Explotación sexual infantil: patrones identificados en escuelas de México
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Explotación sexual infantil: patrones que se han identificado en escuelas de México

La Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia identificó, con testimonios de menores de edad, patrones de abuso sexual en escuelas. Las víctimas tienen entre 3 y 7 años.
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Por Dalila Sarabia
31 de mayo, 2021
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Corría el año de 2011 y la entonces Procuraduría General de la República buscó a la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI) para pedirles apoyo en la atención de 30 menores de entre 3 y 5 años que habían sido víctimas de abuso sexual en un preescolar público en la ciudad de México. A partir de la denuncia y señalamientos hechos por los padres y los menores, testimoniales recopilados por la ODI desde 2008 y que resultaban confusos, lo confirmaron: niñas y niños son víctimas de violencia sexual organizada en sus escuelas.

“Lo que vemos es que los patrones no sólo son llamativos por la cantidad de niños y la cantidad de agresores, sino que el tipo de violencia es muy inusual. Se trata de violencia con elementos ritualísticos y escenificaciones, así como la presencia de cámaras (de video) que pareciera tratarse más bien de la producción de material de explotación sexual (…) entre más pequeños son las víctimas de explotación sexual infantil, más extrema es la violencia”, dice Margarita Griesbach, directora general de la ODI en entrevista con Animal Político.

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De la sospecha al horror

La primera denuncia en 2011 destapó una situación que resultaba difícil de creer: más de 30 niños y niñas, estudiantes del preescolar público Andrés Oscoy ubicado en la hoy alcaldía de Iztapalapa, en la ciudad de México, habían sufrido abuso sexual en la escuela.

De los testimonios de los menores se detectó a 10 personas -desde la directora del plantel hasta el personal de intendencia- como sus agresores directos. Doce menores describieron ser agredidos por más de un adulto de manera simultánea.

“Lo vivido por los niños y niñas no se trata de varios agresores que coinciden en una misma escuela, sino de un grupo de personas que de manera coordinada y conjunta agreden a los alumnos”, se lee en el informe “Es un secreto. La exploración sexual infantil en escuelas” coordinado por la ODI y acompañado por los activistas y académicos: Karina Ansolabehre, Maite Azuela, Lydia Cacho, Denise Dresser, Manuel Gil Antón, José Guevara, Lorenzo Meyer, Juan Martín Pérez y Luis Daniel Vázquez.

En el documento, se exponen a detalle los casos de tres escuelas de nivel preescolar -en la CDMX y el Estado de México- en donde se advierte sobre los patrones delictivos que apuntan que jardines de niños y primarias han sido utilizados como espacios para la comisión de delitos de explotación sexual infantil en línea.

Las agresiones descritas por los menores resultan inusuales en casos de abuso sexual infantil ya que narran abusos extremos ejercidos con violencia. Algunos refirieron ser amarrados o amordazados y una niña dice haber sangrado. Asimismo, las víctimas dijeron haber sido sometidas a dinámicas y rituales grotescos.

“Varios niños refieren que el abuso tomaba lugar en el marco de juegos. De manera consistente niños y niñas describen ser penetrados con jeringas con agua, con popotes o con papeles sucios, incluso manchados con excremento”, describe el informe.

Los menores también refirieron ser ahorcados u obligados a lastimar a otros compañeros y compañeras, así como ser grabados o fotografiados.

Mayoritariamente estos abusos sucedían en el baño de la escuela, pero también eran violentados en la dirección, en salones, en el patio, e incluso en cuartos de drenaje.

“Algunas referencias de los niños y niñas resultan tan extrañas que sólo cobraron relevancia a la luz de casos que conocimos posteriormente. Una niña refiere que la lastimaban cuando se quedaba dormida y otra niña dice ser sacada de la escuela y llevada a otro lugar donde era violentada. La sedación y que las víctimas sean sacadas de la escuela, son patrones que en otros casos se repetirían”, se detalla en el documento.

Tres años antes, en 2008, la ODI representó el caso de una niña de 5 años que refirió ser víctima de abuso sexual en el preescolar privado en el que estudiaba. La menor fue sacada del colegio y llevada en un automóvil -con otros de sus compañeros- a una casa en la que había adultos extraños. “Me sacaba de la escuela y me llevaba a un lugar malo… me hacían muchas cosas feas”, refirió la niña en su testimonio.

Aunque este caso nunca llegó a juicio dadas las filtraciones de la entonces Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, tras revelarse lo sucedido en 2011 en el preescolar en Iztapalapa, el caso ayudó a sumar los elementos para identificar patrones delictivos.

También en 2011, familiares de menores inscritos en el preescolar público Laura Elena Arce Cavazos, en Cuautitlán, Estado de México, denunciaron abuso sexual cometido por un profesor. Al momento de declarar en la Procuraduría de Justicia del Estado de México, los menores nombran a seis adultos como sus agresores.

Con estos tres casos ya se habían identificado los patrones del abuso sexual a menores dentro escuelas preescolares y primarias -públicas y privadas-, sin embargo, en 2018 un nuevo caso llega a la ODI: 49 niños y niñas víctimas de violencia sexual en un preescolar público en la CDMX.

En esta ocasión 16 niños y niñas describieron a más de un adulto al momento del abuso. En total se mencionaron a 11 adultos trabajadores del centro educativo incluyendo a la directora, varias maestras, personal de intendencia y un supervisor pedagógico.

Según el informe coordinado por la ODI, los menores dijeron que cuando se acercaron con docentes -hombres y mujeres- para comentarles lo sucedido, las respuestas que recibían eran inconsecuentes e incluso recibían amenazas.

Uno de los factores que más llamaban la atención al momento de que niños y niñas brindaban sus testimonios, era la constante de ser sacados de la escuela y llevado a otros espacios donde no sólo había adultos desconocidos, sino que también se encontraban otros menores que no eran de su escuela.

Se trató de una acción que de inicio resultaba tan difícil de creer, incluso fue considerado como un mecanismo de defensa emocional durante la narración infantil. Sin embargo, cuando se obtienen mejores condiciones de escucha resulta innegable la reiteración y contundencia con la que se describe este hecho.

“Como en casos anteriores, los niños y las niñas refieren elementos grotescos como ser penetrados con papeles sucios que son tomados del basurero. Otros refieren orina, excremento o vómito durante las agresiones”, agrega el informe.

Amenaza, confusión y trauma

Las afectaciones presentadas por la totalidad de víctimas de abuso sexual en sus escuelas fueron extremas.

Algunos de ellos comenzaron a tener comportamientos violentos. En uno de los casos un menor amenazó a su madre con un cuchillo. Otros tuvieron comportamientos de agresión sexual en contra de hermanos o hermanas más pequeños y algunos más manifestaron episodios disociativos en los que permanecían incapaces de responder durante ciertos periodos.

Asimismo, la confusión generada en los menores sobre la complicidad de sus padres en el abuso les generó graves daños psicológicos.

“Una niña refiere que fue llevada a una casa donde sufrió abuso y que sus padres estaban presentes, pero ‘estaban hechos invisibles’”, se detalla.

También les amenazaban permanentemente de que, si decían algo de lo que sucedía, lastimarían a sus padres.

“Incluso algunos refieren que las amenazas eran gráficas, que su madre sería enterrada en el arenero o que sus padres serían convertidos en calavera y por tanto les causaban aún más temor a hablar. Silenciados, la gravedad del trauma ocasionado se manifestó de otras maneras”, agregan.

Particularmente los menores tenían terror de ir al baño, llegando al extremo de que algunas familias tuvieron que colocar bacinicas o cubetas en la sala o pasillo de sus hogares porque sus hijos se negaban a entrar al baño.

Otros síntomas y traumas del abuso fueron: trastorno de alimentación, dolor de estómago, infecciones en las vías urinarias, rozadura o dolor genital, enojo, agresión, tristeza, rechazo agudo a la escuela, pesadillas y/o terror nocturno y comportamiento sexualizado.

No sólo en México

A fin de poder entender los patrones hallados en los casos anteriores, la ODI se alió con organismos gubernamentales y civiles internacionales como End Violence, Interpol, Homeland Security – ICE y The International Justice Mission a fin de ubicar si esta situación se presentaba en otras naciones

La búsqueda rápidamente los ubicó en Jerusalén, Israel, en donde pudieron contactar al reportero Haim Rivlin quien ha documentado casos similares a los de México.

Inicialmente él documentó el caso de 65 niños y niñas que sufrieron abuso sexual cuando tenían edad preescolar. Estos hechos tuvieron lugar en 12 escuelas ortodoxas en Jerusalén.

Posteriormente se sumó el caso de 100 niños y niñas -también en edad preescolar- que fueron víctimas de abuso sexual en el barrio de Nachlaot en 2011, así como otras 104 víctimas violentadas en barrios del norte de Jerusalén en 2012. Todos con patrones criminales similares.

“Entre los rasgos similares se observa que en los casos de Jerusalén algunos niños y niñas presentan confusión sobre si sus padres son o no sus verdaderos progenitores (…) al igual que en los casos registrados por la ODI, estas confusiones inusuales pudieran ser indicativas de estrategias utilizadas para generar confusión en las víctimas sobre lo sucedido o para hacer que su narrativa sea menos creíble”, indica el informe.

Apenas es la punta del iceberg

Si se tenía conocimiento de cuatro casos sólo en la CDMX y el Estado de México entre 2008 y 2018, y se tenía la documentación de lo que sucedía en Jerusalén, ¿cuántos casos más habría en el país?

A través de solicitudes de información y haciendo consultas a las recomendaciones de comisiones de derechos humanos estatales se logró tener un acercamiento: 37 casos fueron identificados como posibles coincidencias en patrones, pero sólo fue posible conocer a mayor detalle lo referido por las víctimas en 18 escuelas en siete estados de la república mexicana.

Se trata de seis casos más en CDMX, cuatro en Jalisco, dos en Oaxaca, dos en Morelos, dos en el Estado de México, uno en San Luis Potosí y uno más en Baja California.

“En todos los casos se trata de agresiones en contra de niños y niñas de entre 3 y 7 años de edad. Trece de los casos refieren abuso que se comete en contra de grupos de víctimas. Algunos describen abuso frente al salón o la escuela entera. En un caso, por ejemplo, el maestro es denunciado por un vecino que desde la ventana de su edificio observa que se abusa de los niños y niñas en el patio de la escuela. Resulta por supuesto difícil de entender cómo un delito de esta naturaleza se comete de manera tan abierta dentro del contexto escolar”, se lee en el documento coordinado por la ODI.

Tras el procesamiento de datos hechos con la información pública obtenida se revelaron hechos perturbadores como que en seis de estas escuelas los niños y niñas refirieron presenciar actos sexuales entre adultos que participaban en la agresión y en siete escuelas las víctimas narran ser obligados a realizarse tocamientos entre los propios niños y niñas.

En 16 de las 18 escuelas identificadas, los menores describieron actividades ritualistas como ser desnudados y amarraros, ser obligados a orinar sobre otras personas o a introducir las manos en orina mientras son agredidos.

En cuatro escuelas más se reportó el uso de máscaras o disfraces y en una escuela los niños y niñas reportaron ser disfrazados como animales y obligados a ladrar.

Entre la impunidad y la justicia

De los casos presentados y acompañados por la ODI entre 2008 y 2018, actualmente hay 7 persona en prisión.

Filtración de información, amenazas, falta de comunicación entre las distintas instancias y otros hechos han llevado a que familias desistan de las denuncias y quienes la sigan tengan que enfrentarse a un sistema plagado de fallas que han limitado la impartición de justicia en estos casos.

Luego de los seguimientos hechos a lo largo del tiempo, se detectaron cuatro mecanismos de impunidad que son los que han permitido que no haya justicia por los hechos vividos por niños y niñas de entre 3 y 5 años: (1) deficiente coordinación entre la actividad policial, la coordinación de la investigación y la representación del Estado como parte acusadora, (2) la fragmentación de una investigación haciendo literalmente imposible el esclarecimiento de criminalidad compleja, (3) la falta de especialidad y adecuación en los procedimientos de justicia para las niñas, niños y adolescentes y (4) la exclusión de la víctima para intervenir activamente en la investigación criminal.

A 10 años de los hechos ocurridos en el preescolar Andrés Oscoy, en la alcaldía de Iztapalapa, las víctimas aún no reciben una reparación justa e integral por los graves daños ocasionados por seis servidores públicos encargados de protegerlos y educarlos

En 2016, cinco años después de los hechos se dictó sentencia a los seis perpetradores.

El conserje recibió una condena de 467 años y 3 meses de prisión, así como una multa de un millón 233 mil pesos; la directora 88 años de prisión y una multa de 260 mil 063 pesos; el auxiliar de dirección 81 años de prisión y una multa de 328 mil 858 pesos; el asistente de servicios 36 años de prisión y una multa de 129 mil 288 pesos; y las dos personas de servicio social 68 años de prisión y multa de 199 mil 673 pesos.

En el caso del preescolar Laura Elena Arce Cavazos, en Cuautitlán, Estado de México, de los seis señalados por los menores como sus violentadores sólo uno de ellos tuvo una sentencia por 16 años y 10 meses de prisión, una multa de 35 mil 396 pesos y la inhabilitación de 10 años para ejercer como educador frente a grupo.

Sobre los hechos ocurridos en 2018 en otro jardín de niños en la CDMX en donde 49 niños y niñas fueron agredidos sexualmente aún no se tienen sentencias pues se trata de un caso abierto.

Respecto al papel de la Interpol y la posible existencia de una red internacional de delincuencia, la directora general de la ODI señala que esa investigación debe hacerse coordinadamente con el estado mexicano.

En varias ocasiones se ha solicitado a la Fiscalía General de Justicia que se indague sobre ello, pero se han negado a pedir apoyo internacional.

“Es una investigación que tiene que hacer el estado, hay cosas que son imposibles, los ciudadanos no podemos sustituir al estado (…) los ciudadanos no podemos investigar si hay una red internacional de delincuencia, sobre todo en casos de explotación y material de explotación sexual infantil, es una investigación que es imposible hacer si no se es una autoridad autorizada, facultada para hacerlo”, subraya.

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Escuchar y confiar

Margarita Griesbach, directora general de la ODI, recapitula y sostiene que este informe sobre la explotación sexual de niños en escuelas públicas y privadas es apenas un acercamiento de lo que en realidad puede estar pasando en las escuelas. Se debe investigar urgentemente pues este informe abrirá la puerta a que se develen más casos con los mismos patrones.

“Dentro de todo lo horrible que narra el informe estamos frente a una gran oportunidad para que esto cambie. (…) lo que se puede cambiar es empoderar a los niños para poder hablar sin temor. Hay que hablar directamente con los hijos y las hijas y decirles que les vamos a creer y les vamos a proteger”, sostiene Griesbach al preguntarle sobre cómo seguir confiando en los centros educativos a donde se lleva a los hijos.

También resulta necesario atender y modificar la infraestructura de las escuelas en el país pues éstas están construidas de forma ajena a la seguridad de los niños, lo cual consideró absurdo.

“El hecho de que existan dentro de las escuelas casas particulares donde vive y duerme el conserje es un sinsentido, cuartos oscuros y bodegas son áreas que representan múltiples riesgos para la infancia y que no tienen cabida en una escuela y menos en una escuela publica”, observó.

En tanto, la Secretaría de Educación Pública (SEP) también debería modificar la respuesta que tiene cuando se le notifica una denuncia de abuso sexual, pues antes de pedir la intervención de la Fiscalía General, hace una investigación interna para decidir si dan vista o no a la autoridad judicial.

“Exijamos que se cambien las cosas (y tengamos) confianza no solo en la escuela, sino la confianza en que nuestros hijos saben que si algo les pasa que les lastima nos pueden decir porque les vamos a creer y les vamos a proteger”, concluyó Griesbach.

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5 de mayo: claves para entender la relación de 'amor y odio' entre México y EU

Históricamente, la relación entre mexicanos y estadounidenses ha sido muy contrastante, tanto de admiración, como de rechazo. ¿A qué se debe?
5 de mayo, 2021
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Cada 5 de mayo, los estadounidenses celebran a México.

Una fecha que en el país latinoamericano no causa expectación, e incluso pasa desapercibida, en Estados Unidos es motivo para deleitarse con comida mexicana, ponerse sombrero y bigotes falsos. Y con una margarita en mano brindan por su vecino del sur.

La fecha marca el triunfo del ejército mexicano sobre los invasores franceses en la Batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862.

Y no es raro encontrar a estadounidenses -incluso latinos- que piensan que el Cinco de Mayo, como le llaman, es el día de la Independencia mexicana (en realidad es el 16 de septiembre).

Además de ese día, no hay otra fecha similar en las que EE.UU. celebre a su vecino.

Y es que la relación entre ambos países históricamente ha sido tan amistosa como conflictiva. Con una tendencia hacia lo negativo en los últimos años, según muestran los sondeos de opinión.

Tres personas celebrando el Cinco de Mayo

Getty Images
Los estadounidenses no dudan en tomar sombreros y bigotes falsos para “imitar” a los mexicanos en la fiesta del “Cinco de Mayo”.

La encuesta periódica del Pew Research Center (PRC) estadounidense muestra que la imagen positiva que tenían los mexicanos de EE.UU. desde 2002 -de entre 47% y 69%- cayó hasta el 30% en 2017, cuando el presidente Donald Trump impulsaba su agenda antiinmigrante.

Otro estudio de opinión de Gallup, de 2018, muestra cómo en la década de 2000 nueve de cada 10 estadounidenses consideraban a México como un “aliado” o “amigo”. Pero para 2018 cayó al nivel más bajo, de 72%.

“La gente de mi generación, de los años 50, 60 o 70, tienen esta relación amor-odio porque desde muy pequeños nos lo enseñaron en la escuela” en México, dice a BBC Mundo Rafael Fernández de Castro, director del Centro de Estudios EE.UU.-México de la Universidad de California en San Diego

“Pero las nuevas generaciones, los jóvenes tiene una relación pragmática con EE.UU.”, considera.

Por su parte, el internacionalista César Villanueva considera que hay admiración, más que amor, de mexicanos hacia estadounidenses. “Hay una relación simbiótica que hay que entender, yo creo que eso es central. Tanto como los estadounidenses se sirven de México, como los mexicanos de Estados Unidos”,

Del lado opuesto, señala que los estadounidenses solo llegan a admirar ciertos aspectos de México, pero asegura que es mayor su desconocimiento del país vecino: “Hay códigos culturales que nos llevan a una incomprensión muy muy marcada”.

¿Qué es lo que hace que mexicanos y estadounidenses vivan una relación tan contrastante, para muchos de “amor y odio”?

1. La herida abierta en México

Hay un punto en la historia de ambos países que ha definido el sentimiento de muchos mexicanos, principalmente de las generaciones que crecieron en el siglo XX, coinciden los expertos: la pérdida de la mitad del territorio mexicano a manos de EE.UU.

Separatistas del territorio mexicano de Texas -apoyados por el gobierno de EE.UU.- autoproclamaron la independencia en 1836. La disputa por ese territorio desembocó con el paso de los años en la invasión de EE.UU. a México en 1846.

Con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado por ambos países el 2 de febrero de 1848, EE.UU. pasó a tener 2,1 millones de kilómetros cuadrados más bajo sus dominios. Y el territorio mexicano se redujo en un 55%.

Este episodio, uno de los más oscuros en la historia de México, ha definido históricamente el sentimiento de los mexicanos hacia los estadounidenses.

Fronteras durante los años de conflicto

BBC

“Teníamos un territorio enorme, el doble de lo que tenemos ahora, pero estaba muy poco poblado. En esa lógica se dio un choque histórico que siempre va a quedar como una huella. Una guerra de los dos países en la que hubo un ganador. Pero si esa expansión hubiera venido de China, Rusia o Canadá, el país era de todas maneras proclive a perder ese territorio“, dice Villanueva.

“Es una herida histórica que va a quedar ahí irremediablemente. Podría cambiarse, pero no hemos hecho un proceso de reconciliación para hacerlo”, añade.

Fernández considera que esto marcó la educación de generaciones como las de él, ya que en la educación pública se enseñó así durante décadas.

Se nos enseñó que la fuente de todos los males era EE.UU. Si hay violencia, es porque EE.UU. demanda droga, porque manda armas”, señala Fernández.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw

“Pero los jóvenes ya no tienen tanto el peso de esa historia de nuestra generación”.

2. La cultura como puente

Por otra parte, uno de los factores clave de simpatía entre mexicanos y estadounidenses es el ámbito cultural, artístico, deportivo y académico.

La gastronomía mexicana está entre las tres cocinas extranjeras favoritas de los estadounidenses, junto a la china y la italiana, según diversos sondeos, como los de Gallup.

Del lado mexicano, el consumo de cine, televisión y algunos deportes estadounidenses -como el basquetbol, el fútbol americano o el béisbol- supera al de cualquier otro país.

Incluso el español cada vez tiene más presencia en EE.UU., país en el que 60% de los latinos son de origen mexicano. “Se ha vuelto un vehículo de comunicación”, dice Villanueva.

Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón en Cannes, Francia

Getty Images
Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón son tres directores mexicanos que han triunfado en Hollywood, el principal cine de consumo mexicano.

“A través de la cultura es donde los acercamientos han sido más visibles y victoriosos, pero se da en dos niveles: uno natural, abierto, como los intercambios artísticos, organizaciones, generalmente anclados a lazos previos, familiares”, señala el investigador.

También en un “intercambio subterráneo, poco visible” de productos culturales como la medicina tradicional o en el ámbito de la industria de la moda.

El experto en la imagen de México en el extranjero señala que los mexicanos “admiran su ciencia, sus inventos, sus logros”, pues México no ha avanzado ese camino. “México no es un pueblo así. Es un pueblo que le ha costado llegar a la modernidad. Que prefiere las formas tradicionales que las modernas“.

Y curiosamente, las tradiciones culturales mexicanas son admiradas en Estados Unidos.

Miguel, personaje central de la película "Coco" (Foto: Disney/Pixar)

Disney/Pixar
“Coco” fue la película más taquillera en la historia de México, un intento de Hollywood de mostrar la cultura mexicana del Día de Muertos (para algunos, con muchos estereotipos).

Fernández de Castro advierte que hay un “estereotipo que ha venido ganando terreno” en la imagen que tienen los estadounidenses de México, difundida a través de los medios y productos culturales.

“Un México lleno de droga, muy violento, corrupción. Y no la sociedad vibrante que es el país. Sí hay muchos problemas en México, pero también muchos elementos de desarrollo. Está muy distorsionada la imagen de México en EE.UU.”, considera.

3. La unión comercial y el recelo

Muy ligado a la cultura o el deporte comercializada, señalan los analistas, está la forma en que ambos países se han relacionado económicamente.

Estados Unidos es el principal país de destino de lo que se fabrica o produce en México, y a su vez éste es el segundo de las estadounidenses.

“México está fascinado de ser vecino del mercado más grande del mundo”, señala Fernández de Castro. “Si la economía de EE.UU. está creciendo, hace que crezca le producto interno bruto mexicano”.

Pero esto en años recientes fue un punto que crispó las opiniones de los vecinos, cuando el presidente Trump criticó el déficit estadounidense en la balanza comercial y la mudanza de fábricas de EE.UU. a México que generaban desempleo en su país.

Una simpatizante de Trump con un cartel que dice "Construyan el muro"

Getty Images
“Construyan el muro”. Muchos republicanos en EE.UU. se conectaron con el discurso nacionalista de Trump en su campaña y a lo largo de su presidencia (2017-2021).

Una encuesta de Gallup en 2018 indicó que la imagen de México entre los estadounidenses tocó un nuevo nivel más bajo, con 26% de los encuestados que pensaban que el vecino del sur era “enemigo”.

En otro estudio de 2019, el PRC preguntó las primeras palabras que le vienen a la mente a los mexicanos al pensar en EE.UU.: “dinero”, “trabajo” y “mal”. Entre mexicanos, 31% usó palabras negativas y 40% neutrales para referirse a EE.UU.

“México tiene una admiración, no tanto al estadounidense en sí, sino a su modernidad. Una que no tiene México. Es un país que rápidamente se industrializó, se modernizó, con procesos de producción fuertes y se posicionó como una potencia mundial rápidamente en el siglo XX”, sostiene Villanueva.

La historia explica en parte esto, según el experto: “México vivió más de tres siglos de colonialismo y eso generó una visión colonial, de dependencia. Eso va marcando pautas de desarrollo”, señala.

porcentaje de mexicanos en las industrias estadounidenses

Cecilia Tombesi / BBC

A eso hay que añadir que en México históricamente se ha percibido que Estados Unidos le da un trato no prioritario. La frase “México es el patio trasero de EE.UU.” suele aparecer en los debates del tema.

“Las opiniones más negativas sobre México en el mundo vienen de los estadounidenses”, adelanta Villanueva sobre un nuevo estudio que prepara. “Sí, nos perciben como una amenaza, como un país dependiente y subdesarrollado. Y en pocos sentidos como un país aliado”, afirma.

4. Disfrutar el país vecino (o no)

Visitar al vecino, por turismo o para vivir ahí, es otra condición que marca sentimientos en la relación entre México y EE.UU.

En cuestión de turismo, 10,5 millones de estadounidenses llegaron a México por vía aérea en 2019, lo que representa 55% de todos los extranjeros que visitaron el país de esa manera. Además, 1,5 millones viven en el país, según el Departamento de Estado de EE.UU., lo cual es la mayor población estadounidense fuera de su país.

Grandes comunidades de jubilados residen en poblaciones turísticas de México. “Ven que pueden llevar una vida espectacular en México con sus ahorros de retirados”, señala Villanueva.

Pero también hay jóvenes, como Noelle Brooks, quien “ama a México” y a través de TikTok comparte su experiencia de vivir en Campeche.

“No sabes cuántos mensajes recibo de que me van a secuestrar, de que es peligroso”, cuenta en un video reciente en el que enfatiza que la gente en su país no entiende lo grande y diverso que es México.

“Para poner las cosas en perspectiva, la ciudad en la que vivo es significativamente, muy significativamente, más segura de las que he vivido en EE.UU.“, como Sain tLouis y Kansas City, explica.

Por otra parte, México es el principal país de origen de los visitantes a EE.UU., con casi 21,4 millones en 2019. Y se estima que allí viven unas 36 millones de personas mexicanas o de origen mexicano.

Ambas naciones comparten 3.100 km de una frontera catalogada como una de las más transitadas del mundo.

La frontera de Tijuana

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La frontera de Tijuana con el área de San Diego es una de las más transitadas de México y el mundo.

Sin embargo, mientras los estadounidenses pueden entrar a México fácilmente, incluso mudarse si lo desean, para la mayoría de los mexicanos conseguir una visa de turista de EE.UU. es complicado, más aún un permiso de trabajo.

“Claramente es un asunto que es visto como rechazo de EE.UU. No es amistoso hacer eso. Cualquiera puede ir y solicitar la visa, pero por todo lo que se requiere la mayoría no logra conseguirla”, señala Villanueva.

“Lo que el mexicano ve es que a EE.UU. realmente no le interesa hacer una integración real de Norteamérica. Le interesa lo comercial, mejorar su competitividad, pero no integrar a una nación a la cual le teme”, considera.

Por otra parte, migrar sin documentos ha dejado de ser atractivo para los mexicanos, que desde la década de 2000 ha visto una gran disminución entre los que intentan cruzar la frontera, según muestran las estadísticas del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

1 de cada 6 estadounidenses es de origen hispano

Cecilia Tombesi / BBC

El experto en migración Giovanni Peri dice a BBC Mundo que esto se debe a tres principales razones: el mejoramiento del ingreso en México que ofrece más oportunidades económicas; el hecho de que demográficamente hay cada vez menos jóvenes menores de 30 años en México, el principal grupo que migra; y el incremento de la seguridad fronteriza.

En ello coincide Villanueva: “Dejó de ser atractivo para muchos irse a Estados Unidos“.

5. El factor racial

Según la encuesta del PRC de 2019, palabras como “discriminación”, “racismo”, “racistas” e “injusticia” se encontraron entre las más frecuentes dichas por los mexicanos al pensar en Estados Unidos.

Villanueva y Fernández coinciden en que existe un componente racial en el sentimiento que hay entre naciones.

“El racismo en EE.UU. no solo se da hacia los afroestadounidenses, sino a quienes son diferentes a los blancos, que se hizo más evidente durante el trumpismo”, dice Fernández de Castro.

Un grupo de supremacistas blancos en EE.UU.

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Los grupos radicales identificados con el supremacismo blanco han recobrado fuerza en EE.UU. en los últimos años.

Estados Unidos cada vez se hace más diverso. El último censo muestra que 60% de la población se identifica como blanca, seguida por los latinos (18,5%) y los afroestadounidenses (13,4%) en los primeros tres lugares.

En México, la mayoría de la población es mestiza, y los que se identifican como indígenas son casi el 6%. Pero también hay un componente de racismo en su población, que históricamente ha simpatizado hacia la gente blanca.

Los analistas señalan que hay un temor manifiesto entre la comunidad blanca de EE.UU. a que pueda ser “desplazada” por los grupos de otro origen racial, incluidos los latinos.

“A la migración más nueva se le tiende a ver con desconfianza. Y es algo que le pasó a los italianos en la década de 1930 y 1940. O a los irlandeses. Y hoy nadie diría que los italianos no son parte del mosaico de EE.UU.”.

Villanueva coincide: “A los mexicano-estadounidenses entienden que no van a ser aceptados en EE.UU. porque el racismo es muy fuerte”.


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