Dan cambio de plaza a maestra michoacana que huye del Cártel Jalisco
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Tras luchar contra la burocracia, dan cambio de plaza a maestra michoacana que huye del Cártel Jalisco

Durante casi dos años, Martha, maestra de 29 años, estuvo enfrascada en una desgastante lucha por conseguir que las autoridades educativas de Michoacán le concedieran el cambio de plaza.
Cuartoscuro
27 de junio, 2021
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Por primera vez en casi dos años, Martha y su esposo Erick dicen que al fin pudieron dormir tranquilos.

Desde que un mes de agosto de 2019 huyeron de Uruapan, Michoacán, tras la visita en su casa de dos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación que les exigían el pago de una cuota, el matrimonio vivía “una pesadilla”.

Y no solo por lo obvio, plantea Martha; es decir, por vivir amenazados por uno de los cárteles más sanguinarios de México. Sino porque, además, estaban metidos en otra pesadilla, la burocrática. La que tuvo casi dos años a Martha, maestra de 29 años, enfrascada en una desgastante lucha por conseguir que las autoridades educativas de Michoacán le concedieran el cambio de plaza, tal y como publicó Animal Político en un reportaje el pasado 12 de junio.

Ahora, Martha cuenta que, por fin, tras tocar muchas puertas en fiscalías, en colectivos de la sociedad civil, y en organismos de derechos humanos -llegó incluso a poner una queja en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)-, la Secretaría de Educación michoacana le concedió el cambio de plaza al lugar donde se refugió, luego de que se lo hubiera negado con el argumento de que era una zona económica distinta y con un salario ligeramente superior (mil 500 pesos) al de la zona de Uruapan.

“Cuando me entregaron la documentación con la aprobación no lo podíamos creer. Mi esposo y yo vivimos un verdadero infierno, y ahora sentimos de nuevo la libertad de vivir y de trabajar en un lugar lejano a todo ese horror”, dice Martha emocionada.

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Aun así, la maestra tira la mirada hacia atrás y lamenta que la burocracia haya sido para ellos casi tan tortuosa como el recuerdo de aquel 10 de agosto de 2019, cuando con la mirada desencajada su esposo Erick, un panadero artesanal de 31 años, llegó a la casa diciendo que metiera algo de ropa en una bolsa porque el cártel les estaba exigiendo 30 mil pesos semanales y no tenían dinero para pagarles.

Tras la abrupta salida de Uruapan, ciudad que entre 2015 y 2020 vio como se dispararon los asesinatos un 255%, Martha recuerda que estuvo durante un año viajando de vuelta a esa misma ciudad, teniendo que rentar un cuarto y yendo a trabajar a la escuela donde daba clases; todo a escondidas y con el temor de ser identificada por el cártel del que huyó.

“Era como estar muerta en vida, porque tenía que ir a trabajar a un lugar donde sabía que mi vida corría peligro y a mis jefes les valía”, recuerda la michoacana.

“Fue una gran histeria -agrega-. Porque veía a todo el mundo como sospechoso. Veía un carro detrás de mí más de dos minutos y ya sentía que eran ellos, los del cártel, que venían a cobrarse su venganza”.

Una situación, pide, que no debe suceder con ningún otro maestro o maestra, máxime teniendo en cuenta el contexto de inseguridad que enfrenta el país en estados precisamente como Michoacán, donde entre 2016 y 2020 hasta 12 mil 908 personas huyeron de sus hogares convirtiéndose en desplazados internos, según datos de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH).

“Nosotros, dentro de lo que cabe, fuimos privilegiados -apunta-. Porque al menos teníamos un lugar al que poder huir, con una red familiar de apoyo. Pero no todo el mundo tiene esa suerte. Y ahí es donde yo me pregunto qué pasa con toda esa gente. Qué pasa, por ejemplo, con las caravanas de personas que salen huyendo de Aguililla”.

“Mi vida corría peligro, y tenía que ir a trabajar”

Por eso, la docente pide mayor “empatía” a las autoridades de todos los niveles.

“En cuanto la SEP estatal tuvo mi denuncia en la mano, mis superiores de educación especial debieron de haberme mandado de inmediato a un lugar seguro hasta que se solucionara mi situación”, plantea.

“En cambio, prácticamente me obligaron a ir a trabajar, a pesar de que muchas veces les probé que mi vida corría peligro en Uruapan, y de que ya había reportado la situación en la Fiscalía del estado, y que ya había entregado papeles aquí y allá”.

Sobre el papel, Martha señala que, ante una situación como la suya, los docentes del estado tienen todo el derecho de poder cambiar de lugar de trabajo, mientras cumplan con una serie de requisitos, como contar con una denuncia formal ante una Fiscalía.

El secretario de educación michoacano, Héctor Ayala, destacó al respecto en una entrevista con este medio que es “obligación” de la dependencia que dirige resguardar la integridad física de los trabajadores de la educación. Y que, de hecho, en los dos últimos ciclos escolares ya reubicaron a 12 maestros y maestras “por causas de fuerza mayor”, entre éstas, amenazas del crimen organizado.

Sin embargo, Martha expone que, en la práctica, cuesta muchísimo conseguir ese cambio de plaza, aun y cuando la vida del docente esté en riesgo y se haya puesto una denuncia formal, como fue su caso.

“Sobre el papel se dice que en una situación como la que yo viví te puedes cambiar. Pero en la práctica no se aplica, o cuesta mucho que se aplique. Y lo que necesitamos es que, si pasa algo así, tengamos la certeza de que nos van a ayudar. Y no solo que te digan: ‘ah sí, te damos chance, no vengas el lunes a trabajar’, cuando se trata de una situación mucho más compleja”.

Deserción escolar: terreno fértil para el narco

Martha ya tiene formalmente su cambio de plaza y puede volver a trabajar como maestra sin problema y en el lugar donde se siente segura. Pero ya desde antes de que le dieran ese cambio, la docente llevaba meses trabajando en la escuela de una comunidad rural atendiendo a niños y niñas cuyas familias no tienen dinero para atender una dislexia, ni terapias del lenguaje, y donde la deserción escolar, especialmente en pandemia, “está dejando un terreno todavía más fértil para que los niños acaben en el narco”.

De hecho, dice que llegó a trabajar durante un mes y medio sin salario, hasta que se regularizó su situación.

Pero Martha asegura que para ella no fue un sacrificio porque cree en la educación como una vocación, y no tanto como un empleo. Y más ahora, hace hincapié, cuando la pandemia puede acelerar el ritmo de la deserción escolar, especialmente en zonas pobres y de alta influencia del crimen organizado.

“Se necesita mucho de maestros comprometidos. Porque si nosotros y la SEP no hacemos un buen trabajo con los chavos, lo que estamos haciendo es alimentar a los cárteles y crear escuelas de sicarios”, concluye la maestra.

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Los espeluznantes experimentos que Canadá hizo con niños de escuelas indígenas

Los niños indígenas separados de sus familias eran sometidos a invasivos y crueles procedimientos en "nombre de la ciencia".
Getty Images
Por BBC
3 de julio, 2021
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El descubrimiento de cientos de restos de niños en Kamloops, Brandon y Cowessess, en Canadá, ha puesto de manifiesto la devastación absoluta que los colonos infligieron en los niños, las familias y las comunidades originarias a través del sistema de Escuelas Residenciales Indígenas.

Como investigadora especializada en nutrición y colona-canadiense, hago un llamado a mis colegas para que reconozcan y comprendan los daños que han causado los experimentos de desnutrición y nutrición en los pueblos indígenas y el legado que han dejado.

Más fácil de asimilar

Ian Mosby, historiador de la alimentación, salud indígena y política del colonialismo de los colonos canadienses, descubrió que entre 1942 y 1952 los científicos en nutrición más prominentes de Canadá llevaron a cabo investigaciones muy poco éticas en 1.300 indígenas, incluidos 1.000 niños, en comunidades cree en el norte de Manitoba y en seis escuelas residenciales en Canadá.

Muchos ya sufrían desnutrición debido a las políticas gubernamentales destructivas y las terribles condiciones de las escuelas residenciales.

A los ojos de los investigadores, esto los convertía en sujetos de prueba ideales.

Niños indígenas en Canadá

Archivo de Saskatchewan / EPA. Los niños eran separados de sus familias por la fuerza.

Frederick Tisdall, famoso por ser cocreador de la comida infantil Pablum en el Hospital para Niños Enfermos de Toronto, junto con Percy Moore y Lionel Bradley Pett fueron los principales arquitectos de los experimentos de nutrición.

Ellos aseguraron que la educación y las intervenciones en la dieta harían que los pueblos indígenas fueran activos más rentables para Canadá, que si los pueblos indígenas fueran más sanos, la transmisión de enfermedades como la tuberculosis a los blancos disminuiría y la asimilación sería más fácil.

Presentaron con éxito su plan para experimentos de nutrición al gobierno federal.

Pocas calorías, nutrientes y vitaminas

Tisdall, Moore y su equipo basaron su propuesta en los resultados que encontraron después de someter a 400 adultos y niños Cree en el norte de Manitoba a una serie de evaluaciones intrusivas, que incluyeron exámenes físicos, radiografías y extracciones de sangre.

El plan de Pett y su equipo se centró en determinar una base de referencia.

Querían darles a los niños de la Escuela Residencial Indígena Alberni durante dos años una cantidad de leche tan pequeña que se les privara de las calorías y nutrientes necesarios para su crecimiento.

Otros experimentos consistieron en no darles vitaminas y minerales esenciales a los niños de los grupos de control, mientras evitaban que los Servicios de Salud para Indígenas les brindaran atención dental con el pretexto de que esto podría afectar los resultados del estudio.

E incluso antes de estos experimentos, los niños de las Escuelas Residenciales Indígenas pasaban hambre, que se confirmaba con informes de desnutrición grave y signos de deficiencias graves de vitaminas y minerales.

Motivos raciales

El interés en la investigación de la nutrición aumentó dramáticamente en la década de 1940, después de que el Consejo Canadiense de Nutrición declarara públicamente que más del 60% de las personas en Canadá tenían deficiencias nutricionales.

La mayoría de los experimentos hasta entonces se habían realizado en animales, pero investigadores como Pett, quien fue el autor principal de lo que luego se convertiría en la Guía de Alimentos de Canadá, aprovecharon la oportunidad de utilizar a los indígenas como ratas de laboratorio.

Si bien los perpetradores como Pett a menudo actuaban bajo la fachada de comprender y ayudar a los pueblos indígenas, estaba claro que estos experimentos de nutrición tenían una motivación racial.

Los investigadores intentaron desentrañar el “problema indígena”. Moore, Tisdall y sus colaboradores atribuyeron estereotipos discriminatorios como “descuido, indolencia, imprevisión e inercia” a la desnutrición.

A.E. Caldwell, director de la Escuela Residencial Indígena Alberni, afirmó que la desnutrición fue causada por dietas y formas de vida tradicionales, que también llamó “hábitos indolentes”.

Los experimentos de nutrición, junto con los alimentos profundamente inadecuados y de baja calidad que se les daba a los niños en estas escuelas, se alinearon perfectamente con el mandato de asimilación de Caldwell.

Prohibir a prácticamente todos los niños alimentos tradicionales adecuados es otro medio más de colonización y genocidio cultural.

Homenaje a las víctimas

Getty Images. Tras el hallazgo de cientos de restos de niños en las inmediaciones de varias escuelas, muchos se acercaron a rendirles tributo.

Según los hallazgos de Mosby, Pett afirmó que su objetivo era comprender mejor la transición “inevitable” al estar lejos de los alimentos tradicionales, sin embargo, las Escuelas Residenciales Indígenas fueron diseñadas a propósito para provocar esto.

Su investigación no es ética según los estándares contemporáneos, y es difícil creer que alguna vez haya sido aceptable experimentar con cualquier persona, y mucho menos con niños, sin su consentimiento.

Las secuelas del Holocausto y los experimentos biomédicos en los campos de concentración llevaron al desarrollo del Código de Nuremberg en 1947, que establece que el consentimiento voluntario para la investigación es absolutamente esencial y que los experimentos deben evitar todo sufrimiento físico y mental innecesario.

El código se creó el mismo año en que Pett se embarcó en sus experimentos de nutrición en seis escuelas residenciales.

Consecuencias de la malnutrición y experimentación

La desnutrición infantil puede ser mortal, especialmente cuando se combina con el riesgo de enfermedad, que era con frecuencia el caso en los internados.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación indica que las principales causas de muerte de los niños en las escuelas residenciales fueron los daños físicos, la desnutrición, las enfermedades y el abandono.

Para los sobrevivientes de escuelas residenciales, los efectos de la desnutrición aún duran.

El hambre durante la niñez aumenta el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, e investigaciones indican que la desnutrición severa puede incluso causar cambios epigenéticos que pueden transmitirse de generación en generación.

Experimentar con niños que ya estaban sufriendo fue inmoral.

Efectos a día de hoy

Los problemas de inseguridad alimentaria y nutrición en las comunidades indígenas son problemas importantes en Canadá, como resultado de las escuelas residenciales y las políticas coloniales que continúan hasta el día de hoy.

Los experimentos en estos internados y en las comunidades han hecho que los sitios de atención médica sean lugares precarios y traumáticos para muchas naciones indígenas y han llevado a que muchos tengan dudas en torno las vacunas durante la pandemia de covid-19.

Homenaje a las víctimas

Reuters. La noticia del hallazgo de cientos de cuerpo de niños indígenas causó indignación en Canadá y en el mundo.

Al mismo tiempo, persiste el estigma, la violencia y el racismo hacia los pueblos indígenas en estos contextos.

Esta historia particular de experimentos de desnutrición y nutrición en niños y adultos indígenas se ha contado antes. Atrajo la atención de los principales medios de comunicación en 2013 después de la investigación de Mosby.

Y no sorprende a los pueblos indígenas, cuyas verdades debemos finalmente escuchar con atención.

*Allison Daniel es candidata de PhD en Ciencias Nutricionales, Universidad de Toronto.

*Esta artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original (en inglés).

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