecer una atención al paciente segura y de alta calidad, y tenemos un sólido proceso de investigación interna para aprender lecciones para el futuro”.

Modelo Lucy Dawson

Lucy Dawson
“Tuve que aprender todo de nuevo desde cero: a hablar, a caminar. No podía leer ni escribir y estaba absolutamente devastada”, cuenta Dawson.

Empezar de cero

Cuando Lucy volvió a casa, dormía 23 horas al día mientras se recuperaba.

“Tuve que aprender todo de nuevo desde cero: a hablar, a caminar. No podía leer ni escribir y estaba absolutamente devastada”.

Por suerte para ella, su abuelo, profesor jubilado, decidió participar activamente en su recuperación.

“Mi cantante favorito es Elvis Presley, así que mi abuelo compró todos los libretos de Elvis en internet y aprendió a tocarlos con el teclado”, cuenta.

“Así es como aprendí a hablar de nuevo: cantando las canciones”.

Pero aún le costaba caminar y su salud mental se resentía.

“Vi a todos mis amigos graduarse en una transmisión en Facebook y realmente pensé que mi vida había terminado”, asevera.

“Estaba muy deprimida y le dije a mi familia: ‘Ojalá no me hubiera despertado nunca'”.

La discapacidad

Un año después de recibir el alta, Lucy descubrió por fin por qué seguía luchando por caminar.

La quemadura sufrida con el radiador le había atravesado el nervio ciático, paralizándole permanentemente la parte inferior de la pierna.

Aunque fue una revelación devastadora, saber cuál era el problema le permitió a ella y a su familia seguir adelante.

Ejemplo de terapia

Getty Images
La terapia electroconvulsiva es un procedimiento que se lleva a cabo con anestesia general y que consiste en pasar pequeñas corrientes eléctricas a través del cerebro.

Entre el canto, los juegos de palabras diarios y el caminar distancias cortas con un andador, Lucy se recuperó hasta el punto de poder volver a la universidad y terminar su carrera de criminología.

Tras su graduación, Lucy, que ahora lleva una férula en una pierna y utiliza un bastón, acudió a un casting para la agencia de modelos Zebedee y fue contratada.

La carrera de modelo de Lucy despegó y siempre le gusta presumir de su colección de coloridos y brillantes accesorios de movilidad, que espera que ayuden a aumentar la representación y la visibilidad de la discapacidad en los medios de comunicación.

Hasta ahora ha trabajado con marcas como Ann Summers, Love Honey y Missguided.

“No me avergüenza posar en lencería”, asegura. “Discapacitada y sexy no son dos términos mutuamente excluyentes”.

“Pero rara vez se ven personas con discapacidad en las campañas de moda, y mucho menos en las de lencería, así que es algo en lo que tenemos que seguir trabajando”.

Lucy espera seguir aumentando la visibilidad de la discapacidad y concienciando sobre la encefalitis.

“Quién sabe lo que me depara el futuro”, se pregunta.

“Si mi experiencia me ha enseñado algo, es que realmente no puedes planificar tu vida”.


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