Sobrevivientes de feminicidio, olvidadas por la justicia
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Sobrevivientes de feminicidio, olvidadas por la justicia

Vacíos legales en México permiten que de 1.7 millones de ataques violentos contra mujeres registrados en ocho años, sólo se juzgaron 781 casos como intento o tentativa de feminicidio, es decir el 0.04%. El resto son clasificados como lesiones dolosas o violencia familiar.
Por Gloria Piña
24 de mayo, 2021
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A pesar de recibir 37 puñaladas en todo su cuerpo, Jeysol venció a la muerte. Es una sobreviviente de feminicidio pero la justicia mexicana no la protegió. Una mala actuación de las autoridades al clasificar como lesiones un hecho de violencia extrema que debió ser tentativa de feminicidio, causó que pasara un calvario entre hospitales y audiencias durante seis años, pero sin obtener justicia ni tranquilidad todavía. Su agresor sigue libre.

Ella es es sólo una de las historias de los intentos de feminicidio que quedan desamparados por la justicia en México.

En los últimos ocho años, las fiscalías de todo el país abrieron 595 investigaciones diarias en promedio por golpes, quemaduras, estrangulamientos, lesiones con armas blancas o de fuego contra mujeres, es decir, más de 1.7 millones en total. Sin embargo, en el mismo lapso de tiempo sólo se iniciaron 781 carpetas de investigación por feminicidio en grado de tentativa.

De esas casi dos millones de investigaciones, se desconoce cuántos casos de extrema violencia que llegaron a juicio como lesiones o violencia familiar debieron ser clasificados como tentativa de feminicidio. Ya que especialistas consultados para esta investigación señalan que existen casos que debieron ser clasificados por este delito y no lo hicieron por falta de perspectiva de género en la administración de justicia.

Con la formulación de más de 1,200 solicitudes de acceso a la información a las fiscalías y tribunales de las 32 entidades del país, esta investigación, realizada en alianza con CONNECTAS, deja en evidencia las dificultades que enfrentan las mujeres que sobrevivieron a un intento de feminicidio para acceder a la justicia.

La cifra negra de la tentativa de feminicidio

La noche de su cumpleaños fue su peor pesadilla. Era su festejo número 35, en abril de 2017 y Yuliana quiso celebrarlo junto a sus amigas en un bar al centro de Xalapa, Veracruz. Fue así, hasta que su ex pareja la obligó a salir de la fiesta.

Empezó con reclamos e insultos, luego vinieron los golpes. Por más de cuatro horas, Yuliana recibió puñetazos, patadas y fue estrangulada hasta perder el conocimiento. “¿Tú sabes lo que se sentiría estar muerta?”, la amenazaba su ex pareja serpenteando una navaja sobre su cuello.

Ese día Yuliana estuvo a punto de ser asesinada; pero logró convencer a su agresor de parar el ataque y llegó a un hospital. Ella teme volver a ser agredida y  ha cambiado de domicilio en más de dos ocasiones, incluso vendió su auto para no ser identificada.

Quiere que su caso sea clasificado como tentativa de feminicidio, ya que a Carlos, su ex pareja, también está acusado por presuntamente cometer un feminicidio en 2016. Yuliana siente que su vida está en riesgo.

Su caso forma parte del millón 712 mil 522 carpetas de investigación abiertas por ataques y agresiones violentas en contra de mujeres. Aunque ella sabe que su ex pareja la quería asesinar, aún no logra que el delito se clasifique como intento de feminicidio.

De ese total de casos por ataques y agresiones, las autoridades decidieron clasificar el 68% por el delito de violencia familiar, con la apertura de un millón 158 mil 166 carpetas de investigación y el 32% por lesiones dolosas es decir 553 mil 575 casos.

En tanto,  menos del 0.05% fueron calificados como feminicidio en grado de tentativa. Es decir, en los últimos ocho años sólo 781 agresiones contra mujeres fueron juzgadas como intentos de feminicidio.

Ana Yeli Pérez, asesora jurídica del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, asegura que muchos casos de violencia extrema en contra de mujeres se atienden con el mínimo esfuerzo de las autoridades. “En muchas ocasiones se investiga y se judicializa con otras figuras, por ejemplo, violencia familiar, lesiones o tentativas de homicidio. Tiene que ver la falta de perspectiva de género y la falta de debida diligencia”, refiere.

La importancia de que los casos donde la víctima sufrió una tentativa de feminicidio sean clasificados como tal, radica en que pueden ameritar prisión preventiva oficiosa para el agresor. Esto a partir de la ampliación del catálogo en las reformas al Código Nacional de Procedimientos Penales que incluyó el delito de feminicidio en febrero de 2021. Con esto, las sobrevivientes tendrían protección para evitar un segundo ataque.

La justicia aún está en deuda con las sobrevivientes. A pesar de la apertura de investigaciones por casos de violencia contra mujeres, no todos llegan a una sentencia condenatoria para los agresores. En ocho años sólo se han dictado 5 mil 901 sentencias condenatorias por violencia familiar en todo México; 6 mil 410 por lesiones dolosas y sólo 182 por tentativa de feminicidio.

Para las sobrevivientes, el acceso a la justicia y obtener una sanción para sus agresores es fundamental para retomar su vida y seguridad. Especialistas también afirman que se necesita una reparación integral del daño para las víctimas, ya que algunas mujeres persisten con afectaciones en su salud física y emocional que requieren de intervención especializada.

“Hay una serie de secuelas físicas, económicas, emocionales que le cambian totalmente el destino a las mujeres. No solamente tienen que salir de sus casas, sino que pierden su trabajo, la movilidad”, sostiene Ana Yeli Pérez.

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Los retos para acreditar la tentativa de feminicidio

Falta de claridad en las leyes, que no exista unificación en los conceptos jurídicos ni su correcta aplicación, forman vacíos legales que impiden que los casos de extrema violencia contra mujeres sean juzgados como un feminicidio en grado de tentativa.

La tentativa es una figura jurídica que se encuentra en todos los Códigos Penales para dar sanción a una conducta cuando se tuvo la intención de cometerla, la cual tiene como pena de uno a dos tercios de la sanción original.

Para identificar un caso de tentativa de feminicidio se debe cumplir con las circunstancias por razones de género que establecen el Código Penal Federal por el feminicidio: que la víctima haya sido incomunicada, que se presenten lesiones o mutilaciones, signos de violencia sexual, amenazas o agresiones previas, que entre la víctima y el victimario haya una relación de confianza, o que el cuerpo de la mujer se exponga en una vía pública.

Resulta complejo acreditar que el agresor tuvo la intención de asesinar a la víctima, pero cuando se demuestra que el victimario se detuvo por razones externas a él, como la intervención de un tercero, es posible demostrar la tentativa de feminicidio.

Las leyes en México no están armonizadas en cuanto a la tentativa de feminicidio, ya que sólo cuatro estados del país contemplan en un artículo, explícitamente, el “feminicidio en grado de tentativa”, es decir, la literalidad de ese delito. Se trata de Campeche, Durango, Nuevo León y Puebla, los cuales exponen textualmente las agravantes del castigo cuando se trata de agresiones por razones de género que no llegaron a la muerte.

Ante las autoridades legislativas se han presentado dos iniciativas para unificar el concepto de la tentativa de feminicidio, pero siguen congeladas y las sobrevivientes se mantienen en riesgo.

“Incluir el tipo penal como tal de la tentativa de feminicidio para algunos estados resulta ocioso, sin embargo nosotras creemos que es necesario dada la dificultad que para algunos estados y autoridades les entraña la calificación del delito”, asegura la activista Argentina Casanova, quien ha dado acompañamiento a casos de tentativa de feminicidio en la Ciudad de México y Campeche.

A pesar de que Campeche fue el primer estado en incorporar la literalidad de este delito en su Código Penal, el Fiscal General del estado, Juan Manuel Herrera Campos, asegura que no todos los casos de agresiones contra mujeres son una tentativa de feminicidio y que no tendría que existir la literalidad en las leyes locales.

“Yo considero que no (es necesario) porque es una cuestión técnica y el propio Código establece lo que es tentativa”, afirma, pero reconoce que es necesaria la capacitación de jueces y magistrados para litigar con perspectiva de género.

De igual forma, la abogada Ana Yeli Pérez, también directora de la Asociación Justicia Pro Persona, señala que sería reiterativo incluir la literalidad de la tentativa de feminicidio en las leyes de cada estado. “Me parece que más bien hay un desuso de la ley o de esta figura por la falta de capacidades”, dijo.

En tanto, para Karen Quiroga, secretaria de Igualdad de Género del Partido de la Revolución Democrática y una impulsora de la legislación en favor de unificar la tentativa de feminicidio a nivel nacional, subraya que la literalidad es necesaria para que las mujeres conozcan de qué manera ampararse ante una situación de violencia extrema.

“Las víctimas necesitan literalidad en la ley. Cuando las mujeres van a presentar una denuncia, cuando reciben el primer daño físico, cuando tienen la oportunidad de aún en vida ir a denunciar al agresor, hay veces que se permite el error de una conciliación”, dice Quiroga.

La justicia no protege a las sobrevivientes

Mónica Hernández ahora puede dormir tranquila. El hombre que intentó asesinarla en diciembre de 2019 está en prisión, esperando un juicio en su contra por tentativa de feminicidio. Es afortunada pues su caso es de los pocos ataques de violencia extrema contra mujeres que llegan a la justicia clasificados como feminicidio en grado de tentativa.

Sin embargo, a pesar de vivir en lo alto de una montaña no se siente segura. “Creo que el miedo siempre existe de que él pueda salir. Te confieso, ando armada todo el tiempo, es lo que me da seguridad”, afirma.

La Fiscalía le asignó medidas de protección en su domicilio, pero ella las ve poco efectivas.  “De repente llegó una patrulla, muy lindos, muy amables llegaron a mi casa nos tomamos un café, me dijeron estamos a sus órdenes pero yo estoy aquí a medio bosque. Ellos se fueron y no volvieron. Nunca me sentí segura”, afirma.

Tiene temor de vivir una nueva agresión a pesar de que su vivienda se encuentra en la aislada comunidad El Zapotal en Veracruz, a 25 kilómetros de la capital, donde se llega sólo en auto y casi no hay patrullas.

Al igual que ella, otras 107 mil 74 mujeres cuentan con órdenes de protección por casos de violencia, de acuerdo con cifras del Banco de Datos de Información sobre casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) de la Secretaría de Gobernación.

En Jalisco, el estado con más desapariciones en México, es donde más medidas de protección se han asignado a mujeres con 53 mil 320 órdenes que deben ser ejecutadas por policías municipales. Seguido de Quintana Roo con 8 mil 812 y Zacatecas con 5 mil 457.

En contraste, Tamaulipas sólo reporta que da protección a dos mujeres, de acuerdo con la misma base de datos. En el listado de menos órdenes asignadas está Durango con 16, Aguascalientes con 20 y el Estado de México sólo asignó 55 medidas de protección, a pesar de ser una de las regiones más peligrosas para ser mujer, donde incluso se han emitido dos Alertas de Violencia de Género por el alto número de feminicidios y desapariciones.

Sin embargo, el Estado mexicano ha fallado en proteger a las víctimas. Para esta investigación se solicitó a todas las fiscalías del país información sobre los casos de feminicidio que ocurrieron a pesar de que las mujeres contaran con una orden de protección. En los últimos cuatro años, las fiscalías registraron 23 feminicidios, donde las mujeres fallecieron a pesar de estar al cuidado de las autoridades.

En Jalisco se detectaron seis feminicidios a pesar de que las mujeres tenían medidas de protección, seguido de Sinaloa con cuatro y Coahuila con tres. Los demás estados Zacatecas, Yucatán, San Luis Potosí y Nuevo León tuvieron dos casos respectivamente, mientras que Chihuahua y Sonora tuvieron una víctima cada uno, que la justicia estatal no pudo defender.

Estas mujeres eran protegidas por las agrupaciones policiales de cada estado, tras denunciar agresiones principalmente cometidas por sus ex parejas, por los delitos de violencia familiar, feminicidio en grado de tentativa, lesiones dolosas y amenazas, pero aún así fueron asesinadas.

Lee más: Detienen a cuatro personas más relacionadas con el feminicidio de Abril Pérez

Para este reportaje se consultó a las autoridades de los estados para conocer sobre la efectividad y cumplimiento de las órdenes de protección de mujeres; sin embargo hasta la publicación de esta investigación no se ha obtenido respuesta.

Las sobrevivientes viven en un riesgo constante, algunas no dejan de huir de sus agresores ya que las autoridades se niegan a velar por su seguridad. “Te das cuenta que no sólo tienes que pelear contra el agresor sino que tienes que enfrentarte también contra un sistema que no funciona para atender a las víctimas”, afirma Mónica Hernández Abascal, sobreviviente de feminicidio quien se niega a convertirse en una de las mujeres asesinadas diariamente en México.

* Una investigación realizada por Gloria Piña para Proceso, Animal Político, Emeequis, La Lista, Ruido en la Red y CONNECTAS con el apoyo del International Center for Journalists (ICFJ) en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas.

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El enigma de los cubos de uranio que los nazis utilizaban para crear su programa nuclear

La carrera nuclear entre Alemania y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial tiene un misterioso capítulo. Para algunos es solo una curiosidad histórica, para otros fue el comienzo de la peligrosa era en la que hoy está sumergida la humanidad.
4 de diciembre, 2021
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En la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Estados Unidos competían en una feroz batalla para ver quién lograba desarrollar primero un programa nuclear.

En los primeros años de la década de los 40 varios equipos de científicos alemanes comenzaron a producir miles cubos de uranio que serían el núcleo de los reactores que estaban desarrollando como parte del incipiente programa nuclear nazi.

Los alemanes estaban lejos de lograr una bomba atómica, pero confiaban en que estos experimentos les sirvieran para ponerse en ventaja sobre Estados Unidos.

De hecho, la fisión nuclear fue descubierta en 1938 en Berlín.

Fueron los alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann los primeros en saber cómo se podía dividir un átomo, y que al hacerlo se liberaría una gran cantidad de energía.

Años después, sin embargo, el Proyecto Manhattan y su bomba atómica demostró que en realidad los estadounidenses estaban muchísimo más adelantados que los alemanes en tecnología atómica.

Los cubos de uranio, sin embargo, guardan claves sobre el secretismo y el recelo entre ambos países por la carrera nuclear.

Dispositivo para lograr fisión nuclear.

Getty
La fisión nuclear se descubrió en Alemania en 1938.

Hoy es un misterio el paradero de la inmensa mayoría de los miles de cubos que se fabricaron.

“Es difícil saber lo que ocurrió con estos cubos”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares del Instituto de Tecnología Stevens, en Estados Unidos.

“Los registros que hay no son los mejores”.

En Estados Unidos, solo se han identificado una decena de ellos, lo cual los convierte en un preciado tesoro para los investigadores que intentan reconstruir los comienzos de la era nuclear.

Experimento fallido

Uno de los equipos que experimentaban con los cubos de uranio estaba liderado por el físico Werner Heisenberg, pionero de la mecánica cuántica y ganador del Nobel en 1932.

Werner Heisenberg

Getty
Werner Heisenberg lideraba uno de los laboratorios donde se experimentaba con los cubos de uranio.

El proyecto de Heisenberg y sus colegas consistía en atar 664 de estos cubos de 5 cm a unos cables colgantes y sumergirlos en agua pesada.

El agua pesada está formada por oxígeno y deuterio, un isótopo del hidrógeno que tiene el doble de masa que el hidrógeno ordinario.

La idea es que al sumergir los cubos se desatara una reacción en cadena, pero el experimento no funcionó.

Según Timothy Koeth, investigador de la Universidad de Maryland que le ha seguido el rastro a los cubos, Heisenberg habría necesitado 50% más de uranio y mayor cantidad de agua pesada para que el diseño funcionara.

“A pesar de ser el lugar de nacimiento de la física nuclear y tener casi dos años de ventaja respecto a EE.UU., no había una amenaza inminente de una Alemania nuclear al final de la guerra”, dice Koeth en un artículo del Instituto Estadounidense de Física.

Bomba nuclear

Getty
El desarrollo de la bomba atómica demostró que Estados Unidos tenía un programa nuclear mucho más avanzado que Alemania.

Material confiscado

En 1945, mientras los alemanes intentaban refinar sus esfuerzos, Estados Unidos y los Aliados ganaron la guerra.

En ese momento, Estados Unidos conformó una misión para recolectar información y confiscar material relacionado con los avances de los alemanes en materia nuclear.

Así fue como tropas estadounidenses llegaron hasta el laboratorio de Heisenberg en la pequeña población de Haigerloch.

Más de 600 cubos de uranio fueron confiscados y enviados a Estados Unidos, según un informe del Laboratorio Nacional del Noroeste Pacífico de Estados Unidos (PNNL, por sus siglas en inglés).

La idea era conocer qué tan avanzados estaban los alemanes en tecnología nuclear y también evitar que los cubos cayeran en manos de los soviéticos, según explica Wellerstein.

Al final, a los científicos estadounidenses el hallazgo de los cubos les sirvió para darse cuenta de que los alemanes estaban rezagados en materia nuclear.

Perdidos

Hoy todavía se desconoce el paradero de la gran mayoría de los cubos.

Se cree que varios de ellos se utilizaron en el desarrollo de armas nucleares de Estados Unidos.

Según Wellerstein, algunas personas comenzaron a regalar los cubos como souvenires, otros científicos los utilizaron como material de análisis y otros cayeron en el mercado negro.

Otros más permanecen como material de colección.

En 2019, la revista Physics Today logró rastrear la ubicación de 7 cubos que según quienes los tienen pertenecieron a los experimentos nucleares de los nazis.

Tres de ellos están en Alemania: uno en el Museo Atomkeller, en Haigerloch, donde antes estuvo el laboratorio de Heinsenberg; otro está en el Museo de Mineralogía de la Universidad de Bonn; y el tercero en la Oficina Federal de Protección contra la Radiación, en Berlín.

Otros dos están en el Museo Nacional de Historia Americana en Washington D.C.; y otro en la Universidad de Harvard.

La revista indica que al parecer un sexto cubo estuvo Instituto Tecnológico de Rochester, pero debido a un cambio en las normas de almacenamiento de material radioactivo, el cubo fue desechado.

Un séptimo cubo está en manos del PNNL, y aunque se le conoce como “el cubo de Heisenberg”, los investigadores no están 100% seguros de su procedencia.

Otro de los cubos lo tiene el propio Koeth, quien lo recibió como un curioso regalo de cumpleaños en 2013.

Brittany Robertson

ANDREA STARR/PNNL
Brittany Robertson trabaja en la identificación de los cubos de uranio.

Koeth colabora junto con el PNNL para averiguar el paradero de los cientos o miles de cubos que aún permanecen perdidos y para conocer más detalles acerca de cómo llegaron a Estados Unidos.

En busca del pedigrí

Más allá de su valor histórico y simbólico, “realmente los cubos no son muy valiosos, no puedes hacer nada con ellos“, dice Wellerstein.

Tampoco son peligrosos, ya que generan una radiación muy débil. Después de agarrar uno de ellos, “basta con lavarte las manos”, dice el experto.

En agosto de 2021, Jon Schwantes y Brittany Robertson, investigadores del PNNL, presentaron un proyecto en el que describen cómo trabajan para identificar el “pedigrí” de varios de los cubos que se han encontrado.

Según explica Schwantes, la idea es comparar distintos cubos e intentar clasificarlos.

Hiroshima

Getty
Estados Unidos desarrolló su programa nuclear en parte por miedo a los avances de los nazis en esta tecnología. (Foto de Hiroshima tras la bomba atómica de 1945).

Para ello, combinan métodos forenses y radiocronometría, que es la versión nuclear de la técnica que utilizan los geólogos para determinar la edad de una muestra con base en el contenido de isótopos radioactivos.

Miedo

Los expertos coinciden en que Estados Unidos desarrolló velozmente su programa nuclear en gran parte por miedo a que los alemanes lo lograran antes que ellos.

Y aunque algunos ven estos cubos como una curiosidad histórica, otros lo ven como el desencadenante de la peligrosa era de armas nucleares en la que hoy está atrapada el mundo.

“Las armas nucleares, la energía nuclear, la Guerra Fría, el planeta como un rehén nuclear, todo esto fue motivado por el esfuerzo que se generó a partir de estos 600 y tantos cubos” dice Koeth en un artículo de la cadena NPR.

En todo caso las dos grandes preguntas sobre cientos o miles de estos cubos siguen sin respuesta: cuántos existen todavía y dónde están.


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