‘A la maternidad se le debe dar tiempo y respeto’: Mamá desobediente
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‘Al parto se le debe dar tiempo y respeto, no prisas y violencia’: Mamá desobediente

La autora de Mamá desobediente, Esther Vivas, habla de la maternidad con perspectiva feminista, denuncia la violencia obstétrica y señala a la lactancia como un compromiso colectivo con las infancias.
Especial
Por Verónica Santamaría
16 de mayo, 2021
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La maternidad es una experiencia en la que las mujeres también experimentan ciertas violencias, entre las que destaca la violencia obstétrica, la capitalización del parto y la autocensura de la lactancia en los espacios públicos.

Sin embargo, a partir de movimientos sociales como el feminismo es que las mujeres aspiran a transformar la sociedad al nombrar y erradicar dichas violencias. Esta indignación, llevó a Esther Vivas a escribir Mamá desobediente.

De acuerdo con la autora, denunciar la violencia obstétrica es el primer paso para combatirla y para hacerlo efectivo hay que identificarla ya que, el problema radica en la manera en que la sociedad normaliza este tipo de agresión contra las mujeres, la cual, podría considerarse como una de las fronteras de la violencia de género, al pensar que es normal el trato que las mujeres reciben en algunos centros de salud.

Lee: Parir en los tiempos de COVID-19: parteras ofrecen alternativa a hospitales

“Nos han dicho que parir es que te obliguen a dar a luz sola, que no te puedas quejar, que te insulten, que te traten de manera condescendiente, que te digan que estás pujando mal y vas a matar a tu hijo, que te hagan una cesárea innecesaria o que te separen de tu bebé al nacer y estas prácticas son constitutivas de una violencia específica, pero en cambio, la hemos normalizado”, señala.

Vivas explica que para erradicar esta violencia el reto está en entender y visibilizar esta realidad que atraviesan las mujeres antes, durante y después del embarazo. Para esto, deben ser capaces de identificar la violencia obstétrica y así, quienes transitan por esta experiencia pasen de víctimas a sobrevivientes.

“Solo reconociendo la violencia obstétrica será la única manera de poderla erradicar”, asegura.

El libro Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad (Ediciones Godot, 2021) retrata la maternidad a manera de ensayo estructurado en tres partes: Maternidad en disputa, Mi parto es mío y La teta es la leche. En cada título Vivas señala las violencias hasta ahora normalizadas, pero al mismo tiempo hace una crítica con “mirada violeta”, es decir, desde un punto de vista feminista.

“Mamá desobediente es un grito a rebelarse, por un lado, contra el mandato de la maternidad, por eso digo que el derecho al aborto es imprescindible para tener derecho a la maternidad libre y no impuesta. También es un grito a rebelarse ante el mandato de la maternidad patriarcal”, añade.

La madre sacrificada

De acuerdo con el libro, hoy día tenemos que ser la madre sacrificada de toda la vida y, al tiempo que se le exige a la mujer ser una superwoman o supermujer, que siempre llega a todo. Sin embargo, esta resulta ser una maternidad muy tóxica de la imagen de la buena madre impuesta en la sociedad. Lo cierto es, que nunca se puede llegar a serlo. Es imposible e indeseable.

Mamá desobediente, es también el retrato de una madre que en diversos intentos para quedar embarazada cuenta gran parte de su experiencia, sin convertirse en una autobiografía del embarazo, Vivas habla de sus dificultades para lograr un embarazo.

Decidir sobre el embarazo y lactancia sin que sean impuestos ni violentados es parte del derecho de las mujeres a elegir una maternidad orientada e informada, y no obligada ante los cánones de la sociedad. Incluso, decidir parir en casa debe ser parte de estas opciones que den estabilidad tanto para la madre como para el bebé a través del acompañamiento de una comadrona, como se le conoce a las parteras en España, en un embarazo de bajo riesgo.

Un nuevo modelo de maternidad

Si bien, Mamá desobediente no es una guía para ser madre, en el libro Esther Vivas muestra a los lectores la realidad que implica la maternidad donde fracasar es parte de esta tarea. En palabras de la autora, “la maternidad, cuando es la primera vez, implica poner patas arriba tu vida anterior, cambia tu cuerpo, la relación con tu cuerpo, la relación con tu pareja, con el empleo, con las amistades, con la familia y eso, nadie te lo cuenta”.

Entonces, decidir convertirse en madre marca un antes y un después en la vida de las mujeres. Por ello, propone un modelo de maternidad con mirada feminista para dejar detrás la maternidad patriarcal que por décadas hizo creer a las mujeres que se nace para ser madres.

Vivas enfatiza en que las mujeres que decidan ser madres debe reivindicarse como sujetos políticos ya que, “desde que quedas embarazada se nos infantiliza, se nos trata de manera condescendiente y todo el mundo, familia, amigos, vecinos dicen qué es lo mejor para ti o para el bebé, cuando tú eres la madre para definirlo”, puntualiza.

Dentro de este modelo de maternidad que, desde su experiencia, Esther Vivas propone es entender que la maternidad también es una responsabilidad colectiva y no única de la mujer que decide tener hijos.

“Es una responsabilidad de la madre, del padre, si es que lo hay; y de la sociedad en general, porque estamos hablando de cuidar de la salud emocional y física de las niñas y niños que serán los adultos del día de mañana y esto, nos debería de implicar a todos”, añade.

¿Qué es la culpa en la maternidad?

Si bien, la maternidad es un camino lleno de incertidumbres como se menciona en el libro, la culpa es parte de esta experiencia que por mucho tiempo estuvo invisibilizada. Este sentimiento se convierte en uno de los grandes enemigos a combatir en la maternidad porque la madre siempre será juzgada por lo que haga en los cuidados a los hijos e hijas.

Estos juicios generan cierto grado de culpabilidad en las madres al pensar que no lo están haciendo bien. Sin embargo, “el problema no somos nosotras, el problema, por un lado es el espejo de la maternidad con el que nos miramos donde tenemos que ser una madre perfecta que nunca se equivoca y todo lo hace bien. Eso es imposible”, señala.

La culpa también se presenta cuando una mujer que decide ser madre no logra quedar embarazada tras varios intentos, al igual que no tener el parto vaginal que querían o una lactancia libre. Incluso, el sentimiento de culpabilidad también puede presentarse en mujeres que, hoy día, continúan experimentando las presiones sociales de su entorno cuando llegan a una edad determinada y no tienen descendencia.

Parteras y el robo histórico del parto

El parto y la partería son dos elementos que a las mujeres les han robado, históricamente. En el libro Vivas habla de la partera, quien, históricamente, es la mujer que acompaña a la futura madre a parir.

El saber de la partera ha sido perseguido, en la edad media muchas parteras fueron quemadas en la hoguera y llamadas brujas porque su saber era una amenaza al poder del Estado y de la iglesia. En las sociedades modernas “a las mujeres se nos hizo creer que no sabemos parir, se apartó a las parteras del acompañamiento al parto para dejarlo en manos de médicos, quienes atienden el parto bajo una mirada machista y patriarcal”.

En México, durante el Foro Partería, sumando esfuerzos que se llevó a cabo en la Ciudad de México, organizado por la Secretaría de Salud a través del Centro Nacional de Equidad de Género (CNEGSR) y con el apoyo de la representación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en México, la doctora Maureen Birmingham, representante de la OPS/OMS en el país, señaló que “las parteras pueden ayudar a evitar dos tercios de las muertes maternas totales, pero solo 4 de 73 países cuentan con personal de partería capaz de satisfacer la necesidad universal de las 46 intervenciones esenciales en materia de salud sexual, reproductiva, materna y neonatal. La salud de la mujer y la partería van de la mano”.

Ante esto, Esther Vivas señala que es importante reconocer el saber de las parteras, que es un saber tradicional válido y no solo se trata de recuperarlo, sino también visibilizar, valorar e incorporar en la atención sanitaria al parto. Además, de dejar de menospreciar su saber y mercantilizar el propio parto donde no se respeta su fisiología y al que se le debe dar tiempo y respeto, no prisas y violencia.

“El obstetra es el profesional preparado para atender las complicaciones que vengan de un parto. La partera está formada para acompañar a una mujer a parir y por tanto, hay que devolver el valor a este trabajo fundamental para el buen acompañamiento del parto”, resalta.

Mamá desobediente de Esther Vivas, ya se encuentra en librerías. La ilustración de tapa pertenece a Eréndira Derbez y las ilustraciones internas son de Julieta Longo.

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Los países donde más aumentó la pobreza extrema durante la pandemia (y los dos donde insólitamente bajó)

Pese a que la economía de América Latina sufrió una contracción de 7.7% en 2020 en medio de una de las peores recesiones de las últimas décadas, hubo dos países que lograron disminuir el nivel de pobreza y extrema pobreza.
21 de mayo, 2021
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Con la pandemia de covid-19 se disparó la pobreza y la extrema pobreza en Latinoamérica.

Eso, a pesar de los paquetes de estímulo fiscal con que los gobiernos trataron de mitigar los efectos más devastadores de la crisis.

En la mayoría de los casos, los gobiernos se endeudaron para inyectar fondos de emergencia en los sistemas de salud y entregar ayudas directas a las familias más vulnerables y a las empresas más afectadas por una recesión que hizo que la actividad económica cayera 7,7% en 2020.

La pobreza llegó a su nivel más alto en los últimos 12 años, afectando a un 33,7% de la población, es decir, uno de cada tres latinoamericanos lo está pasando muy mal.

Pero el mayor retroceso histórico ocurrió entre los “pobres extremos”, aquellos que no pueden cubrir sus necesidades básicas de alimentación.

La pobreza extrema alcanzó su mayor nivel en las últimas dos décadas: 12,5% de la población, según las proyecciones hechas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal.

Una estadística que quizás no dice mucho, pero que en la práctica es sinónimo de hambre.

Una de cada ocho personas se va a la cama con el estómago vacío. La mayoría no tiene agua potable, ni electricidad. Con suerte consigue un techo improvisado para cubrirse de la lluvia o el sol.

Y uno de los efectos más graves de vivir con hambre está relacionado con las secuelas que deja a largo plazo, como el irreparable deterioro en el desarrollo cognitivo y físico de los niños.

Niño en la calle, México

Getty Images
“Todo lo que se había avanzado en este siglo para disminuir la extrema pobreza se perdió durante la pandemia”, dice Alberto Arenas.

“Todo lo que se había avanzado en este siglo para disminuir la extrema pobreza se perdió durante la pandemia”, le dice a BBC Mundo Alberto Arenas, director de la División de Desarrollo Social de la Cepal.

¿Dónde aumentó más la pobreza extrema?

El aumento de la pobreza extrema depende de la situación en la que se encontraba el país al momento en que llegó la pandemia, qué tan grave fue la situación de salud pública y de qué manera reaccionó el gobierno para enfrentar la crisis, señalan expertos.

Los países de Latinoamérica donde más subió la extrema pobreza en 2020 son: México, Honduras y Ecuador, según las proyecciones hechas por la Cepal.

Países con mayor aumento de la pobreza extrema en 2020. América Latina (en porcentajes) [ México aumentó de 10,6 a 18,3 ] [ Honduras subió de 20 a 26,1 ],[ Ecuador subió de 7,6 a 12,8 ], Source: Fuente: Proyección Cepal (comparación 2019-2020), Image:

Comparando 2019 y 2020, en México la extrema pobreza se disparó de 10,6% a 18,3%.

En Honduras el aumento fue de 20% a 26,1%, mientras que en Ecuador subió de 7,6% a 12,8%.

“Hay una relación entre la extrema pobreza y las transferencias monetarias hechas por los gobiernos”, dice Arenas, refiriéndose al dinero que el Estado le entrega directamente a las personas más vulnerables.

“Si no fuera por las transferencias monetarias los indicadores sociales serían mucho peores”, apunta, agregando que es importante mantenerlas.

La paradoja de Brasil y Panamá

Los únicos países donde bajó la pobreza y la extrema pobreza son Brasil y Panamá

Mientras en Brasil la extrema pobreza cayó de 5,5% a 1,4%, en Panamá registró una disminución de 6,6% a 6,4%.

Países donde bajó la pobreza extrema . América Latina (en porcentajes) [ Brasil cayó de 5,5 a 1,4 ] [ Panamá disminuyó de 6,6 a 6,4 ], Source: Fuente: Proyección Cepal (comparación 2029-2020), Image:

A diferencia de lo que ocurrió en aquellos países donde las ayudas fiscales fueron menores -ya sea porque no tenían más posibilidades de endeudarse o porque el gobierno tomó la decisión de seguir una política más austera-, Brasil y Panamá focalizaron gran parte de sus desembolsos en los sectores de menores ingresos.

Eso se explica, entre otras razones, porque en la región más de la mitad de los trabajadores son informales. Por lo tanto, para llegar a ellos, la manera más eficiente en esta emergencia, dicen los expertos, era optar por la política de entregarles dinero.

Paradójicamente en Brasil, donde el presidente Jair Bolsonaro tuvo por mucho tiempo una actitud negacionista frente a la pandemia, al final del día fue el gobierno que más recursos destinó a enfrentar la pandemia como porcentaje del PIB.

Una decisión aún más compleja si se considera que Brasil es el país con la mayor deuda pública de la región.

Familia caminando con comida, Brasil

Getty Images
En los dos extremos de las ayudas fiscales por la pandemia está Brasil y México: mientras Brasil destinó cerca de un 8% de su PIB, México solo gastó un 0,7% del PIB.

Y es que las decisiones de gasto de esta envergadura no solo tienen un carácter técnico.

Desde un punto de vista político, por ejemplo, mientras los programas sociales estuvieron vigentes en Brasil, la popularidad del mandatario subió.

Y en la medida que esos estímulos comenzaron a ser retirados, la popularidad del presidente comenzó a bajar.

Los paquetes de estímulo fiscal

Las ayudas fiscales en Latinoamérica variaron sustancialmente de un país a otro. Los dos extremos fueron Brasil y México: mientras Brasil destinó cerca de un 8% de su PIB, México apenas gastó un 0,7%.

Hombre en Honduras

Getty Images
El aumento de la pobreza extrema depende de cómo estaba el país en el momento en que llegó la pandemia, qué tan grave fue la situación de salud pública y de qué manera reaccionó el gobierno para enfrentar la crisis.

Esos desembolsos incluyen gasto público y medidas de alivio tributario (que se consideran como ingresos no percibidos por el fisco en relación al pago de impuestos).

Este tipo de medidas fiscales representaron en promedio un 4,5% del PIB, considerando a las mayores economías de la región, le dice a BBC Mundo Jorge Roldos, subdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI.

Aparte de esos recursos, explica Roldos, los países también gastaron cerca de un 3,5% del PIB en el financiamiento de créditos “blandos” y garantías, principalmente a pequeñas y medianas empresas (que suelen llamarse medidas de apoyo a través de instrumentos de liquidez).

Niña en la calle, México

Getty Images
Los paquetes de estímulo fiscal destinados a apoyar familias, empresas y el gasto de emergencia en salud, lograron contener en parte el aumento de la pobreza y la indigencia, pero no pudieron detener su aumento.

En aquel escenario, la pobreza y la pobreza extrema se dispararon en medio de una profunda recesión económica, lo cual significa que los gobiernos recibieron menos ingresos y, al mismo tiempo, tuvieron más gastos.

El resultado ha sido un aumento de la deuda y del déficit fiscal, que probablemente se convertirán en uno de los mayores desafíos que enfrentarán los países de la región cuando acabe la emergencia.


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